miércoles, 27 de mayo de 2020

El padrastro de Juliette y la ultraderecha alemana


Reiner participó de campañas con el Rey Peter Fizek en Alemania, quien vino al Paraguay en misión diplomática. Más detalles sobre una peculiar relación política.

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

¿Se conocía Reiner Helmut Oberüber, el padrastro de la desaparecida niña Juliette, con el líder del movimiento político alemán de ultraderecha, Peter Fitzek, autoproclamado Rey de Alemania, quien visitó el Paraguay en una supuesta misión diplomática?

No solamente se conocían, sino que ambos habían realizado juntos campañas a favor del Movimiento Ciudadanos del Reich (en alemán: Reichsbürgerbewegung), que rechaza al actual Estado de Alemania y reivindica al Reino de Prusia, anterior a la Primera Guerra Mundial, tal como lo prueban varias publicaciones del país europeo.

El periódico semanal paraguayo en alemán Wochenblatt divulgó el domingo en su sitio digital un video de la cuenta Neuzeit de YouTube (se puede ver en este enlace), en donde se observa a Reiner Oberüber compartiendo el escenario junto Peter Fitzek y varios otros dirigentes de la ultraderecha alemana. Según los datos, fue durante un congreso del sector político, realizado en la ciudad de Stuttgart, Alemania, el 29 de noviembre de 2014.

Allí, tanto Fitzek como Oberüber cuestionan la legitimidad del Estado moderno alemán y defienden el antiguo Reich y llaman a sus conciudadanos a unirse al movimiento.

EN PARAGUAY. El historial de Reiner Oberüber en Alemania indica que en 2014 fue desvinculado de la Sociedad Alemana de Asesoramiento sobre Políticas (Degepol) justamente por pertenecer a “Ciudadanos del Reich”, organización a la que se considera ilegal.

Tras este episodio, Reiner habría emprendido viajes como entrenador y orientador espiritual, hasta recalar en Paraguay, donde inició el proyecto inmobiliario de Monte Pacará, en Emboscada, buscando principalmente atraer a europeos y relacionándose con otros inmigrantes alemanes. Fue allí también donde conoció a Lilian Zapata, madre de la niña Juliette, con quien formó pareja.

LA HUELLA DEL REY. Coincidentemente, fue también Emboscada la región elegida por Peter Fitzek, el autoproclamado Rey de Alemania, para proponer un proyecto de reciclados junto a socios alemanes y paraguayos.

A pesar de ser una exótica celebridad política internacional, Fitzek realizó una visita al Paraguay en 2012, que pasó localmente desapercibido. Él lo presentó después como una “misión diplomática” para establecer relaciones entre su reino no reconocido y el Paraguay.

Aunque luego han sido borradas de su página en Internet, se han hallado fotos y reportes de su visita a través de Wayback machine, la base de datos que permite recuperar archivos perdidos en la red.

Allí aparecen más registros de la entrevista del Rey con el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Víctor Bogado; con el dirigente colorado Pompeyo Lugo, hermano del entonces presidente de la República, Fernando Lugo; también aparece en una foto con el ministro de la Corte Suprema de Justicia, César Garay Zuccolillo.

“En marzo de 2012, Peter, acompañado por el camarógrafo Martin, voló a Paraguay para establecer nuevas relaciones diplomáticas y ver una nueva tecnología para la generación de energía”, destaca el texto traducido del alemán.

COMPAÑEROS. En sus reuniones en nuestro país, el presunto Rey de Alemania estuvo acompañado del entonces joven abogado Carlos Vera Bordaberry, actual defensor del Pueblo adjunto, y del inmigrante alemán Andreas Pfeiffer, poblador de Cordillera, quienes secundaron su proyecto de instalar una planta recicladora para producir energía, en un terreno de Emboscada, justamente en la misma región actualmente bajo la lupa por la desaparición de Juliette, vinculado a su ex socio Oberüber.

En el proyecto, que finalmente no se llevó a cabo, Fitzek menciona al científico alemán Dieter Peter Petry, inventor de una tecnología denominada Reactor de Materia Orgánica (RMO), a quien presenta además como miembro de la Neudeutschland o Nueva Alemania, como se conoce a su reinado ilegal.

En los reportes, Fitzek menciona que estuvo en Paraguay en marzo de 2012, en junio de 2012 y en noviembre de 2013. Posteriormente, en 2014 fue detenido en Alemania y exhibió un registro de conductor adquirido en Paraguay, que según la justicia alemana era un documento falso.

El único medio que lo reportó en nuestro país fue el semanario en alemán Wochenblatt, en su edición del 25 de febrero de 2016. “La policía lo sorprendió conduciendo dos veces sin licencia en 2014. En la segunda reunión, mostró a los funcionarios la licencia de conducir paraguaya, que aparentemente fue confiscada”, destacó.

Referentes de la comunidad alemana en Paraguay sostienen que Oberüber continuó sosteniendo sus ideas políticas de extrema derecha entre inmigrantes europeos, con quienes se vinculó en relaciones comerciales y desde su proyecto inmobiliario de Monte Pacará, Emboscada, muy promocionado en el sitio web Paraguaypionnere.com, en idioma alemán, para atraer a inversionistas europeos, pero que al parecer por el momento ha sido dado de baja en la web.

Desde hace unos días, el sitio Paraguaypionnere.com no muestra ningún contenido y aparece con un cartel en alemán que explica que el mismo “está en mantenimiento”. También la cuenta “Paraguay-Pioniere” en YouTube, donde estaba alojado el material promocional del emprendimiento, ha sido vaciado de todo contenido.

Los referentes de la comunidad alemana en Paraguay que nos han proveído valiosos datos no descartan que exista relación con la hasta ahora inexplicable desaparición de la niña Juliette.
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(Publicado en el diario Última Hora de Asunción, edición del miércoles 27 de mayo de 2020. Esta versión en el blog tiene los agregados de más datos y fotos)


Leer la nota anterior: 


Reiner Oberüber, padrastro de Juliette y Peter Fitsek, haciendo campaña por la ultraderecha en Alemania
Peter Fitzek con el ministro de la Corte César Garay Zuccolillo y otras personas.
Peter Fitzek ingresando al edificio del Cabildo (Congreso), en Asunción, Paraguay.
El sitio web "Paraguay-Pionere,com", que promocionaba el emprendimiento inmobiliario de Monte Pacará, en Emboscada, en idioma alemán, ha sido desactivado en Internet. 
El "Rey" Peter Fitsek junto con Pompeyo Lugo y el actual defensor del pueblo adjunto, Carlos Vera Bordaberry.

Peter Fitzek, el autoproclamado "Rey de Alemania", con el entonces presidente de Diputados, Víctor Bogado.

martes, 26 de mayo de 2020

El capitán de un barco con piratas



Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Un periodista brasileño contó en la revista Veja que había entrado a una tienda de Ciudad de Este a consultar precios de una notebook. El dueño mostró varios modelos a precios ventajosos, pero ninguno tenía marca visible. Cuando el colega rapai preguntó, el otro respondió con una ancha sonrisa: “No se preocupe, amigo. Usted elige de qué marca quiere y nosotros le colocamos en el acto”.

Creí que era una maliciosa leyenda antiparaguaya, pero en estos días vimos en un video a empleados de las empresas proveedoras de insumos médicos al Ministerio de Salud colocando las marcas a los productos traídos en un avión desde China, luego de haberlos desembarcado. Gran parte de los equipos supuestamente de alta seguridad fueron traídos sin marcas, despachados en Aduana y recién después se les colocaron las etiquetas. No es un invento. El video fue entregado a la Fiscalía y el irregular procedimiento es reconocido por el propio ministro Arnaldo Giuzzio, titular de la Comisión Especial de Control y Supervisión de Compras Covid.

Es una más de las tantas irregularidades en torno a las millonarias compras realizadas en carácter de emergencia para Salud ante la pandemia del Covid-19. La figura heroica del ministro de Salud, Julio Mazzoleni, y su buena gestión para contener al amenazante virus –presentado como el capitán de un barco que va venciendo las tormentas– se va desdibujando cada vez más, y por detrás la del propio presidente de la República, Mario Abdo Benítez.

Los buenos resultados sanitarios exhibidos con orgullo por el mandatario ante la 73ª Asamblea Mundial de la Salud, esta semana, palidecen frente al lapidario informe final de la Contraloría, que asegura que la adquisición de insumos y camas hospitalarias por parte de las empresas proveedoras Imedic SA y Eurotec SA, vinculadas al denominado clan Ferreira, estuvo viciada de irregularidades “en todas sus etapas”.

Ante la comprobación irrefutable, tras varios intentos por salvar al menos parte de las compras, Mazzoleni tuvo que tirar la toalla y comunicar que rescindía totalmente el contrato. No admite que hemos perdido 70 días en cuarentena esperando que compren buenos equipos de manera correcta para equipar los hospitales públicos ante un posible contagio masivo, lo cual no ha sucedido.

Tampoco quiere hacerse responsable de una denuncia criminal ante la Justicia contra los responsables de la estafa. “Ya lo hicieron los diputados”, se lavó higiénicamente las manos, a tono con las indicaciones sanitarias, en la misma actitud con la que aceptó renuncias y cambios de varios directivos de Salud, sin explicar motivos ni exigir castigos, cuando estalló el primer escándalo.

Aplaudido por la buena gestión sanitaria para contener la pandemia, pero cada vez más cuestionado (al igual que Marito) por no animarse a cortar de manera firme y clara la pandemia de la corrupción, el aplaudido capitán, al que muchos dedican poemas de Walt Whitman (“¡Oh captain! ¡My captain!”) como en la película La sociedad de los poetas muertos se está convirtiendo en el capitán de un barco tripulado por piratas muy vivos, que podría acabar arrastrado por otra tormenta más jodida, la de los miserables que no renuncian a robar el dinero del pueblo en medio del hambre y la necesidad.


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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del domingo 24 de mayo de 2020.

lunes, 25 de mayo de 2020

El Rey de Alemania que tenía un falso documento paraguayo



Peter Fitzek, de grupos de extrema derecha a los que se vincula al padrastro de Juliette, estuvo en Paraguay y se entrevistó con autoridades. Pretendía instalar una fábrica de reciclados.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

La búsqueda de pistas sobre la desaparición de la niña Juliette permiten hallar singulares historias, como la de un pintoresco personaje de la extrema derecha, Peter Fitzek, autoproclamado Rey de Alemania, quien estuvo casi desapercibido en Paraguay en 2012, se entrevistó con autoridades nacionales, propuso invertir en una fábrica de reciclados en Emboscada y adquirió un registro de conducir falso.

Al verificar los antecedentes de Reiner Helmut Oberüber, el padrastro de Juliette, actualmente imputado por la desaparición de la niña, resalta que en 2014 el mismo fue desvinculado de la Sociedad Alemana de Asesoramiento sobre Políticas (Degepol) por pertenecer a la organización de extrema derecha Ciudadanos del Reich (Reichsbürgerbewegung) que rechaza la legitimidad del Estado moderno alemán y reivindica al Reino de Prusia de antes de la Primera Guerra Mundial.

Este Reich tiene a su propio rey autoproclamado, el activista político alemán Peter Fitsek, quien habría conocido a Reiner en su país, y con quien se habría reencontrado en Paraguay con proyectos de negocios inmobiliarios para atraer a europeos.

VÍNCULOS. En el foro del periódico digital paraguayo en alemán Wochenblatt, el usuario Wolfang destaca que Peter Fitsek, “colega de (Reiner) Oberüber” estuvo en Paraguay en “una visita de Estado, queriendo establecer un nuevo reino”.

El diario digital San Lorenzo PY, en una publicación del 29 de junio de 2012 registra que Peter Fitsek, acompañado de Carlos Vera Bordaberry, Andreas Pfeiffer y Martin Schulz, mantuvo una entrevista con el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Víctor Bogado, a quien le presentaron “una propuesta que guarda relación con labores que desarrollan desde sus empresas en Alemania, basadas en el aprovechamiento de la basura para la generación de energía y otros productos aprovechables”.

La información agrega que “ya cuentan con un predio en la ciudad de Emboscada, en donde prevén instalar las obras tecnológicas que permitan cumplir con los objetivos trazados”. ¿Sería acaso en Monte Pacará, en Emboscada, donde Reiner Oberüber busca desarrollar un proyecto inmobiliario para extranjeros, de donde presumiblemente desapareció la niña Juliette?

NEONAZISMO. Sitios digitales de Alemania destacan la actividad política de Oberüber y Fitsek en la organización Ciudadanos del Reich, a la que analistas políticos consideran una vertiente del neonazismo.

Fitsek instauró en 2011 su reino en una propiedad de 9 hectáreas en Wittenberg, al sur de Berlín, llamado NeuDeutschland (Nueva Alemania), con unos 4.500 miembros, instaurando su propia moneda, un banco y seguridad social.

En 2017 el Rey fue condenado a tres años y medio de cárcel por negocios bancarios ilícitos. En 2014 fue detenido por conducir su automóvil sin licencia legal. En la ocasión mostró un registro de conductor de su reinado y otro del Paraguay que, según declaró, lo compró en Asunción.

El periódico alemán Welt reporta la crónica de su comparecencia ante el juez: “El ‘rey’ finalmente saca una licencia de su bolsillo… que afirma haber adquirido en Paraguay y que el experto ya había identificado como una falsificación total”.

UN REY EN PAPUAGUAY. En el blog Sonnenstaatland (Estado del Sol), Peter Fitzek publica un reporte en tono de broma acerca de su viaje a Papuaguay (como llama al Paraguay), con una foto frente al Palacio de los López.

Describe en alemán que visitó el país del 3 al 13 de noviembre de 2013 y compró la licencia de conducir por 50 ocken (moneda de su reino) en una tienda. Dice que aprendió a hacer ladrillos con bosta de cabras en una olería. Habla del proyecto de producir 40 millones de ladrillos por día en nuestro país.

Entre las fotos hay una en donde él aparece con su corona dibujada, saludando al actual ministro de Obras Públicas (entonces senador) Arnoldo Wiens, a quien le dibuja un casco de Vikingo.

La disparatada crónica del pretendido Rey alemán en tierras guaraníes podría tener relación con los intentos de negocios de tierras y supuestas inversiones, combinadas con operaciones políticas de extrema derecha, que se van configurando en torno al caso de la desaparición de la niña Juliette.
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(Publicado en el diario Última Hora de Asunción, edición del domingo 24 de mayo de 2020) 
Foto del “rey” alemán con el “vikingo” Wiens, actual ministro de Obras.
Rey en joda. En un blog, Peter Fitsek cuenta su visita al Paraguay o “Papuaguay”
Cuento de hadas. El día en que Fitsek juró como rey del supuestamente antiguo Reich.
El “rey” Fitsek en entrevista con Víctor Bogado, entonces presidente de Diputados, para una inversión en Emboscada.





lunes, 18 de mayo de 2020

La amenaza desde el Brasil


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

No sirve de mucho cerrar con candados el Puente de la Amistad entre Ciudad del Este y Foz de Yguazú, ni poner alambradas en la avenida que divide a Ponta Porã con Pedro Juan Caballero, ni cavar trincheras en el camino que separa a Paranhos de Ypejhú, ni estacionar camiones y ómnibus bloqueando el paso entre Mundo Novo y Salto del Guairá.

Hay videos grabados que muestran a numerosos jóvenes brasileños pasando tranquilamente a la noche bajo las alambradas para no perder sus estudios en las universidades paraguayas, sin que sean controlados si son portadores del Covid-19.

La frontera seca entre Paraguay y Brasil tiene 438 kilómetros de extensión desde Salto del Guairá, Canindeyú, donde acaba el límite fluvial del río Paraná, hasta Bella Vista Norte, en Amambay, donde comienza la divisoria del río Apa y el arroyo Estrella. En gran parte el límite es apenas un polvoriento camino de tierra o un descascarado hito de cemento en medio de la nada, sin ningún tipo de vigilancia.

Si alguien quisiera entrar ilegalmente de Brasil a Paraguay, bastaría con trasladarse hasta unos pocos kilómetros en las afueras de cualquier ciudad de la frontera seca (en Brasil casi no existen restricciones de movilidad) y cruzar a pie, en moto o a caballo, por algunos de esos sitios desguarnecidos.

No existen cámaras de circuito cerrado entre los árboles o los pastizales. No hay patrullas ni ejército suficiente para cubrir tamaña extensión limítrofe.

Este es el verdadero peligro que nos acecha y no el de los compatriotas que se aglomeran en el Puente de la Amistad pidiendo retornar legalmente con todo derecho a su patria, aquellos que se exponen a las inclemencias del frío, el sol o la lluvia, sabiendo que luego deberán cumplir largas cuarentenas en los albergues, y que además serán víctimas de estigmatización por parte de compatriotas poco solidarios, pero se someten igual a todo este calvario porque quieren hacer las cosas de manera correcta.

El Brasil, vecino país con el que nos une una historia conflictiva e intereses geopolíticos, se ha vuelto el mayor foco potencial de contagio del Covid-19 debido principalmente a la irracional actitud de su presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro, quien menosprecia los efectos de la pandemia. Las últimas cifras reportan 16.196 muertes y 243.968 casos confirmados. Un estudio de la Universidad de Washington estima que más de 88.000 personas morirían en Brasil para agosto si no se cambia la manera de enfrentar la pandemia.

Sin que sea una actitud xenófoba, el Gobierno paraguayo debe asumir una postura más crítica ante el riesgo de un contagio masivo desde Brasil, reforzando el control de las fronteras, principalmente en las zonas más permeables, y por sobre todo cortando de raíz el contrabando de productos que siguen llegando desde el otro lado con igual riesgo de transmitir el temible virus.

Sería una pena que todos los esfuerzos que hemos realizado en estos meses de pérdidas económicas, laborales, culturales, afectivas y hasta de salud mental, con importantes logros en términos de control de la pandemia, se echen a perder por no tener el debido cuidado ante una nueva invasión.

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del domingo 17 de mayo de 2020.

domingo, 3 de mayo de 2020

El avión que llegó de China



Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Ningún vuelo fue tan esperado como el del carguero SkyLease Cargo 4852 que debía llegar de Hong Kong, China, en la segunda semana de abril, con parte de una compra de 40.000 protectores faciales, 30.000 protectores oculares, 6 millones de mascarillas quirúrgicas, 160.000 trajes de protección biológica, 1.700.000 máscaras N95 y 50 camas hospitalarias que el Ministerio de Salud adjudicó en forma directa a las empresas Eurotec SA e Insumos Médicos SA, presupuestados en 150 millones de dólares, en el marco de la Ley de Emergencia, para equipar a los desguarnecidos hospitales y médicos que luchan contra la pandemia del Covid-19.

Tan seguro estaban de que la carga salvadora iba a llegar, que el presidente Mario Abdo Benítez emitió el Decreto 3525 el 9 de abril, flexibilizando la cuarentena para que obreros de la construcción civil salgan a trabajar… pero el avión de China no llegó y el Gobierno tuvo que dar marcha atrás.

Finalmente, el vuelo 4852 aterrizó en el aeropuerto Silvio Pettirossi el sábado 18 de abril, a las 08:53. Diputados de la oposición, entre ellos Celeste Amarilla, Kattya González, Sebastián García, Sebastián Villarejo, Carlos Rejala, se presentaron a verificar. A simple vista les pareció que los materiales eran de mala calidad. Desde el oficialismo, el diputado colorado Juan Carlos Nano Galaverna los acusó de “terroristas y figuretis” por pretender controlar.

Hubo otros indicios de que algo olía a podrido en la carga del avión de China. Ya había saltado el escándalo de presuntas compras fraudulentas en la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac) y en Petróleos Paraguayos (Petropar), provocando la renuncia de sus titulares Édgar Melgarejo y Patricia Samudio. Melgarejo está imputado y con prisión domiciliaria; Samudio, bajo investigación fiscal. Ambas instituciones siempre fueron antros de corrupción, pero costaba creer que, en el entorno de Salud, en donde el ministro Julio Mazzoleni y miembros de su equipo son los héroes de la resistencia contra el Covid-19, se metería mano en la lata.

Vecinos del barrio San Vicente alertaron que en un depósito de una sobrina de la senadora colorada Lilian Samaniego se ensamblaban camas traídas en el carguero. El empresario importador Ignacio Pidal aseguró que Melgarejo, siendo presidente de la Dinac, le pidió sobrefacturar a 200 dólares cada cama para Salud que él ofreció a 110 dólares. Otra vez el viejo esquema de empresas de maletín creadas para acaparar millonarias licitaciones estatales, en donde jovencitas de 20 años aparecen como prestanombres de legisladores, políticos y empresarios en las sombras.

En medio del escándalo, el ministro Mazzoleni informó que la esperada carga del avión de China debió ser rechazada porque los insumos no cumplen los requerimientos. Aseguró que no hubo sobrefacturación y no se perderá dinero, pues el seguro cubre el adelanto del 20% dado a las proveedoras, pero no quiso admitir que otras cosas sí se perderán. El avión que llegó de China trajo un cargamento trucho inservible y se llevó de vuelta buena parte de la confianza en las autoridades que, en medio de la pandemia, se consideraban intachables. Aunque Mazzoleni asegure que “todo está bien”, hay renuncias de altos directivos de Salud ligadas a las sospechadas compras, con motivos que no se explican y se disimulan como “cuestiones personales”. ¿A quiénes protege el ‘capitán’? ¿Qué es lo que no nos cuenta?

El avión que llegó de China se llevó en su retorno también días de sufrimiento en cuarentena, exigidos a la gente para ganar tiempo y equipar hospitales, pero esto aún no se ha cumplido. Los médicos siguen reclamando que no tienen los equipos de bioseguridad, aunque algunos sean despedidos por hacer dichas denuncias.

¿Llegará otro avión de China a devolvernos todo el tiempo y el dinero perdidos, las esperanzas arrasadas, el arrebatado sueño de un país sin corrupción?

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del sábado 2 de mayo de 2020.


domingo, 26 de abril de 2020

Morir por volver a la patria


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Se llamaba Ricardo Duarte. Tenía 49 años de edad. Era un humilde poblador de la comunidad de Bonanza Tres de Mayo, distrito de Yatytay, Itapúa. Debido a la falta de oportunidades laborales en su propio país, al igual que muchos compatriotas, emigró a la Argentina. Junto a otros tres paraguayos estaban trabajando en un aserradero de Entre Ríos cuando llegó la pandemia del Covid-19, el establecimiento tuvo que cerrar y ellos quedaron despedidos.

Casi sin dinero y sin lugar en donde quedarse, Ricardo y los otros obreros paraguayos, Rosalino Acuña Olmedo, Édgar Duarte y Julio González, intentaron retornar a su valle, pero se encontraron con que los cruces de frontera estaban cerrados. Trataron de acudir a las autoridades del Consulado, pero solo se encontraron con negativas: “No se puede entrar”, “mejor quédense allí”. ¿Quedarse dónde? ¿Vivir de qué…? En su humilde valle campesino al menos tendrían un techo, una cama, un plato de saporó con mandioca, la cercanía solidaria de los familiares.

Dominados por la desesperación, apelaron al recurso de los paseros contrabandistas: Cruzar ilegalmente el limítrofe río Paraná desde la localidad de Puerto Rico, provincia de Misiones. Era la localidad más cercana frente a Bonanza Tres de Mayo. El ansiado valle se alcanzaba a ver al otro lado de la frontera.

Éver David Núñez, un afanoso canoero, aceptó hacerlos cruzar a cambio de un mínimo pago. La odisea se realizó en la madrugada del miércoles 22 de abril. Hacía frío y había una espesa niebla que facilitaba el paso a escondidas, pero la misma cobertura protectora les jugó una mala pasada. A unos cien metros de alcanzar la costa paraguaya, el canoero no pudo ver el montículo de piedras y la embarcación golpeó con violencia, volcándose. Todos cayeron al agua y nadaron desesperadamente. Ricardo Duarte no pudo lograrlo. La corriente lo arrastró. Su cuerpo fue hallado sin vida, poco después del mediodía, aguas abajo. Había logrado regresar a su patria, pero la avnrura le costó la vida.

El canoero y los demás tripulantes fueron arrestados, procesados y encerrados en cuarentena. Al menos consiguieron cumplir el objetivo de estar de nuevo en su país, aunque fuera en la cárcel.

Esta dramática historia real es apenas una más, entre muchas otras historias de compatriotas que se encontraban fuera del país cuando el mundo cerró sus puertas. ¿Acaso se les puede reprochar que, cuando llega el Apocalipsis, todos quieran volver a los brazos de la madre, que también es la patria? La Constitución dice que todo paraguayo tiene derecho a residir en su patria, pero no es fácil volver cuando están vigentes tantas restricciones sanitarias, tantas fronteras cerradas.

La patética imagen de cientos de compatriotas hacinados en el largo pasillo peatonal del fronterizo Puente de la Amistad, como encerrados en una triste jaula, provoca dolor e indignación, a la vez que también inspira temor de que puedan ser portadores del virus. Duele mucho que el país no tenga lugares apropiados para alojar a sus hijos que regresan en busca de auxilio y se demore tanto en abrirles las puertas, cumpliendo los estrictos protocolos sanitarios.

Por eso resulta igualmente indignante ver que altas autoridades, como la fiscala general del Estado, Sandra Quiñónez, intervengan para que un reconocido empresario que vuelve repatriado en un vuelo especial desde los Estados Unidos sea apartado de manera preferencial al llegar al aeropuerto y resulte eximido de los requisitos de control sanitario que se exigen a los demás ciudadanos. Esa distinción excepcional por encima de la ley que se le aplica de manera favorable al empresario Karim Salum, pero se le niega al humilde obrero migrante Ricardo Duarte, es la dolorosa expresión de un modelo de país discriminador que se resiste a cambiar, a pesar de la especial situación que nos plantea la pandemia.

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del sábado 25 de abril de 2020.

domingo, 19 de abril de 2020

Otra manera de vivir… y de morir




Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Encerrados desde hace semanas en nuestras casas, hartos de tanta familiaridad impuesta, solo esperamos que la maldita pandemia del Covid-19 acabe de una vez y podamos volver a la “normalidad” para recuperar tantos abrazos y caricias, domingos de asados y fútbol, estrenos de cine y teatro, conciertos masivos de música en vivo, ferias en la Costanera, encuentros en el colegio o en la facu, brindis con los amigos y amigas en el bar de la esquina.

Pero... qué pena. Los expertos aseguran que no será así. Aunque podamos ir saliendo gradualmente de la cuarentena y hayamos logrado “aplanar” o “martillar” la famosa curva, el virus seguirá allí, acechando como un mortal enemigo invisible y mientras no dispongamos de una vacuna (que –dicen– tardaría al menos un año) todas las personas, incluyendo a los “recuperados”, seguiremos siendo potenciales portadores del contagio.

Así que no, estimados amigos y amigas. No podremos regresar a la ansiada “normalidad”. Tendremos que acostumbrarnos a andar por la vida con tapabocas, a lavarnos las manos a cada instante, a desinfectar siempre todo lo que tocamos, a ir al trabajo con extremo cuidado, a guardar distancia física ante los demás. Tendremos que habituarnos a ver los partidos de fútbol solo por televisión, a asistir a los conciertos de nuestros artistas preferidos por internet, a hacer compras principalmente en tiendas virtuales, a cursar estudios online, a brindar simbólicamente con nuestros amigos y seres queridos a través de una pantalla. Tendremos que renunciar al apretón de manos y a los abrazos, al tereré compartido.

Tendremos que aprender otra manera de vivir... y de morir. Ni las despedidas a quienes fallecen podrán seguir siendo igual. Debemos romper tradiciones culturales y religiosas que llevan siglos, velar a nuestros muertos por escaso tiempo y en higiénica soledad.

Y aunque más tarde que temprano pueda ser posible retornar a lo que llamamos “normalidad”, probablemente no será lo recomendable. Tal como coinciden los pensadores, eso que consideramos “normalidad” es lo que nos ha llevado a esta situación.

Lo “normal” era exactamente el problema. Lo “normal” de sistemas de producción que desprecian el valor de la naturaleza, que arrasan con bosques y ecosistemas, que llenan el mundo de humo, basura y polución, que envenenan el aire, contaminan el agua y alteran el clima, que les dan poder a los políticos corruptos e insensibles, que se apropian de los recursos públicos y desprecian a las mayorías pobres, que discriminan y persiguen a quienes son diferentes o piensan de modo distinto, que privatizan y mercantilizan la salud, que ponen a la salud pública y a la educación en último lugar.

Por sostener algo similar en una entrevista concedida a la renovada versión digital del mítico periódico “Adelante” del Partido Comunista Paraguayo, el médico Guillermo Sequera, director de Vigilancia de Salud del Ministerio de Salud, uno de los hombres claves en la lucha contra la pandemia del coronavirus, ha sido objeto de una virulenta campaña por parte de un sector reaccionario de la política y la sociedad de nuestro país. Lo acusan de “comunista”, usando un recurso que quizás era válido hace más de 30 años, en plena dictadura stronista, pero Sequera solo expuso el pensamiento de filósofos y cientistas sociales de todas las tendencias, una convicción que empieza a consolidarse en todo el planeta.

Aceptémoslo: la forma de vida que conocíamos no va a volver. Para sobrevivir al Covid-19 debemos cambiar drásticamente nuestra forma de hacer casi todo lo que hacemos: cómo trabajamos, cómo hacemos deporte, cómo salimos a farrear, a comprar, a atender nuestra salud, a educarnos y a educar a nuestros hijos, a cuidar a los miembros de la familia, a producir creativamente.

Otro mundo es posible a partir de la crisis. En nuestras manos está hacerlo mejor o peor.

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del sábado 18 de abril de 2020.

(Fotografía: Desirée Esquivel).


miércoles, 15 de abril de 2020

Covid-19 en Paraguay: Los fallos que ponen en riesgo la salud


Venciendo temores y prejuicios, el martes 14 de abril fuimos en misión periodística desde nuestra base de cuarentena en Atyrá hasta la compañía Itapirú de Arroyos y Esteros, Departamento de Cordillera, la pequeña comunidad rural de aproximadamente 200 familias que desde el lunes está bajo bloqueo sanitario, luego de haberse revelado que un sexagenario poblador que padecía de leucemia, fallecido el sábado a la noche en el Hospital de Clínicas, había sido velado durante el domingo en su domicilio con varias personas y sepultado el lunes a la mañana, acompañado de muchos vecinos, cuando se les comunicó que la causa de la muerte fue Covid-19.

Con autorización del intendente municipal Lázaro Ovelar, tomando las prevenciones sanitarias de rigor, pudimos franquear la barrera policial establecida a la entrada, que no permite que los pobladores salgan del lugar por 15 días.

Ante la gravedad del caso, esperábamos hallar una dotación de técnicos de salud vestidos como astronautas, como en las películas, procediendo a asistir a la población, pero… nada.

La calle principal lucía vacía y desolada, los pocos almacenes y despensas estaban totalmente cerrados, los rostros campesinos que nos miraban con miedo tras los vidrios o barrotes de las ventanas. El miedo se sentía en el aire.

En el cementerio tuvimos la suerte de encontrar a un hombre que tomaba notas y verificaba la situación. Así conocimos al doctor Gustavo Américo Gamarra, terapista del Hospital Militar, quien también es un poblador de Itapirú y había asistido al paciente S. V., días antes de que fuera llevado otra vez con urgencia a Clínicas. Él nos mostró las precarias condiciones en que se hallaba el panteón donde fue alojado el féretro, con finas paredes de ladrillo que contenía visibles grietas, tal como lo retratamos en el reportaje que publicamos este miércoles en Última Hora, y que lo pueden leer al final de este posteo.

Creímos que iba a resultar difícil hablar con los pobladores, pero al salir del cementerio un nutrido grupo de ellos nos estaban esperando. El encuentro fue impresionante. Estaban parados en medio de la calle, distanciados a unos metros, unos de otros. Mujeres y hombres. Algunos llevaban tapabocas, a falta de ellos otros se cubrían el rostro con prendas de vestir atados sobre el rostro, o como la mujer que hizo de vocera, Liza Ferreira, sostenían una remera contra la boca y la nariz, como si de ese modo pudiesen protegerse contra el virus.

Fue impresionante escucharles por el miedo y el susto que demostraban, relatando la angustia de encontrarse en una situación que ni buscaron ni esperaron, y sobre todo que se sentían muy abandonados y desamparados por las autoridades, muchos de ellos sin ninguna forma de sustento. Simplemente se les aisló y se los dejó como prisioneros del bloqueo total, con la incertidumbre de no saber quiénes pudieron haberse contagiados, y con el temor de que el cuerpo del poblador fallecido estaba allí, sin haber sido enterrado bajo tierra, ni incinerado, apenas depositado en un precario panteón de cemento en la superficie, aun con grietas visibles en el momento en que estuvimos allí.

Aquí quedan varias cuestiones que deben ser revisadas.

Lo primero es que evidentemente hubo fallos en el protocolo que se siguió desde el Hospital de Clínicas.

Según el médico Gustavo Gamarra, quien conoce a profundidad el caso, el sexagenario S. V. se contagió probablemente con el Covid-19 tras su última sesión de quimioterapia en Clínicas, en los primeros días de abril, debido a sus bajas defensas.

En ese estado fue traído de vuelta a su comunidad, en donde, ya probablemente en situación de infectado con el coranavirus, tuvo contacto con mucha gente, no solamente en Itapirú, sino en la misma ciudad de Arroyos y Esteros, ya que acudió con sus familiares a una farmacia y a otros negocios.

Cuando el abuelo S. V. se sintió muy enfermo, con alta fiebre y casi sin glóbulos blancos, en los días de Semana Santa, el doctor Gamarra recomendó que lo vuelvan a llevar con urgencia al Hospital de Clínicas, en San Lorenzo. Así se hizo. Allí murió el sábado 11 a la noche. Los médicos le hicieron una segunda prueba de Covid-19 al paciente, cuyos resultados estarían el lunes 13 (ya le habían hecho un primes test, que dio negativo) y decidieron entregar el cuerpo a los familiares en la mañana del domingo 12, tras asegurarse de que una funeraria de Caacupé proceda a lacrar el ataúd, con todos los cuidados sanitarios, antes de trasladarlo. Supuestamente dieron precisas instrucciones para que sea llevado directamente al cementerio de Itapirú, lo cual no se cumplió.

Aquí está un grave fallo. Según el ministerio de Salud, aunque no exista confirmación de Covid-19, todos los decesos deben manejarse con protocolo como si fueran casos de infección: ataúdes sellados, sin velatorios, sepelios sin aglomeración y con máxima seguridad.

Los médicos supuestamente confiaron en que los familiares llevarían el cuerpo directo al cementerio. No fue así. Confiados en que no tenía Covid-19, llevaron el ataúd directamente al domicilio, donde lo velaron durante toda la tarde y noche del domingo 12, madrugada del lunes 13, hasta proceder al sepelio el lunes a la mañana. En todos estos momentos, muchos pobladores se acercaron a dar sus pésames a los familiares, siguiendo la humana tradición cultural y religiosa.

A la mañana, tras culminar el sepelio, aparecieron las autoridades del Centro de Salud local con gente de la Fiscalía de Cordillera y la Policía a avisar que el segundo test de coronavirus había dado positivo. Allí se desató el escándalo y cundió el miedo. Hubo un fuerte altercado entre gente de la Fiscalía y los familiares del fallecido. Se ha buscado echar la culpa principalmente a los parientes.

Pregunta: ¿No deberían las autoridades del Hospital de Clínicas haber comunicado este caso a las autoridades del Ministerio de Salud, para extremar cuidados? ¿No deberían haberse preocupado de que se cumplan las indicaciones de deposición del cuerpo según el protocolo sanitario, avisando a la policía de Arroyos y Esteros y de Itapirú para que controlen que así ocurra? Son los graves fallos que se cometieron y que urge revisar, para que no vuelva a ocurrir un lamentable episodio como el de la compañía Itapirú.

Mientras tanto, unas 200 familias viven con suma angustia, con muy poca información y muy escasa asistencia, encerrados en su territorio, casi sin víveres y sin orientación, dispuestos incluso a quemar el panteón que consideran es un riesgo al acecho. Un triste episodio del que hay que tomar urgentes lecciones.

Andres Colmán Gutiérrez

Fotos: Desirée Esquivel.

El médico Gustavo Gamarra muestra las grietas del panteón donde se alojó al fallecido por Covid-19 en Itapirú.

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(A continuación, el reportaje publicado este martes 15 de abril de 2010 en el diario Última Hora).

Negligencia y miedo en torno al fallecido por Covid-19 en Itapirú

Policías de Arroyos y Esteros controlan el acceso a la compañía Itapirú, tras el bloqueo sanitario dispuesto por las autoridades
TEMOR. Pobladores que están en cuarentena amenazan con quemar panteón y piden ayuda.


FALLAS. Médico cree que contagio fue en Clínicas y acusa de errores en la entrega del cuerpo.



Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Fotos: Desirée Esquivel - @desiesquivel
ITAPIRÚ - CORDILLERA

“Las autoridades ya nos tenían olvidados, ahora además nos tienen como presos y en grave peligro de morir”, dice Liza Ferreira, pobladora de la compañía Itapirú, Arroyos y Esteros, parada en medio de la calle de tierra junto a otros vecinos que la secundan, manteniendo metros de distancia. A falta de tapabocas ella se cubre el rostro con un paño blanco, que no alcanza a ocultar el miedo en su mirada ni a disimular el enojo y la angustia en su voz.

Es mediodía del martes y el miedo se siente en el aire enrarecido de esta pequeña comunidad rural habitada por unas 200 familias, quienes desde el lunes permanecen en zozobra, tras enterarse que un vecino de 67 años de edad, querido y respetado, a quien muchos acompañaron en su velorio y en su sepelio, había muerto contagiado del Covid-19.

“No sabíamos que él se contagió del coronavirus. Muchos fueron al velorio y acompañaron al cementerio. Después llegaron los de la Fiscalía. Ahora tenemos miedo, no sabemos quiénes fueron contagiados. Encima nos tienen presos, no podemos salir, mi marido trabaja en Asunción y me tiene que enviar plata para la comida, pero no puedo recibir, las despensas están cerradas. Las autoridades no aparecen”, reclama Liza y varias voces se unen a su indignación. “Si no llevan el cuerpo contagiado de aquí, vamos a quemar el panteón por nuestra seguridad”, advierten.

BARRERA. Dos tiras de cintas amarillas cierran los dos caminos de acceso a Itapirú. Agentes de Policía controlan que los pobladores no salgan. Los pocos locales comerciales están cerrados. No se ven personas en las calles. En el cementerio, un hombre toma notas en una planilla. Es el doctor Gustavo Américo Gamarra, médico terapista del Hospital Militar, quien también vive en Itapirú, fue director del centro de salud local y conoce el caso en profundidad.

“Conocí bien al señor (la víctima). Tenía leucemia y acudía a hacerse quimioterapia en el Hospital de Clínicas, en San Lorenzo. Entre el 5 y 6 de abril estuvo allí, probablemente entonces contrajo el coronavirus”, explica.

El martes 7 de abril, una hija del sexagenario buscó a Gamarra porque su padre estaba con fiebre. Tenía apenas 1.200 glóbulos blancos. Al día siguiente, miércoles 8, pasó a verlo en su domicilio. “Les dije que lo lleven urgente al hospital. La hija me llamó y me contó que le diagnosticaron NIH (neumonía intrahospitalaria), en Clínicas ya sabían que él había adquirido una infección allí. Murió el sábado 11 a la noche. Le hicieron una segunda prueba de Covid-19 (la primera había dado negativo) y entregaron el cuerpo a los familiares el domingo 12”, relata Gamarra.

FALLAS DE PROTOCOLO. Una empresa funeraria de Caacupé cerró el ataúd y trajo el cuerpo hasta el domicilio de la familia en Itapirú, el domingo 12. “Debían enterrarlo enseguida, pero trajeron a velarlo en la casa durante la tarde y noche del domingo. Mucha gente vino al velorio y acudió al sepelio el lunes”, narra el médico Gustavo Gamarra.

Poco después del sepelio aparecieron las autoridades sanitarias y de la Fiscalía con el resultado del último examen, revelando que el paciente dio positivo a coronavirus. La alarma se disparó. Hubo una fuerte discusión entre la gente de la Fiscalía y los familiares en la entrada del cementerio.

El doctor Gamarra cree que hubo poco cuidado en Clínicas al entregar el cuerpo a los familiares, cuando probablemente ya había sospechas sobre coronavirus. “Tampoco nadie controló que el cuerpo se entierre enseguida, que se cumpla el protocolo”, destaca.

Hubo muchas mentiras. “Un fiscal de Caacupé aseguró que el cuerpo se enterró bajo tierra, según el protocolo, pero no es así”, indica. Acompaña a los periodistas a verificar el precario panteón y muestra las grietas visibles que el panteón tiene en la parte posterior. “Esto no responde al protocolo de seguridad médica, aquí se cometieron muchos fallos”, asegura.

ANGUSTIA. En una casi desierta sede de la Municipalidad de Arroyos y Esteros, el intendente Lázaro Ovelar reconoce su preocupación. “Los pobladores están molestos y con miedo, necesitamos asistencia de las autoridades nacionales. El bloqueo sanitario agravará la situación. Aquí hay 7.200 personas humildes que se anotaron para recibir subsidios del programa Ñangareko, pero no cobraron aún un solo guaraní. Ni siquiera pueden ir a pescar porque está prohibido. Hacemos todo lo que podemos por ayudar, pero nuestros recursos son limitados. Y aún no sabemos cuántos más se contagiaron”, indica.

BAJO CONTROL. Respecto al manejo del Hospital de Clínicas, que hoy evalúa enviar a cuarentena a su personal de salud, el doctor Eduardo Jara, director de la tercera Región Sanitaria de Cordillera, dijo: “No quiero arriesgarme y decir en qué momento o quién falló, porque Clínicas no depende del Ministerio de Salud y no sé cuál fue el manejo que se dio en ese lugar”.

La autoridad sanitaria asegura que la situación en la compañía Itapirú está bajo control. Se detectó a todos los que asistieron al velorio y al sepelio, se los mantiene en cuarentena y el panteón será revestido con una pared más gruesa de cemento. “Tenemos a unas diez personas trabajando en el caso”, expresó.

Vista del cementerio de Itapirú, convertido en un foco de temor para la población local.

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Médicos del Hospital de Clínicas podrían ir de cuarentena

El doctor Jorge Giubi, director general asistencial del Hospital de Clínicas refirió que “lo que pasó es peligroso y preocupante porque Salud dictó un protocolo de manejo de fallecidos sospechosos y que se socializó. No hay que velarle al paciente, que tiene que estar en el cajón cerrado, sellado, y que tiene que ir directo al entierro”.

Agregó que “era un enfermo leucémico que estaba en tratamiento en el Hospital de Clínicas en forma programada, estuvo hace 10 días para hacerse una quimioterapia dentro de la institución, se hizo la quimio, y se fue de alta. Y el paciente volvió el viernes 10 al hospital con un agravamiento de su cuadro leucémico, vino con fiebre y ahí se constató un problema respiratorio, y se le pasó al área respiratoria, como un caso sospechoso del Covid-19”.

“Este paciente fallece en estado grave. Los familiares estaban en conocimiento de que era un sospechoso del Covid. Se les dijo que se envió la muestra. Creo que hubo una dificultad económica para trasladar el cuerpo entonces fue llevado a la morgue, la funeraria cumplió con el protocolo para el retiro del cuerpo del paciente”, dijo Giubi.

El director indicó que unos 40 funcionarios, entre médicos, enfermeros y otros trabajadores de la salud del Hospital de Clínicas podrían ser sometidos a cuarentena, luego de haberse constatado el fallecimiento del sexagenario procedente de Arroyos y Esteros.

Giubi, admitió que se trata del primer paciente fallecido por coronavirus en Clínicas y el caso implica una evaluación de lo ocurrido, para corregir los fallos que se puedan haber podido cometer. “Todos estamos aprendiendo de este proceso”, indicó en una entrevista radial. “En un sistema de salud donde tenemos pocos recambios esto golpea mucho, pero vamos a hacerlo”, agregó sobre la cuarentena del personal de blanco.