lunes, 20 de octubre de 2014

Cuando matan a un periodista, hieren al corazón de la democracia


De izquierda a derecha: Rosendo Duarte, Clide Martínez, Anibal Gauto, Andrés Colmán Gutierrez, Pablo Medina, Mariana Ladaga, Carlos Alberto Núñez y René González, desafiando a la madrugada bonaerense frente al Luna Park.

Qué terrible noticia, Pablo Medina, la de esta calcinada tarde del jueves 16 de octubre de 2014.
Qué terrible que hayamos regresado otra vez, como en un siniestro túnel del tiempo, a esa angustiosa tarde de hace 23 años, cuando mataron a Santiago Leguizamón en otra frontera, un poco más arriba, también por intentar acallar su voz incómoda.
O a ese otro luctuoso día, hace 13 años, cuando mataron a tu hermano Salvador Medina, en los montes de Canindeyú, para que deje de denunciar el tráfico de rollos de madera, la siniestra red de corrupción y narcopolítica que se ha ido adueñando de los territorios de la patria.
Me acuerdo cuando nos abrazábamos para darnos coraje, en esos encuentros de periodismo de riesgo, en que supuestamente nos adiestraban para burlar al peligro.
Me acuerdo por sobre todo de aquel curso para corresponsales de guerra que nos tocó asistir juntos, en el campo de entrenamiento de la Caecopaz, en Campo de Mayo, Buenos Aires, hace ya algunos años.
Horas antes de internarnos en las trincheras, nos dieron una noche libre, en que nos perdimos por los bares de Puerto Madero. Estaban Rosendo Duarte, Clide Noemi Martinez, Mariana Ladaga Pereyras, Alberto Núñez Barreto, René Gonzalez, Aníbal Gauto. Tomamos unas cuantas cervezas, hicimos muchas bromas, me acuerdo que alguien te puso de apodo "Chupa Pou", porque unos días antes te habían tomado de rehén los indígenas Aché de dicha comunidad, junto a otros colegas, en su conflicto de tierras.
Nos reímos mucho en la madrugada bonaerense, hicimos chistes, tomamos más cervezas, nos abrazamos con afecto de colegas y de buenos amigos.
De esa noche son algunas de estas fotos, que entonces nos sacó René.
Al día siguiente nos metieron a los cuarteles por casi una semana. Nos dieron un casco y una máscara de gas, nos hicieron correr entre obstáculos, arrastrarnos sobre mierda en la oscuridad, saltar a un estanque, quedarnos acostados sobre el asfalto mientras un tanque de guerra nos pasaba por encima, ser secuestrados y aprender a negociar. Supuestamente nos adiestraban para escapar del peligro. ¿De qué te sirvió, querido Pablo…? Cinco certeros balazos de sicario acribillaron tu tenaz labor informativa, junto con los jóvenes sueños de tu acompañante, Antonia Maribel Almada, en una desolada y roja carretera de Canindeyú.
Triste país este, que a veces parece avanzar con luces de esperanza, y en otras retroceder terriblemente hacia los tiempos más grises y las prácticas más oscuras. En estos días, cuando un estudiante chileno era secuestrado por la policía, como si viviéramos en las peores épocas de la dictadura, me preguntaba cuál sería la próxima mala noticia. Nunca creí que sería tu muerte, de la que  tardé en enterarme, porque estaba haciendo tareas de campo en zonas remotas, sin conexión a internet.
Cuando lo supe, gracias a una solidaria llamada de la amiga y colega Susana Oviedo, no pude más que enviar un gran abrazo de solidaridad a todos mis colegas del diario ABC Color, y a todos mis colegas periodistas hombres y mujeres de todos los medios y ámbitos, con quienes comparto este hondo pesar, esta dura indignación, y sobre todo esta certeza reafirmada de que no acallarán nuestra voz, ni lograrán que retrocedamos en nuestra tarea de seguir contando lo que pasa, junto a la gente, siempre con la gente.
Pablo querido, estés donde estés, seguramente ya reunido con Salvador, en tu memoria hago un brindis como aquella madrugada de risas y de abrazos, para vencer al miedo, para darnos coraje, para que estemos juntos, más que nunca, entre nosotros y con la gente buena. Y que no nos cansemos de exigir justicia, en tu nombre y el de todos nuestros colegas asesinados, en la mayoría de los casos todavía en la impunidad.


(Escrito y divulgado en las redes sociales en la tarde del jueves 16 de octubre, a pocas horas del asesinato de Pablo Medina, corresponsal del diario ABC Color, en la región de Villa Ygatimí, Canindeyú, donde dos sicarios lo acribillaron a él y a su acompañante Antonia Almada. Lo rescato en este blog, a pedido de varios lectores).

viernes, 3 de octubre de 2014

Los 17 de Arlan: No hay canción de cumpleaños feliz

 
Arlan, celebrando el cumpleaños de su sobrina Maria Victoria, hijita de su hermana mayor Neusa.
Este viernes 3 de octubre no hay cumpleaños feliz con sus familiares. / Foto: Gentileza 

Arlan Fick Bremm cumple sus 17 años de edad, secuestrado por el EPP. No hay pruebas de vida, ni noticias de su situación. En la mesa familiar solo hay una silla vacía, un triste sabor a ausencia y a abrazos imposibles, una vela de cumpleaños que no se apaga. Como la esperanza.


Arlan está allí, sonriente frente a una gran mesa con manteles blancos y rosados, en cuyo centro se observa una gran torta con velitas. El joven está allí, parado en medio de adornos y globos inflados, con inscripciones que dicen "¡Felicidades!, mirando contento hacia la cámara fotográfica.
Lamentablemente, la foto no es de ahora, sino de otro cumpleaños, hace algún tiempo atrás, cuando la casa de los Fick Brem se llenaba con eco de fiestas y alegrías.
Era la celebración de los 4 añitos de Clara Victoria, la hija de Neusa Fick, hermana mayor de Arlan, con quien el joven posa feliz, cargando en brazos a su pequeña sobrina.
Ahora, solo reina el silencio...
"Esta vez, no habrá celebración", le dice un vecino de los Fick a Estefanhy Cantié, periodista de la revista Teveo, quien llegó hasta Paso Tuyá, Concepción, para retratar ese enrarecido ambiente de tristeza, miedo, dolor, aprestos militares y mucha añoranza por el joven ausente. Su informe compone el reportaje de tapa en la última edición de la revista.
En Paso Tuyá nadie acepta hacer declaraciones periodísticas, ni aparecer en fotografías.
Hay silencio. Miedo. Carros militares blindados que recorren las calles. Soldados con armas que cercan el pueblo.
Murmuraciones en voz baja.
Llanto callado en el interior del hogar de los Fick.
Don Álcido, a quien apenas se lo ve cuando sale para el silo o para el campo. Doña Melania, que ordeña sus vacas con rostro dolido y quien a la tarde se encierra a rezar. Solo sus pequeñas nietas, Marisol, Clara, Nadia, Fernanda, entre sus juegos inocentes, le ponen risa infantil a la cotidianidad.
Este viernes 3 de octubre de 2014 Arlan Fick Bremm, el benjamín de la casa, cumple 17 años de edad. Solo que Arlan no está en casa.
Desde hace 184 días permanece secuestrado en manos del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Desde que vinieron a llevárselo, con armas y mucha violencia, la noche del 2 de abril, aquel confuso episodio de tiroteos con los policías y militares de las Fuerzas de Tarea Conjunta, dejando un saldo de tres muertos y varios heridos, y un enorme hueco en el corazón de una madre.
Hoy no hay canción de cumpleaños feliz.

Una de las fotos en que Arlan aparece con sus padres Álcido y Melania, y con sus tres hermanas Neusa, Solange y Rosinei. / Foto: Gentileza

"¡Mamá, ayudame...!".

Hay una desgarradora escena que probablemente no se le borrará nunca de la memoria a Melania Bremm, la mamá de Arlan.
Es la imagen en la que su hijo es llevado a empujones por el grupo de hombres armados, mientras él le dirige a ella una última mirada suplicante, mientras le implora: "¡Mamá, ayudame...!".
Doña Melania hubiera querido hacer de todo por responder a ese llamado suplicante de su hijo, pero los miembros del EPP la contenían apretándola contra la pared con los cañones de sus fusiles de asalto, obligándola a permanecer quieta, al igual que el resto de su familia, mientras ella veía a Arlan perderse en las sombras, arrastrado por los demás hombres armados. Es la última imagen que le quedó de él.
Esta escena es relatada por los vecinos, que siempre piden "no pongas mi nombre en el diario". También es admitida en uno de los escritos de Neusa Fick, la hermana mayor: "Quién se imaginaría que en esa noche serías arrastrado por el monte, en contra de tu voluntad, y que a nosotros nos rompería el alma no poder hacer nada para evitar que te lleven".
En contra de la versión oficial del ministro del Interior, Francisco de Vargas, quien en principio planteó que a Arlan solo se lo llevaron como rehén, al verse atacados, los integrantes del EPP tenían planeado el secuestro del joven desde hace meses.
De ascendencia brasileña, proveniente de una familia a la vez oriunda de Alemania, Álcido Fick es considerado uno de los más importantes productores agroganaderos que se establecieron en Paso Tuyá, distrito de Azotey, Concepción. Casado con la también inmigrante Melania Frem, su familia está integrada fundamentalmente por hijas mujeres; Neusa (28), Solange (24) y Rosinei (23). Arlan el benjamín de la casa y es el único varón, ya que hasta las cuatro nietas actuales son mujeres.
El 24 de diciembre de 2013, mientras los Fick estaban participando de la misa de navidad en la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, personas desconocidas entraron a su casa y se llevaron una computadora portátil notebook. Lo que se presumió era un simple robo, en realidad era una "operación de inteligencia" de miembros del EPP, buscando información sobre los bienes y las cuentas del productor.
El 2 de abril, como es habitual, los Fick se encerraron temprano para descansar. Ese día Arlan había trabajado duramente cortando el pasto del enorme patio de su casa, luego había cenado y se disponía a dormir, pero antes quiso llamar por teléfono a su novia, Clara.
Eran cerca de las 19.00 cuando se escucharon golpes. Enseguida, la puerta se abrió con violencia y cerca de una docena de hombres armados, con uniformes de combate y a cara descubierta, entraron dando órdenes de permanecer quietos. Por si hubiera dudas, llevaban insignias del EPP.
Entre los miembros del grupo, los moradores reconocieron a Osvaldo Villalba (alias comandante Alexander, el máximo líder militar) y a Manuel Cristaldo Mieres (subcomandante Santiago). Arlan se vio obligado a tirar el celular al suelo. Del otro lado del auricular, su novia escuchaba angustiada lo que estaba pasando y empezó a pedir auxilio. Así se enteró la policía.
Dentro de la casa de los Fick, los hombres del EPP dieron órdenes enérgicas para que Arlan junte algunas ropas y las cargue en una mochila. "Te vas a ir con nosotros", le dijeron. Esa misma noche, a Álcido le dieron instrucciones: tenía que pagar un rescate de 500 mil dólares para poder recuperar a su hijo.

Las hermanas de Arlan, en una movilización ciudadana a favor de su liberación. / Foto: Gentileza.

184 días de angustia

El desenlace del operativo de secuestro de Arlan fue aún más dramático para los Fick, cuando antes de poder retirarse los integrantes del EPP, apareció una patrulla de la Fuerza de Tarea Conjunta, quienes empezaron a disparar contra  la casa. En el incidente fallecieron dos de los secuestradores, Bernardo Coco Bernal Maiz y Claudelino Silva Cáceres, y un integrante de la FTC, el vicesargento primero Hugo Monges.
Para cubrir la retirada, los hombres del EPP tomaron también como rehenes a Álcido y Melania, así como a la pequeña nieta Marisol, pero ante las dificultades, decidieron dejar a las mujeres y se llevaron a Arlan y Álcido hasta la entrada al monte.
A Arlan no le dio el tiempo de preparar su equipaje, ni de ponerse unos zapatos. Se lo llevaron descalzo, apenas con  una campera en las manos. Su última mirada fue para Melania, a quien imploró: "¡Mamá, ayudame...!"
En la entrada del monte dejaron libre a Álcido, a quien reiteraron que junte el dinero y espere instrucciones.
En la desesperación, Álcido no se dejó asesorar por expertos en negociación de secuestros, no exigió pruebas de vida y procedió a pagar los 500 mil dólares que logró recaudar, el 10 de abril, en un desolado cruce del camino de tierra a Tacuatí.
Los miembros del grupo armado lo obligaron además a repartir víveres "por gentileza del EPP" a las comunidades campesinas de Arroyito y Kurusu de Hierro, exigencias que la familia cumplió puntualmente. Pero los secuestradores no cumplieron su parte del trato y hasta ahora Arlan sigue cautivo.
Desde entonces solo hubo versiones y contraversiones. El histriónico intendente municipal de San Carlos del Apa, Luis Aníbal Schupp, asegura que un policía le reveló que Arlan fue asesinado la misma noche de su secuestro. El ministro del Interior, Francisco de Vargas, cree que Arlan sigue vivo en poder del grupo armado, que lo guarda como una pieza valiosa para intentar un canje por miembros del EPP que se encuentran presos.
En la casa de los Fick solo hay silencio. Don Álcido y doña Melania, junto a toda la familia, cumplen hoy 184 días de angustia, el mismo día en que Arlan cumple 17 años, preguntándose en dónde está su hijo querido, cuándo volverá a casa.
No se sabe si los Fick harán un cumpleaños simbólico, en ausencia.

Solo se sabe que no hay canción de cumpleaños feliz para Arlan.