viernes, 26 de abril de 2013

El día en que 21 balazos buscaron acallar la voz de un periodista

Santiago Leguizamón, con su hija Raquel y sus hijos Dante y Fer, frente al local de Radio Mburucuyá, en PJC.


"Prefiero la muerte física a la muerte ética", dijo en la mañana del 26 de abril de 1991, horas antes de salir al encuentro de sus asesinos. Recordamos cómo mataron a Santiago Leguizamón, crimen que permanece impune en todos estos años.

#CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Santiago Leguizamón se reía ante el micrófono y compartía bromas con su colega y amigo Humberto Rubín, probablemente sin saber que eran algunas de sus últimas palabras.
Era casi el mediodía del 26 de abril de 1991 y Leguizamón estaba a punto de finalizar su tradicional programa Puertas Abiertas, en la emisora radio Mburucuyá, de su propiedad. Luego iba a juntarse con los demás trabajadores para compartir un almuerzo de conmemoración en el restaurante El Pato, sobre la avenida fronteriza que divide Pedro Juan Caballero de la ciudad brasileña de Ponta Porá.
Era el último enlace del día con la emisora asuncena radio Ñandutí, y desde el otro lado del auricular se escuchaba a su director, Humberto Rubín, con voz grave y preocupada:

Rubín: -Te pido por favor que te cuides, Santiago.
Leguizamón: -¿Eh..? ¿Todavía querés que me cuide?
Rubín: -¡Mucho más que antes!
Leguizamón: -¿Vos escuchaste algún dato importante por ahí?
Rubín: -Sí, sí.
Leguizamón: -Je, je...
Rubín: -No es para reírse. En serio, no es para reírse, Santiago. Estoy seriamente preocupado. Así que, por favor, te vuelvo a repetir: ¡Cuidate!
Leguizamón: -¡Gracias, Humberto!
Rubín: -Parece que no me toma muy en serio. Tiene problemas muy serios allá, en Pedro Juan. ¡Muchísimas amenazas hay!
Leguizamón: -Hay dos clases de muerte, Humberto. Una es la muerte material, la muerte física. Y otra es la muerte cuando uno abandonó la ética y la voluntad de trabajo.

Minutos después, Leguizamón se despidió de su audiencia y salió del precario edificio de madera en donde funcionaba la radio, en el barrio María Victoria, y subió al auto, un viejo Datsun de color blanco, acompañado de su fiel secretario, Baldomero Karape Cabral.
Ninguno se dio cuenta del hombre apostado en la esquina, que avisó a través de un walkie que "el paquete" ya iba en camino.

Asesinato al mediodía en la tierra de nadie

Sobre la avenida Rodríguez de Francia, en la esquina de la calle De Jesús Martínez, en plena línea fronteriza, un automóvil Volkswagen Gol color negro, con vidrios polarizados y puerta derecha abollada, estaba esperando.
Había tres hombres a bordo. Tenían armas y una siniestra misión.
Eran las 12.15 del mediodía, en la llamada terra de ninguen o tierra de nadie, que divide a dos países, cuando el Gol negro cerró el paso al auto blanco, y dos de los hombres saltaron a tierra. Uno llevaba armas cortas, presumiblemente una 9 milímetros y una 38 magnum, y el otro, una potente escopeta calibre 12 recortada.
Santiago detuvo el auto y vio que los hombres se le venían encima. 
Los disparos acribillaron el parabrisas. 
Herido y desfalleciente, Santiago aún tuvo fuerzas para gritarle a Karape: "¡Corré, salvate... yo ya no puedo!".
Cabral abrió la puerta y salió corriendo del auto, cuando escuchó la explosión final, el escopetazo que le arrancó a Santiago el ojo izquierdo.
Tras darle el tiro de gracia, los sicarios subieron al auto y cruzaron la frontera hacia Brasil.
Según los forenses, 21 balazos impactaron en el cuerpo del periodista y le causaron la muerte.

El precio de las investigaciones periodísticas

Santiago Máximo Leguizamón Zaván nació el 26 de marzo de 1950 en Villa Hayes. Octavo hijo entre nueve hermanos, primero se recibió de mecánico de aviación en Panamá, en 1968, y un año después obtuvo el título de ingeniero de vuelo.
Pero su verdadera vocación era el periodismo. En 1970 formó parte de la primera promoción de la entonces recientemente abierta Facultad de Medios de Comunicación, de la Universidad Católica de Asunción, que funcionaba inicialmente en el colegio Cristo Rey.
Allí se enamoró de una de sus compañeras, Ani Morra, quien se convertiría en su esposa y madre de sus cuatro hijos. Allí le marcaron a fuego las clases del jesuita español José Miguel Munárriz, quien pregonaba que "el periodismo debe ser la voz de los sin voz".
Le incomodaba saber que la dictadura del general Alfredo Stroessner cometía tantos crímenes contra los derechos humanos, y casi ningún diario, ninguna radio, lo publicaba.
"Alguna vez voy a tener mi propia radio, aunque sea pequeñita, y nadie podrá censurarme", solía anunciar.
Logró adquirir e instalar en la ciudad de Pedro Juan Caballero la emisora ZP31, radio Mburucuyá, que el 15 de diciembre de 1975 empezó a transmitir en el 980 del dial, en amplitud modulada.
El local de la radio no era más que una pequeña casa de tablas construida en medio de un enorme terreno baldío, casi en las afueras de la ciudad, a unos setecientos metros de la tierra de nadie, como llamaban los lugareños a ese mundo entre dos países, que es la frontera seca paraguayo-brasileña.
Allí, Santiago Leguizamón empezó a desarrollar una forma de periodismo radial poco usual para la época, dando voz a las comunidades campesinas e indígenas, y comenzó a cuestionar las "muertes por encargos" que se producían entre bandas de narcotraficantes y contrabandistas.
Se hizo corresponsal o colaborador de los más importantes medios capitalinos. Paralelamente, promovió festivales de teatro y de música folclórica, creó talleres de poesía y narrativa, editó poemarios y llegó a sacar dos números de su propia revista gráfica, también llamada Mburucuyá.
En marzo de 1991, como corresponsal del diario Noticias, ayudó a los enviados José Gregor y José Pastor Benítez a elaborar una serie de reportajes investigativos sobre tráfico de drogas, lavado de dinero, contrabando de soja y robo de vehículos. 
Las notas dejaban entrever una presunta complicidad entre los capos del crimen y el gobierno del entonces presidente, general Andrés Rodríguez. 
Los reportajes mencionaban como uno de los principales capos del tráfico al entonces poderoso empresario fronterizo, Fahd Yamil, más conocido como El turco.
¿Fue esa publicación la que selló su suerte? ¿O solo precipitó la ejecución de una condena ya decretada de antemano, como represalia contra tanta pasión informativa, tanto coraje periodístico, tanta lucha democrática, tantos sueños por hacer posible un país diferente?

La sangre del sacrificio en su más puro fulgor

En 1992, un año después del asesinato de Leguizamón, la Policía Federal brasileña detuvo a los sicarios brasileños José Tiro Certo Araulho, José Aparecido de Lima y Bras Vaz de Moura, quienes confesaron haber asesinado al periodista paraguayo "por encargo de Daniel Alvares Georges (hijo de Fahd Yamil) y su primo Luis Enrique Tulú Georges".
La Justicia paraguaya nunca movió un dedo para utilizar esta confesión. Por el contrario, acabó encubriendo a los autores del crimen.
"Eligieron la hora: la luz cenital del mediodía, para que la sangre de tu sacrificio brillara en su más puro fulgor. Eligieron el sitio: la línea fronteriza entre el miedo y la impunidad en aquel remoto confín del país", escribió el mismo día del asesinato, el escritor Augusto Roa Bastos, quien paradójicamente también murió un 26 de abril, pero del año 2005, en Asunción. 
A pesar de una orden de detención en su contra, Tulú Rodriguez Georges se paseaba tranquilamente por las calles de Pedro Juan Caballero, hasta que, el 5 de setiembre de 1996, el juez paraguayo Albino Aquino Amarilla lo exhimió de la prisión con una cuestionada resolución. Aunque Tulú no quedó desvinculado de la causa, nadie más volvió a molestarlo, y el voluminoso expediente número 70 del Juzgado del Crimen de Amambay quedó archivado entre los polvorientos anaqueles.
En la tarde del jueves 4 de octubre de 2012, en Ponta Porá, Brasil, a casi 40 cuadras del lugar donde Santiago Leguizamón fue emboscado y muerto por aquellos oscuros sicarios, poco más de 21 años después, otros sicarios emboscaron y acribillaron a Tulú, y lo asesinaron de 17 balazos, junto a uno de sus guardaespaldas.
Tantos años después, el crimen de Santiago Leguizamón continúa en total impunidad.
Con su asesinato, la mafia quiso acallar las voces críticas de los periodistas.
Pero no lo pudo lograr...

lunes, 22 de abril de 2013

Dos o tres cositas, escritas en el día después de las elecciones

Foto: René González.

1). LOS COLORADOS GANARON.
Trabajaron mejor, pusieron pasión, además de mucho dinero, con muy larga experiencia en los manejos de la política criolla. Los unió de nuevo la vocación de poder, y se impusieron de manera avasalladora en las urnas.
Para lograrlo, supieron dejar de lado sus conflictos internos, aggiornarse y modernizar su lenguaje, apropiarse mejor de las modernas técnicas de propaganda, imagen y comunicación social, adaptarse con más rapidez que otras fuerzas políticas, tragarse el sapo de que no iban a ser sus caudillos y líderes históricos los que conducirían el retorno al poder, sino un acaudalado empresario outsider, con una leyenda negra sobre el origen de su fortuna, que hasta hace menos de cuatro años ni siquiera era colorado, nunca había votado ni estaba inscripto en el Registro Electoral.
Pero lo hicieron, y dieron una gran lección de realpolitik.
Felicito al pueblo colorado que ayer acudió a votar masivamente, y que aprendió muchas de las nuevas reglas de la democracia, aunque en lo personal me incomoda que se les haya dejado volver tan rápido, y con tanta fuerza electoral, sin haberles exigido que hagan una autocrítica a fondo, pidiendo disculpas por los muchos crímenes contra los derechos humanos, y contra el Patrimonio del Estado, que cometieron o avalaron en los años de Gobiernos dictatoriales o seudodemocráticos.
En lo profesional, sostengo ante la figura del nuevo presidente electo la misma actitud crítica y vigilante que mantuve durante mi carrera periodística ante todos los anteriores Gobiernos, sean del signo que sean. Creo en el periodismo, especialmente en el periodismo investigativo, como “el perro guardián de la democracia”. No seré un periodista “opositor” ni “oficialista”. Seguiré siendo simplemente periodista. Seguiré haciendo el mismo o mejor periodismo que mis humanas cualidades o limitaciones me permitan hacerlo, como sé que lo seguirán haciendo muchos de mis más queridos colegas, hombres y mujeres.

2). LOS LIBERALES PERDIERON.
Los principales dirigentes del PLRA, con el presidente Federico Franco y los referentes del actual Gobierno, incluyendo a sus ocasionales aliados (PDP y UNACE, fundamentalmente) son los grandes perdedores de esta contienda electoral, no solamente ante los colorados, sino ante la ciudadanía, ante su propio pueblo.
La arbitraria y polémica ruptura que cometieron contra sus ex aliados de la izquierda en el Gobierno de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), posibilitando no solo la destitución de un presidente de la República a través de una “avivada”política -un golpe parlamentario revestido de presunta legalidad-,  sino generando en cierta forma el aislamiento político internacional regional del Paraguay, aunque les haya generado el aplauso del sector más reaccionario y conservador, al mismo tiempo los marcó ante un electorado más crítico y consciente. No solo fueron perversos (“traicioneros”), tampoco fueron inteligentes. Ya se ha demostrado históricamente que los liberales solos no ganan elecciones, pero con la izquierda sí. La soberbia los perdió.
Inicialmente, a pesar de considerarlos “golpistas”, muchos ciudadanos y ciudadanas parecían estar dispuestos a votar por Efraín Alegre y Rafael Filizzola, “solo para que no ganen los colorados”, pero las groseras acciones políticas de los liberales desde el Gobierno, en los últimos meses, fueron alejando cada vez más este voto potencial. La alianza a toda costa con los oviedistas –aprovechando en forma oportunista la trágica muerte de Lino Oviedo-, ofreciendo como moneda de cambio un millonario negociado de tierras, tan torpemente realizado que quedó expuesto ante la ciudadanía, sumado a otros escándalos de corrupción, como el uso de recursos estatales en campaña proselitista, acabó generando una corriente de “voto castigo”. A los colorados ya se los conocía y de ellos se esperaba que hagan estas cosas, pero un gran sector del liberalismo se presentaba como la opción diferente, y descubrirlos con las manos en la lata, resultó decepcionante.
A pesar de que queda posicionado nuevamente como el principal partido de oposición, en un deja vu político hacia antes del 2008, el liberalismo deberá hacer un gran ejercicio autocrítico y de mea culpa para volver a ganarse la credibilidad y la confianza de un gran sector del electorado. Los meses que le quedan de Gobierno a Federico Franco no les serán muy fáciles.  

3. LA IZQUIERDA, TERCERA FUERZA, DIVIDIDA Y REDUCIDA.
Aunque creció electoralmente y conquistó espacios importantes, me atrevo a incluir a los sectores de la izquierda paraguaya, contradictoriamente, tanto en la lista de ganadores como en la de perdedores.
Por una razón sencilla y de sentido común: Si conquistaron los espacios que conquistaron presentándose tan peleados y por separado, ¿cuánto hubieran logrado, si se presentaban unidos?
Sobre todo, cuando uno advierte que las razones de la división ni siquiera fueron ideológicas y programáticas, sino esencialmente por los primeros lugares en las listas para el Parlamento.
Expulsados arbitrariamente de su primera experiencia de Gobierno compartido, en lugar de reponerse y construir alternativas convocantes, los partidos y movimientos del Frente Guasu se desgastaron peleándose, hasta dividirse y generar la opción disidente Avanza País. Mario Ferreiro quedó tercero, muy lejos, logrando menos impacto electoral del que se esperaba, y Carrillo quedó cuarto. Pero los espacios logrados por ambos en el Parlamento son valiosos e importantes. ¿Conseguirán trabajar juntos?
Ante un panorama de una ANR avasalladora, con dominio pleno del Ejecutivo y mayoría simple en el Congreso, será fundamental que la oposición pueda ser sólida. Ante la cuasi desaparición de Patria Querida y el Unace, la izquierda tiene la oportunidad de consolidarse como tercera fuerza, pero eso solo será posible si supera los traumas del guerrillerismo mediático juvenil y los esquemas del catecismo marxista de los años 60.
Frente al retorno de un modelo de Gobierno mucho más liberal y neo-conservador, los movimientos sociales, principalmente campesinos, tendrán un gran desafío y un rol fundamental. Pero será saludable ver que evolucionen hacia formas de representación política más modernas y con mayor inserción social.
Rescato, en este terreno de las nuevas prácticas políticas, la linda experiencia demostrada en esta campaña por el Movimiento Kuña Pyrendá, especialmente de mujeres luchadoras, a quienes –como ciudadano elector- les otorgué mi voto con mucho entusiasmo, sabiendo que íbamos a ser poquitos en el mar de votos azulgranas, pero estábamos apoyando una candidatura hecha a pulmón, con mucha frescura y creatividad, sostenida por personalidades dignas y con gran trayectoria, aunque invisibilizadas en los medios de comunicación. Personalmente creo que aún tienen que superar cierto discurso con mucho clisé feminista, pero hay en este movimiento una opción potencial, que si se sigue construyendo tras la marea electoral, puede aportar una interesante y renovadora alternativa política a la momificada clase política paraguaya.

sábado, 20 de abril de 2013

El periodismo, de cara a las elecciones

El mensaje de texto recibido al celular del periodista Aníbal Gómez Caballero. Al fondo, el comunicador, en el estudio de Gosi Telenorte TV Cable, de Pedro Juan Caballero, dirigiendo un programa político.

En la ciudad de Pedro Juan Caballero, el colega Aníbal Gómez Caballero, de Radio América FM y Gosi Telenorte TV Cable, recibió amenazas mientras dirigía un debate político al aire, el jueves 18 de abril. Mensajes de texto en su teléfono celular decían: "Si a Santiago Leguizamón (le matamos), nde bomba ifacilvéta (a vos, con una bomba será más fácil) si no te calmás".
Aníbal inició su carrera en Radio Mburucuyá, junto a Santiago Leguizamón, el periodista asesinado por la mafia el 26 de abril de 1991, crimen que sigue impune. Aquella vez tuvo que mudarse a Asunción ante las amenazas. Ahora, la guerra política previa a las elecciones lo coloca de nuevo en el ojo de la tormenta.
El fantasma de la censura también se hizo presente en algunos medios de comunicación. El Canal 9 (medio privado) y la TV Pública (medio estatal) se negaron a emitir un corto de propaganda política de la Concertación Nacional Frente Guasu, que reproduce el audio del juicio político que destituyó al presidente Fernando Lugo en junio de 2012.
"Paraguay sigue siendo un país de riesgo para los periodistas, debido principalmente a la filtración de las mafias en el medio político", advirtió esta semana la organización internacional Reporteros sin Fronteras.
Pero aún en medio de tensiones, censuras y amenazas, el periodismo paraguayo dio ejemplos de coraje y vitalidad, sacando a la luz reportajes investigativos y denuncias que involucran a los principales candidatos, como la revelación de ABC Color sobre la banca offshore de Horacio Cartes en el paraíso fiscal de las Islas Cook, la investigación de Última Hora sobre la lujosa finca rural que habría comprado el presidente Federico Franco, o el gran negociado de tierras que salpica al Gobierno, al candidato Efraín Alegre, al partido Unace y al expresidente del Congreso, Jorge Oviedo Matto.
Gracias a la prensa, los ciudadanos y ciudadanas hoy tienen mucha información para decidir con mejor criterio a quien entregar el destino del Paraguay por los próximos cinco años. Si lo hacen equivocadamente, será por su cuenta y riesgo.
Sea quien fuere el ganador de las elecciones, el rol de la prensa debe seguir siendo valorado y defendido por la ciudadanía. Más aún si triunfa una fuerza política conservadora, tentada a recortar libertades públicas. Será la manera de evitar que se echen a perder valiosas conquistas democráticas de estos años. Es bueno recordarlo, también en vísperas del Día del Periodista, el próximo 26 de abril.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 20 de abril de 2013).

sábado, 13 de abril de 2013

Carta a Anita, en el corazón de una estrella



Mi querida Anita:

No sé si las cartas llegan al cielo, junto a las estrellas, pero de alguna manera te alcanzarán estos sentimientos de dolor y tristeza, de indignación y rabia, que experimentamos con tu partida.
Soy uno más de los que nos enamoramos perdidamente de tu carita tierna y hermosa, la primera vez que te vimos en las fotos de un diario o en un reportaje de televisión. Había algo mágico en esos ojitos encendidos y en esa sonrisa juguetona que contagiaba esperanzas, tenacidad, ganas de vivir. Había un sordo clamor en esa mirada luminosa, de melancolía desgarradora que interpelaba: "¡Ayúdenme...! ¡Quiero vivir...! ¡Consíganme un corazón...!".
No te conocí personalmente, princesita, pero de tanto acompañar los reportes de mis colegas periodistas, sensibilizados por tu drama personal -que a la vez encarnaba el drama de muchos pacientes necesitados de trasplante de órganos-, te fui sintiendo parte de mi propia familia.
Eras una constante presencia que nos recordaba las muchas deudas que el Paraguay mantiene con la salud pública, y que al parecer a sus gobernantes y políticos no les interesa mucho saldar, por más penosas muertes que sigan existiendo.
Llegué a sentir vergüenza ajena de los gobernantes y políticos, cuando el colega Óscar Acosta inició la conmovedora campaña mediática #corazonpy, buscando recaudar dinero para comprar un corazón artificial que te ayude a seguir viviendo mientras aparecía un donante. Aunque sostengo que los ciudadanos no deberíamos suplir la responsabilidad del Estado, me sumé con entusiasmo a la campaña, esperanzado en no quedarme sin tu sonrisa cautivadora.
Hacían falta solo 300 mil dólares para el dichoso corazón artificial. Una mínima parte de los millones que gastan los partidos en campaña electoral. Y ni hablar de los presuntos negociados que en estos días se revelan con la fiebre denunciadora.
Ojalá tu muerte nos ayude a superar nuestros tabúes y a despertar de la indolencia, para ser más conscientes a la hora de donar órganos. Y sobre todo, nos permita mirar con mayor espíritu crítico a la hora de depositar nuestro voto, el próximo 21 de abril. Si así fuera, tu ausencia sería un poco menos penosa, porque seguro nos sigues iluminando desde el corazón de una estrella.
Con mucho cariño,

Andrés.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 13 de abril de 2013).

viernes, 12 de abril de 2013

Esas revanchas que nos da la vida...



En octubre pasado, cuando la salud me jugó una mala pasada y resulté víctima de un infarto agudo del miocardio, a pesar de haber experimentado una recuperación prácticamente milagrosa, llegué a creer sinceramente que muchas de las cosas buenas de la vida ya me quedarían vedadas para siempre.
Ustedes recordarán que en aquella extensa “Carta escrita desde el borde de la vida” que les compartí desde mi blog, había escrito que el gran desafío que me esperaba era “…encontrar la manera de seguir haciendo el periodismo que me apasiona, y que ustedes esperan y comparten, pero de manera que sea una plena realización para el cuerpo y para el alma, y no en condiciones que puedan llegar a hacernos daño. Tendré, seguramente, más limitaciones de movimiento y quizás de temas. Probablemente ya no pueda deleitarme en contemplar el Paraguay desde la cima del cerro Tres Kandú, como alguna vez lo hicimos para una histórica portada de la revista Vida de ÚH, pero habrá otras cumbres menos geográficas que un corazón golpeado seguirá buscando alcanzar”. Fue lo que entonces escribí textualmente.
Para sorpresa mía, hace pocas semanas, la querida amiga y colega Gaby Murdoch, editora general de las revistas de Editorial El País SA, me planteó el desafío: ¿Me sentiría en condiciones de volver a subir a la cima del cerro más alto del Paraguay, evocando aquel recordado reportaje, para una edición especial por los 15 años de la revista Vida?
Sin dudarlo, le dije que sí. Aunque luego tuve un flash de duda. ¿Resistiría mi corazón herido el gran esfuerzo de escalar los 842 metros hasta la cumbre? Más de algún familiar, y amigas y amigos queridos, intentaron hacerme desistir: “¡Estás loco…!”.
Se lo consulté a uno de mis médicos, quien me habló con mucha franqueza: “Te lo prohibiría, pero te conozco bien y sé que para vos es importante vencer el desafío. Tu recuperación ha sido asombrosa. Hacélo con prudencia, manejando bien tus límites. Si sentís que te llegas a cansar mucho en la subida, tendrás que detenerte y descansar hasta recuperarte bien, y si sentís que el riesgo es grande, no dudes en abandonar la empresa”.
El martes último, en un radiante día de sol, acompañado del colega fotógrafo Fernando Franceschelli y del querido amigo guaireño Caio Sacavonne, gran compañero de aquella primera aventura –y de muchas otras-, emprendimos otra vez la expedición hacia la cumbre.
En contra de mis temores, mi organismo reaccionó más que bien. Esta vez incluso sentí que la escalada me resultó menos forzosa que aquella primera vez, hace 12 años. Ascendimos sin prisa, tomando aire a cada tanto, disfrutando plenamente de la odisea, gozando de cada detalle que ofrece esa maravillosa belleza natural de nuestro país, hasta que, al cabo de tres horas, llegamos a la cima.
Como aquella primera vez, parado en el borde del techo del Paraguay, observando el increíble y verde paisaje a nuestros pies, con pueblos y ciudades vistos como pequeñas maquetas y con las personas apenas perceptibles cual minúsculas hormigas, sólo pude volver a expresar la misma frase que me había surgido en aquel primer viaje: “Esta sensación de tener el mundo a tus pies… vale cualquier sacrificio”.
Sentado durante una eternidad en el mirador más alto del país, mirando la gran obra de Dios o de la Madre Naturaleza, llegué a reflexionar sobre tantas cosas. Pensé en la sucia guerra política electoral que se libraba allá abajo, que apenas horas antes nos abrumaba como una cuestión de vida o muerte, y que allí arriba sonaba tan lejana, tan de otro tiempo y visto desde otras perspectivas. Pensé en cómo nos dejamos enredar tan fácilmente en las pequeñas miserias de la vida cotidiana, que desde esas alturas parecían tan nimias. Pensé en ese inesperado regalo de la Vida, que me había permitido cobrarme revancha una vez más, y en lo agradecido que me siento, y en el compromiso de corresponder a tanta generosidad. Eso y muchas cosas más pensé, desde la cima del Paraguay.
El reportaje aparecerá próximamente en el número aniversario de la revista VIDA de ÚH. Reserven su ejemplar.

sábado, 6 de abril de 2013

Fantasmas del pasado, incógnitas del futuro

Fadh Yamil, entrevistado por un periodista de la emisora Radio Amambay, de Pedro Juan Caballero, en la ciudad  fronteriza de Ponta Porá, Brasil. (FOTO: AMAMBAY570.COM.PY)

La voz cascada y fronteriza llegó como un eco de otros oscuros tiempos, provocando una inevitable sensación de déjà-vu (ya visto), como dirían los franceses.
Era nada más y nada menos que la voz del otrora poderoso "padrino" del Norte, Fahd Yamil, en una entrevista concedida a la emisora Radio Amambay desde la ciudad brasileña de Ponta Porá, rompiendo un largo silencio autoimpuesto, tras un obligado ostracismo de dos décadas.
El eco de la voz me transportó a aquel 6 de junio de 1991, a aquella polémica conferencia de prensa en el Hotel Guaraní de Asunción, cuando el hasta entonces difuso Yamil dio la cara, negando públicamente haber ordenado el asesinato del periodista Santiago Leguizamón, ocurrido el 26 de abril de 1991, en la frontera de Pedro Juan.
¿Por qué Yamil reapareció ahora, a 18 días de las elecciones, entrevistado en la emisora del senador liberal Roberto Acevedo, por intermediación del exdiputado colorado Héctor González Pana -otro de sus exsocios en negocios-, y salió a alabar públicamente al candidato colorado Horacio Cartes, a quien admite haberle vendido tierras a cambio de deudas? ¿Cuál de los sectores opera la resurrección mediática de Yamil? ¿Cuál es el mensaje que debemos entender?
La Justicia brasileña tenía pendiente una sentencia de 30 años de cárcel contra Yamil, por evasión de divisas. A principios de 2012, sus abogados lograron reducir la pena y además absolverlo en otro proceso por tráfico de drogas, obteniendo su libertad.
"No tenemos cuenta pendiente con la Justicia", es el eslogan que más se repite en esta campaña electoral, y probablemente sea verdad. La Justicia paraguaya se especializa en borrar cuentas pendientes y en no cobrarlas (o en cobrarlas de otro modo).
En 1992, un año después del asesinato de Leguizamón, la Policía Federal brasileña detuvo a los sicarios brasileños José Tiro Certo Araulho, José Aparecido de Lima y Bras Vaz de Moura, quienes confesaron haber asesinado al periodista paraguayo "por encargo de Daniel Alvares Georges (hijo de Fahd Yamil) y su primo Luis Enrique Tulú Georges".
La Justicia paraguaya nunca movió un dedo para utilizar esta confesión. Por el contrario, acabó encubriendo a los autores del crimen.
Este 26 de abril, Día del Periodista Paraguayo, el asesinato de Santiago cumplirá 22 años de absoluta impunidad. Mientras, en vísperas de las elecciones, retornan los fantasmas del pasado y se despiertan desafiantes incógnitas acerca del futuro.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 6 de abril de 2013).

sábado, 30 de marzo de 2013

Serenata para los sueños dormidos



Ya había acabado todo. Era la noche del martes 26 de marzo en la plaza del Cabildo, en el centro de Asunción.
El acto de recordación a los mártires del Marzo Paraguayo había resultado puntual y emotivo.
Se había juntado cerca de un centenar de personas, más que el lluvioso año anterior, pero poca gente en comparación a lo que fue esa misma plaza catorce años atrás.
Era la expresión del olvido y la desmemoria que carcome la historia de este país, como si a veces estuviera escrita sobre arena.
Esa noche, tras gratos momentos de charlas y de compartir afectos, recuerdos y emociones, la gente se fue retirando. Gladys Bernal, la mamá de Henry Díaz Bernal -uno de los ocho jóvenes asesinados en la plaza, en la gesta ciudadana de 1999- se resistía a marcharse.
La incansable Madre Coraje quería seguir quedándose allí, a solas ante la cruz de madera, rezando y dialogando a solas con el espíritu y la memoria de su hijo acribillado por las balas asesinas.
Éramos pocos quienes nos quedamos a hacerle compañía, a sobrellevar su dolor y su pena.
Fue entonces cuando un automóvil se aproximó al sitio y del interior descendió un hombre sonriente, portando un reluciente arpa paraguaya.
Era el arpista Cristóbal Pedersen, uno de los propiciadores de la institución Arpa Róga, hermano del también arpista Rito Pedersen y padre del igualmente músico Kike Pedersen.
"Estoy llegando un poco tarde, pero sabía que te iba a encontrar aquí, Ña Gladys. Te traigo una serenata, a vos y a nuestros muchachos héroes", le dijo a la desconsolada madre.
Cristóbal contó que él estuvo allí mismo, hace catorce años, defendiendo la plaza con piedras y palos, pero ahora regresaba con su arpa y su música.
En esa plaza casi solitaria, con el suave resplandor de las velas encendidas ante la cruz de los mártires, el arpista inició un alucinante recital de polcas y guaranias.
Los sones cristalinos del instrumento musical resonaban en la noche, con el luminoso fondo del viejo Cabildo. Un humilde y anciano reciclador, que llegaba desde el centro de la ciudad, portando enormes bolsas sobre la espalda, se detuvo extasiado a apreciar el concierto.
"Es la primera vez en catorce años que, en lugar de llorar ante tanta injusticia e impunidad, me siento reconfortada, porque esta música me refresca el alma", confesó Ña Gladys.
Desde un arbolado rincón hubo un suave aleteo de pájaros nocturnos, como si la cálida serenata ayudara a despertar a los sueños dormidos de la histórica plaza.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 30 de marzo de 2013).

lunes, 25 de marzo de 2013

Cabinas telefónicas al estilo Ayoreo

Mediante postes de madera, los nativos de la aldea Jogasui se comunican con el resto del mundo. 


Singularidades de la globalización: Los teléfonos comunitarios están sujetos a pintorescos postes, en el único lugar donde reciben señal, en la aldea de Jogasui, Chaco Central. Desde allí se comunican en lengua ayoreo con sus parientes en Bolivia.


Por Andrés Colmán Gutiérrez
JOGASUI, CHACO CENTRAL

Son dos precarios postes de madera, plantados en medio de la aldea de Jogasui, del pueblo originario Ayoreo, a 86 kilómetros al norte de Filadelfia, en el Chaco Central.
Por cada poste hay desgastados teléfonos celulares, de los modelos más económicos, sujetos por cintas de goma, brillando ante las luces del sol.
"Estas son nuestras cabinas telefónicas al estilo Ayoreo, la únicas que tenemos en el medio del monte...", informa el líder Lucio Dosapei, sonriendo ante la curiosidad de los visitantes.
La incredulidad de los observadores desaparece cuando de pronto se oye sonar a uno de los aparatos, y el maestro de la comunidad, Carlos Moreno, acude a responder, con solo oprimir un botón, sin mover el aparato de lugar, ni sacarlo de su atadura en el poste.
"¡Niome... niome...! (¡mañana, mañana!), se escucha gritar a una voz desde el pequeño aparato. Carlos contesta en lengua ayoreo, relatando a su interlocutor que hay unos "cojñones" (hombres blancos) que han llegado de visita a la comunidad, y que en ese momento le están tomando fotografías.
Tras concluir la comunicación, el docente nos cuenta que quien ha llamado es un pariente suyo, que vive en una aldea de ayoreos del llano boliviano.
De la familia lingüística Zamuco, los ayoreos (o ayoreóde, "la gente verdadera") constituyen un pueblo nómada de guerreros, originarios del Chaco, entre Paraguay, Bolivia y Argentina, que hasta recientemente eran perseguidos y cazados, llamados despectivamente "indios moros".
Diferenciados entre silvícolas (ayoreos totobiegosodes), y moradores del llano (ayoreos garaygosode y guidaigosode), actualmente se estima su población en unas 5.000 personas, distribuidas entre Paraguay y Bolivia.
Existen testimonios sobre unos pocos grupos de ayoreos silvícolas (totobiegosodes) que aún no han tenido contactos con el hombre blanco. Aunque se ha logrado asegurar jurídicamente porciones de territorios que garanticen su supervivencia, se encuentran permanentemente acosados por empresarios y ganaderos que invaden sus territorios y depredan sus bosques.

COMUNITARIO. "En esta zona del Chaco hay muy mala señal de teléfonos celulares. Este es el único lugar de la comunidad donde hay señal, por eso colocamos los teléfonos por los postes, nadie debe mover ni sacar de su sitio, porque de lo contrario no se va a poder hablar", explica Carlos.
Los celulares son de uso comunitario y el costo de las tarjetas para obtener saldo es compartido por todos los usuarios. Los teléfonos son colocados de manera fija, con el sistema de altavoz, lo cual hace que las conversaciones sean escuchadas por todos los que están alrededor, pero en la cultura ayoreo es frecuente compartir todo y prácticamente no existen secretos, señala el docente.
Existen otros teléfonos de reserva, cuyas baterías son cargadas con energía proporcionada por paneles solares, y que permiten reemplazar a los aparatos que están por los postes, una vez que estos agotan sus cargas.
Los ayoreos conforman una de las culturas originarias del Chaco que con más rapidez han incorporado la tecnología a sus comunicaciones tradicionales. Utilizan también equipos de radio en frecuencias UHF (frecuencia ultra alta) para comunicarse con otras aldeas, pero lo que más les gusta es recurrir a las ya obsoletas grabadoras a casetes, en las que graban colectivamente largos relatos orales, incluyedo cánticos, rezos y danzas, que luego envían a sus parientes lejanos, mientras reciben de ellos también otros casetes grabados.
Es muy común observar a toda la comunidad de una aldea ayorea, reunida alrededor de una pequeña grabadora, para escuchar los casetes enviados por sus parientes lejanos, una especie de "noticiero de la tribu", que les permite ponerse al día sobre los acontecimientos que afectan a su pueblo.
"Los ayoreos somos muy comunicativos y la tecnología nos permite estar mejor conectados. Los más útiles y prácticos son los celulares. Lástima que en estas zonas del Chaco hay todavía muy mala señal...", lamenta el maestro Carlos Moreno.

sábado, 23 de marzo de 2013

Crónica del asesinato de un vicepresidente



El vicepresidente de la República, Luis María Argaña, uno de los últimos grandes caudillos del Partido Colorado, fue asesinado el 23 de marzo de 1999 en Asunción, generando la mayor movilización ciudadana, conocida como el Marzo Paraguayo, que terminó ocasionando la caída del gobierno de Raúl Cubas. Fue el mayor crimen político en la era democrática. El principal adversario de Argaña, el general Lino Oviedo, fue implicado como el presunto autor moral, pero finalmente resultó absuelto por la Justicia, que no pudo -o no quiso- determinar quien fue el responsable del ajusticiamiento. Una densa historia de intrigas y violencia política que conmocionó a todo el Paraguay. 


Por Andrés Colmán Gutiérrez
@andrescolman

Eran alrededor de las 8.35 de la mañana, del día martes 23 de marzo de 1999, cuando la camioneta Nissan Patrol, color rojo, del entonces vicepresidente de la República, Luis María Argaña, se dirigía desde el barrio Carmelitas de Asunción a su despacho en el centro de la ciudad.
Adelante iban el chofer, Víctor Barrios Rey, y su custodio asignado, el suboficial de policía Francisco Barrios González.  Al tomar la calle Diagonal Molas, a unos  40 metros antes de alcanzar Venezuela, un auto Fiat Tempra, de color verde oscuro, le cerró el paso.
Dos hombres descendieron del interior, mientras un tercero permanecía al volante, con el vehículo en marcha. Hay testigos que mencionan a un cuarto hombre.
El primero portaba una escopeta calibre 12. El otro hombre llevaba armas cortas y granadas de mano. Ambos tenían el pelo corto e iban vestidos con ropas militares.
“Eran uniformes para para’i, tenían camisas de mangas largas, desprendidas, tenían la remera larga debajo, botas, cinturón verde, las granadas de mano colgaban de su cintura. Eso me llamó la atención, la forma en que se bajaron, porque se bajaron rápido y ya corrieron hacia la camioneta y comenzaron a disparar los dos…”, declaró Aurelio Arguello Enríquez, copropietario de una carpintería en el lugar, ante la Comisión Bicameral de Investigación.

EL ATAQUE. El que llevaba la escopeta  se colocó en frente, levantó el arma y apuntó al parabrisas. Los perdigones atravesaron el vidrio y parte del fuselaje del capó, dejando varios agujeros, pero el parabrisas permaneció entero.
El otro atacante disparó con la pistola automática. Los proyectiles impactaron de lleno en el cuerpo del guardaespaldas Francisco Barrios González, quien pudo extraer su arma pero ya no alcanzó a contraatacar. El chofer Barrios Rey resultó herido en el rostro, pero no perdió el sentido.
“¡Agáchense, hay que salir de acá…!”, gritó Argaña desde el asiento trasero, según relató el chofer Barrios, quien reaccionó  poniendo la palanca de cambios en reversa y oprimió el acelerador. La camioneta retrocedió algunos metros a gran velocidad, giró en forma lateral y se incrustó contra la muralla de una casa vecina, quedando varada.
El chofer abrió la portezuela y echó a correr hacia atrás, metiéndose al patio de una vivienda vecina.
El segundo atacante se aproximó a la ventanilla trasera, que ya estaba rota. Según se detalla en la reconstrucción, el sicario metió la mano con un revólver 38 por el agujero de la ventanilla y apuntó al cuerpo. Argaña levantó el brazo como para intentar proteger su rostro. La primera bala lo golpeó en el antebrazo. Otros dos proyectiles le alcanzaron en el pecho. El vicepresidente cayó tendido sobre el asiento. Allí recibió el cuarto y último disparo, la bala mortal que le ingresó en la espalda, le destrozó un riñón y llegó hasta el corazón.

POLVORÍN. Aunque posteriormente varias versiones buscaron sostener que Argaña ya había muerto la noche anterior y que en la camioneta solo viajaba el cadáver, su hijo mayor, Félix Argaña, asegura que su padre llegó a realizar varias llamadas desde su teléfono celular esa mañana, una de ellas a su hijo Jesús, a quien le dejó un mensaje grabado.
El magnicidio fue la mecha que terminó de encender el polvorín político en que se había convertido el país, con la emergencia del general Lino Oviedo como aspirante a la presidencia de la República.
Condenado a diez años de cárcel por un intento de golpe de Estado contra el presidente Juan Carlos Wasmosy, en abril de 1996, Oviedo había sido liberado por su socio político, el presidente Raúl Cubas, en agosto de 1998, con un decreto que fue desautorizado por la Corte Suprema de Justicia. Un pedido de juicio político contra el mandatario aguardaba su tratamiento en la Cámara de Diputados, cuando se produjo el asesinato.
La indignación ante el crimen motivó la concentración de miles de ciudadanos en las plazas del Congreso, exigiendo la renuncia de Cubas y cárcel para Oviedo. Los oviedistas también movilizaron a sus partidarios y se produjeron enfrentamientos durante seis días, que mantuvieron en vilo al país.
En la noche del 26 de marzo, francotiradores dispararon con armas de fuego desde las sombras, dejando un saldo de 8 jóvenes muertos y más de 700 heridos. La conmoción provocó la renuncia del presidente Raúl Cubas y la huida de Lino Oviedo fuera del país. Asumió la presidencia el titular del Congreso, Luis González Macchi.

PROCESO INCIDENTADO. La investigación sobre el asesinato de Argaña adquirió desde el principio un fuerte tinte político, que echó sombras sobre la eficacia de la Justicia. La aparición de un testigo falso, Gumercindo Aguilar, que incriminó a diversas personas sin muchos fundamentos, arrastró el caso hacia un pantanal jurídico.
Pero aparecieron pruebas más sólidas. El hallazgo de Héctor Rudi Monges, el vendedor del auto Fiat Tempra usado por los sicarios, permitió dar con el comprador, Costantino Rodas.
La comprobación de las llamadas hechas desde su teléfono celular, a los pocos minutos del asesinato de Argaña, permitió conectar con otros sospechosos: Pablo Vera Esteche, Luis Rojas, Fidencio Vega y el mayor Reinaldo Servín, conocido dirigente oviedista, quien también se comunicó con el dirigente Víctor Galeano Perrone y el líder máximo de Unace, Lino Oviedo.
Como autores materiales, Rodas, Rojas y Servín fueron condenados a 25 años de carcel, y Vera Esteche a 22.
Lino Oviedo fue investigado como sospechoso de ser uno de los autores morales. Tras meses de permanecer prófugo, el 12 de junio de 2000, Oviedo fue capturado en Foz de Yguazú, Brasil, donde presuntamente se movía con un disfraz. Apelando a la Justicia brasileña, obtuvo la condición de asilado.
El 28 de junio de 2004, Oviedo retornó al Paraguay y decidió someterse por propia voluntad a la Justicia, para enfrentar los cargos acumulados en contra suya, tanto los del intento de golpe del 96 como por las muertes del Marzo Paraguayo. Fue detenido y trasladado a la Prisión Militar en Viñas Cué, en las afueras de Asunción.
El 23 de julio de 2007, Oviedo logró que un recurso de Habeas Corpus sea admitido ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia paraguaya, y obtuvo su libertad provisional en el proceso por el asesinato de Argaña.
Otro Habeas Corpus fue admitido en julio de 2007, logrando su libertad provisional en el proceso por la masacre de jóvenes del Marzo Paraguayo. En este caso, los abogados de Oviedo pretenden cobrar las costas del proceso a los familiares de las víctimas, unos 785 millones de guaraníes.  
Los familiares de las víctimas del Marzo Paraguayo sostienen que la Justicia cedió a los lazos de corrupción que protegen a Oviedo y sus seguidores, favoreciendo la impunidad.
Lino Oviedo falleció trágicamente en la noche del 2 de febrero de 2013, cuando regresaba a la Capital de una gira proselitista por la zona de Concepción. El helicóptero Robinson 44 que lo transportaba, en compañía del piloto y su guardaespaldas, se precipitó a tierra, falleciendo los tres tripulantes.

Aquella plaza, este país




La plaza está allí... pero ya no parece la misma.
Ahora es un espacio que se abre desnudo y vacío, azotado por lúgubres aires de tristeza y ocasionales vientos forasteros.
Hay emotivas diferencias entre esta y aquella otra plaza, aunque simulen hallarse en el mismo espacio geográfico, en las inmediaciones del viejo e histórico Cabildo.
Mismo lugar, otro tiempo.
Marzo de 1999.
¿Se acuerdan...?
Caras pintadas con colores de la Patria. Banderas al viento, consignas y música en el aire. Plaza inundada de pueblo. Habitada de indignación, de gritos, de rabia, de idealismo, de plegarias y canciones. Pechos convertidos en murallas ante las balas asesinas.
¿Qué se hizo de tanta pasión cívica colectiva?
¿Qué oscuros francotiradores mataron aquellos sueños...?
Aquella plaza parecía habitar también otro país.
¿Se acuerdan...?
Jóvenes, campesinos y trabajadores movilizados contra la amenaza de los proyectos totalitarios. Manifestantes que confundían la bandera con su propia piel y parecían no tener miedo a la muerte. Solidaridad ciudadana sin barreras que se volcaba a las calles.
Un país capaz de imaginarse distinto... aunque solo fuera en el loco sueño de seis días y seis noches otoñales de marzo.
Todo eso ya no está; pero de alguna manera quedó grabado a fuego en la memoria, al igual que los nombres de los mártires en una astillada cruz de madera: Henry, Manfred, Víctor Hugo, José Miguel, Armando, Cristóbal, Tomás, Arnaldo.
La cruz continúa allí, en esa plaza desnuda y fría, desgastada por el tiempo y por la ausencia, solitaria, pero firme en cada marzo otoñal, cuando siempre vuelven a haber velas encendidas, canciones y plegarias que llenan el aire húmedo, como un eco sordo tras todos estos años.
Aquella plaza, este país...
Desmemoriado, pero vivo. Con sueños rotos o reconvertidos. Macroeconomía en alza, audios filtrados que revelan aun más la podredumbre política y judicial, autoblindaje alevoso en el Congreso. Los ecos de otro marzo con imágenes similares de resistencia, fuego, represión y muerte. Sociedad dolorosamente dividida que aún no encuentra maneras de cerrar la grieta. Indignación ciudadana en las redes sociales de Internet y conformismo en la vida real. Elecciones que, en líneas generales, ofrecen más de lo mismo. Marchas campesinas repetidas. Narcopolítica al acecho. Futuro con interrogantes. Terca esperanza que renace una y otra vez, a pesar de todo, como ajada bandera de resistencia.
Y el viento en la plaza, sin lograr apagar todo el fragor de todos estos años...

#CrónicasDeLaMemoria

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, en marzo de 2013).

jueves, 21 de marzo de 2013

Historia de las marchas campesinas: El grito de la tierra nunca silenciado


Llegan otra vez, con sus rostros curtidos por el sol y las penurias, zapatos gastados o pies desnudos sobre el asfalto negro. Llegan con sus banderas coloridas, sus toscas pancartas de tela y sus consignas en guaraní. “Tan tierra son los hombres de mi tierra…”, escribió el gran novelista Augusto Roa Bastos. Llegan otra vez, como en aquella primera movilización de 1994, desde cuya fecha repiten el ritual todos los años, en cada marzo húmedo y otoñal. Llevan más de dos décadas de peregrinación hasta el centro de la capital, de expresar reclamos agrarios ante los oídos del poder. Esta es la historia de como todo comenzó...

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

La primera marcha campesina se realizó el 15 de marzo de  1994, durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy, convocada por la Coordinadora Interdepartamental de Organizaciones Campesinas (CIOC), una sigla que se creó para intentar aglutinar a los distintos grupos y movimientos rurales que habían sobrevivido a la caída de la dictadura y se estaban reorganizando.
Entre los movimientos sociales del Paraguay, las organizaciones campesinas fueron las que mantuvieron mayor poder de organización, movilización y resistencia, aún en los momentos de mayor represión desde el régimen dictatorial del general Alfredo Stroesner.
“Tras la persecución a las Ligas Agraria y otras organizaciones, durante la dictadura, un sector importante se mantuvo en la Coordinación Nacional de Productores Agrícolas (CONAPA), hasta que en 1991 fundamos la Federación Nacional Campesina y ya surgió la idea de organizar una gran marcha hasta Asunción, para hacer escuchar nuestra voz  y nuestros reclamos”, relata Marcial Gómez, uno de los principales dirigentes de la FNC.
“Los campesinos también existen” titulaba Última Hora en su edición entonces vespertina del 15 de marzo, con una gran foto de la movilización por la avenida Eusebio Ayala, y agregaba en un subtítulo: “Con la gran marcha, el país no terminó hoy en Calle Última”. 
La crónica relataba las múltiples trabas que el gobierno intentó aplicar para evitar que los labriegos lleguen hasta Asunción, pero que resultaron infructuosas.
Aquella primera marcha, de la que participaron otras organizaciones nacionales y regionales, tuvo tanto impacto en los medios de comunicación y en la sociedad, que sus organizadores decidieron repetirla al año siguiente.
Fruto de aquella primera experiencia exitosa, nació una nucleación más permanente, la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC), que se encargó de organizar las siguientes marchas, hasta 1998, cuando hubo una crisis y una división.

Los campesinos en el Marzo Paraguayo 

La emergencia del oviedismo, con la elección de Raúl Cubas como presidente en 1998, pero con el general Lino Oviedo manejando los hilos del poder, despertó un gran debate entre las organizaciones campesinas.
“Para nosotros, el gobierno de Oviedo significaba claramente la asunción del fascismo y del autoritarismo, que atentaba contra las organizaciones populares y las libertades públicas. En el 98  hicimos una plenaria y decidimos tener una postura clara contra el fascismo, salir a combatirlo con movilizaciones, con cierres de calles y rutas”, relata Marcial Gómez.
Esta postura no fue compartida por otras organizaciones campesinas, que finalmente decidieron no apoyar a la quinta marcha campesina en marzo de 1999 y se produjo la primera ruptura. 
La MCNOC se abrió de la organización y la marcha fue convocada por la FNC, pero a nombre de una Comisión de Reforma Agraria.
Fue la más crítica de todas las marchas, ya que el día 23 de marzo, cuando estaban por salir caminando desde el exSeminario Metropolitano, se produjo el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, y los campesinos finalmente se unieron a la llamada gesta ciudadana del Marzo Paraguayo, resistiendo durante varios días en las plazas del congreso. Su participación fue decisiva para forzar la renuncia del presidente Cubas y la huida de Oviedo.
“Nosotros solo cumplimos con la posición que habíamos asumido. En esa ocasión logramos además que el Congreso apruebe una ley, decretando la condonación de las deudas de los pequeños productores ante la banca pública”, recuerda Marcial.
Entre los “mártires del Marzo Paraguayo” falleció asesinado un miembro de la FNC, Cristóbal Espínola, alcanzado por las balas de los francotiradores. El asentamiento al que pertenecía, en Alto Paraná, actualmente lleva el nombre del joven campesino mártir.
En su homenaje, muchos participantes siguen portando en cada marcha los mismos simbólicos garrotes de madera que portaban en aquella gesta de 1999, y que según los organizadores “ayudaron a defender a la democracia ante el avance del fascismo”.


Así reflejó Última Hora en su portada la primera marcha de 1994.

Los logros de tanto marchar 

¿Qué han podido conseguir en todos estos años años de llenar las calles y las plazas asuncenas con la multitudinaria presencia campesina?
“Hubo logros concretos, como la condonación de deudas de los pequeños productores, la paralización de un plan de privatización de empresas públicas, la derrota del proyecto político fascista en el Marzo Paraguayo, pero por sobre todo pudimos instalar debates con nuestras críticas a un sistema socioeconómico que excluye a los pobres, y nuestra propuestas sobre el modelo de sociedad que queremos impulsar”, asegura Marcial.
“Cuestionamos a un modelo rural de producción empresarial, ligado a la agroexportación de materias primas, que no genera fuentes de trabajo y por el contrario expulsa mano de obra del campo, causando envenenamiento con agrotóxicos, destrucción del medio ambiente. Estamos en contra de la sojalización y el uso de transgénicos, y a favor de la producción agrícola nacional”, resume Gómez.
Aunque en los medios de comunicación se asegura que las marchas se suceden año tras año, sin que se produzcan cambios importantes en el campesinado, Marcial considera que si hubo avances, especialmente políticos al interior del campesinado.
“Para nosotros, las marchas son una forma de expresarnos ante la gente, de hacer oir nuestra voz y dar a conocer nuestras propuestas, pero también de crecer como organización. Hoy tenemos a una mujer (Teodolina Villalba) al frente de la FNC, lo cual significó un gran paso en la participación política de las mujeres campesinas y una superación de nuestra mentalidad machista y patriarcal”, apunta.

Postura campesina frente a las mentiras electorales

Otro punto que diferencia a la FNC de otros movimientos campesinos, sociales o de izquierda, es que sus miembros no han respaldado a ninguna candidatura para las elecciones.
“No creemos que actualmente haya algún candidato, partido o movimiento, que plantee una verdadera transformación de este sistema socio-económico que causa pobreza y atraso. Ninguno tiene un verdadero plan de reforma agraria, desarrollo social e industrial, como el que nosotros pretendemos”, dice Marcial Gómez.
La FNC promovió el “voto protesta” en anteriores elecciones, pidiendo a sus afiliados que voten en blanco. “Lo que ofrecen a los campesinos son mentiras electorales. Incluso el Gobierno de Lugo, que se embanderaba con la reforma agraria, no hizo prácticamente nada”, cuestiona.
¿Qué hacer, entonces, ante la inacción de los gobiernos?  
Marcial es bien concreto: “Las conquistas se logran con lucha social y fuerza organizativa, para eso también son las marchas campesinas. Hoy tenemos unas 200 mil hectáreas de tierra en distintos puntos del país, con unos 40 asentamientos rurales. Eso se ganó con ocupaciones, movilizaciones, cierres de rutas, exigiendo a las autoridades que cumplan su función. Hace falta mejor infraestructura, caminos, escuelas, puestos de salud, centros productivos, pero es gente que ya está viviendo en su tierra propia y contribuyendo con su trabajo al desarrollo del país”.
Aunque todavía falta mucho por lograr, explica. 
Y por eso es escuchan gritos  campesinos resonando en las calles de la ciudad…