martes, 5 de septiembre de 2017

La noche en que un espía descubrió al nazi Josef Mengele en Hohenau



El médico nazi Josef Mengele, apodado el Ángel de la Muerte, uno de los militares nazis más buscados por crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, llevaba casi un año de sentirse tranquilo y muy resguardado en la agreste región del Sur del Paraguay, que le recordaba los aires de su Gunzburgo natal... cuando el miedo de ser atrapado se instaló de nuevo, repentinamente.

#CrónicasDeLaMemoria


Andrés Colmán Gutiérrez
HOHENAU, ITAPÚA

Fue en una fresca noche de 1962. En la granja del colono Alban Krug, en Poromoko, lugar también conocido como Hohenau Cuatro, a unos 16 kilómetros del centro urbano de Hohenau, Departamento de Itapúa, se celebraba una cena a la luz de las velas y lámparas a querosén. En un fonógrafo sonaban discos con canciones en alemán.
Entre los comensales, además de Mengele, quien se ocultaba bajo la falsa identidad de Federico Fritz, estaban los dueños de casa, los Krug, unos pocos amigos y parientes de la colectividad alemana, además de los Jung, de Asunción, pero el principal agasajado era un visitante recién llegado de Alemania, que se apellidaba Fritzke.
El hombre traía recomendaciones de altos ex jerarcas del ejército alemán de Adolf Hitler. Fue así como pudo contactar con quienes protegían al Ángel de la Muerte y participar de una cena con el propio Mengele.
Pero algo pasó esa noche, que hizo sospechar de que ese Fritzke no era quien decía ser, relata Bonibaldo Junghanns, el ex capataz de la granja de los Krug, que fue testigo de ese momento crucial.
–Entonces, ¿Fritzke era un doble agente? ¿Un espía que se había infiltrado para averiguar el paradero de Mengele? –le pregunté.
–Evidentemente, era así. Algo en él despertó la sospecha de los que protegían a este señor (Mengele). Hubo mucha tensión. Entonces vinieron a llevarlo de la casa de Alban Krug y no volvimos a verlo.

Bonibaldo Junghanns con el autor de esta crónica, junto a la casa que compartió con Mengele. (Foto: Desirée Esquivel)
REGRESO. Bonibaldo Nissi Junghanns tenía 23 años de edad cuando conoció al doctor Josef Mengele.
"Fue el señor Jung, dueño de la Ferretería Alemana, de Asunción, quien lo trajo. Nos lo presentó como el señor Federico Fritz, pero uno de los hijos de Alban Krug me contó que era Mengele, y que teníamos que mantener su identidad en secreto", recuerda, 55 años después.
Junghanns, quien llegó a ser intendente municipal de Hohenau, de 1996 a 2001, empezó a trabajar como capataz de Alban Krug en 1959 y ayudó a construir la vivienda rural de estilo alemán que ahora se ha vuelto célebre como "la casa de Mengele". Nissi tiene un establecimiento cerca de allí, pero llevaba décadas sin visitar la granja.
El colega Narciso Meza, corresponsal de Última Hora en Colonias Unidas, logró que Junghanns acceda a una detallada entrevista para el libro Mengele en Paraguay, que prepara este equipo. Tras una extensa charla en Obligado, le pedimos que nos acompañe hasta la casa en que vivió junto con el médico nazi. Se niega, pero tras explicarle las razones por las que consideramos importante grabar imágenes con él en el lugar, finalmente acepta llevarnos en su camioneta.
El portón de la ex granja de los Krug está sin candado y podemos entrar sin problemas. Nuestra fotógrafa Desirée logra captar imágenes de la llegada y de nuestro primer recorrido, cuando el encargado sale a recibirnos y nos dice que los actuales dueños de casa se niegan a que se graben entrevistas en el lugar. Nos confirma que los Krug han vendido el establecimiento a la familia Heisecke, pero hoy tiene otro arrendatario.
"Mucha gente viene, quiere conocer y tomar fotos, pero a los dueños no les gusta que salga en los diarios, con la fama de que aquí vivió Mengele, por eso no dejamos que se entre", relata el encargado.

ABANDONO. Tras la promesa de grabar la entrevista fuera de la propiedad, se nos permite recorrer la vivienda. ¿Cómo negarselo a Junghanns, si él es parte de la historia del lugar, constructor y protagonista?
La casa principal, de material cocido, con clásico estilo de vivienda rural alemana, rodeada de un amplio corredor, se mantiene igual que la época en que Mengele se ocultó allí, asegura Junghanns. "La estructura es la misma, solo que está muy abandonada", dice.
Pero el médico nazi no vivió en la residencia principal, sino en otra secundaria, a pocos metros. Es rústica y sencilla, de unos 10 por 12 metros, paredes de color salmón, techo de tejas, puertas y ventanas de madera pintadas de verde.
Ahora es una cocina, pero en 1961 tenía dos habitaciones. En la principal dormía Mengele y en la contigua Junghanns. "Éramos vecinos, solíamos conversar hasta tarde, pero él nunca me contó nada de lo que le pasó en la guerra. Se encerraba a leer o escribir, pero en ocasiones salía con nosotros al campo, en un tractor, a ver cómo manejábamos los animales y pasábamos la noche en un retiro, en un sitio llamado Morena'i", narra.
 
La vivienda en que durmió Josef Mengele. Actualmente las habitaciones fueron trasformadas en cocina.
HISTORIA. Hasta ahora, los detalles acerca de los años en que el doctor Mengele vivió oculto en Paraguay permanecen desconocidos en la mayoría de los libros sobre su vida.
Nacido el 16 de marzo de 1911, en Gunzburgo, Baviera, Alemania, Josef Mengele estudió antropología y zoología en Munich y Viena. Se unió al Partido Nazi en 1937 y se graduó de médico en 1938, año en que se unió a las SS.
Durante la Segunda Guerra Mundial pidió ser médico del campamento de exterminio de Auschwitz / Bikernau, donde diversos testimonios lo acusan de haber realizado terribles experimentos médicos con prisioneros judíos, que le valieron el mote de Angel de la Muerte.
Se obsesionó por experimentar con gemelos, buscando purificar la raza aria. Se le acusa de haber enviado a la muerte a unas 400.000 personas en la cámara de gas.
Tras la guerra, llegó a la Argentina en 1949, con un pasaporte falso de la Cruz Roja a nombre de Helmut Gregor. En febrero 1959, al sentirse perseguido en Argentina, huye al Paraguay, donde obtiene cédula de identidad y carta de nacionalización.

PROTECTORES. El colono de ascendencia alemana Alban Krug, ex presidente de la Cooperativa Colonias Unidas, de Obligado, fue quien brindó su casa en Poromokó, Hohenau, para dar refugio y mantener oculto al médico nazi Josef Mengele, entre 1961 y 1962, pero fueron otros influyentes inmigrantes, el alemán Werner Jung y el ruso-alemán Alexander von Eckstein, quienes actuaron como testigos para conseguirle la ciudadanía paraguaya, protegiéndolo mientras el criminal de guerra permaneció en el Paraguay.
Alban Krug nació en Brasil y llegó al Paraguay con el primer grupo de familias de ascendencia alemana que desembarcó en Hohenau en Josef Mengele, en 1960.El investigador norteamericano Gerald Astor, en su libro Mengele, el último nazi, sostiene que Krug era “el jefe del partido nazi clandestino en la época”.
Bonibaldo Junghanns asegura que quien trajo a Mengele a la casa de Krug, en Hohenau, fue Werner Jung, conocido comerciante alemán, dueño de la Ferretería Alemana en Asunción y cónsul del Paraguay en Alemania Occidental.
Jung, junto con el barón Alexander von Eckstein, nacido en Estonia, Rusia, pero de ascendencia alemana, se prestaron como testigos para que la Corte Suprema de Justicia otorgue la carta de ciudadanía paraguaya a Josef Mengele el 27 de noviembre de 1959. Jung iba a visitar a Mengele a la casa de Krug en Hohenau casi cada mes, o a veces cada tres meses, según Junghanns.

Izquierda: la apariencia de Josef Mengele en 1960, cuando vivía en Paraguay. Derecha: nota en la que Augusto Montanaro, ministro del Interior de la dictadura stronista, comunica que el criminal nazi ya no estaba en el país y pide revocar la nacionalidad paraguaya.
ESCAPE. "Desconozco si Mengele vivió en otras partes del Paraguay, pero con nosotros estuvo oculto por más de un año, hasta que apareció el tal Fritzke, que levantó la alarma y nuevamente lo hicieron desaparecer", cuenta Bonibaldo.
En esa época, probablemente alertados por Fritzke, también llegaron otras personas en busca de Mengele. Junghanns cree que eran miembros de los equipos de cazadores de nazis e incluso cree recordar que se hacían llamar Los Casaca Negra.
"Conmigo hablaron en la Municipalidad. Me ofrecieron dinero: 100.000 dólares si les decía en dónde estaba Mengele y otros 100.000 dólares si les daba documentos que le pertenecían. Les dije que nunca iba a hacer eso, que nunca le vendería a nadie. Esa fue la oportunidad en que pudieron capturarlo en el Paraguay", cuenta Junghanns, actualmente con 78 años de edad, con una lucidez notable, dispuesto a romper los pactos de silencio y a preservar la memoria con un tema todavía polémico.

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Las crónicas anteriores sobre Mengele en Hohenau las podés leer aquí.

También una crónica sobre el criminal nazi Eduard Roschmann, El carnicero de Riga, quien murió en Asunción en 1977, la podés leer aquí.

lunes, 28 de agosto de 2017

Sombrero Hũ, el símbolo de una era oscura que persiste en Encarnación


El busto de Domingo Robledo, ex compadre de Stroessner, fue arrancado de la Terminal de Encarnación, pero volvió a instalarse y se mantiene sin placa ni nombre. El escritor Robin Wood lo retrató como un villano de historietas.

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Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

–¡Ha caído la dictadura del general Alfredo Stroessner...!
Fue la inesperada noticia que el abogado encarnaceno Luis Eliézer Pocho Espinoza Ojeda oyó en una emisora argentina, en la madrugada del 3 de febrero de 1989. Tras confirmar que no era una broma, salió a la calle a respirar hondo. La capital de Itapúa amanecía envuelta en un sepulcral silencio.
Pocho sintió que había llegado el momento de cobrarse tanta injusticia, especialmente por la prisión y los maltratos que le infligieron en 1972, cuando lo llevaron preso junto a otras 21 personas, a las que involucraron en el asesinato del intendente encarnaceno Domingo Robledo, alias Sombrero Hũ, cuando todos sabían que quien lo mató fue el director de Correos, Herminio Palacios, quien además se suicidó tras cometer el crimen.
El abogado buscó una larga cadena y la alzó en su camioneta. Manejó hasta la Terminal de Ómnibus de Encarnación. Estacionó frente al busto dedicado a Domingo Robledo. Rodeó un extremo de la cadena en torno a la cabeza y el cuello del monumento y ató la otra punta a la carrocería del vehículo. Luego puso en marcha el motor, aceleró con mucha fuerza y sonrió al sentir que el busto se desprendía con un golpe seco, cayendo al suelo.
Entonces, Pocho Espinoza recorrió con su camioneta las principales calles de Encarnación, haciendo sonar la bocina y arrastrando el busto de Domingo Robledo, frente a las miradas atónitas de sus conciudadanos, mientras gritaba:
–¡Al fin cayó también nuestro tirano...!


Domingo Robledo (a la derecha) con su característico sombrero negro.
DE VUELTA. Veintiocho años después, el busto de Domingo Robledo Valenzuela, el célebre Sombrero Hũ, todavía permanece frente a la Terminal de Ómnibus de Encarnación.
Llamativamente, no hay placa que revele la identidad del hombre del monumento.
–Señora, ¿sabe usted quién es este personaje? –pregunto a la chipera Ña Felicia.
–No, che karai. Seguro es un héroe de la guerra –dice.
En 1989, el busto de Sombrero Hũ fue abandonado en un vertedero por Eliézer Espinoza. De allí lo recogieron las autoridades de la época y lo volvieron a ubicar en la Terminal, aunque desde entonces hay como cierta vergüenza en rendirle honores.
–La intendenta Élida Bartonchelo le puso una placa nueva con su nombre, pero enseguida alguien sacó y escondió –dice un funcionario de la Terminal de Ómnibus, que pide no ser identificado.

SEÑOR FEUDAL. Nacido en Encarnación, el 20 de diciembre de 1911, de origen humilde, Domingo Robledo fue amigo de infancia y compañero de estudios de su compueblano Alfredo Stroessner, con quien fueron a la Guerra del Chaco en 1932.
"Robledo protegió a Stroessner durante su exilio en Posadas, Argentina, en 1953. Por eso el dictador lo nombró intendente de Encarnación en 1958, cargo que ejerció hasta ser asesinado en 1972", destaca el historiador encarnaceno Julio Sotelo.
Hay quienes lo recuerdan con gratitud por sus obras, como la construcción del estadio del club 22 de Setiembre o la creación del barrio IPVU, pero otros lo hacen con rencor por su ínfulas de señor feudal, déspota y arbitrario, acostumbrado a exigir dinero que luego ya no devolvía.

Con su amigo, el dictador Alfredo Stroessner, admirando una mandioca gigante.

EL FIN. Fue uno de estos préstamos sin devolución el que lo enemistó con su amigo y correligionario Herminio Palacios, jefe de Correos.
"Cuentan que Robledo pidió mucho dinero en préstamo a Palacios. Cuando este fue a pedirle que devuelva, Robledo lo abofeteó y ofendió", narra Julio Sotelo.
El lunes 18 de diciembre de 1972, Palacios vio pasar al intendente en su auto por la avenida Caballero. El jefe de Correos tomó un cuchillo de cocina, subió a su camioneta y lo alcanzó en el cruce con la ruta 1, donde lo embistió y lo tiró a una cuneta. Luego bajó y lo apuñaló reiteradas veces. Enseguida, Palacios se autoeliminó con el mismo cuchillo.
El caso fue aprovechado por el delegado de Gobierno Juan Vicente Ricciardi para encarcelar a 22 adversarios políticos, a quienes acusó del asesinato, a pesar de que todos sabían que solo fue Palacios.
Hoy, el busto de Sombrero Hũ sigue siendo un símbolo en el paisaje urbano de Encarnación. Nadie más se animó a arrancarlo con cadenas.

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El "Sombrero Blanco", personaje de Robin Wood inspirado en Robledo para su serie Morten. 

Un villano de historietas


El gran escritor paraguayo de historietas Robin Wood vivió durante su juventud en Encarnación y conoció de cerca la leyenda de Sombrero Hũ. En los años 80 se inspiró en el personaje, cambiando negro por blanco, para crear a un villano de su serie Morten, dibujada por el argentino Carlos Pedrazzini. El Sombrero Blanco es el alcalde de un pueblo sudamericano, déspota y corrupto, que gobierna a través del terror, hasta que cae en desgracia.

Últimas noticias periodísticas sobre Serafina Dávalos


El hallazgo de una serie de artículos periodísticos de época sobre una querella judicial de 1957, en el que un sobrino de la ilustre primer abogada paraguaya y líder feminista Serafina Dávalos acusa a la excompañera de esta de haberla dejado morir, produjo sorpresas y controversias, tras su publicación en el diario Última Hora. Este es un resumen de las notas, a pedido de lectores del blog.   

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Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

En setiembre de 1957, una mujer llegó al Sanatorio Leriche, sobre Perú y Ana Díaz, en la zona del Mercado 4 de Asunción, a pedir medicamentos "para una mujer pobre, que estaba gravemente enferma".
El médico que la atendió, Óscar Acuña Torres, se mostró intrigado y explicó que no podía recetar medicinas sin inspeccionar a la enferma. Tras insistir, la mujer aceptó llevarlo hasta una vivienda sobre la calle Rodríguez de Francia.
Al ingresar a la residencia, el médico quedó sorprendido ante lo que describió como "un cuadro macabro".
En el interior de una habitación se hallaba una mujer de edad avanzada, "totalmente desnutrida, presa del hambre, tendida sobre un catre de lona, sin colchón, con los pies fuera de la cama".
El doctor Acuña Torres, –quien llegó a ser presidente del Partido Revolucionario Febrerista, fallecido en el 2003–, quedó impactado al reconocer que la enferma no era otra que Serafina Dávalos. La que había ido a pedir medicamentos era Honoria Balirán, secretaria y "dama de compañía" de Serafina, pero en realidad su pareja sentimental, en una época en que las relaciones de personas del mismo sexo resultaban aún inconfesables.
Dos años después, en su declaración ante un Juzgado en Asunción, Acuña Torres contó que hizo lo posible por intentar curar a Serafina, pero el daño a su organismo estaba muy avanzado y falleció irremediablemente el 27 de setiembre de 1957.

ACUSACIÓN. El abogado Nicasio Dávalos, hijo de un hermano de Serafina, presentó querella criminal contra Honoria Balirán ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal de Asunción, a cargo del juez Ernesto Giménez, acusándola de ser autora de "la muerte lenta y horrorosa de la doctora en Derecho".
En el relato se describe que Balirán vivía con Serafina Dávalos desde 1915, como "dama de compañía". Nicasio afirma que la mujer empezó a ejercer sobre su tía "una influencia morbosa, encaminada a quedarse con todo lo que acumulaba de fortuna, por su gran capacidad de trabajo".
Así la mujer logró que Serafina la nombre su heredera universal, quedándose con la propiedad del Palacete en que vivían, sobre la calle Herrera casi Tacuarí, que luego vendió al Estado y también procedió a vender los coches de la abogada y un establecimiento ganadero en Itacurubí de la Cordillera, quedándose con el importe de las ventas.
"Allí empezó el viacrucis de la doctora, que fue sometida por su secretaria, quien le negó los alimentos indispensables para su subsistencia, la castigó brutalmente en todas las ocasiones en que reclamaba alimentos, teniéndola secuestrada por largo tiempo hasta su muerte, incomunicándola para que no se entere nadie...", relata el sobrino Nicasio Dávalos, en la querella.

Publicación del diario El País de Asunción, de fecha 19 de octubre de 1959.
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Los testimonios más consistentes que se revelan sobre la forma en que murió la ilustre abogada y pionera feminista Serafina Dávalos son los brindados por dos médicos que aseguraron haberla asistido en sus últimos días y la encontraron en un grave estado de desnutrición, ante la falta de cuidados.
El principal testigo, que brindó su declaración ante el proceso judicial iniciado en 1957 ante el juez de Primera Instancia en lo Criminal de Asunción, Ernesto Giménez, fue el doctor Óscar Acuña Torres, médico del Sanatorio Leriche. Reconocido dirigente del Partido Revolucionario Febrerista (PRF), llegó a ser presidente de dicha organización política en dos periodos y falleció en un accidente automovilístico, el 14 de enero de 2003, en las afueras de la ciudad de Coronel Bogado.
En su declaración testifical, en el marco de la querella promovida por el abogado Nicasio Adriano Dávalos, sobrino de Serafina, contra la ex compañera sentimental de la misma, Honoria Balirán, reproducida por varias publicaciones del diario El País de Asunción, en octubre de 1959, el doctor Acuña Torres relata que fue a visitar a Serafina, a la casa en que la tenían, sobre la calle Rodríguez de Francia, donde la encontró "en un cuadro terminal" y "totalmente desnutrida".
"Le suministró en esa oportunidad remedios y cuando fue la segunda vez, dos o tres días después, acababa de morir", precisa la publicación.
Acuña Torres también declaró que Honoria Balirán le pidió "reserva sobre su estado", porque "no quería que se comentara con nadie el estado en que se encontraba" Serafina Dávalos.

OTRO MÉDICO. En el mismo proceso judicial declaró además el médico Telmo Aquino, también integrante del equipo del Sanatorio Leriche, quien "corroboró plenamente lo afirmado por su colega, por haber presenciado también ese mismo cuadro".

LA CRIADA. Otro testimonio brindado ante el juez Giménez fue el de Cecilia Vázquez, quien fue presentada como la criada que prestaba servicio en la casa en que vivían Serafina Dávalos y Honoria Balirán.
Vázquez también sostuvo que Honoria Balirán "le ha hecho objeto de malos tratos a la doctora Dávalos, castigándola, no proporcionándole los alimentos y medicamentos que le hacían falta", según la publicación de El País.
Agregó que la doctora Dávalos "presentaba en su cuerpo moretones que probaban fehacientemente los malos tratos de que era objeto".
La criada contó que cuando Serafina se encontraba muy mal, le pedía a ella "que fuera a llamar a la señora Zulma de Martínez", pero Honoria Balirán le prohibía hacerlo, cerrando las puertas con llave.
Cuando murió Serafina, Honoria "no quiso que se diera la noticia a nadie", indicó Cecilia Vázquez.

AMIGA. Zulma Llano de Martínez, amiga de Serafina Dávalos, también declaró en el proceso judicial, alegando que la visitó en varias oportunidades, comprobando personalmente el estado de abandono en que la tenían.
"Le negaba alimentos y se negaba a comprar medicamentos cuando ella necesitaba", dijo la mujer, asegurando que en más de una oportunidad encontró rastros de golpes físicos en el cuerpo de Serafina.

POLÉMICA. Los datos revelados por ÚH sobre la presunta manera en que murió la ilustre abogada Serafina Dávalos causó polémica en círculos intelectuales, feministas y de colectivos LGBT.
El grupo Aireana, en nota publicada en su página de Facebook, sostiene que la versión del sobrino Nicasio Dávalos es probablemente falsa. Sin embargo, hasta ahora no aparece otra versión documentada sobre la muerte de Serafina Dávalos, que refute la historia, ni los testimonios que han sido publicados.
¿Cómo acabó el juicio? El historiador Fabián Chamorro señala que no se hallaron más publicaciones. Rosemary Dávalos, sobrina nieta de Serafina, cree que la familia le pidió a Nicasio que desista de la querella y que no existió un veredicto final... pero todavía quedan muchos detalles por investigar.

Otra de las publicaciones de El País, que encendieron la polémica.

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La tumba perdida de Serafina

¿Dónde está la tumba de la primera mujer abogada paraguaya y admirada líder feminista Serafina Dávalos?
Esta fue la pregunta que motivó al historiador Fabián Chamorro a hurgar en antiguos periódicos, donde halló las crónicas sobre una querella judicial entablada por Nicasio Dávalos, sobrino de Serafina, en 1959, acusando a la ex compañera sentimental de la abogada, Honoria Balirán, de haber provocado intencionalmente su muerte, privándola de alimentos... y de haber ocultado sus restos, tal como hemos consignado en la crónica anterior.
"Muerta la doctora (Dávalos), la Balirán y su cómplice se apresuraron para asegurar el botín y llevaron, con propósito de ocultar el crimen, el cadáver de la doctora, con destino desconocido, pues ni siquiera figura con entrada en el Cementerio de la Recoleta, como corresponde", aseguró Nicasio Dávalos en la querella, según refiere una publicación del diario El País de Asunción, el 19 de octubre de 1959.
Agrega que "ni siquiera dieron aviso a los periódicos y parientes, y el ataúd que se dice contiene el cadáver apareció después en la Recoleta".

MISTERIO. "Hace tiempo que vengo buscando la tumba de Serafina Dávalos, como parte de una investigación para una obra de cuatro tomos sobre la historia del Cementerio de la Recoleta, pero no existe ningún dato acerca de su ubicación, ni siquiera hay registros de que la hayan enterrado allí", destaca el historiador Fabián Chamorro.
Tratando de obtener los datos sobre el destino de sus restos, Fabián encontró algo más terrible: la acusación de que la muerte de Serafina fue lenta y dolorosa, presuntamente provocada por su ex compañera sentimental, para quedarse con sus bienes.
"No conocíamos esta parte oscura de la historia de Serafina y me sorprendió mucho", admite Chamorro.
La historiadora Ana Barreto Valinotti, quien incluyó la biografía de Serafina Dávalos en su libro Mujeres que hicieron historia en el Paraguay, editado en 2011, también se muestra sorprendida. Ella escribió que "Serafina falleció en 1957, en la pobreza, habiendo ejercido su profesión de abogada hasta el final de sus días. A sus restos se les negaron funerales cristianos".
Barreto cuenta que hace poco se enteró de nuevos datos sobre la pionera del feminismo. "Por la investigación de su sobrina nieta Rosemary Dávalos, sabemos que la fecha de su nacimiento es equivocada. Hay detalles de su biografía por corregir, pero el relato de su trágica muerte resulta sorprendente para quienes la admiramos", destaca.
Barreto coincide en que el lugar donde está sepultada Serafina Dávalos sigue siendo un misterio, que resulta un desafío para los historiadores.

SORPRESA. "No conocía los detalles de esta lúgubre historia y me da mucha pena", dice la sicóloga Rosemary Dávalos, sobrina nieta de Serafina, quien está trabajando en rescatar y valorar la vida y obra de la gran luchadora feminista. Teme que esta revelación periodística empañe la valiosa trayectoria de Serafina, aunque las circunstancias de su muerte no pueden opacar el brillo de su vida.
El palacete sobre Herrera casi Tacuary, en Asunción, que perteneció a Serafina Dávalos. Foto: Andrés Colmán G.
 ***

En defensa de Honoria Balirán

Tras los datos de la querella de Nicasio Dávalos contra Honoria Balirán, el diario El País publicó el 23 de octubre de 1959 una carta de Héctor Saturnino Mendieta, paraguayo residente en Argentina, quien defiende a la ex compañera de Serafina.
Este relata que Serafina Dávalos nombró a Honoria Balirán como su heredera universal en 1917, "en plena juventud y en la plenitud de sus medios", lo cual contradice que pueda causar su muerte para quedarse con sus bienes.
Mendieta acusa al sobrino de Serafina, Nicasio Dávalos, de tener "propósitos oscuros" con la querella, probablemente el de quedarse con los bienes. "Nunca hemos visto a los parientes de ella acercársele", destaca.
"Nadie desconoce que la doctora Dávalos y la Balirán se trataban como hermanas y como tales registraban también diferencias, que originaban discusiones. He sido testigo de varias de estas discusiones", dice.
Relata, además, que Honoria Balirán vendió al Estado paraguayo el Palacete de la calle Herrera, que le dejó Serafina, por un valor de 3 millones de guaraníes, la mitad de la oferta original que pensaba percibir.

***

Las huellas de la primera abogada

Según la biografía oficial, Serafina Dávalos Alfonze nació en Ajos, la actual Coronel Oviedo, el 9 de setiembre de 1883, pero nuevos datos hallados por su sobrina nieta, Rosemary Dávalos, indican que en realidad nació algunos años antes.
"La fecha de su nacimiento surgió de una obra del historiador Carlos R. Centurión, pero tenemos documentos que refieren que fue en otra fecha. Estamos comprobando, antes de dar a conocer", afirma Rosemary.
Tras estudiar en la Escuela Graduada de Niñas, Serafina promueve con sus compañeras la creación de la Escuela Normal de Maestras en 1896 y egresa como maestra en 1898. Ante la guerra civil de 1904, lleva adelante una movilización de mujeres en busca de la paz.
Fue la primera mujer abogada del Paraguay, egresada en 1907, con su revolucionaria tesis Humanismo.
En 1908 se convierte en la primera mujer integrante del Superior Tribunal de Justicia.
En 1910 asiste como delegada oficial del Paraguay al Congreso Internacional Femenino en Buenos Aires, Argentina.

Serafina Dávalos (Foto: Portal Guaraní).



lunes, 31 de julio de 2017

El viento de agosto


¿Pueden escuchar como grita
el viento de agosto entre las ruinas…?

Viento norte cálido y rebelde
que envuelve a los negros muñones
de hierro y cemento
que acaricia los restos de irreconocibles objetos
retorcidos entre los escombros
rescatando cuatrocientas historias humanas
trágicamente interrumpidas.

Viento indignado
que se detiene reverente
ante el altar de las víctimas
para no apagar las débiles llamitas
de las velas encendidas
que chisporrotean en el aire húmedo
junto a esos nombres inmortalizados
en ajadas fotografías
y desgarradas letras de memoria.

En sus alas malheridas
el viento devuelve los ecos
de aquel 1 de agosto de 2004
antes de las 11.20 de la mañana
cuando la vida todavía era vida
y la alegría cotidiana estallaba
bajo el radiante Sol del domingo
en el antiguo y querido barrio
de la Santísima Trinidad.

Aire poblado de risas infantiles,
olor a tallarines caseros
y parrillas en el patio
y aquel supermercado repleto de gente
disfrutando de un alegre día en familia.

Y de pronto la explosión sorda…
¡y el mundo que se quiebra en pedazos!

***

Tantos años
tratando de curar heridas
que ya no pueden sanar
intentando recomponer pedazos
de vida fragmentada
buscando la identidad
en cada resto u objeto sobreviviente.

Tantos años de lucha y encuentro solidario
portando la foto del ser querido
como una marca de fuego en el corazón
levantando la memoria herida
como bandera de dignidad
buscando razones para la esperanza.

Tantos años intentando comprender
una sentencia judicial mezquina
que nunca podrá reparar lo irreparable.

Tantos años de mirarle la cara
a la miseria humana
convertida en sistema
de corrupción e impunidad.

Seamos hoy 
todos y todas
este cálido viento de agosto
para abrazar a las víctimas
y a los familiares del 1A
en una gran cadena de solidaridad
que no la pueda quebrar el tiempo
ni la soledad
ni la infamia.

¡Otro Ycuá Bolaños… NUNCA MÁS!


Andrés Colmán Gutiérrez

jueves, 20 de julio de 2017

El boom del cómic paraguayo


Sin superhéroes con capas, con relatos basados en la historia y la literatura del Paraguay, el cómic nacional vive una explosión de nuevas ediciones, con un renovado interés de los lectores. La obra 1811 se distribuyó en más de 70.000 ejemplares y Carpincheros arrancó su primera edición con 5.000 copias.

 Por Andrés Colmán Gutiérrez

Los cómics más difundidos en el país no han sido los de algún superhéroe con capa, ni la saga de alguna guerra espacial con naves estelares, sino 1811, una novela gráfica de Robin Wood y Roberto Goiriz sobre la Independencia del Paraguay, que llegó a alcanzar más de 70.000 copias en sus distintas versiones, y Carpincheros, un clásico cuento de Augusto Roa Bastos, con guion de Javier Viveros y dibujos de Juan Moreno, que en su primera edición lanzó 5.000 ejemplares.
Cualquiera de las dos cifras es elevada para el mercado de publicaciones en el país. Ni las novelas más exitosas, ni los libros de temas más actuales, alcanzan ese volumen de impresiones.
La obra Carpincheros, que inicia la colección Literatura paraguaya en historietas de la editorial Servilibro, estaba pensada para 1.000 ejemplares, pero cuando la directora, Vidalia Sánchez, vio la impactante portada dibujada y pintada por Juan Moreno, con los legendarios cazadores de carpinchos avanzando en medio de la noche a bordo de primitivos cachiveos, entre el reflejo de fogatas encendidas sobre camalotes flotando a ras del agua, decidió arriesgarse y elevó el tiraje.
No se equivocó. “Apenas el material salió en circulación, varios lectores, principalmente educadores de colegios, se pusieron en contacto para obtenerlo. La colección está teniendo mucho suceso. El cómic ejerce una atracción especial en los jóvenes por la fuerza de las imágenes y el colorido de los dibujos. Es un excelente medio para dar a conocer los temas de la historia y de la literatura de nuestro país”, afirma Vidalia.
Servilibro ha creado un sello alternativo, Servicomics, en donde ya lleva editado cerca de diez títulos y además planea crear una sección especial de comics en su local central de la Plaza Uruguaya, en donde ofertar todas las publicaciones de la historieta nacional, incluyendo obras de otras editoriales y ediciones independientes.

Quimera, la primera revista paraguaya de historietas, aparecida en 1981.

Entre Quimeras y Raudales

Las primeras obras conocidas de historieta en el Paraguay fueron Ivo, el piloto audaz, una serie escrita y dibujada por el arquitecto Aníbal Ferreira Menchaca, alias Tata, publicada por primera vez en la revista infantil Farolito, en octubre de 1964; El niño de Pikysyry, una serie ambientada en la Guerra del 70, realizada por Juresuk, publicada en la misma época; y una serie sobre la vida del presidente Carlos Antonio López, realizada por el escritor y pintor boliviano Gil Coimbra.
En 1967, en Buenos Aires, otro creador paraguayo llamado Robin Wood empezó a publicar sus primeros guiones de historietas en las revistas de la Editorial Columba, principalmente una serie que se volvió leyenda a nivel internacional: Nippur de Lagash, con dibujos del argentino Lucho Olivera. En poco tiempo, Wood llegó a convertirse en uno de mejores escritores de comics del mundo.
A nivel local, el creador Carlos Argüello dio a conocer en 1978 a Avaré, un personaje de historietas ambientado en la época de la conquista española, que se publicó en el suplemento infantil de Última Hora, a razón de una página semanal a todo color. Fue el primer héroe de aventuras en el mundo guaraní.
El propio Argüello, unido a otros dos jóvenes artistas, Juan Moreno y Roberto Goiriz, en 1981 editaron Quimera, la primera revista paraguaya de historietas. Como la mayoría de las publicaciones de la época, era hecha a pulmón por sus autores, vendida de mano en mano entre los amigos, generando ingresos que apenas alcanzaban a pagar los costos de impresión.
Ante esa realidad, Roberto Goiriz, Juan Moreno y Nico Espinoza editaron en 1984 El Raudal, una revista humilde en formato pero revolucionaria en contenido, realizada en blanco y negro y multicopiada en papel oficio para abaratar costos. Fue el espacio de expresión para una generación sofocada por la dictadura, usando el humor y la historieta como forma de rebeldía política. Siete ediciones circularon de mano en mano, subterráneamente, hasta que la octava acabó inevitablemente censurada.


La historia en historietas

“En mi experiencia, la historieta siempre despierta atención. Se trata de un atractivo formato que mezcla arte y literatura de una forma tal que resulta muy fácil acercarse a una revista, un álbum, un libro que contenga ese tipo de historias. Y cuando se da el condimento adicional de un tema interesante, como la historia o la literatura, se suma ese público, el que está interesado en ese tema, sin necesidad de que tenga una lectura previa de cómics”, destaca Roberto Goiriz, considerado uno de los maestros pioneros del cómic paraguayo.
Goiriz es creador de varios personajes clásicos, como el caricaturesco Jopo o el antihéroe Heyulúnex, pero ninguno de ellos tuvo tanto éxito como la novela gráfica 1811, que dibujó sobre guion del gran escritor Robin Wood, para homenajear al bicentenario de la Independencia, en 2011.
Inicialmente, la Fundación El Cabildo imprimió 10.000 ejemplares de 1811. Luego, el diario ABC Color editó 40.000 ejemplares en forma de fascículos. Con apoyo de empresas y cooperativas, hubo otra tirada de 20.000 ejemplares para El Cabildo, más unos 3.000 ejemplares que editó Goiriz, por cuenta propia. “En total salieron unas 73.000 copias de la obra, creo que fue todo un récord”, sostiene el dibujante.
En esa misma trayectoria, en 2015 Goiriz se unió al historiador Jorge Rubbiani para realizar Paraguay Retä Rekove, una serie de 8 fascículos publicados por el diario ABC Color, con relatos de la historia paraguaya en cómic, abarcando desde el final del gobierno del dictador Rodríguez de Francia hasta mitad de la Guerra de la Triple Alianza, involucrando a dibujantes y guionistas paraguayos, argentinos y uruguayos. Una segunda parte del proyecto está actualmente en preparación.


El fenómeno Epopeya

Javier Viveros es un consagrado poeta y cuentista paraguayo, a quien un día la editora Vidalia Sánchez le mostró el álbum de comic Vencer o Morir, sobre la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) realizado por el historietista Enzo Pertile, y le preguntó: “¿Vos podrías escribir historias así?”.
Cautivado por los dibujos, Javier aprendió cómo escribir un guion de comics y empezó a adaptar varios de sus cuentos sobre la Guerra del Chaco (1932-1935), que fueron dibujados por Enzo Pertile y Juan Moreno. Con el título de Pólvora y polvo, las historietas bélicas se publicaron a partir de marzo de 2013 por el diario Última Hora, en una serie de 16 fascículos coleccionables.
En vista a la buena repercusión, Viveros escribió más guiones y preparó una segunda parte, en la que además de Pertile y Moreno involucró a los dibujantes Roberto Goiriz y Kike Olmedo, pero cuando presentó el proyecto de 20 episodios, los directivos del periódico le dijeron que en ese momento no lo iban a poder publicar. Otras editoriales tampoco se mostraron  interesadas.
Ante esa situación, el escritor decidió convertirse él mismo en editor. Pidió presupuestos de impresión para un álbum de 170 páginas a color y convocó a los lectores a través de una página en Facebook para que reserven anticipadamente su ejemplar, llenando un formulario en internet. La respuesta fue positiva y en pocas semanas se comprometieron más de 300 lectores a pagar 100 mil guaraníes por ejemplar, asegurando cubrir los costos.
Así nació el primer álbum gráfico Epopeya y se empezó a gestar Epopeya II, en la que intervinieron varios otros guionistas y dibujantes de Paraguay y Bolivia, los dos países que participaron de la Guerra. El segundo álbum se editó con mucho suceso en abril de 2016.
El fenómeno no se detuvo allí. Historiadores y apasionados por la historia se sumaron al proyecto junto con Viveros y en octubre de 2016 dieron vida a Epopeya Guerra Guasu, un álbum con 20 historias de la Guerra de la Triple Alianza, con participación de 35 guionistas, dibujantes y coloristas de los cuatro países involucrados en la contienda bélica: Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay.
“El cómic, al igual que el cine o la literatura, requiere de historias y tanto nuestro pasado patrio como nuestra literatura las tienen en calidad y cantidad. Son fuentes válidas y muy ricas”, destaca Javier Viveros, al explicar el gran interés que las publicaciones están despertando.
El historiador Fabián Chamorro, quien participó como co-editor y guionista en Epopeya Guerra Guasu, refiere que el cómic “es una herramienta diferente y más atractiva para los jóvenes especialmente. En un país en donde al audiovisual le falta aún caminar mucho, y en donde las herramientas digitales, como las aplicaciones, todavía no encontraron en la historia y la literatura una veta, entonces el cómic se convierte en el mejor camino de difusión”.

"Un problema de volúmenes", de Helio Vera, con guion de Colmán Gutiérrez y dibujos de Juan Moreno.

La literatura llega a través del comic

El más reciente fenómeno, revelado durante las actividades por el centenario del escritor Augusto Roa Bastos, tiene que ver con la adaptación de algunos de sus cuentos clásicos y su biografía en formato de historietas.
Inaugurando la colección Literatura paraguaya en historietas, dirigida por Javier Viveros para la editorial Servilibro, el mismo adaptó tres cuentos de Roa Bastos, Carpincheros (con dibujos de Juan Moreno), Pirulí (dibujado por Ruweman Amarilla) y Audiencia Privada (ilustrado por ADAM), que incluyen una guía de lectura para docentes, elaborado por la escritora Maribel Barreto.
La serie seguirá con adaptaciones de otros narradores paraguayos, como Un problema de volúmenes, de Helio Vera (guion de Andrés Colmán y dibujos de Juan Moreno), El doctor lluvioso, de Josefina Plá (guion de Viveros y dibujos de Moreno), La calesita de Ferreyra, de Gabriel Casaccia (guion de Colmán y dibujos de ADAM), entre otros títulos.
Paralelamente, Servilibro dio a conocer la colección Protagonistas de la historia en Paraguay, con biografías de grandes personajes en historietas. El primer volumen, Augusto Roa Bastos, el supremo escritor, con guion de Andrés Colmán Gutiérrez y dibujos de ADAM, se presentó con mucho éxito durante la Feria Internacional del Libro de Asunción, y seguirán las biografías de figuras como Serafina Dávalos, José Asunción Flores, Carlos Antonio López, Agustín Barrios, Rafael Barrett, Arsenio Erico, Josefina Plá, entre otros.
Como nunca antes, el cómic paraguayo vive un boom editorial.
 
Otra obra de la colección "literatura en historietas".
Construyendo el imaginario

“Los creadores del cómic están logrando lo que hasta ahora, por diversas razones, no estamos pudiendo lograr desde el cine y otras expresiones artísticas: construir un imaginario del Paraguay”, destaca el cineasta Hugo Gamarra, director del documental El portón de los sueños, sobre la vida y obra del escritor Roa Bastos.
Su colega, el cineasta Ray Armele, agrega que las obras en cómic “están contando las historias que la televisión paraguaya no cuenta, al no existir un apoyo para las realizaciones audiovisuales”.
Para el historiador Fabián Chamorro, las historias en cómic constituyen un instrumento pedagógico, una puerta de entrada para que los niños y jóvenes se interesen por temas que desde los libros de textos no atraen mucho. “Es ideal didácticamente hablando para niños y adolescentes, y es entretenida para el adulto”, destaca.
Paraguay tiene aún pocos guionistas, pero sí a excelentes dibujantes que publican a nivel internacional. Roberto Goiriz publicó en Brasil, Estados Unidos y en Italia, y ha dibujado dos series del guionista Robin Wood para revistas europeas: Hiras, hijo de Nippur y la futurista Warrior M. Enzo Pertile publica en la conocida editorial norteamericana Dark Horse y Carlos Arguello dibuja al legendario personaje Tarzán para la Edgar Rice Burroughs y también para Dark Horse. Kike Olmedo ha empezado a ilustrar Dago, el personaje más famoso de Robin Wood, para la editorial Eura de Italia.
A nivel nacional, aún existen dificultades para dar a conocer sus creaciones. “El principal problema tiene que ver con la distribución. Mercado hay, lo hemos comprobado con el proyecto de autogestión: en menos de seis meses vendimos los mil cien ejemplares que imprimimos de Epopeya - Guerra del Chaco. Hay guionistas y dibujantes de valía, hay público interesado y temas a granel. Lo que falta es una buena red de distribución, esto en caso de que uno quiera aventurarse a publicar por su cuenta, aunque el uso de las redes sociales atenúa este problema”, afirma Javier Viveros.
“Del lado de las editoriales hay una franca miopía. No en todas, afortunadamente. El proyecto Literatura paraguaya en historietas, se ha coronado de gran éxito. Servilibro le ha apostado fuerte y salen tiradas de cinco mil ejemplares por título, esto habla de la vitalidad que tiene el género en la actualidad”, destaca.
Para Roberto Goiriz, también, la principal dificultad local es la escasez de editores con visión. “Solo ahora, en el tercer milenio, habiendo sobrepasado sus cien años de edad, la historieta comienza a ser considerada un rubro interesante al que apostar. Se tardó un poco, pero es bienvenida esa atención y ojalá de ella resulten más proyectos y publicaciones. Hasta los diarios, que en el nacimiento mismo de la prensa utilizaron muchos cómics como parte de su contenido, y gracias a ello mantuvieron o aumentaron sus ventas, con el tiempo los abandonaron. En esta época de ventas decrecientes, los diarios y otras publicaciones en papel deberían prestar mucha atención al fenómeno que está ocurriendo”, señala.

Como en su clásico lenguaje, el boom del cómic paraguayo se inscribe sobre una trillada frase: Continuará…

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(Una versión más resumida de este artículo se publicó originalmente en la revista VIDA de Última Hora, en ocasión de su edición especial número 1.000, el sábado 15 de julio de 2017).

Parte de los muchos títulos publicados por los artistas del cómic nacional.