viernes, 5 de octubre de 2012

El círculo de la violencia (1): Las vueltas que da la vida... y a veces, la muerte



Las vueltas que da la vida ...y a veces, la muerte.
Hace poco más de 21 años, un 26 de abril de 1991, casi al mediodía, Santiago Leguizamón despidió su programa Puertas Abiertas, en Radio Mburucuyá, y abordó su automóvil, acompañado de su fiel escudero Baldomero Carapé Cabral, entusiasmado con la idea de ir a celebrar el Día del Periodista con sus compañeros de la emisora, en el fronterizo bar El Pato. 
En plena avenida internacional entre Pedro Juan Caballero (Paraguay) y Ponta Porá (Brasil), la llamada “tierra de nadie”, tres hombres armados bajaron de un auto Gol negro y le cerraron el paso. Eran José Aparecido de Lima (Ze Lima), José Francisco Araulho (Tiro Certo) y Bras  Vaz de Moura, que  apuntaron y dispararon a quemarropa contra el periodista. Otro sicario, José Paulo Dos Santos Galdino (Paulao) actuó como campana, ocupándose de vigilar y avisar que Santiago iba en camino.
El periodista fue acribillado y asesinado con 21 certeros balazos.
Años después, la Policía brasileña detuvo por otros crímenes a alguno de los sicarios en Campo Grande, quienes confesaron haber matado a Leguizamón por encargo de Daniel Álvarez Georges y Luis Enrique Tulú Rodríguez Georges, hijo y sobrino, respectivamente, del entonces poderoso empresario fronterizo Fadh Yamil Georges. 
Pero como en Brasil no había proceso por la causa, los sicarios (y los autores morales) no pudieron ser procesados por el asesinato.
La Policía y la Justicia paraguayas nunca demostraron verdadero interés en aclarar el crimen ni en atrapar a los sicarios y autores morales. Por el contrario, fueron cómplices por omisión y encubrimiento.
A pesar de una orden de detención en su contra, Tulú Rodriguez Georges se paseaba tranquilamente por las calles de Pedro Juan Caballero, hasta que, el 5 de setiembre de 1996, el juez paraguayo Albino Aquino Amarilla lo exhimió de la prisión con una cuestionada resolución. Aunque Tulú no quedo desvinculado de la causa, nadie más volvió a molestarlo, y el voluminoso expediente número 70 del Juzgado del Crimen de Amambay quedó archivado entre los polvorientos anaqueles.
Habrá quienes hablen de la justicia divina, y quienes digan que ella siempre llega a donde no llega la limitada (in)justicia humana. 
Habrá quienes recuerden el viejo refrán de “el que a hierro mata, a hierro muere”, o cualquier otra de esas remanidas frases hechas, que suelen calzar muy bien en estos casos.
Yo prefiero hablar de las vueltas que da la vida ...y a veces, la muerte.
En la tarde de este último jueves 4 de octubre de 2012, en Ponta Porá, Brasil, a casi 40 cuadras del lugar donde Santiago Leguizamón fue emboscado y muerto por aquellos oscuros sicarios, poco más de 21 años después, otros sicarios emboscaron y acribillaron a Daniel Tulú Alvares Georges, y lo asesinaron de 17 balazos, junto a uno de sus guardaespaldas.
Hoy viernes leo en la portada de los diarios: “Muere acribillado presunto autor moral del crimen de Leguizamón”.
Insisto: Las vueltas que da la vida ...y a veces, la muerte.

sábado, 29 de septiembre de 2012

¿Quién le teme a Anonymous?

Una máscara que evoca a Guy Fawkes, el rebelde católico que en 1605 intentó volar el Parlamento inglés, ícono creado para el cómic "V de Vendetta", de Alan Moore y David Loyd, se convirtió en el rostro de Anonymous, universalizado personaje tras el cual se escudan los activistas que combinan la piratería y la guerrilla virtual en internet.
La primera vez que el rostro de Anonymous apareció pintado en la pared del Congreso en Asunción, los legisladores lo confundieron con el Che Guevara y con el entonces mediático líder izquierdista Camilo Soares, a pesar de que la máscara ya era un ícono popularizado por Hollywood.
Desde entonces, y especialmente desde la destitución por juicio político exprés del presidente Fernando Lugo, Anonymous demostró su eficacia en el mundo virtual paraguayo, hackeando sitios webs de instituciones del Estado, incluyendo al de la propia Presidencia de la República.
Aunque no haya sido reivindicado con este nombre, el golpe más emblemático fue el de esta semana, cuando crearon en la web una plataforma falsa que plagia y parodia a la edición digital del diario ABC Color, permitiendo que usuarios anónimos puedan crear libremente sus propias noticias falsas, en algunos casos con clara intencionalidad política, y en otras simplemente como un -hasta ahora- impune divertimento.
El fenómeno despertó un enriquecedor debate en las redes sociales y en los medios, acerca de los límites de la libertad de expresión, y a la vez convocó al fantasma de la censura, cuando las dos principales empresas proveedoras de telefonía celular y servicios de internet bloquearon arbitrariamente el acceso al sitio, en un acto que violó abiertamente el principio de neutralidad de las redes. La protesta fue tan fuerte, que tuvieron que levantar el bloqueo y atribuir la censura a problemas técnicos.
Todo podría haber quedado en su lado rebelde y divertido, si no fuera porque también esta semana se difundió impune y masivamente por internet un video que muestra a dos adolescentes escolares manteniendo sexo, en un hecho que fue calificado por la Fiscalía como abierta difusión de pornografía infantil. Y como yapa llegaron los videos propagandísticos del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

sábado, 22 de septiembre de 2012

En el ojo de las tormentas

 
Hay que hacerse a la idea: las tormentas llegaron para quedarse entre nosotros, con toda su furia destructiva.
Lo que antes veíamos solo en películas o informes de televisión ocurriendo en lejanas zonas tropicales, lo sentimos cada vez más en carne propia. Torrenciales lluvias con vientos huracanados que dejan a centenares o miles de familias sin hogar. Barrios enteros inundados por las aguas desbordadas. Techos acribillados por granizos de gran tamaño. Paredes arrancadas desde los cimientos.
Hasta ahora convivíamos con el mito de que el Paraguay está a salvo de las grandes catástrofes naturales que azotan a otros puntos del planeta.
A fines del siglo XIX, un sabio suizo se internó en el corazón de las tinieblas a desentrañar los secretos de la madre naturaleza. En su selvático rincón sobre el río Paraná, Moisés Santiago Bertoni elaboró un calendario climático que durante más de una centuria fue capaz de predecir con precisión casi milimétrica los días de lluvia, y cada campesino paraguayo se guiaba por él para programar los ciclos de siembra y de cosecha, o hasta para organizar las fiestas populares.
Pero en las décadas del 60 y 70, cuando la dictadura del general Alfredo Stroessner regaló las mejores tierras fronterizas a los grandes fazendeiros brasileños, la era de la sojalización arrasó con casi todo el Bosque Atlántico, dejando vastos campos pelados como mesa de billar.
El clima se alteró radicalmente: calor insoportable, tormentas irascibles, y hasta fenómenos nunca antes vistos, como colas de tornado, o remolinos de nubes.
El vendaval apocalíptico que hirió a varias regiones del país, y especialmente a la ciudad de Mariano Roque Alonso, en la noche del martes -que dejó al menos 4 muertos y unas 10.000 familias damnificadas- nos muestra cómo la naturaleza nos está pasando la factura de todo el daño irracional que le causamos.
Y además nos revela la manera frágil, vulnerable e improvisada en que seguimos actuando.
No hay buenas políticas de Estado ni infraestructura adecuada para prever y enfrentar los azotes del clima. No hay un organismo estatal especializado, como en otros países, y aunque se ha asignado a la siempre precaria Secretaría de Emergencia Nacional la facultad de coordinar a otras instituciones, ello no ocurre en la práctica. No hay capacidad de reacción rápida, y ya hemos visto cómo poblaciones enteras se quedan sin agua y sin luz, abandonadas a la intemperie, por largas horas o días.
Casi todo es asistencialismo de emergencia, limitado a repartir víveres y chapas el día después de mañana. Puro parche o aspirina sobre la herida profunda. Correr a apagar incendios, antes que prevenirlos. O un espectáculo aun más triste: autoridades e instituciones que compiten en llevar su ayuda con su aparato de márketing electoral, en lugar de trabajar coordinadamente.
 
(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", diario Última Hora, edición del sábado 22 de setiembre de 2012).

viernes, 21 de septiembre de 2012

Ser joven en el Paraguay

Ser joven en el Paraguay es comenzar a ser adultos o ancianos antes de los 15 años. Es crecer a golpes de realidad. Hipotecar el futuro a cambio de un puesto de vendedor en un shopping. Empacar los sueños dentro de una ajada maleta de cuero y salir a enfrentar al mundo sin pasaporte.

Ser joven en el Paraguay es archivar los libros y las ilusiones en el ropero, para resignarse a subsistir en la chacra, en un taller, en una carpintería. Es esperar pacientemente en largas colas frente a una agencia de empleos: Certificado de buena conducta. Antecedentes policiales. Experiencias laborales. Referencias comerciales. ¿Sabe hablar inglés? ¿Conoce el Window 10 Pro? ¿Tiene nociones de márketing? Vuelva el lunes. Nosotros le vamos a llamar. Lo sentimos mucho, pero el puesto ya ha sido ocupado.

Ser joven en el Paraguay es vivir bajo la constante sospecha de estar cometiendo un delito que nadie sabe explicar cuál es. A ver, documentos. Contra la pared. De dónde viene, carajo. Les tienen que venir a buscar sus padres. ¿Por qué tenés los ojos colorados?, seguro que estuviste fumando marihuana. ¿Estudiando toda la noche, quién te va a creer?

Ser joven en el Paraguay es vivir la vida a ritmo de video-clips. Es morirse por un jean prelavado o una campera de cuero. Es llorar con una película de Leonardo Di Caprio. Es creer que Dios tiene el rostro de un cantante de rock and roll.

Ser joven en el Paraguay es soñar que se llega al paraíso desfilando a través de una pasarela. Es matarse de hambre por parecerse a Gisele Bündchen, Angelina Jollie o Kate Moss. Es vivir desmayándose como los poetas del romanticismo.

Ser joven en el Paraguay es creer que se puede apagar con mucha cerveza la sed de tantas preguntas. O que se puede tapar con el sonido al máximo del iPod el molesto y estruendoso ruido de la realidad.

Ser joven en el Paraguay es creer en todo y no creer en nada. Es ser feliz y hundirse en la depresión sin sentido aparente. No entender nada y de pronto comprenderlo todo. Odiar a los políticos y amar a los actores de telenovela. Ser ingenuo y cínico a la vez. Creer que la felicidad está al alcance de la mano o del lado oscuro de la luna. Querer cambiar el mundo o desear que estalle en pedazos.

* * *

Palabras para los jóvenes


–No te metas, mi hijo. No es tu problema.

–Sos muy joven todavía, no podés entender.

–¡Sacate ese arito, parecés un maricón!

–¡Estás loca...! ¿Cómo vas a estudiar esa carrera? ¡Te vas a morir de hambre!

–Vas a estudiar ingeniería, como tu papá. Así tenés el futuro asegurado.

–¡Apagá esa música horrible!

–Dejá de escribir boludeces y hacé algo productivo.

–Esa chica (ese chico) no te conviene.

–Tenés que volver antes de la una.

–Esos amigos no te convienen.

–Vos andás en algo raro.

–¿Cómo vas a salir vestida así a la calle?

–¡Cortate el cabello, parecés una mujer!

–¿Por qué te cortaste el pelo tan cortito? ¡Parecés un tipo!

–Cuando seas grande vas a poder decidir.

¿Les suena conocido...?

Son algunas de las características frases con las que los adultos solemos "orientar" la vida de los jóvenes.

Les hablamos desde la distancia. Desde atrás de una muralla. Desde el otro lado de los barrotes de una cuna. Creemos que todavía no han crecido, cuando en verdad quienes no hemos terminado de crecer somos nosotros.

Nunca les hablamos sobre el sexo. Será porque nosotros mismos no sabemos lo que es.

Los cuidamos de las drogas, pero no de los malos gobiernos, ni de esa otra droga que es la mala televisión. Les reprochamos que el trash metal no es música sino ruido para drogadictos, olvidando que nuestros padres nos decían lo mismo cada vez que escuchábamos a Los Beatles.

Ellos se juntan en el shop, a la salida del cole. Beben cerveza como si tuvieran toda la sed del mundo. Ponen el volumen del rock o del reguetón al máximo, pero no les alcanza para aturdirse.

Quieren votar, pero no saben a quién. La palabra política les produce náuseas. Sueñan con un país diferente, pero no saben cómo...

A veces quisieran estar lejos, muy lejos.

Han nacido en nuestros brazos... y de pronto parecen extraños. Ya no los conocemos, o tenemos miedo de conocerlos.

A lo mejor no hay que buscar entenderlos.

A lo mejor solo hay que quererlos.


sábado, 15 de septiembre de 2012

El Arte de Vivir (de espaldas al pueblo)

 
 
En la misma sesión ordinaria en la que 55 diputados mandaron al basurero la propuesta de modernizar el transporte público con el proyecto metrobús, condenando a la ciudadanía a seguir sufriendo el calvario cotidiano de viajar en ómnibus chatarras, la Cámara Baja otorgó la Medalla al Mérito de los Comuneros al líder espiritual indio Sri Sri Ravi Shankar, investigado por evasión fiscal en la Argentina.
Parecería que una cosa no tiene nada que ver con la otra, pero a quienes nos sentimos seducidos por las simbólicas ironías de la realidad, nos parece sugestiva la contradictoria presencia en el estrado legislativo de un santón internacional que se ha hecho millonario predicando un método de sanación espiritual denominado "El Arte de Vivir", el mismo nombre de su fundación, sospechada de evadir impuestos, y que según un reportaje investigativo publicado en la última edición de la revista argentina Noticias, soporta además acusaciones de manipulación sicológica, comercialización de la espiritualidad y oscuros vínculos con la política.
A la Argentina, Ravi Shankar llegó de la mano del conservador gobernador de Buenos Aires, Mauricio Macri. En Paraguay, la propuesta de que sea condecorado partió del diputado Carlos Soler, de Patria Querida, quien junto a los demás integrantes de su bancada, Orlando Penner, Sebastián Acha y Olga Ferreira, fueron los únicos que se abstuvieron de votar en el proyecto del metrobús, como si el tema no fuera con ellos. Ni en contra, ni a favor. ¿Viajarán en micro, alguna vez?
Los que votaron en contra son 32 colorados, 13 liberales, y 10 oviedistas. Y los que estuvieron a favor, 13 liberales, 1 del PDP y 1 del MPC.
Probablemente el proyecto del metrobús no sea la panacea para esa cotidiana odisea sadomasoquista que algunos humoristas llaman "transporte público". Probablemente detrás de este proyecto, o de otros con los que se busca sustituirlo, existan poderosos intereses económicos empresariales que mueven sus tentáculos en el mundo político pata seguir lucrando.
Pero lo que se percibe, una vez más, es que a una gran mayoría de los legisladores les importa un comino la suerte de los ciudadanos y ciudadanas, a quienes en pocos meses les volverán a pedir el voto, y probablemente los saldrán a arrear el día de las elecciones en los mismos ómnibus chatarra que los transportistas pondrán gratuitamente a su disposición, a cambio de que les sigan manteniendo sus mafiosos privilegios.
"El Arte de Vivir" se llama el método de respiración de Ravi Shankar. "De espaldas al pueblo", podrían agregar la mayoría de los legisladores.
 
(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", diario Última Hora, edición sábado 15 de setiembre de 2012. La foto del ómnibus chatarra que ilustra este posr fue tomada por el colega Francisco Espínola, de ÚH CDE, en la zona de San Cristóbal, Alto Paraná).

sábado, 8 de septiembre de 2012

El día que Serrat bajó a los infiernos del stronismo



“Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones
tienen doble vida, son sicarios del mal
entre esos tipos y yo hay algo personal.”
Joan Manuel Serrat, Algo personal.



#CrónicasDeLaMemoria


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Como el poeta Dante Alighieri, llevado de la mano por su amigo Virgilio a un estremecedor recorrido por los círculos del infierno, el afamado cantautor Joan Manuel Serrat aceptó que Martín Almada y Antonio Pecci lo condujeran esta semana a un viaje a través del tiempo, para visitar el Museo de las Memorias y conocer de cerca los horrores represivos de la dictadura stronista.
Parado en la “sala de interrogatorios” del que fuera el siniestro centro de torturas conocido como “La Técnica”, sobre la calle Chile de Asunción, al contemplar la manchada bañera en que los prisioneros eran sometidos a la cruel “pileteada”, en la que muchos dejaron la vida, el catalán universal sintió “escalofríos y angustia”, como él mismo lo confesó.
Y luego, tras abrazar y besar a la luchadora Elsa de Goiburú, viuda del asesinado médico Agustín Goiburú, Serrat dejó su claro mensaje de tributo a las víctimas de un perverso sistema totalitario:
“La gente no muere nunca, hasta que no se la olvida. Nosotros mantendremos la memoria, para mantener su presencia y su ejemplo”.


Un artista comprometido y solidario


Como relata Martín Almada, la visita de Joan Manuel a las exmazmorras de la dictadura tiene su historia. Desde que se supo que el artista iba a regresar al Paraguay para ofrecer un recital, los organizadores recibieron un aluvión de propuestas e invitaciones para que asista a cenas, reuniones, encuentros y actos de todo tipo, pedidos de entrevistas y concurrencias a programas de televisión.
El artista rechazó todos ellos, incluyendo actividades que le planteó la propia Embajada de España, e indicó que deseaba manejar su presencia en Asunción con un perfil discreto, sin contactos con la prensa. Solo aceptó un diálogo informal con unos pocos periodistas elegidos, el lunes, minutos antes del concierto.
Pero Serrat ya tenía un objetivo definido. Tal como habían convenido con Almada por teléfono desde Bueno Aires, su visita al Museo iba a ser su única actividad pública en Paraguay, además del recital. Una actividad claramente política en el buen sentido, coherente con la línea de conducta que el catalán ha mantenido siempre como artista solidario y comprometido con las justas causas humanas.
Es lo que diferencia a Serrat de tantos otros artistas consagrados. ¿Quién se imagina a Luis Miguel, Cristian Castro, Chayanne, Shakira, incluso al supuestamente “progresista” Ricardo Arjona, arriesgándose a mirar a los ojos a una sufrida y tenaz mujer que sigue reclamando justicia por su marido desaparecido durante el siniestro Plan Cóndor? ¿Quién de ellos sería capaz de dejar de lado las poses de superestrella, para animarse a descender hasta el infierno del dolor y dejarse contaminarse con las lágrimas, los abrazos, los sueños de quienes aún creen que otro mundo es posible?
Solo Joan Manuel, El Nano. El mismo que en los años duros de la dictadura argentina dedicó su canto a las Madres de Plaza de Mayo. El mismo que un día subió a un avión de exiliados para descender en Santiago de Chile, a desafiar al régimen del dictador Augusto Pinochet. El mismo que condena por igual los atentados terroristas de ETA o el ajusticiamiento de Sadam Hussein. El mismo que en sus versos acompaña la suerte de los inmigrantes ilegales en España. El mismo que decide cantar en guaraní “Che pykasumi” para reivindicar la resistencia cultural del Paraguay.
Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar.

(Por Andrés Colmán Gutiérrez, publicado en El Correo Semanal, diario Última Hora, edición del sábado 10 de febrero de 2007).
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LAS PALABRAS DE SERRAT EN ASUNCIÓN:
“Búsqueda de quién fuimos y dónde queremos ir…”.


 “Hola, qué hay, buenos días...
Quiero aprovechar esta visita a Asunción para visitar esta casa de la memoria. Era, de alguna manera, una parte obligada de mi presencia.
Es un lugar que por una parte provoca escalofrío y angustia.
Por otra parte, es un lugar que nos sirve a todos como punto de reflexión, como punto de partida, como punto de búsqueda de quién fuimos y dónde queremos ir.
Mantener la casa de la memoria es mantener la memoria. Y en eso, creo que todos debemos reflexionar: que la memoria es fundamental para que todos aquellos que dejaron su vida en los caminos de la búsqueda de la libertad, los que murieron asesinados por la opresión, por la dictadura, sigan con nosotros, en tanto sigan vivos en esta casa de la memoria.
La gente no muere nunca hasta que no se la olvida. Nosotros mantendremos la memoria para mantener su presencia y su ejemplo.
Por otra parte, también creo que sirve como punto de reflexión sobre circunstancias históricas que no deben formar parte de la historia de ningún pueblo, que no dignifican en absoluto, ni al pueblo ni a la especie humana, y que no nos van a ayudar jamás a encontrarnos ni como individuos ni como colectividad.
Gracias a todos los que trabajan en esto, porque su trabajo nos ayuda a seguir siendo más seres humanos. Muchas gracias.”



Si Lugo cayó por no detener al EPP, ¿que hay con Franco?

 
"Nunca, en la historia de este país, la Policía Nacional ha tenido tantas víctimas cobardemente asesinadas por los integrantes del EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo) y, a pesar de ello, la conducta complaciente del presidente siguió inalterable...", decía el libelo acusatorio del juicio político express, por el cual se destituyó a Fernando Lugo, el pasado 22 de junio. La supuesta incapacidad -o la sugerida complicidad- del mandatario en detener los ataques del grupo armado fue una de las causas por las que lo echaron del poder.
El mismo día de asumir como nuevo presidente, en su primera conferencia de prensa, Federico Franco anunció que la persecución al grupo armado sería prioridad de su Gobierno. Y para marcar diferencias con su antecesor, repuso en las más altas funciones del Ministerio del Interior y la Policía a figuras caracterizadas en el combate al EPP, desplazadas en la última etapa de Lugo: el ministro Carmelo Caballero, el comandante policial Aldo Pastore y el subcomandante Carlos Altemburger.
Pero la anunciada tranquilidad no llegó al Norte. A tan solo seis días de jurar Franco, el EPP dio uno de sus más violentos golpes en Azotey, al atacar la Estancia Terrado, el 28 de junio, incendiar tres topadoras y asesinar al tractorista Osmi Oliveira, presentando el ataque como una guerra frontal contra los depredadores de bosques y los agroproductores que usan agrotóxicos.
Desde entonces, en solo dos meses y medio, se sucedieron 5 ataques armados, que costaron 3 víctimas fatales, siendo el más horrendo el del martes 4 de setiembre, en Azotey, en donde Eusebia Maíz, una humilde madre campesina, fue ajusticiada de un escopetazo, presuntamente por haber sido delatora a la Policía, con el macabro detalle de que luego le volaron completamente la cabeza con una bomba de gelamón, inaugurando una cruel metodología terrorista que hasta entonces no había sido utilizada por el EPP.
A pesar del fuerte despliegue de casi 200 agentes tácticos y de una alta inversión en armas de combate, equipos de comunicación y rastreo, móviles y helicópteros, la nueva fase de lucha contra el EPP desde el Gobierno de Federico Franco no ha producido, hasta ahora, ningún resultado concreto, que se haya podido difundir, en términos de capturas o desactivación de células.
Por el contrario, la acción del grupo armado ha provocado mayor retracción económica en la región, afectando incluso notablemente a la actual organización de la Expo Norte, la mayor vidriera comercial del sector ganadero y empresarial, uno de los que le habían bajado el pulgar a Lugo y apostado sus cartas por la subida de Federico.
¿Se mantendrá el respaldo, si la lucha contra el EPP sigue sin dar resultados?

viernes, 31 de agosto de 2012

Cantos de guerra y de paz en el mundo Aché

Tienen la sonrisa fácil y el abrazo generoso. Entre los pueblos originarios del Paraguay, los Aché son los más afectivos y hospitalarios, capaces de brindarse por entero al javêwaty, el leal amigo que logra ganar su corazón.
Pero la primitiva ternura que dulcifica sus rostros, puede borrarse de un plumazo cuando les golpea la injusticia. Es cuando se enciende el llamado de la selva y al resplandor de las fogatas suenan los arcos rapâ y las flautas takua-mimby, mientras retumba el pre’e, el gutural canto aché. Los rostros se pintan con oscuros tonos de guerra, se tensan los arcos gigantes y las temibles flechas con puntas dentadas e impregnadas de veneno esperan el momento de ser disparadas.
Todavía siento en el cuerpo la calidez del abrazo con que me recibieron el anciano Kuatégui y la madre Karênpakapukúgi, hace ya algunos años, en la comunidad aché de Puerto Barra Tapýi.
Nunca antes nos habíamos visto, pero fue suficiente que el joven José Anegi les diga que yo era un buen amigo, para que ambos ancianos salgan a mi encuentro, y con una mezcla de risas y sollozos me estrechen entre sus brazos.
Era como sentir el abrazo de la madre tierra, y a la vez la trágica y heroica historia de un pueblo perseguido. José había contando que los dos ancianos vivieron más de la mitad de su vida en el monte, y hasta los 70 eran cazados como animales por capataces y obrajeros, con la cabeza a precio.
Los blancos los llamaban despectivamente guayakí, que significa “rata del monte”, pero ellos se llaman a sí mismos aché, “persona verdadera”. Y supieron abrazar la modernidad sin traicionar su esencia, sin perder la sonoridad de su lengua ni la riqueza de su cultura originaria. Y las canciones junto a las fogatas, desde entonces, eran de paz y risas de niños.
En estos días, los Aché de Kuetuwy, Canindeyú, tuvieron que entonar de nuevo sus cantos de guerra, ante la amenaza de un grupo de campesinos carperos que invadieron sus tierras ancestrales, cuya propiedad jurídica habían conquistado tras largos años de lucha.
Soportaron el racismo de los líderes campesinos (“tenemos más derechos que los indios, porque nosotros sí somos paraguayos”, dijo el dirigente carpero Gustavo Aquino), y lo hicieron con la entereza de quienes se sienten con derecho y dignidad.
Una prudente pero firme postura del Ministerio del Interior a favor de los Aché, ha ayudado a instalar una tregua en el conflicto. En la medida en que no se pierdan de vista las cuestiones de fondo en esta pelea de pobres contra pobres, se logrará que el canto de los Aché siga siendo de paz, y de esperanza productiva.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", diario Última Hora, edición sábado 1 de setiembre de 2012).

sábado, 25 de agosto de 2012

El regreso del oscurantismo militar



Las patrullas militares brotaban súbitamente en cualquier esquina o recodo de caminos. Soldados vestidos como Rambo subían a los ómnibus o detenían a los transeúntes, encañonando a sus propios compatriotas como si fueran enemigos de un país ocupado. La orden sonaba seca, temible: "¡Libreta de baja...!".
Quienes tenemos más que dos décadas de edad, no lo olvidamos. No portar la famosa "baja" o boleta de enrolamiento significaba ser desertor, renegado, delincuente, antipatriota. Los camiones verdes recorrían los polvorientos caminos, a la cacería de humildes jóvenes campesinos, muchos de ellos menores a los 18 años establecidos para el Servicio Militar Obligatorio (SMO). Era doloroso ver esos rostros oscuros, y llenos de pavor, marchando arreados como reses de ganado hacia los lejanos fortines del Chaco o las fronteras.
Tener la "baja" no implicaba necesariamente haber pisado los cuarteles. El 15 de enero de 1996, publiqué en Última Hora un reportaje investigativo en el que demostramos cómo el joven Mario Franco Olivetti pudo comprar tranquilamente una libreta de baja del copetín Jim West, al lado del entonces local de la Dirección del Servicio de Reclutamiento y Movilización de las Fuerzas Armadas (Disermov), sobre la avenida Eusebio Ayala.
A Mario le bastó llegar, hablar con el dueño del bar, entregarle 300.000 guaraníes y dos meses después ya retiró su flamante "baja", en donde consta que hizo dos años de servicio militar. Era una cadena de corrupción que llegaba hasta los más altos mandos del ejército paraguayo.
Las valientes denuncias de organizaciones como la Asociación de Familiares de Víctimas del Servicio Militar (Afavisem), el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) y el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), demostraron que desde la caída de la dictadura, en 1989, un total de 113 jóvenes fueron muertos en los cuarteles, sometidos a castigos inhumanos. Por varios de estos casos, el Estado paraguayo acabó denunciado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, siendo obligado a pedir públicamente perdón a los familiares de las víctimas, y a resarcirlas.
Desde entonces, a pesar de la continuidad de la vigencia de la Ley 569/75 del SMO, ni los más represivos gobiernos colorados volvieron a exigir la tristemente célebre "libreta de baja". Sorprende que ahora, bajo un breve y eventual gobierno liberal, que pregona ser presuntamente más respetuoso de los derechos humanos, las Fuerzas Armadas hayan distribuido una circular, en la que exigen a todas las empresas del país que a su vez exijan a sus empleados la libreta de enrolamiento -o la constancia de objeción de conciencia- para poder trabajar, en contradicción de la misma Constitución y del Código Laboral.
Es un regreso del peor oscurantismo militar, cuando lo que habría que hacer es abolir de una vez el SMO y pensar seriamente en unas FF. AA. modernas y profesionales.

(Publicado en la columna semanal "Al otro lado del silencio", en Última Hora, sábado 25 de agosto de 2012).


viernes, 24 de agosto de 2012

Así se compra una libreta de baja

Rescatando un clásico reportaje de investigación periodística

En estos días en que el candidato presidencial colorado Mario Abdo Benítez anuncia su intención de imponer de nuevo el Servicio Militar Obligatorio (SMO) es oportuno rescatar un reportaje de investigación periodística que hicimos y publicamos en Última Hora, en enero de 1996, ilustrando lo fácil que resultaba comprar la famosa “baja”, merced a la gran red de corrupción en la institución militar. He aquí el reportaje:

La portada del diario Última Hora, el lunes 15 de enero de 1996


Por Andrés Colmán Gutiérrez y Mario Franco Olivetti
(con la colaboración de Bernardo Agustti y Arnaldo Alegre)
Fotos: Lucas Chávez y Mario Valdez

Comprar una libreta de baja para evadir el Servicio Militar Obligatorio es relativamente fácil. A través de una paciente investigación, con el apoyo de integrantes del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC), periodistas de Última Hora pudieron adquirir un carné del SMO por 300 mil guaraníes en el copetín Jim West, ubicado a media cuadra de la Disermov, desnudando una oscura red de tráfico y corrupción en sectores de las Fuerzas Armadas.
Todo empezó con el dato que proveyó un informante al Área de Investigación y Reportajes de ÚH. Según la fuente, en un pequeño copetín ubicado sobre la avenida Eusebio Ayala casi Choferes del Chaco, a media cuadra de la Dirección de Reclutamiento y Movilización de las Fuerzas Armadas (Disermov), es posible “comprar la libreta de baja, para no tener que hacer el Servicio Militar Obligatorio”.
La estrategia del trabajo de investigación periodística empezó a trazarse. Un colaborador de nuestras páginas, Mario Franco Olivetti, joven videasta y a la vez militante del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC), aceptó ser la “carnada” para el operativo.
Mario iba a presentarse como un chico procedente del interior del país, quien no deseaba ir al cuartel para no perder sus estudios y su trabajo, e iba a procurar comprar el carné del SMO.

PRIMER CONTACTO. El miércoles 1 de noviembre de 1995, a las 8.30, Mario se acercó a local del copetín. Llevaba una pequeña grabadora oculta entre las ropas. Un periodista de ÚH estaba mimetizado entre la clientela, para testimoniar el primer encuentro. Frente al local, desde un automóvil estratégicamente ubicado en la otra acera, un fotógrafo de nuestro diario registraba la escena con lentes teleobjetivas.
El copetín Jim West es un local no muy grande, típico salón con puertas a la calle, cocina al fondo, unas cuantas mesas en el centro, mostrador a un costado con un visor de milanesas y empanadas, estanterías llenas de botellas junto a la pared. En la entrada hay varios hombres tomando tereré. Luego nos enteraríamos de que todos ellos son gestores para la compra de libretas de baja.
Mario llegó con su mochila y su pinta de estudiante rockero. Pidió una gaseosa. Preguntó por el dueño del local. Una chica que atendía el bar le mostró a un hombre de estatura mediana, de gruesos anteojos, parado detrás del mostrador.
El joven se le acercó y tuvo lugar el siguiente diálogo, más o menos textual:
–Disculpe, me llamo Mario. Soy estudiante, de la campaña, de Caaguazú. Un amigo me dijo que a lo mejor usted puede ayudarme. Lo que pasa es que no me quiero ir al cuartel, porque no quiero perder ni mi trabajo, ni mi estudio. Quiero ver si hay alguna manera de conseguir la baja…
El hombre lo miró con una sonrisa amable. Tenía el aspecto de un tipo bonachón…
–No te vayas a preocupar, socio. Te vamos a ayudar. Tenés que traerme tu partida de nacimiento y dos fotos tipo carné. Me tenés que dejar la plata, 250 mil guaraníes. Con eso vamos a empezar los trámites. Dentro de una semana, yo te voy a dar la constancia, y para fines de diciembre por ahí ya vas a tener tu baja.
Mario le dijo que solo tenía 200 mil guaraníes, pero que le iba a pedir más plata a su tío, y en una semana podría entregar el resto. El hombre aceptó. Le pidió al joven que anote sus datos en un grueso cuaderno, que contenía los datos de muchos otros solicitantes.
En ese momento llegó uno de los gestores, trayendo un pequeño paquete en la mano. Eran varios carnés del SMO, de color amarillo. El dueño del copetín le mostró uno de ellos. “Mirá, es un carné como este el que te voy a entregar”, comentó.
Después agregó: “Cualquier cosa, llamame a este número”.
Tomó un pedazo de papel y escribió con un bolígrafo su apellido y el número telefónico: “553929, Galarza”.
El joven agradeció, le estrechó la mano y se retiró de lugar.

El reportaje despegado en las primeras páginas del diario.
MÁS PLATA. El martes 14 de noviembre, alrededor de las 10.00, Mario regresó al copetín. Galarza lo recibió con una sonrisa.
El joven le entregó los 50 mil guaraníes faltantes y las fotos. A cambio reclamó la contraseña. El dueño del local le dijo que los trámites se habían atrasado un poco. “Dame más tiempo, che ra’a. Vení la otra semana”, señaló.
A la siguiente semana, la misma historia. La tal constancia todavía no estaba lista. El hombre le pidió al joven que volviera después de algunos días, y le dijo en tono preocupado: “Parece que voy a necesitar un poco más de plata. La próxima vez te voy a avisar”.
Mario le dijo que, si la cantidad no resultaba excesiva, podía pedirle a su tío, pero que necesitaba la baja. “No te vayas a preocupar, yo te voy a conseguir, seguro”, le tranquilizó el hombre.
Durante estas dos visitas, pudimos apreciar mejor el fluido movimiento que existe en el local. En un momento, otros dos jóvenes llegaron a retirar sus libretas de baja. Algunos clientes conversaban con el dueño del local, otros venían a buscar a los demás gestores que estaban tomando tereré en la entrada. Varias personas iban y venían desde el copetín hasta el local de la Disermov, llevando sobres y carpetas. Algunos oficiales uniformados acudían a desayunar o a almorzar en el bar, y saludaban a Galarza con gran familiaridad.
Obviamente, el copetín Jim West era el punto de contacto, una especie de “oficina disfrazada” de los gestores y traficantes de libretas de bajas.
Durante el mes de diciembre, Mario regresó en dos ocasiones pero no pudo encontrar a Galarza y la chica que atendía el local nada sabía del asunto.
Preferimos esperar que pasaran las fiestas de fin de año. El miércoles 3 de enero de 1996, el joven regresó. Esta vez, Galarza le entregó la famosa “constancia”, que realidad es una boleta de inspección médica, con el logo de Disermov y el número de serie 007288.
Según este documento, firmado por Máximo Arguello B., presidente de la Comisión de Exámen de Conscriptos, el ciudadano Mario Patricio Franco Olivetti “fue inspeccionado por la Comisión Examinadora de Conscriptos Nº 1, y anotado en el libro respectivo bajo el Nº 7600.7288, resultando exonerado temporal, Artículo 63”.
Demás está aclarar que los miembros de la tal comisión nunca inspeccionaron a Mario, ni en sueños…


POR FIN… LA BAJA. El jueves 11 de enero, alrededor de las 10.00, nuestro compañero regresó al copetín Jim West con la constancia, teóricamente para retirar ya su carné del SMO.
Previamente habíamos sacado copias del documento, debidamente autentificadas por la notaria y escribana pública Mercedes de Orrego.
Había cierta tensión en los miembros del equipo periodístico. En el encuentro anterior habíamos visto a Galarza salir a observar al joven cuando se marchaba, como si sospechara algo. El propio Mario pensaba que el hombre había olido algo raro, y temíamos que no nos entregue el documento final.
Sin embargo, nuevamente Galarza lo recibió con una sonrisa y le entregó enseguida el carné, diciéndole en son de broma: “Te salvé, cuate. Me debés una botella de wisky”.
Desde la acera de enfrente vimos a Mario abandonar en seguida el local, con el carné en la mano, con un gesto de triunfo. Como muchos otros jóvenes paraguayos, en menos de tres meses y por solo 300 mil guaraníes, se había salvado de ir al cuartel, gracia a la red de corrupción montada en la Disermov y en las Fuerzas Armadas.


(El mismo día de la publicación de este reportaje en Última Hora, 15 de enero de 1996, el juez Gustavo Ocampos González, en base a una denuncia presentada por el Movimiento de Objeción de Conciencia, allanó el Copetin “Jim West” y detuvo a su propietario, Bernardo Galarza. En el local se encontró una gran cantidad de carnes del SMO, listos para la entrega. El proceso sin embargo no avanzó en la individualización de los altos jefes militares implicados, por más que sus firmas estaban en los documentos. Finalmente, el dueño del copetín fue el único arrestado, y el caso terminó en el opa rei).

martes, 21 de agosto de 2012

Ñangapiry news

(Un clásico relato sobre la odisea de viajar en ómnibus en Asunción).


Mirna Pereira, vestida apenas con unas gotas de Guerlain, desaparece bruscamente a las siete y cinco de la mañana.
Estábamos en lo mejor, ella y yo, cuando el bip frenético del despertador de cuarzo decide iniciar su fastidiosa función de aguafiestas. Extiendo la mano para callarlo y solo consigo tumbar la botella de vodka sobre las baldosas, con un estruendo infernal que me clava mil alfileres en el cerebro. El Sol se mete en forma cruel por la ventana, revelando al mundo que mi departamento de soltero no tiene nada que envidiar a las Ruinas de Humaitá.
Una cucaracha me saluda desde adentro de la zapatilla. Es lo último que hace en la vida. Después viene la caricia del agua fría, la toalla, el peine, el cepillo de dientes, el frasco entero de aspirinas, la misión imposible de reconstruir este rostro devastado por la resaca. Juro solemnemente no beber nunca más. Bueno... al menos no tanto como anoche. Ahora la ropa, la cámara fotográfica, la calle, el Sol insoportable, la impaciente espera del condenado ómnibus que nunca aparece.
Cuando por fin el maldito se decide a aparecer, más cargado que bolsillo de aduanero, descubro que aquel principio de física que me enseñaron en el colegio, ese que decía que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar en el espacio, no pasaba de ser una tremenda bola. De lo contrario no estaría ya adentro del vehículo, pasándole mis últimos diez mil guaraníes al chofer, escuchando lo mismo de siempre: Pasá nomás hacia el fondo, después te doy tu vuelto, che ra’a, ahora no tengo cambio.
Y aquí, ¿nadie se enteró de que ya inventaron el desodorante? Esta gorda, ¿qué se cree...que soy de esponja? ¡Ay, mi pie! ¿Qué dice el chofer...? ¿Qué hay más lugar hacia atrás? ¡En tu cerebro lo que hay lugar, nde tavyrón! Y este maldito dolor de cabeza que no se me pasa. ¡Cuidado, señora, me está aplastando la cámara fotográfica! Sí, soy reportero de la revista Ñangapiry News. ¿Qué...? ¿Tomar una foto de lo excesivamente lleno que va el micro? No creo que se pueda. No hay lugar. A ver... ¡Ups! ¡Cuidado...! Perdón, señorita, es que estaba intentando tomar una foto y no me pude sostener. Me caí en su regazo sin querer. ¿Mba’e...? ¡Sátiro será tu abuelo!
Este tipo está rematadamente loco. Aquí ya no cabe un alfiler y sigue alzando gente. A ver si puedo fotografiar a esos tipos colgados de la estribera. Eso es. ¡Click! Nde, cuate, enohemi nde po. ¡Click! A ver si puedo captar la parte del chofer, a lo mejor se nota la marca del velocímetro. ¡Click! Es notable como a través del lente todo se ve distinto. ¡Click! Esa camioneta que nos pasa rozando, por ejemplo. ¡Click! Ese panchero al que casi atropellamos. ¡Click! La manera en que subimos sobre la vereda. ¡Click! Esa columna que avanza hacia nosotros. ¡Click! Este... que... pero... ¡Click! Parece que... ¡no! ¡Click! ¡chocamoooos...! ¡Click! ¡CRASH...!

* * *

El griterío infernal de Fulgencio Mendieta, director de la revista Ñangapiry News, me despertó, tendido en la cama de algún hospital.
–¡Fantástico, Rafa, fantástico....! ¡Sos el primer periodista que consigue fotografiar todo el proceso de la loca odisea de un micro suicida que en carrera desenfrenada crea una verdadera conmoción por las calles de la ciudad, hasta las escenas más dramáticas de la colisión final... trágica, real, increíble! ¡Y todavía sobreviviste para contarlo! ¡Esto es genial...! ¡Será un impacto periodístico, un golpe demoledor para la competencia! ¡Es nuestra consagración, Rafa querido, nuestra consagración...!
Mendieta hubiera seguido gritando hasta el día del Juicio Final, si no fuera por los dos fornidos enfermeros que se lo llevaron a rastras porque estaba despertando a todo el pabellón.
Me quedé solo, contemplando el jarrón de flores que alguien había dejado sobre la mesita. La tarjeta la firma una tal Alicia, de la que no me acuerdo. ¿No era la rubia esa de la heladería? ¡Uy, siento un estirón en la rodilla...! Por suerte, parece que no tengo fracturas graves.
Ya sabía que este iba a ser un día infernal, desde que encontré la cucaracha dentro de mi zapatilla. ¿Por cuánto tiempo más querrán dejarme aquí estos médicos de morondanga? Están locos si piensan que me voy a quedar postrado cuando tengo que ir a escribir la nota del año. ¡Periodista...! Pensar que si le hubiera hecho caso a la tonta de mi tía, a esta altura estaría rayando planillas en un escritorio con telarañas. ¡Quería que trabajara en un banco, la vieja loca! ¡Uy, la rodilla...! Por lo menos pasó algo bueno: ya no me duele la cabeza. Pero tengo una sed de los mil demonios. ¿No habrá una miserable cervecita en este hospital?


(Relato incluido en el libro El Principito en la Plaza Uruguaya de Andrés Colmán Gutiérrez, Editorial Servilibro, Asunción 2007)

martes, 14 de agosto de 2012

Día de la Bandera


Hay quienes dicen que ese trozo de tela de tres colores que ondea al viento representa a la Patria misma, y hay quienes con sonoros discursos nos invitan a que vayamos a morir por ella. ¿No será que lo que quieren es que vayamos a morir por sus intereses creados, disfrazados de Patria o de bandera? 

(“Perdonen que no me aliste/ bajo ninguna bandera/ vale más cualquier quimera/ que un trozo de tela triste…” canta Jorge Drexler).

No me conmueven los pabellones refulgentes que ondean frente a los bélicos ejércitos, ni frente a los grises ministerios, como si me conmueven esas banderas gastadas y sudadas, a veces hechas jirones, cuando arropan alegrías y tristezas, victorias y derrotas, luchas y sueños, ya sea en las atestadas graderías de un estadio de fútbol, en una plaza colmada de gritos, en una calle abierta a pueblos en marchas, en un asentamiento de resistencia solidaria, o en la punta de un frágil mástil de takuara, en medio del vasto horizonte verde enajenado.

Hoy es el Día de la Bandera, y decimos de ella tantas cosas. Pero si ella pudiera hablarnos, en este día… ¿qué nos diría?