viernes, 28 de diciembre de 2018

El caso Arrom-Martí: Secuestro y torturas en nombre del Estado




Ahora que surge la noticia de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) deberá resolver el próximo 7 de febrero de 2019 una demanda de 80 millones de dólares contra el Estado paraguayo, presentada por los activistas políticos de lo que fue el Movimiento -luego Partido- Patria Libre, Juan Arrom y Anuncio Martí, tras su salida del Paraguay en 2002 y su permanencia en carácter de refugiados políticos en Brasil –mientras eran y siguen siendo considerados prófugos para la Justicia paraguaya-, luego de los episodios en que se vieron envueltos con el secuestro extorsivo de María Edith de Debernardi en 2001 y su relación con el grupo armado que posteriormente se transformó en el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), hay muchos que se preguntan qué fue lo que realmente ocurrió en ese momento y cómo se llegó a la actual situación.
Esta es la versión periodística sobre el caso que hemos publicado en el fascículo 5 de nuestro libro “EPP: La verdadera historia”, que fue distribuido por el diario Última Hora semanalmente, desde noviembre de 2011.
Sabemos que existen distintas versiones e interpretaciones acerca de lo ocurrido, según las posturas políticas e ideológicas diferentes, pero fue así como reconstruimos esta historia con un intento de rigor investigativo profesional.
Esperemos que les sirva para tener una visión más clara del tema.

Andrés Colmán Gutiérrez


La sensación de alivio que produjo la liberación de Maria Edith de Debernardi, en la madrugada del sábado 19 de enero de 2002, tras 64 días de permanecer en cautiverio, se transformó en una situación de estupor generalizado, a medida en que las autoridades empezaron a revelar el perfil de los presuntos implicados en el secuestro extorsivo.
El primer anuncio lo hizo el jefe de Investigación y Delitos de la Policía Nacional, comisario Roberto González Cuquejo, en las primeras horas de esa mañana, adelantando que había “un grupo de izquierda” detrás de la acción criminal, “con intenciones de promover la desestabilización del Gobierno”.
Poco más tarde, el ministro del Interior, Julio César Fanego, avanzó en las revelaciones con un tono de suspenso: “El cerebro (del secuestro) es una persona de sociedad, de cierta notoriedad...”.
En horas más, la Policía filtró el nombre del supuesto cabecilla a las redacciones. Se trataba de Juan Francisco Arrom, principal líder del Movimiento Patria Libre.
La lista de “buscados” se completaba con los nombres de los seis ex miembros de la llamada Banda de Choré, repentinamente reciclados del olvido: Alcides Oviedo Brítez, Carmen Villalba, Gilberto Setrini Cardozo, Pedro Maciel Cardozo, Lucio Silva y Gustavo Espínola Lezcano. ¿Era el primer “golpe exitoso” del grupo armado en formación, que con los años se acabaría denominando Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP)?
Como era de esperarse, la noticia causó verdadera conmoción.
Juan Arrom era una personalidad conocida de la izquierda paraguaya, protagonista de movilizaciones y acciones políticas desde la época de la dictadura stronista, que incluso fue candidato a la intendencia municipal de Asunción en 2001. ¿Sería posible que estuviera metido en un criminal hecho de secuestro extorsivo?
Lo que hasta entonces parecía un sonado hecho policial, empezaba a transformarse en un revelador caso político.
Cerca de las 5:00 de la madrugada, la Policía y la Fiscalía habían allanado la vivienda de Víctor Colmán, otro dirigente del Movimiento Patria Libre, en la calle Soldado Robustiano Quintana Nº 539, del barrio Loma Pytá, de Asunción, y habían procedido a detenerlo junto con su esposa, Rosa Samudio de Colmán, y con el hermano de esta, Jorge Samudio.
Los investigadores aseguraron haber hallado en el cajón de una mesa, durante el allanamiento, unos 50 mil dólares, que al ser sometidos a peritaje, resultaron ser parte del dinero que Antonio Debernardi pagó por el rescate de su esposa Maria Edith.
Complicando aún más el panorama, con el correr de las horas, la esposa y las hermanas de Juan Arrom salieron al paso de las acusaciones policiales, revelando que el dirigente político estaba desaparecido desde la noche del jueves 17 de enero, junto a otro miembro de Patria Libre, el periodista y poeta Anuncio Martí Méndez. Aseguraban tener indicios de que la misma policía -que presuntamente los estaba buscando para arrestarlos-, era la que los tenía secuestrados o retenidos ilegalmente, desde hacía días atrás.

El comisario Roberto González Cuquejo (a la izquierda, con camisa rosada) y el sub comisario Antonio Gamarra.

“Desaparecidos…”

Para un sector más crítico de la sociedad paraguaya, que aún sentía como herida sangrante los horrores represivos de la dictadura stronista y las persecuciones sistemáticas contra personas y organizaciones de izquierda, resultaba difícil aceptar la acusación fiscal y policial de que líderes del Movimiento Patria Libre estaban implicados en el secuestro de Maria Edith de Debernardi, y menos aún que el crimen hubiera sido cometido con fines políticos, como parte de un supuesto plan de recaudación de fondos para financiar una eventual lucha armada revolucionaria.
El domingo 20, la dirigencia del MPL, a través de su secretario general, Omar Martínez, y de Liza Larriera, compañera de Juan Arrom, respondieron con una declaración pública, negando toda vinculación con el secuestro y calificando la versión oficial como “un montaje mentiroso” de las autoridades, para justificar su inoperancia o encubrir a los verdaderos secuestradores. Demandaron la urgente “aparición con vida” de Arrom y Martí, a quienes suponían secuestrados ilegalmente por la policía.
En la misma línea se pronunciaron otras organizaciones políticas y sociales como el Partido Comunista Paraguayo, el Movimiento Paraguay Pyahura, Convergencia Popular Socialista, y la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), alertando acerca de un plan represivo del Gobierno del presidente Luis Angel González Macchi contra las organizaciones populares.
Arrom y Martí habían sido vistos por última vez en la tarde y noche del jueves 17 de enero (en vísperas de la liberación de María Edith). Teresita Rojas, madre de Liza Larriera, compañera de Juan, relató que su yerno llegó a las 18:30 al departamento donde vivía, en las calles 15 de agosto y Primera, para guardar su camioneta. Después fue caminando unas ocho cuadras hasta la casa de Anuncio Martí, en 15 de agosto y Novena, donde estuvieron revisando papeles y luego dijeron a la esposa de Martí que iban a realizar algunas gestiones, y de paso comprarían pañales para el bebé de la pareja.  
Salieron juntos en la camioneta Lada Niva de Martí, y ya no regresaron.
La fiscalía y la policía plantearon que ambos estaban ocultor para huir de la Justicia, al igual que los seis miembros de la ex banda de Choré. Se dispuso una búsqueda en todo el país, y se impartieron órdenes de captura internacional a través de Interpol, para el caso de que hubiesen cruzado las fronteras.
El sub comisario Antonio Gamarra, jefe de Represión a Robo de Automotores, y el jefe del Centro de Investigación Judicial (CIJ), Javier Cazal, organizaron expediciones de la policía por el interior, acompañados de miembros de la prensa. Los reportajes los mostraban realizando barreras de control en sitios distantes como en un puente sobre el río Ypané, en Concepción, o en comunidades campesinas del Departamento de San Pedro.
Días después se descubriría que las operaciones de búsqueda eran solo un simulacro, ya que los propios Gamarra y Cazal dirigían a un grupo de policías que tenían secuestrados ilegalmente y sometidos a torturas a Juan Arrom y Anuncio Martí, en las cercanías de Asunción, con evidente conocimiento del ministro del Interior, Julio César Fanego, del ministro de Justicia y Trabajo, Silvio Ferreira, y probablemente del fiscal general, Oscar Germán Latorre, y del propio presidente de la República, Luis Angel González Macchi.

El testimonio del profesor Luis Alfonso Resck.

Una celada en la noche

¿Qué fue lo que realmente ocurrió con Juan Arrom y Anuncio Martí, ese jueves 17 de enero de 2002? 
Los testimonios son varios y las versiones difieren, pero hay suficiente evidencia de que fueron arrestados ilegalmente y secuestrados por personas vinculadas a la Policía y al Poder Judicial.
En su libro “Callejones del Terror”, editado en 2004, Arrom relata que cerca del mediodía recibió una llamada de Marcos Álvarez, político que perteneció al Movimiento Popular Colorado (Mopoco), exiliado durante la dictadura, y que se desempeñaba como coordinador de Oñondivepá, un programa social del Ministerio de Justicia y Trabajo.
“Me solicitó que le ayudara a adaptar las cifras de un proyecto de cría de cerdos, cuya copia le había entregado varios meses atrás, entre otros proyectos realizados ad honorem, en apoyo a comunidades campesinas. Acordamos encontrarnos a la tardecita ese día, y que él me llamaría apenas estuviera libre”, relata Arrom.
En su posterior testimonio durante el juicio por el secuestro de María Edith, Marcos Álvarez contó una versión muy distinta. Dijo que se conocían con Arrom desde la época de la dictadura, y que este lo invitó a integrar el Movimiento Patria Libre.  “Conocí a Alcides Oviedo y a Gilberto Setrini (dos de los fundadores del grupo armado que fue la base del EPP) a través de Arrom”, relató.
El considerado testigo clave de la Fiscalía, aseguró que Arrom lo visitó en su casa de la calle Víctor Heyn 7093, cerca de la Municipalidad de Asunción, el 15 de enero, un día después de que Antonio Debernardi había entregado el primer pago de 400 mil dólares de rescate por su esposa María Edith.
Álvarez dijo que Arrom llegó en compañía de Alcides Oviedo (el actual comandante en jefe del EPP), cargando una mochila, en cuyo interior había 350 mil dólares y le pidió que se lo guarde. Ese mismo día 15, según el acta presentada por la Fiscalía durante el juicio, Alvarez fue a entregar el dinero a las autoridades, y tras una pericia se comprobó que era parte del rescate pagado por Debernardi.
Varios testimonios coinciden en que Álvarez citó a Arrom por teléfono en la noche del 17, pero en lugar de su casa, lo condujo a una celada en otra dirección: Lugano 1053, entre Colón y Hernandarias, en las cercanías de la Iglesia Cristo Rey.
Es una casa de color verde clarito, voy a estar en el portón esperando”, dice Arrom que le dijo Álvarez por teléfono, y hasta allí se dirigieron con Anuncio Martí en la camioneta de este, como a las 21:28.
Arrom asegura que entonces no sabía que esa dirección correspondía a la sede del Centro de Investigación Judicial (CIJ), una especie de policía judicial de facto que dirigía Javier Cazal. 

 
Juan Arrom muestras rastros de las torturas recibidas.

“¿Dónde está la plata…?”

La captura de Arrom y Martí no pasó desapercibida para los moradores de la calle Lugano, especialmente para el veterano dirigente político de la Democracia Cristiana, docente y luchador por los derechos humanos, Luis Alfonso Resck, quien residía a poca distancia del lugar.
Resck, quien entonces se desempeñaba como director de Derechos Humanos del Ministerio Público, fue alertado por sus vecinos de que había un movimiento extraño e inusitado de automóviles sin placas y de hombres con armas en las inmediaciones del local del CIJ, y se fue a verificar.
Asegura que vio desde la distancia como varios hombres golpeaban y empujaban a otro, para subirlo al interior de un vehículo. Uno de los que dirigían la operación era Javier Cazal, director del CIJ, a quien conocía personalmente. Días después percibió que había sido testigo del momento de secuestro de Juan Arrom y Anuncio Martí.
Arrom cuenta que estacionaron la camioneta de Martí sobre Lugano casi Colón, poco antes de las 22:00. Juan bajó y caminó buscando la dirección que le dio Marcos Ávarez, lo volvió a llamar por teléfono para avisar que estaba llegando, cuando varios hombres lo rodearon y empezaron a golpearlo, para en seguida introducirlo dentro de un automóvil Volkswagen Gol color blanco, sin chapas.
Martí esperaba sentado en su camioneta, cuando varias sombras humanas se aproximaron y abrieron las puertas, subiendo al vehículo. “¿Dónde está el tipo?”, le preguntó uno de los desconocidos, y le dio un golpe en la cabeza con la culata de una pistola.
Mientras el Gol se llevaba a Juan, a Martí lo hicieron pasar al asiento trasero de su propia camioneta, y también emprendieron viaje. A ambos les cubrieron el rostro con una toalla o capucha, y durante unas dos horas de recorrido los sometieron a diversos métodos de tortura, como apretarles los testículos. Juan narra que le pusieron una bolsa de plástico en la cabeza, que le impedía respirar, mientras le preguntaban: “¿Dónde está la señora Debernardi? ¿Dónde está la plata…?”.
Cerca de medianoche fueron bajados en un lugar desolado, junto a un pequeño curso de agua, y sometidos a un proceso de tortura por inmersión, introduciéndoles la cabeza bajo el agua, hasta que casi perdieran el conocimiento. Los sacaban y los volvían a interrogar para que confiesen que ellos eran los autores del secuestro de María Edith, y para que revelen donde tenían a la víctima y donde estaba el dinero del rescate que habían cobrado.
Martí pudo reconocer que el lugar era el riacho San Francisco, en la zona cercana al río Paraguay. Pudieron identificar como quienes lideraban el operativo al subcomisario Antonio Gamarra, y al oficial José David Schémbori, a quienes apodaban Kabul.

El relato de Juan Arrom
Operaciones paralelas

Mientras Arrom y Martí permanecían detenidos ilegalmente, los acontecimientos se precipitaban.  El día viernes 18 (un día después de que ambos fueran capturados), Antonio Debernardi pagó el resto del rescate (600 mil dólares, según su versión oficial) y Maria Edith fue liberada en horas de la madrugada del sábado 19.
Arrom relata que la situación causó sorpresa entre sus captores, y uno de ellos exclamó: “¡Que extraño! Le tenemos al cerebro del secuestro y Antonio Debernardi sigue entregando plata”.
Un detalle llamativo es que la orden de captura contra Arrom y contra los seis ex integrantes de la Banda de Choré se dio a conocer el mismo sábado 19, horas después de la liberación de María Edith, pero contra Anuncio Martí recién dos días después.
En la noche del sábado 19 la policía allanó la vivienda de Arrom y, entre otros elementos, incautó un revólver y numerosas fotografías. También llevaron su vehículo, una camioneta Suzuki color rojo. La vivienda de Anuncio Martí fue allanada recién el 27 de enero, siete días después. 
Entre tanto, la versión de que Arrom y Martí estaban secuestrados ilegalmente, comenzó a filtrarse extraoficialmente desde fuentes policiales a algunos periodistas que cubrían habitualmente el área judicial.
El sábado 19, Ofelia Insaurralde, ex compañera de Juan Arrom y madre de sus hijos, se puso en contacto con su cuñado, el médico Héctor Lacognata y le pidió que, en vista de su estrecha amistad con el ministro de Justicia y Trabajo, el también médico Silvio Ferreira, realizara averiguaciones acerca del paradero de Arrom y Martí.
Según el testimonio de Lacognata (quien luego sería canciller durante el Gobierno de Fernando Lugo), este llamó por teléfono el sábado a la tarde a su amiga Gladys Maubet, esposa del ministro Ferreira, quien le respondió: “Si, tengo conocimiento de la detención de Juan Arrom, pero te pido que se tranquilicen, porque en este momento se encuentran muy bien”.
Aquel fue el primer reconocimiento de un sector del entorno gubernamental de que Arrom  y Martí estaban en manos de gente del Gobierno, detenidos en forma ilegal.
El domingo 20 a la mañana, la esposa del ministro, Gladys Maubet, llamó por teléfono a Hector Lacognata –según testimonios del mismo-, para decirle: “Te confirmo que Juan está detenido y te reitero que en este momento se encuentra bien. Silvio te pide que no comentes este tema con alguien, para evitar que la situación empeore”.
Lacognata preguntó cuándo los presentarían oficialmente a los dos detenidos ilegalmente ante la Justicia, y Maubet le respondió: “Probablemente lo harán el lunes (21 de enero)”.
El lunes, sin embargo, todos los voceros oficiales seguían negando públicamente que Arrom y Martí estuviesen en poder de la policía. 
Lacognata volvió a comunicarse con Gladys Maubet y le pidió tener una conversación personal. Se encontraron el martes 22 de enero, en el patio de comidas del Shopping Mariscal López. Lacognata fue acompañado de su esposa, Élida.
“No se preocupen, Juan Arrom está en manos de gente seria. Mi esposo (el ministro Silvio Ferreira) le conoce a esa gente”, les aseguró Gladys Maubet.
Ante la insistencia por conocer el paradero de Arrom, la mujer les dijo: “Juan no está detenido en una dependencia policial, sino que está a cargo de un grupo formado especialmente, que incluso ya había trabajado en la detención de Lino Oviedo”. 
Les prometió que el miércoles 23 de enero, Arrom y Martí serían puestos en manos de la Justicia, para ser procesados, con todas las garantías constitucionales.

Silvio Ferreira
Julio Cesar Fanego
Visita de Ferreira y charla telefónica con Fanego

Desde el momento de ser secuestrados, Juan Arrom y Anuncio Martí fueron mantenidos en cautiverio en tres lugares distintos.
El primer sitio, no identificado, habría sido una finca rural en la zona de Paraguarí. El segundo lugar fue una casa a la que los captores se referían como Base 3, y fue ubicada posteriormente sobre las calles Mongelós y Alonso, en el barrio 8 de diciembre de Villa Elisa, que resultó ser propiedad del sub comisario Antonio Gamarra.
La tercera casa estaba a unas ocho cuadras de la segunda, sobre la calle Estero Bellaco casi Indio Guaraní, barrio 29 de setiembre de Villa Elisa, y pertenecía a Octavio Francisco Flores. El cuidador de la residencia, Esteban Centurión, contó que el dueño, junto con el subcomisario Gamarra, apareció el 24 de enero a pedir que la desaloje durante unos ocho días, y lo trasladaron a la otra casa de Gamarra, la conocida como Base 3.
Juan Arrom relata que cerca del mediodía del segundo día de su cautiverio, el viernes 18, la fecha en que fue liberada María Edith, lo llevaron en un auto Peugot blanco a un lugar distante, un campo al costado de una ruta, hasta donde llegó una camioneta Mitsubishi color plateado. Descendió el ministro de Justicia y Trabajo, Silvio Ferreira, a quien Arrom conocía bien, pues habían compartido numerosas acciones políticas en épocas de la dictadura.
El secuestrado alega que le rogó que interceda, para que dejen de torturarlos y sean liberados. Ferreira le contestó: “No te preocupes, no te van a tocar más, se te va a enviar un médico. Ahora mismo voy a hablar con Fanego y te vamos a dar garantías”. Al poco rato, el ministro se marchó, dejándolo nuevamente en poder de sus captores.
Lo llevaron de vuelta a su lugar de reclusión y como media hora después, uno de sus captores le acercó un teléfono celular, diciéndole que el ministro del interior, Julio César Fanego, iba a hablar con él.
Arrom, aquí estoy con el ministro Ferreira. El está escuchando lo que te voy a decir. Colaborá con la gente que te vamos a enviar, te vamos a dar todas las garantías y te vamos a sacar del país”, asegura Arrom que le dijo Fanego.
Y agrega: “No puedo negar que me corrió un escalofrío por todo el cuerpo, al saber que de mi detención ilegal, secuestro y tortura, estaban al tanto las más altas autoridades nacionales y que se estaba manejando en las más altas esferas del poder”.  

El fiscal Oscar Latorre muestra los 350 mil dólares que presuntamente Juan Arrom entregó a Marcos Álvarez.
 Rescate, escándalo e impunidad.

Esteban Centurión, ex cuidador de la casa donde estaban cautivos Arrom y Martí, fue clave para que sean encontrados tras 14 días de cautiverio. Extrañado por el movimiento de personas y vehículos que entraban y salían, Centurión llamo por teléfono a Cristina Arrom, al mediodía del 30 de enero, y confesó su sospecha de que Juan y Anuncio estarían en esa vivienda.
Cristina y su hermana Maria Auxiliadora llegaron y montaron guardia a distancia, mientras convocaban a periodistas, y a otros familiares y amigos. Con la llegada de móviles de Telefuturo y Radio Ñandutí, se empezó a generar una concentración de personas, que alertó a los que estaban en la casa.
Como a las 17:00, dos automóviles Volkswagen Gol, sin chapas, salieron de la casa y se alejaron con rapidez. Las hermanas Arrom y los periodistas se aproximaron con cautela y vieron una mano que emergía a través de una de las ventanas. Se oyó un grito: “¡Estamos aquí…! ¡Somos Juan y Anuncio…!”.
Al poco rato, los dos políticos “desaparecidos” salían del interior, con el torso desnudo y visibles heridas de torturas.
Una verdadera multitud se congregó frente a la casa, mientras Arrom y Martí relataban entre sollozos la situación sufrida.
El caso estalló con gran repercusión nacional e internacional. “Terrorismo de Estado” decía el título de tapa de los diarios. En los siguientes días se instaló una gran crisis política, que causó la renuncia de los ministros Silvio Ferreira y Julio César Fanego, y de jefes policiales.
El fiscal general del Estado, Oscar Germán Latorre, llamó a conferencia de prensa para señalar que una cosa era el presunto secuestro de Arrom y Martí, y otra muy distinta la participación de estos en el secuestro de María Edith de Debernardi, mientras exhibía los 350 mil dólares del pago del rescate que presuntamente Arrom y Alcides Oviedo dejaron en manos de Marcos Álvarez.
Sin embargo, el Estado paraguayo no fue capaz de garantizar un juicio objetivo para sancionar a sus miembros que actuaron al margen de la Ley. En el juicio del caso Arrom y Martí, a pesar de múltiples evidencias, los secuestradores de los dos políticos izquierdistas quedaron libres. Paralelamente, Arrom y Martí, junto a Víctor Colmán, huyeron de la Justicia que los investigaba por el caso Debernardi, y lograron que el Comité Nacional para los Refugiados (Conare) del Brasil los acoja en carácter de refugiados políticos en el vecino país.
Más recientemente, obtuvieron que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admita una demanda contra el Estado Paraguayo por haber sido presuntamente secuestrados y torturados ilegalmente por agentes policiales. Es decir, el Estado paraguayo deberá responder internacionalmente por no haber actuado debidamente en su momento, en este caso.
A casi 10 años, todavía no está cerrado ni el caso Arrom y Martí, ni la presunta participación que ambos podrían haber tenido en el secuestro de María Edith, ni en la formación inicial del EPP.
En su libro “Programa Político del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP)”, Alcides Oviedo Brítez admite que Juan Arrom formó parte del grupo. 
"El renegado Arrom ha desertado cobardemente ante las primeras escaramuzas contra los contrarrevolucionarios, se zambulló bajo las sotanas de su suegrastro, el obispo libidinoso Fernando Lugo, buscando la ruta más rápida hacia la frontera brasileña. Abandonó a todos sus compañeros y de haber tenido posibilidad, se hubiera ido como refugiado a la estación espacial", señala el considerado comandante en jefe del EPP.

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(*) Un salto en el tiempo:

 

Victoria y derrota estatal en el Caso Arrom-Martí

 

Desde su condición de refugiados en Brasil, Juan Arrom y Anuncio Martí lograron que su caso sea presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que admitió estudiar la causa a raíz de que existían elementos suficientes para presumir que los agentes del Estado violaron el derecho a la integridad personal, el derecho a la libertad personal, a las garantías judiciales, el derecho de circulación y de residencia, protección judicial y que se habrían cometido hechos de tortura.

El 12 de diciembre de 2017 la CIDH sometió a la jurisdicción de la Corte el caso Arrom Suhurt, Martí Méndez y otros respecto de la República de Paraguay. La Comisión señaló que el caso se relaciona “con la desaparición forzada y tortura de Juan Francisco Arrom Suhurt y Anuncio Martí Méndez, líderes del movimiento político Patria Libre, entre el 17 y el 30 de enero de 2002”.

Concluyó que el Estado de Paraguay era responsable por la violación de los artículos 3, 4.1, 5.1, 5.2, 7, 8.1, 8.2 y 25.1 de la Convención, en relación con las obligaciones establecidas en el artículo 1.1 del mismo instrumento y que también “es responsable por la violación de los artículos I a) y I b) de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas y de los artículos 1, 6 y 8 de la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura”. Por último, señaló que los hechos de este caso implicaron una violación del artículo 5.1 en perjuicio de los familiares de las presuntas víctimas.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) resolvió convocar al Estado de Paraguay, al representante y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a una audiencia pública sobre las excepciones preliminares y eventuales de fondo; reparaciones y costas, en el caso “Caso Arrom Suhurt y otros Vs. Paraguay”. La audiencia quedó fijada para el 7 de febrero de 2019, a partir de las 9:00, durante el 129 Período Ordinario de Sesiones, en la sede de la Corte en San José, Costa Rica.

El Gobierno paraguayo consideró el caso como de alta prioridad. Una muy buena preparación jurídica, política y mediática instaló en la opinión pública el objetivo de no ceder ante “el chantaje de los secuestradores” como una causa nacional.

El propio presidente de la República, Mario Abdo Benítez, viajó a Costa Rica para asistir a la audiencia. El proceso se emitió en vivo por los principales canales de televisión del Paraguay como si fuera un partido de la selección nacional de fútbol. Al final, aun sin conocerse la sentencia, quedó la sensación de que los jueces de la Corte IDH no concederían los reclamos de Arrom, Martí y sus familiares.

Efectivamente, el 4 de junio de 2019, la Corte IDH concluyó que los indicios presentados ante ella fueron insuficientes para concluir que Arrom y Martí fueron privados de libertad por parte de agentes estatales o con la aquiescencia de estos. Igualmente, la Corte concluyó que Paraguay no incumplió con su obligación de iniciar sin dilación y de oficio la investigación de la presunta desaparición de Juan Arrom Suhurt y Anuncio Martí Méndez y no era responsable por la alegada violación de los derechos a las garantías judiciales y la protección judicial. Señaló que no fue posible determinar que las presuntas omisiones en la investigación, señaladas por los representantes y la Comisión, resultaran suficientes para configurar la responsabilidad internacional del Estado. Al no haberse establecido la responsabilidad, la Corte resolvió que no procedía pronunciarse sobre reparaciones, costas y gastos.

El resultado fue celebrado por las autoridades y por gran parte de la ciudadanía como si la selección paraguaya hubiera ganado la Copa América. Era la primera vez que el Estado paraguayo no perdía en un proceso ante la Corte IDH.

Con esta perspectiva, el Gobierno insistió en que el Comité Nacional para los Refugiados (Conare) del Brasil anule el carácter de refugiados de Juan Arrom, Anuncio Martí y Víctor Colmán en el vecino país, situación que efectivamente ocurrió el 23 de junio de 2019, con el respaldo político del propio presidente brasileño Jair Bolsonaro.

Ante esta situación, el Gobierno de Paraguay realizó gestiones para que los mismos sean detenidos en Brasil, pero el 29 de julio se informó que habrían ingresado ilegalmente al Uruguay. Tras requerimientos a través de Interpol, se confirmó que efectivamente estaban en dicho país, en donde fueron detenidos por la policía uruguaya el 23 de agosto. Mientras la Justicia paraguaya intentaba que sean extraditados al Paraguay, Arrom, Martí y Colmán solicitaron refugio al Uruguay, lo cual les fue concedido, beneficiándose con la prisión domiciliaria.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) les concedió el estatus de refugiados y el Gobierno de Finlandia les concedió asilo. De este modo, Arrom, Martí y Colmán abandonaron Uruguay el 8 de octubre, a bordo de un avión de Iberia, con escala en Madrid, rumbo a Helsinki, la capital filandesa.

Este viraje del caso fue interpretado como una derrota internacional de la diplomacia paraguaya, que fracasó en lograr que los prófugos puedan ser traídos al país a rendir cuenta ante la Justicia, luego de la proclamada victoria ante la Corte IDH.

En momentos de escribir estas crónicas, se sabe que Arrom, Martí y Colmán, permanecen en Finlandia, en un lugar de destino no revelado, fuera de la capital Helsinki, con la protección de la ACNUR.  





lunes, 3 de diciembre de 2018

Canción de fuego y hielo



–¡No creo para nada en eso que dicen del cambio climático…! –exclamó, parado detrás del atril en el amplio salón, enfundado en su elegante traje de corte inglés, ante un auditorio que contestaba con murmullos y aplausos a cada una de sus palabras.
-¡Todos los informes son solamente fake news, noticias falsas que obedecen a un discurso ideologizado que repiten los zurdos en busca de dinero extranjero para sus oenegés ambientalistas...! –repitió, gesticulando frenéticamente ante las cámaras con poses de predicador.
Su frente estaba perlada de sudor. Se secó con un flamante pañuelo de seda, pero seguía sintiendo mucho calor. Al parecer el aire acondicionado no funcionaba. Pidió que abran las ventanas para dejar entrar el aire fresco, pero lo que ingresó violentamente al recinto fue una ráfaga de ardiente viento norte que llegaba desde el lejano Chaco como un aliento de dragón.
–¡Mejor cierren…! –pidió a sus guardaespaldas, quienes acudieron presurosos a cumplir la orden, pero no pudieron lograrlo. Una fuerza extraña empujaba las hojas de las ventanas desde afuera, mientras por el hueco se filtraba ahora un ventarrón gélido y ruidoso, con un torbellino de nieve que pronto se volvió una lluvia furiosa y descontrolada, que empezó a inundar el salón, obligando a los asistentes a levantarse de sus asientos y replegarse hacia el fondo, entre gritos de pánico.
–¡No lo crean…! ¡Son solo efectos especiales, trucos cinematográficos de estos comunistas...! –advirtió el orador, que insistía en quedarse parado en medio del escenario, empapado por la súbita tormenta. Sintió un frío extraño que se le metía en los huesos y le hacía castañetear los dientes.
–¡Es mentira…! ¡El cambio climático es mentira…! –gritaba ante la huida de su público y de sus guardaespaldas, quienes habían renunciado a intentar cerrar las ventanas, que ahora dejaban ver un desierto soleado por donde venía avanzando un gigantesco oso polar. Fue lo último que vio, cuando la bestia de blanco pelaje entró por el hueco y le mostró las mandíbulas abiertas.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Contra toda esperanza



Esperan.
Hace mucho que esperan.

Algún payé que les cambie la mala suerte.
Algún conjuro que aleje la maldición
de vivir sobreviviendo
empatándole al destino
escapándole por arañazos
a la muerte.

Esperan.
Medio escondidos
detrás de las paredes
esperan.

Algún viento rebelde
que llegue desde el Sur
y se lleve en un soplo mágico
todo el dolor acumulado
toda la miseria de siglos
toda la injusticia cotidiana.

Esperan.
Asomando sigilosamente
a la puerta de sus casas
esperan.

Alguna voz
que alguna vez
les diga palabras de verdad.

Algún político que deje
de mentirles promesas
que nunca se cumplirán.

Algún acontecimiento
que pueda convencerlos
de que vale la pena
seguir creyendo en algo.

Esperan.
Olvidados del mundo
esperan.
Caminando desde el fondo de la historia.
Despertando de los cien años de soledad.
Alzándose desde el barro.
Emergiendo desde el otro lado de la niebla.

Esperan.
Contra toda esperanza
esperan.

Algo que les diga
que ya es tiempo
de dejar de esperar.

Algo que les diga
que ya es tiempo
de empezar a hacer.

ANDRÉS COLMÁN GUTIÉRREZ
"Contra toda esperanza".
(sobre una foto de Alfredo Duarte Pereira).

(Publicado en el Correo Semanal de Última Hora, edición del 11 de marzo de 2000. Es sorprendente como todo sigue teniendo palpitante actualidad).

#40añosDePeriodismoACG

lunes, 12 de noviembre de 2018

Las campanas de Casado doblan por los héroes del Chaco


Con el pa'i Zsislaw Zsiasek, en el campanario de la iglesia de Casado.

–Tam… tam… tam.
El estruendo metálico de las campanas quiebra súbitamente la ardiente quietud de la tarde chaqueña, recorre las calles polvorientas de Puerto Casado, penetra en los galpones dormidos de la vieja fábrica taninera, acaricia los herrumbrados restos de antiguas máquinas sobrevivientes de una época de esplendor y opresión latifundista que hoy solo acumulan polvo, silencio y soledad.
El sacerdote polaco Zislao Zsiasek, párroco de la iglesia San Ramón Nonato, abre el enorme candado que protege el acceso a la torre del campanario y nos conduce por una vieja escalera de madera que cruje a cada paso. Arriba están las tres campanas de pesado bronce con nombres de mujer: Casilda, Margarita y Genara, dos de ellas corresponden a los de las hijas del latifundista español argentino Carlos Casado del Alisal, quien tras la Guerra de la Triple Alianza llegó a ser dueño de 6.500.000 hectáreas de tierra en el Chaco paraguayo.
–¡Miren…! Aquí están, perfectamente legibles, como si hubiesen sido escritas apenas ayer –dice el pa’i Zislao, mostrando las inscripciones hechas a lápiz que llenan la parte interior de las campanas.
En una de ellas se puede leer, perfectamente: “Recuerdo de mi ida al frente. R. Narváez. Octubre 20, 1933”. Y más abajo: “De vuelta del frente, 26 abril de 1935”.
Y al lado, otra de las inscripciones: “Recuerdo del sargento primero Alfredo Gamarra, a la vuelta del frente-1935”.

Las inscripciones en el interior de las campanas de la iglesia San Ramón Nonato, de Casado.
Memoria viva
Han pasado más de ocho décadas y las leyendas siguen allí, intactas, resistentes al tiempo, a pesar de que la mayoría fueron hechas con lápices de carbono.
“Puerto Casado era el lugar de desembarque de la tropas paraguayas que acudían para pelear en la Guerra del Chaco (1932-1935) contra Bolivia. Los barcos llegaban hasta aquí repletos de soldados, que luego eran subidos en los trenes de la empresa Carlos Casado para ser llevados hasta los sitios de batalla”, cuenta el pa’i Zislao.
Mientras esperaban ser llevados hasta el frente, los soldados y los oficiales visitaban la Iglesia y subían al campanario de la iglesia de Casado para dejar sus mensajes en el interior de las campanas. La superficie porosa del metal fraguado ayudó a preservar las inscripciones, que se mantienen como memoria viva, casi un siglo después.
“Dejaban sus letras como una ofrenda, junto a las promesas que le hacían a la Virgen María Auxiliadora, para que puedan retornar vivos de la guerra. Muchos pudieron lograrlo y al regreso dejaron también sus escritos como señal de gratitud. Pero hay otras leyendas que solo tienen fecha de ida, ya no de vuelta. Son de los que dejaron su vida en las trincheras”, explica.
El pa’i Zislao es salesiano y lleva 41 años de sacerdocio en el Paraguay, de los cuales 39 los ha vivido en la región chaqueña acompañando a los pobladores en sus penurias y esperanzas.
Apoyó la lucha del pueblo originario Maskoy en los años 80 por conquistar sus tierras en Riacho Mosquito y la de los habitantes de Casado en los 90 para lograr la expropiación del ejido urbano, cuando la empresa taninera vendió sus tierras a la secta Moon con toda la gente adentro.
“A pesar de los avances, Alto Paraguay y gran parte del Chaco siguen siendo un territorio olvidado por el Estado. Basta que caiga una lluvia para que la gente se quede aislada y sin caminos durante semanas o meses”, destaca.


Soldados paraguayos marchando al frente de la Guerra del Chaco en los ferrocarriles de Casado.
Los antiguos trenes de la empresa taninera, hoy expuestos como reliquias en la rústica Costanera de Puerto Casado.

Un olvidado ferrocarril heroico
Tres pequeñas locomotoras permanecen estacionadas actualmente en la rústica costanera de Puerto Casado, como las piezas de un descuidado museo que se exhibe al aire libre.
Son las mismas que transportaron a los soldados de la Guerra del Chaco desde el puerto de Casado hasta Punta Riel, cerca de Filadelfia. En ellas viajaron el gran músico y poeta Emiliano R. Fernández, como el adolescente Augusto Roa Bastos.
 “Durante 1932 a 1935, en defensa de la patria, los trenes de Casado recorrieron  276, 480 kilómetros, transportando 243.621 oficiales, tropas y prisioneros, como así también 2.408 camiones. Para ello se dio movimiento a 25.794 vagones”, destaca el blog Historias del Ferrocarril Paraguayo.
Por esta cooperación, el mariscal José Félix Estigarribia, comandante del ejército paraguayo en la guerra, le obsequió al industrial y latifundista Carlos Casado el primer fusil boliviano capturado en Boquerón el 9 de setiembre de 1932.
Fachada actual de la histórica iglesia San Ramón Nonato, en Puerto Casado.
Campanas-Museo
Desde lo alto del campanario de la iglesia de Casado se observa el paisaje de una historia grande que se está deteriorando por falta de valoración del patrimonio histórico.
Una antigua grúa que se utilizaba en el puerto ahora duerme junto al barranco del río, cubierta de vegetación.
En el interior de las campanas, los mensajes de los héroes del Chaco se resisten a morir y cada vez que ellas doblan llamando a misa o a celebrar algún acontecimiento popular, también doblan por los sueños que allí dejaron registrados aquellos jóvenes combatientes.

martes, 16 de octubre de 2018

El último reportaje de Pablo Medina



El 16 de octubre de 2014, el narcotráfico amparado por políticos y autoridades dio su golpe más impactante al asesinar al periodista Pablo Medina y a Antonia Almada. Aunque se ha logrado capturar al principal acusado de ordenar el crimen y algunos que presuntamente participaron, no hubo avances en desmontar el esquema criminal que sigue dominando parte del territorio y tejiendo redes de corrupción en estructuras del Estado.

#CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

El 16 de octubre de 2014, poco después de las 9 de la mañana, la camioneta Mitsubishi L-200, doble cabina, color blanco, conducida por el periodista Pablo Medina, corresponsal del diario ABC Color en Canindeyú, llegó hasta la humilde vivienda de la familia Almada Chamorro, en el centro urbano de Villa Ygatimí, a 45 kilómetros al norte de Curuguaty.
Con el periodista viajaban J. R. (30) y su hermana Antonia Maribel (19), quienes vivían y estudiaban en Curuguaty, aunque sus padres residían en Ygatimí.
Antonia, estudiante de análisis de sistema, colaboraba con Pablo y lo acompañaba con frecuencia en sus coberturas. Ese día, junto con su hermana J. R., iban a aprovechar el viaje y quedarse una horas en la casa paterna, mientras el periodista realizaba sus coberturas, pero al final decidieron solo pasar a saludar un rato a sus padres y luego acompañar el recorrido, que los llevaría a las colonias Ko'ê Porã, Ára Vera y Crescencio González.
"¡Estaban tan contentas, tan alegres cuando se despidieron!", recuerda en medio de lágrimas la mamá de ambas chicas, María Teresa Chamorro de Almada, una humilde mujer que atiende una despensa en su hogar y pide no ser retratada en fotos, por temor a represalias de los mafiosos.
Tras concluir las entrevistas con dirigentes campesinos de Ko'ê Porã acerca de una plaga de gusano marandova que amenazaba a los cultivos, poco después del mediodía, Pablo y sus acompañantes regresaron en la camioneta por el desolado camino de tierra hacia Ygatimí.
Pablo iba al volante. En el asiento del acompañante iba Antonia, quien se ocupaba de cebar el tereré. Detrás iba la hermana, J. R., con las ventanillas de vidrios polarizados oscuros totalmente cerradas.
Lo que ninguno de ellos sabía era que habían estado siendo vigilados y seguidos desde el mismo momento en que la camioneta salió de Ygatimí.
Según lo estableció luego la investigación realizada por el Ministerio Público, un hombre en motocicleta los seguía a distancia en todo momento e iba informando sobre sus movimientos por llamadas de teléfono celular a otros cómplices.

Disparos en la frontera

El hombre de la moto era Flavio Acosta Riveros, sobrino del entonces intendente municipal de la fronteriza ciudad de Ypehú, Vilmar "Neneco" Acosta, denunciado reiteradas veces como presunto jefe de una banda de narcotraficantes por una serie de publicaciones periodísticas realizadas por Pablo Medina.
Escondidos detrás de los matorrales, al costado del camino, aguardaban Wilson Acosta Márquez, hermano de Neneco, y uno de sus pistoleros más fieles, Arnaldo Javier Cabrera, quien también se desempeñaba como chofer del intendente, siempre según la versión establecida por la Fiscalía.
Aproximadamente a las 14.20, cuando la camioneta de Pablo se aproximó al lugar, los dos hombres armados y vestidos con uniformes de combate tipo camuflaje (para'i), salieron de la espesura y le hicieron señas al conductor para que detenga el vehículo.
El periodista creyó que eran militares o agentes de una tropa de elite de la Policía, ante lo cual detuvo la marcha para conversar.
Wilson Acosta le habría preguntado en guaraní: "¿Nde piko ha'e la Pablo Medina? (¿vos sos Pablo Medina?)", a lo que el periodista contestó afirmativamente.
Wilson entonces lo encañonó con la potente escopeta calibre 12, ante lo cual Medina solo alcanzó a implorar "¡Anina che jukati! (No me mates!)".
El potente disparo le segó la vida casi al instante.
El ataque fue reforzado con disparos de una pistola 9 milímetros, y los balazos alcanzaron a Antonia, quien quedó mal herida y fallecería varios minutos después.

La camioneta del periodista en la escena del crimen, minutos después del ataque.
Testigo en peligro

La joven J. R., quien viajaba detrás, alcanzó a ver a los desconocidos con armas e instintivamente se agachó en el piso, ocultándose detrás del respaldar de los asientos delanteros.
Debido a los vidrios polarizados alzados de la parte trasera del vehículo, aparentemente los asesinos no se dieron cuenta de que había una tercera persona y tras cerciorarse de que Pablo Medina estaba muerto y su acompañante malherida, se alejaron con prisa del lugar.
La joven J. R. si pudo ver sus rostros y reconocerlos luego en fotografías, lo cual la convirtió en testigo principal del caso, actualmente protegida por la Fiscalía.
Ese día, tras el ataque, aún en estado de shock, la mujer pudo tomar el teléfono celular de Pablo y llamar al último contacto con quien este había conversado, uno de los dirigentes campesinos del asentamiento Ko'ê Porã.
Fue así como en pocos minutos la terrible noticia empezó a propagarse a través de los medios electrónicos, de las radioemisoras, de las redes sociales en internet y los canales de televisión: "Periodista del diario ABC color es asesinado por sicarios de la mafia".
Era el golpe criminal más audaz que una banda del narcotráfico asestaba contra un miembro de la prensa, en este caso el corresponsal de uno de los diarios más importantes del país, generando una gran conmoción en la sociedad.
Pablo Medina se convertía en el periodista número 15 asesinado en el Paraguay de la era democrática, pero no iba a ser el último.

La narcopolítica al desnudo

El asesinato de Pablo y Antonia, además de causar un gran shock en toda la sociedad paraguaya, puso en foco la dimensión que habían adquirido en los últimos años las actividades ilícitas del crimen organizado, y en particular del narcotráfico, con sus nexos directos en el mundo de la política y las instituciones del Estado, alcanzando por igual a autoridades del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
El impacto que el crimen provocó en los medios de comunicación y en diversas instancias de la sociedad, generando numerosas movilizaciones de protestas de los gremios periodísticos y reclamos de organizaciones internacionales, obligó a las autoridades a actuar y a responder de modo especial a la crisis.
El Ministerio Público desplegó un esfuerzo investigativo pocas veces visto y pudo individualizar en pocas semanas con mucha precisión que el intendente de Ypehú, Vilmar Neneco Acosta Marques fue quien ordenó el crimen.
También se estableció, principalmente a través del cruce de llamadas telefónicas, que los involucrados realizaron entre sí desde horas antes del asesinato, que los ejecutores del crimen eran Wilson Acosta Marques (hermano de Neneco), Flavio Acosta Riveros (sobrino de Wilson y Neneco) y Arnaldo Javier Cabrera, chofer y sicario.
Antonia Almada, también asesinada.
La gravedad de lo ocurrido motivó además que los principales medios periodísticos -especialmente el diario ABC Color, seguido por Última Hora-, realicen varias investigaciones a fondo sobre la realidad de la narcopolítica, reflotando aún con más fuerza lo que Pablo Medina venía publicando, mostrando cómo Neneco Acosta ejercía desde su cargo de intendente municipal de Ypehú -logrado con apoyo del oficialista Partido Colorado- una doble función paralela como jefe narco, manejando todo el mercado de producción y venta ilegal de marihuana y el tráfico de cocaína en la región, además de ser señalado por supuestamente haber ordenado el asesinato de más de una veintena de personas.

Las investigaciones paralizadas

El resultado más fructífero de la investigación oficial fue lograr la detención del ex intendente Vilmar Neneco Acosta Marques, el 4 de marzo de 2015, en la ciudad de Naviraí, estado de Minas Gerais, Brasil, mediante un seguimiento de agentes policiales paraguayos, en colaboración con la policía brasileña.
La Justicia paraguaya, a través de la Cancillería, ha realizado trámites para lograr la extradición de Neneco al Paraguay, procedimiento que se espera pueda concretarse en las próximas semanas.
También se logró la captura en territorio paraguayo de Arnaldo Javier Cabrera, el chofer y sicario que admite haber participado del ataque, pero los principales ejecutores, Wilson Acosta Marques y Flavio Acosta Riveros, continúan prófugos.
Las investigaciones no han avanzado mucho en dirección a desmontar el resto de la red de organizaciones criminales y sus cómplices políticos, que siguen operando con total impunidad en toda la región de Canindeyú y departamentos aledaños.
Tampoco se ha investigado en serio desde la Justicia a los sindicados como principales  protectores o "padrinos políticos" del ex intendente Vilmar Neneco Acosta, entre ellos la diputada colorada y ex gobernadora de Canindeyú, Cristina Villalba, apodada "la reina del Norte", además de su hermano, el actual intendente municipal de La Paloma, Carlos "Cabrito" Villalba,  y el actual gobernador departamental, Alfonso Noria Duarte, a quienes varios indicios también ligan con las actividades fronterizas.
Por el contrario, desde las esferas más altas del Poder Ejecutivo y del Partido Colorado, se ha establecido un operativo de blanqueo del llamado "clan Villalba".
El propio presidente de la República, Horacio Cartes, en un acto oficial de inauguración de la estación de energía de Salto del Guairá, el jueves 13 de octubre de 2015, a solo tres días de conmemorarse el primer año del asesinato de Pablo Medina y Antonia Almada, brindó públicamente su respaldo a los cuestionados personajes, dejándose fotografiar abrazado con Villalba y Noria.

La movilización de los periodistas, exigiendo justicia para Pablo y Antonia.
Investigación parlamentaria archivada

Uno de los logros importantes de la presión mediática y ciudadana que siguió al asesinato de Pablo y Antonia, fue que el Congreso Nacional establezca una Comisión Bicameral de Investigación, en octubre de 2014, integrada por tres senadores y tres diputados (Arnoldo Wiens, Miguel Ángel López Perito, Luis Alberto Wagner, Olimpio Rojas, Tomas Rivas y Pablino Rodríguez).
El trabajo de la Comisión permitió, por primera vez en la historia política del Paraguay, exponer en forma pública, desde el pleno del Congreso Nacional, en base a informes e investigaciones en curso de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), los nombres de varios de los principales legisladores y políticos sospechados de mantener nexos con el narcotráfico. Sin embargo, la mayoría de ellos no han sido sometidos a procesos, ni siquiera se les ha abierto una investigación seria por parte de la Fiscalía y de la Justicia.
El informe final de la CBI sobre el caso Pablo Medina, entregado oficialmente en junio de 2015, afirma que hay "infiltración del crimen organizado" en los tres poderes del Estado; que el país se encuentra " ante un sistema delincuencial de magnitud internacional", y que se está "al borde de ser un Estado fallido".
Además confirma graves situaciones, como "el alto nivel de corrupción policial en la zona" de Canindeyú, "la precariedad con la que funciona el Poder Judicial", y el reconocimiento explícito de autoridades de que el 35% de los pobladores se dedican al cultivo ilegal de la marihuana como medio de subsistencia.
Hay "ausencia de investigaciones serias y responsables sobre personas y situaciones, que son de conocimiento generalizado en las regiones en que gobierna el crimen organizado", reconoce el informe.
También destaca el nulo interés de la Seprelad (Secretaria de Prevención de Lavado de Dinero o Bienes) y de otros organismos en investigar a los sospechosos de tráfico ilícito y lavado de dinero,
Un punto clave que confirma el trabajo de la comisión parlamentaria fue la actuación del entonces ministro de la Corte Suprema de Justicia, Víctor Núñez, en liberar al entonces político colorado Vilmar Neneco Acosta de un caso en que había estado preso, en el año 2011, junto con su padre, Vidal Acosta, acusados de homicidio, tras hallarse restos humanos de presuntos asesinados en una propiedad de la familia, en Ypehú.
Núñez fue quien facilitó la liberación de Neneco, a pesar del grave delito por el que estaba procesado y detenido, y de todos los indicios de que era un capo criminal, ayudando a que fuera habilitado para presentarse a elecciones, para ganar la intendencia de Ypehú, con el apoyo político del Partido Colorado y en especial del clan Villalba en la región.
"Un clan envuelto en varios casos de asesinatos es el de los Villalba y un caso señalado es el que involucra al esposo y suplente de la diputada colorada Cristina Villalba, Félix Antonio Abente, quien fue señalado en el 2005 por varios testigos como el autor del homicidio de Ramón Concepción Villamayor; sin embargo, el juez Silvio Flores lo sobreseyó del crimen", apunta el informe.
Agrega que "otra víctima de asesinato, que supuestamente involucra al clan Villalba, es el caso de Rosimar dos Santos, quien era candidato a concejal en la localidad de La Paloma (Canindeyú) y era líder de un movimiento contrario a los intereses de la familia".
Con respecto al actual gobernador de Canindeyú, tras enumerar los cuantiosos bienes y propiedades que el político adquirió en tiempo récord, el informe sostiene: "El gobernador Alfonso Noria Duarte, con apoyo de otros actores políticos de Canindeyú, montó una asociación criminal, que llevó finalmente a un esquema de enriquecimiento ilícito, que le permite llevar un estilo de vida en total desacuerdo con sus ingresos".
"Además, permite inferir que, cuanto menos, estaría causando un grave perjuicio al erario público departamental, con el consiguiente daño al bienestar a la población de Canindeyú. A través del esquema explicado, se enriquecen ilícitamente tanto él como sus familiares más cercanos y sus 'asociados' comerciales, lo cual hace absolutamente necesario que los organismos jurisdiccionales correspondientes actúen con celeridad para llevar adelante la investigación solicitada", agrega el informe de la CBI.
Tras las graves acusaciones contenidas, el Ministerio Público dio apertura de una carpeta relacionada al gobernador de Canindeyú, Alfonso Noria, indicando que éste también fue un tema pedido de la CBI y que ameritaba ser investigado. No obstante, no hubo el mismo proceder contra el clan Villalba, ni contra otros políticos acusados de mantener nexos con el narcotráfico.



Una placa en medio de la nada

Cuando se cumplieron dos años del asesinato, los familiares del comunicador, con el apoyo de organizaciones sociales y gremios de periodistas, inauguraron una placa que recuerda a Pablo y Antonia, en el mismo lugar donde fueron asesinados.
"Con este acto queremos exigir un combate serio a la narcopolítica, porque hasta ahora todo queda en discursos de las autoridades. No se ha realizado una investigación seria, quienes son padrinos de los asesinos siguen en el poder", dijo en la oportunidad Dyrsen Medina, hija de Pablo.
La placa de homenaje, sostenida por un monolito de cemento y construida por la Intendencia Municipal de Villa Ygatimí, en medio del  desolado camino fronterizo, dice textualmente: "Fueron unas personas muy especiales, mártires de la verdad y acallados por la mafia...".





Los procesados por el crimen del periodista

-Vilmar “Neneco” Acosta Marques, ex intendente de Ypejhú, ordenó y coordinó por teléfono el atentado contra Pablo Medina. Fue capturado en Caarapó, Brasil, el 4 de marzo de 2015, y luego extraditado a Paraguay, el 17 de noviembre del mismo año. Un Tribunal de Sentencia lo condenó a una pena ordinaria de 30 años de cárcel, más otros nueve años como medida de seguridad, en un juicio que terminó el 19 de diciembre de 2017.
-Wilson Acosta Marques, hermano de Vilmar, fue quien abrió fuego con una escopeta calibre 12 que le destrozó la cabeza al corresponsal. Se cree que está oculto en Brasil, donde es buscado por varios crímenes, como el de un agente de la Policía Militar. Es el único involucrado directo aún prófugo.
-Flavio Acosta Riveros, sobrino de Vilmar y de Wilson. Disparó contra la camioneta de Medina con una pistola calibre 9 milímetros, desde el lado de la ventanilla del acompañante. Fue apresado en Pato Branco, Brasil, el 9 de enero de 2016, luego de agredir a su concubina. Está recluido en una cárcel de Foz de Yguazú, donde será sometido a juicio por este asesinato.
-Arnaldo Javier Cabrera López, fue chofer de Vilmar. Su celular fue usado por Neneco para coordinar la ejecución. Fue capturado en un monte de Ypejhú el 8 de diciembre de 2014. Fue condenado a cinco años de cárcel por omisión de dar aviso de un hecho punible.