sábado, 23 de febrero de 2013

Réquiem por un labrador y una tigresa



Su nombre era Hermosa. Y realmente lo era. Una preciosa tigresa, integrante del grupo de 9 tigres y 8 leones que el circo Osvaldo Terry dejó abandonados al marcharse del país, hace siete meses, por no tener documentaciones en regla.
En todo ese tiempo, los felinos fueron mantenidos encerrados en reducidas jaulas tipo carromatos, en condiciones deplorables, ocasionándoles serios daños a la salud. Una situación que los medios de comunicación -especialmente la televisión- reflejaron durante semanas enteras con mucho dramatismo, despertando la indignación de la ciudadanía y especialmente de defensores de los derechos de animales.
El miércoles último, la Municipalidad de Asunción logró la autorización judicial para sacar a los animales de los carromatos y ubicarlos en jaulas más amplias, en el zoológico. Los canales de televisión transmitieron en vivo el operativo y la ciudadanía aplaudió al ver a los tigres y leones poder corretear al fin.
Pero la alegría duró poco. Esa misma tarde, la tigresa Hermosa fue atacada por otros felinos y murió trágicamente. La noticia mereció amplio destaque en medios periodísticos, largos informes en noticieros de televisión, y generó airadas reacciones ciudadanas en las redes sociales en internet, acusando a los cuidadores del zoológico y autoridades del Municipio de "negligencia criminal".
En la misma noche del martes, otra tragedia estalló en la región de Concepción. El dirigente agrario Benjamín Toto Lezcano fue asesinado de 17 balazos por personas desconocidas, frente a su domicilio, en el asentamiento Núcleo 4, en Arroyito, Horqueta.
El crimen del labrador tuvo poco destaque en los medios, si se compara con los ríos de tinta y cataratas de informes que mereció la muerte de la tigresa. Esta vez no hubo transmisiones en vivo, apenas esporádicos flashes. Tampoco hubo airadas reacciones en las redes sociales.
Toto Lezcano mantenía una activa lucha por tierras y contra el uso de agrotóxicos en su comunidad. Sus compañeros de Arroyito sospechan que fue ejecutado por sojeros brasileños, aunque la policía maneja hipótesis sobre presuntos ajustes de cuentas.
Se trata del dirigente campesino número 129 asesinado desde la caída de la dictadura, según la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy). En la mayoría de los casos son crímenes no aclarados, ni siquiera investigados a fondo.
"Me duele que una tigresa muera por inoperancia humana, y me duele que eso cause más indignación que el asesinato de un líder campesino", posteé el miércoles en el Twitter, lo cual despertó un interesante debate por algunas horas. Pero los que finalmente se convirtieron en trending topic (temas del momento) fueron la muerte de la tigresa Hermosa y la renuncia del presidente del Club Olimpia, Marcelo Recanate.

(Publicado en la columna “Al otro lado del silencio”, sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 23 de febrero de 2013).

sábado, 16 de febrero de 2013

La Peatonal de Luque, una victoria ciudadana



Los habitantes de la auriazul Luque tenían el orgullo, hasta mediados de enero último, de ser una de las pocas ciudades del Paraguay que conservaban una calle peatonal en su centro histórico.
Es apenas una cuadra de la calle Iturbe, con un pintoresco pavimento de ladrillo artesanal, pero concentra a algunas de las más bellas y antiguas casonas de estilo colonial, incluyendo a la que fue sede del Gobierno durante la Guerra Guasu (1865-1870), donde habitó el vicepresidente Francisco Sánchez, junto a su vecina Madame Lynch, cuando Luque fue capital provisoria del país.
Ese pequeño y coqueto espacio urbano ganado para el peatón, en plena civilización del automóvil, se había vuelto ya un símbolo y una postal de identidad luqueña, aunque no se le sacaba todo el provecho que podía tener como espacio comunitario. Las voces maliciosas apuntaban que algunos vecinos poderosos lo utilizaban como estacionamiento no autorizado, o como atajo indebido.
Hace aproximadamente un mes, los vecinos de la calle Iturbe amanecieron con la sorpresa de que la Municipalidad había levantado las vallas del sector peatonal y permitía de nuevo el paso de vehículos.
Y aunque muchos sectores aplaudieron la medida que "abre paso al progreso", un grupo de pobladores, junto a los vecinos de la cuadra, sacaron sus sillas a la calle, cerraron momentáneamente la circulación de los vehículos, y en una improvisada asamblea, crearon la Comisión Ciudadana de Defensa de la Peatonal de Luque.
Desde entonces, se han estado movilizando y exigiendo explicaciones, despertando la solidaridad de otros sectores ciudadanos del país y hasta de la misma Secretaría Nacional de Turismo (Senatur).
El intendente luqueño, César Meza Bría -irónicamente, el mismo que creó la Peatonal hace 14 años- intentó explicar que la propuesta es dinamizar el espacio, con un solo carril para vehículos y veredas amplias para los peatones, pero los vecinos insistieron en que igual se trata de un lamentable retroceso, cuando la tendencia urbana mundial es pelear por más espacios para peatones y bicicletas.
Finalmente, este jueves la Municipalidad dispuso impedir nuevamente el paso de vehículos por la histórica cuadra. Aunque de manera provisoria, mientras se define mejor el proyecto, la Peatonal de Luque ha vuelto a ser peatonal. Es una gratificante victoria ciudadana.

(Publicado en la columna “Al otro lado del silencio”, sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 16 de febrero de 2012).

sábado, 9 de febrero de 2013

Las 5 diferencias entre las costaneras de Encarnación y Asunción




Podría ser un juego divertido, como el que proponían los diarios hace algunos años. Dos imágenes aparentemente similares, pero con detalles sutilmente distintos que debemos encontrar.
Hagamos la prueba con las promocionadas costaneras de Encarnación y Asunción.
¿Jugamos...?

1. AMBIENTE. Uno llega a la costanera de Encarnación con miedo de hallar el "estilo de veraneo paraguayo": Autos estacionados desordenadamente, música a alto volumen, personas que se meten con botellas al agua y arrojan desperdicios... pero no.
Los que se comportan de esa manera son firmemente desalentados por los cuidadores. Los conductores son obligados a estacionar correctamente en los sitios indicados. Hay prohibición de llevar mascotas y meter botellas de vidrio. Se ve una gran cantidad de basureros instalados y todo parece muy limpio. Un ambiente de convivencia civilizada que se contagia.
En la costanera de Asunción, todo lo contrario. Uno llega con miedo de encontrar el "estilo de veraneo paraguayo"... ¡y lo encuentra!

2. BUENA GESTIÓN. Las playas encarnacenas están concesionadas a empresas privadas y quienes las administran son las únicas autorizadas a ofrecer servicios. Hay acceso y estacionamiento libre y gratuito. No hay cuidacoches, ni vendedores ambulantes.
La costanera de Asunción es "tierra de nadie", donde la Municipalidad y el MOPC no se ponen de acuerdo para autorizar cantinas y servicios. La Junta Municipal autorizó en forma populista a los cuidacoches para que extorsionen a los automovilistas.

3. SEGURIDAD. En la costanera de Encarnación hay Policía Nacional, Policía Municipal, Policía Urbana y Turística, guardias de seguridad privada, orientadores y guías, en todo momento. Hasta ahora casi no hubo casos de robos o asaltos, a pesar de la gran afluencia de visitantes.
En la costanera de Asunción, la propia Policía recomienda ir en horas diurnas y en grupos, para no ser víctimas de asaltantes, carteristas y tortoleros.

4. CALIDAD DEL AGUA. Los análisis de laboratorio revelan que el agua de las playas del Sur está libre de contaminación. Encarnación tiene un buen sistema de tratamiento de residuos cloacales.
En la costanera de Asunción, el agua tiene alto índice de coliformes fecales. No hay planta de tratamiento, solo promesas de próxima instalación. Pero mucha gente se baña igual... y las autoridades lo permiten.

5. IMAGEN. Los visitantes comentan sobre la costanera de Encarnación: "¡Es muy linda, no parece Paraguay!".
En Asunción comentan: "Es linda... ¡pero sí parece Paraguay!".

(Publicado en la columna “Al otro lado del silencio”, sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 9 de febrero de 2013).

jueves, 7 de febrero de 2013

La orden



Esto lo escribí en marzo de 1999, pocos días después de los trágicos y heroicos sucesos, en base a datos sueltos que me había pasado una persona conocida del entorno del Gobierno de Raúl Cubas.
Es un relato narrativo e interpretativo de cómo percibía lo ocurrido en ese momento y en ese contexto bien determinado. Aunque después fui conociendo muchos otros datos que hacen más compleja y variada la historia del Marzo Paraguayo, asumo y rescato todo lo que escribí en ese particular tiempo de pasión y dolor, pero que debe leerse en forma complementaria con todo lo que también fui escribiendo después, incluyendo a mi novela "El país en una Plaza" (El Lector, 2004). 
"La orden" se publicó como una columna, en la primera edición de “Días de Gloria”, una revista especial tipo álbum de fotografías que editó Última Hora, y que agotó miles de ejemplares.
En estos días me lo hizo recordar la amiga Lilia María Ayala, con quien quedamos en que lo rescataría y lo compartiríamos aquí, pero como no tenía el texto en versión digital y ni siquiera sabía dónde estaba guardada alguna última copia de aquella revista, no sabía en que momento lo haría.
Por fortuna ha vuelto a acudir en mi ayuda, siempre oportuna, mi hada protectora, la querida amiga y mejor lectora Roxy Alvarez, quien -como ya lo hizo antes con otros escritos míos- se tomó el trabajo de haberlo guardado y copiarlo.
Aquí está, con algunos pocos retoques de estilo sobre la versión original, en memoria y homenaje a tanta sangre heroica, derramada en forma impune:

La primera orden fue: Que la policía les eche a garrotazos de la plaza, y que nuestra gente ocupe el lugar. Así, cuando los legisladores llegasen para el juicio político, la turba no los iba a dejar entrar. Y ellos, cruzados de brazos, iban a decir: no podemos hacer nada. Es la voluntad del pueblo.
Intentaron cumplir la orden. ¡Vaya si lo intentaron! Los cascos azules cargaron con saña pocas veces vista contra los indefensos ciudadanos. Cuatro valientes policías golpeando con furia a un cobarde anciano caído en el suelo.
Gases lacrimógenos. Carros hidrantes. Balines de goma. Represores a caballo.
Y nada…
Los jóvenes drogadictos y borrachos, los campesinos manipulados y comprados, los curas comunistas partida no se movían de la plaza, para nada. ¡Tercos imbéciles…!

Después vino otra orden.
Esta vez para los contramanifestantes: Usen las bombas y los petardos. Pero no al aire. Disparen directamente al cuerpo. Ya verán que cuando se quemen unos cuantos, van a salir rajando.
Así comenzaron a llegar cajas y más cajas de doce por uno.
Los policías ayudaban a cargar y a disparar.
¡Broom, broom…! caían las explosiones en medio de la multitud.
Gritos, llantos, gemidos de dolor.
Empezaban a evacuar a los heridos.
Pero estos boludos obstinados… ¡no salían de la plaza!

Entonces llegó la tercera orden.
Secreta, reducida, dirigida a unos pocos elegidos: Que la Policía se vaya a pasear. Que los manifestantes armen todo el quilombo que puedan. Y entonces, ustedes, bien escondidos, disparen. En principio no tiren a matar. Apenas a las piernas, a los brazos. Si aún así no salen, entonces cárguense a uno o dos. Ya verán que estos pituquitos, cuando vean que hay mbokapu, que la cosa es en serio, se irán corriendo a esconderse debajo de la cama.
Los oscuros sicarios obedecieron al pie de la letra.
Desgranaron las balas asesinas desde lo alto de los edificios y desde cualquier esquina.
Pero tampoco así hubo caso.
Los tercos imbéciles caían unos tras otros, recogían a sus compañeros muertos o heridos... ¡y seguían resistiendo!
Esa plaza ya no era sólo una plaza.
Esa plaza era ya la Patria. Era el país. Era el sueño de la democracia por el que había que luchar, hasta vencer o morir.
-¡República o muerte...! ¡Aquí no se rinde nadie, carajo!

El ex general sintió que estaba perdido.
Sintió que algo había fallado en sus siniestros cálculos.
Sintió que se le acababan las órdenes.
Sintió que esos adorables tercos estúpidos imbéciles drogadictos manipulados comunistas partida no se iban a mover nunca de esa maldita plaza... aunque él llamara a todas las hordas patoteras, a todos los francotiradores, a todos los tanques de guerra, a todos los cazabombarderos del mundo.
Entonces, frío, acorralado, vencido, se bajó del ensangrentado trono del poder. 
Tomó el teléfono celular, marcó el número codificado e impartió la última orden. 
La que no hubiera querido impartir nunca.
Dijo, simplemente:
-Preparen el avión...

martes, 5 de febrero de 2013

Señas de identidad...



Soy un conservador revolucionario.
Un socialista que cree en las libertades individuales.
Un liberal que promueve la distribución equitativa de la riqueza.

Soy un machista que fue adquiriendo conciencia feminista.
Un burgués de clase media, que más se identifica con los pobres de la tierra, que con los ricos y sus fortunas de origen dudoso.

Soy un cristiano ateo y creyente.
Un fundamentalista crítico y librepensador.
Un hombre de piel blanca, con sensibilidad a veces negra o afroamericana, a veces indígena, a veces árabe, a veces asiática….
Un heterosexual solidario con los gays y las lesbianas, sobre todo cuando son tan injustamente discriminados.

Soy un folklorista al que le gusta el rock.
Un rockero al que le apasiona la música clásica.
Un campesino enamorado de la ciudad.
Un flaco siempre excedido de peso.
Un niño en el cuerpo de un adulto.
Un comunicador social que no comunica lo más íntimo y personal.
Un buscador de emociones que no distingue el amor de la pasión.
Uno que se siente solo en la multitud y acompañado en su soledad.
Un fabulador que cuando le piden respuestas… devuelve preguntas.

Soy un náufrago sideral arrojando mensajes en botellas recién vaciadas de vino rojo.
Un pirata virtual que busca tesoros perdidos en el loco sueño de una noche de verano: Un paisaje, una caricia, una copa compartida, una charla amable, un rayo de sol tibio, una luna enamorada y compañera, una utopía por la cual vivir y luchar…

Soy la suma de mis humanas contradicciones.
El espejo más brillante de mis dudas más oscuras.
Un reloj de arena marcando horas sin tiempo.
Frívolas etiquetas que se deshojan al viento.
Hojas en blanco en las que la vida sigue escribiendo.

Andrés Colmán Gutiérrez
Asunción, febrero de 2013.

El general en su laberinto: Entrevista no autorizada con Lino Oviedo



Aunque me tocó escribir e investigar varias veces sobre la vida y las acciones de Lino Oviedo, una sola vez pude conversar personalmente con él, durante un reportaje realizado con técnicas de infiltración o simulación periodística.
Fue el 22 de enero de 1998, cuando Oviedo se había lanzado inicialmente como candidato a la presidencia de la República, y el presidente Juan Carlos Wasmosy decidió procesarlo tardíamente por el intento de golpe de abril de 1996, ordenando su arresto en una unidad militar.
Oviedo fue conducido preso por primera vez al cuartel de la Primera División de Infantería, en el barrio Tacumbú de Asunción, y se negaba a conceder entrevistas periodísticas, aunque recibía a sus adherentes, tres días a la semana, de a dos por vez, durante unos 15 minutos.
Con el colega Miguel H. López se nos ocurrió entonces meternos en la larga fila de peregrinantes, simulando ser dos estudiantes oviedistas que llegaban a visitarlo desde Ciudad del Este. La intención era observar y describir las condiciones en que vivía Oviedo en su prisión militar.
El reportaje, de estilo narrativo, titulado “El general en su laberinto” (gracias, don García Márquez), se publicó a dos páginas en la edición del sábado 24 de enero de 1998 del diario Última Hora.
Tras la reciente trágica muerte de Oviedo, resulta oportuno rescatar aquel texto en este blog, como una pieza más para entender lo que fue la compleja personalidad de este peculiar espécimen de la política paraguaya y latinoamericana.

He aquí el reportaje:


Por Andrés Colmán Gutiérrez y Miguel H. López.

A la entrada del cuartel de la Primera División de Infantería se ha montado una especie de feria popular. La troupe oviedista en toda su expresión. Periodistas, militares y policías comparten la guardia, mientras los operadores políticos reciben o envían instrucciones a través del celular. Hay varios vehículos estacionados, con enormes calcomanías de “Lino 98”. Vendedores ambulantes, vecinos y curiosos a la espera de algún nuevo escándalo. Y en un rincón, esperando con infinita paciencia, los elegidos del día, los que tendrán la suerte de poder visitar personalmente al líder en el interior de su celda.
Disfrazados como supuestos “estudiantes de Ciudad del Este”, ocultando deliberadamente nuestra condición de periodistas, los dos reporteros de Última Hora conseguimos colarnos en un resquicio de la lista de visitantes.
Son las 15.05 del jueves 22 de enero. El intenso calor de la siesta se disipa lentamente, gracias a un fuerte viento que sopla desde el sur. A lo lejos, en el horizonte, hay nubes oscuras que presagian tormenta.
–Su cédula de identidad, por favor –pide un oficial vestido con uniforme para’i y un fusil FAL automático preparado, por las dudas.
Uno, dos, tres controles. El mismo procedimiento. En la última guardia, ya en el edificio de la Comandancia del Cuartel General, una revisión más minuciosa: ¿Teléfono celular, algún otro aparato…? Todo debe quedar sobre la mesa.
Entonces, otro de los oficiales indica:
–Por favor, vengan por aquí…
Un corto pasillo, una puerta, unos golpes que llaman. Una jovencita abre con una débil sonrisa.
La puerta da a un salón relativamente grande, como de unos quince por seis metros. Al fondo, sentado en un sillón, la figura inconfundible del general Lino César Oviedo.
Al vernos, una sonrisa esquemática se dibuja en su rostro. Se levanta con los brazos en alto y camina a nuestro encuentro, como si nos conociera de toda la vida, aunque ninguno de los dos lo hemos tratado nunca personalmente.

EL MISMO CASETE. La habitación está sobriamente decorada, con cortinas rojas y blancas, de tela fina, en las ventanas. Cuadros en las paredes, entre los cuales es fácil advertir una reproducción del célebre Cristo de Dalí y una imagen en yeso de la Virgen María.
A la entrada hay un discreto juego de sofá, donde recibe a las visitas. Al fondo, una mesa larga con sillas, improvisado escritorio, desde donde una jovencita que lo acompaña –luego no enteramos de que es una de sus hijas- asiste a todo en forma paciente y en silencio.
También hay otra puerta, que presumiblemente conduce al dormitorio y al baño.
–Mba’eichapa, a vy’aiterei la peju haguere, chamigo (que tal, estoy muy contento porque han venido, amigos) –exclama el general, sin averiguar siquiera quiénes son sus visitantes.
–Buenas tardes, general. Somos estudiantes de Ciudad del Este. Venimos a visitarlo, para saber cómo se encuentra –le decimos, dispuestos a soportar algún duro interrogatorio que ponga a prueba nuestra supuesta identidad, pero al general ni siquiera le interesa preguntar nuestros nombres.
–Aime pora, aime poraiterei (estoy bien, estoy muy bien) –dice, mientras invita a sentarnos. Durante los siguientes cinco minutos no hace más que hablar y hablar, casi sin parar, en un estilo discursivo y grandilocuente, como si hubiera encendido el casete de una grabadora.
Oviedo repite lo mismo que ha dicho en tantas oportunidades, en tantos mítines políticos, en tantos monólogos radiales. Que el país está en manos de unos sinvergüenzas, que está al borde del caos, que él es la única esperanza, que él fue quien derrocó a Stroessner y trajo la democracia, que están haciendo todo lo posible por liquidarlo pero que no lo van a conseguir…
Un largo rato después, cuando se toma un respiro, podemos intentar la primera pregunta…
–Escuchamos por la radio que usted se encontraba muy mal aquí, general, que estaba siendo maltratado y se hallaba con el ánimo muy decaído…
–No, no, nada que ver –niega tajantemente, mostrando con un gesto el gran salón que lo rodea–. Ustedes ya ven que aquí tengo todas mis comodidades. Estos (refiriéndose a los militares que los custodian) son todos mis ta’yra (subordinados). Aquí tengo todo lo que necesito: mi cama, mi tele, mi mesa, mi baño…
–También dijeron que usted teme que le hagan algo malo dentro de la prisión, que incluso puedan llegar a matarlo. Su propia esposa difundió esta versión…   
–No, no. Aquí adentro yo estoy muy seguro. No tengo miedo de que me hagan nada. Ahora, allá afuera, cuando salga, sí. Pero aquí adentro no me va a pasar nada…
–Pero, ¿usted cree que realmente le van a dejar salir antes de las elecciones? Porque su caso cada vez se complica más…
–Pueden quedarse tranquilos. No se preocupen. Yo voy a salir de aquí antes de mayo. Es solo un grupito el que busca perjudicarme. Han inventado de todo: el asunto de los helicópteros, ahora el de la basura tóxica. De lo único que todavía no me pudieron acusar es por estos desastres que está causando el fenómeno “El Niño” (risas). Son ellos los que están destruyendo al país. Un grupito de corruptos.

IGUAL QUE PERÓN. Tratando de que nuestras preguntas no parezcan “demasiado periodísticas”, insistimos en qué va a pasar con su candidatura, en el caso de que no pueda salir de la prisión, antes de las elecciones.
–Igual vamos a ganar –afirma–. La gente va a votar igual por mí, aunque yo siga preso.
–Pero, ¿acaso es posible legalmente, general? ¿Y si queda inhabilitado…?
–Quédense tranquilos. Igual vamos a ganar, aunque sea otro el candidato. Así como ganó Perón en la Argentina, estando él en el exilio. Era otro el candidato, pero todos sabían que estaban votando por Perón. Después el vino, y le entregaron el poder.
Intentamos seguir preguntándole quién será ese candidato al estilo Cámpora (el candidato de Perón), ¿acaso el ingeniero Raúl Cubas Grau?, pero el general ya se había extraviado de nuevo en su propio laberinto discursivo y vuelve a poner el mismo casete.
–Vamos a ganar –dice–. Díganle a la gente que esté tranquila… –etcetera...  hasta que de nuevo conseguimos meter alguna pregunta.
–¿Usted dirige la campaña electoral desde aquí?
–Sí, aquí yo trabajo tranquilamente. Acabo de terminar el programa de gobierno. Ya llevó mi señora.
Han transcurrido unos 15 minutos, cuando el propio Oviedo nos indica, con un gesto cortante pero amable, que ha llegado el momento de retirarnos. Pero antes, un poco más de discurso, por si acaso.
–Dicen de mí que soy populista, pero eso no está mal si ser populista quiere decir estar con el pueblo. Lo que importa y vale es que la gente sea la que mande.
Cuando se abre de nuevo la puerta, hay un oficial esperándonos, quien saluda a Oviedo con una venia militar.
–Aquí le tratamos según su rango de general, aunque no estemos de acuerdo con sus ideas –nos confiará brevemente, mientras nos acompaña hasta la salida.
En la Guardia somos nuevamente revisados a fondo, palpados en todo el cuerpo. Después, una amable y seca despedida.
Mientras caminamos, intercambiamos rápidamente impresiones, aún incapaces de creer lo sucedido. El título de la nota ya se escribe en nuestras mentes: “El general en su laberinto”, plagiando a la famosa novela de Gabriel García Márquez. Y mil preguntas atropelladas: ¿Esto está en verdad sucediendo? ¿Cómo puede una persona así llegar a ser candidato a presidente de un país?
Al final, lo confirmamos: el título se justifica. Esto es realismo mágico. Macondo. O Paraguay 1998, que es casi lo mismo. 

lunes, 4 de febrero de 2013

El hombre que evadió todos los juicios y no pudo ser presidente



Arriba: Una seguidora de Lino Oviedo llora desconsoladamente, abrazada a la gigantografía de su líder, en el puesto de comando del Partido Unace. (Foto de René Gonzalez). Abajo: El entonces general Lino Oviedo y el presidente Wasmosy se saludan por última vez durante la crisis de abril de 1996, poco antes de que el militar sea pasado a retiro. (Foto archivo del diario Última Hora).

Controvertido y polémico, el general (SR) Lino César Oviedo fue probablemente el último de una especie de militares paraguayos obsesionados por la política. Estuvo a punto de ser presidente en el 98, pero las circunstancias de su propia historia se lo impidieron. He aquí una semblanza crítica de su trayectoria.

                  
Por Andrés Colmán Gutiérrez
@andrescolman

Su máxima ambición fue siempre llegar al poder.
Lo intentó por todos los medios, tanto lícitos como irregulares, hasta el último minuto de su vida. 
En la noche del sábado 2 de febrero, un trágico accidente aéreo puso fin a su convulsionada carrera política, paradójicamente en la misma fecha en que la había iniciado, hace 24 años, en la noche del 2 y 3 de febrero de 1989, cuando saltó a la fama al arrestar personalmente al dictador Alfredo Stroessner, el día del golpe militar del que fue uno de los principales propiciadores.
Lino César Oviedo Silva había nacido en la localidad de Juan de Mena, Cordillera, el 23 de setiembre de 1943, hijo de un militar excombatiente de la Guerra del Chaco, el mayor Ernesto Oviedo. Pasó toda su infancia en un ámbito campesino y a los 14 años ingresó al Colegio Militar "Mariscal Francisco Solano López".
Egresado como subteniente de Caballería el 31 de diciembre de 1962, ascendió a teniente coronel en 1981 y se convirtió en ayudante principal del general Andrés Rodríguez, quien comandaba el Primer Cuerpo de Ejército. Varias fuentes aseguran que inclusive eran socios en negocios privados.
Oviedo permaneció con perfil bajo durante la dictadura de Stroessner, aunque trascendieron denuncias periodísticas por su presunta participación en tráfico ilegal, durante su permanencia al frente de un destacamento en Amambay, cuando ya era coronel. En la época también se lo acusó de intervenir en actos arbitrarios y represivos, para intentar despojar de sus tierras a comunidades campesinas e indígenas.
Fue el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989 el que lo catapultó a la fama. El coronel Oviedo Silva, entonces comandante del RC3 "Coronel Mongelós", dirigió el grupo comando que capturó al general Stroessner, tras un fuerte enfrentamiento a tiros en el Batallón Escolta Presidencial .La historia oficial es que Oviedo le exigió la rendición al dictador, amenazándolo con hacer explotar una granada de mano, y lo llevó preso a la sede de la Caballería, en Campo Grande. Pero familiares de Stroessner niegan que sea real esta versión.

EN POLÍTICA. Su participación en el golpe le valió a Lino Oviedo el rápido ascenso a general de Brigada, en mayo de 1989. Enseguida asumió la comandancia de la Primera División de Caballería.
En 1991, Oviedo fue nombrado comandante del Primer Cuerpo de Ejército. En mayo de 1992 fue ascendido a general de División.
Convertido en uno de los jefes más poderosos de las Fuerzas Armadas, Oviedo empezó a intervenir directamente en cuestiones políticas, construyendo su propio liderazgo y potenciando además su poder económico.
El proyecto inicial apuntaba a lograr la reelección del general Andrés Rodríguez para las elecciones de 1993, pero ello fue imposibilitado por la nueva Constitución Nacional redactada en 1992.
Ante esta situación, Oviedo respaldó la candidatura del empresario Juan Carlos Wasmosy, del entorno de Rodríguez, para las internas coloradas de diciembre de 1992, tratando de evitar que resulte electo el influyente caudillo Luis María Argaña, quien se perfilaba como el favorito.
Wasmosy era el candidato y el general Oviedo era su principal operador político. A tal punto ejercía el poder, que cuando los primeros conteos de votos de las elecciones empezaron a dar como ganador a Argaña, Oviedo mandó suspender el conteo, secuestró las urnas, modificó los resultados y finalmente dio como ganador a Wasmosy. Este escandaloso robo electoral, que era "vox populi", fue confirmado públicamente varios años después por el senador colorado Juan Carlos Galaverna.

INTENTO DE GOLPE. A apenas tres días de asumir la presidencia, Wasmosy nombró comandante del Ejército a Lino Oviedo. El general pasó a ocupar abiertamente el rol de ser "el poder detrás del trono". En ese proceso, la ciudadanía fue espectadora de episodios pintorescos, como la construcción de un "Linódromo" en las inmediaciones de la sede de la Caballería, en Campo Grande, un gran anfiteatro al aire libre donde, en febrero de 1996, organizó una mediática fiesta de carnaval, en la que altos jefes militares desfilaron disfrazados de pistoleros al estilo del legendario jefe mafioso Al Capone, y sus esposas como bailarinas de cabaret de la Chicago de los años 20. El cuadro fue objeto de burla en la prensa nacional e internacional.
Pero las fricciones entre Oviedo y Wasmosy, aparentemente por diferencias más económicas que políticas, se volvían cada vez más evidentes, hasta que estallaron el 22 de abril de 1996, cuando luego de una violenta discusión en Palacio -presuntamente acerca de las empresas que se beneficiarían con la construcción de un segundo puente sobre el río Paraná-, Oviedo se acuarteló en la Caballería y exigió la renuncia de Wasmosy, amenazando con sacar los tanques a la calle.
El Paraguay vivió tres días de zozobra. Miles de ciudadanos -especialmente jóvenes- se congregaron en las Plazas del Congreso y se pintaron las caras con colores de la bandera, exigiendo cárcel para Oviedo.
Wasmosy se refugió una noche en la embajada norteamericana y llegó a redactar su renuncia, pero al sentirse respaldado por la movilización ciudadana y la presión internacional, tras un primer intento de nombrar a Oviedo ministro de Defensa, finalmente se animó a pasarlo a retiro y a sacarlo del Gobierno, pero no se atrevió a procesarlo.

EN CAMPAÑA. En la misma tarde del 25 de abril de 1996, en que fue pasado a retiro, Oviedo reunió a sus seguidores en el Linódromo, pronunció discursos con breves expresiones en alemán y en lengua indígena maká, y anunció que iniciaba como civil su carrera a la presidencia de la República.
Fundó un movimiento interno dentro del Partido Colorado, al que llamó Unión Nacional de Colorados Éticos (Unace), al que dos años después transformaría en partido propio, cambiando la palaba "colorados" por "ciudadanos". Nacía el oviedismo como fenómeno político.
"El oviedismo atacó desde su nacimiento como grupo político todos los principios republicanos: los partidos políticos, las leyes, la independencia de la Justicia, el poder parlamentario, el mismo orden constitucional", relata la historiadora Milda Rivarola, en su ensayo "La herencia de largas dictaduras".
Oviedo prometía seguridad contra la delincuencia y repartía algunos víveres y medicamentos entre la población más pobre, asegurando que el arreglaría todos los problemas del país cuando tuviera el poder absoluto.
Entre sus promesas más pintorescas, se recuerda que prometió que los campesinos entrarían descalzos al Palacio, y que cada paraguayo tendría como siete mujeres. Entre las más siniestras, aseguró que los periodistas y empresarios de prensa serian "alineados como velas" y que haría correr "ríos de sangre".
"El oviedismo fue formando grupos armados 'paramilitares' con oficiales retirados de las Fuerzas Armadas y la Policía, encargados de organizar y encuadrar el movimiento político, de acciones de amedrentamiento contra los opositores a Oviedo, y finalmente de recaudación de fondos por medios delictivos", sostiene Milda Rivarola.

CASI PRESIDENTE. Con este panorama, Lino Oviedo y su compañero de fórmula, el ingeniero Raúl Cubas, se enfrentaron al caudillo Luis Maria Argaña y su segundo Nicanor Duarte Frutos, en las elecciones internas del Partido Colorado, en setiembre de 1997. Oviedo y Cubas resultaron los grandes ganadores.
El polémico exgeneral se convirtió en el gran favorito a ganar la presidencia de la República, en las elecciones generales de mayo de 1998. Estaba a un paso de cumplir su sueño de toda la vida.
Buscando sacar a Oviedo del juego político, Wasmosy hizo finalmente lo que no se había animado dos años antes: procesarlo ante la Justicia Militar, por el intento de golpe de abril de 1996.
El comandante en jefe firmó una orden de arresto contra Oviedo, quien al principio la desobedeció pero finalmente acató y fue confinado en una guarnición militar, en plena campaña electoral, mientras duraba el proceso.
El 9 de mayo de 1998, un Tribunal Militar Extraordinario condenó a Oviedo a diez años de cárcel por el intento golpista de abril del 96. Sus abogados apelaron ante la Justicia, pero la Corte Suprema de Justicia confirmó la sentencia, inhabilitándolo como candidato presidencial.
Ante esta situación, su candidato a vicepresidente, Raúl Cubas, debió asumir su lugar como presidenciable, secundado por su adversario en las internas, Luis María Argaña.
Se usó un llamativo lema en campaña: "Tu voto vale doble: Votá por Cubas, para que Oviedo salga en libertad".
El 10 de mayo de 1998, Cubas y Argaña ganaron con el 54% de los votos, frente a la dupla de la alianza opositora conformada por Domingo Laíno y Carlos Filizzola.

EL MARZO PARAGUAYO. En agosto de 1998, una de las primeras acciones de Raúl Cubas fue liberar a Lino Oviedo de la prisión, a través de un decreto.
En diciembre, la Corte Suprema calificó como "inconstitucional" la medida del presidente, pero Cubas ignoró la calificación y Oviedo siguió libre, convirtiéndose nuevamente en "el poder real detrás del trono". Para muchos analistas, desde ese momento se produjo una ruptura del orden constitucional.
El clima político empezó a volverse más violento. "Las amenazas de muerte a senadores, diputados y ministros de la Corte, expresadas por Oviedo y sus seguidores, dieron paso a las acciones terroristas de comandos paramilitares. Hubo múltiples atentados con armas de fuego o granadas contra las residencias de expresidentes de la República, parlamentarios y dirigentes políticos", recuerda Milda Rivarola.
El 23 de marzo de 1999 una noticia estremece al país. En una esquina de Asunción, desconocidos disparan contra el vicepresidente Luis María Argaña, quien finalmente fallece en un sanatorio.
Casi al instante, numerosos referentes políticos acusan a Oviedo de estar detrás del asesinato y se inicia una fuerte movilización ciudadana, generando una crisis política sin precedentes, que mantiene en vilo al país -y a gran parte de la opinión internacional- en los sucesos conocidos históricamente como El Marzo Paraguayo.
Durante varios días, miles de ciudadanos se concentran en las Plazas del Congreso, exigiendo la renuncia de Cubas y cárcel para Oviedo. El Congreso inicia un juicio político al presidente, y en la plaza se producen constantes enfrentamientos entre manifestantes oviedistas y anti-oviedistas, hasta que en la noche del 26 de marzo se produce el ataque de francotiradores, que culmina en la muerte de 7 jóvenes manifestantes contra el Gobierno.
Como consecuencia, Cubas renuncia el domingo 28 y parte al exilio, al Brasil, mientras Oviedo huye en una avioneta y se refugia en Argentina, acogido por el entonces presidente, Carlos Menem.

PRÓFUGO Y CAPTURADO. Tras asumir la presidencia el entonces presidente del Congreso, Luis Angel González Macchi, se encomendó la búsqueda y captura internacional de Lino Oviedo.
El 12 de junio de 2000, Oviedo fue capturado en Foz de Yguazú, Brasil, donde presuntamente se movía con un disfraz. Apelando a la Justicia brasileña, obtiene la condición de asilado. En todo ese tiempo, sigue manteniendo vínculos con sus seguidores, dirigiendo acciones políticas y dando entrevistas "desde la clandestinidad", presuntamente oculto por momentos en territorio paraguayo.
El 28 de junio de 2004, Oviedo retorna al Paraguay y decide someterse por propia voluntad a la Justicia, para enfrentar los cargos acumulados en contra suya, tanto los del intento de golpe del 96 como por las muertes del Marzo Paraguayo. Es detenido y trasladado a la Prisión Militar en Viñas Cué, en las afueras de Asunción.
El 23 de julio de 2007, Oviedo logra que un recurso de Habeas Corpus sea admitido ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia paraguaya, y obtiene su libertad provisional en el proceso por el asesinato de Argaña.
Otro Habeas Corpus es admitido en julio de 2007, logrando su libertad provisional en el proceso por la masacre de jóvenes del Marzo Paraguayo.
El 30 de octubre de 2007, la Corte también absuelve a Oviedo y deja sin efecto la condena de 10 años por el intento de golpe de 1996.
Uno por uno, utilizando sus fuertes influencias en la Justicia Paraguaya y el poderoso aparato de abogados que siempre supo manejar, Oviedo logró desvincularse de todas las acusaciones y procesos en su contra y recuperar su plena libertad.
La mayoría de las últimas resoluciones a favor se obtuvieron durante la presidencia de Nicanor Duarte Frutos, por lo cual se habló de una alianza entre el último presidente colorado y el exmilitar.
Los familiares de las víctimas del Marzo Paraguayo sostienen que la Justicia cedió a los lazos de corrupción que protegen a Oviedo y sus seguidores, favoreciendo la impunidad.

EL ÚLTIMO CAUDILLO. Desde su rehabilitación tras los sucesos del Marzo Paraguayo, Oviedo no dejó de seguir intentando llegar al poder, presentándose como candidato a presidente, pero los últimos resultados electorales demostraron que ha perdido mucho de su caudal electoral , alcanzado como punto máximo en el 98, cuando estuvo a un paso de ser presidente.
La analista Milda Rivarola caracterizó al fenómeno del oviedismo como "un fascismo tardío". Probablemente Oviedo sea uno de los últimos caudillos, de una estirpe de militares latinoamericanos obnubilados por el poder y la ambición desmedida.
"El general Lino Oviedo llenó la primera característica de los movimientos totalitarios: la del jefe populista y mesiánico. Este caudillo militar se presentó como el mesías o salvador de la Nación, y en pocos años reunió a grandes masas de adherentes -hombres y mujeres- fanatizados por sus discursos y promesas", define Rivarola.
En sus últimos años, Oviedo prefirió situar en cargos de poder y candidatura a su entorno más familiar, incluyendo a sus hijos y a su esposa, provocando la ruptura con varios de sus más fieles seguidores tradicionales.
Presentándose por tercera vez como candidato a la presidencia, intentaba disputar con partidos de la izquierda y el centro el lugar de tercera fuerza política.
Pero llegó el destino de una manera brutal y puso fin a sus sueños con una muerte que es mediáticamente simbólica, y que solo añadirá leyenda a una vida controvertida y novelesca.

Fuentes: La herencia de largas dictaduras, por Milda Rivarola, publicado por la Biblioteca Última Hora en 2001; Operación Gedeón: Los secretos de un golpe frustrado, por José María Costa y Oscar Ayala Bogarín, Editorial Don Bosco; Archivos del diario Última Hora.

"Si hay golpe, cruzá la frontera"

Mario Abdo (último a la derecha), junto al dictador Alfredo Stroessner y los demás miembros del Cuatrinomio: Adán Godoy Giménez, José Eugenio Jacquet y Sabino Augusto Montanaro.
La noche del golpe militar que derrocó al general Alfredo Stroessner en 1989, el inefable Mario Abdo Benítez, secretario privado del dictador, estaba en la frontera con Brasil. Un testigo privilegiado revela la verdad acerca de uno de los mitos humorísticos más festejados en la historia de la transición.


Por Andrés Colmán Gutiérrez
@andrescolman

La anécdota humorística que durante más de dos décadas sigue narrándose de boca en boca, es la siguiente:
El 2 de febrero de 1989, el caudillo colorado Mario Abdo Benítez, secretario privado del general Alfredo Stroessner, viajó a la entonces Ciudad Presidente Stroessner (hoy Ciudad del Este) para participar de los actos por el aniversario de fundación, en compañía de otras autoridades y figuras políticas del régimen.
La versión asegura que “Don Mario”, como era popularmente conocido, cruzó esa noche el Puente de la Amistad hasta la vecina ciudad brasileña de Foz de Yguazú, para cenar en un exclusivo restaurante, cuando recibió la noticia de que el general Andrés Rodríguez acababa de iniciar un golpe militar, para derrocar a Stroessner.
El relato sostiene que el secretario del dictador se levantó de la mesa y pidió ser trasladado rápidamente al lado paraguayo, a pesar de que quienes lo acompañaban insistían en que permaneciera en territorio brasileño, donde estaría a resguardo. El político no quiso escuchar razones: “Tengo que seguir la indicación del general Stroessner”, habría dicho.
Apenas cruzó el puente, fue presuntamente detenido y arrestado por los militares que participaban del golpe, y llevado a un calabozo junto a otros jerarcas stronistas.
Según esta versión humorística, cuando los propios líderes de la revuelta le preguntaron por qué había regresado al Paraguay, ya que en Brasil estaba a salvo, Mario Abdo habría respondido: “El general Stroessner siempre me dijo: Si escuchás que hay un golpe, cruzá inmediatamente la frontera, para salvarte… y eso hice”.

LA VERDADERA HISTORIA. ¿Cuánto hay de verdad o de leyenda urbana en esta historia? Tratándose de Abdo Benítez, sobre quien se tejieron muchas historias humorísticas, era difícil saberlo.
Los “chistes de Don Mario” fueron muy populares durante la dictadura, aparentemente creados como una forma de venganza de la gente común contra los abusos del régimen.
El periodista radial Rolando Ávalos fue un testigo privilegiado de lo que realmente ocurrió en la noche del 2 y 3 de febrero de 1989, en que Abdo Benítez estuvo efectivamente en Ciudad Stroessner y acabó detenido.
El comunicador asegura que la popular anécdota sobre “Don Mario” no es exacta, ya que no cruzó hacia el Brasil, aunque le sugirieron que lo haga, pero revela que su arresto si tuvo varios detalles pintorescos, que parecen sacados de una comedia política costumbrista.
“No está en mi ánimo desmitificar la generalizada versión de que Stroessner había ordenado a Mario Abdo Benítez de que, en caso de un golpe de estado, cruzara de inmediato la frontera para ponerse a salvo, y que como él se encontraba en Foz de Yguazú, cruzó la frontera… pero hacia territorio paraguayo”, ironiza Avalos.
El comunicador era en ese momento director artístico de la emisora ZP 16 Radio Presidente Stroessner, perteneciente al caudillo regional Carlos Barreto Sarubbi, y además era secretario de la Junta Municipal de Ciudad Stroessner.
Recuerda que el clima político estaba enrarecido por la división entre los colorados “militantes stronistas”, grupo que lideraba Abdo Benítez junto a los ministros Sabino Montanaro, Adán Godoy Jimenez y Eugenio Jacquet, y los llamados “tradicionalistas”, conducidos por Juan Ramón Chávez y Luis María Argaña, quienes ya cuestionaban al entorno de Stroessner.

LA CENA FRUSTRADA. A las 15.30 del 2 de febrero llegó Abdo Benítez en un avión estatal, acompañado de los diputados Ubaldo Centurión Morínigo, Silvio Meza Brítez y el presidente del Banco Nacional de Trabajadores, Eligio Tomas Franco.
“Había sido invitado por las autoridades políticas para presidir la inauguración de varios locales partidarios, actos a realizarse como un boicot a la programación oficial de la Municipalidad y al intendente Hugo Martínez Cárdenas, ya abiertamente enfrentado con el presidente de seccional y diputado, Juan Eudes Pereira”, recuerda Ávalos. Los dos grupos preparaban celebraciones paralelas.
Cerca de las 18.00, durante uno de los actos, la frecuencia de radio de la policía informó sobre un tiroteo en la casa de “Ñata” Legal, amante del presidente Stroessner, en Asunción, pero se creyó que fue un intento de robo.
“Totalmente ajenos a los sucesos que comenzaban a alarmar a la población asuncena, los dirigentes políticos se autoconvocaron para una cena en el conocido Doli Bar (en el centro de la ciudad esteña), donde Mario Abdo Benitez fue informado de las confusas versiones que procedían de la capital”, relata Ávalos.
Pero la cena no pudo concretarse, ya que antes de que estén listos los platos encargados, “Don Mario” invitó a sus acompañantes a trasladarse a la residencia que él tenía en Ciudad Stroessner, donde intentaría tener más noticias de lo que pasaba.

GOLPE CONFIRMADO. Sin lograr comunicarse con Asunción, Abdo Benítez tuvo que esperar que el empresario Israel Iriarte llegue, ya entrada la noche, a contarle que se había desatado un golpe militar contra Stroessner.
“Iriarte traía otra información aún más preocupante: Mario Abdo y sus allegados debían ser detenidos, aunque ignoraba en qué circunstancias, sugiriendo que todos se trasladasen a la vecina ciudad brasileña de Foz de Yguazú, para aguardar el desenlace de los acontecimientos. A pesar de que la mayoría tenía la intención de aceptar la sugerencia, la negativa del dueño de casa fue firme, desvirtuando esa posibilidad”, narra Rolando Ávalos.
Finalmente, “Don Mario” logró comunicarse con la guardia del Batallón Escolta Presidencial, en Asunción.  Mientras su interlocutor le informaba del alzamiento contra Stroessner, dirigió el auricular a sus acompañantes, para que escuchen los disparos que sonaban como fondo. Cuando le dijeron que era el general Andrés Rodríguez el que lideraba la sublevación, no lo quiso creer.

ARRESTO EN FURGONETA DE PAN. La Base Naval de Ciudad Stroessner, al mando del capitán de Navío Amado Rodríguez Gaona, se sumó al movimiento golpista liderado por el general Rodríguez.
Poco después de las 21.00, Rodríguez Gaona decidió –por propia iniciativa, según admitió- capturar a Mario Abdo y a los demás jerarcas stronistas que lo acompañaban.
Aunque en principio había recibido órdenes de no arrestar a civiles, tuvo temor de que los políticos “intenten una contra-maniobra” y prefirió no arriesgarse. Integró un equipo comando con un teniente, ocho suboficiales y veinte “cimeforistas” para la misión, pero se encontró con un problema: no había vehículos a disposición.
La solución fue usar una destartalada furgoneta, propiedad del panadero que abastecía a la Base, en la cual partieron los cimeforistas a cumplir el arresto. El comandante y los oficiales iban en un auto Toyota, propiedad particular de Rodríguez Gaona.
La noticia de que iban para arrestar a “Don Mario” se filtró  y el delegado de Gobierno de Alto Paraná, Bernardino Caballero, pidió auxilio al comandante del Batallón de Frontera, un coronel de apellido Domínguez, que permanecía fiel a los stronistas. El mismo dispuso que unos 20 soldados armados, al mando del teniente Llanes, vayan a proteger a Abdo Benítez y a sus acompañantes, pero el único vehículo del que disponían era un camión trans-ganado, en el cual se movilizaron.  

BATALLA EVITADA. “Rodríguez Gaona y los efectivos navales ya habían rodeado la residencia de Abdo Benítez y se aprestaban a ingresar en ella, cuando llegaron los militares, quienes fueron intimados a viva voz por el experimentado marino, para que se retirasen de inmediato, bajo la amenaza de morir todos en caso de no hacerlo”, relata Ávalos.
Los militares prefirieron replegarse, antes que enfrentar a los marinos, con lo cual se evitó un baño de sangre.
“Pistola en mano, Rodríguez ingresó violentamente a la vivienda, ordenando a sus subalternos el apresamiento de todos, principalmente de Abdo Benitez y Juan Eudes Pereira, quienes, como todos los demás, no opusieron resistencia y acataron de inmediato la orden de salir, para ser llevados a la Base Naval, hasta donde fueron transportados en un minibús de la Itaipú Binacional que pasaba ocasionalmente por el lugar”, narra el periodista.
Poco antes de la medianoche, el operativo militar había concluido, asegura Ávalos, quien relató por primera vez este pintoresco episodio en un capítulo escrito para el libro “¿Qué hacías aquella noche?”, compilado por Alfredo Boccia Paz.
Mario Abdo Benítez, al igual que otros jerarcas del stronismo, permaneció durante varios años en prisión.
Hoy permanece retirado de la actividad partidaria, aunque uno de sus hijos, que asume su mismo nombre y apellido, Marito Abdo Benítez, se postula actualmente como senador por el Partido Colorado.

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Los chistes de “Don Mario”

Son numerosas las historias humorísticas que se relataban durante el régimen stronista, tomando como protagonista a “Don Mario (Abdo Benítez)”, el ex secretario privado del general.
He aquí algunos de ellos, recopilados gracias a aportes de los lectores en internet:

Don Mario es invitado por Stroessner, junto con los demás miembros del “Cuatrinomio de oro”, a cenar en Mburuvicha Roga.
Transcurre la cena normalmente cuando, de pronto, a “Chanchito” Montanaro se le resbala el tenedor y cae estrepitosamente al piso.
El ministro trata de hacer una broma para distender la “pelada” y dice:
-Tenedor con "T"… se acuerda de mí… ¡Teresa!
Todos sonríen y la cena sigue.
En un momento, a Don Mario se le cae un gran pedazo de zanahoria, que llama la atención de todos.
El secretario privado trata de aplicar la misma fórmula que Montanaro:
-Zanahoria con “S”…  se acuerda de mí… ¡Cecilia!

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Stroessner y Don Mario viajan a Venecia, Italia. Tras un primer recorrido por la ciudad, el general le pregunta a su secretario:
-¿Qué te parece Venecia, Mario?
-Muy linda, mi general. ¡Lástima que vinimos en época de inundación!

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Mario Abdo escucha que Montanaro ha ordenado la compra de un helicóptero último modelo a un proveedor norteamericano, y aunque nunca había visto uno en su vida, también pide que se le traiga otro. “¡Pero que sea con aire acondicionado, no importa el precio, porque aquí en Paraguay hace mucho calor!”, exige.
Cuando finalmente el helicóptero llega y aterriza en el patio del Palacio de Gobierno, Don Mario es avisado para ir a recibir su nueva adquisición. Sale contento de su despacho, pero apenas asoma afuera y ve a la aeronave funcionando, con la hélice girando a pleno, se indigna e increpa al proveedor:
-¡Ustedes los yanquis son unos estafadores…! Yo le pedí bien que me traiga un helicóptero con aire acondicionado… ¡pero me trajo uno con ventilador de techo!

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Don Mario asiste a la recepción al nuevo embajador de España. A su llegada, el canciller cumple en presentar al secretario privado de la Presidencia y al diplomático.
-¡Con el mayor de los placeres…! –dice el embajador, haciendo una reverencia.
Y Don Mario no se queda atrás, haciendo otra reverencia:
-¡Con el menor de los Benítez…!

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Mario Abdo llega a Mburuvicha Roga y pide hablar con Stroessner. Cuando el dictador lo recibe, el secretario privado le pide por favor que lo acompañe al fondo de la casa, porque debe pedirle algo muy personal y urgente.
El general se muestra intrigado, le pregunta por qué no le puede hablar allí en el despacho, donde igual hay mucha privacidad, pero el otro le insiste y le ruega: tiene que ser en el fondo.
Stroessner finalmente accede y caminan hasta el fondo del patio, donde Don Mario finalmente le dice que necesita dinero, y le pide que le de la licitación de alguna obra pública.
-¿E’a, y eso nomas piko…? –se sorprende Stroessner-. Es un vyroreí, ¿por qué me hiciste venir hasta el fondo para pedirme eso… si podías hacerlo en el despacho?
-Es que quería asegurarme de que me conceda mi pedido –explica el secretario-. ¡Es que toda la gente siempre dice que, muy en el fondo, usted es bueno!

***

Don Mario, Stroessner, Montanaro y Godoy Giménez viajan en avión, cuando de repente hay fuertes sacudidas y el piloto grita:
-¡Emergencia…! ¡Colóquense el paracaídas y salten de a uno!
Mario va directamente a la puerta del avión, dispuesto a arrojarse, cuando Stroessner le grita:
-¡Mario Abdo, no te pusiste el paracaídas!
Y el secretario responde con una sonrisa, mostrando un pequeño frasco de color verde:
-¡No se preocupe, mi general! ¡Tengo Mentolatum… “para caídas y golpes”!.

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(¿Conocés algún otro chiste de Don Mario? Animáte a compartirlo…).