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martes, 20 de agosto de 2019

¡Chake los terroristas...!



El reciente decreto del Gobierno paraguayo en el que reconoce a Isis y a Al Qaeda como “organización terrorista global” y a Hamas y Hezbolá como “organización terrorista internacional”, además de convalidar el libreto que viene repitiendo el Informe anual del Departamento de Estado de los Estados Unidos desde hace más de una década, sosteniendo que existirían bases de algunas de estas organizaciones infiltradas en el seno de las comunidades árabes migrantes en la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina (sin que se haya exhibido hasta ahora pruebas convincentes, más que algún envío de remesas de dinero), es una evidente concesión por parte del presidente Mario Abdo Benítez a su actual nuevo protector, el expresidente Horacio Cartes, para favorecer a sus relaciones políticas y comerciales con el Estado de Israel.
Se produce de este modo el inicio de un brusco viraje en la política exterior del actual Gobierno, que había empezado anulando la mudanza de la embajada paraguaya de Tel Aviv a Jesuralén, dispuesta por Cartes en sus últimos meses de Gobierno (con clara intromisión paraguaya en el conflicto palestino-israelí), que había provocado el enojo y el retiro de la Embajada de Israel en Asunción, y había abierto nuevas relaciones diplomáticas con países del mundo árabe.
Acerca de este tema, habíamos escrito en setiembre de 2018 el artículo “Adiós, Israel; hola Palestina” en Última Hora. (Lo puedes leer aquí). 
Más allá de la percepción que cada uno tenga acerca de cuál de las medidas (la de Cartes primero, la de Marito después, la de Marito ahora) sea la más correcta para el país, lo que ahora queda en evidencia es que Cartes ya ha empezado a cobrar por su actual apoyo a Marito para salvarlo del juicio político, lo cual demuestra que el argumento de que ese generoso apoyo a su hasta hace poco principal adversario político es solo "por la patria" y a cambio de nada... es una soberana mentira.
La comprensión de los conflictos en el Medio Oriente resulta compleja para quienes manejamos distintas percepciones políticas, culturales y religiosas desde la distancia. Algunas de las organizaciones de violencia armada que actores políticos gobernantes de Estados Unidos e Israel consideran abiertamente como organizaciones terroristas, son vistas sin embargo por ciudadanos palestinos –el caso de Hamas- y libaneses –el caso de Hizbolá-, como movimientos armados de resistencia ante lo que consideran una invasión de sus antiguos territorios, y desde ese punto de vista, muchas familias islámicas migrantes consideran incluso un “deber patriótico” contribuir a estas causas, enviando remesas de dinero. Ignorar este sentimiento que anida en algunos miembros de las colectividades árabes establecidas en la zona de la Triple Frontera es ver solo una parte del problema, principalmente cuando se ignoran enormes operaciones de tráfico ilegal (narcotráfico, tráfico de armas, tráfico de personas, mega-lavado de dinero, contrabando de cigarrillos y productos electrónicos) por parte del crimen organizado transfronterizo que tienen consecuencias mucho más directas en la realidad social, política y económica de nuestros países.
Probablemente en los próximos meses veremos que todos los avances de contactos con países del mundo árabe que había iniciado el entonces canciller Luis Castiglioni, van a empezar a cortarse nuevamente y se reanudarán los lazos con Israel. Son opciones diplomáticas, solo que los referentes del actual Gobierno tendrán que asumirlos, con sus inevitables consecuencias. Esperemos que una de ellas no sea el aumento de la estigmatización y criminalización de las comunidades islámicas migrantes que habitan en el Este del país, mientras no existan pruebas concretas de que hayan cometido algún delito.

P.D.: El abogado José Alejandro Sánchez agrega: “La Organización de Naciones Unidas ubica al movimiento palestino Hamas como Parte Beligerante en un conflicto colonial (Resolución Consejo de Seguridad 2334/2016) Es un estatus legal internacional, no mi opinión. En cuanto a Hezbolá, este partido político armado del Líbano representa actualmente al 55% del parlamento libanés (en su alianza con los cristianos católicos maronitas) Ambos movimientos políticos armados son aliados tanto de Turquía como de Siria e Irán, así que en este punto puede haber consecuencias económicas para el recientemente abierto mercado turco a la carne paraguaya”.




martes, 27 de marzo de 2018

El general Colmán y Agapito Valiente siguen peleando en una calle de CDE



Una calle llevaba el nombre de un represor stronista. Se cambió por el del guerrillero que lo enfrentó mortalmente, pero la Municipalidad mantiene las placas. Dos visiones de una historia en conflicto.

#CrónicasDeLaMemoria


Andrés Colmán Gutiérrez
y Wilson Ferreira
CIUDAD DEL ESTE

Se enfrentaron con las armas hace cinco décadas.
De un lado, el ex maestro de escuela Arturo López, quien en 1960 asumió el mando de la columna guerrillera Mariscal López, del Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA), combatiendo a la dictadura de Stroessner durante diez años en Cordilleras, como el comandante Agapito Valiente.
Del otro lado, el general Patricio Colmán, comandante del Regimiento de Infantería 14, "uno de los represores más sanguinarios de la dictadura", según el historiador Andrew Nickson, quien persiguió a Agapito durante dos décadas, hasta que un pariente lo delató cuando iba escondido en la valijera de un auto, el 17 de mayo de 1970. Según testimonios, al abrir el maletero, el general Colmán recibió un disparo de Agapito que lo dejó malherido. Acribillaron al guerrillero e hicieron desaparecer su cadáver. Colmán murió dos años después, en un hospital de Estados Unidos, a consecuencias de la herida.
Ahora, ambos siguen peleando por el nombre de una calle en Ciudad del Este.

SÍMBOLO. A la entrada de Ciudad del Este, frente al viejo Hospital del Instituto de Previsión Social (IPS), se encuentra una calle que conduce al barrio Pablo Rojas, señalizada con carteles, con el nombre del general Patricio Colmán.
Es una denominación que le pusieron en épocas de la dictadura, cuando la capital del Alto Paraná se llamaba Presidente Stroessner. Tras el golpe de Estado de 1989, el nombre de la ciudad cambió, pero la calle seguía llamándose Patricio Colmán.
"Todos sabemos que el general Colmán fue un represor sanguinario, culpable del asesinato y la desaparición de muchos compatriotas. Por eso, un grupo de jóvenes planteamos a la Junta Municipal que se cambie el nombre de la calle por el del comandante Agapito Valiente, quien luchó contra Stroessner y Colmán por la libertad", narra Cristian Benítez, director teatral e investigador cultural esteño.
"Queríamos cambiar el símbolo de un represor criminal de la dictadura por el de un luchador de la libertad", explica Cristian.

Copia de la Ordenanza Municipal 01/99, que dispuso cambiar el nombre de la calle
EN EL PAPEL. El 9 de febrero de 1999, el pleno de la Junta Municipal de Ciudad del Este aprobó la Ordenanza 01/99 "por la cual se cambia el nombre de la calle denominada Patricio Colmán, del barrio Pablo Rojas, del distrito de Ciudad del Este".
En el artículo primero, dice: "Adóptase el nombre de Agapito Valiente a la calle que actualmente se denomina Patricio Colmán". La minuta había sido presentada por el concejal Fernando Vera Breglia y la ordenanza lleva la firma del presidente de la Junta, Pablo Mendoza Chávez, y del secretario, Sisinio Velázquez Insfrán.
"Fue una importante conquista para la ciudadanía, desde el punto de vista de rescatar la memoria ante la historia oficial, que sigue presentando a oscuros personajes como el general Colmán como si fueran héroes, y a los luchadores como Agapito Valiente como si fueran delincuentes, cuando en la realidad fue al revés, pero hasta ahora la resolución quedó solo en el papel. La Intendencia Municipal de Ciudad del Este nunca cambió las placas que dan nombre a las calles y se siguen conservando las del general Colmán, aunque ya sea algo ilegal", destaca Cristian Benítez.

Un monumento al general Patricio Colman, en el Comando de Ingeniería, en Asunción. (Foto: Fabián Chamorro)
DEUDA PENDIENTE. Hace algunos años, ante la falta de respuesta de la Intendencia Municipal, Cristian y otros jóvenes integrantes de organizaciones como el Club de Lectores del Alto Paraná y el Movimiento por el Boleto Estudiantil (MOBE) decidieron realizar una acción ciudadana y cambiaron uno de los carteles señalizadores, borrando el nombre de Patricio Colmán y pintando el del comandante Agapito Valiente.
Ahora los dos carteles están allí. El que lleva el nombre del general Colmán, en la entrada desde la avenida San Blas, visible y bien pintado. Y el otro cartel, al final de la calle, en el barrio Pablo Rojas, con el nombre de Agapito Valiente, ya muy herrumbrado.
Son dos visiones de una historia en conflicto.
Una perfecta metáfora de la memoria de un país.

Arturo López, más conocido como el comandante Agapito Valiente.

viernes, 24 de noviembre de 2017

La larga huida de Male’i, el excajero del EPP capturado en Brasil

Oscar Luis Benítez, alias Male’i, uno de los dos ex miembros del EPP capturados este viernes 24 de noviembre en Sao Paulo, había sido expulsado del grupo armado en 2011, acusado de haber donado 100 mil dólares a la campaña electoral de Fernando Lugo. Esta es su historia...

#CrónicasDeLaMemoria  


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Oscar Luis Benítez, conocido por el apodo “Male’i” y por el nombre guerrillero “Ramón”, llevaba más de seis años huyendo, tanto de la Justicia paraguaya como de sus propios ex compañeros del grupo criminal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), cuando en la madrugada de este viernes 24 de noviembre fue capturado por la Policía Federal Brasileña en el municipio de Itaquaquecetuba, en el estado de Sao Paulo, Brasil, junto con otro exmiembro de la banda, Lorenzo González.
Benítez era buscado por su participación en el secuestro de María Edith de Debernardi y de Cecilia Cubas, hasta que en 2011 los líderes del grupo lo expulsaron de sus filas, tras acusarlo de haber donado 100.000 dólares de los fondos que manejaba como administrador del EPP a la campaña electoral del ex obispo Fernando Lugo (quien ganó las elecciones presidenciales en abril de 2011).
Lorenzo González, por su parte, está acusado de haber participado del secuestro de Cecilia Cubas y de Fidel Zavala, y al parecer también ha desertado de las filas del EPP.
La historia de Oscar Luis “Male’i” Benítez tiene elementos que parecen sacados de una novela policía y así la habíamos contado en una publicación de Última Hora, el 27 de noviembre de 2011.
Ahora que finalmente su larga huida parece haber llegado a su fin, ya que se aguarda su extradición desde el Brasil para comparecer ante la Justicia paraguaya, vale la pena volver a contar sus andanzas, tal como lo habíamos hecho entonces:

***

En algún lugar, escondido entre cuatro paredes, está un hombre con identidad falsa, que duerme con un ojo cerrado y el otro abierto; mira constantemente de reojo a sus espaldas, y no se despega ni un instante del arma de fuego que lleva siempre consigo.
Se llama Óscar Luis Benítez, aunque usa otros nombres. Arrastra la oscura leyenda de haber sido administrador de las finanzas del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), en donde ganó el apodo de guerra “Ramón”, además del suyo, “Male’i”.
Su foto está multiplicada en los carteles de “buscados”, que distribuyen la Fiscalía y el Ministerio del Interior, ofreciendo recompensa por su captura, acusado de haber participado, junto a otros miembros del EPP, en el secuestro de María Edith de Debernardi (2000 y 2001) y en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas (2004 y 2005).

LA SENTENCIA. Un correo electrónico que llegó el pasado lunes 21 de noviembre a radio Ñandutí, selló la suerte de Male’i.
Desde la cuenta aguayo.ger-man@yahoo.com, el texto de-cía: “Comunicado del Ejército del Pueblo Paraguayo. Comunicamos a nuestro querido pueblo que: Luis Ramón Benítez fue expulsado de nuestras filas por haber pasado 100.000 dólares para la campaña luguista, prevalecido de su condición de administrador”.
Aunque mezcla uno de sus nombres reales con el de combate (Ramón), organismos de seguridad admitieron la posibilidad de que sea un comunicado auténtico del EPP.
“Estamos analizando el documento. Tenemos versiones de que Benítez habría quedado fuera de la estructura organizativa del EPP”, señaló la fiscala Antisecuestro Sandra Quiñónez.
Un poblador del asentamiento Sidepar 3000, en Canindeyú, lugar de residencia y base de operaciones de Benítez durante muchos años, admite: “Aquí sabemos que Male’i fue expulsado del EPP hace un tiempo y actualmente está escondido, con miedo a que la Policía lo agarre, pero también a que le maten sus propios excompañeros”.
El morador –quien reclama anonimato por seguridad–, revela que Benítez “estuvo trabajando hasta hace poco como peón en el establecimiento de Eduardo Núñez, en Sidepar, pero después se escapó de allí y permanece oculto. Tiene mucho miedo de que le conviertan en otro Severiano Martínez” (en alusión a otro exmiembro del EPP, quien desertó y se ocultó trabajando como peón en una estancia del Chaco, con identidad cambiada, hasta ser descubierto y caer abatido en un enfrentamiento con la Policía, el 27 de julio de 2011).

HISTORIA OSCURA. Nacido en Yhú, Caaguazú, Óscar Luis Benítez es uno de los muchos campesinos que en los 90 ocuparon tierras en la expropiedad de la empresa Siderúrgica del Paraguay (Sidepar), expropiada por el Estado paraguayo para 740 familias.
A principios de 2000, Juan Arrom y Osmar Martínez, líderes del partido Patria Libre (PQ), realizaron las primeras visitas para formar bases políticas en la zona, y Óscar Luis Benítez se convirtió en uno de los principales dirigentes.
Las condiciones de aislamiento y de difícil acceso en que se encontraba, a unos 280 kilómetros al noreste de Asunción, convirtieron Sidepar 3000 en uno de los bastiones privilegiados del EPP.
Hasta ese lugar asegura haber sido llevado el joven Rubén Darío Bernal, a fines de 2004, para recibir adiestramiento en técnicas de guerrilla, en la columna que lideran Osvaldo Villalba (comandante Alexander) y Manuel Cristaldo Mieres (subcomandante Santiago).
Bernal, más conocido como “el guerrillero arrepentido” tras entregarse a las autoridades en 2006 en Huguá Ñandú, asegura que el entrenamiento en los montes de Sidepar duró varias semanas, y contó con el asesoramiento de dos expertos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Óscar Luis Benítez, o Ramón, entró a formar parte del grupo armado y su habilidad en el manejo de las finanzas lo ubicaron en el rol de administrar los fondos provenientes de secuestros o de aportes cobrados a ganaderos, que en la jerga del EPP se denominan “retención a oligarcas” o “impuesto revolucionario”.

AGENTE INMOBILIARIO. El 28 de marzo de 2005, como parte de las investigaciones tras el secuestro de Cecilia Cubas, la Fiscalía allanó dos viviendas: una en Villa Cerro Corá, Lambaré, y otra en el barrio Palma Loma, de Luque.
En ambas casas, pero sobre todo en la de Luque, se encontró una compleja infraestructura de muñecos con figuras humanas y habitaciones con paredes a prueba de sonido, entre otras evidencias, que hicieron suponer que eran bases de adiestramiento para miembros del EPP.
Las indagaciones demostraron que la vivienda de Luque fue comprada por Óscar Luis Benítez, a nombre de Lidia Samudio, es una de varias otras que fueron adquiridas o alquiladas por el “agente inmobiliario” del grupo armado, utilizadas tanto para el secuestro de María Edith, como el de Cecilia Cubas.
Varios cuadernos incautados durante el procedimiento muestran el detalle con que Benítez anotaba los ingresos y egresos del dinero que manejaba, incluyendo gastos de compra de equipos de comunicación, movilidad, víveres, medicamentos y los costos inmobiliarios.
Juan Domingo Martínez, uno de los detenidos, relató que Óscar Luis Benítez, y su novia, Marlene Ortiz Meza, habitaban en la casa de Palma Loma, hasta que desaparecieron del lugar poco antes de la Semana Santa de 2005.
Marlene, la novia de Ramón, era hija de Hugo Julián Ortiz Villalba, docente de Sidepar 3000, quien sería asesinado diez años después, en setiembre de 2010, por miembros del EPP, cerrando un círculo de pólvora y sangre.

La vivienda de Palma Loma, Luque, adquirida por Oscar Benítez, donde se realizaron prácticas de entrenamiento del EPP.

Marcado por el crimen de su suegro

La sangre por el crimen de su exsuegro y abuelo de su hija, el educador Hugo Julián Ortiz Villalba, es la marca más fuerte que los pobladores del asentamiento de Sidepar 3000 le reprochan al ex administrador del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), Óscar Luis Benítez.
El docente, quien ejercía el cargo de director del Área Educativa Número 8, residía en una casa vecina a la de Óscar Luis, en el núcleo urbano de Sidepar 3000, y aunque en principio habían sido amigos y familiares, se distanciaron cuando Ortiz Villalba le recriminó por sus andanzas con el grupo armado y le pidió que se aleje de su hija Marlene, y de la pequeña hija de ambos (de Óscar Luis y Marlene).
Se tejen muchas versiones sobre las causas del asesinato. En Sidepar 3000 todos hablan en voz baja y con miedo, y nadie quiere asumir ser identificado en una entrevista. Pero en voz baja narran que el profesor Hugo Julián fue quien brindó algunos informes a las autoridades acerca de las andanzas del EPP en la zona, y por ello pagó con su vida. Y que uno de sus ejecutores, o cómplices, fue su propio exyerno, Óscar Luis Benítez.

EL CRIMEN. Sucedió cerca de las 9.30 del 1 de setiembre de 2010. El profesor Hugo Julián regresaba de la chacra con su esposa, Clotilde Meza, por un desolado camino rural, cuando les salieron al paso dos hombres con ropa militar tipo camuflaje y quepis cubriéndole los rostros, con armas de fuego, presumiblemente escopetas calibre 12.
La mujer cuenta que gritó y pidió clemencia, pero uno de los hombres disparó a quemarropa contra su marido. El primer tiro fue en el estómago, otro en la cabeza y el tercero directo al corazón. Tras cerciorarse de que Ortiz Villalba estaba muerto, se alejaron sin hacer caso a la mujer.                            
El crimen provocó la reacción de las autoridades, quienes ordenaron rastrillaje de la región, derivando en un enfrentamiento  entre  efectivos policiales y miembros del EPP,         el 3 de setiembre, circunstancias en que cayó abatido Gabriel Zárate Cardozo, alias Simón, considerado el número 3 en el mando jerárquico del grupo armado.
El otro que estaba con él logró escapar, sin precisarse su identidad, aunque los pobladores sostienen que era el propio Óscar Luis Benítez.      

ADIESTRADOR. Llamativamente, Gabriel Zárate Cardozo fue uno de los jóvenes campesinos que habrían sido captados y que recibió adiestramiento de parte de Oscar Luis Benítez.
En la lista se menciona además a Nimio y Vidalina Cardozo Cáceres, primos de Gabriel, y a Alcides Mereles Ruiz, alias “presi”.

***

Desde entonces, Oscar Luis Benitez se mantuvo huyendo, probablemente refugiado durante todos estos años en la clandestinidad en Brasil, junto con Lorenzo González, hasta que fue capturado por la Policía Federal Brasileña.

Su comparecencia ante la Justicia paraguaya podría ayudar a revelar mucho más datos importantes sobre la acción del grupo armado EPP, que actualmente mantiene a 5 ciudadanos paraguayos secuestrados en su poder.

Cartel de ofrecimiento de recompensa por miembros del EPP prófugos de la Justicia, entre los que figura el exadministrador Oscar Benítez y el ahora también capturado Lorenzo González.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

María Edith: Así ocurrió el primer secuestro que dio origen al EPP


El 16 de noviembre de 2001, Maria Edith Bordón de Debernardi fue secuestrada en el Parque Ñu Guasu de Asunción y sería mantenida 64 días en cautiverio, hasta ser liberada en la madrugada del 19 de enero de 2002.
Era el inicio de lo que pronto se consideraría “la industria del secuestro” y marcó en escena la aparición de un grupo armado que recién 7 años después, en 2008, reivindicaría para sí el nombre de una presunta guerrilla, el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
A 15 años de aquel hecho delictivo que conmovió a la sociedad paraguaya, ofrecemos la reconstrucción de lo ocurrido, tal como la hemos publicado originalmente en el libro “EPP: La verdadera historia”, que apareció en 2011, en una colección de 12 fascículos con el diario Última Hora.


#CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutiérrez

Ella iba prácticamente todos los días, de lunes a viernes, a realizar caminatas al Parque Ñu Guazú, el mayor espacio verde habilitado para realizar ejercicios aeróbicos, en un amplio campo cercano al Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi, en los límites entre Asunción  y Luque.
Maria Edith Bordón de Debernardi, apodada Nika, a pesar de ser la esposa del Ingeniero Antonio Debernardi, hijo de uno de los hombres más acaudalados y poderosos durante la dictadura stronista y el posterior periodo de transición, se movilizaba sin custodia, manejando ella misma su camioneta todoterreno, una Jeep Grand Cherokee, color gris metálico, chapa ABA 890.
Ese viernes 16 de noviembre de 2001, Nika se había levantado antes que su marido. Tras compartir desayuno con sus hijos, como a las 8:30, Antonio se dirigió a su oficina, y Maria Edith pasó a buscar a su amiga, Elizabeth Gunther de Niedhammer, para ir juntas a Ñu Guazú.
Se detuvieron en un supermercado a comprar botellas de agua mineral. Ninguna percibió que un automóvil, presumiblemente un Volkswagen Santana, también color gris metálico, las seguía a distancia.
“Al terminar de caminar, fuimos a mi auto y nos pusimos a conversar. Las dos estuvimos con las puertas abiertas. Repentinamente se acercaron tres muchachos a la mano izquierda”, relata Maria Edith, en su posterior declaración testifical ante la Fiscalía.
-Vamos a usar un ratito tu camioneta –le dijo uno de ellos, imperativo- ¡Esto es un secuestro!
Nika no opuso resistencia. A su amiga Elizabeth la bajaron del vehículo a empujones, mientras a ella la hicieron pasar al asiento de atrás, tapándole la boca para que no grite.
Uno de los desconocidos subió a su lado, los otros dos adelante, y el que ocupó el lugar del chofer puso en marcha el motor.
“Me hicieron agachar para que no vea el camino, y la persona que viajó a mi lado me estuvo atajando para que no me levante”, rememora.
Tres años más tarde, durante el juicio, Nika identificaría al hombre que la inmovilizó en el asiento trasero como Aldo Meza, miembro del grupo, también acusado de participar en el posterior secuestro y asesinato de Cecilia Cubas.
El vehículo iba a gran velocidad y ella sintió que en algún momento casi se volcó al girar. Los giros eran a la izquierda, en dirección a Luque.
Se detuvieron a pocos minutos y el que iba a su lado le colocó una capucha en la cabeza. Le unieron las manos atrás y las inmovilizaron con esposas. Le sacaron los calzados deportivos y le ataron las piernas con una cuerda. La metieron en una gran bolsa de plástico y la alzaron para depositarla acostada en un lugar que ella adivinó como la valijera de un auto.
El viaje continuó, con otras dos paradas, donde la sacaron y la volvieron a meter a la valijera de otros vehículos.  La música de la radio sonaba muy fuerte.
“Recuerdo que no podía respirar y pedí auxilio. Entonces uno de ellos se me acercó y me amenazó, me apuntó (con el arma) por la cabeza. Me dijo que me callara o si no me iban a reventar la cabeza, hasta que uno de ellos me abrió la capucha para poder respirar”, cuenta.
Entonces Maria Edith sintió que una mano le tocaba el muslo y después el pinchazo de una aguja.
Le habían inyectado un sedante.

La camioneta de Maria Edith, abandonada cerca del lugar donde la secuestraron.,
Conmoción en la ciudadanía

El ingeniero Antonio Debernardi llegó a su oficina, sobre la calle General Garay, poco antes de las 9:00, donde lo esperaban el arquitecto Julio Mendoza y los ingenieros Ricardo Levi y Jorge Moreno, para una reunión de trabajo.
Cerca de las 9:20, su teléfono celular empezó a sonar con insistencia, pero él no hizo caso, para no interrumpir la reunión.
A los pocos minutos, su secretaria, María Graciela Castillo, entró llorando a la sala.
“Me contó que la señora Gunther la había llamado por la línea baja y le había contado que habían robado la camioneta de mi señora, y que habían llevado también a mi señora…”, relata Debernardi, en su declaración testifical.
La reunión empresarial se interrumpió bruscamente. El esposo se puso en contacto con la policía para denunciar lo ocurrido, y en seguida empezó a movilizar por teléfono a varios amigos.
Uno de sus contactos con influencia en el Gobierno, el ingeniero Juan Manuel Cano Fleitas, logró que el Ministerio de Defensa Nacional ordene una rápida patrulla aérea con un helicóptero de la Armada, en busca del vehículo de María Edith.
Antes del mediodía, Cano Fleitas llamó para informar que la camioneta había sido encontrada, vacía y abandonada, en las inmediaciones del Club Internacional de Tenis, a poca distancia de la avenida Madame Lynch (Calle Última), no muy lejos del lugar en que se inició el secuestro.
No había rastros de María Edith.
Para entonces, voceros de la Policía ya habían filtrado la información a los medios de prensa. Las radio emisoras y canales de televisión emitían boletines especiales urgentes acerca del posible secuestro de la esposa de uno de los considerados “magnates de Itaipú”, nuera del ex presidente de la ANDE (Administración Nacional de Electricidad) y ex director paraguayo de la hidroeléctrica Itaipú durante la dictadura de Stroessner, y luego ministro de Hacienda durante el Gobierno de transición del general Andrés Rodríguez, el ingeniero Enzo Debernardi.
Pasadas las 10:00, el comandante de la Policía Nacional, Blas Chamorro, ordenó realizar los primeros rastrillajes y barreras de control en Luque, Limpio, Emboscada y otras zonas del Área Metropolitana, buscando cortar una posible huida de los secuestradores, sin obtener resultados. También se difundió un aviso de alerta máxima a todos los puestos fronterizos.
Era el primer secuestro que se producía luego de varios años en Paraguay.
Los anteriores casos conocidos fueron el del niño Mario Luis Palmieri, secuestrado y asesinado sin solicitud de pago de rescate, en marzo de 1982, y el del médico Wenceslao Meza, secuestrado y asesinado sin pago de rescate, en junio de 1992. El secuestro extorsivo como práctica criminal era entonces algo casi inusual en el país.
Las víctimas, los involucrados directos, los investigadores, las autoridades y el resto de la sociedad, no podían imaginar siquiera que estaban ante el inicio de una serie de más secuestros, ataques a establecimientos ganaderos, puestos policiales y militares, con pérdidas de vidas humanas… marcando la irrupción y la evolución de un grupo armado con un proyecto político de tipo guerrillero, y que con los años iba a reivindicar para sí el nombre de Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

La celda en que Maria Edith estuvo cautiva.
 Encerrada en un sótano, entre cucarachas y alacranes

“Llegamos a una casa, y uno de ellos me bajó y sentó en el piso. Después me llevaron a una cama. Entre ellos murmuraban, pero no podía escuchar lo que decían. Me daba cuenta de que se comunicaban por señas. Era solo murmullo lo que escuchaba, y tuve mucho miedo…”, sigue el relato de María Edith de Debernardi, acerca de lo ocurrido en esa primera mañana del 16 de noviembre.
Solo tres años después, los investigadores descubrirían que la casa en que la mantuvieron secuestrada estaba en el populoso barrio Palomar, de Asunción, sobre la calle Mencia de Sanabria Nº 313, casi Yataity Corá, a pocas cuadras de la confluencia de las avenidas General Santos y Fernando de la Mora, y había sido alquilada del propietario, Tito Cáceres Buena, por un miembro del grupo armado, Melanio Mencia Esteche.
Ella sintió que la cargaban hasta un lugar que al principio pensó era el interior de un ropero o un armario. Finalmente, cuando le sacaron la capucha, descubrió que estaba en un sótano, donde había una estrecha celda con paredes de hormigón y una puerta de metal con rejas. Allí la encerraron, tras liberarla de ataduras y esposas.
“No había luz, había mucho olor a humedad, las paredes estaban con revoque, había paredes con pinturas negras. El piso era de tierra. Había muchos bichos, alacranes, cucarachas. Mi cama era muy angostita, era de cemento, tenía un colchón de espuma, finito. Me acuerdo que la cama llegaba hasta mi rodilla, pero había un agujero dentro de la pared, en que podía meter mis piernas hasta la rodilla”, describe.
Al lado de su celda, del otro lado de los barrotes, dos hombres con el rostro cubierto por pasamontañas montaban guardia.
“Estaban armados, tenían cuchillos, granadas, pistolas y chichoneras. Uno de ellos me pasó un papel para que lea. Decía que no le tenía que hablar al guardia, no le tenía que mirar, y si necesitaba algo, tenía que pedirlo por escrito. Me comentó que había explosivos”, relata Maria Edith.
Para hacer sus necesidades fisiológicas le dieron un baldecito y una bolsa de basura. Además le dejaron un termo con agua.
La primera noche, uno de los guardias le avisó que el jefe del grupo iba a bajar a hablar con ella. El descenso era por un hueco, a través de una precaria escalera, como la que usan los pintores.
“La persona que se me acercó tenía un antifaz, con una camisa celeste tirando más al azul, mangas cortas y no un pasamontañas. No puedo precisar la edad que tenía. Era de cutis blanco, estatura mediana, como 1,75 metros aproximadamente, flaco. Se expresaba muy bien en castellano, y me explicó que era un secuestro, pero primero me preguntó cómo me llamaba, si yo era la señora María Edith. Me dijo que si yo cooperaba con ellos, no me iban a hacer daño, y que iban a pedir un rescate por mí, y que en ese momento se retiraba para hacer las tratativas con mi marido”, relata Nika.
Años después, durante el juicio oral, ella aseguró que el jefe que la visitó esa noche era el dirigente del Partido Patria Libre, Juan Arrom, quien además era pariente político suyo, ya que una hermana de Juan, Marina Arrom, estaba entonces casada con un hermano de Maria Edith, el médico Guillermo Bordón.

Una de las cartas que Maria Edith escribió desde su celda.
 Empiezan las negociaciones

Tras 48 horas de la desaparición de su esposa, sin haber recibido comunicación o noticia de ella, el ingeniero Antonio Debernardi tuvo la certeza de que no se trataba de un simple robo de vehículo, sino de un caso de secuestro extorsivo, y se preparó para afrontarlo. Contrató a la empresa inglesa Control Risck Group, consultora internacional en seguridad, que envió a un grupo de expertos a asesorarlo en las negociaciones.
Para entonces, la noticia se había instalado como tema central en los medios de comunicación. La sociedad paraguaya seguía con gran conmoción cualquier información sobre la suerte de Maria Edith.
La Policía Nacional destinó en forma exclusiva a 300 efectivos para ocuparse del caso, pero todo el cuerpo estaba en alerta máxima. Al frente de las operaciones se designó al jefe de Investigación de Delitos, comisario Roberto González Cuquejo, y como principal asistente al jefe de Represión a Robos de Automotores, sub comisario Antonio Saturnino Gamarra. Desde el Ministerio Público, se puso a cargo de la investigación a los agentes fiscales Hugo Velázquez, Cynthia Lovera y Sandra Quiñonez.
El 3 de diciembre de 2001, 17 días después de la desaparición de María Edith, se produjo el primer contacto con los secuestradores. Un sobre cerrado, dirigido al doctor Guillermo Bordón, hermano de la secuestrada, fue dejado en una clínica donde el médico cumplía labores. Adentro estaba otro sobre para Antonio Debernardi.
“Había una carta manuscrita de mi esposa, que supongo era del 30 de noviembre de 2001, porque hacía alusiones a publicaciones periodísticas de esa fecha. Incluía una carta hecha a máquina de escribir, donde lo resaltante es que me informaban que tenían secuestrada a mi esposa, y me pedían para su liberación la suma de 12 millones de dólares”, narra el esposo.
La carta estaba firmada con el seudónimo El Abuelo, que se mantendría en las once cartas que recibió el marido: nueve le llegaron en forma directa o a través de familiares y amigos cercanos, mientras una fue dejada en el local del diario ABC Color y otra en Radio Ñandutí. 
En la primera carta pidieron que responda con un texto publicado en la sección de avisos fúnebres de los diarios argentinos Clarín y La Nación. Debernardi insertó en el aviso que “el rezo se hará en la casa número 10 y no en la casa 120”, dando a entender que podía pagar 1 millón de dólares, pero no 12 millones.
El 11 de diciembre, un segundo sobre fue dejado en casa del ingeniero Roberto Nagy, socio comercial de Debernardi. Además de otra carta manuscrita de Nika, esta vez había una fotografía tomada con una cámara instantánea Polaroid, en la que ella aparece sosteniendo un ejemplar del diario Clarín, edición del 7 de diciembre de 2001. Acompañaba una nueva carta de El abuelo, en la que aceptaba bajar el rescate a 10 millones de dólares.
Un tercer sobre, dejado el 19 de diciembre también en casa de Nagy, aceptó bajar el monto del rescate a 5 millones. Pedía que Debernardi confirme su aceptación a través de Radio Ñandutí. El marido respondió que antes necesitaba escuchar la voz de su esposa por teléfono, para certificar que estaba viva, y en caso positivo redoblaba su oferta, aunque no habló de cifras.
El cuarto sobre fue dejado en casa del político colorado Eduardo Venialgo, el 21 de diciembre. Incluía un micro casete con un mensaje grabado con la voz de María Edith. El precio del rescate se mantenía en los 5 millones.
Se aproximaban las fiestas de Navidad y Año Nuevo, y todo hacía presagiar que las negociaciones iban a resultar mucho más largas de lo que la familia esperaba.

Tras su liberación, Maria Edith reconoce el túnel por el que la bajaron a su celda.

El juego del guardia bueno y el guardia malo

Al tercer día de su cautiverio en el sótano, Maria Edith fue alzada algunas horas a una habitación pequeña pero más ventilada, para luego ser devuelta a la celda.
Al cabo de una semana, la dejaron quedarse en esa pieza de modo más permanente. Luego la mudaron a otra, más cómoda. Manejaban los cambios de lugares de reclusión como un sistema de premios o castigos, según la actitud de docilidad o resistencia que ella asumía.
“Esa primera semana no comía, vivía a base de líquidos, no quería comer. Por el olor en el sótano, era imposible comer y no podía ni siquiera oler comida”, recuerda.
Una noche recibió la visita de una muchacha, delgada y morena, con el rostro cubierto por un pasamontañas, quien le proveyó medicamentos y tranquilizantes. Le llamó la atención que tenía cajas de Flexicamin B 12, comprimidos que ella debía tomar por una afección de tiroides. “Ella hablaba en castellano y su acento era de una paraguaya. Me ponía sedantes en la comida”, relata.
Entre las personas que se movían por la casa, Maria Edith contabilizó a unas ocho personas, incluyendo a una mujer que se encargaba de preparar la comida, y que estaba en ocasiones en compañía de un niño pequeño. A ella la identificaría luego como Carmen Villalba.
Dos hombres se turnaban en vigilarla y asumían roles distintos. Uno de ellos, al que llamó el guardia bueno y a quien durante el juicio identificó como Alcides Oviedo, era quien mejor la trataba.
“Solíamos conversar con este guardia, leíamos la Biblia, que me habían facilitado, le preguntaba por qué me hacían eso, respondiéndome que era por ambición, por dinero y por aventuras”, relató.
Nika lo describe como joven, de estatura mediana, muchos vellos, pelo corto de color negro, delgado, de cutis moreno, con una verruga cerca del ojo, en el pómulo izquierdo, cerca de la nariz. (Varias de estas descripciones físicas no coinciden con las de Oviedo, pero el Tribunal consideró esos datos como irrelevantes).
En cuanto al otro, a quien ella denomina el guardia malo, lo describe como muy petiso, muy flaco y muy nervioso, siempre con guantes y pasamontañas, con voz fina y con un trato muy despectivo e imperativo.
Durante el juicio, Maria Edith identificó como el guardia malo al periodista, poeta popular y dirigente de Patria Libre, Anuncio Martí. Para muchos que conocían a Martí, la acusación resultó difícil de creer, ya que el comunicador y activista siempre se caracterizó por un trato suave y afable con las personas con quienes se relacionaba, pero el Tribunal aceptó como válidas todas las evidencias.
“Con relación a las cartas que escribí, debía escribir lo que ellos me indicaban, y luego ellos las controlaban, obligándome a reescribirlas, si incluía algo que no era del agrado de ellos”, recuerda.
Le obligaron a tomarse fotos en dos oportunidades, sosteniendo un ejemplar del diario argentino Clarín, y otro del diario paraguayo Vanguardia, de Ciudad del Este, apuntándole con una ametralladora. Le colocaron vendas en el rostro, para simular que tenía heridas. 
“Para sacarme las fotografías, el guardia más agresivo me descompuso el peinado, lo cual me asustó mucho”, confiesa.
La mujer recuerda momentos críticos durante el largo cautiverio, que se prolongó durante 64 días. En una ocasión, escuchó que cavaban un pozo en el patio, y un escalofrío le recorrió la espina dorsal, al pensar que estaban ya preparando su tumba, pero el guardia bueno la tranquilizó. Eran solamente tareas de refacción en el jardín.


Una de las cartas que envió el jefe de los secuestradores, con la firma "El abuelo".
Caen los primeros implicados y se inicia el pago del rescate

Tras varios arrestos de delincuentes comunes, que no arrojaron pistas concretas, el 24 de diciembre, en vísperas de Navidad, la policía encuentra su primer eslabón, al detener en Luque a José Tomás Rosa, un hombre con antecedentes de asaltos a bancos, y a su esposa Nidia Estigarribia. El mismo día, en Ciudad del Este, es detenido De los Santos Saldívar, con antecedentes de robo y tráfico ilegal de vehículos.
Mientras José Tomás y su esposa negaron toda vinculación, Saldívar admitió que los tres fueron contratados para participar en el secuestro de María Edith. La mujer habría trabajado en vigilancia previa a la víctima durante un mes, y los dos hombres intervinieron en el plagio en Ñu Guazú.
Paralelamente, con participación de la fiscalía, Antonio Debernardi avanzaba en las negociaciones con los secuestradores. En la carta número 9, dejada el 5 de enero de 2002 en casa de Guillermo Bordón, se estableció 2.250.000 dólares como cifra final para el rescate y se dio instrucciones para el pago.
La carta 11, última en llegar el 9 de enero, estableció como día de pago el 14 de enero. Debernardi propuso como entregadores del dinero a Guillermo y Carlos Bordón, hermanos de María Edith.
En la noche del 13 de enero, Debernardi se reunió con los fiscales del caso, con quienes –según su declaración testifical-, procedieron a fotocopiar un millón de dólares, todo en billetes de a cien, certificando cada copia.
El lunes 14, según relata, decidió distribuir solo 400.000 dólares en dos bolsos deportivos, y completó el volumen con hojas de diario. En cada bolso puso una nota en la que aclaraba que era solo una primera entrega, ya que aún no había completado el monto requerido.
A las 12:30 recibió una primera llamada al número de teléfono celular habilitado (0971-126939), de una voz femenina “con acento colombiano, peruano o venezolano”. Las restantes llamadas fueron de otra mujer, con acento paraguayo, que adoptó el nombre Obdulio.
A las 18:30 se inició el proceso. Guillermo y Carlos Bordón partieron a bordo de un vehículo Zuzuki Maruti, color rojo, hasta frente al hospital central del Instituto de Previsión Social (IPS), en el barrio Trinidad. Debajo de una piedra hallaron una hoja de papel que marcaba el paso siguiente.
Tras un periplo que los llevó por toda la ciudad, recorriendo 6 estaciones más durante casi dos horas, llegaron a la última escala, sobre la avenida Ita Ybaté (21 proyectada) casi Estados Unidos, Barrio Obrero, donde tres hombres  jóvenes interceptaron al vehículo. Al grito del santo y seña convenido (“¡Obdulio! ¡Obdulio!”), se llevaron los dos bolsos de dinero, caminando por Estados Unidos hasta la calle 19 proyectadas, donde los esperaba un automóvil Kia Pride, color gris metalizado.
Debernardi y su compadre, el ingeniero Francisco Griñó, observaron la escena desde el interior de otro vehículo y pudieron anotar la chapa del auto Kia: 198174, del Municipio de Asunción.
Una posterior verificación permitió comprobar que la placa fue expedida a nombre de Gilberto Chamil Setrini Cardozo, uno de los seis miembros del grupo arrestados en Choré, en 1997, cuando pretendían robar el banco local, a través de un túnel cavado desde una casa vecina.

El entonces fiscal Hugo Velazquez muestra la foto de Maria Edith cautiva, que enviaron los secuestradores.

María Edith libre: De caso policial a escándalo político

Tras el primer pago, Antonio Debernardi asegura haber mantenido nuevos contactos telefónicos con Obdulio, a quien explicó que no podía reunir más de 1 millón de dólares, y propuso cerrar la negociación entregando los restantes 600 mil.
“Después de consultar, me resolvió afirmativamente, siempre y cuando la entrega fuese al día siguiente, a más tardar, que yo acepté”, relata.
El 18 de enero, tras coordinar detalles por teléfono, se preparó la entrega, en el mismo vehículo y con los mismos emisarios: Carlos y Guillermo Bordón.
El operativo comenzó a las 19:31. El santo y seña escogido fue “cuarenta y cinco”. 
Tras un largo periplo, a las 21:00 llegaron a la plazoleta Sagrado Corazón de Jesús, detrás de la Parroquia Medalla Milagrosa, en la ciudad de Fernando de la Mora, donde esperaron unos 40 minutos, hasta que dos jóvenes se aproximaron.
-¡Cuarenta y siete…! –dijo uno de ellos, y al percatarse del error, corrigió- ¡Disculpe, cuarenta y cinco! ¡No miren…! ¡Cuarenta y cinco!
Guillermo Bordón les pasó los bolsos con el resto del dinero, y los dos se marcharon caminando.
En la casa del secuestro, María Edith recibió instrucciones de vestir ropas de hombre. Le taparon los oídos con algodón y los ojos con curitas, le pusieron un kepis y lentes oscuros, y la alzaron a un vehículo en marcha.
“Sentí que la calle era accidentada, parecía ser de tierra y luego me dieron muchas vueltas, por aproximadamente una hora y media”, recuerda.
Pasada la hora cero del sábado 19 de enero, Antonio Debernardi recibió una llamada de Obdulio, pidiéndole que vaya a buscar a su esposa en Aviadores del Chaco y Santísima Trinidad.
Salió a gran velocidad en una Toyota Land Cruiser, color verde, acompañado de su padre, Enzo Debernardi, su hijo también llamado Enzo y su cuñado Guillermo Bordón, hasta la dirección indicada, donde aguardaron con impaciencia durante más de una hora. Otra llamada de Obdulio los dirigió a otra dirección, Santa Teresa y Denis Roa, y de allí, nuevamente a Coronel Cabrera y Santa Teresa.
A María Edith la habían bajado del auto y la hicieron sentar en la vereda, ordenándole que no se mueva hasta que vengan a buscarla. Cuando sintió que el vehículo se marchó, ella  se sacó los lentes y las vendas de los ojos. Se encontró sola, en medio de una calle desierta y oscura.
Antonio vio desde la distancia a la figura vestida con ropas masculinas y encendió la luz alta del vehículo. Su hijo abrió la puerta y bajó corriendo a abrazar a su madre.
Maria Edith sintió entonces que regresaba a la vida, después de 64 días en el infierno.
Esa misma madrugada, en medio de la celebración por el retorno de Nika en casa de los Debernardi, el jefe de Investigación y Delitos de la Policía Nacional, comisario Roberto González Cuquejo, hacia una revelación que dejó perplejo a los periodistas, y que en pocas horas convertiría lo que hasta entonces era un extraordinario caso policial, en un verdadero escándalo político: “Se trató de un desenlace exitoso de un plan de un grupo de izquierda, con intenciones de promover la desestabilización del Gobierno”.
A pocos minutos, en las redacciones ya circulaba la copia de una orden de captura contra Juan Arrom Suhurt y Anuncio Martí, dirigentes del Partido Patria Libre, y contra los seis ex miembros de la llamada “Banda de Choré”: Alcides Oviedo, Carmen Villalba, Gilberto Setrini Cardozo, Pedro Maciel Cardozo, Lucio Silva y Francisco Espínola Lezcano.