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sábado, 26 de septiembre de 2020

El hombre que hace callar a las tormentas

En setiembre de 2006, acompañamos a la profesora Dolli Collar hasta su valle, Capitán Bado, Amambay, para una charla con estudiantes en escuelas y colegios de la región, como parte del programa Periodismo Estudiantil del Departamento Educativo de Última Hora. Fue una experiencia muy rica y aprovechamos para visitar sitios de interés, con amigos y amigas badeños.

Fue así como llegamos al oyngusu del teko ruvicha Paĩ Tavyterã Anselmo Barrios, la gran choza tradicional que es a la vez vivienda y santuario, cerca de Okenda. Fue una experiencia extraordinaria conversar con Anselmo, escucharlo tocar su flauta con la melodía ancestral que él heredó para apaciguar las furias de la naturaleza.

 De aquel viaje nació un breve relato, “El hombre que hace callar a las tormentas”, publicado en Última Hora, que en su momento tuvo mucha repercusión en otras publicaciones internacionales.

Tiempo después me contaron que Anselmo falleció, en medio del aliento mágico de su comunidad. En estos días en que la cultura Paĩ Tavyterã se ha vuelto de interés por los sucesos de violencia en el Norte, una amiga lectora me recordó este artículo y me pidió que lo comparta en las redes. Por tanto, aquí va, desde el blog.

***


El hombre que hace callar a las tormentas

Cada vez que nace la Luna llena, el tigre que duerme en la cumbre del Yasuká Venda, el cerro sagrado de los indígenas Paĩ Tavyterã, en la cordillera del Amambay, se despierta y ruge con furia incontrolable.

"Es el poder del Padre Creador que se manifiesta en forma de fuertes tormentas, provocando angustia en los corazones. Entonces yo recojo mi avaeté, mi amuleto de diente de tigre, y me pongo a rezar, me pongo a cantar, a tocar el mimby, la flauta de palo santo, y consigo que la tormenta se calle, que la furia del creador se calme. Es la misión que me ha dado mi pueblo, de ser el teko ruvicha, el que cuida la forma de vida que nos han dado nuestros ancestros".

Así habla Anselmo Barrios, el gran líder espiritual de la comunidad Paĩ Tavyterã, a unos 15 kilómetros de Capitán Bado.

Su oyngusu, la tradicional choza ovalada de los Pai, que es a la vez vivienda y santuario, está ubicada en un claro del monte, cerca de la escuela agrícola Okenda, que el Proyecto Paĩ Tavyterã lleva adelante, en un heroico programa para preservar el modo de vida de uno de los pueblos nativos más fascinantes del Paraguay.

La tarea no es fácil. La tierra de los Paĩ es la única que aún conserva vegetación boscosa en medio de una vasta planicie de tierras deforestadas y mecanizadas para el cultivo de la soja. Y el proyecto de desarrollo sustentable se lleva adelante ante la constante agresión externa. Hace pocos días, un grupo de marihuaneros asaltaron la granja de los Paĩ y robaron una vaca.

"El hombre blanco destruye todo lo que toca. Por su culpa el maíz ya no da frutos como antes. Por eso yo bendigo la tierra y las semillas, para que este año tengamos buen maíz, para preparar nuestras bebidas para la gran fiesta del Aty Guasu", dice el teko ruvicha.

Dentro del oyngusu está la cruz de madera donde se guardan los yvyra'i, las varillas insignias, los takuapu y la calabaza sagrada que guarda los restos del ka'a ñepyru, la yerba mate primigenia. De allí Anselmo recoge su flauta de palo santo y empieza a soplar, arrancando un dulce sonido que envuelve el aire y arranca la risa de los niños, mientras las tormentas se baten en retirada, temerosas.

domingo, 1 de marzo de 2020

Amoite Cerro Corápe…






A 150 años, la muerte de López todavía conmociona al Paraguay

Andrés Colmán Gutiérrez  - @andrescolman
Fotos: Andrés Catalán
DESDE CERRO CORÁ, AMAMBAY


El Aquidabán Nigui es apenas un delgado hilo de agua que se desliza entre pedregullos y matorrales. Un arroyo tan pequeño, todavía limpio y transparente, que en su rumoroso fluir puede relatar sin embargo una historia tan inmensa, tan trágica y gloriosa a la vez, para quien sea capaz de comprender su hídrico lenguaje.
Así lo confirma la canción Cerro Corá del recordado poeta guaraní Félix Fernández y del gran músico Herminio Giménez:

“Osyry pe Aquidabán
culantrillomi apytépe
iñe’ême omombe’u
ñanderu omano hague”.

(Corre el Aquidabán
entre las hierbas de culantrillo
y en su lenguaje cuenta
que ha muerto nuestro padre).

–Fue aquí, en este mismo lugar, en donde mataron al mariscal López– dice Perla Vázquez, jefa del Parque Nacional Cerro Corá, señalando un punto entre los matorrales, a orillas del arroyito.
En el lugar señalado hay un monolito de piedra que envuelve a un busto de metal del mariscal Francisco Solano López, el presidente y jefe del Ejército paraguayo que resistió durante más de cinco años, desde 1864 hasta aquel 1 de marzo de 1870, a las tropas aliadas de Brasil, Argentina y Uruguay, en una de las guerras más cruentas y desiguales de la historia latinoamericana.
Fue aquí, hace exactamente 150 años, en donde la Guerra Guasu llegó a su fin.

La tumba del Mariscal López y su hijo Panchito, en el Parque Nacional Cerro Corá.

EL CERCO FINAL.
Son pocos los testimonios de primeras fuentes acerca de cómo fue la muerte de López en Cerro Corá, aquel 1 de marzo de 1870 y no siempre coinciden.
El sacerdote Fidel Maíz, que acompañó a López en gran parte de la contienda, narra en sus memorias que López y su ejército llegaron al valle rodeado de cerros el 8 de febrero de 1870 “apenas con algo más de 400 hombres, reducidos a la más postración, sin ropas ni víveres, sin más esperanza que sucumbir bajo la presión del hambre y de miserias increíbles”.
El ejército brasileño, al mando del general José Antonio Correa da Cámara, se había desplazado a la caza de López, junto a otros jefes militares como Floriano Peixoto, Francisco Antonio Martins, Silva Tavares y Silva Paranhos.
López instaló fuerzas para intentar contener el avance, pero los defensores nada pudieron hacer ante la superioridad numérica de los atacantes.
El general Isidoro Resquín, uno de los sobrevivientes, relata que “este último y sangriento combate en Cerro Corá duró nada menos que unos quince minutos (...) fue derrotado y vencido por completo el ejército (paraguayo), después de haber luchado cinco años, defendiendo la honra e integridad de su patria”.
En un primer enfrentamiento, el mariscal López, montado sobre su caballo, se enfrentó a golpes de espada con varios atacantes, ocasión en que fue herido de un lanzazo en el vientre por el brasileño Francisco Lacerda, el célebre Chico Diabo. También recibió un hachazo en la sien. Dos de sus oficiales lo cubrieron, para evitar que sea ultimado en ese lugar.

La cruz de los héroes, en un sector central del Parque. Derrama agua como lágrimas a una fuente.

LA MUERTE DE LÓPEZ.
El coronel Silvestre Aveiro, otro de los que acompañaron al mariscal López en ese momento final, cuenta que él le pidió que lo siga para salvarlo.
Se internaron a caballo en la espesura, hasta que ambos cayeron. Siguieron a pie, ayudándose, hasta orillas del Aquidabán Nigui. Se les unió el soldado Ignacio Ibarra. Fue allí donde fueron alcanzados por los brasileños. Apareció el general Cámara, quien según versiones le intimó a López a rendirse.
Relata el general Isidoro Resquín: “Al oír el mariscal López proferir semejantes palabras, les contestó con toda la energía de un valiente que no se rendía y que estaba dispuesto a sacrificar todo por su querida patria. Inmediatamente (...) recibió con heroísmo las balas de la fuerza de Brasil, con lo que entregó su vida al Creador”.
El coronel Silvestre Aveiro relata que Cámara intercambió algunas palabras con López, pero solo alcanzó a escuchar la palabra patria. “Después en Río de Janeiro se publicó y supe que cuando fue a intimarle rendición el general Cámara, había dicho López: ‘¿Me garante lo que le pido?’ Y con la repuesta de que no podía garantizarle más que la vida, había dicho: ‘¡Entonces muero con mi patria!’, levantando su espadín”.
Hasta ahora, 150 años después, se sigue discutiendo si López realmente pronunció la frase “muero con mi patria” o “muero por mi patria”.

Reliquias en el museo de entrada al Parque Cerro Corá.

MEJORAS EN EL PARQUE.
El lugar en donde el mariscal López fue ultimado, ocasión en que se puso fin a la Guerra Guasu, es hoy un Parque Nacional de 5.538 hectáreas, administrado por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades).
El Parque fue creado por decreto del dictador Alfredo Stroessner en 1976. Está ubicado en el Departamento de Amambay, en el Noreste del Paraguay, a 494 kilómetros de Asunción y a 40 kilómetros de la ciudad de Pedro Juan Caballero, junto a la frontera con el Brasil.
Un equipo de cinco guardaparques, dirigidos por una mujer, Perla Vázquez, se encarga del manejo y del control del espacio histórico y ambiental. Perla es pilarense y ocupa el cargo desde hace dos años. Es la primera mujer que dirige un parque nacional, rompiendo un esquema que hasta entonces había sido manejado solo por hombres. “Es una gran responsabilidad dirigir un espacio tan valioso, con tanta significación en la historia nacional. Recibimos muchos visitantes, durante el 2019 llegaron 16.750 personas, incluyendo a muchos turistas brasileños, argentinos y uruguayos, personas que son de países que pelearon contra el Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza, pero que sin embargo se declaran admiradores del mariscal López y muy a favor de la causa del Paraguay”, explica.
Ella relata que suele ver cómo muchos visitantes se emocionan y derraman lágrimas al llegar al lugar en donde López fue muerto por los soldados brasileños. “Es impresionante cómo la gente se sigue conmoviendo con esta historia, aunque haya transcurrido un siglo y medio”, apunta.
El Parque Cerro Corá, cuya infraestructura suele quedar olvidada durante gran parte del año, ha recibido un fuerte espaldarazo en obras de mejoramiento en la semana previa al 1 de marzo.
Cuando visitamos el lugar, varias cuadrillas de obreros trabajaban contra reloj, incluso con turnos nocturnos, para poder acabar a tiempo la reconstrucción de un sistema de pasarelas de metal, denominado Paseo de los Héroes, que conduce al sitio donde mataron a López, como a la simbólica tumba que le rinde homenaje a él y a su hijo Panchito, el coronel Juan Francisco López Lynch, asesinado a pocos metros de donde murió su padre, cuando solo tenía 15 años de edad. Además, se restauró el sistema hidráulico que arroja agua desde la gran cruz en el centro del parque y se dotaron rampas inclusivas al monumento principal, en donde se llevará a cabo el acto de evocación por los 150 años.

Visitantes en Cerro Corá, el mayor Hugo Ojeda y su familia,

EL MARISCAL EN LA MEMORIA.
A 150 años de su muerte, Francisco Solano López sigue provocando pasiones, dividiendo a sectores del Paraguay, como a los propios historiadores, en “Lopistas” y “antilopistas”, entre quienes lo consideran “héroe máximo” como a quienes lo llaman “tirano” y el principal responsable de una guerra que diezmó al Paraguay.
El historiador Hérib Caballero Campos declaró al periódico británico The Guardian que ningún otro país latinoamericano ha pasado por lo que pasó el Paraguay con la Guerra de la Triple Alianza. “Es por eso que (la Guerra) ha dejado una marca tan fuerte en la conciencia colectiva paraguaya”, indicó.
La figura de Francisco Solano López, declarado oficialmente como “Héroe Nacional sin Ejemplar” por el Gobierno del general Rafael Franco, en 1936, que decretó el 1 de marzo como el Día de los Héroes, ha sido reivindicado por gobiernos de grandes estadistas demócratas como el liberal Eligio Ayala, por dictaduras de derecha como la del general Alfredo Stroessner, mientras en las antípodas ideológicas, el entonces clandestino Partido Comunista Paraguayo mantenía un grupo de guerrilla que combatía a Stroessner con el nombre de Columna Mariscal López, bajo el mando del legendario comandante Agapito Valiente. También el actual grupo armado criminal denominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) adopta como símbolo al Mariscal López.
“El Lopismo es una construcción ideológica estructurada en los años 20, como forma local del nacionalismo. Como muchos nacionalismos, porta contenidos fuertemente antidemocráticos y militaristas, defendidos primero por los colorados, asumidos desde la década del 30 por el partido comunista paraguayo y por la derecha nacionalista liberal” ha señalado la historiadora Milda Rivarola, una de las investigadoras con posturas críticas ante la figura del mariscal.
Desde otro ámbito, el político e historiador uruguayo Vivia Trías, ha señalado que “los López demostraron que era posible y viable un modelo de desarrollo liberador de nuestras patrias. Probaron el acierto de Moreno y Artigas. Para que su experiencia fracasara hubo que aniquilarla con una guerra implacable y abrumadora. Pero la propia guerra demostró cuán difíciles, arduos e inciertos son el desarrollo y la liberación sin la unidad continental; en especial para las naciones pequeñas. La idea vive y es más necesaria que nunca. Hoy hay que unir patrias y no provincias. El problema es distinto, pero la solución es la misma: Unidad y liberación. Es un largo y dramático proceso, plagado de esperanzas y desengaños, de sombras y de luces. Entre las últimas, pocas tan deslumbrantes y alentadoras como el Paraguay de los López”.

La lista de los principales oficiales caídos en Cerro Corá. Monumento en el lugar.
CERRO CORÁ, A 150 AÑOS.
El mayor de Caballería Hugo Ojeda es uno de los visitantes a quien encontramos en Cerro Corá. Aprovechando días libres, él ha llegado desde Pilar con su esposa y su hija para conocer por primera vez el sitio donde murió el mariscal.
“Como paraguayo y como militar, admiro la manera en que defendió la soberanía territorial de nuestro país, el principio de nuestra independencia. Se puede hacer muchas críticas, pero tenía valores que pocos gobernantes tuvieron después”, señala.
Detrás de él y sus familiares encontramos a un grupo de visitantes brasileños. “A nosotros, en el Brasil, nos enseñan en la escuela que la Guerra del Paraguay fue para liberar al país de un tirano, pero creo que esa no es la verdad. Leí a otros autores que muestran que Solano López fue un héroe. Por eso venimos a conocer el lugar donde murió”, relata Moacir Ferreira, comerciante de Corumbá, Mato Grosso do Sul.
Tanto el militar paraguayo como el comerciante brasileño han coincidido aquí, 150 años después. Ambos se mantienen en silencio mirando al busto de metal de aquel hombre odiado o admirado, dejando que el rumor de las aguas del Aquidabán Nigui les cuente su propia historia.

Perla Vázquez, jefa encargada del Parque Nacional Cerro Corá, con su equipo de guardaparques.

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(Crónica publicada en la edición impresa del diario Última Hora de Asunción, sección Política, edición del domingo 1 de marzo de 2020).

martes, 12 de noviembre de 2019

La Justicia esconde su espada y su balanza para que no le roben



Ni el Poder Judicial se salva de los ladrones. En Caaguazú, la Dama de la Justicia debe guardar sus elementos tras haber sido despojada. En Luque y Encarnación también hubo robos.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Si usted pasa uno de estos días frente al coqueto Palacio de Justicia de la ciudad de Caaguazú, en la esquina de las calles Carlos Antonio López y Coronel Manuel Godoy, podrá ver a la clásica estatua de la Dama de la Justicia montando guardia.
Si acaso su visita se registra en días feriados o en horas no laborales, advertirá un detalle pintoresco: La mitológica mujer no lleva consigo ni la espada ni la balanza, los símbolos universales de su autoridad y de su necesario equilibrio al impartir sentencias.
De este modo, la pose de sostener apenas el aire con la mano izquierda o de apoyarse en el vacío con la mano derecha, lejos de infundir respeto, mueve a risas.
–¿Qué pasó con la espada y la balanza? –le preguntamos a Don Julio, el solícito vendedor de frutas que se aproxima a ofrecernos sus doradas mandarinas.
–¡O ñe monda pa ko! –responde, en su expresivo guaraní–. Unos motochorros le robaron. Ya te podés imaginar, si a la propia Justicia le roban todos sus elementos… ¿qué seguridad podemos tener nosotros, los humildes ciudadanos?

RECUPERADO. Lo llamativo es que si usted pasa por el lugar en horas laborales, de 7.00 a 13.00, de lunes a viernes, la estatua de la Justicia si exhibe una reluciente espada y una balanza de color plateado, pero apenas llega la hora de cerrar las oficinas y los despachos judiciales, dos guardias de seguridad se aproximan al lugar, sacan los elementos distintivos y los llevan a guardar en un estante con llave en el interior del edificio hasta la jornada siguiente.
“Es cierto, la espada y la balanza de la Justicia fueron robados en una ocasión, pero la policía logró recuperarlas. Desde entonces, se decidió que dichos elementos sean guardados en un lugar seguro mientras no hay actividad laboral en el Palacio, por temor a que los ladrones vuelvan a sustraerlos”, explica el abogado Fulgen Torres Godoy, vicepresidente del Colegio de Abogados de Caaguazú.
El robo se produjo hace un par de años, en horas de la noche. La señora Justicia –a la que muchos identifican como la diosa griega Astrea, pero en realidad es la representación de su madre, la diosa Themis– simplemente amaneció sin espada y sin balanza. El episodio despertó todo tipo de burlas y hasta memes en las redes sociales en internet: “En el Paraguay ni siquiera la Justicia puede protegerse a sí misma”.
Para escapar del bochorno, la Policía local desplegó un fuerte operativo de búsqueda, logró identificar a los ladrones y capturarlos. La jueza María Ignacia Franco estuvo a cargo del proceso. “Varios jóvenes resultaron imputados por el delito de hurto y sustracción”, confirma el abogado Torres Godoy. Intentamos conocer más detalles del hurto, pero en el archivo del Palacio de Justicia caaguaceño nos dijeron que, lamentablemente, el expediente fue extraviado.

MÁS ROBOS. El caso del robo en Caaguazú no ha sido el único. Un primer hecho similar conocido sucedió en la ciudad de Luque, en diciembre de 2016, cuando otra estatua de la Dama de la Justicia, la que se encuentra frente a la sede del Juzgado de Primera Instancia también amaneció sin su espada y su balanza. Los autores del robo luqueño no pudieron ser individualizados y la señora Justicia se quedó con las manos en el aire durante un largo tiempo, hasta que le pudieron comprar de nuevo sus herramientas.
En Encarnación ocurrió un episodio aún más pintoresco. Una noche del 2017, varios ladrones descendieron de un auto y le robaron la espada y la balanza no solo a la estatua más nueva que está en frente del Palacio de Justicia, sino también a otra más viejita, que se encuentra en la parte de atrás.
Lo llamativo es que nadie se dio cuenta del robo, hasta que un ciudadano le preguntó a uno de los guardias el edificio: “¿Qué pasó con la estatua y con la balanza de la Diosa Astrea?”. El guardia salió a mirar y comprobó la sustracción. Revisaron las filmaciones de las cámaras de seguridad de semanas anteriores, hasta encontrar la escena de los ladrones. Lamentablemente no se registraron con claridad los rostros ni la chapa del auto ni otros detalles para identificarlos.
Recién un año después, en octubre de 2018, el caso se divulgó en un reportaje del medio digital Itapúa en Noticias. Las estatuas seguían sin espadas y sin balanzas. Marisol Ferreira, funcionaria del Poder Judicial explicó que debido al costo, los elementos no se podían comprar de caja chica, por lo que había que prever una disponibilidad presupuestaria en los rubros de mantenimiento del edificio. “Cuando las intentábamos comprar, el rubro ya se había gastado todo y seguimos sin que nuestra Diosa Astrea tenga su espada y su balanza”, explicó.

SÍMBOLO. Probablemente nada resulta tan simbólico para la inseguridad ciudadana que ni la propia Dama de la Justicia esté a salvo de que le roben las herramientas que deben garantizar una justicia justa.
Por disposición de la Corte Suprema, todas las sedes importantes del Poder Judicial deben tener una estatua de “Astrea, la Diosa de la Justicia”, pero basta indagar en los sitios especializados sobre mitología griega para percibir que la mujer con túnica al cuerpo, ojos vendados (imparcialidad), balanza (ecuanimidad) y espada (autoridad) no es Astrea, sino su madre Themis, hija de Urano (cielo) y Gaia (tierra). Themis es la Diosa de la Justicia y Astrea es su hija, con quien comparte la responsabilidad de proteger a los jueces y los magistrados, pero a Astrea se la representa originalmente como un ángel con alas en la espalda y una antorcha en la mano.
Probablemente en este equívoco esté la explicación de muchos defectos de la Justicia paraguaya.

 En Caaguazú - Fotos: Desirée Esquivel.
La estatua frente al Palacio de Justicia de Encarnación (Foto: Itapúa en Noticias).

domingo, 1 de septiembre de 2019

El avión de Stroessner duerme sobre los cerros de Pirayú



El Electra C de LAP llevó en 1973 al dictador a Europa y África. Antes de volverse chatarra, fue rescatado por un ex miembro de su tripulación.

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Fotos: Desirée Esquivel

La larga estructura cilíndrica aparece de pronto, en medio de un claro de bosque, al final de un serpenteante camino de tierra que sube por las laderas de verdes cerros, desde la ruta entre Pirayú y Caacupé, en la compañía Cerro Verá, no muy lejos del humilde rancho donde nació el héroe guerrero José Eduvigis Díaz.
La escena parece salida de una película de Werner Herzog, un barco varado en medio del desierto o de la selva, en este caso, los restos de un enorme avión sobre los desolados cerros de Pirayú. Sobre su estructura polvorienta y despintada alcanza a leerse: Líneas Aéreas Paraguayas, la legendaria aerolínea que fundó el régimen del general Alfredo Stroessner (1954-1989) y que con sus luces y sombras es considerada la etapa más consistente de la aviación en el Paraguay.

LEYENDAS. ¿Cómo llegó el avión hasta aquí? Lacú Ramírez, poblador campesino, prefiere compartir un relato mítico en guaraní: hace años la aeronave tuvo que aterrizar de emergencia en el descampado y desde entonces nunca más pudo salir. Él no lo vio, pero así le contaron.
La versión real es menos fantástica. Mario Medina, concejal municipal de Pirayú, directivo de la academia PZ Flight, formadora de pilotos y tripulantes de vuelo, vio un día de 2017 que un grupo de obreros estaba empezando a cortar el fuselaje de un viejo avión Electra C de LAP, tirado en inmediaciones del aeropuerto.
“Ya le habían cortado las alas e iban a convertirlo en chatarra. Ese avión era el ZP-CBY, que en julio de 1973 llevó al entonces presidente Stroessner y varias personas de su gobierno a una gira oficial por Europa y África. Planteé que nos permitan usarlo para ejercicios de adiestramiento de nuestra academia y me lo permitieron”, relata Medina.
El concejal conoce bien al avión, porque fue parte de su tripulación, llegando a ocupar el puesto de comisario a bordo. “Le tenemos mucho cariño a esta verdadera reliquia de la aviación paraguaya”, dice.
Tuvieron que partirlo en dos para trasladar el fuselaje hasta la propiedad de su familia, en Cerro Verá, donde planea reconstruirlo, tanto para ejercicios de supervivencia en la selva, como para instaurar un sitio de atracción turística.

HISTÓRICO VUELO. El Lockheed L-188C Electra, con capacidad para 84 pasajeros, perteneció primero a la aerolínea norteamericana Eastern. La empresa LAP lo compró en 1969. Con matrícula ZP-CBY empezó a operar realizando vuelos a São Paulo, Brasil, con tres frecuencias semanales.
El 14 de julio de 1973 llevó al dictador Alfredo Stroessner y gente del Gobierno a una de las más grandes giras en busca de apoyo internacional. En España fue recibido por el dictador Francisco Franco.
Stroessner buscó ser recibido oficialmente en Alemania, la tierra de sus ancestros, pero solo pudo ser invitado oficioso en el estado de Baviera por el ministro Alfons Gopel, donde además conoció a sus primos Heinz Stroessner y Gustav Unger. El Gobierno alemán ya le requería que entregue al criminal de guerra nazi Josef Mengele, que obtuvo la nacionalidad paraguaya, pero el dictador se hacía el desentendido.
En cambio, sí pudo ser recibido por el presidente italiano Giovanni Leone en Roma y por el papa Pablo VI en Castelgandolfo. Además, el avión estuvo en Portugal, Francia, Marruecos, Cabo Verde, Islas Canarias y Recife.
Ahora el fuselaje todavía bastante deteriorado es admirado por excursionistas que montan campamentos juveniles a su alrededor y se hacen selfies, recreando un escenario que parece de posguerra nuclear.
Entre los hierros retorcidos duermen las historias.











Curso de sobrevivencia para futuros pilotos y azafatas, usando la estructura del avión rescatado. (Foto gentileza: Mario Medina. PZ Flight).

El avión Electra C de Lap ZP-CBY, en el aeropuerto de Munich, durante el viaje de Stroessner a Europa y África (foto gentileza del historiador aeronáutico Tony Sapienza).




domingo, 5 de mayo de 2019

Literatura: La soledad de Ñamandú y el desafío de reinventar el lenguaje



Andrés Colmán Gutiérrez
Presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP)

Cuentan los relatos míticos del mundo indígena guaraní –rescatados por el gran antropólogo León Cadogan y reelaborados con peculiar encanto por el escritor Eduardo Galeano en su obra Memoria del Fuego– que cuando Ñande Ru Tenondé, el Padre Primero Ñamandú, se irguió en la oscuridad y creó el lenguaje, no había quien lo pudiera escuchar. Entonces creó el mundo y creó a los primeros hombres y a las primeras mujeres, y les entregó la palabra creadora (Ayvu) para que todo pudiera cobrar vida, pero principalmente para que la magia del lenguaje alcanzara a redimir al propio Padre Primero de aquella inmensa soledad primigenia.
En el Paraguay, nuestro pequeño y heroico país mediterráneo del Cono Sur, de raíz principalmente cultural guaraní, en donde hemos nacido entre relatos mágicos y entre muchas historias alucinadas que esperan ser contadas, los escritores y las escritoras seguimos padeciendo la misma soledad del Padre Primero Ñamandú o como lo ha denominado más certeramente nuestro autor mayor, Augusto Roa Bastos, seguimos sufriendo el encierro de “la isla rodeada de tierra”: No siempre hay quienes nos puedan leer o escuchar.
Nuestra industria editorial es todavía incipiente, aunque avanza abriéndose caminos a tumbos entre muchos escollos y la falta de un mayor apoyo estatal. Quienes escribimos y publicamos libros lo hacemos para un número muy reducido de personas, ya que en el Paraguay cada habitante lee solamente la 0,25 parte de un libro al año, según datos estimativos. Esta es la realidad de un país donde el 24,2% de la población aún vive en situación de pobreza y un 4,8% en situación de pobreza extrema; en donde el sistema educativo es todavía de muy baja calidad y existe un escaso fomento a la lectura desde las instancias gubernamentales y desde la misma sociedad. A pesar de todo, un anteproyecto de Ley del Libro impulsado desde hace años por los gremios de autores, libreros y por actuales instancias culturales gubernamentales, intenta abrirse paso ante la indiferencia de la clase política.
Desde hace mucho tiempo también seguimos padeciendo la invisibilidad de las obras paraguayas en los mercados internacionales del libro, debido a las trabas burocráticas fronterizas o a un escaso interés, que desmiente el ansiado espíritu de integración cultural del Mercosur. Por ello, nuestra presencia constante en esta Feria Internacional del Libro de Buenos Aires constituye una vidriera fundamental, una ventana a la esperanza.
A pesar de los pesares, una literatura paraguaya tercamente viva insiste en reinventarse y en expandirse cada vez más. Quienes hoy asumimos el desafío de narrar al Paraguay en cuentos, novelas, poesía, historia, ensayos, crónicas periodísticas y de investigación, álbumes de cómics o novelas gráficas, lo hacemos teniendo en cuenta la rica herencia y tradición de nuestros más grandes maestros y maestras como Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Gabriel Casaccia, Josefina Plá, Helio Vera, Rubén Bareiro Saguier, Carmen Soler, Hérib Campos Cervera, Raquel Saguier, José-Luis Appleyard y tantos más, buscando reflejar las nuevas exigencias de una era de profundas contradicciones sociopolíticas, con nuevos lenguajes y nuevas perspectivas.
En este Año Internacional de las Lenguas Indígenas, valoramos particularmente el esfuerzo creativo de quienes sueñan y escriben en nuestro imperecedero idioma guaraní, buscando derrotar el arraigado mito de que es una lengua esencialmente oral y que tanto su escritura, como su lectura, resultan difíciles. Las novelas en guaraní, Kalaíto Pombéro de Tadeo Zarratea; Pore’y rapé, de Hugo Centurión y Tatukua de Arnaldo Casco, sientan las bases de otra narrativa, la que rescata y refleja al Paraguay más profundo y ancestral, que se complementa también con una abundante colección de libros que exponen una larga tradición de relatos y poesía en guaraní, con la herencia de queridos maestros como Rosicran, Carlos Martínez Gamba, Félix Fernández o Félix de Guarania, hasta actuales batalladores poetas, escritores y académicos del guaraní, Susy Delgado, Feliciano Acosta, Miguel Ángel Meza, Mario Rubén Álvarez, Ramón Silva, entre muchos otros y otras, entre quienes ocupan un sitio preponderante Alba Eiragi Duarte, poetisa y escritora Ava Guaraní, y Brígido Bogado, poeta y escritor Mbya Guarani, ambos miembros de la Sociedad de Escritores del Paraguay, exponentes genuinos de una cultura sobreviviente que tiene tanto por decir y por contar. Además, nuestra literatura tiene una gran deuda pendiente con las demás lenguas de los 19 pueblos indígenas, ya que hasta ahora existen pocos relatos y poemas escritos en ayoreo, yshir, tomaraho, nivaclé, maká, manjui, enlhet, enxet, guaná, sanapaná, angaité, toba maskoy, qom, pai tavyterá o aché.

La literatura paraguaya actual es amplia, diversa, rica y abarcante. Hay una cada vez más sostenida creación poética y narrativa de mujeres, que no solo expresan la mirada femenina en la producción literaria, sino que además ejercen un rol pedagógico para lograr el paulatino cambio de chip mental de una cultura patriarcal machista, en busca de una más tolerante, que reconozca los derechos de las mujeres, como de quienes tienen opciones sexuales diferentes y de otras minorías aún discriminadas. Resulta meritoria la tarea que realiza la organización Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA), que ha publicado varios libros que recopilan relatos escritos por mujeres. Es extensa la lista de autoras paraguayas, pero quiero rendir a todas ellas un homenaje en la persona de la maestra Maribel Barreto, prolífica escritora, docente y ensayista, ganadora del Premio de Novela Roa Bastos 2017 con su novela Codicia, quien ha presentado recientemente su último libro, Hijo de la revolución, un retrato desde la ficción sobre las revueltas de principios del siglo XX y lo que implica ser mujer en el Paraguay. Ella tenía que haber estado con nosotros en este encuentro, pero un problema de salud se lo ha impedido.

La creación paraguaya más tradicional, habitada principalmente por obras de denuncia social en un ámbito histórico y rural, ha ido mutando hacia una narrativa urbana que abarca géneros como el relato policial, la ciencia ficción, el horror gótico, el trilher político, las historias de aventuras. La aparición de grupos y comunidades de jóvenes narradores urbanos, como el centro cultural Literaity o la Asociación Literaria Arandú, respaldados por pequeñas editoriales independientes, están consolidando una emergente narrativa rebelde, innovadora en su forma y en su lenguaje, amplificada con los recursos de las redes sociales en internet y las plataformas digitales. Patricia Camp, Christian Kent, Orlando Orué, Diego Ayala, Damián Cabrera, Yems Aguilera, María Zaracho Robertti, Sebastián Ocampos, Cave Ogdom, Ricardo Loup, Ana Miranda, Lourdes Benítes, Edu Barreto, son algunos de esos nombres. (De ello nos habla con más detalles la compañera Norma Flores Allende, en su reveladora plataforma digital #Urumbe).
Una mención especial merece el trabajo de edición digital del grupo Tiempo Ediciones y Contenido, que hoy permite que los libros paraguayos estén al alcance de cualquier lector de libros electrónicos en el mundo.
Destacamos también el innovador eco de una literatura fronteriza, que se nutre de los contrastes culturales en regiones compartidas con colectividades inmigrantes brasileñas, o de ascendencia asiática o europea. La novela Xirú, de Damián Cabrera, es un ejemplo de esa narrativa que refleja los torbellinos de tierra roja en el Alto Paraná, los conflictos ambientales de la llamada Guerra de la Soja. El grupo de escritores y poetas que experimentan con el lenguaje triplefronterizo, en una onda cultural denominada “portuñol selvagem”, principalmente desde editoriales cartoneras, constituyen otro irreverente movimiento innovador de nuestra literatura.
Igualmente sentimos como muy cercanos y como parte de nuestra historia a los narradores paraguayos o descendientes de paraguayos que escriben desde afuera de nuestras fronteras, especialmente a un nutrido grupo de autores en Argentina como Gilberto Ramírez Santacruz, Éver Román, Mario Castells, Ivan Silvero, entre otros. Hay en sus obras una linda herencia de la épica literatura del exilio, la que ha dado vida a muchos de nuestros mejores narradores y narradoras.
Las obras que ayudan a rescatar la historia y la memoria también siguen componiendo una de las vertientes más prolíficas de los autores y las autoras del Paraguay, no solamente las que permiten no olvidar los horrores de la dictadura stronista, sino las que significan episodios más lejanos desde nuevas perspectivas. En ese sentido, tanto las novelas históricas como los relatos de la Guerra del 70 adquieren especial significación en la conmemoración por los 150 años de aquella contienda. En ese campo, nuestra más reciente contribución personal une el rescate de un episodio silenciado durante el stronismo con la investigación periodística, en nuestro libro “Mengele en Paraguay”, sobre la protección dada por el dictador Alfredo Stroessner al médico criminal nazi Josef Mengele, que presentamos en esta Feria.
Como soy también guionista de obras de cómics, destaco el especial auge que la narrativa dibujada ha tenido en los últimos años en el país, principalmente con obras dedicadas a la gesta de la Independencia, la Guerra del 70, la Guerra del Chaco y la dictadura stronista, como a la adaptación de grandes clásicos de la literatura paraguaya para una mejor divulgación en colegios y escuelas. Contamos con el aporte de grandes narradores, como nuestro universal Robin Wood, y el esfuerzo editorial de escritores y dibujantes como Javier Viveros y Roberto Goiriz, además de un loable esfuerzo de la editorial Servilibro, que ha creado una colección especial dedicada al comic paraguayo, donde se suman proezas como la edición de los diez álbumes de Mafalda, del genial Quino, en versión traducida por la docente María Gloria Pereira al idioma guaraní.

Son solo algunos de los puntos que destacamos en estas consideraciones generales sobre la literatura paraguaya actual. Somos conscientes del desafío que implica escribir y contar historias en un país que sigue intentando construir una institucionalidad democrática entre los sobresaltos autoritarios y los embates de una cultura conservadora, que padece a una clase política mediocre y poco sensible a las necesidades populares, pero lo hacemos motivados por la lucha de sectores sociales que emergen y se movilizan cada vez con más fuerza por derrotar a la corrupción, obteniendo inéditos logros en derrocar a líderes mafiosos y a estructuras autoritarias. Sabemos que en la medida en que nuestra labor sintonice con esos genuinos esfuerzos, nuestra obra tendrá un mejor sentido y aquella primigenia soledad del Padre Primero Ñamandú también nos va a pesar cada vez menos.
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(Ponencia presentada en la 45a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, domingo 5 de mayo de 2019. Representación de escritores paraguayos en la mesa "Literatura e Historia del Paraguay actual", con Gilberto Ramírez Santacruz, Norma Flores Allende, Manuel Martínez Domínguez y Javier Viveros. El video que ilustra la nota es de Norma, de su plataforma #Urumbe)



lunes, 4 de diciembre de 2017

La Tigresa y el autor de El Principito: Un romance junto al lago Ypacaraí



Antoine de Saint-Exupéry vino al Paraguay en 1929 a inaugurar la ruta Aeropostal. En San Bernardino se reencontró con Hilda Ingenohl. Una suite del Hotel del Lago rinde homenaje a esa historia de amor.

#CrónicasDeLaMemoria


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Lo primero que le impresionó fue el resplandor del lago Ypacaraí, que reflejaba a la luna como un gran espejo entre los cerros, un horizonte abrumado de colores por las últimas luces del atardecer.
Era enero de 1929. Habían salido de Asunción en auto, tras el intenso calor de la siesta que sofocaba al piloto francés, pero cuando el sol empezó a ocultarse y una fresca brisa los recibió en las calles de San Bernardino, él se fue poniendo de mejor ánimo.
–¿Podrías detenerte...? –le pidió a su compañero de la Aeropostal, el piloto argentino Leonardo Selvetti, residente en Asunción, gentil anfitrión de los viajes de Antoine de Saint-Exupéry al Paraguay.
Selvetti detuvo la marcha en lo alto del cerro. El francés abrió la puerta y contempló admirado el paisaje de esa villa fundada por inmigrantes alemanes en 1881. Quizás fue allí cuando le impresionó la silueta del cerro Patiño, al otro lado del lago, que parecía tener la rara apariencia de un sombrero, cuando en realidad era la forma de un elefante tragado y digerido por una boa. Habría que dibujarlo...
El auto cruzó la densa vegetación de un pequeño bosque tropical, hasta detenerse frente al pintoresco edificio del Hotel del Lago. Guillermo Weyler salió a recibirlos, junto con su esposa y una mujer elegante, de sonrisa felina, que apenas divisó a Antoine, acudió a abrazarlo.
Era Hilda Ingenohl, La Tigresa. Nacida en París, Francia, aunque de ascendencia alemana, millonaria y aventurera, llevaba cuatro años viviendo en Paraguay, desde que llegó a visitar a sus tíos, los Weyler, propietarios del Hotel del Lago y se enamoró del lago Ypacaraí. Compró una propiedad de 200 hectáreas en la zona, pero su residencia preferida era una suite del hotel, en una de las torres de estilo medieval.
"Hilda fue una mujer muy libre para su época, una de las primeras mujeres aviadoras del mundo. Se conocieron con Antoine en París, en una escuela de aviación. Cuando supo que él vendría al Paraguay, le invitó a pasar unos días en San Bernardino y los relatos aseguran que fue una historia de amor y pasión que se repitió en un segundo viaje", relata el diseñador y artista plástico Osvaldo Codas, actual gerente del Hotel del Lago, quien ambientó la misma suite con el nombre temático de Torre de la Tigresa para perpetuar esa leyenda.

FURTIVOS. Hay pocos datos sobre los viajes de Antoine de Saint-Exupéry al Paraguay, y menos aún sobre su romance con La Tigresa.
El escritor Augusto Roa Bastos relató: "Antoine de Saint-Exupéry fue a Asunción a inaugurar ese tramo a Buenos Aires, mucho antes de que escribiera El Principito... Hérib Campos Cervera lo encontró cerca de la Estación Central. Contaba que se sentaron a conversar en la Plaza Uruguaya, y que Hérib, en su mal francés, le relató el último concierto que el guitarrista Agustín Barrios dio allí, tras acarrear él mismo los bancos de la plaza para que la gente pudiera sentarse".
Mabel Selvetti, hija del también pionero de la aviación Leonardo Selvetti, cuenta que Antoine y su padre inauguraron el correo aéreo desde Buenos Aires hasta varias ciudades de Sudamérica, entre ellas a Asunción, pilotando los frágiles aviones Laté 25, de la empresa Latecoere.
"Él se quedó varias veces hospedado en nuestra casa, también en el Hotel del Paraguay y se iba a San Bernardino, pero en mi familia nunca comentaron del romance con Hilda. Él era un caballero francés, le gustaba la buena vida", recuerda Mabel.


Antoine e Hilda en Francia, cuando aprendían juntos a pilotar aviones.
AVENTURA. Antoine tenía 29 años cuando vino por primera vez al Paraguay. Había publicado sus dos primeros libros: El Aviador y Correo del Sur. Hilda era mayor, tenía 40, pero derrochaba sensualidad, provocando la fascinación de una mujer libre y aventurera.
"Antoine admiraba a Hilda por su especial forma de ser. La de ellos fue probablemente una relación especial, de amigos y amantes, de compinches de aventura y del placer de volar. Rodearon sus encuentros de cierta discreción, por eso probablemente esa relación casi no se menciona en la biografía oficial", dice Osvaldo Codas.
Antoine conocería en esos días, en Buenos Aires, a quien luego fue su esposa, la millonaria salvadoreña Consuelo Suncín. Hilda seguiría en Paraguay y acabaría casándose con un hombre de apellido Roger. Probablemente, ninguno de los dos olvidaría esos encuentros furtivos en el viejo hotel de San Bernardino.
–"Una noche tibia nos conocimos...".
–"Lo esencial es invisible a los ojos...".

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El Hotel del Lago, en San Bernardino, en la actualidad. La torre de la derecha es la Suite de La Tigresa.

Entre tigres, aviones y guerra en el Chaco

La llamaban La Tigresa. Según algunas versiones, porque cazaba tigres. Osvaldo Codas afirma que fue todo lo contrario: "Ella rescataba y protegía a los tigres ante el peligro del exterminio. Tenía varios especímenes en su propiedad y la acompañaban como mascotas. Fue también una pionera del ambientalismo".
Mathilde Bertha Emma Ingenohl, Hilde o Hilda, era hija del comerciante alemán Karl Heinrich Ingenohl, de Bonn, aunque nació en París, Francia. Según algunas fuentes, como Cristian Ganser, en su libro “Historia documental de San Bernardino" (Editora Litocolor, 1997), Hilde Ingenohl habría nacido el 22 de marzo de 1874.  En otras biografías, como la del Portal del Observatorio Cultural, se menciona que nació en 1889.
Estudió música en Leipzig, con el gran maestro húngaro Arthur Nikisch. Se alistó como enfermera en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
Aprendió a pilotar aviones en la École Militaire, la Escuela Militar de Francia, donde conoció a un joven Antoine de Saint Exupéry, relación que se mantendría en el tiempo.

EN PARAGUAY. Tras el final de la Primera Guerra Mundial, Hilda viajó a Montevideo, Uruguay, invitada por su amiga Grete Goetsch, quien era esposa del embajador alemán para Uruguay y Paraguay.
Hilda se dedicó a viajar por países de América del Sur, relacionándose con artistas, intelectuales y gente de mundo de la medicina. Aceptó ser directora del Hospital Alemán en Rosario, Argentina.
En 1925 llegó por primera vez al Paraguay, para visitar a sus parientes, los Weiler, dueños del Hotel del Lago en San Bernardino. Quedó encantada con el lugar y decidió adquirir una propiedad de 200 hectáreas junto al Lago Ypacaraí, en la zona del ex hotel, donde hoy funciona el Centro Residencial de Adultos Mayores del Instituto de Previsión Social (IPS).

MÚSICA. "Todos recuerdan a Hilda como una mujer excéntrica, amante de los aviones, los animales y la música", narra Osvaldo Codas, uno de los principales investigadores sobre su historia.
Daba clases de música a niños y jóvenes de San Bernardino y llegó a formar una orquesta sinfónica, que ofrecía conciertos en el Hotel del Lago y en las playas de Sanber.
"Se hizo muy amiga del gran maestro Remberto Giménez, a quien donó su piano de cola, que hoy se conserva en la Escuela de Música Remberto Giménez, de Itá", relata Osvaldo.
Decidió que la Torre Norte del Hotel del Lago sería su residencia más querida y allí recibió en dos ocasiones a su amigo Antoine de Saint Exupéry, durante largos días. Solo las paredes conocen los detalles de lo que pasó allí.
Cuando estalló la Guerra del Chaco (1932-1935), Hilda fue a alistarse como aviadora, pero por su edad madura (tenía 43 años) la enrolaron como enfermera.
Ayudó a curar a muchos soldados paraguayos y compartió el dolor de ese pueblo que aprendió a amar. Luego regresó a Bonn, Alemania, donde murió en 1953, aunque algunas biografías mencionan que murió en Asunción, en 1958.
Las imprecisiones acerca de su vida y su muerte son parte de los misterios que la rodearon…

Hilda en la Guerra del Chaco, enrolada como enfermera voluntaria.

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El Paraguay en la obra de Antoine de Saint Exupéry

“Una biznieta de Antoine de Saint-Exupéry me escribió desde Francia, contándome que en su familia saben que el famoso dibujo del sombrero, que está en el libro El
Pincipito, está inspirado en la figura de un cerro junto a un lago del Paraguay”, asegura Osvaldo Codas.
De este modo se refuerza la versión de que la imagen, que según el libro es realmente de una boa que se tragó a un elefante, reproduce la silueta del cerro Patiño, vista desde la playa de San Bernardino o desde el mirador de Altos.
En su libro Tierra de Hombres, el autor francés también nombra a nuestro país: “Me atraía, en el Paraguay, esa hierba irónica que muestra la raíz entre el pavimento de la capital y que, de parte de los bosques vírgenes, llega a ver si los hombres mantienen aún la ciudad…”.


El célebre dibujo del libro El Principito, que representa a un elefante tragado por una boa.

Vista del Cerro Patiño, al otro lado del Lago Ypacarai, desde las serranías de San Bernardino-Altos.