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viernes, 20 de octubre de 2017

Un café con Eduardo Galeano


E
s bueno estar en Montevideo y poder pasar a tomar un café en el Café Brasilero, leyenda viva de la ciudad vieja, con 140 años de vigencia, lugar que el maestro Eduardo Galeano llamaba "mi segunda casa".
Es bueno que la mesa que él siempre ocupaba junto a la ventana esté casualmente disponible y te la puedan dar.
Es bueno sentarse del otro lado, frente a dónde él se sentaba a escribir y entablar un diálogo en silencio, con aroma a café, a letras, a literatura y periodismo comprometidos con la libertad y la justicia, compartir los andares a través de la maravilla real de una América Latina que sigue buscando cerrar sus venas abiertas.
La presencia del gran escritor y periodista permanece en este poblado rincón del Uruguay que nos da constantes ejemplos de humanismo, libertad y progresismo.
Es bueno haber contribuido a recordarlo en ese libro que co-escribimos con varios colegas cronistas de Iberoamérica.
Es bueno brindar ahora y mantener viva la Memoria del Fuego.

¡Salud, maestro... y gracias!
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(Las fotos son de la colega y amiga Marta Escurra y del archivo del Café Brasilero).



sábado, 26 de noviembre de 2016

El traje de Rodríguez y el uniforme de Fidel


#CrónicasDeLaMemoria

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Sucedió a inicios de los años 90, en uno de las primeras cumbres de presidentes latinoamericanos al cual el entonces flamante presidente paraguayo, general Andrés Rodríguez, asistió tras haber derrocado a su consuegro, el dictador Alfredo Stroessner.
Los mandatarios caminaban juntos hacia uno de los centros de eventos, mientras conversaban, en medio de una nube de guardias de seguridad.
Rodríguez, de impecable traje azul y corbata, se ufanaba de estar allí, entre sus varios colegas latinoamericanos. El único que desentonaba en el grupo con su vestimenta era el presidente cubano, Fidel Castro, quien iba con su estridente uniforme verde militar, su gorra de comandante y su eterna barba.
Rodríguez no quiso dejar pasar la oportunidad de sacar a relucir su condición de recién converso al sistema democrático, y entonces, alzando la voz con su estilo paraguayo campechano, interpeló a Fidel.

-¡Comandante…! ¿No le parece que ya es hora de sacarse el traje militar y ponerse un traje democrático, igual que nosotros?

Los demás mandatarios festejaron la exhortación del paraguayo, palmeando al comandante. “Si, Fidel, ya es hora”. “¿Para cuándo...?”.
Fidel simplemente sonrió y guardó silencio.
Disminuyó los pasos y se fue quedando más atrás del grupo en que estaba Rodríguez.
Entonces, desde atrás, con su potente y estentórea voz, gritó:

-¡General…!

Del grupo que iba adelante, Andrés Rodríguez fue el único que se paró y volteó la mirada hacia atrás.
Fidel Castro, con una amplia sonrisa, abrió los brazos y le dijo:

-Ya ve, general. Uno puede cambiarse de traje, pero sigue siendo el mismo. Por algo dicen que el hábito no hace al monje.

***

Con esta anécdota real sobre Fidel y Rodríguez nos divertimos mucho en aquellos años que siguieron a la caída de la dictadura.
Cuba y Castro se abrían en las páginas de la prensa paraguaya como un misterio a develar, luego de haber permanecido durante décadas como un retrato del infierno, cueva de comunistas salvajes comedores de niños, según la propaganda de la dictadura stronista.
Finalmente pudimos ver a Fidel de cerca cuando estuvo por única vez en Paraguay, en agosto de 2003, para la asunción al gobierno de Nicanor Duarte Frutos y mantuvo aquel encuentro multitudinario y lleno de anécdotas en el estadio del Consejo Nacional de Deportes.
Su gesto más significativo, entonces, fue visitar a nuestro gran escritor Augusto Roa Bastos en su departamento de Manora, y llevárselo con él a Cuba para someterlo a un chequeo y tratamiento médico intensivo, en medio de un cúmulo de homenajes literarios y de cariño. Fue probablemente una de las grandes alegrías que el autor de Yo El Supremo recibió en sus últimos años de vida.
Ahora que parece que finalmente se ha muerto el guerrero de Sierra Maestra, al que la CIA intentó asesinar infructuosamente en centenas de atentados y los internautas mataron en miles de posteos falsos, se escribirán millones de líneas de texto, llamándolo gran héroe revolucionario o perverso dictador sanguinario.
Fidel fue todo eso y mucho más. 
Al igual que el Che, que Kennedy, que Martin Luther King, que Hitler, fue una de las grandes figuras que marcó la historia del mundo en el Siglo XX. 
Hace mucho que Fidel está en las páginas de la Historia, con mayúsculas. 
De allí nadie nunca lo podrá borrar.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Un desaparecido está vivo y fue informante de la dictadura

El nombre de Mario Perdomo sigue apareciendo en los avisos de la campaña Jajoheka Jajotopa.

Mario Perdomo figura en la lista de la Comisión de Verdad y Justicia. En realidad es Mario Píriz Budes, un ex tupamaro e informante de la dictadura. Se ocultó en Paraguay y fue líder scout en el San José.


#CrónicasDeLaMemoria

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Mario Andrés Perdomo, uruguayo, desaparecido.
El nombre apareció en el Archivo del Terror, en diciembre de 1992, con datos de haber sido detenido por la policía paraguaya y luego haberse perdido su rastro.
Cuando la Comisión de Verdad y Justicia se instaló en 2004 para revisar los casos de víctimas de la dictadura, se incluyó a Perdomo en la lista de las personas registradas como desaparecidas y se le asignó el legajo CVJ D0309.
"Mario Perdomo era uruguayo, habría sido desaparecido a través del Operativo Cóndor, según archivo de publicaciones de 1993 del diario ABC Color, de fecha 7 de enero. A la fecha, la CVJ no ha recibido información respecto de su paradero o el destino final de sus restos", dice el legajo oficial.
El diario lo presentaba así: "El uruguayo Mario Perdomo, capturado en 1976, acusado de ser terrorista. No dejó rastros después de ser capturado por la policía política".
Su caso fue reiterado en noviembre de 2015, cuando la Campaña Nacional Para la Identificación de las Personas Desaparecidas inició el operativo Jajoheka Jajotopa, para identificar a los restos desenterrados por el equipo del doctor Rogelio Goiburú.
Solo que Mario Perdomo no se llamaba realmente Mario Perdomo ni tampoco estaba realmente desaparecido.
Su nombre real es Mario Arquímedes Píriz Budes, también conocido como El Tino, quien continúa vivo en su país, Uruguay, donde enfrenta un proceso judicial por casos de torturas.
Tras vivir varios años oculto con un nombre falso en Paraguay, con su esposa chilena, Ana María Gómez, y sus hijos en una casa sobre la calle Paraíso, en Lambaré, Píriz fue descubierto por el periodista uruguayo Samuel Blixen, del semanario Brecha, quien reveló su paradero en un libro, Fugas, historias de hombres libres en cautiverio, publicado en 2004.
Píriz Budes es considerado uno de los grandes "traidores" del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros, al cual perteneció el ex presidente uruguayo Pepe Mujica.
Hector Amodio Pérez, saliendo de un juzgado en Montevideo.
En la misma causa está procesado Mario Píriz Budes.
Nacido en Durazno, Uruguay, creció en Rivera (donde ahora reside nuevamente). En 1968, con 21 años de edad, ingresó al movimiento guerrillero y en dos años estaba al frente de una de las principales columnas de combate.
A finales de abril de 1972, Píriz Budes cayó preso en manos de los militares.
"Llegó a un acuerdo con el coronel Trabal, jefe del Servicio de Inteligencia Militar, y puso en su conocimiento el organigrama completo de la organización, entregó los locales y a los militantes que conocía", relata Héctor Amodio Pérez, uno de sus ex compañeros en el MLN.

Escondido en el Paraguay.

Tras pactar con los militares uruguayos y entregar a sus ex compañeros, Píriz Budes se refugió en Paraguay con su familia, donde adoptó la nueva identidad de Mario Andrés Perdomo. Aparentemente contó con la protección de personeros de la dictadura stronista, como pago de favores a sus colegas represores uruguayos.
El trabajador social Roberto Stark, hermano de Manfred Stark (mártir del Marzo Paraguayo), recuerda que conoció a Mario Perdomo cuando él estudiaba en el Colegio Apostólico San José, sobre Calle Última, donde integraba un grupo Scout.
"Un día, un señor uruguayo llegó al grupo scout en el colegio. Porte bonachón, tez blanca, cabello negro y gran bigote. Le parecía a Mario Bross", recuerda Roberto.
A Perdomo le dieron el cargo de jefe de los "Rovers" o "Pioneros", scouts de entre 16 a 18 años. "Todos quedamos encantados con este señor, su forma pausada y tranquila de hablar, su infinita paciencia", describe Stark.
"Don Perdomo" se volvió un líder muy apreciado del scoutismo local durante varios años, hasta que un día dejó de venir. Roberto supo que lo echaron "por ser socialista". Luego se enteró de que Perdomo integraba la lista oficial de los desaparecidos.
Tras mucho investigar, conoció la verdadera historia: no estaba desaparecido, sino que había sido un colaborador de la dictadura. "Me sentí muy mal, muy indignado", destaca el ex alumno de "Don Perdomo".

Píriz vendía libros y se afilió al Partido Febrerista

Samuel Blixen, periodista e investigador uruguayo.
"Durante los años en que vivía en Paraguay, El Tino Píriz Budes vendía libros y repartía publicaciones de izquierda. Llegó a afiliarse al Partido Febrerista", relata Samuel Blixen, el periodista uruguayo que siguió su pista y reveló su identidad.
Blixen dice que cuando estuvo en Asunción, a principios de los 90, lo llevaron a la casa de Mario Perdomo y allí desconfió que era El Tino, pero no estaba seguro. Volvió a Montevideo, consiguió una foto vieja de Píriz Budes y entonces tuvo certeza.
"Hablamos con una periodista alemana (Gaby Weber) que iba a Paraguay y le dijimos que fuera a verlo. Llegó a su casa (en abril de 1993) y le dijo: '¿Vos sos Píriz Budes?'. Sí, le dijo el tipo", narra Blixen en una entrevista.
Tras verse descubierto, Píriz decidió dejar de ser Mario Perdomo, volvió a ser El Tino y regresó al Uruguay, donde vive en Concordia, mantiene un perfil muy bajo y no se deja fotografiar.
La jueza uruguaya Julia Staricco lo incluyó en un proceso judicial que investiga el caso de 28 mujeres torturadas durante la dictadura.

Responsabilidad de la dictadura

"Esto no cambia el hecho de que la dictadura es responsable de arrestos ilegales, secuestros, asesinatos y desapariciones. Por el contrario, nos muestra el lado B, lo truculento que era todo, cómo los Estados cooperaban de manera ilegal en su guerra sucia", dice Roberto Stark, el investigador paraguayo que ayudó a que esta historia salga a la luz.
"Espero que Mario Perdomo deje de estar en las listas de desaparecidos pronto, ya que ofende a los que realmente sufrieron y murieron por pensar distinto", reclama.

lunes, 16 de mayo de 2016

Plan Cóndor: Hace 39 años, el avión de la muerte volaba desde Asunción

El dictador argentino Jorge Videla y su par paraguayo Alfredo Stroessner, reunidos en 1977, en Asunción.
El 16 de mayo de 1977, mientras se apagaba el eco de las fiestas de la Independencia, un birreactor de la Armada Argentina partía desde Asunción llevando a 5 presos políticos, argentinos y uruguayos secuestrados en Paraguay, que luego fueron desaparecidos. El propio almirante Emilio Massera viajó en ese vuelo. Este 27 de mayo se conocerá en Buenos Aires la sentencia del juicio sobre el Plan Cóndor, que incluye a los 5 de Asunción.

#CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutiérrez | @andrescolman

La brusca frenada de varios vehículos frente a la humilde pensión que funcionaba en el número 884 de la calle Fulgencio R. Moreno (actualmente Humaitá, en las inmediaciones de la escalinata Antequera), en el centro de Asunción, apenas llamó la atención de los vecinos.
Era el 29 de marzo de 1977. Paraguay sufría una de las más grandes escaladas represivas durante la larga dictadura militar del general Alfredo Stroessner, quien gobernó de 1954 a 1989.
A la mayoría de los pobladores les resultaba frecuente ver a vehículos policiales o particulares detenerse frente a las puertas de una casa o de un edificio, observar cómo bajaban rápidamente hombres vestidos de civil o con uniforme, con armas de fuego, a rodear el lugar y proceder a los famosos "operativos de captura de elementos subversivos".
Aquel 29 de marzo, sin embargo, había militares argentinos y uruguayos acompañando el procedimiento en la modesta pensión de la calle Fulgencio R. Moreno.
Hacía días que venían siguiendo las pistas de 3 ciudadanos argentinos (dos hombres y una mujer) y 2 uruguayos que se alojaban en esa pensión, huyendo de la represión en sus respectivos países, donde también gobernaban dictaduras (en Argentina, el general Jorge Rafael Videla; en Uruguay, Aparicio Méndez).
El operativo, en aquella pensión, concluyó con la captura de los argentinos Alejandro José Logoluso, Dora Marta Landi Gil y José Nell, y los uruguayos Nelson Santana Scotto y Gustavo Edison Insaurralde. Además fue arrestado el dueño de la pensión, un empresario de apellido Peña.
Los cinco extranjeros detenidos fueron llevados primero al Departamento de Vigilancia y Delitos de la Policía y luego al temible Departamento de Investigaciones, donde fueron sometidos a sesiones de tortura, de las que participaron los militares argentinos y uruguayos.
La siniestra Operación Cóndor o Plan Cóndor, como se llamó al sistema de cooperación entre las dictaduras del Cono Sur para la cacería transfronteriza y el intercambio ilegal de prisioneros políticos, se empezaba a aplicar sistemáticamente.

Aquí funcionaba una pensión en 1977, sobre Fulgencio R. Moreno, donde fueron secuestrados los hoy cinco desaparecidos.
Torturados mientras Videla y Stroessner se abrazaban

El dictador argentino Jorge Rafael Videla visitó oficialmente el Paraguay el 20 de abril de 1977. Fue recibido por su colega, el general Alfredo Stroessner, en el aeropuerto internacional, que en ese momento llevaba el nombre del tirano paraguayo.
Videla recibió varios homenajes, entre ellos el collar de la Orden del Mariscal Francisco Solano López, durante un acto en el Palacio de Gobierno.
En la mañana del 20, Stroessner y Videla encabezaron un desfile militar por la avenida Mariscal López, frente a Mburuvicha Róga, saludando al público desde un auto Chevrolet Caprice de color blanco, descapotable, el mismo que en 2013 utilizó de nuevo el presidente Horacio Cartes al asumir el cargo, provocando entonces mucha polémica.
Mientras Stressner y Videla se abrazaban y suscribían nuevos acuerdos de cooperación, entre ellos "para la lucha contra la subversión", según destacaba un cable de la agencia France-Presse, los cinco presos políticos argentinos y uruguayos seguían siendo sometidos a torturas en dependencias policiales, con la participación de los militares de ambos países vecinos.
Un "informe secreto" de un servicio de inteligencia de la Armada argentina ("Resumen de actividades ICIA – días 5/6 abril 1977"), obtenido en el Centro de Documentación y Archivo del Museo de la Justicia, más conocido como "Archivo del Terror", informa sobre la detención de los 3 argentinos y los 2 uruguayos en Asunción. El documento indica que "se toma contacto con la Jefatura del departamento II Inteligencia del Ejército (argentino), encontrándose presentes en la oportunidad personal del Servicio de Inteligencia de la República del Uruguay".
El informe da cuenta del resultado "de los interrogatorios" con la Policía paraguaya y sostiene que los dos uruguayos (Nelson Santana Scotto y Gustavo Edison Insaurralde) eran miembros del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), una organización política de orientación marxista, y que habían venido a Asunción buscando obtener documentos para luego viajar a otros países.
En cuanto al argentino Alejandro José Logoluso, el informe asegura que el mismo era militante de la Juventud Peronista, pero que "no pertenecería" a su brazo armado, la organización Montoneros.
Logoluso era concubino de Dora Marta Landi Gil, de quien indica "no posee ningún tipo de militancia en Montoneros o colaterales, estimándose también que se encontraría desvinculada a las anteriores actividades de su concubino". A pesar de esta observación, ella también fue "desaparecida".
En cuanto al otro argentino, José Nell, el informe destaca que era el padre de José Nell Tachi, un integrante del grupo armado Montoneros, y afirma que "vino a Asunción con una mujer joven para que obtenga su documentación y pueda dirigirse a Europa".
En 1977, Stroessner y Videla desfilaron en el auto descapotable que Horacio Cartes volvió a usar en 2013.
El avión de la muerte en Asunción

Los tres argentinos y los dos uruguayos permanecieron detenidos en Investigaciones, en Asunción, desde el 29 de marzo hasta el 16 de mayo de 1977, cuando un avión birreactor de la Armada Argentina vino a buscarlos.
La conocida dirigente social y política Guillermina Kannonikof recuerda haber conocido a la argentina Dora Marta Landi en Investigaciones, cuando ella fue traída por unos días desde el penal de Emboscada hasta el centro de detención y torturas en la capital. "Era ella, la recuerdo y la reconozco perfectamente", afirma Guillermina tras ver una foto de Dora Marta.
En el "Archivo del Terror" del Museo de la Justicia, en Asunción, hay otro documento clave que revela lo que pasó con los cincos presos políticos capturados en Asunción. Se trata de una nota oficial, con fecha 16 de mayo de 1977, enviada por el entonces director de Política y Afines de la Policía Nacional, comisario principal Alberto B. Cantero, a su jefe inmediato, el tristemente célebre jefe del Departamento de Investigaciones, Pastor Milciades Coronel.
La nota dice, textualmente:

"Tengo el honor de dirigirme a esa superioridad, con el objeto de elevar a su conocimiento que en el día de la fecha, siendo las 16.34 horas, en un avión bi-reactor de la Armada Argentina, con matrícula 5-7-30-0653, piloteado por el capitán de Corbeta José Abdala, viajaron con destino a la ciudad de Buenos Aires (R.A.), los siguientes detenidos: Gustavo Edilson Insaurralde (uruguayo), Nelson Rodolfo Santana Scotto (uruguayo), José Nell (argentino), Alejandro José Logoluso (argentino) y Dora Marta Landi Gil (argentina)".
“Las mencionadas personas fueron entregadas por conducto de esta dirección, en presencia del coronel D.E.M. don Benito Guanes y del capitán de fragata Lázaro Sosa, al teniente primero José Montenegro y Juan Manuel Berret, ambos del Servicio de Inteligencia del Ejército argentino (SIDE)”.

Esta nota, de carácter oficial, es una de las pruebas más contundentes de cómo funcionaba el Plan Cóndor.
Pero aunque los policías paraguayos dejaban constancia de sus crímenes en documentos oficiales, con absoluta impunidad, sus colegas represores argentinos eran más cuidadosos para ocultar sus huellas.
El periodista investigador Samuel Blixen, del semanario Brecha, de Uruguay, destaca que la matrícula del avión birreactor de la Armada Argentina que llegó hasta Asunción para llevarse a los 5 presos era en realidad 5-T-30, un aparato Hawker Siddeey HS-125 , que en 1977 estaba destinado exclusivamente al comandante de dicha Armada, el almirante Emilio Massera.
Informe de la entrega de los capturados a la Armada Argentina. Museo de la Justicia.
Massera voló con los 5 desaparecidos

Otro importante detalle que revela el periodista uruguayo Samuel Blixen es que el piloto de aquel avión de la muerte, que según la Policía paraguaya era el capitán de corbeta José Abdala, tenía en realidad un nombre falso.
Varios sobrevivientes de la represión dictatorial habían identificado que el supuesto José Abdala era en realidad el capitán de corbeta Luis D'Imperio, "quien en 1977 fue jefe del grupo operativo de la inteligencia naval" y dirigió varios vuelos de traslado de presos políticos desde países vecinos, que luego engrosaron las listas de desaparecidos. Estos vuelos pasaron a ser conocidos como "los vuelos de la muerte".
El periodista Blixen destaca que "el 15 de mayo de 1977, el capitán D'Imperio trasladó en el avión al propio Emilio Massera hasta la ciudad de Santa Fe, donde se desarrollaron los actos por el Día de la Armada. El avión dejó a Massera en Santa Fe, voló hasta Asunción, recogió a los cinco detenidos y volvió a Santa Fe, para que el almirante Massera pudiera retornar ese día 16 de mayo a Buenos Aires. Massera viajó con los desaparecidos".
No hay muchas pistas de lo que finalmente ocurrió con los cincos detenidos que fueron entregados por la dictadura paraguaya a su par argentina. Un dirigente de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA), Gustavo Peidró, declaró ante la causa que investiga el Plan Cóndor que él coincidió con uno de los presos uruguayos, Gustavo Insaurralde, en el centro de detención clandestina conocido como Club Atlético, en Buenos Aires.
"Es el uruguayo que me contó que lo habían traído desde Asunción", declaró Peidró ante el juez de la causa, Rodolfo Canicova Corral.
Los detenidos-desaparecidos, conocidos como "los cinco de Asunción", están incluidos en el juicio sobre el Plan Cóndor, cuya sentencia se dará a conocer en Buenos Aires el próximo 27 de mayo.
El Tribunal Oral Federal 1 inició en marzo de 2013 el juicio oral al que llegaron solo 18 de los 33 acusados, entre ellos el ex presidente de facto Reynaldo Benito Antonio Bignone y Santiago Omar Riveros, en perjuicio de 25 víctimas. En ese marco se analizaron 171 casos y resultaron determinantes los documentos encontrados en el "Archivo del Terror" del Museo de la Justicia del Paraguay.

Quizás entonces, si se llega a hacer justicia, aquel siniestro vuelo del "avión de la muerte", que partió desde Asunción en mayo de 1977, por fin pueda acabar en paz.

viernes, 8 de enero de 2016

La última revolución de Soledad Barrett




La nieta del gran Rafael Barrett luchó contra las dictaduras de Paraguay, Uruguay y Brasil. Fue asesinada en Recife, el 8 de enero de 1973. El cabo Anselmo, un infiltrado por el régimen militar en las filas revolucionarias, la entregó. El Estado Brasileño pidió recientemente disculpas por su asesinato.

#CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Soledad Barrett y su compañera Pauline Reichstul vendían ropas en la boutique "Chica Boa", cuando cinco hombres ingresaron con violencia y se las llevaron a punta de pistolas. Fue la última vez que Sonja María Cavalcanti, la dueña de la tienda, las vio con vida.
Era un caluroso 8 de enero de 1973, en el barrio Boa Viagem de Recife, estado de Pernambuco. La dictadura militar brasileña devoraba vidas humanas y sueños de libertad.
Los secuestradores, que vestían de civil, eran agentes del DOPS (Delegacía de Ordem Política e Social), la Policía dictatorial.
Soledad quedó paralizada al reconocer a uno de ellos. "¡Você...! ¿Por qué...?", reclamó mientras la llevaban a rastras, sin fuerzas para luchar, según relata Sonja María.
"Era él...", admitió la dueña de la boutique ante la Justicia Brasileña, 24 años después, al reconocer la foto de "Daniel", (José Antonio dos Santos, "el cabo Anselmo"), quien en ese momento era amante de Soledad y padre del hijo que ella esperaba, embarazada de 4 meses.
Mucho después se sabría que "Daniel" era en realidad un doble agente de la dictadura brasileña, infiltrado en las filas de la Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR), el movimiento guerrillero del legendario capitán Carlos Lamarca, del cual la paraguaya Soledad formaba parte.

Una larga marcha contra las injusticias

Soledad Barrett Viedma nació el 6 de enero de 1945 en Yabebyry, Paraguay.
Su padre fue Alejandro Rafael Barrett López, único hijo del gran escritor y líder anarquista español Rafael Barrett, quien llegó al país en 1904 y marcó a fuego las luchas sociales de toda una época, autor de importantes escritos de denuncia periodística como "Lo que son los yerbales", en los que reveló la esclavitud a la que eran sometidos los trabajadores conocidos como los "mensú".
"El nombre de Soledad reflejaba la ausencia de nuestro padre, perseguido por sus ideas políticas al igual que nuestro abuelo", relató su hermana Nanny Barrett.
Cuando Soledad tenía solo 3 meses, su familia tuvo que huir a la Argentina, donde pasaron cinco años de exilio.
"Volvimos al Paraguay. Soledad, con su manera de ser tan dulce, despertaba adoración. Tenía una forma de hablar pausada. Era una criatura hermosa, de cabellos dorados y piel blanca", la describe Nanny.
Incapaz de huir de los genes revolucionarios de su abuelo y su padre, en su adolescencia Soledad empezó a militar en el grupo de los "gorriones", vinculados al Frente Juvenil-Estudiantil de Asunción y al FULNA, destaca Víctor Duré, en un ensayo sobre la rebelión de los años 50 y 60.
La represión dictatorial obligó nuevamente a la familia a emigrar, esta vez al Uruguay. "En Montevideo, dueña de una gracia especial para la danza folclórica y el canto, ella se convirtió en un símbolo de la juventud paraguaya. No había un acto de solidaridad en el que no fuera invitada a actuar", recuerda Nanny.

El primer secuestro, en Uruguay

El 1º de julio de 1962, cuando tenía 17 años de edad, Soledad fue secuestrada por miembros de un comando nazi uruguayo.
Quisieron obligarla a que grite consignas: "¡Viva Hitler! ¡Abajo Fidel!", pero ella se negó. Con una navaja le dibujaron en los muslos una cruz svástica (signo del nazismo) y la dejaron tirada detrás del zoológico de Villa Dolores.
La joven paraguaya militaba ya activamente en los grupos revolucionarios y decidió viajar a Cuba, donde recibió entrenamiento guerrillero. Allí conoció al amor de su vida, el brasileño José María Ferreira de Araujo, con quien se casó y tuvo a su hija Naim.

Un trágico final.

Eran años de dictadura y terror. También de lucha revolucionaria... y de amor. Soledad Barrett tenía 25 años de edad cuando perdió a su esposo, el brasileño José María Ferreira de Araujo.
Desde Cuba, José María volvió a Brasil en julio de 1970, para ayudar a consolidar la lucha armada. En setiembre de 1970 fue capturado y asesinado por los militares. Sin saberlo, Soledad viajó a buscarlo, con su pequeña hija Naim, en 1971.
Al llegar y enterarse de la muerte de su marido, la paraguaya decidió incorporarse activamente a la guerrilla brasileña, en su lucha por derrocar a la dictadura.
La VPR la envió a Recife, junto a otros combatientes. Allí se reencontró con Anselmo, un antiguo militante amigo de su esposo, a quien había conocido en Cuba.
El "cabo Anselmo" era un militar que lideró la "revuelta de los marineros" en 1964, contra el Gobierno de João Goulart, y se había convertido en héroe para los guerrilleros. Pero la dictadura lo había captado como doble espía y tenía la misión de delatar a sus compañeros.
"Para no despertar sospechas, Anselmo necesitaba acercarse a alguien respetable y con un histórico de militancia impecable. La víctima ya había sido elegida: Soledad Barrett Viedma", relata la periodista brasileña Vanessa Gonçalves.
"El cabo se aproximó de la militante y pasó a vivir como su compañero. Soledad se embarazó de él, sin desconfiar de que era apenas un objeto para mantener la fachada de Antonio", agrega.
El 8 de enero de 1973 fue la "entrega".
Junto a Soledad, fueron secuestrados: Pauline Reichstul, Eudaldo Gómez da Silva, Jarbas Pereira Márquez, José Manoel da Silva y Evaldo Luiz Ferreira.
Los cadáveres fueron hallados en una granja, en São Bento, municipio de Abre e Lima, cerca de Recife. La abogada Mercia Albuquerque inspecionó los cuerpos en la morgue y relata lo siguiente: "En un barril estaba Soledad Barret Viedma. Estaba desnuda y había mucha sangre en los muslos, en las piernas, y en el fondo del barril, donde se encontraba también un feto".
Sin embargo, su cuerpo nunca fue entregado y en la práctica Soledad sigue siendo considerada una desaparecida.
A pocos días de haber cumplido 28 años de edad, la revolucionaria nieta del gran Rafael Barret acabó su vida de manera violenta, traicionada por su propio amante y padre del hijo que llevaba en sus entrañas.

Reivindicada en Brasil, poco conocida en Paraguay

En el barrio Jardim Adelfiore de São Paulo, Brasil, en el número 315 de la calle Tarcon, hay una escuela municipal denominada Soledad Barrett Viedma, donde los alumnos la recuerdan como "una luchadora paraguaya heroica, que dio su vida por la libertad".
También en Santa Cruz, Río de Janeiro, una calle lleva el nombre de la guerrillera que llegó para unirse a las filas de la Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR), la legendaria guerrilla del capitán Carlos Lamarca.
En el Paraguay, el nombre de Soledad Barrett aún es ignorado para la gran mayoría de los habitantes, aunque su abuelo, Rafael Barrett, si resulta más conocido.
Quienes saben algo de la historia de Soledad, la han vislumbrado a través de un poema escrito por el gran poeta uruguayo Mario Benedetti o el cantautor Daniel Viglietti, quienes conocieron personalmente a la paraguaya en Montevideo y le han rendido su homenaje artístico.

Pedido de disculpas por el Estado Brasileño

El pasado 11 de diciembre de 2015, Soledad Barrett Viedma fue declarada oficialmente amnistiada política, post-mortem, por la Comisión de Amnistia del Ministerio de Justicia del Brasil.
"Ese crimen contra Soledad Barrett Viedma es el caso más elocuente de la guerra sucia de la dictadura en el Brasil", escribió el periodista brasileño Urianiano Mota, autor del libro Soledad en Recife, publicado en 2009.
"Su cuerpo todavía está desaparecido e hasta hoy no fue expedido su certificado de defunción. Declarada oficialmente muerta e desaparecida por responsabilidad del Estado brasileño, Soledad ahora también es una amnistiada brasileña por todas las persecuciones que sufrió en vida", declaró el presidente de la Comisión de Amnistía, Paulo Abrão.
"Su hija, Ñasaindy Barret de Araújo, recibe formalmente el pedido de disculpas del Estado brasileño", explicó el titular de la comisión.

Así la canta el artista uruguayo Daniel Viglietti:

"Otra cosa aprendí junto a Soledad
que la patria no es
un solo lugar.
Cual el libertario abuelo del Paraguay
creciendo buscó su senda y el Uruguay
no olvida la marca de su pisada
cuando busca el Norte
el Norte Brasil
para combatir...".

El gran poeta Mario Benedetti la retrata así en sus versos:

“Con tu imagen segura
con tu pinta muchacha
pudiste ser modelo
actriz
Miss Paraguay
carátula
almanaque
quién sabe cuántas cosas
pero el abuelo Rafael
el viejo anarco
te tironeaba fuertemente la sangre
y vos sentías callada esos tirones…”.


miércoles, 14 de octubre de 2015

Ricardo Flecha: Toda una vida cantando a otro mundo posible

Tras un partido de fútbol con el gran cantautor brasileño Chico Buarque y el actor Chico Díaz, en Río de Janeiro.
Difundió en guaraní las canciones de John Lennon, Chico Buarque, Violeta Parra, Silvio Rodríguez y otros grandes, grabándolas con varios de ellos. Es una de las voces más potentes y diáfanas de la música paraguaya, solidario e incansable trovador, para quien el arte está ligado a la lucha por un mundo mejor.

#CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutierrez - @andrescolman

Abril de 1986. El local de viejo Hospital de Clínicas, llamado "el hospital de los pobres", en el barrio San Antonio de Asunción, se hallaba totalmente rodeado por una barrera de policías armados con fusiles y pistolas, para impedir un acto de protesta de los médicos, enfermeros y estudiantes contra la dictadura del general Alfredo Stroessner, en reclamo de mejores salarios y más presupuesto para los trabajadores del centro sanitario.
Frente a la sede del hospital se desarrollaba una asamblea, pero quienes venían a sumarse con su adhesión solidaria no lograban pasar, detenidos por la barrera policial a más de una cuadra de distancia.
Uno de los que intentaban cruzar la valla era el cantautor Ricardo Flecha, integrante del grupo musical Ñamandú, quien portaba bajo el brazo una guitarra. Los organizadores lo habían invitado para que anime el acto con sus canciones, pero los policías le aseguraban que tenían órdenes estrictas de no dejarlo pasar.
Fue entonces cuando Ricardo abrió el estuche, extrajo su guitarra, la afinó durante un momento, y luego, parándose desafiante frente a la barrera de policías, empezó a entonar el clásico y combativo "Canto de Esperanza", del compositor Carlos Noguera.
La escena llamó la atención de muchas personas, que se acercaban hasta el lugar.
El artista no había podido cruzar la barrera represiva de la dictadura, pero su canción volaba libre encima de esa valla de intolerancia, llegando hasta los manifestantes, que empezaron a corear y aplaudir.
Ricardo, jovencito (en el centro), con sus compañeros del Grupo Juglares, en los años 80.
El canto social, un desafío

La foto del cantante y su guitarra frente al cerco de armas se publicó en un recuadro, en las páginas de Última Hora.
"¿Qué puede hacer una guitarra frente a las armas, frente al odio, frente a la muerte?", fue la pregunta que hizo entonces una periodista colega. Y la respuesta estaba allí, en esa canción, en esa actitud, en ese desafío.
"Creo que hace una vida que Ricardo Flecha viene contestando esta pregunta", respondí, en un texto que evocaba esa misma escena, y que forma parte de la presentación de "Razones", el segundo disco solista del cantante, editado en los años 90.
En dicho texto también describía que Flecha "no canta solo con su potente voz, sino con toda el alma que se le desgarra en cada canción. Porque a través de su voz cantan muchas otras voces, sofocadas bajo la tierra, condenadas a siglos de soledad. Voces que sufren, aman, se revelan, luchan y se atreven a imaginar un mundo mejor".

Desde las enramadas de San Antonio

De origen humilde, nacido en Asunción el 22 de diciembre de 1961, Ricardo Flecha creció primero en el tradicional barrio de la Chacarita, para mudarse luego con su familia al barrio San Antonio.
Recuerda especialmente que su papá era un gran amante de la música, principalmente folklórica, y supo transmitirle esa pasión.
"Mi papá es mi primera influencia. Me cantaba las guaranias de José Asunción Flores. Luego fui encontrando a otros grandes maestros, como Agustín Barboza y Oscar Cardozo Ocampo", recuerda.
Tras iniciar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de la Capital, su espíritu rebelde hizo que tenga conflictos con los directivos, y tuvo que migrar a "un colegio de refugiados", el Benjamín Aceval, donde tampoco pudo concluir el ciclo, ya que se veía forzado a buscar empleo.
"Mi mamá era modista, mi papá un obrero naval. Tuve una infancia pobre pero muy feliz. Aprendí de mis padres valores que agradezco mucho, como la honestidad y la predisposición para ayudar a las personas que necesitan. De allí viene mi sensibilidad social", explica.
Sus antiguos vecinos recuerdan a un adolescente y bohemio Ricardo con su guitarra a cuestas, cantando guaranias bajo las enramadas del barrio, enamorando a las muchachas.
"Lo recuerdo cantando siempre, con su grupo de amigos. Era ya un joven inquieto, luchador, solidario y tenía una muy linda voz", recuerda su ex vecina, Margarita Araujo.

Cantando con el mítico trovador rebelde norteamericano Pete Seeger, en Asunción, en 1995
El primer encuentro mágico

En 1973, Ricardo asistió a un festival universitario de la canción, donde pudo escuchar por primera vez a un conjunto formado por Maneco Galeano, su hermano José Antonio Galeano y otras voces. Era el germen de lo que luego sería el mítico grupo Sembrador.
"Escucharle a Maneco, a Carlos Noguera, a Mito Sequera, a Jorge Garbett, fue lo que me mostró el camino del tipo de música que yo quería hacer. Esa fecha fue una de las más simbólicas para definir mi carrera. Empezaba a entender que la música no solo sirve para entretener y distraer, sino que además puede ayudar a formar la conciencia de la gente, a ayudar a construir un país mejor", destaca Ricardo.
De aquel proceso empezó a incorporar más canciones sociales que solamente románticas a su repertorio, aunque no dejaba de llevar serenatas a las chicas del barrio.
Fue su estilo de cantar el que llamó la atención de otro músico, Alejandrino "Chondi" Paredes, quien en 1980 lo invitó a sumarse a un nuevo conjunto musical que estaban formando, y que iba a llamarse Juglares.
Una primera versión de Juglares, integrada por Carlos Noguera, Chondi Paredes, Juan Carlos dos Santos y Juan Carlos Chaparro, había iniciado en 1975, causando una saludable renovación en el ámbito musical.
Con Rubén Blades, durante un concierto en Panamá.
Aquel primer grupo grabó un disco de larga duración en vinilo, titulado "Canción de mi tiempo", con doce canciones, todas de autoría de Noguera, que hoy es considerado una auténtica pieza de colección por los aficionados a la música.
El Juglares original no tuvo mayor continuidad y el único sobreviviente de esa primera conformación, Chondi Paredes, buscó a otros integrantes para recomponerlo.
Fue así como convocó y sumó a Ricardo Flecha, Jorge Krauch, Juan Manuel Rivarola y al arpista César Cataldo. Junto con el conjunto Sembrador y el dúo Vocal Dos, Juglares fue el grupo musical insignia de un movimiento artístico contestatario, bautizado como Nuevo Cancionero Popular Paraguayo, que se convirtió en bandera de los sectores sociales y políticos que se movilizaban contra la dictadura del general Alfredo Stroessner, y que convocaba verdaderas multitudes en los festivales estudiantiles universitarios, o en los ciclos de recitales Mandu'arã.

El legado de Juglares

"Teníamos una posición clara a favor de la libertad, de la justicia social y de la democracia, y eso se reflejaba en muchas de nuestras versiones del nuevo cancionero paraguayo y latinoamericano, pero también hicimos un valioso rescate del folklore más tradicional del Paraguay, y lo hacíamos con un gran nivel musical y de arreglo vocal, algo que era reconocido y respetado hasta por nuestros más acérrimos detractores", apunta Chondi Paredes.
Grabaron un primer histórico disco, donde incluyeron la versión más famosa de la guarania "Despertar", de Maneco Galeano, que da nombre al material, incluyendo otros hits del momento, como "La Chuchi", "Color del Alba", "Chokokue kera yvoty", "Canto del Hachero", "Los Hombres", "Manduá kañy".
Hasta que en 1984, en plena cúspide del éxito, los integrantes de Juglares anunciaron sorpresivamente que habían decidido separarse y disolver el grupo, debido a "diferencias internas".
La noticia estalló como un balde de agua fría entre sus muchos seguidores. A pesar de los insistentes reclamos del público, no hubo posibilidades de reconciliación. Ricardo, Chondi y César formaron un nuevo conjunto, Terceto Ñamandú, que muy rápidamente hizo gran suceso y posteriormente sumó al guitarrista y rockero Rolando Chaparro.
Primera voz delTerceto Ñamandu, con Chondi Paredes y César Cataldo.
Fue el gran director de orquesta y compositor Oscar Cardozo Ocampo quien convenció a Ricardo para que se lance también como cantante solista, en principio sin dejar de lado su participación en Ñamandú.
De ese modo grabó su primer disco, Flecha Hermosa, dirigido por Cardozo Ocampo, al que luego siguió Razones, en el que incluyó temas grabados con participación de Mercedes Sosa, Jairo y Teresa Parodi. Era el inicio de su proyección a nivel internacional, junto con grandes artistas, a los que siempre había admirado.

Un rol político

Aunque reconoce no militar actualmente en ningún partido o movimiento político, Ricardo se declara socialista, y cree que desde la izquierda se puede construir un mundo mejor.
"Siempre he creído que la música debe transmitir ideas, además de sentimientos, y que la canción tiene que estar al lado de los que luchan por otro mundo posible. Por eso me verán siempre cantando junto a los obreros, a los campesinos, a los estudiantes, a la sociedad movilizada", admite.
Esta manera de entender el canto comprometido le ha costado prisiones, persecuciones y agresiones. En 1986, durante las grandes movilizaciones contra la dictadura stronista, fue arrestado y recluido en la Guardia de Seguridad, junto a varios dirigentes sociales y políticos.
En diciembre de 2006, mientras se manifestaba en las calles, en adhesión a las víctimas del incendiado supermercado Ycuá Bolaños, fue alcanzado por un proyectil cerca del ojo, en medio de la represión policial, lo cual le causó una sensible disminución en la visión y lo llevó a someterse a un complejo tratamiento de rehabilitación.
"No me arrepiento de haber estado allí, como un ciudadano más, alzándome contra las injusticias, y las veces que me llamen siempre estaré cantando junto a las víctimas", destaca.


El guaraní universal

Uno de los proyectos más celebrados de Ricardo Flecha es la serie de tres discos e innumerables conciertos conocidos como El Canto de los Karai, en el cual grabó versiones de grandes canciones universales en castellano, guaraní (y en algunos casos también en portugués), en muchos casos junto a grandes estrellas de la canción social internacional como Chico Buarque, Teresa Parodi, Victor Heredia, Paco Ibáñez, Luis Enrique Mejía Godoy, León Gieco, Mercedes Sosa, Luis Eduardo Aute, entre otros.
Traducidas al guaraní por el gran poeta Félix de Guarania (y en la última parte por Mario Rubén Álvarez), canciones como Imagine, de John Lennon, o Gracias a la Vida, de Violeta Parra, cobran una dimensión distinta, que revaloriza la lengua indígena paraguaya y la proyectan a una dimensión planetaria, a través de la música.
Con Silvio Rodríguez, en La Habana.
Pero Ricardo no se detiene en sus proyectos, y -acompañado de su fiel y dinámica esposa y mánager, Techi Cusmanich- en los últimos años ha realizado una nueve serie de discos y conciertos dedicados a la guarania "Donde la guarania crece", y "Donde la guarania crece, en los territorios del agua", celebrando un género musical tradicional y promoviendo nuevas creaciones de jóvenes artistas.
La celebración de los 35 años de canto lo sorprende en plena madurez artística, poniendo su diáfana y potente voz a interpretaciones sinfónicas como la Misa Guaraní, y acompañando además con su guitarra a los jóvenes estudiantes secundarios y universitarios, en la movilizaciones de #UNAnotecalles y #PARAGUAYnotecalles.
Quizás su mejor bandera de la música entendida como un instrumento de lucha y superación esté reflejada en los versos de "La canción es urgente", que su gran amiga, la cantautora correntina Teresa Parodi, le dedicó especialmente para que él la cante:

La canción es urgente,
es un río creciendo,
una flecha en el aire,
es amor combatiendo.

Quiero dártela ahora
que es la hora del fuego,
que es la hora del grito
que es la hora del pueblo