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jueves, 5 de julio de 2018

Las reinas de nuestra familia



Hortensia Espinoza y Luisa Gutiérrez son las dos hermanas de mi madre que siguen vivas, exponentes de una estirpe de mujeres que sostuvieron a una gran familia, desde la época de las residentas y destinadas de la Guerra del 70, en nuestro querido pueblo natal Yhú, Caaguazú.
La historia inicia con María Ana Paredes de Villagra, mi bisabuela, la mujer yhuense mencionada en las memorias de Madame Teodora Dupratt de Laserre, como la heroína que desafío las prohibiciones para brindar ayuda humanitaria a las destinadas que llegaron a Yhú en marzo de 1869, enviadas en confinamiento por el Mariscal López, donde permanecieron hasta setiembre del mismo año, confinadas en un campo que queda a la salida del pueblo, conocido como Destinadas campamento kue, para luego seguir viaje hasta Espadín.
La hija de María Ana, María Abdona Paredes (Ña Doña), mi abuela materna, se casó y enviudó dos veces. Primero con Eliezer Espinoza, con quien tuvo 9 hijos: Blas (Pachito), Obdulia (China), Sixto, Víctor Eloy, Solano, Deolinda, María Dorila (Pochó), María Teresa y Hortensia. Tras la muerte de su primer marido, se casó con Pío del Rosario Gutiérrez, con quien tuvo tres hijos más: Luisa, Pío del Rosario (Tatito) y Nilda (nuestra mamá).
También hay otra línea de hermanos Espinoza, por parte del primer abuelo Eliezer. En esta línea, nuestros queridos tíos son: Gregorio (Gollo), Manuelito, Salvador, Julián, Emilio.
Como en gran parte de la historia paraguaya, son las mujeres las que sostuvieron y sostienen a nuestra numerosa y disgregada familia, criando hijos ante las ausencias masculinas -muchas veces dolorosa por guerras, asesinatos, conflictos-. Son nuestras heroínas.
El fin de semana entre junio y julio, los parientes de varias generaciones de Espinoza y Gutiérrez nos hemos reunido en nuestra amada patria chica, el modernizado y ecológico Yhú, para rendir homenaje a estas dos reinas. El pretexto fue el 93 cumpleaños de Tía Hortensia y una previa del cumple 87 de Tía Luisa (que será en agosto). Una fiesta hermosa, familiar y multitudinaria, que permitió conocernos y reconocernos.

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(Las fotos son de Desirée Esquivel).

Parte de la familia Espinoza-Gutiérrez, en la noche de homenaje a las tías.

Luisa Gutiérrez y Hortensia Espinoza, en la calle principal de Yhú.

Plaza y portal de entrada a Yhú, desde San Joaquín.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Un "pesebre ecológico" despierta gran admiración en Isla Pucú



Un gigante y artístico pesebre, realizado con más de 4.000 botellas de plástico reciclado, es motivo de admiración en la ciclovía de Isla Pucú, Cordillera. Es obra del joven pintor y escultor Diego Martín Diarte, quien también exhibe un imponente retablo de semillas en la iglesia local.

Historias de #Navidad

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Fotos y video: Desirée Esquivel
Edición de video: Mathias Melgarejo


Estaban destinados a convertirse en basura... pero se volvieron objetos de arte y hoy brindan el rostro de una de las Navidades originalmente más atractivas del Paraguay a la histórica ciudad de Isla Pucú, en el Departamento de Cordillera.
El "pesebre ecológico", instalado en la ciclovía de entrada a la localidad cordillerana, está hecho con botellas de plástico que habían sido fabricadas para una conocida marca de aguardiente de caña, pero acabaron defectuosas y el joven pintor y escultor local Diego Martín Diarte quiso darles un mejor destino.
"¿Qué mejor que convertir la basura en arte, aprovechando esta época de Navidad para transmitir un mensaje sobre la necesidad de reciclar los plásticos y cuidar el medio ambiente?", propone Diego, quien convenció al intendente municipal de Isla Pucú, Hugo Fleitas, de patrocinar la obra artística que actualmente es la mayor atracción en la comunidad.
Se trata de un gran pesebre con siete enormes figuras de 2,5 metros de altura, que representan a San José, la Virgen María, el Niño Jesús (el único más pequeño), el Ángel Gabriel y los tres Reyes Magos, armado con más de 4.000 botellas, pintadas con diversos colores. Cada figura lleva más de 500 botellas, salvo el Niño Jesús, que lleva un poco menos.
"Ya había hecho una primera versión el año pasado, solo con las figuras de San José, María, el Niño y el Ángel, pero este año quisimos hacer algo mucho mayor y le agregamos a los tres Reyes Magos, poniéndolos además en un sitio más visible, en la ciclovía de la entrada a la ciudad", explica Diego.
Los viajeros que pasan en auto por la ruta que une a Eusebio Ayala con Caraguatay no pueden evitar detenerse a observar el pesebre, tomarse fotos y selfies para el recuerdo. El pesebre es particularmente atractivo en horas de la noche, cuando unos potentes reflectores lo iluminan y le dan un aire mágico, con aires navideños.

Diego Martín Diarte entre las figuras de su creación, en el pesebre ecológico gigante de Isla Pucú.

Una ciudad con toque ambiental y artístico

A 84 kilómetros al este de Asunción, Isla Pucú era conocida antiguamente como Ka'aguy juru, lugar donde el 18 de agosto de 1869 se libró la última gran batalla de la Campaña de las Cordilleras, durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).
De aquel tupido bosque que se iniciaba allí, tras los campos de Acosta Ñu, no queda casi nada. Todo ha sido deforestado con el tiempo, pero las actuales autoridades y los pobladores buscan darle a la comunidad un toque ambiental y artístico, rescatando el valor de la historia y agregándole obras de arte regional y paisajístico.
Antes de llegar a la ciudad, al costado de la ruta, un enorme mural recrea un cuadro de la Batalla de Ka'aguy juru, junto a enormes letras con el nombre de Isla Pucú. Más allá, un pintoresco portal da la bienvenida, en medio de un jardín de frondosos árboles con los troncos pintados con los colores de la bandera paraguaya.
La ciclovía es, a la vez, una galería de arte al aire libre, donde ahora se exhibe el pesebre ecológico, cuyas piezas estarán instaladas hasta febrero. Al término del recorrido está el mural Tupasy del Rosario, también realizado por Diego Martín Diarte, que rinde homenaje a la santa patrona, la Virgen del Rosario y rescata parte de la historia en torno a la imagen.
"En tiempo de la Guerra de la Triple Alianza, poco antes de la batalla de Ka'aguy juru, una familia que venía huyendo de los invasores trajo una imagen de la Virgen del Rosario, que protegió al pueblo. En mi obra, de estilo mosaico, reproduzco esa imagen y un fragmento de la cruz de madera que quedó chamuscada en el combate", cuenta Diego.
El mural tiene tres metros de alto por dos de ancho, y la técnica es de mosaico con venecitas, azulejos, espejos y cristales reciclados. El mural ha sido declarado patrimonio cultural de la ciudad por la Junta Municipal de Isla Pucú.

Los retablos hechos con semillas, en el templo parroquial de la Virgen del Rosario, en Isla Pucú.

Creando arte con semillas

En el interior de la histórica iglesia de Isla Pucú, el templo parroquial de Nuestra Señora del Rosario, hay otras dos significativas obras de Diego Martín Diarte.
Se trata de dos enormes retablos realizados enteramente con semillas vegetales, inspirados en la obra del artista misionero Koki Ruiz, quien realizó el retablo de maíz para la visita del papa Francisco al Paraguay, en 2015.
"La obra de Koki me inspiró en la técnica utilizada, aunque mi estilo es diferente", explica Diego, quien en 2016 hizo un primer retablo de semillas en homenaje a la Virgen de Caacupé, que actualmente se guarda en la Basílica menor de la capital cordillerana.
En la Iglesia de Isla Pucú hay un retablo tras el altar, y uno más nuevo a un costado, que es más imponente y ha sido trabajado con una técnica mucho más cuidada, incorporando luces de colores, por lo que es recomendable observarlo de noche. Muestra a un Jesús con los brazos abiertos, con un enorme corazón en cuyo interior está la imagen de la Virgen.
El cuadro tiene cuatro metros de alto y tres de ancho y en su elaboración se usaron más de 97 kilos de 19 tipos de semillas, principalmente de maíz, arroz, porotos de varios tipos y colores, girasol, lino, soja, mijo, alpiste, melón, arroz, sésamo y semillas exóticas como la leucaena, todos en color natural, apenas resaltados por un barniz que le da protección. Le llevó 45 días de trabajo y contó con la colaboración de varios jóvenes de la comunidad.
Diego tiene 23 años, es ingeniero comercial y licenciado en administración de empresas. Se declara artista autodidacta, ya que no tiene ningún estudio académico en pintura o escultura.
"Siempre me gustó crear obras artísticas, desde niño, y quiero contribuir a que mi comunidad sea conocida por la expresión de su arte y el rescate de su historia, que la gente venga a mirar y conozca a Isla Pucú como un lugar donde también creamos cultura", destaca.
Afuera, varios autos se detienen frente al pesebre ecológico. Es noche cerrada y las imágenes parecen salidas de un cuadro de fantasía. Un niño se desprende de la mano de sus padres y corre a abrazar al otro niño acostado en el pesebre, y posa sonriente para la foto.
-¡Mirá, mamá...! ¡Es un mita'i hecho de botellas! –exclama.
Y luego, mirando a sus progenitores con un tono de reproche:
-¡Y nosotros, que siempre tiramos nuestras botellas...!



lunes, 14 de noviembre de 2016

El valiente aventurero que inició la estirpe de los Colmán en Paraguay


Con solo 17 años de edad, el inglés Nicholas Colman se embarcó en 1535 con Don Pedro de Mendoza a la conquista del Nuevo Mundo. Participó de las fundaciones de Buenos Aires y Asunción, perdió el brazo derecho en una pelea, ayudó a fundar Villa Ontiveros y Ciudad Real, dirigió una revuelta en la provincia del Guayrá, de la cual llegó a ser gobernador por breve tiempo, además de regidor de Ciudad Real.
Es el primer Colman que llegó a América e inició la estirpe de los Colmán (con acento sobre la “a”) en el Paraguay.
Con una mujer indígena, hija del cacique Boypitan, de la región del Guayrá, tuvo un hijo también llamado Nicolás, quien ingresó como religioso de la orden franciscana y adoptó el nombre de Fray Juan de San Bernardo, discípulo de Fray Luis de Bolaños. Murió asesinado por los indios paranaes en un ritual antropofágico guaraní y es considerado un mártir de la Iglesia paraguaya.
En nuestra larga genealogía tuvimos a hombres ilustres como el poeta guaraní Narciso R. Colmán, el gran Rosicrán, autor de “Ñande ypykuéra” y también personas infames, como el tristemente célebre general Patricio Colmán, gran represor de la dictadura stronista.
Esta es la historia de aquel valiente aventurero que fue nuestro primer ancestro. Un homenaje a mi familia paterna.

#CrónicasDeLaMemoria

Andrés Colmán Gutiérrez
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Tenía solo 17 años de edad y todos los sueños del mundo. El adolescente inglés Nicholas Colman había dejado atrás a su Hampton natal, al sur de Londres, Inglaterra, en compañía de un grupo de jóvenes marinos ingleses, para llegar hasta el puerto de Sanlúcar de Barrameda, donde la armada española estaba organizando una expedición para conquistar el sur de ese lejano territorio al otro lado del mar, todavía denominado Las Indias, el desconocido Nuevo Mundo hallado por el genovés Cristóbal Colón.
Era el 24 de agosto de 1535. Más de una decena de naves, con unos 3.000 hombres a bordo, zarpaban rumbo a la aventura.
El comandante de la expedición era el caballero Pedro de Mendoza y Luján, nombrado Primer Adelantado del Río de la Plata por el emperador Carlos V.
Había organizado el viaje con los fondos de su propio patrimonio, con el compromiso de fundar tres fuertes y construir un camino real desde el Río de la Plata hasta el Océano Pacífico, reservándose la ventaja de ser gobernador de las tierras conquistadas y quedarse con la mitad de los tesoros que secuestre a los aborígenes y el 90% de los rescates de los prisioneros.
Nacido en Hampton, en 1518, Nicholas Colman era uno de los pocos extranjeros en esa legión de españoles, junto a otros ingleses como él, entre ellos John Ruter, Richarte Limon y Robert Briche. Ya había castellanizado su nombre inglés Nicholas por Nicolás, aunque su apellido seguía sonando sajón.
Varias décadas después, el apellido Colman -que se pronuncia originalmente con un acento sobre la o- también sería transformado fonéticamente en el Paraguay, ganando una tilde pintada sobre la a: Colmán.

El manco inglés

En el grupo de conquistadores expedicionarios, el joven inglés era temido por su carácter irascible y peleador.
“Nicolás era de espíritu aventurero, se destacó siempre por su valentía, su arrojo ante el peligro y su liderazgo, a pesar de ser extranjero y no contar con ninguna hidalguía que lo ayudara a sobresalir entre sus pares”, relatan los historiadores paraguayos Margarita Durán Estragó y José Luis Salas en el libro Testimonio Indígena 1594-1627 (Servilibro, Asunción, 2015).
Aquel viaje inicial fue largo y azaroso. La flota de Mendoza fue dispersada por una fuerte tormenta frente a la costa de Brasil y el adelantado tuvo que desembarcar con las naves y hombres que logró recuperar en las playas de Santa Catalina, donde permaneció largas semanas gravemente enfermo. Su lugarteniente Juan de Osorio se hizo cargo del mando, pero cuando Mendoza se puso mejor lo sorprendió robando y lo hizo ajusticiar.
La expedición llegó finalmente al río de la Plata en enero de 1536. Nicolás Colman participó de la fundación del Fuerte del Buen Ayre, considerada la primera creación de Buenos Aires, en febrero de 1536.
Al año siguiente, Colman formó parte de la expedición del capitán Juan de Salazar de Espinoza, que partió en busca de otra anterior expedición, comandada por Juan de Ayolas, navegando aguas arriba por los cauces de los ríos Paraná y Paraguay, en busca de la  mítica Sierra de la Plata, un lugar que según las leyendas indígenas estaba lleno de metal precioso.
El 15 de agosto de 1537, Colman participó de la fundación del fuerte de Nuestra Señora Santa María de la Asunción. Era la segunda ciudad importante que ayudaba a nacer, la que sería su principal base de operaciones para numerosas expediciones aventureras, en las que fundaría además una genealogía en el Paraguay.   
En una de esas noches de campamento, Nicolás se vio envuelto en una pelea con varios otros conquistadores. En pleno duelo, uno de ellos le cortó y le arrancó el brazo derecho con un fuerte golpe de espada. Resistiendo el dolor, Nicolás tomó otro puñal con la izquierda y lo hundió en el corazón de su adversario, antes de caer mal herido. Desde ese momento quedó manco, pero no perdió la destreza ni la rebeldía, ganándose el apodo de “El manco inglés”.

Nicholas Colman, según una interpretación en cómic del dibujante ADAM.


El gobernador del Guayrá

No hay muchos registros históricos sobre la vida y aventuras de Nicolás Colman, pero se sabe que se quedó a vivir un tiempo en Asunción y participó activamente en la vida política y militar, especialmente en la revuelta que causó la destitución del entonces teniente de gobernador interino Francisco de Mendoza, ante las falsas versiones de que el gobernador Domingo Martínez de Irala había sido asesinado por los indios durante una expedición.
Nicolás fue uno de los líderes de esa revuelta, que depuso a Mendoza y organizó una votación popular en la que el capitán Diego Gonzalo de Abreu resultó electo en el cargo de teniente de gobernador, en 1548.
Pero el intrépido inglés no se quedaba mucho tiempo en un solo lugar. Muy pronto se unió a otras expediciones hacia el corazón de la selva y participó de las fundaciones de nuevas ciudades.
El primer historiador paraguayo, Ruy Díaz de Guzmán, cuenta que su abuelo, el gobernador Domingo Martínez de Irala, había llegado a la zona de las Siete Cascadas del río Paraná, acudiendo al auxilio de algunos caciques guaraníes, entre ellos el cacique Guayrá y el cacique Canindeyú, quienes pedían protección ante el ataque de los pueblos tupíes, empujados por los portugueses a ocupar nuevos territorios hacia el Sur.
La mejor opción para frenar el avance fue fundar nuevos pueblos en la región. Siguiendo la orden de Martínez de Irala, en 1554 partió desde Asunción una expedición con 60 hombres al mando del capitán García Rodríguez de Vergara, con la misión de establecer un poblado en la agreste región. Nicolás Colman era de nuevo uno de los expedicionarios.
La Villa de Ontiveros fue fundada en 1554, en las tierras del cacique Canindeyú, a una legua de las siete cascadas del Paraná, que desde entonces fueron conocidos como los Saltos del Guairá, en honor a otro gran cacique guaraní, en lo que es actualmente la zona norte del estado brasileño de Paraná.
Con la instauración de la Villa de Ontiveros, nacía también la llamada Provincia de la Guayra, o territorio del Guairá, como parte de la tenencia de gobierno general de Asunción, que se mantuvo hasta 1638.
La segunda población que se instaló en la misma región fue Ciudad Real, fundada en 1557 por Ruy Díaz de Melgarejo en la margen izquierda del río Paraná, junto a la desembocadura del río Piquirí, tres leguas más al norte de Ontiveros, en inmediaciones de la actual ciudad de Maringá, también en el norte del estado brasileño de Paraná. Es considerada la base previa de la que luego sería la ciudad de Villarrica del Espíritu Santo, también fundada por Díaz de Melgarejo en la misma región del Guayrá, y que luego se mudaría varias veces de lugar, ante los constantes ataques de pueblos indígenas y portugueses, hasta estalecerse en el lugar que actualmente ocupa, como capital del Departamento de Guairá.
Nicolás Colman participó de la fundación de ambas ciudades, Ontiveros y Ciudad Real, y tuvo una activa presencia en el destino de ambas localidades.   
Alonso Riquelme de Guzmán, padre del historiador Ruy Díaz de Guzmán, era el gobernador de Ciudad Real y en la práctica también de la Provincia de la Guayra.
En su obra “Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata”, Ruy Díaz de Guzmán narra que precisamente Nicolás Colman fue el líder de una sublevación contra su padre, Alonso Riquelme de Guzmán, en Ciudad Real, porque el gobernador se había negado a enviar a España unas muestras de piedras que los pobladores creían eran de gran valor.
“De todos estos que descaradamente se revelaron fue cabeza un inglés llamado Nicolás Colman, que aunque tenía sola la mano izquierda, por haber perdido en una pendencia la derecha, era el más resuelto y atrevido soldado de cuantos allí estaban, como siempre lo mostró, de modo que viendo el capitán Pedro Segura la insolencia y libertad de esta gente, determinó pasar una noche secretamente en unas balsas que hizo de madera, trozos y tablas”, narra Ruy Diaz de Guzmán.
“Estando en efecto ya a punto de hacerse a medio río, salieron de la isla más de 100 canoas grandes y llenas de indios, con que los acometieron estando ya embarcados en las balsas y les dieron una rociada de arcabuces y flechas, y respondiéndoles los de las balsas, que luego se echaron a tierra, mataron a un soldado y algunos indios de los contrarios. Habiéndose prevenido de los necesario, salieron de la ciudad por el río y por tierra, bajo de la conducta de un inglés llamado Nicolás Colman…”, agrega.
En su libro Descripcion e historia del Paraguay y del Rio de la Plata”, el historiador Félix de Azara cuenta la historia de otro modo, pero poniendo también a Nicolás Colman al frente de la sublevación, aunque en la Villa de Ontiveros.
Este es el relato de Azara:
“Los pobladores de la villa de Ontiveros del Guairá, que se componían de muchos partidarios del difunto Abreu y de otros descartados por Irala, viendo que no se les dio parte en la expedición de Irala ni aun noticia estando ellos en la provincia del Guairá, creyeron que no serían comprendidos en el reparto de encomiendas, y con este motivo se alborotaron”. 
“Noticioso, Irala llamó a su comandante García Rodríguez de Vergara, bajo el pretexto de tratar asuntos del servicio del rey, y envió a otro en su lugar, para que mandase interinamente, pero los de la villa no le quisieron admitir. En consecuencia despachó por abril de 1556 a Pedro Segura, con cincuenta españoles e indios auxiliares, para que apaciguase a los de Ontiveros y recogiese algunos que andaban descarriados entre los indios”.
“Llegó Segura al Paraná enfrente de la villa e hizo humareda, que era la señal para que le enviasen canoas en que pasar, pero lejos de esto, tomaron las armas para impedirle el paso; y situándose con sus canoas al abrigo de una isla distante un tiro de arcabuz de otra largar catorce o más leguas, requirieron a Segura que se volviese sin entrar en el Guairá, que era provincia suya”.
“La cabeza principal que dirigía a los de Ontiveros era el inglés Nicolás Colman, manco de la mano derecha y hombre que en esta ocasión y en otras precedentes manifestó mucho valor. Viendo Segura la firme resolución de no dejarle pasar el Paraná, intentó hacerlo de noche con jangadas; pero apenas había embarcado su gente le acometieron muchas canoas tirándole flechas y arcabuzazos, y obligándoles a desembarcar y a retirarse a la Asunción”.
Tras esta rebelión, Nicolás Colman habría asumido el cargo de gobernador del Guairá durante un breve tiempo, hasta que llegó el capitán Ruy Díaz de Melgarejo y se hizo cargo del gobierno de la región.
No hay muchos datos sobre otras andanzas de aquel primer Colman, ni cuántos hijos tuvo. Solo se sabe que uno de ellos, de madre india, se llamaba también Nicolás Colmán, aunque luego cambió su nombre por Juan Bernardo Colmán y tuvo su propia célebre historia.

Fray Juan Bernardo Colmán, según dibujo de José Luis Iriondo ofm.

Fray Juan Bernardo Colmán, el franciscano mártir

Nicolás Colmán, hijo del aventurero inglés Nicolás Colman y de una madre india guaraní, hija del cacique Boypitan, de la región del Guayrá, nació probablemente en 1569.
Nicolás ingresó en la Orden de San Francisco, junto con su amigo Gabriel de Guzmán, hijo del gobernador del Guayrá, Alonso Riquelme Guzmán, contra quien su padre Nicolás Colman se había sublevado.
Como era costumbre, durante la ceremonia de toma de hábito, Nicolás recibió un nombre religioso, en este caso Juan de San Bernardo, y pasó a ser conocido como Fray Juan de San Bernardo o simplemente Juan Bernardo, relatan Margarita Durán Estragó y José Luis Salas, en su obra de investigación histórica sobre este mártir de la Iglesia paraguaya.
Juan Bernardo Colman fue alumno del célebre religioso también mártir Fray Luis Bolaños.
En 1594, en medio de una cruenta y prolongada rebelión indígena contra la conquista española, Juan Bernardo pidió autorización para ir junto a los indios paranáes para intentar salvar a un religioso dominico que había caído prisionero con documentos muy valiosos.
“Cuando Juan Bernardo llegó a los paranáes, estos ya habían sacrificado al dominico. Juan Bernardo cayó prisionero como espía de los españoles, y los indios de Itá y Yaguarón, que fueron con él, huyeron por los montes, regresando a sus pueblos. Según sus ritos y costumbres, los paranáes sacrificaron a Juan Bernardo; murió mártir en un ritual antropofágico guaraní, el 2 de junio de 1594. La cruz de urunde’y que colocaron en el sitio al encontrar sus restos, después de tres décadas, aunque carcomida por los años, se venera en un relicario de acrílico, en el Museo de la ciudad de Caazapá que lleva su nombre”, relatan Durán Estragó y Salas.

Fray Juan Bernardo Colmán, retrato en el museo que lleva su nombre, en Caazapá.

El santuario de Fray Juan Bernardo Colmán, en Jahapety, Caazapá. en el lugar donde fue martirizado.


Otros Colmán en la historia

Este es el origen de la estirpe de los Colmán en el Paraguay, iniciada por aquel inglés adolescente que con tan solo 17 años subió a un barco en España, dispuesto a vivir aventuras inolvidables y hacer fortuna en el Nuevo Mundo.
En nuestra larga genealogía hemos tenido a varios hombres ilustres, que dieron brillo a nuestro apellido en la historia, como el poeta guaraní Narciso R. Colmán, el gran Rosicrán, autor de Ñande ypykuéra, la obra publicada en 1937 que rescata la gran riqueza de la mitología guaraní.
Hemos tenido a grandes artistas, como el compositor y músico Ramón Vargas Colmán, autor de la música de grandes temas del folklore paraguayo como 13 Tuyutí (sobre poema de Emiliano R. Fernández), Tupasy del campo y Mokoi kogoe, quien junto a su amigo Andrés Cuenca Saldívar integró el legendario dúo folklórico Vargas-Saldívar.
Hemos tenido a heroicos luchadores sociales, como el dirigente sindical Egmidio Colmán Nuñez, un gran líder obrero gráfico de destacada actuación en la histórica huelga general de 1958, en los inicios de la dictadura stronista, que sufrió persecución, prisión y tortura, pero nunca renunció a sus ideales. Fue fundador de la Juventud Obrero Católica (JOC) y presidió la antigua Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT). Una calle de Asunción lleva su nombre.
Pero también hemos tenido a personas infames portando nuestro apellido, como el tristemente célebre general Patricio Colmán Martínez, gran represor de la dictadura stronista, a quien se adjudican diversos crímenes, asesinatos y desapariciones de perseguidos políticos durante las décadas de 1960 y 1970, principalmente.
También hemos tenido –y seguimos teniendo- a muchos héroes y heroínas, hombres y mujeres de gran dignidad y virtud, de perfil silencioso y anónimo, que nos dejan su gran testimonio de vida a seguir. Entre ellos, mi padre Andrés Chi’ito Colmán Robertti, mi mejor ejemplo de laboriosidad, honestidad y rectitud humana.
Por ellos y ellas, es un orgullo llevar el apellido Colman o Colmán que nos dejó aquel aventurero inglés que se embarcó a América en 1535.

viernes, 3 de octubre de 2014

Los 17 de Arlan: No hay canción de cumpleaños feliz

 
Arlan, celebrando el cumpleaños de su sobrina Maria Victoria, hijita de su hermana mayor Neusa.
Este viernes 3 de octubre no hay cumpleaños feliz con sus familiares. / Foto: Gentileza 

Arlan Fick Bremm cumple sus 17 años de edad, secuestrado por el EPP. No hay pruebas de vida, ni noticias de su situación. En la mesa familiar solo hay una silla vacía, un triste sabor a ausencia y a abrazos imposibles, una vela de cumpleaños que no se apaga. Como la esperanza.

#CrónicasDeLaMemoria

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Arlan está allí, sonriente frente a una gran mesa con manteles blancos y rosados, en cuyo centro se observa una gran torta con velitas. El joven está allí, parado en medio de adornos y globos inflados, con inscripciones que dicen "¡Felicidades!, mirando contento hacia la cámara fotográfica.
Lamentablemente, la foto no es de ahora, sino de otro cumpleaños, hace algún tiempo atrás, cuando la casa de los Fick Brem se llenaba con eco de fiestas y alegrías.
Era la celebración de los 4 añitos de Clara Victoria, la hija de Neusa Fick, hermana mayor de Arlan, con quien el joven posa feliz, cargando en brazos a su pequeña sobrina.
Ahora, solo reina el silencio...
"Esta vez, no habrá celebración", le dice un vecino de los Fick a Estefanhy Cantié, periodista de la revista Teveo, quien llegó hasta Paso Tuyá, Concepción, para retratar ese enrarecido ambiente de tristeza, miedo, dolor, aprestos militares y mucha añoranza por el joven ausente. Su informe compone el reportaje de tapa en la última edición de la revista.
En Paso Tuyá nadie acepta hacer declaraciones periodísticas, ni aparecer en fotografías.
Hay silencio. Miedo. Carros militares blindados que recorren las calles. Soldados con armas que cercan el pueblo.
Murmuraciones en voz baja.
Llanto callado en el interior del hogar de los Fick.
Don Álcido, a quien apenas se lo ve cuando sale para el silo o para el campo. Doña Melania, que ordeña sus vacas con rostro dolido y quien a la tarde se encierra a rezar. Solo sus pequeñas nietas, Marisol, Clara, Nadia, Fernanda, entre sus juegos inocentes, le ponen risa infantil a la cotidianidad.
Este viernes 3 de octubre de 2014 Arlan Fick Bremm, el benjamín de la casa, cumple 17 años de edad. Solo que Arlan no está en casa.
Desde hace 184 días permanece secuestrado en manos del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Desde que vinieron a llevárselo, con armas y mucha violencia, la noche del 2 de abril, aquel confuso episodio de tiroteos con los policías y militares de las Fuerzas de Tarea Conjunta, dejando un saldo de tres muertos y varios heridos, y un enorme hueco en el corazón de una madre.
Hoy no hay canción de cumpleaños feliz.

Una de las fotos en que Arlan aparece con sus padres Álcido y Melania, y con sus tres hermanas Neusa, Solange y Rosinei. / Foto: Gentileza

"¡Mamá, ayudame...!".

Hay una desgarradora escena que probablemente no se le borrará nunca de la memoria a Melania Bremm, la mamá de Arlan.
Es la imagen en la que su hijo es llevado a empujones por el grupo de hombres armados, mientras él le dirige a ella una última mirada suplicante, mientras le implora: "¡Mamá, ayudame...!".
Doña Melania hubiera querido hacer de todo por responder a ese llamado suplicante de su hijo, pero los miembros del EPP la contenían apretándola contra la pared con los cañones de sus fusiles de asalto, obligándola a permanecer quieta, al igual que el resto de su familia, mientras ella veía a Arlan perderse en las sombras, arrastrado por los demás hombres armados. Es la última imagen que le quedó de él.
Esta escena es relatada por los vecinos, que siempre piden "no pongas mi nombre en el diario". También es admitida en uno de los escritos de Neusa Fick, la hermana mayor: "Quién se imaginaría que en esa noche serías arrastrado por el monte, en contra de tu voluntad, y que a nosotros nos rompería el alma no poder hacer nada para evitar que te lleven".
En contra de la versión oficial del ministro del Interior, Francisco de Vargas, quien en principio planteó que a Arlan solo se lo llevaron como rehén, al verse atacados, los integrantes del EPP tenían planeado el secuestro del joven desde hace meses.
De ascendencia brasileña, proveniente de una familia a la vez oriunda de Alemania, Álcido Fick es considerado uno de los más importantes productores agroganaderos que se establecieron en Paso Tuyá, distrito de Azotey, Concepción. Casado con la también inmigrante Melania Frem, su familia está integrada fundamentalmente por hijas mujeres; Neusa (28), Solange (24) y Rosinei (23). Arlan el benjamín de la casa y es el único varón, ya que hasta las cuatro nietas actuales son mujeres.
El 24 de diciembre de 2013, mientras los Fick estaban participando de la misa de navidad en la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, personas desconocidas entraron a su casa y se llevaron una computadora portátil notebook. Lo que se presumió era un simple robo, en realidad era una "operación de inteligencia" de miembros del EPP, buscando información sobre los bienes y las cuentas del productor.
El 2 de abril, como es habitual, los Fick se encerraron temprano para descansar. Ese día Arlan había trabajado duramente cortando el pasto del enorme patio de su casa, luego había cenado y se disponía a dormir, pero antes quiso llamar por teléfono a su novia, Clara.
Eran cerca de las 19.00 cuando se escucharon golpes. Enseguida, la puerta se abrió con violencia y cerca de una docena de hombres armados, con uniformes de combate y a cara descubierta, entraron dando órdenes de permanecer quietos. Por si hubiera dudas, llevaban insignias del EPP.
Entre los miembros del grupo, los moradores reconocieron a Osvaldo Villalba (alias comandante Alexander, el máximo líder militar) y a Manuel Cristaldo Mieres (subcomandante Santiago). Arlan se vio obligado a tirar el celular al suelo. Del otro lado del auricular, su novia escuchaba angustiada lo que estaba pasando y empezó a pedir auxilio. Así se enteró la policía.
Dentro de la casa de los Fick, los hombres del EPP dieron órdenes enérgicas para que Arlan junte algunas ropas y las cargue en una mochila. "Te vas a ir con nosotros", le dijeron. Esa misma noche, a Álcido le dieron instrucciones: tenía que pagar un rescate de 500 mil dólares para poder recuperar a su hijo.

Las hermanas de Arlan, en una movilización ciudadana a favor de su liberación. / Foto: Gentileza.

184 días de angustia

El desenlace del operativo de secuestro de Arlan fue aún más dramático para los Fick, cuando antes de poder retirarse los integrantes del EPP, apareció una patrulla de la Fuerza de Tarea Conjunta, quienes empezaron a disparar contra  la casa. En el incidente fallecieron dos de los secuestradores, Bernardo Coco Bernal Maiz y Claudelino Silva Cáceres, y un integrante de la FTC, el vicesargento primero Hugo Monges.
Para cubrir la retirada, los hombres del EPP tomaron también como rehenes a Álcido y Melania, así como a la pequeña nieta Marisol, pero ante las dificultades, decidieron dejar a las mujeres y se llevaron a Arlan y Álcido hasta la entrada al monte.
A Arlan no le dio el tiempo de preparar su equipaje, ni de ponerse unos zapatos. Se lo llevaron descalzo, apenas con  una campera en las manos. Su última mirada fue para Melania, a quien imploró: "¡Mamá, ayudame...!"
En la entrada del monte dejaron libre a Álcido, a quien reiteraron que junte el dinero y espere instrucciones.
En la desesperación, Álcido no se dejó asesorar por expertos en negociación de secuestros, no exigió pruebas de vida y procedió a pagar los 500 mil dólares que logró recaudar, el 10 de abril, en un desolado cruce del camino de tierra a Tacuatí.
Los miembros del grupo armado lo obligaron además a repartir víveres "por gentileza del EPP" a las comunidades campesinas de Arroyito y Kurusu de Hierro, exigencias que la familia cumplió puntualmente. Pero los secuestradores no cumplieron su parte del trato y hasta ahora Arlan sigue cautivo.
Desde entonces solo hubo versiones y contraversiones. El histriónico intendente municipal de San Carlos del Apa, Luis Aníbal Schupp, asegura que un policía le reveló que Arlan fue asesinado la misma noche de su secuestro. El ministro del Interior, Francisco de Vargas, cree que Arlan sigue vivo en poder del grupo armado, que lo guarda como una pieza valiosa para intentar un canje por miembros del EPP que se encuentran presos.
En la casa de los Fick solo hay silencio. Don Álcido y doña Melania, junto a toda la familia, cumplen hoy 184 días de angustia, el mismo día en que Arlan cumple 17 años, preguntándose en dónde está su hijo querido, cuándo volverá a casa.
No se sabe si los Fick harán un cumpleaños simbólico, en ausencia.

Solo se sabe que no hay canción de cumpleaños feliz para Arlan.  

domingo, 16 de junio de 2013

En el nombre del padre



Mi papá también se llamaba Andrés, pero muy pocos lo sabían. Para todos era Chi’ito, un concepcionero andariego que un día recaló en mi pueblo natal, Yhú, buscando su destino. No se si lo encontró, pero sí encontró a mi madre.
Él nunca pudo concluir la escuela primaria, pero nadie le ganaba en las matemáticas. Fue obrajero, agricultor, músico, carpintero, almacenero, taxista, sereno de discoteca, despachador de combustible, administrador de aserradero.
Cuando decidió casarse, adquirio un lote municipal a cuotas y con la ayuda de otro primo carpintero, construyó con sus propias manos la casita de madera en donde nacimos con mis dos hermanas menores y mi segundo hermano varón, el que murió de neumonía a los nueve meses de edad (cuando yo tenía tres años), porque no había un médico en el pueblo.
Mi papá falleció trágicamente, arrollado por un auto, en la fronteriza ciudad de Katueté, cuando yo tenía diecisiete años de edad, y acababa de emigrar a Asunción con el sueño de hacerme periodista. Recién entonces, cuando sentí que él ya no estaba, empecé a conocerlo de verdad.
Lo recuerdo con su guitarra, sentado en el corredor de nuestra casa, sobre la calle principal de Yhú, tarareando boleros y guaranias bajo la noche acribillada de estrellas. Su máximo placer era organizar un asado alguna noche de fin de semana, y jugar al truco con sus amigos.
Una sola vez lo vi llorar. Fue cuando le llegó la noticia de que su padre, mi abuelo Hermógenes, acababa de morir en otro pueblo lejano. Estábamos los dos solos en nuestra casa en Salto del Guairá, yo tenía entonces menos de diez años de edad y él más de treinta, pero recuerdo la incómoda sensación de que en esa ocasión el niño era él.
Nunca me habló de política. Nunca me dio consejos acerca de lo que tenía que hacer o no hacer en la vida. Yo no sabía entonces que la honestidad, la laboriosidad, la solidaridad, son virtudes humanas. Él nunca me lo dijo, simplemente me lo demostró con su ejemplo, siempre, siempre. Es la herencia que más le agradezco.
Tampoco recuerdo cuántas veces pude haberle abrazado y decirle felicidades por el Día del Padre. Por eso, esté donde esté, ahora se lo digo

domingo, 30 de diciembre de 2012

Un brindis por la esperanza

Brindo por el Paraguay que nos aguarda al otro lado del tiempo. Un país que todavía no conocemos y sin embargo extrañamos, cuya geografía pertenece al intangible territorio de los sueños. Un país cuya belleza no se puede pintar sobre el papel, porque está dibujado en el mapa de las emociones. Un país que está hecho con la madera de nuestras mejores utopías e iluminado con el sol de nuestros recuerdos más felices, incluso con los recuerdos de los momentos que todavía no sucedieron.
Brindo por los hombres y mujeres que ya no están físicamente con nosotros, pero que nos iluminan con su grandeza humana desde la profundidad de la memoria. Aquellos y aquellas que prefirieron sacrificar su vida antes que traicionar sus ideales, para que hoy podamos estar aquí, brindando en estas últimas horas del año con nuestros sueños aún en deuda.
Brindo por quienes se disponen a pasar estas fiestas en alguna fría y distante ciudad europea o norteamericana, a medio mundo de distancia de su tierra natal y de sus seres más queridos, con el corazón oprimido por el insalvable techaga'u. Brindo porque en un futuro próximo tantos hombres y mujeres ya no tengan que marcharse en busca del sueño de vida digna que su propia patria les niega.
Brindo por las familias de los campesinos y policías muertos en Curuguaty. Que por encima de los encontrados intereses y de los intentos de manipulación política, logren sobreponerse al sinsentido de tanta violencia y dolor, y que podamos llegar a conocer la verdadera verdad y la verdadera justicia.
Brindo por quienes probablemente no tengan con qué brindar. Por los incontables compatriotas que se debaten en la necesidad y en la pobreza. Por los niños y niñas condenados a pasar hambre y soledad por culpa de la ambición y el egoísmo, de la indiferencia y la ineficacia estatales. Brindo por que desde nuestros respectivos lugares en la sociedad seamos un poco más activos en las búsquedas de soluciones a los profundos dramas sociales del Paraguay.
Brindo por los que brindan. Por los admirables seres humanos que en medio de la adversidad logran conservar intactas la sonrisa y la ternura, la alegría y la esperanza.
Por los que en esta noche de Año Nuevo elevarán sus copas a la luz de las estrellas y decidirán que -al margen de los tiempos políticos y de las aventuras electorales- un nuevo tiempo se inicia al estrenar las hojas de un flamante calendario.
Que entre todos y todas hagamos posible un 2013 que valga la pena. ¡Salud...!

sábado, 27 de octubre de 2012

Palabras para Andrea

(Foto: René González)

Hoy cumple 15 años mi hija Andrea Soledad. Anoche pudimos celebrar su fiesta, entre sus compas y parte de nuestra gran comunidad de parientes y amigos. Fue una fiesta sencilla pero muy emotiva, porque también celebramos mi renacimiento a la vida. Escribí para ella estas palabras, que las compartí en un momento de la ceremonia. Ahora las comparto con ustedes...

La primera imagen que me quedó grabada de vos, fue tu risa. Eras apenas una diminuta forma humana en brazos de tu mamá, recién llegada al mundo, y sin embargo te reías, con esa risa franca, gutural y cristalina, que tienen los bebés. Era una risa expansiva, que iluminaba al mundo y a la vida, y muy especialmente a mi vida y a la de quienes, desde entonces, seríamos tu familia.
Llegaste en un momento especial de mi vida, en que personalmente me planteaba tantas cosas, menos quizás el rol de ser padre. No se si pude aprender a serlo, en todos estos frenéticos años de mi vida de trotamundos, pero por suerte tuve el apoyo de mis seres más queridos e invalorables, desde mi propia mamá, Ña Nilda –cuya memoria nos acompaña ahora-, y de mi querida hermana Asucena y su esposo Cristian, que te abrazaron con todo su enorme corazón desde el primer momento, al igual que a tu prima Mabel, y que te hicieron sentir lo más esencial, lo que no tiene precio: la calidez de un hogar construido con amor y con sólidos valores humanos y cristianos. Una conmovedora misión a la que se fueron sumando muchos: mi hermana Odu y su familia, mi tía Luisa, tu madrina Clari, y todos tus primos y primas, tíos y tías, construyendo alrededor nuestro una maravillosa red de afecto familiar y educativo, para que pudieras llegar a ser la maravillosa persona, cuyos quince floridos años celebramos esta noche.
Desde entonces, tu risa franca y cristalina siempre fue música en nuestros oídos. Sentí que eras una niña privilegiada, porque tenías más de una mamá y más de un papá. Sobredosis de amor y cariño en abundancia. Sé que estuve ausente en momentos seguramente claves de tu vida, y te pido disculpas por eso. Pero igualmente, siempre sentí que en todos estos años también pudimos construir un modo especial de ser padre e hija, aún en la distancia, como quizás también lo construiste con tu madre, y que a veces basta una simple mirada para entendernos, una sonrisa cómplice, una palabra clave o un silencio compartido. Siempre sentí que te puedo tener total confianza, como vos la tenés en mí, y espero no llegar a defraudarla nunca.
En estas noches en que me tocó vivir la experiencia límite de mi enfermedad y mi internación en el IPS, y te ofreciste a quedarte varias noches a cuidarme, como la enfermera más dedicada del mundo, aprendí a conocerte mucho mejor. Pude ver la transparencia de tu corazón noble y sensible, porque no estabas solamente pendiente de mí, de tu papá, como sería natural, sino también de mi eventual compañero de sala, un humilde y laborioso campesino del interior del país, que era un total desconocido para vos, pero al ver que a veces él no tenía un familiar que pueda quedarse a acompañarlo y a cuidarlo, le prodigabas la misma atención y cuidados, cuando sentías que el necesitaba algo, o que los dolores no lo dejaban dormir. No te lo dije entonces, pero en esas frías y desoladas horas de madrugada de hospital, viéndote actuar con esa actitud tan solidaria, me sentí verdaderamente orgulloso de ser tu padre.
Recuerdo que en la incertidumbre de mi eventual salida del hospital, me propusiste suspender la fiesta de celebración de tus quince años, y yo te dije que no, que aunque no me dieran de alta para esta noche, igual iba a estar presente, aunque fuera en silla de ruedas. Por suerte no fue necesario. Hoy estamos todos aquí, y la celebración es doble: tus quince mágicos años y mi renacimiento.
Así que, permítanme levantar esta noche mi copa de jugo dietético, y brindar con todos y con cada uno de ustedes por los 15 años de esta maravillosa y risueña niña, hoy mujer, llamada Andrea Soledad.
Gracias a todos y a todas por haberla ayudado a ser quien es. Hagamos el compromiso de seguir contribuyendo a que sus mejores sueños no se apaguen nunca, y seamos el viento cálido que ayude a que las llamas que arden en su joven corazón, iluminen al mundo y a la vida, al igual que su risa.
¡Feliz cumpleaños, hija querida...!

viernes, 28 de diciembre de 2007

Año Nuevo en la Triple Frontera


La fiesta de fin de año en la Triple Frontera tiene un sabor distinto y especial, exótico y estimulante.
Existen diferencias marcadas por el tiempo y la geografía. A las once de la noche, una cromática y sonora explosión de fuegos artificiales y petardos cubre el cielo del otro lado del río Paraná. Es que el Brasil y la Argentina tienen una hora adelantada con respecto al Paraguay (¡hasta en el horario somos atrasados!), y las ciudades de Foz do Iguaçú y Puerto Yguazú celebran mucho antes.
Es un espectáculo imponente acodarse en cualquier balcón, terraza o punto elevado de Ciudad del Este, y disponerse a disfrutar de esa sinfonía de luces que dibujan fantasías de colores en el horizonte. Y pensar, como el genial abuelo Einstein, en lo relativo que es el tiempo: qué loco que allí, a tan pocos metros de distancia, ya llegó el futuro, ya es el nuevo año, y aquí todavía estamos anclados en el pasado, en el castigado año viejo. ¿Será que lo merecemos?
Una hora después nos tocará a nosotros celebrar, y serán ellos, los brasileños y los argentinos, ya con algo de mareo por tantos brindis compartidos, los que se acomodarán en sus balcones o terrazas a disfrutar de nuestros fuegos artificiales coloreando el firmamento nocturno, sintiendo esa rara sensación de película repetida, de salto atrás en el tiempo, de “deja vu” trifronterizo.
Territorio de contrastes y de gran riqueza multicultural, la Triple Frontera tiene muchas formas de celebrar (o de no celebrar) las fiestas de fin de año. Hay una vasta comunidad de árabes musulmanes (más de 12.000 personas, principalmente sirios libaneses) para quienes la Navidad simplemente no existe en su credo religioso, pero se acoplan con entusiasmo a las nuevas costumbres que han ido asimilando en su ya larga convivencia esteña.
Hay también una activa comunidad de chinos taiwaneses (más de 5.000 inmigrantes) que festejarán su Año Nuevo recién en febrero, basados en un calendario lunar más antiguo y milenario que el gregoriano, pero que están dispuestos con generosidad a hacer una especie de “adelanto” a la occidental. Y una más reducida comunidad de familias hindúes, que ya celebraron su propio año nuevo en noviembre, pero no tienen ningún problema en volver a repetir la fiesta.
Si a eso se le suman las comunidades de migrantes brasileños, bolivianos, argentinos, peruanos, alemanes, coreanos y hasta sudafricanos, junto a la población paraguaya más criolla, que habitan una de las ciudades de mayor diversidad étnica de toda Latinoamérica, el resultado puede ser mágico y casi surrealista: ver a mujeres musulmanas cubiertas con el chador árabe reunidas en torno a un pesebre campesino con aroma de flor de coco, o caminar por las calles periféricas sintiendo como se mezclan las melodías de Las Mil y Una Noches con el sonido del erhu chino, las canciones sertaneyas, la polca, la cachaca y el reguetón.
Año Nuevo de sopa paraguaya y capipiriña, de clericó y feijoada, de falabel y sidra, de chop suey y champán. Ausencias que duelen en cualquier idioma. Hogares en donde se extraña con la misma emoción a la mamá que se quedó en las ardientes dunas de Damasco, a los hermanos que envían saludos en mandarín desde Taipei, a los hijos que fueron a buscar un futuro mejor en la lejana Madrid y se les atragantan sus saludos por Internet.
Año Nuevo de mujeres casi niñas que esperan clientes sexuales en la nocturna soledad del Parque Chino. Año Nuevo de niños callejeros que inhalan cola de zapatero debajo del viaducto de la Aduana para no sentir la falta de abrazos. Año Nuevo de indígenas mbya refugiados bajo casuchas de lona en el baldío de la Terminal. Año Nuevo de sacoleiros que apuran el último cruce en el Puente de la Amistad.
Año Nuevo en la Triple Frontera. Tan diversas y variadas voces, pero tan iguales lágrimas, sonrisas, interrogantes, esperanzas. Tan similares ganas de que este 2013 sea mejor. ¡Salud…!