sábado, 20 de septiembre de 2014

Cecilia Cubas: La memoria del horror

El pozo subterráneo en el que fue hallado el cadáver de Cecilia Cubas, en Ñemby.

La hija del ex presidente Raúl Cubas fue secuestrada el 21 de setiembre de 2004 y hallada muerta el 16 de febrero de 2005. El grupo armado que la capturó, actualmente denominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) sigue operando en el Norte y mantiene a dos personas en cautiverio. Esta es la historia de aquel trágico episodio.


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Al final de la tarde del martes 21 de setiembre de 2004, día de inicio de la primavera, Cecilia Cubas Gusinky retornaba a su hogar, sola y cansada pero de buen ánimo, manejando su camioneta Nissan Patrol, color bordó, chapa AKB093, tras una ardua jornada laboral en la empresa 4P SA, de la cual ella era gerente financiera y copropietaria junto con su madre, Mirtha Gusinky.
Aún era temprano y la noche prometía una salida de celebración con amigas. Había tiempo suficiente para descansar, darse una buena ducha, compartir un rato con la familia y después salir.
Hija de un acaudalado empresario, el controvertido ex presidente de la República, Raúl Cubas Grau, Cecilia tenía entonces 31 años de edad, estaba aún soltera. Era conocida por su activa vida social como empresaria, deportista y persona solidaria con causas benéficas.
Esa tarde, su madre Mirtha se había adelantado a regresar en otro vehículo, y Cecilia la siguió minutos después.
Aproximadamente a las 18.45, cuando ya se encontraba prácticamente frente a su residencia, en el barrio Laguna Grande de Fernando de la Mora (ciudad vecina a la capital, Asunción), al doblar sobre la calle Coronel Machuca, vio que un auto Volkswagen Santana, color azul, cuatro puertas, chapa AJE593, apareció en el camino, bloqueando el paso.
Alarmada, Cecilia frenó y retrocedió la camioneta hasta embestir contra otro auto, un Ford Scort, color rojo, chapa AAL041, que le cerró el paso desde atrás.
Un transeúnte, identificado como Serafín Gutiérrez, relató que vio bajar a cinco hombres desde el interior de los vehículos, disparando a mansalva contra el fuselaje de la camioneta y contra las cubiertas. La policía contabilizó 26 disparos, principalmente con pistolas 9 milímetros. Además de las cuatro ruedas desinfladas a balazos, había impactos en el parabrisas delantero y en el trasero de la camioneta, en el capó y en el faro derecho.
Uno de los atacantes tenía un pesado martillo de metal, con el que rompió de un potente golpe la ventanilla derecha, la que se encuentra en el lado del acompañante, para luego abrir la puerta e inmovilizar por la fuerza a Cecilia.
En seguida la alzaron al interior del automóvil Santana azul y se alejaron a gran velocidad, dejando abandonada la camioneta de la víctima, y el chocado auto Ford Scort.
Meses después, durante el procedimiento para el juicio oral del caso, Sergio Evaristo Espínola, otro testigo presencial de esa noche, reconocería a uno de los participantes del secuestro como Lorenzo González Martínez, a quien se presentó como un miembro del mismo grupo armado que en 2001 había secuestrado a Maria Edith de Debernardi, y que a partir del 2008 sería conocido como el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

La camioneta de Cecilia, tal como quedó la noche del secuestro.
Contacto con los secuestradores

El automóvil con el que se llevaron a Cecilia, el VW Santana azul, fue hallado abandonado horas más tarde sobre la calle Blas Garay, muy cerca de la ruta 2 Mariscal Estigarribia, a la altura del kilómetro 8. No había rastros de los secuestradores.
La noticia del secuestro repercutió inmediatamente en todos los medios de comunicación y generó un gran impacto informativo a nivel internacional.
Se trataba nada más y menos que de la hija del ex presidente de la República que había asumido el poder en agosto de 1998, y que fue obligado a abandonar el cargo apenas siete meses después, en marzo de 1999, tras una grave crisis política conocida como "el Marzo Paraguayo", iniciada con el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, que concluyó con su renuncia y exilio tras movilizaciones populares, con la muerte de siete jóvenes manifestantes en las plazas del Cabildo de Asunción ante balas de francotiradores.
Después de más de un año de permanecer exiliado en Brasil, Raúl Cubas Grau regresó al Paraguay a ponerse a disposición de la Justicia. Tras varios meses de prisión, salió en libertad y decidió retirarse definitivamente de la política, dedicándose enteramente a sus negocios.
El secuestro de su hija lo había sorprendido, además, en un momento en que se encontraba separado de su esposa, Mirtha. Aquella noche funesta, los Cubas Gusinky volvieron a unirse ante el violento secuestro de la hija mayor, y en pocos minutos, la mansión familiar se convirtió en el foco central de la información, con un multitudinario despliegue de policías, fiscales, políticos, amigos, familiares y ciudadanos que acercaban su solidaridad.
Esa misma noche, a las 19.45, a apenas una hora de producirse el secuestro, Diana Sosa, una amiga de Cecilia que estaba en la residencia, atendió la primera llamada telefónica de los secuestradores.
Era una voz de hombre, de acento campesino, de entre 25 a 30 años, confirmando escuetamente que la hija de los Cubas había sido secuestrada, y que quienes la tenían en su poder volverían a comunicarse.

La carta que los secuestradores obligaron a escribir a Cecilia, desde su cautiverio.

 La reorganización del grupo armado

La captura y prisión de Alcides Oviedo y Carmen Villalba, principales cerebros del grupo armado que apuntaba a convertirse en el EPP, y el refugio en Brasil de Juan Arrom, líder del Partido Patria Libre, había producido quiebres importantes en la estructura de ambas organizaciones.
En el plano político, la forzada ausencia de Arrom hizo que emergiera con fuerza el liderazgo de Osmar Feliciano Martínez, un carpintero oriundo del barrio Empalado-ari, en la ciudad de Caaguazú, que se había convertido en un referente importante de las bases campesinas y que llegó a ocupar el cargo de secretario general de Patria Libre.
Martínez empezó a cuestionar abiertamente el liderazgo de Arrom como presidente "en el exilio" de Patria Libre, dando a entender que había sido un acto de cobardía marcharse del país y no enfrentar los cargos por el secuestro de María Edith, y reprochándole con ironía por "pretender dirigir el partido desde Brasil, por internet y por celular".
En octubre de 2004, pocas semanas después del secuestro de Cecilia Cubas, el sector interno de Patria Libre que respondía a Juan Arrom realizó una asamblea y decidió expulsar a Osmar Martínez del partido, con un dictamen del Tribunal de Conducta, por no someterse disciplinariamente a la autoridad del presidente en el exilio.
En diciembre del mismo año, mientras Cecilia seguía secuestrada, el sector de Arrom realizó elecciones y reeligió como presidente al líder exiliado. El sector de Martínez desconoció las elecciones y logró que la Justicia Electoral reconozca institucionalmente a su conducción, y que por tanto desconozca al sector de Arrom.
Aunque Martínez negó reiteradas veces su vinculación con lo que luego sería el EPP, hay testimonios de ex miembros de Patria Libre, que en su momento fueron figuras reconocidas de la organización y luego desertaron para colaborar con las fuerzas de seguridad, como el dirigente concepcionero Dionisio Olazar Balbuena, que plantean que ante la ausencia de Arrom y la prisión de Alcides Oviedo y Carmen Villalba, fue Martínez quien asumió la coordinación política de las acciones del grupo armado vinculado originalmente a Patria Libre, en dos aspectos:
-La planificación y ejecución del segundo secuestro de "una figura importante de la oligarquía" (Cecilia Cubas), impulsando la acción de un nuevo grupo de miembros, más jóvenes que los que participaron en el anterior secuestro de María Edith, como Osvaldo Villalba (hermano menor de Carmen, actual comandante del EPP), Manuel Cristaldo Mieres, Magna Meza (hermana de Aldo Meza), y otros que luego se harían muy conocidos
-El avance en contactos internacionales, en busca del asesoramiento de "compañeros" de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tanto para la ejecución exitosa del nuevo secuestro, como para iniciar el entrenamiento intensivo de un grupo seleccionado para formar la primera columna guerrillera del futuro EPP.

Osmar Martínez, en momento de ser capturado, tras entregarse voluntariamente.

Cautiva en la "Casa del terror"

Tras abandonar el auto Volkswagen Santana en que llevaron a Cecilia Cubas desde cerca de su residencia, los secuestradores la alzaron a una camioneta Ford Ranger color blanco, y la condujeron hasta una vivienda en la calle Las Palmas 342, en el populoso barrio Mbocayaty, en la ciudad de Ñemby, en el área metropolitana de Asunción.
Era ya de noche, ese 21 de setiembre, cuando los vecinos vieron llegar cuatro vehículos, incluyendo a la Ford Ranger manejada por un joven al que luego identificarían como Manuel Cristaldo Mieres, oriundo de la compañía Correa Ruguá, departamento de San Pedro, quien actualmente es conocido como el subcomandante Santiago, segundo en el mando jerárquico del EPP.
Los otros vehículos eran dos camionetas tipo Montero y un auto Volkswagen Gol. Todos ingresaron al patio de la casa, que tenía una alta muralla, y los portones volvieron a cerrarse.
Fue la primera vez en que los vecinos se percataron de que había moradores en esa vivienda, ya que en los meses anteriores solo había albañiles realizando obras. La casa fue adquirida del anterior propietario, Ever Benítez, a través de la inmobiliaria Neptuno, en gestiones iniciadas el 27 noviembre y concluidas el 2 de diciembre de 2003, ante la escribana Maribel Esteche, por un indígena llamado Emiliano Rojas, quien pagó G. 12 millones al contado por el inmueble, según la escritura, aunque se presume que el precio fue mucho mayor.
En principio se especuló que otras personas utilizaron el documento del indígena, pero la escribana reconoció a Emiliano Rojas y una pericia comprobó que la firma estampada en la escritura era de su  propio puño y letra. También los vecinos identificaron al nativo como uno de los albañiles que realizaron obras en la casa y lo habían apodado Jackie Chan, por cierto parecido con el actor de cine.
Las "obras" consistieron en un acondicionamiento especial de la vivienda para retener a la secuestrada. Construyeron un sótano, en cuyo oculto nivel subterráneo instalaron tres minúsculas celdas de dos metros de alto y menos de un metro de diámetro, donde mantuvieron cautiva a Cecilia la mayor parte del tiempo.
Los vecinos recuerdan que en esa primera noche del secuestro, los nuevos moradores realizaron un asado en el patio, y había un ambiente de mucha fiesta. ¿Fue para celebrar el éxito del secuestro, o para aparentar una imagen de casa de familia?

Foto entregada por los secuestradores como prueba de vida, que muestra a Cecilia en cautiverio, mostrando un ejemplas del diario Noticias, para marcar la fecha en que fue tomada la foto.

 El primer y único pago de rescate

Mientras se movilizaban cadenas de solidaridad en amplios sectores del país, exigiendo la liberación de Cecilia Cubas, y toda la fuerza policial realizaba batidas y búsquedas de los secuestradores, la víctima permanecía oculta en el sótano de la vivienda de Ñemby, después bautizada como "la casa del terror".
Desde la primera noche del secuestro hasta el 12 de noviembre, los familiares de Cecilia recibieron 9 llamadas telefónicas, en varios casos con indicaciones para ir a buscar "pruebas de vida", guardados dentro de sobres o bolsas, en lugares insólitos como el interior de la cisterna de un baño en el shopping Multiplaza de Asunción, o detrás de carteles de señales de tránsito, o debajo de monumentos públicos en parques y paseos centrales.
Incluían fotografías de una desmejorada Cecilia sosteniendo primeras planas de periódicos, cartas manuscritas implorando que se pague el rescate,  y exigencias de los secuestradores, que también hacían llegar a través de una cuenta de correo electrónico habilitada como cantagrillo@yahoo.com.ar.
En sus cortos mensajes, los secuestradores se referían a Cecilia como "la fruta".  En una de las ocasiones escribieron: "No creo que la fruta pueda aguantar más tiempo, recuerde que ya se está pudriendo".
Mucho después, a través de la detección de los lugares desde donde se realizaban las llamadas, los investigadores precisaron que el principal autor de las comunicaciones era Manuel Cristaldo Mieres, quien a su vez, durante las negociaciones, mantenía contactos con el celular de Osmar Martínez, y de otros involucrados.
El sábado 13 de noviembre de 2004 se realizó el primer y único pago de rescate, que según la versión oficial de Raúl Cubas Grau fue de 800 mil dólares, aunque otras fuentes –como Dionisio Olazar- sostienen que fue de 300 mil dólares.
Dos personas ligadas a la familia Cubas, a bordo de un auto con vidrios sin polarizar, con la inscripción "San Francisco de Asís", salieron de Asunción a las 20.00 y fueron recogiendo indicaciones de los secuestradores a lo largo de la ruta 2, hasta llegar al cruce de Nueva Londres, cerca de la ciudad de Coronel Oviedo, Departamento de Caaguazú, a casi 130 kilómetros al Este de Asunción.
Ya era madrugada del domingo 14 cuando, transitando por un polvoriento camino de tierra, llegaron a un desolado paraje rural conocido como León Cué, a 10 kilómetros de Nueva Londres, donde se les ordenó abandonar el vehículo y alejarse caminando, dejando el dinero y las llaves del auto. Tras distanciarse a unos 300 metros vieron que personas con linternas se acercaron a recoger el bolso. Cuando regresaron al auto, ya habían desaparecido.
El resto de la noche y durante los días siguientes, los Cubas aguardaron con ansias la liberación, pero el hecho no se produjo. Los secuestradores tampoco volvieron a comunicarse.
Hasta que, el miércoles 16 de febrero de 2005, se produjo el macabro hallazgo del cuerpo sin vida de Cecilia Cubas, enterrado en el sótano tapiado de la casa del barrio Mbocayaty, de Ñemby.

La casa del terror, donde Cecilia Permaneció secuestrada.

Paladas de tierra sobre toda esperanza

El 1 de marzo de 2005, quince días después del hallazgo del cadáver de Cecilia Cubas, el ex comandante de la Policía Nacional, Humberto Núñez, realizó unas explosivas declaraciones en la portada del diario Última Hora: "Un informante me avisó que matarían a Cecilia".
Núñez, apartado del cargo por intrigas internas, contó que había tenido como informante secreto a un alto dirigente del Partido Patria Libre, quien semanas antes del secuestro de Cecilia le dijo que pensaba abandonar el partido, tras saber que una persona importante sería secuestrada en Asunción o en sus alrededores, por el mismo grupo armado que secuestró a Maria Edith de Debernardi.
El posterior secuestro de Cecilia confirmó lo que el informante había anunciado. Entonces, Nuñez le pidió que siga infiltrado en el grupo político y ayude a obtener datos para hallar con vida a la joven, y lo puso en contacto con el fiscal general, Óscar Latorre.
La comunicación clave se dio el 13 de enero de 2005, tras una reunión de Patria Libre en Caaguazú, en donde presuntamente se decidió el asesinato de Cecilia Cubas. "Me llamó mi informante y me dijo que se decidió lo peor. '¡Pe ku'eke (muévanse), comandante!', me dijo", recordó Núñez. Pero no sabía el lugar exacto donde tenían a la secuestrada, para poder rescatarla.
Años después se develó que el informante era Dionisio Olazar Balbuena, ex miembro del Comité Político de Patria Libre, convertido en testigo clave de la Fiscalía para el caso Cecilia.
Controvertido y mediático, Olazar relató que el propio Osmar Martínez les puso al tanto de la evolución del secuestro de Cecilia en sucesivas reuniones. Aunque otro grupo lo ejecutaba, él asumía la coordinación política.
"En una reunión, en noviembre, nos contó que se cobró solo 300 mil dólares de rescate, pero no le iban a soltar a la chica, porque era poco dinero. Se iba a considerar solo una multa a Cubas", explicó.
El momento crítico fue una reunión realizada presuntamente en casa de Regina Viuda de Rodas, en Cantera Boca, Caaguazú, la noche del 23 de enero de 2005, según Olazar.
"Estábamos Osmar Martinez, Agustín Acosta, Ángel Acosta, Blas Franco, Gustavo Lezcano, Arístides Vera, Roque Rodríguez, Francisca Andino, Anastasio Mieres, Lorenzo González, y yo. Martínez nos comunicó que la 'empresa' debía concluir, y quería saber nuestra opinión, para medir nuestra capacidad como revolucionarios", dijo, coincidiendo con la versión que brindó como testigo en el juicio.
Martínez supuestamente explicó que lo del "punto final" (que todos entendieron como asesinar a Cecilia) fue recomendado por el guerrillero colombiano Osley Jurado Palomino, camarada Santiago, miembro de las FARC, que llevaba meses adiestrando a miembros del grupo en Paraguay.
Olazar dice que sugirió seguir negociando, pero Martínez respondió que ya no había interés, el padre de la víctima se negó a pagar más, por lo que el colombiano recomendó poner punto final y no dejar rastros.
Recuerda que los demás miembros se mantuvieron en silencio, con excepción de Agustín Acosta, Blas Franco y Ángel Acosta, quienes secundaron la posición de Olazar. Martínez preguntó si todos entendían de qué se hablaba, y Olazar asegura haber dicho que sí, que por eso se oponía, aunque implique no convertirse en revolucionario. Martínez respondió que no todos iban a llegar a ser revolucionarios, y que quizás los que guardaron silencio lleguen a ser.
"Esa noche yo llamé desesperado al comandante Nuñez y al fiscal Latorre, para que busquen a Cecilia. Sabía que la tenían en los alrededores de Asunción, pero no sabía el lugar con precisión. Hoy sé que ya estaba muerta en esa fecha, la habían asesinado posiblemente la noche de Navidad, y solo hicieron esa reunión para tener un respaldo político", plantea Olazar.
Entre el grupo de acusados, Agustín Acosta, Roque Rodríguez, Basiliano Cardozo, Gustavo Lezcano, Simeón Bordón y Arístides Vera, quienes fueron detenidos en Argentina y extraditados al Paraguay, niegan las acusaciones y se consideran actualmente presos políticos. Todos ellos fueron juzgados y condenados a 25 años de prisión.

El momento del hallazgo y rescate del cuerpo, en el subterráneo.

El hallazgo del cuerpo

El miércoles 16 de febrero de 2005, a la mañana, la fiscala antisecuestro Sandra Quiñónez –quien había sido apartada de la investigación del caso Cecilia- decidió allanar la casa de Las Palmas 342, en el barrio Mbocayaty de Ñemby.
Ella asegura que no buscaba a Cecilia, sino identificar cuál era la casa donde se realizó la escena de una supuesta práctica de secuestro, que aparecía en el video incautado en la casa del barrio Miraflores, de San Lorenzo, la noche en que cayeron presos Alcides Oviedo y Carmen Villalba.
Un dato recogido por policías de Antisecuestro desde Correa Ruguá, San Pedro, de parte de los familiares de Manuel Cristaldo Mieres,  permitió detectar que en esa casa habían estado el mismo Manuel y Magna Meza, y tras aguardar dos días a que aparecieran, finalmente se decidieron entrar al lugar.
Al principio solo hallaron desolación. Rastros de abandono. Era efectivamente la casa donde se filmó el video. Pero había más: un piso de cemento relativamente nuevo con ruido de espacio hueco. Así empezó la lenta y larga faena de pedir refuerzos, romper el piso, cavar la tierra acumulada, pensando que quizás ocultaba armas, hasta que empezó a filtrarse el inconfundible olor de un cuerpo humano en descomposición.
Hasta que, ya en horas de la noche, con una multitud de personas congregadas, con todos los medios de comunicación transmitiendo en vivo, con los desconsolados padres y familiares de Cecilia, y con el propio presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, aguardando el desenlace, desde el fondo de la tierra empezó a emerger el cadáver de una mujer que –según los técnicos forenses- ya llevaba cerca de 60 días de muerta. El informe forense confirmaría luego de que se trataba de Cecilia Cubas.
En ese momento, se echaron a volar las campanas de la Iglesia de San Lorenzo, de Ñemby.

*  *  *

Integrantes del mismo grupo armado, entre ellos varios que participaron del secuestro y asesinato de Cecilia Cubas, siguieron activando en la zona Norte del Paraguay, y en marzo de 2008 se presentaron como una presunta organización guerrillera, bajo el nombre de Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
Actualmente mantienen secuestrado desde el 8 de agosto de 2015 al colono mennonita Abrahán Fehr y en cautiverio al  suboficial de policia Edelio Morínigo Florenciano, desde el 5 de julio de 2014.

martes, 9 de septiembre de 2014

Caso Arlan: La diferencia entre redes sociales y periodismo

La ilustración corresponde a una de las fotos difundidas hoy, pero intervenida digitalmente en sentido artístico, para alterar su efecto.
Desde alrededor del mediodía de este martes  9 de setiembre, empezaron a circular profusamente, a través de los servicios de mensajería instantánea y las redes sociales en Internet, algunas fotos de personas extrayendo el cadáver de un ser humano de un curso de agua, y casi todos los reportes que acompañaban a las imágenes aseguraban que era el cuerpo del joven Arlan, secuestrado en manos del grupo armado EPP desde hace 160 días, y que presuntamente había sido sacado hoy de las aguas del río Ypané (frontera entre Concepción y San Pedro).
Numerosas personas, ansiosas de conocer más detalles, llamaban a las redacciones de los principales medios de comunicación a reprochar por qué se censuraba la información y no se publicaban las fotos.
Llevó tiempo chequear la falsedad de la versión que estaba corriendo por las redes, como reguero de pólvora. No había ninguna fuente identificada en el origen de la difusión de las fotos. Las autoridades no tenían ningún reporte del hallazgo de cadáveres en el río Ypané, ni en ningún otro curso de agua de la región, pero gran parte de la opinión pública ya daba por real el trágico hecho.
Hay que valorar que, esta vez, la mayoría de los medios periodísticos no se tragaron la kuriju. Algunos sitios web de noticias se limitaron a destacar que la versión corría en internet, pero que probablemente era falsa, y que la Fiscalía estaba investigando. Otros, al no poder confirmar la noticia, optaron por no publicar nada.
Ahora se sabe que las fotos no son del cuerpo de Arlan, ni han sido tomadas este martes, sino que corresponden al hallazgo de otro cuerpo, días atrás, en zona del Chaco. Alguien las difundió deliberadamente, buscando crear conmoción y zozobra, y muchas personas contribuyeron a ello, quizás sin proponérselo.
Es la otra cara de la comunicación digital instantánea en Internet, potenciada por las redes sociales, que son un instrumento maravilloso de contacto e información entre los seres humanos, pero que si no son utilizadas con responsabilidad, también pueden causar mucho daño.
Es también una situación así la que redefine el rol social de los periodistas y de los medios de comunicación en esta Era Digital, que aún con todas las crisis y los defectos que nos acosan, seguimos siendo necesarios y esenciales para separar y distinguir el chisme de la noticia, las mentiras relativas de las aproximaciones a (o al menos las búsquedas de) la tal "verdad". Ello debería llevarnos también a revalorizar el valor de la ética periodística, la responsabilidad y la constante capacitación con que debemos encarar este oficio.
Como sociedad, es bueno saber que la esperanza de que Arlan está vivo, sigue en pie. Lo que debe llevarnos a reclamar con mas convicción y solidaridad su pronta liberación, y exigir soluciones mas verdaderas a la cuestión de la violencia y la criminalidad en el Paraguay, especialmente en la región Norte.

jueves, 4 de septiembre de 2014

El portón de los sueños de Roa Bastos sobrevive en Iturbe

Roa Bastos, el día en que reencontró el portón de su casa de infancia, en 1994, tras 54 años de ausencia.

El portón, reconstruido junto al Museo de la Estación, en Iturbe,

Un desvencijado portón de madera es todo lo que resta de la casa de infancia de Augusto Roa Bastos, en Iturbe. La comunidad lo cuida como su más valiosa reliquia, junto al museo de la vieja Estación del Ferrocarril. El escritor y el portón tienen su propia historia.

"Los padres del niño Augusto Roa Bastos solían cerrar con un candado el portón de su casa, para que él no salga a vivir sus aventuras con los mita'i del pueblo, pero él se escapaba igual a la hora de la siesta, gracias a eso pudo experimentar todo lo que cuenta en sus mágicos relatos", recuerda la ex maestra de literatura Reina Gallinar, a la sombra del corredor de su casa, en Iturbe.
La docente coordina actualmente el Centro Cultural Comunitario en la antigua Estación del Ferrocarril, donde está la Biblioteca Augusto Roa Bastos, y en el patio, en medio del jardín, alumbrado por reflectores en horas de la noche, se encuentra la reliquia literaria más preciada: Un rústico y desvencijado portón de madera, reconstruido bajo un pequeño tinglado.
"Ese es el portón de los sueños de don Augusto, lo único que queda de lo que fue su casa de infancia, en su pueblo de Iturbe...", explica la profesora Reina.

El despertar al realismo mágico campesino

Augusto Roa Bastos nació en Asunción, el 13 de junio de 1917, pero cuando tenía apenas 2 años de edad, su mamá Lucía viajó con él en brazos al entonces remoto y aislado pueblo de Iturbe (que originalmente se llamó Santa Clara), en el Departamento del Guairá, a 210 kilómetros de la capital, donde su padre Lucio trabajaba como empleado del ingenio, que entonces se denominaba Azucarera Nacional.
Al futuro literato le tocó vivir "la experiencia de un chico de pequeña burguesía capitalina, que se traslada cuando no tiene todavía uso de razón, a un lugar en el que se estaba instalando un ingenio de azúcar: una región semisalvaje, en donde pasaban carpincheros, en donde había pequeñas compañías de unas cuantas familias, niños con enormes vientres, anquilostomiasis y todas las endemias habidas y por haber...", según le contaría años después al escritor Rubén Bareiro Saguier, en un libro sobre su vida y su obra.
Como empleado de la azucarera, a don Lucio le permitieron habitar una antigua casona dentro de los predios de la empresa, a unos 50 metros de las orillas del río Tebicuary-mí, junto a un recodo con playa de arena blanca, donde Roa imaginó varios de los cuentos de su posterior libro "El trueno entre las hojas".
La casona de los Roa Bastos estaba rodeada de un cerco de alambre y separada de la barranca del río por un pequeño portón de madera, pintado de color verde, al que el niño adoptó como su símbolo de transición hacia la libertad, hacia la realidad, hacia la aventura, hacia el mundo que poblaría su prolífica obra literaria.
"El portón marcaba una frontera prohibida. Un límite que no se podía traspasar y desde el cual no había retorno", describe en su novela Contravida.
El portón reconstruido junto al Museo de la Estación, en Iturbe,
Aquel portón, que lo estaba esperando
Tras haber regresado al Paraguay de un largo exilio, luego de la caída de la dictadura en 1989, Augusto Roa Bastos pudo también retornar finalmente al pueblo de su infancia en el año 1994, luego de casi 54 años de haber estado ausente.
Roa Bastos, el día en que reencontró el portón de su casa de infancia, en 1994, tras 52 años de ausencia.
Fue un regreso en muchos sentidos, para terminar de escribir su novela Contravida, que es un viaje interior, en proceso deconstructivo de toda su producción literaria, como también para grabar escenas del documental que el cineasta Hugo Gamarra estaba realizando sobre la vida y obra del escritor.
"En aquel viaje, Roa Bastos encontró que la casa en la que vivió su infancia ya no existía, pero estaba aún el portón de madera en la entrada al terreno. Recuerdo que se emocionó mucho y cuando intentó abrir, se le quedaron pedazos en la mano, de tan vieja que estaba la madera. Tuvimos que armar de nuevo ese portoncito", recuerda la profesora Reina Gallinar, quien actualmente está terminando de escribir un libro sobre la infancia del escritor en Iturbe.
El portón fue el elemento simbólico que dio título a la película documental que el cineasta Hugo Gamarra filmó durante aquella visita, y que fue lanzada originalmente en formato VHS, en 1998.
"Aquel fue un regreso muy emotivo de Roa, de reencuentro con su pueblo Iturbe y con las raíces de su obra. Tuvimos el privilegio de poder documentar ese momento mágico", apunta Hugo.
El portón tuvo que ser desmontado y vuelto a armar en medio de un jardín, en el patio de la antigua Estación del Ferrocarril de Iturbe, donde actualmente funciona el Museo Maestro Ildefonso Franco, un ilustre docente iturbeño. La Municipalidad también le dio el nombre "Portón de los sueños" a una de las calles principales de la ciudad.
"Para Iturbe, Roa Bastos es el principal patrimonio cultural. Lástima que no se haya podido mantener en pie la casa en la que vivió con sus padres cuando era niño, pero quedó este portón, que lo cuidamos como nuestra mayor reliquia", destaca el actual intendente de Iturbe, Darío Cabral.
El autor de "Yo el Supremo" lo describe así, con su voz que sobrevive, en los minutos iniciales de la película de Hugo Gamarra: "Un pequeño portón que no pertenece ni a la realidad, ni a la fantasía, ni a la naturaleza, ni al mundo secreto del hombre, porque ese portón está ahí desde el comienzo de los tiempos...".


Don Libé, el parlantero ciclista de Iturbe

Liberato Rivarola, con su tricicleta equipada, frente al local de su microempresa publicitaria.
Montado en la tricicleta que él mismo ensambló, Liberato Ibarrola recorre las calles de Iturbe con dos viejos parlantes, ligados a un amplificador a batería y una grabadora a casette, divulgando a viva voz edictos municipales, anuncios de fiestas bailables o avisos comerciales y políticos. Un peculiar personaje pueblerino, en vías de extinción.

Todo comenzó el día en que un cliente de la pequeña tienda de don Liberato Ibarrola quedó cesante como obrero de la Azucarera Iturbe y ya no pudo pagarle la deuda que había contraído con él, retirando provisiones por el sistema de la clásica "libreta almacén".
"Este amigo me dijo que la única manera de pagarme era entregándome un viejo equipo de 'publicidad' que él ya no utilizaba: eran dos parlantes y un amplificador", recuerda.
Liberato, a quien todos conocen afectuosamente como "Don Libé, la voz de Iturbe", dice que terminó aceptando la oferta y así montó en su casa una peculiar microempresa de comunicación popular, a la que denominó "Publicidad Rojo, Blanco y Azul".
En Iturbe no había emisoras de radio, ni ningún otro medio de comunicación local y Don Libé sintió que tenía el mercado libre, a su entera disposición.
"Conseguí los restos de una vieja antena y alcé una torre de metal de 20 metros en el patio de mi casa, donde en lo alto puse los dos parlantes, para que se escuche en todo el pueblo", recuerda.
Al son de la vibrante canción "Patria Querida", don Libé se dedicaba a difundir avisos comerciales, anuncios de interés público o invitaciones a fiestas a cambio de una módica tarifa que cobraba a los anunciantes.
"En esa época estaban también de moda las dedicatorias musicales, jóvenes que saludaban a sus novias dedicándoles una música a través del parlante, y así todo el pueblo se enteraba. Por cada música se cobraba una tarifa", recuerda.

Contaminación sonora

Pero el potente bullicio de los altavoces empezó a incomodar a varios vecinos, que se quejaban de no poder dormir la siesta y de no poder disfrutar de la tradicional tranquilidad de las serranías guaireñas, por lo cual denunciaron a Don Libé ante la Municipalidad local por "contaminación sonora".
"Me obligaron a bajar mis parlantes. Me dijeron que monte mi equipo en carrito tirado por caballos y que salga a recorrer por las calles, pero mantener a un caballo sale caro, entonces pensé en hacerlo en bicicleta", explica Ibarrola.
Él mismo transformó una vieja bicicleta en un triciclo, agregándole una rueda más para que pueda soportar el peso de los parlantes, y armó canastas de metal, donde instaló un acumulador de automóvil de 12 voltios, una grabadora a casette y el amplificador.
Desde entonces, se volvió una postal común de las calles de Iturbe ver a don Libé recorriendo con su tricicleta y sus parlantes pintados con los colores de la bandera paraguaya, anunciando: "¡Eeeesta nocheeee...! ¡Gran festival en la Plaza Vicente Ignacio Iturbeee...! ¡Están todos invitados, señoras y señores...!".
Su tarifa actual es de 50.000 guaraníes por pasar un aviso durante una hora, tiempo en el que Ibarrola recorre todos los sectores de la ciudad y asegura que "no se queda nadie sin enterarse".
El pintoresco publicista parlantero cumple una importante función social, además de ser un patrimonio viviente de la ciudad, asegura el intendente de Iturbe, Darío Cabral, quien es uno de sus principales clientes, al encargarle la difusión de las ordenanzas municipales y de los avisos de interés público.
"Don Libé es la voz de Iturbe. Es un ciudadano a quien apreciamos y apoyamos, y que le llama la atención a muchos visitantes que llegan, porque en pocos otros pueblos del Paraguay ya se puede encontrar a un personaje folklórico como él", señala el intendente.
Padre de tres hijos, pedaleando ya con cierta dificultad por sus 79 años de edad, don Libé sigue recorriendo las calles de Iturbe, sabiendo quizás que es uno de los últimos de su especie.