miércoles, 26 de noviembre de 2014

Escribir como quién vive, vivir como quién escribe



“Algunas veces vivo
y otras veces
la vida se me va con lo que escribo.
Algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo
que te arañe el corazón.
Luego arrojo mi mensaje
se lo lleva de equipaje
una botella
al mar de tu incomprensión”.

(Joaquín Sabina).       

* * *

Escribo para contarte quién soy, aunque a veces yo tampoco lo sepa muy bien.
Escribo como quien dibuja con palabras, o como quien construye un hogar con ladrillos de letras.
Escribo para dejar salir a esos extraños bichitos que siempre llevo adentro y que me roen permanentemente las entrañas, los muy malditos.
Escribo para exorcizar a mis demonios privados.
Escribo para asustar a mis fantasmas favoritos.
Escribo para purgar las culpas propias y ajenas.
Escribo para dejar que estallen mis crisis de conciencia.
Escribo para aliviar las heridas del alma y las del corazón.
Escribo para encontrar una forma de pagar las cuentas a fin de mes.
Escribo para disfrazar mi inutilidad más absoluta de plantar soja o de criar vacas, de hacer carrera como diputado o de traficar cocaína, de contar billetes ajenos en un banco o de mentir en los tribunales.
Escribo para que las palabras me ayuden a ganar un beso de mujer o una noche de pasión.
Escribo para imaginar que quizás me enamoro, y que mis palabras escritas dicen todo lo que probablemente nunca me animaré a expresar en persona desde el fondo de las venas abiertas.
Escribo para complacer la vanidad de ver mi foto en la solapa de un libro, aunque después ese libro solo junte telarañas en la biblioteca.
Escribo para que las palabras formen un puente sobre el cual atravesar la niebla, caminando al encuentro de ese país del cual tengo mucha nostalgia… por más que todavía no exista en el mapa.
Escribo para declarar mi suerte echada con los pobres de la tierra, y que la pluma también puede ser adarga al brazo a lomos de Rocinante.
Escribo para inventar el gran libro que tanto me gustaría leer, y que hasta ahora nadie ha tenido los huevos ni el talento suficientes para escribirlo... y después de terminarlo descubro que yo tampoco.
Escribo porque es mi manera de cometer el crimen perfecto; de matar sin mancharme las manos con sangre... aunque sí con tinta.
Escribo para que otros recuerden lo que estoy condenado a olvidar.
Escribo porque es mi manera de buscar a Dios, o a la Fuerza que dicen que es, allí donde esté, allí donde sea, o donde no.
Escribo porque no me quiero morir, y tengo la terca ilusión de que con las letras y los mundos que invento voy a seguir viviendo cuando ya sea apenas polvo y nada y siempre.

(Andrés Colmán Gutiérrez)


martes, 25 de noviembre de 2014

Las cruces que permiten hallar a los desaparecidos

 
Rogelio Goiburú muestra una de las cruces halladas en Ñu Kañy, Tava'i, donde luego se excavó y se halló el esqueleto de un presunto ex miembro del Movimiento 14 de Mayo, ajusticiado en 1960.
Los mataron y arrojaron en tumbas anónimas. Durante décadas se ocultó dónde fueron enterrados. Pero hubo gente que desafió al miedo, marcando los lugares con cruces, acudiendo a encender velas y rezar plegarias. Son las señales que resistieron al miedo y al olvido, y que hoy ayudan a encontrar a los desaparecidos por la dictadura stronista.

#CrónicasDeLaMemoria

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
 

Cuando caía la tarde y las primeras sombras se echaban sobre las verdes serranías de la compañía Ñu Kañy, de Tava'i, en una aislada región de Caazapá, algún observador atento podía alcanzar a ver cómo un pequeño grupo de personas se apartaban del camino de tierra roja y se metían en la espesura de un monte cercano, hasta desaparecer casi por completo entre la vegetación.
-¿A dónde se metieron esas gentes, mamá? -dicen que preguntó alguna vez un curioso niño campesino a su madre anciana.
-¡Sssht... no hables fuerte, mi hijo! -le reprochaba la mujer, en su gutural guaraní-. Ya se fueron ya otra vez a rezarle a esos Kurusu rebelde. ¡No vayas que a contarle a nadie...!.
Durante décadas enteras, lo que había pasado allí fue un secreto a voces.
Allí, escondidos en la espesura del monte, dentro de la propiedad de la familia Báez y de la propiedad de otra familia vecina, se encontraban cuatro cruces de madera que marcaban una tumbas anónimas, los lugares en donde "hace mucho tiempo", los militares y los "milicianos particú" (grupos paramilitares civiles), habían ejecutado  a sangre fría y enterrado a cuatro  presuntos guerrilleros  del Movimiento 14 de Mayo, que en 1960 ingresaron desde la Argentina para intentar derrocar al general Alfredo Stroessner.
El propio Juan Pablo Báez, hoy patriarca de la tradicional familia campesina de Ñu Kañy, vivió con horror aquellos años de cacería humana, cuando él era apenas un niño de 9 años.
A pesar de que sus padres habían intentado mantenerlos encerrados dentro de las casas, él cuenta que pudo salir y ver cómo los militares arrastraban a uno de los guerrilleros ejecutados y lo enterraban en una fosa, en medio del monte, sin ninguna marca ni señal, y los altos jefes militares que comandaban el operativo, les ordenaron que nunca cuenten nada de eso, porque podrían arrepentirse.
Pero la sangre de aquellos extraños ajusticiados con tanta violencia en esa tierra olvidada, era una marca que ellos no iban a poder quitarse de encima tan fácilmente.
"Unos años después, algunas personas que sabía bien en dónde los enterraron, entró al monte y pusieron en esos lugares las primeras cruces de madera, para marcar el lugar. No sabemos quiénes fueron esas personas, porque venían a escondidas. Varias veces las cruces se caían, pero siempre había alguien que las arreglaba, o cambiaban  por una cruz nueva. También había gente que venía a prender velas, a poner un paño a las cruces y a rezar", revela don Pablo.

Las cruces, una señal contra el miedo y el olvido.

Fulgencio Cabrera y Celso Torres, dos oficiales de la Policía Nacional, que integran el equipo de buscadores de restos que se encargó de formar el médico Rogelio Goiburú, titular de la Dirección de Reparación y Memoria Histórica del Ministerio de Justicia, son quienes se encargan de excavar la tierra con sumo cuidado, atentos a cada primer golpe que detecten los picos y las palas.
Junto a la pequeña cruz de madera hasta donde los condujo el agricultor Juan Pablo Báez, en la compañía Ñu Kañy de Tava'i, lo primero que los policías encontraron fueron restos de madera de otras cruces, pedazos de "kurusu paño" (paños de cruces) y restos de un platito de cerámica.
"Estos platitos son usados por las personas de la campaña como base para encender velas junto a las cruces. Esto es una evidencia de que había gente que venía a rezar y a prender vela ante estas cruces...", explica el suboficial mayor Fulgencio Cabrera.
Cruz que marca otra tumba anónima, en Triunfo 55.
Hace un año, en noviembre de 2013, cuando excavaron y desenterraron dos cuerpos de otros presuntos ex guerrilleros del Movimiento 14 de Mayo, en medio de un sojal, en Triunfo 55, a 12 kilómetros de la ciudad de María Auxiliadora, Itapúa, por indicación de dos ex soldados que actuaron en la represión en épocas de la dictadura, los excavadores también habían encontrado una pequeña cruz, esa vez de metal, que les señaló el camino.
Ambos cuerpos fueron exhumados e incorporados a los restos de 25 personas víctimas de la dictadura que ya habían sido hallados en otros lugares, y que aguardan ser sometidos a la identificación por examen de ADN.
Ahora, en camino hasta Tava'i, la comitiva del doctor Rogelio Goiburú se detuvo en Triunfo 55 a observar el sitio, y sus miembros pudieron comprobar que la cruz de metal sigue allí, clavada en medio del verde sojal que pertenece al colono Eitel Reinaldo Bécker, marcando el sitio de aquella trágica historia.
"Es una constante, que sobre todo en el interior del país, casi siempre encontramos. Algunos pobladores no hicieron caso a las órdenes de los represores, de que las tumbas permanezcan anónimas y perdidas, y marcaban estos lugares con cruces, seguramente por piedad cristiana y humana hacia una persona asesinada de manera tan violenta y sin respetar los derechos a un juicio justo", explica Rogelio Goiburú.
En algunos casos, incluso los pobladores les daban nombres a las cruces, como la denominada Kurusu rebelde, que se encuentra sobre la ruta entre María Auxiliadora  y Tava'i, donde también fue abatido un ex guerrillero, y que se volvió un lugar de veneración popular.
"Junto a los testimonios de muchos pobladores y de ex protagonistas, que nos han dado datos claves para encontrar los restos de los desaparecidos, estas cruces clavadas en medio del monte o de los campos, son una clave muy valiosa para saber dónde cavar. Son realmente señales que han resistido al miedo y al olvido", destaca Goiburú.

La búsqueda prosigue.

Tras el hallazgo en la tarde del miércoles 19 de un primer esqueleto de un presunto ex guerrillero del Movimiento 14 de Mayo, la tarea de exhumación de los restos prosigue durante el jueves 20, en un minucioso proceso en que los huesos son limpiados y cargados en cajas especiales, para luego ser trasladados hasta el laboratorio de Antropología Forense del Ministerio Público.
Un equipo de aproximadamente 12 personas, que incluye a agentes de criminalística de la Policía Nacional y a funcionarios de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, acompaña al doctor Rogelio Goiburú en su incansable búsqueda.
Un improvisado campamento de carpas y bolsas de dormir se ha instalado a la orillas del monte donde se produjo el primer hallazgo. Varios pobladores asisten a los expertos con platos de comida, agua fresca e incluso la participación de voluntarios en la búsqueda.
"No sabemos cuánto tiempo vamos a permanecer aún aquí. Hay otras tres tumbas de víctimas de la dictadura que vamos a excavar. Son otras tres cruces en medio del monte, que nos ayudan a recuperar la memoria...", dice Goiburú, también hijo de un ilustre desaparecido, durante la dictadura, cuyos restos aún no aparecen.

Los inmortales en la madrugada

                                                                                  
Allí estamos todos y todas, en esa clásica pose de turistas provincianos o 'valles' al pie del Obelisco de Buenos Aires, sintiéndonos 'paraguas' conquistadores de la madrugada porteña.
Allí estamos, a pocas horas de internarnos en un cuartel militar de Campo de Mayo y ser descuereados hasta la humillación por los Cascos Azules de Caecopaz - Naciones Unidas, en una semana de torturas a la que eufemísticamente llaman 'Curso para Corresponsales de Guerra'.
Pero eso será mañana... Ahora estamos allí, inmortalizados en la foto (que con toda seguridad la tomó el gran Rene González, ya que es el único que no aparece en cuadro) poco después de la medianoche de algún mes que no recuerdo, pero estoy casi convencido de que el año era 2007.
Estamos allí, quizás un poco ateridos por el frío porteño, lo cual explica las camperas y los abrigos, aunque Rosendo Duarte aparezca en mangas de camiseta, talvez más debido a las cervezas que nos habíamos tomado que a su legendario coraje de corresponsal fronterizo en Salto del Guairá. Yo aparezco en el medio, por pura y simple casualidad geográfica, aunque habrá quien diga que siempre quiero estar en el centro de las cosas (o de las fotos). A mi izquierda está la reina del periodismo del Sur, Clide Noemi Martinez (eso mirado desde nuestra perspectiva, no la del fotógrafo que mira desde el lente de la cámara, ni de quienes ahora miran la foto).Y a mi derecha está él, Pablo Medina, el único del grupo que hoy ya no podrá aparecer nunca más junto a nosotros en ninguna otra foto, porque unos cobardes y asesinos disparos nos robaron para siempre esa posibilidad. A su lado está Mariana Ladaga Pereyras, la tenaz reportera triple fronteriza, junto al veraniego Rosendo. Y del otro lado el siempre pintoresco Hombre del Norte, Alberto Núñez Barreto, que ya entonces compartía destino y competencia con Pablo, en su escarlata Capi'ibary. La postal se completa con el veterano reportero gráfico Anibal Gauto, sobreviviente de tantas batallas periodísticas, que en aquellos días nos prodigó su locura y su talento.
Confieso que extrañaba esta foto.
La recordaba de memoria, porque la había perdido en algún apagón de archivo o apocalipsis informatico... hasta que en estos días Clide me la devolvió en un posteo feibusquero.
Amo esta foto. Parecemos allí todos y todas tan inmortales, tan 'paraguas conquistadores en tierras porteñas', como aquellos antepasados nuestros que hace siglos llegaron desde Asunción a refundar Buenos Aires. Probablemente en esa memorable madrugada de pizzas, cerveza y risas, nosotros no refundamos nada más que la amistad y la camaradería, una idea compartida de periodismo de riesgo, enarbolada por encima de nuestras limitaciones y medios precarios, de nuestros sueños irreales y miedos reales.
Por eso amo esta foto... Porque allí Pablo Medina está tan vivo y presente, y desearía que esta vez la imagen resista a todos los apagones de archivos y apocalipsis digitales, para que lo mantenga (y nos mantenga) a salvo, lejos de narcos intendentes apadrinados por el poder, que se creen dueños de vidas y de países, capaces de ordenar impunemente a oscuros sicarios que nos borren a balazos de las fotos y de la vida.
Amo esta foto... aunque las alcohólicas y fraternas madrugadas periodísticas junto al obelisco porteño se hayan quedado allá tan lejos... y hayamos descubierto de tan cruel y dolorosa manera que no somos inmortales.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Silvio Pettirossi: Aquel primer vuelo, hace 100 años

Silvio Pettirossi, durante un vuelo en Reims, Francia.
Primero conquistó los cielos de Francia y de otros países de América, antes de llegar al Paraguay con su pequeño avión a bordo de un barco, ante una multitud que lo esperaba, ansiosa de verlo volar. El 17 de noviembre de 1914 hubo un primer accidentado vuelo junto al Palacio de los López, pero la explosión de acrobacia aérea se vivió a plenitud el 5 y 6 de diciembre, sobre Puerto Sajonia.

#CrónicasDeLaMemoria

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


El avión llegó a bordo de un barco. El 13 de noviembre de 1914, el vapor Formosa atracó primero en el Puerto de Villeta, en medio de una multitud que saludaba con banderas, pañuelos y sombreros desde lo alto de la barranca, a orillas del río Paraguay, gritando su apellido: "¡Pettirossi..! ¡Pettirossi..!".
Desde la cubierta, parado junto a su pequeño y ya legendario aeroplano, Silvio alzaba las manos, hasta que el capitán del buque le dijo que podía bajar al muelle a saludar a la multitud. Tenía apenas 27 años de edad y ya era un héroe nacional.
Horas más tarde, cuando el vapor arribó al Puerto de Asunción, otra muchedumbre los esperaba con igual entusiasmo. Apenas el aviador puso los pies en el atracadero, un numeroso grupo de personas lo alzó en andas y entre gritos de júbilo lo llevaron hasta la casa de sus padres, mientras muchos se trepaban a la embarcación  para observar y acariciar de cerca al mítico avión Deperdussin T monoplaza, al que él había bautizado con el nombre "Paraguay".
Era el "Rey del Aire" -como lo había bautizado la prensa francesa- o "el Acróbata del Aire" –como lo llamó el diario chileno El Mercurio-, que regresaba a casa, luego de haber deslumbrado a multitudes en Francia, en Brasil, en Argentina, en Chile. Pero aún le faltaba el público más entrañable, su propia gente paraguaya, que en su gran mayoría hasta entonces nunca había visto volar un avión.

"Me siento dueño del espacio..."

Aunque nació en Asunción el 16 de junio de 1887, fue en Roma, Italia, donde el pequeño Silvio se contagió del mismo delirio que antes había desvelado al gran Leonardo Da Vinci: imitar a los pájaros y conquistar los cielos.
Su padre, Atimo Pettirosssi, un italiano andariego que llegó al Paraguay tras la Guerra Grande y se casó con la paraguaya Rufina Pereira, quiso que sus dos primeros hijos, Alfredo y Silvio, tengan una educación europea y los envió muy pequeños a estudiar en Roma.
Con solo 7 años de edad, Silvio desembarcó en la patria de sus antepasados y fue atrapado por el rígido sistema del Liceo Spoleto, desde donde escapaba a las plazas vecinas a sentarse durante horas, mirando volar a las palomas.
En 1901, a los 14 años de edad, retornó a Asunción, con su febril cerebro habitado por los diseños futuristas de Da Vinci, que anticiparon al aeroplano, al helicóptero y al paracaídas.
Desde los árboles del frondoso Parque Caballero practicaba saltos con sus amigos, con un artesanal paracaídas que él mismo fabricó, ante los gritos de don Atimo, cada vez que llegaba con alguna luxación en la pierna.
Cuando en diciembre de 1903 supo que finalmente los hermanos Orville y Wilbur Wright habían logrado protagonizar el primer corto vuelo en un aeroplano, el Flyer 1, en Kitty Hawk, Estados Unidos, el todavía adolescente Silvio Pettirossi decidió que sería protagonista de esa nueva epopeya de la aviación mundial, en donde empezaban a inscribirse los nombres de otros pioneros: Santos Dumont, Henri Farman, Roland Garros, Louis Bleriot...
Fue un legislador argentino, el senador Benito Villanueva, quien le dio la oportunidad de viajar a Buenos Aires y conocer a Jorge Newbery, el as de la aviación argentina, quien lo apadrinó en su bautismo de aire. Su verdadero primer vuelo fue el que hizo en Buenos Aires, impresionando de tal modo a Newbery, quien le auguró: "Serás un gran aviador".
De aquella experiencia inicial, el propio Silvio Pettirossi relataría después: "Por primera vez me sentí dueño del aire, después de Dios".
Fue justamente Jorge Newbery quien le aconsejó ir a estudiar aviación a Francia, donde la naciente industria aeronáutica estaba más avanzada. Pettirossi golpeó puertas para conseguir una beca del Estado paraguayo y el respaldo de varios políticos de la época, como Luis Riart, Juan Cogorno, Manuel Gondra y Adolfo Chirife, le permitieron realizar su sueño.
El 4 de octubre de 1912, con 25 años de edad, Pettirossi parte a Francia y logra finalmente ingresar a la escuela de la fábrica de aviones Deperdussin, donde se enamora a primera vista del modelo de aeroplano que sería su compañero de aventuras.
El 3 de enero realiza su primer vuelo como aviador en Reims y el 27 obtiene su brevet de piloto. En Paraguay lo premian otorgándole el grado militar de teniente primero en comisión del Ejército Paraguayo. Era el primer militar aviador.
Desde entonces, su estrella no para de ascender. Vuelos de exhibición por toda Francia, rompiendo récords mundiales como la permanencia de 8 horas en el aire. La prensa francesa lo bautiza "Rey del Aire".
Una de sus hazañas más recordadas es haber quebrado el récord con la acrobacia conocida como "Looping the Loop", que nunca había sobrepasado de seis giros con el aeroplano en el aire. Pettirossi, en su primer intento, ¡logró hacer 37 giros! siendo la sensación europea.
Ante su fama, el Gobierno paraguayo le envía los fondos necesarios para adquirir su primer avión, Pettirossi manda construir su avión favorito: el Depeerdussin T monoplaza, con un motor Gnome rotativo de 7 cilindros y 60 HP. Lo bautiza con el nombre de su amado país: "Paraguay".
Con ese avión, todavía desmontado, viaja a Buenos Aires, en compañía del mecánico Maurice Becquet, donde lo ensambla y ofrece su primer show, en homenaje a su padrino Jorge Newbery, fallecido en un trágico accidente aéreo (como morirían muchos de los grandes aviadores pioneros, incluyendo más tarde al propio Pettirossi).
Crónicas de una exhibición de Pettirossi en Argentina.
 Sus piruetas en el aire con el pequeño avión, casi de papel, eran sensacionales y atraían multitudes, que lo contemplaban con los ojos desorbitados de asombro y gritos de admiración. Argentina, Brasil, Uruguay y Chile se rinden ante sus pies. "Pettirossi es aviador único en el mundo", publica El Mercurio, en Santiago. En Montevideo conoce a la mujer que será su esposa, Sara Usher Conde.
Pero le falta lo mejor: regresar a su querido Paraguay y maravillar con su arte a su propio pueblo.

Aquel primer accidentado vuelo

Siete días después de su llegada a Asunción, el ansiado primer show del pionero de la aviación paraguaya se desarrolló en la playa de arena a orillas de la Bahía de Asunción, frente al histórico Palacio de López.
Una gran multitud se había congregado en lo alto de las barrancas, en las inmediaciones del Palacio y del Cabildo, para acompañar el primer show aéreo del ídolo nacional en su propia patria.
El aeroplano "Paraguay" pudo levantar vuelo en medio de gritos y aplausos y realizar varias piruetas en el aire, sobre el espejado horizonte de la Bahía, pero el fuerte viento jugó en contra y la hélice se torció al aterrizar. El público se quedó con ganas de ver más.
El ingenio paraguayo ayudó a salvar el problema. En los Talleres Bozzano, los mecánicos le fabricaron una hélice de madera de petereby-jhú, que resistió muy bien a las pruebas.
El 5 y 6 de diciembre de 1914, Pettirossi se tomó la revancha con el público paraguayo. Ante unas 15.000 personas congregadas esta vez en el Puerto de Sajonia, el pequeño monomotor "Paraguay" volvió a levantar vuelo y a prodigarse en numerosas acrobacias aéreas.
"Era una multitud expectante y nerviosa, que subrayaba con aplausos y con vítores cada arriesgada suerte... porque era una fiesta de valor y de audacia, de arte elegante y arrojado, la que nos brindó el piloto", narra la crónica publicada en El Diario de Asunción.
El propio presidente de la República, Eduardo Schaerer, acompañó el show aéreo. "Pettirossi subió hasta los 1.000 metros y después de planear un rato, inició unos virajes elegantes y precisos. Después de 20 minutos de vuelo, tras una magistral 'fenille morte', el Deperdussin pasó como una exhalación entre el gentío y después de un viaje último, aterrizó", sigue la crónica periodística.
La narración de lo sucedido después, es apoteósica: "En un delirante entusiasmo, en tanto que las gargantas se enrojecían con los gritos y flotaba como un frenesí en el ambiente, el pueblo entró en la pista, llegó como un oleaje hasta el aparato, alzó en andas al piloto y lo sacó del recinto, espléndido en el gallardo homenaje, hirviente de júbilo y de emoción".
Era el mayor momento de gloria del "Rey del Aire", el pionero de la aviación paraguaya recibiendo todo el cariño de su pueblo, por haberle dado tanta satisfacción y orgullo en sus aún pocos años.
El Deperdussin T seguiría volando con libertad y gloria durante los meses siguientes, llegando a la exposición internacional de San Francisco, Estados Unidos, en 1915. Allí también sufrió uno de sus accidentes más serios, cuando su avión perdió los tensores alares y sus alas se doblador, obligándolo a acuatizar sobre el mar. Afortunadamente, pudo salir ileso.
No fue así el 17 de octubre de 1916, en Buenos Aires, cuando el heroico monomotor "Paraguay" realizaba otras de sus clásicas acrobacias y un tensor del ala izquierda se soltó, arrojando al aparato en picada desde más de mil metros de altura, cayendo a tierra con un tremendo impacto.
Silvio Pettirossi falleció instantáneamente. Su reloj pulsera se detuvo por el golpe a las 09.25. Tenía 29 años de edad, con las puertas de la inmortalidad abiertas frente a él.

¿Se hubiera imaginado Silvio que, a cien años de aquel histórico primer vuelo, unos apasionados colegas aviadores paraguayos volverían a construir la réplica exacta de su avión, para volver a surcar el cielo guaraní...?

sábado, 8 de noviembre de 2014

Intendente, se busca

Vilmar Acosta Marqués (derecha) posando junto con el presidente de la República, Horacio Cartes,  
Tras apagarse el eco de los disparos asesinos, la fronteriza ciudad de Ypejhú, en el Departamento de Canindeyú, se quedó repentinamente sin intendente municipal.
Vilmar Neneco Acosta Marqués, quien ganó las elecciones en el 2010 como candidato del Partido Colorado y le tocaba ejercer el cargo hasta el 2015, desapareció abruptamente, mientras las versiones periodísticas empezaban a mencionarlo como el que ordenó el asesinato del periodista Pablo Medina y su acompañante Antonia Almada, acribillados en un desolado camino, en las cercanías de Villa Ygatimí, en la tarde del jueves 16 de octubre.
Los sucesivos allanamientos a su despacho municipal y luego a su estancia particular Dos Fronteras solo permitieron confirmar con evidencias lo que ya casi todos conocían en la región: que el intendente era uno de los máximos capos regionales de la producción y distribución ilegal de marihuana, jefe de una gavilla de narco-asesinos.
El 12 de octubre de 2010, casi un mes antes de las elecciones y siendo candidato oficial de la ANR, Neneco ya se había visto envuelto en una violenta guerra de bandas de narcotraficantes, cuando los sicarios de una banda rival asesinaron a balazos a dos de sus hermanos, Víctor y Elio Acosta Marqués.
Neneco contraatacó acusando del asesinato a los miembros de la familia Giménez, que eran sus principales competidores en el tráfico de marihuana y comandó una sangrienta venganza, que incluyó la quema de las viviendas de los Giménez, a pocas cuadras de la comisaría local.
El haberse visto involucrado personalmente en esta "guerra de gánsters", a la vista de toda la población, no le impidió ganar las elecciones del 7 de noviembre de 2010 por 1.055 votos sobre los 2.036 depositados en las urnas, que equivalen al 51% de votos (uno de los más altos porcentajes obtenidos en Canindeyú).
¿Qué es lo que lleva a que un partido político centenario sostenga la candidatura electoral de un conocido narcotraficante? ¿Qué es lo que lleva a gran parte de una población como la de Ypejhú a votar por él, aunque todos sepan muy bien sus actividades ilícitas y criminales? Quizás encontrar respuestas a estas preguntas nos permita reconfigurar el destino de este país.
Este lunes 10, la Junta Municipal de Ypejhú debe reunirse a elegir a un nuevo intendente, para llenar el vacío dejado por Neneco. Ojalá no vuelvan a elegir a otro narco. Mientras, el rostro de Vilmar Acosta Marqués ha pasado de los carteles de "Vote" a los carteles de "Buscado", como en la época del Far West.

(Publicado en la columna “Al otro lado del silencio”, sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 8 de noviembre de 2014).

                           

lunes, 3 de noviembre de 2014

La guerra entre dos bandas brasileñas del narcotráfico desangra al Paraguay

 
El príncipe de la marihuana, Ramón Morel, concedió una entrevista estando prófugo. Se asoció con Fernandinho Beira-Mar, quien luego lo mandó asesinar junto a parte de su familia y le arrebató el negocio.
Por detrás del asesinato de Pablo Medina y la violenta expansión del narcotráfico existe una sórdida guerra entre el PCC y el Comando Vermelho, que se disputan el control del actual mercado de drogas.

#CrónicasDeLaMemoria

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Una camioneta Nissan doble cabina, color azul, se detuvo con una fuerte frenada ante el depósito Oro Blanco, en las afueras de Capitán Bado, Amambay. Cuatro hombres con revólveres y escopetas bajaron con rapidez y sorprendieron al único hombre que montaba guardia, Eudaldo Espínola, a quien dispararon antes de que pueda reaccionar.
Dentro del local estaban los hermanos Ramón y Mauro Neni Morel, quienes al escuchar los estampidos buscaron sus armas, pero la puerta se abrió con violencia y los recién llegados los acribillaron con fría eficacia mortal.
Eran aproximadamente las 12.35 del sábado 13 de enero de 2001. Aquel ajusticiamiento múltiple marcaba el fin de una era en el crimen organizado fronterizo: la extinción casi total del imperio del llamado Príncipe de la marihuana, Ramón Cristóbal Morel Escobar, cuya familia había controlado la producción y el tráfico del estupefaciente en toda la región, durante más de dos décadas.
El verdadero iniciador del negocio, el patriarca brasiguayo João Morel, padre de Ramón, el Rey de la marihuana, se encontraba preso en una cárcel de máxima seguridad en Campo Grande, Brasil. El 21 de enero, una semana después del asesinato de sus hijos, João murió acuchillado por otro preso, dentro de su propia celda.

EL SOCIO. El que ordenó la extinción de la familia Morel, según reconoció él mismo en una entrevista periodística, fue Luis Fernando da Costa, alias Fernandinho Beira-Mar, máximo líder de la organización criminal brasileña Comando Vermelho (CV).
Beira-Mar llegó al Paraguay a mediados de 1998, buscando refugio ante la persecución en Brasil. Fue protegido por los Morel en Capitán Bado, con quienes se asoció y a quienes enseñó a ganar más dinero, "dando una nueva dimensión, más moderna y global, a la producción tradicional de la marihuana y al tráfico de cocaína, agregando una fuerte conexión con el tráfico de armas y el lavado de dinero", destaca un informe de la Policía Federal brasileña.
Hasta entonces, el narcotráfico estaba geolocalizado y controlado por unos pocos padrinos de la mafia, como los Morel en Capitán Bado y los turcos en Pedro Juan, quienes ejercían una violencia criminal contenida y despertaban simpatía en sectores de la población con actos asistencialistas y financiamiento a políticos. Ramón Morel era presidente de la seccional colorada de Capitán Bado y candidato a intendente municipal cuando fue asesinado.
En marzo de 1995, mientras era buscado por la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), Morel concedió una entrevista a este reportero de Última Hora. "Aquí los campesinos plantan marihuana, porque o si no se van a morir de hambre, el Estado los tiene abandonados", justificó.

APROPIACIÓN. La extinción de los Morel a manos de los sicarios de Beira-Mar marcó el desembarco de las dos principales organizaciones criminales brasileñas, primero el Comando Vermelho (con sede central en Río de Janeiro) y luego su más fuerte competidor, el Primer Comando Capital (PCC, con sede en São Paulo), en territorio paraguayo, disputándose el mercado de la producción y venta de drogas, que hasta entonces estuvo principalmente en manos de mafiosos paraguayos.
Antonio Celso dos Santos, jefe de la Policía Federal en la Embajada de Brasil en Asunción, dijo en mayo de 2011 al diario Folha de São Paulo que el PCC y el CV "adoptaron al Paraguay como el mejor lugar desde dónde operar". Se asociaron con criminales paraguayos, eliminaron a los intermediarios y se apropiaron del mercado local de drogas y armas, al cual hicieron crecer en proporciones asustadoras.
"Aquí existe facilidad y corrupción policial. Hoy, si un bandido quiere crecer, tiene que tener condiciones favorables, y el Paraguay las ofrece", dijo el policía brasileño.

LA EXPANSIÓN. Con la abierta guerra entre el PCC y el CV por el control del territorio arrebatado a los Morel y a los turcos en los años 90, el narcotráfico se expandió a nuevos territorios, principalmente Canindeyú, Alto Paraná, Concepción, San Pedro, Itapúa, Caazapá y Misiones, en donde incorporó nuevos rubros delictivos, como el contrabando de cigarrillos.
Además de consolidarse como principal productor de marihuana (se habla de 4.200 hectáreas de cultivo) en Sudamérica, Paraguay se volvió lugar clave para concentrar y redistribuir la cocaína llegada de Bolivia y Colombia, con destino a Brasil, Estados Unidos y Europa, según el sitio web InSigth Crime.
Tanto el PCC como el CV están caracterizados por una violencia criminal desmedida. Ejecuciones y ajustes de cuentas que cobran víctimas en sectores de la población, y que amenazan con desangrar al país que han elegido como base de operaciones.

lunes, 20 de octubre de 2014

Cuando matan a un periodista, hieren al corazón de la democracia


De izquierda a derecha: Rosendo Duarte, Clide Martínez, Anibal Gauto, Andrés Colmán Gutierrez, Pablo Medina, Mariana Ladaga, Carlos Alberto Núñez y René González, desafiando a la madrugada bonaerense frente al Luna Park.

Qué terrible noticia, Pablo Medina, la de esta calcinada tarde del jueves 16 de octubre de 2014.
Qué terrible que hayamos regresado otra vez, como en un siniestro túnel del tiempo, a esa angustiosa tarde de hace 23 años, cuando mataron a Santiago Leguizamón en otra frontera, un poco más arriba, también por intentar acallar su voz incómoda.
O a ese otro luctuoso día, hace 13 años, cuando mataron a tu hermano Salvador Medina, en los montes de Canindeyú, para que deje de denunciar el tráfico de rollos de madera, la siniestra red de corrupción y narcopolítica que se ha ido adueñando de los territorios de la patria.
Me acuerdo cuando nos abrazábamos para darnos coraje, en esos encuentros de periodismo de riesgo, en que supuestamente nos adiestraban para burlar al peligro.
Me acuerdo por sobre todo de aquel curso para corresponsales de guerra que nos tocó asistir juntos, en el campo de entrenamiento de la Caecopaz, en Campo de Mayo, Buenos Aires, hace ya algunos años.
Horas antes de internarnos en las trincheras, nos dieron una noche libre, en que nos perdimos por los bares de Puerto Madero. Estaban Rosendo Duarte, Clide Noemi Martinez, Mariana Ladaga Pereyras, Alberto Núñez Barreto, René Gonzalez, Aníbal Gauto. Tomamos unas cuantas cervezas, hicimos muchas bromas, me acuerdo que alguien te puso de apodo "Chupa Pou", porque unos días antes te habían tomado de rehén los indígenas Aché de dicha comunidad, junto a otros colegas, en su conflicto de tierras.
Nos reímos mucho en la madrugada bonaerense, hicimos chistes, tomamos más cervezas, nos abrazamos con afecto de colegas y de buenos amigos.
De esa noche son algunas de estas fotos, que entonces nos sacó René.
Al día siguiente nos metieron a los cuarteles por casi una semana. Nos dieron un casco y una máscara de gas, nos hicieron correr entre obstáculos, arrastrarnos sobre mierda en la oscuridad, saltar a un estanque, quedarnos acostados sobre el asfalto mientras un tanque de guerra nos pasaba por encima, ser secuestrados y aprender a negociar. Supuestamente nos adiestraban para escapar del peligro. ¿De qué te sirvió, querido Pablo…? Cinco certeros balazos de sicario acribillaron tu tenaz labor informativa, junto con los jóvenes sueños de tu acompañante, Antonia Maribel Almada, en una desolada y roja carretera de Canindeyú.
Triste país este, que a veces parece avanzar con luces de esperanza, y en otras retroceder terriblemente hacia los tiempos más grises y las prácticas más oscuras. En estos días, cuando un estudiante chileno era secuestrado por la policía, como si viviéramos en las peores épocas de la dictadura, me preguntaba cuál sería la próxima mala noticia. Nunca creí que sería tu muerte, de la que  tardé en enterarme, porque estaba haciendo tareas de campo en zonas remotas, sin conexión a internet.
Cuando lo supe, gracias a una solidaria llamada de la amiga y colega Susana Oviedo, no pude más que enviar un gran abrazo de solidaridad a todos mis colegas del diario ABC Color, y a todos mis colegas periodistas hombres y mujeres de todos los medios y ámbitos, con quienes comparto este hondo pesar, esta dura indignación, y sobre todo esta certeza reafirmada de que no acallarán nuestra voz, ni lograrán que retrocedamos en nuestra tarea de seguir contando lo que pasa, junto a la gente, siempre con la gente.
Pablo querido, estés donde estés, seguramente ya reunido con Salvador, en tu memoria hago un brindis como aquella madrugada de risas y de abrazos, para vencer al miedo, para darnos coraje, para que estemos juntos, más que nunca, entre nosotros y con la gente buena. Y que no nos cansemos de exigir justicia, en tu nombre y el de todos nuestros colegas asesinados, en la mayoría de los casos todavía en la impunidad.


(Escrito y divulgado en las redes sociales en la tarde del jueves 16 de octubre, a pocas horas del asesinato de Pablo Medina, corresponsal del diario ABC Color, en la región de Villa Ygatimí, Canindeyú, donde dos sicarios lo acribillaron a él y a su acompañante Antonia Almada. Lo rescato en este blog, a pedido de varios lectores).

viernes, 3 de octubre de 2014

Los 17 de Arlan: No hay canción de cumpleaños feliz

 
Arlan, celebrando el cumpleaños de su sobrina Maria Victoria, hijita de su hermana mayor Neusa.
Este viernes 3 de octubre no hay cumpleaños feliz con sus familiares. / Foto: Gentileza 

Arlan Fick Bremm cumple sus 17 años de edad, secuestrado por el EPP. No hay pruebas de vida, ni noticias de su situación. En la mesa familiar solo hay una silla vacía, un triste sabor a ausencia y a abrazos imposibles, una vela de cumpleaños que no se apaga. Como la esperanza.

#CrónicasDeLaMemoria

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Arlan está allí, sonriente frente a una gran mesa con manteles blancos y rosados, en cuyo centro se observa una gran torta con velitas. El joven está allí, parado en medio de adornos y globos inflados, con inscripciones que dicen "¡Felicidades!, mirando contento hacia la cámara fotográfica.
Lamentablemente, la foto no es de ahora, sino de otro cumpleaños, hace algún tiempo atrás, cuando la casa de los Fick Brem se llenaba con eco de fiestas y alegrías.
Era la celebración de los 4 añitos de Clara Victoria, la hija de Neusa Fick, hermana mayor de Arlan, con quien el joven posa feliz, cargando en brazos a su pequeña sobrina.
Ahora, solo reina el silencio...
"Esta vez, no habrá celebración", le dice un vecino de los Fick a Estefanhy Cantié, periodista de la revista Teveo, quien llegó hasta Paso Tuyá, Concepción, para retratar ese enrarecido ambiente de tristeza, miedo, dolor, aprestos militares y mucha añoranza por el joven ausente. Su informe compone el reportaje de tapa en la última edición de la revista.
En Paso Tuyá nadie acepta hacer declaraciones periodísticas, ni aparecer en fotografías.
Hay silencio. Miedo. Carros militares blindados que recorren las calles. Soldados con armas que cercan el pueblo.
Murmuraciones en voz baja.
Llanto callado en el interior del hogar de los Fick.
Don Álcido, a quien apenas se lo ve cuando sale para el silo o para el campo. Doña Melania, que ordeña sus vacas con rostro dolido y quien a la tarde se encierra a rezar. Solo sus pequeñas nietas, Marisol, Clara, Nadia, Fernanda, entre sus juegos inocentes, le ponen risa infantil a la cotidianidad.
Este viernes 3 de octubre de 2014 Arlan Fick Bremm, el benjamín de la casa, cumple 17 años de edad. Solo que Arlan no está en casa.
Desde hace 184 días permanece secuestrado en manos del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Desde que vinieron a llevárselo, con armas y mucha violencia, la noche del 2 de abril, aquel confuso episodio de tiroteos con los policías y militares de las Fuerzas de Tarea Conjunta, dejando un saldo de tres muertos y varios heridos, y un enorme hueco en el corazón de una madre.
Hoy no hay canción de cumpleaños feliz.

Una de las fotos en que Arlan aparece con sus padres Álcido y Melania, y con sus tres hermanas Neusa, Solange y Rosinei. / Foto: Gentileza

"¡Mamá, ayudame...!".

Hay una desgarradora escena que probablemente no se le borrará nunca de la memoria a Melania Bremm, la mamá de Arlan.
Es la imagen en la que su hijo es llevado a empujones por el grupo de hombres armados, mientras él le dirige a ella una última mirada suplicante, mientras le implora: "¡Mamá, ayudame...!".
Doña Melania hubiera querido hacer de todo por responder a ese llamado suplicante de su hijo, pero los miembros del EPP la contenían apretándola contra la pared con los cañones de sus fusiles de asalto, obligándola a permanecer quieta, al igual que el resto de su familia, mientras ella veía a Arlan perderse en las sombras, arrastrado por los demás hombres armados. Es la última imagen que le quedó de él.
Esta escena es relatada por los vecinos, que siempre piden "no pongas mi nombre en el diario". También es admitida en uno de los escritos de Neusa Fick, la hermana mayor: "Quién se imaginaría que en esa noche serías arrastrado por el monte, en contra de tu voluntad, y que a nosotros nos rompería el alma no poder hacer nada para evitar que te lleven".
En contra de la versión oficial del ministro del Interior, Francisco de Vargas, quien en principio planteó que a Arlan solo se lo llevaron como rehén, al verse atacados, los integrantes del EPP tenían planeado el secuestro del joven desde hace meses.
De ascendencia brasileña, proveniente de una familia a la vez oriunda de Alemania, Álcido Fick es considerado uno de los más importantes productores agroganaderos que se establecieron en Paso Tuyá, distrito de Azotey, Concepción. Casado con la también inmigrante Melania Frem, su familia está integrada fundamentalmente por hijas mujeres; Neusa (28), Solange (24) y Rosinei (23). Arlan el benjamín de la casa y es el único varón, ya que hasta las cuatro nietas actuales son mujeres.
El 24 de diciembre de 2013, mientras los Fick estaban participando de la misa de navidad en la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, personas desconocidas entraron a su casa y se llevaron una computadora portátil notebook. Lo que se presumió era un simple robo, en realidad era una "operación de inteligencia" de miembros del EPP, buscando información sobre los bienes y las cuentas del productor.
El 2 de abril, como es habitual, los Fick se encerraron temprano para descansar. Ese día Arlan había trabajado duramente cortando el pasto del enorme patio de su casa, luego había cenado y se disponía a dormir, pero antes quiso llamar por teléfono a su novia, Clara.
Eran cerca de las 19.00 cuando se escucharon golpes. Enseguida, la puerta se abrió con violencia y cerca de una docena de hombres armados, con uniformes de combate y a cara descubierta, entraron dando órdenes de permanecer quietos. Por si hubiera dudas, llevaban insignias del EPP.
Entre los miembros del grupo, los moradores reconocieron a Osvaldo Villalba (alias comandante Alexander, el máximo líder militar) y a Manuel Cristaldo Mieres (subcomandante Santiago). Arlan se vio obligado a tirar el celular al suelo. Del otro lado del auricular, su novia escuchaba angustiada lo que estaba pasando y empezó a pedir auxilio. Así se enteró la policía.
Dentro de la casa de los Fick, los hombres del EPP dieron órdenes enérgicas para que Arlan junte algunas ropas y las cargue en una mochila. "Te vas a ir con nosotros", le dijeron. Esa misma noche, a Álcido le dieron instrucciones: tenía que pagar un rescate de 500 mil dólares para poder recuperar a su hijo.

Las hermanas de Arlan, en una movilización ciudadana a favor de su liberación. / Foto: Gentileza.

184 días de angustia

El desenlace del operativo de secuestro de Arlan fue aún más dramático para los Fick, cuando antes de poder retirarse los integrantes del EPP, apareció una patrulla de la Fuerza de Tarea Conjunta, quienes empezaron a disparar contra  la casa. En el incidente fallecieron dos de los secuestradores, Bernardo Coco Bernal Maiz y Claudelino Silva Cáceres, y un integrante de la FTC, el vicesargento primero Hugo Monges.
Para cubrir la retirada, los hombres del EPP tomaron también como rehenes a Álcido y Melania, así como a la pequeña nieta Marisol, pero ante las dificultades, decidieron dejar a las mujeres y se llevaron a Arlan y Álcido hasta la entrada al monte.
A Arlan no le dio el tiempo de preparar su equipaje, ni de ponerse unos zapatos. Se lo llevaron descalzo, apenas con  una campera en las manos. Su última mirada fue para Melania, a quien imploró: "¡Mamá, ayudame...!"
En la entrada del monte dejaron libre a Álcido, a quien reiteraron que junte el dinero y espere instrucciones.
En la desesperación, Álcido no se dejó asesorar por expertos en negociación de secuestros, no exigió pruebas de vida y procedió a pagar los 500 mil dólares que logró recaudar, el 10 de abril, en un desolado cruce del camino de tierra a Tacuatí.
Los miembros del grupo armado lo obligaron además a repartir víveres "por gentileza del EPP" a las comunidades campesinas de Arroyito y Kurusu de Hierro, exigencias que la familia cumplió puntualmente. Pero los secuestradores no cumplieron su parte del trato y hasta ahora Arlan sigue cautivo.
Desde entonces solo hubo versiones y contraversiones. El histriónico intendente municipal de San Carlos del Apa, Luis Aníbal Schupp, asegura que un policía le reveló que Arlan fue asesinado la misma noche de su secuestro. El ministro del Interior, Francisco de Vargas, cree que Arlan sigue vivo en poder del grupo armado, que lo guarda como una pieza valiosa para intentar un canje por miembros del EPP que se encuentran presos.
En la casa de los Fick solo hay silencio. Don Álcido y doña Melania, junto a toda la familia, cumplen hoy 184 días de angustia, el mismo día en que Arlan cumple 17 años, preguntándose en dónde está su hijo querido, cuándo volverá a casa.
No se sabe si los Fick harán un cumpleaños simbólico, en ausencia.

Solo se sabe que no hay canción de cumpleaños feliz para Arlan.