viernes, 26 de abril de 2013

El día en que 21 balazos buscaron acallar la voz de un periodista

Santiago Leguizamón, con su hija Raquel y sus hijos Dante y Fer, frente al local de Radio Mburucuyá, en PJC.


"Prefiero la muerte física a la muerte ética", dijo en la mañana del 26 de abril de 1991, horas antes de salir al encuentro de sus asesinos. Recordamos cómo mataron a Santiago Leguizamón, crimen que permanece impune por 22 años.


Por Andrés Colmán Gutiérrez

Santiago Leguizamón se reía ante el micrófono y compartía bromas con su colega y amigo Humberto Rubín, probablemente sin saber que eran algunas de sus últimas palabras.
Era casi el mediodía del 26 de abril de 1991, y Leguizamón estaba a punto de finalizar su tradicional programa Puertas Abiertas, en la emisora radio Mburucuyá, de su propiedad. Luego iba a juntarse con los demás trabajadores para compartir un almuerzo de conmemoración en el restaurante El Pato, sobre la avenida fronteriza que divide Pedro Juan Caballero de la ciudad brasileña de Ponta Porá.
Era el último enlace del día con la emisora asuncena radio Ñandutí, y desde el otro lado del auricular se escuchaba a su director, Humberto Rubín, con voz grave y preocupada:

Rubín: -Te pido por favor que te cuides, Santiago.
Leguizamón: -¿Eh..? ¿Todavía querés que me cuide?
Rubín: -¡Mucho más que antes!
Leguizamón: -¿Vos escuchaste algún dato importante por ahí?
Rubín: -Sí, sí.
Leguizamón: -Je, je...
Rubín: -No es para reírse. En serio, no es para reírse, Santiago. Estoy seriamente preocupado. Así que, por favor, te vuelvo a reperir: ¡Cuidate!
Leguizamón: -¡Gracias, Humberto!
Rubín: -Parece que no me toma muy en serio. Tiene problemas muy serios allá, en Pedro Juan. ¡Muchísimas amenazas hay!
Leguizamón: -Hay dos clases de muerte, Humberto. Una es la muerte material, la muerte física. Y otra es la muerte cuando uno abandonó la ética y la voluntad de trabajo.

Minutos después, Leguizamón se despidió de su audiencia y salió del precario edificio de madera en donde funcionaba la radio, en el barrio María Victoria, y subió al auto, un viejo Datsun de color blanco, acompañado de su fiel secretario, Baldomero Karape Cabral.
Ninguno se dio cuenta del hombre apostado en la esquina, que avisó a través de un walkie que "el paquete" ya iba en camino.

Asesinato al mediodía en la "tierra de nadie".

Sobre la avenida Rodríguez de Francia, en la esquina de la calle De Jesús Martínez, en plena línea fronteriza, un automóvil Volkswagen Gol color negro, con vidrios polarizados y puerta derecha abollada, estaba esperando.
Había tres hombres a bordo. Tenían armas y una siniestra misión.
Eran las 12.15 del mediodía, en la llamada "terra de ninguen" o "tierra de nadie", que divide a dos países, cuando el Gol negro cerró el paso al auto blanco, y dos de los hombres saltaron a tierra. Uno llevaba armas cortas, presumiblemente una 9 milímetros y una 38 magnum, y el otro, una potente escopeta calibre 12 recortada.
Santiago detuvo el auto y vio que los hombres se le venían encima. Los disparos acribillaron el parabrisas. Herido y desfalleciente, Santiago aún tuvo fuerzas para gritarle a Karape: "¡Corré, salvate... yo ya no puedo!".
Cabral abrió la puerta y salió corriendo del auto, cuando escuchó la explosión final, el escopetazo que le arrancó a Santiago el ojo izquierdo.
Tras darle el tiro de gracia, los sicarios subieron al auto y cruzaron la frontera hacia Brasil.
Según los forenses, 21 balazos impactaron en el cuerpo del periodista y le causaron la muerte.

El precio de las investigaciones periodísticas.

Santiago Máximo Leguizamón Zaván nació el 26 de marzo de 1950 en Villa Hayes. Octavo hijo entre nueve hermanos, primero se recibió de mecánico de aviación en Panamá, en 1968, y un año después obtuvo el título de ingeniero de vuelo.
Pero su verdadera vocación era el periodismo. En 1970 formó parte de la primera promoción de la entonces recientemente abierta Facultad de Medios de Comunicación, de la Universidad Católica de Asunción, que funcionaba inicialmente en el colegio Cristo Rey.
Allí se enamoró de una de sus compañeras, Ani Morra, quien se convertiría en su esposa y madre de sus cuatro hijos. Allí le marcaron a fuego las clases del jesuita español José Miguel Munárriz, quien pregonaba que "el periodismo debe ser la voz de los sin voz".
Le incomodaba saber que la dictadura del general Alfredo Stroessner cometía tantos crímenes contra los derechos humanos, y casi ningún diario, ninguna radio, lo publicaba.
"Alguna vez voy a tener mi propia radio, aunque sea pequeñita, y nadie podrá censurarme", solía anunciar.
Logró adquirir e instalar en la ciudad de Pedro Juan Caballero la emisora ZP31, radio Mburucuyá, que el 15 de diciembre de 1975 empezó a transmitir en el 980 del dial, en amplitud modulada.
El local de la radio no era más que una pequeña casa de tablas construida en medio de un enorme terreno baldío, casi en las afueras de la ciudad, a unos setecientos metros de la tierra de nadie, como llamaban los lugareños a ese mundo entre dos países, que es la frontera seca paraguayo-brasileña.
Allí, Santiago Leguizamón empezó a desarrollar una forma de periodismo radial poco usual para la época, dando voz a las comunidades campesinas e indígenas, y comenzó a cuestionar las "muertes por encargados" que se producían entre bandas de narcotraficantes y contrabandistas.
Se hizo corresponsal o colaborador de los más importantes medios capitalinos. Paralelamente, promovió festivales de teatro y de música folclórica, creó talleres de poesía y narrativa, editó poemarios y llegó a sacar dos números de su propia revista gráfica, también llamada Mburucuyá.
En marzo de 1991, como corresponsal del diario Noticias, ayudó a los enviados José Gregor y José Pastor Benítez a elaborar una serie de reportajes investigativos sobre tráfico de drogas, lavado de dinero, contrabando de soja y robo de vehículos. Las notas dejaban entrever una presunta complicidad entre los capos del crimen y el gobierno del entonces presidente, general Andrés Rodríguez. Los reportajes mencionaban como uno de los principales capos del tráfico al entonces poderoso empresario fronterizo, Fahd Yamil, más conocido como El turco.
¿Fue esa publicación la que selló su suerte? ¿O solo precipitó la ejecución de una condena ya decretada de antemano, como represalia contra tanta pasión informativa, tanto coraje periodístico, tanta lucha democrática, tantos sueños por hacer posible un país diferente?

La sangre del sacrificio en su más puro fulgor.

En 1992, un año después del asesinato de Leguizamón, la Policía Federal brasileña detuvo a los sicarios brasileños José Tiro Certo Araulho, José Aparecido de Lima y Bras Vaz de Moura, quienes confesaron haber asesinado al periodista paraguayo "por encargo de Daniel Alvares Georges (hijo de Fahd Yamil) y su primo Luis Enrique Tulú Georges".
La Justicia paraguaya nunca movió un dedo para utilizar esta confesión. Por el contrario, acabó encubriendo a los autores del crimen.
"Eligieron la hora: la luz cenital del mediodía, para que la sangre de tu sacrificio brillara en su más puro fulgor. Eligieron el sitio: la línea fronteriza entre el miedo y la impunidad en aquel remoto confín del país", escribió el mismo día del asesinato, el escritor Augusto Roa Bastos, quien paradójicamente también murió un 26 de abril, pero del año 2005, en Asunción. A pesar de una orden de detención en su contra, Tulú Rodriguez Georges se paseaba tranquilamente por las calles de Pedro Juan Caballero, hasta que, el 5 de setiembre de 1996, el juez paraguayo Albino Aquino Amarilla lo exhimió de la prisión con una cuestionada resolución. Aunque Tulú no quedó desvinculado de la causa, nadie más volvió a molestarlo, y el voluminoso expediente número 70 del Juzgado del Crimen de Amambay quedó archivado entre los polvorientos anaqueles.
En la tarde del jueves 4 de octubre de 2012, en Ponta Porá, Brasil, a casi 40 cuadras del lugar donde Santiago Leguizamón fue emboscado y muerto por aquellos oscuros sicarios, poco más de 21 años después, otros sicarios emboscaron y acribillaron a Tulú, y lo asesinaron de 17 balazos, junto a uno de sus guardaespaldas.
Veintidós años después, el crimen de Santiago Leguizamón continúa en total impunidad.
Con su asesinato, la mafia quiso acallar las voces críticas de los periodistas.
Pero no lo pudo lograr.

lunes, 22 de abril de 2013

Dos o tres cositas, escritas en el día después de las elecciones

Foto: René González.

1). LOS COLORADOS GANARON.
Trabajaron mejor, pusieron pasión, además de mucho dinero, con muy larga experiencia en los manejos de la política criolla. Los unió de nuevo la vocación de poder, y se impusieron de manera avasalladora en las urnas.
Para lograrlo, supieron dejar de lado sus conflictos internos, aggiornarse y modernizar su lenguaje, apropiarse mejor de las modernas técnicas de propaganda, imagen y comunicación social, adaptarse con más rapidez que otras fuerzas políticas, tragarse el sapo de que no iban a ser sus caudillos y líderes históricos los que conducirían el retorno al poder, sino un acaudalado empresario outsider, con una leyenda negra sobre el origen de su fortuna, que hasta hace menos de cuatro años ni siquiera era colorado, nunca había votado ni estaba inscripto en el Registro Electoral.
Pero lo hicieron, y dieron una gran lección de realpolitik.
Felicito al pueblo colorado que ayer acudió a votar masivamente, y que aprendió muchas de las nuevas reglas de la democracia, aunque en lo personal me incomoda que se les haya dejado volver tan rápido, y con tanta fuerza electoral, sin haberles exigido que hagan una autocrítica a fondo, pidiendo disculpas por los muchos crímenes contra los derechos humanos, y contra el Patrimonio del Estado, que cometieron o avalaron en los años de Gobiernos dictatoriales o seudodemocráticos.
En lo profesional, sostengo ante la figura del nuevo presidente electo la misma actitud crítica y vigilante que mantuve durante mi carrera periodística ante todos los anteriores Gobiernos, sean del signo que sean. Creo en el periodismo, especialmente en el periodismo investigativo, como “el perro guardián de la democracia”. No seré un periodista “opositor” ni “oficialista”. Seguiré siendo simplemente periodista. Seguiré haciendo el mismo o mejor periodismo que mis humanas cualidades o limitaciones me permitan hacerlo, como sé que lo seguirán haciendo muchos de mis más queridos colegas, hombres y mujeres.

2). LOS LIBERALES PERDIERON.
Los principales dirigentes del PLRA, con el presidente Federico Franco y los referentes del actual Gobierno, incluyendo a sus ocasionales aliados (PDP y UNACE, fundamentalmente) son los grandes perdedores de esta contienda electoral, no solamente ante los colorados, sino ante la ciudadanía, ante su propio pueblo.
La arbitraria y polémica ruptura que cometieron contra sus ex aliados de la izquierda en el Gobierno de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), posibilitando no solo la destitución de un presidente de la República a través de una “avivada”política -un golpe parlamentario revestido de presunta legalidad-,  sino generando en cierta forma el aislamiento político internacional regional del Paraguay, aunque les haya generado el aplauso del sector más reaccionario y conservador, al mismo tiempo los marcó ante un electorado más crítico y consciente. No solo fueron perversos (“traicioneros”), tampoco fueron inteligentes. Ya se ha demostrado históricamente que los liberales solos no ganan elecciones, pero con la izquierda sí. La soberbia los perdió.
Inicialmente, a pesar de considerarlos “golpistas”, muchos ciudadanos y ciudadanas parecían estar dispuestos a votar por Efraín Alegre y Rafael Filizzola, “solo para que no ganen los colorados”, pero las groseras acciones políticas de los liberales desde el Gobierno, en los últimos meses, fueron alejando cada vez más este voto potencial. La alianza a toda costa con los oviedistas –aprovechando en forma oportunista la trágica muerte de Lino Oviedo-, ofreciendo como moneda de cambio un millonario negociado de tierras, tan torpemente realizado que quedó expuesto ante la ciudadanía, sumado a otros escándalos de corrupción, como el uso de recursos estatales en campaña proselitista, acabó generando una corriente de “voto castigo”. A los colorados ya se los conocía y de ellos se esperaba que hagan estas cosas, pero un gran sector del liberalismo se presentaba como la opción diferente, y descubrirlos con las manos en la lata, resultó decepcionante.
A pesar de que queda posicionado nuevamente como el principal partido de oposición, en un deja vu político hacia antes del 2008, el liberalismo deberá hacer un gran ejercicio autocrítico y de mea culpa para volver a ganarse la credibilidad y la confianza de un gran sector del electorado. Los meses que le quedan de Gobierno a Federico Franco no les serán muy fáciles.  

3. LA IZQUIERDA, TERCERA FUERZA, DIVIDIDA Y REDUCIDA.
Aunque creció electoralmente y conquistó espacios importantes, me atrevo a incluir a los sectores de la izquierda paraguaya, contradictoriamente, tanto en la lista de ganadores como en la de perdedores.
Por una razón sencilla y de sentido común: Si conquistaron los espacios que conquistaron presentándose tan peleados y por separado, ¿cuánto hubieran logrado, si se presentaban unidos?
Sobre todo, cuando uno advierte que las razones de la división ni siquiera fueron ideológicas y programáticas, sino esencialmente por los primeros lugares en las listas para el Parlamento.
Expulsados arbitrariamente de su primera experiencia de Gobierno compartido, en lugar de reponerse y construir alternativas convocantes, los partidos y movimientos del Frente Guasu se desgastaron peleándose, hasta dividirse y generar la opción disidente Avanza País. Mario Ferreiro quedó tercero, muy lejos, logrando menos impacto electoral del que se esperaba, y Carrillo quedó cuarto. Pero los espacios logrados por ambos en el Parlamento son valiosos e importantes. ¿Conseguirán trabajar juntos?
Ante un panorama de una ANR avasalladora, con dominio pleno del Ejecutivo y mayoría simple en el Congreso, será fundamental que la oposición pueda ser sólida. Ante la cuasi desaparición de Patria Querida y el Unace, la izquierda tiene la oportunidad de consolidarse como tercera fuerza, pero eso solo será posible si supera los traumas del guerrillerismo mediático juvenil y los esquemas del catecismo marxista de los años 60.
Frente al retorno de un modelo de Gobierno mucho más liberal y neo-conservador, los movimientos sociales, principalmente campesinos, tendrán un gran desafío y un rol fundamental. Pero será saludable ver que evolucionen hacia formas de representación política más modernas y con mayor inserción social.
Rescato, en este terreno de las nuevas prácticas políticas, la linda experiencia demostrada en esta campaña por el Movimiento Kuña Pyrendá, especialmente de mujeres luchadoras, a quienes –como ciudadano elector- les otorgué mi voto con mucho entusiasmo, sabiendo que íbamos a ser poquitos en el mar de votos azulgranas, pero estábamos apoyando una candidatura hecha a pulmón, con mucha frescura y creatividad, sostenida por personalidades dignas y con gran trayectoria, aunque invisibilizadas en los medios de comunicación. Personalmente creo que aún tienen que superar cierto discurso con mucho clisé feminista, pero hay en este movimiento una opción potencial, que si se sigue construyendo tras la marea electoral, puede aportar una interesante y renovadora alternativa política a la momificada clase política paraguaya.

sábado, 20 de abril de 2013

El periodismo, de cara a las elecciones

El mensaje de texto recibido al celular del periodista Aníbal Gómez Caballero. Al fondo, el comunicador, en el estudio de Gosi Telenorte TV Cable, de Pedro Juan Caballero, dirigiendo un programa político.

En la ciudad de Pedro Juan Caballero, el colega Aníbal Gómez Caballero, de Radio América FM y Gosi Telenorte TV Cable, recibió amenazas mientras dirigía un debate político al aire, el jueves 18 de abril. Mensajes de texto en su teléfono celular decían: "Si a Santiago Leguizamón (le matamos), nde bomba ifacilvéta (a vos, con una bomba será más fácil) si no te calmás".
Aníbal inició su carrera en Radio Mburucuyá, junto a Santiago Leguizamón, el periodista asesinado por la mafia el 26 de abril de 1991, crimen que sigue impune. Aquella vez tuvo que mudarse a Asunción ante las amenazas. Ahora, la guerra política previa a las elecciones lo coloca de nuevo en el ojo de la tormenta.
El fantasma de la censura también se hizo presente en algunos medios de comunicación. El Canal 9 (medio privado) y la TV Pública (medio estatal) se negaron a emitir un corto de propaganda política de la Concertación Nacional Frente Guasu, que reproduce el audio del juicio político que destituyó al presidente Fernando Lugo en junio de 2012.
"Paraguay sigue siendo un país de riesgo para los periodistas, debido principalmente a la filtración de las mafias en el medio político", advirtió esta semana la organización internacional Reporteros sin Fronteras.
Pero aún en medio de tensiones, censuras y amenazas, el periodismo paraguayo dio ejemplos de coraje y vitalidad, sacando a la luz reportajes investigativos y denuncias que involucran a los principales candidatos, como la revelación de ABC Color sobre la banca offshore de Horacio Cartes en el paraíso fiscal de las Islas Cook, la investigación de Última Hora sobre la lujosa finca rural que habría comprado el presidente Federico Franco, o el gran negociado de tierras que salpica al Gobierno, al candidato Efraín Alegre, al partido Unace y al expresidente del Congreso, Jorge Oviedo Matto.
Gracias a la prensa, los ciudadanos y ciudadanas hoy tienen mucha información para decidir con mejor criterio a quien entregar el destino del Paraguay por los próximos cinco años. Si lo hacen equivocadamente, será por su cuenta y riesgo.
Sea quien fuere el ganador de las elecciones, el rol de la prensa debe seguir siendo valorado y defendido por la ciudadanía. Más aún si triunfa una fuerza política conservadora, tentada a recortar libertades públicas. Será la manera de evitar que se echen a perder valiosas conquistas democráticas de estos años. Es bueno recordarlo, también en vísperas del Día del Periodista, el próximo 26 de abril.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 20 de abril de 2013).

sábado, 13 de abril de 2013

Carta a Anita, en el corazón de una estrella



Mi querida Anita:

No sé si las cartas llegan al cielo, junto a las estrellas, pero de alguna manera te alcanzarán estos sentimientos de dolor y tristeza, de indignación y rabia, que experimentamos con tu partida.
Soy uno más de los que nos enamoramos perdidamente de tu carita tierna y hermosa, la primera vez que te vimos en las fotos de un diario o en un reportaje de televisión. Había algo mágico en esos ojitos encendidos y en esa sonrisa juguetona que contagiaba esperanzas, tenacidad, ganas de vivir. Había un sordo clamor en esa mirada luminosa, de melancolía desgarradora que interpelaba: "¡Ayúdenme...! ¡Quiero vivir...! ¡Consíganme un corazón...!".
No te conocí personalmente, princesita, pero de tanto acompañar los reportes de mis colegas periodistas, sensibilizados por tu drama personal -que a la vez encarnaba el drama de muchos pacientes necesitados de trasplante de órganos-, te fui sintiendo parte de mi propia familia.
Eras una constante presencia que nos recordaba las muchas deudas que el Paraguay mantiene con la salud pública, y que al parecer a sus gobernantes y políticos no les interesa mucho saldar, por más penosas muertes que sigan existiendo.
Llegué a sentir vergüenza ajena de los gobernantes y políticos, cuando el colega Óscar Acosta inició la conmovedora campaña mediática #corazonpy, buscando recaudar dinero para comprar un corazón artificial que te ayude a seguir viviendo mientras aparecía un donante. Aunque sostengo que los ciudadanos no deberíamos suplir la responsabilidad del Estado, me sumé con entusiasmo a la campaña, esperanzado en no quedarme sin tu sonrisa cautivadora.
Hacían falta solo 300 mil dólares para el dichoso corazón artificial. Una mínima parte de los millones que gastan los partidos en campaña electoral. Y ni hablar de los presuntos negociados que en estos días se revelan con la fiebre denunciadora.
Ojalá tu muerte nos ayude a superar nuestros tabúes y a despertar de la indolencia, para ser más conscientes a la hora de donar órganos. Y sobre todo, nos permita mirar con mayor espíritu crítico a la hora de depositar nuestro voto, el próximo 21 de abril. Si así fuera, tu ausencia sería un poco menos penosa, porque seguro nos sigues iluminando desde el corazón de una estrella.
Con mucho cariño,

Andrés.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 13 de abril de 2013).

viernes, 12 de abril de 2013

Esas revanchas que nos da la vida...



En octubre pasado, cuando la salud me jugó una mala pasada y resulté víctima de un infarto agudo del miocardio, a pesar de haber experimentado una recuperación prácticamente milagrosa, llegué a creer sinceramente que muchas de las cosas buenas de la vida ya me quedarían vedadas para siempre.
Ustedes recordarán que en aquella extensa “Carta escrita desde el borde de la vida” que les compartí desde mi blog, había escrito que el gran desafío que me esperaba era “…encontrar la manera de seguir haciendo el periodismo que me apasiona, y que ustedes esperan y comparten, pero de manera que sea una plena realización para el cuerpo y para el alma, y no en condiciones que puedan llegar a hacernos daño. Tendré, seguramente, más limitaciones de movimiento y quizás de temas. Probablemente ya no pueda deleitarme en contemplar el Paraguay desde la cima del cerro Tres Kandú, como alguna vez lo hicimos para una histórica portada de la revista Vida de ÚH, pero habrá otras cumbres menos geográficas que un corazón golpeado seguirá buscando alcanzar”. Fue lo que entonces escribí textualmente.
Para sorpresa mía, hace pocas semanas, la querida amiga y colega Gaby Murdoch, editora general de las revistas de Editorial El País SA, me planteó el desafío: ¿Me sentiría en condiciones de volver a subir a la cima del cerro más alto del Paraguay, evocando aquel recordado reportaje, para una edición especial por los 15 años de la revista Vida?
Sin dudarlo, le dije que sí. Aunque luego tuve un flash de duda. ¿Resistiría mi corazón herido el gran esfuerzo de escalar los 842 metros hasta la cumbre? Más de algún familiar, y amigas y amigos queridos, intentaron hacerme desistir: “¡Estás loco…!”.
Se lo consulté a uno de mis médicos, quien me habló con mucha franqueza: “Te lo prohibiría, pero te conozco bien y sé que para vos es importante vencer el desafío. Tu recuperación ha sido asombrosa. Hacélo con prudencia, manejando bien tus límites. Si sentís que te llegas a cansar mucho en la subida, tendrás que detenerte y descansar hasta recuperarte bien, y si sentís que el riesgo es grande, no dudes en abandonar la empresa”.
El martes último, en un radiante día de sol, acompañado del colega fotógrafo Fernando Franceschelli y del querido amigo guaireño Caio Sacavonne, gran compañero de aquella primera aventura –y de muchas otras-, emprendimos otra vez la expedición hacia la cumbre.
En contra de mis temores, mi organismo reaccionó más que bien. Esta vez incluso sentí que la escalada me resultó menos forzosa que aquella primera vez, hace 12 años. Ascendimos sin prisa, tomando aire a cada tanto, disfrutando plenamente de la odisea, gozando de cada detalle que ofrece esa maravillosa belleza natural de nuestro país, hasta que, al cabo de tres horas, llegamos a la cima.
Como aquella primera vez, parado en el borde del techo del Paraguay, observando el increíble y verde paisaje a nuestros pies, con pueblos y ciudades vistos como pequeñas maquetas y con las personas apenas perceptibles cual minúsculas hormigas, sólo pude volver a expresar la misma frase que me había surgido en aquel primer viaje: “Esta sensación de tener el mundo a tus pies… vale cualquier sacrificio”.
Sentado durante una eternidad en el mirador más alto del país, mirando la gran obra de Dios o de la Madre Naturaleza, llegué a reflexionar sobre tantas cosas. Pensé en la sucia guerra política electoral que se libraba allá abajo, que apenas horas antes nos abrumaba como una cuestión de vida o muerte, y que allí arriba sonaba tan lejana, tan de otro tiempo y visto desde otras perspectivas. Pensé en cómo nos dejamos enredar tan fácilmente en las pequeñas miserias de la vida cotidiana, que desde esas alturas parecían tan nimias. Pensé en ese inesperado regalo de la Vida, que me había permitido cobrarme revancha una vez más, y en lo agradecido que me siento, y en el compromiso de corresponder a tanta generosidad. Eso y muchas cosas más pensé, desde la cima del Paraguay.
El reportaje aparecerá próximamente en el número aniversario de la revista VIDA de ÚH. Reserven su ejemplar.

sábado, 6 de abril de 2013

Fantasmas del pasado, incógnitas del futuro

Fadh Yamil, entrevistado por un periodista de la emisora Radio Amambay, de Pedro Juan Caballero, en la ciudad  fronteriza de Ponta Porá, Brasil. (FOTO: AMAMBAY570.COM.PY)

La voz cascada y fronteriza llegó como un eco de otros oscuros tiempos, provocando una inevitable sensación de déjà-vu (ya visto), como dirían los franceses.
Era nada más y nada menos que la voz del otrora poderoso "padrino" del Norte, Fahd Yamil, en una entrevista concedida a la emisora Radio Amambay desde la ciudad brasileña de Ponta Porá, rompiendo un largo silencio autoimpuesto, tras un obligado ostracismo de dos décadas.
El eco de la voz me transportó a aquel 6 de junio de 1991, a aquella polémica conferencia de prensa en el Hotel Guaraní de Asunción, cuando el hasta entonces difuso Yamil dio la cara, negando públicamente haber ordenado el asesinato del periodista Santiago Leguizamón, ocurrido el 26 de abril de 1991, en la frontera de Pedro Juan.
¿Por qué Yamil reapareció ahora, a 18 días de las elecciones, entrevistado en la emisora del senador liberal Roberto Acevedo, por intermediación del exdiputado colorado Héctor González Pana -otro de sus exsocios en negocios-, y salió a alabar públicamente al candidato colorado Horacio Cartes, a quien admite haberle vendido tierras a cambio de deudas? ¿Cuál de los sectores opera la resurrección mediática de Yamil? ¿Cuál es el mensaje que debemos entender?
La Justicia brasileña tenía pendiente una sentencia de 30 años de cárcel contra Yamil, por evasión de divisas. A principios de 2012, sus abogados lograron reducir la pena y además absolverlo en otro proceso por tráfico de drogas, obteniendo su libertad.
"No tenemos cuenta pendiente con la Justicia", es el eslogan que más se repite en esta campaña electoral, y probablemente sea verdad. La Justicia paraguaya se especializa en borrar cuentas pendientes y en no cobrarlas (o en cobrarlas de otro modo).
En 1992, un año después del asesinato de Leguizamón, la Policía Federal brasileña detuvo a los sicarios brasileños José Tiro Certo Araulho, José Aparecido de Lima y Bras Vaz de Moura, quienes confesaron haber asesinado al periodista paraguayo "por encargo de Daniel Alvares Georges (hijo de Fahd Yamil) y su primo Luis Enrique Tulú Georges".
La Justicia paraguaya nunca movió un dedo para utilizar esta confesión. Por el contrario, acabó encubriendo a los autores del crimen.
Este 26 de abril, Día del Periodista Paraguayo, el asesinato de Santiago cumplirá 22 años de absoluta impunidad. Mientras, en vísperas de las elecciones, retornan los fantasmas del pasado y se despiertan desafiantes incógnitas acerca del futuro.

(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 6 de abril de 2013).