lunes, 31 de julio de 2017

El viento de agosto


¿Pueden escuchar como grita
el viento de agosto entre las ruinas…?

Viento norte cálido y rebelde
que envuelve a los negros muñones
de hierro y cemento
que acaricia los restos de irreconocibles objetos
retorcidos entre los escombros
rescatando cuatrocientas historias humanas
trágicamente interrumpidas.

Viento indignado
que se detiene reverente
ante el altar de las víctimas
para no apagar las débiles llamitas
de las velas encendidas
que chisporrotean en el aire húmedo
junto a esos nombres inmortalizados
en ajadas fotografías
y desgarradas letras de memoria.

En sus alas malheridas
el viento devuelve los ecos
de aquel 1 de agosto de 2004
antes de las 11.20 de la mañana
cuando la vida todavía era vida
y la alegría cotidiana estallaba
bajo el radiante Sol del domingo
en el antiguo y querido barrio
de la Santísima Trinidad.

Aire poblado de risas infantiles,
olor a tallarines caseros
y parrillas en el patio
y aquel supermercado repleto de gente
disfrutando de un alegre día en familia.

Y de pronto la explosión sorda…
¡y el mundo que se quiebra en pedazos!

***

Trece años
tratando de curar heridas
que ya no pueden sanar
intentando recomponer pedazos
de vida fragmentada
buscando la identidad
en cada resto u objeto sobreviviente.

Trece años de lucha y encuentro solidario
portando la foto del ser querido
como una marca de fuego en el corazón
levantando la memoria herida
como bandera de dignidad
buscando razones para la esperanza.

Trece años intentando comprender
una sentencia judicial mezquina
que nunca podrá reparar lo irreparable.

Trece años de mirarle la cara
a la miseria humana
convertida en sistema
de corrupción e impunidad.

Seamos hoy 
todos y todas
este cálido viento de agosto
para abrazar a las víctimas
y a los familiares del 1A
en una gran cadena de solidaridad
que no la pueda quebrar el tiempo
ni la soledad
ni la infamia.

¡Otro Ycuá Bolaños… NUNCA MÁS!


Andrés Colmán Gutiérrez

jueves, 20 de julio de 2017

El boom del cómic paraguayo


Sin superhéroes con capas, con relatos basados en la historia y la literatura del Paraguay, el cómic nacional vive una explosión de nuevas ediciones, con un renovado interés de los lectores. La obra 1811 se distribuyó en más de 70.000 ejemplares y Carpincheros arrancó su primera edición con 5.000 copias.

 Por Andrés Colmán Gutiérrez

Los cómics más difundidos en el país no han sido los de algún superhéroe con capa, ni la saga de alguna guerra espacial con naves estelares, sino 1811, una novela gráfica de Robin Wood y Roberto Goiriz sobre la Independencia del Paraguay, que llegó a alcanzar más de 70.000 copias en sus distintas versiones, y Carpincheros, un clásico cuento de Augusto Roa Bastos, con guion de Javier Viveros y dibujos de Juan Moreno, que en su primera edición lanzó 5.000 ejemplares.
Cualquiera de las dos cifras es elevada para el mercado de publicaciones en el país. Ni las novelas más exitosas, ni los libros de temas más actuales, alcanzan ese volumen de impresiones.
La obra Carpincheros, que inicia la colección Literatura paraguaya en historietas de la editorial Servilibro, estaba pensada para 1.000 ejemplares, pero cuando la directora, Vidalia Sánchez, vio la impactante portada dibujada y pintada por Juan Moreno, con los legendarios cazadores de carpinchos avanzando en medio de la noche a bordo de primitivos cachiveos, entre el reflejo de fogatas encendidas sobre camalotes flotando a ras del agua, decidió arriesgarse y elevó el tiraje.
No se equivocó. “Apenas el material salió en circulación, varios lectores, principalmente educadores de colegios, se pusieron en contacto para obtenerlo. La colección está teniendo mucho suceso. El cómic ejerce una atracción especial en los jóvenes por la fuerza de las imágenes y el colorido de los dibujos. Es un excelente medio para dar a conocer los temas de la historia y de la literatura de nuestro país”, afirma Vidalia.
Servilibro ha creado un sello alternativo, Servicomics, en donde ya lleva editado cerca de diez títulos y además planea crear una sección especial de comics en su local central de la Plaza Uruguaya, en donde ofertar todas las publicaciones de la historieta nacional, incluyendo obras de otras editoriales y ediciones independientes.

Quimera, la primera revista paraguaya de historietas, aparecida en 1981.

Entre Quimeras y Raudales

Las primeras obras conocidas de historieta en el Paraguay fueron Ivo, el piloto audaz, una serie escrita y dibujada por el arquitecto Aníbal Ferreira Menchaca, alias Tata, publicada por primera vez en la revista infantil Farolito, en octubre de 1964; El niño de Pikysyry, una serie ambientada en la Guerra del 70, realizada por Juresuk, publicada en la misma época; y una serie sobre la vida del presidente Carlos Antonio López, realizada por el escritor y pintor boliviano Gil Coimbra.
En 1967, en Buenos Aires, otro creador paraguayo llamado Robin Wood empezó a publicar sus primeros guiones de historietas en las revistas de la Editorial Columba, principalmente una serie que se volvió leyenda a nivel internacional: Nippur de Lagash, con dibujos del argentino Lucho Olivera. En poco tiempo, Wood llegó a convertirse en uno de mejores escritores de comics del mundo.
A nivel local, el creador Carlos Argüello dio a conocer en 1978 a Avaré, un personaje de historietas ambientado en la época de la conquista española, que se publicó en el suplemento infantil de Última Hora, a razón de una página semanal a todo color. Fue el primer héroe de aventuras en el mundo guaraní.
El propio Argüello, unido a otros dos jóvenes artistas, Juan Moreno y Roberto Goiriz, en 1981 editaron Quimera, la primera revista paraguaya de historietas. Como la mayoría de las publicaciones de la época, era hecha a pulmón por sus autores, vendida de mano en mano entre los amigos, generando ingresos que apenas alcanzaban a pagar los costos de impresión.
Ante esa realidad, Roberto Goiriz, Juan Moreno y Nico Espinoza editaron en 1984 El Raudal, una revista humilde en formato pero revolucionaria en contenido, realizada en blanco y negro y multicopiada en papel oficio para abaratar costos. Fue el espacio de expresión para una generación sofocada por la dictadura, usando el humor y la historieta como forma de rebeldía política. Siete ediciones circularon de mano en mano, subterráneamente, hasta que la octava acabó inevitablemente censurada.


La historia en historietas

“En mi experiencia, la historieta siempre despierta atención. Se trata de un atractivo formato que mezcla arte y literatura de una forma tal que resulta muy fácil acercarse a una revista, un álbum, un libro que contenga ese tipo de historias. Y cuando se da el condimento adicional de un tema interesante, como la historia o la literatura, se suma ese público, el que está interesado en ese tema, sin necesidad de que tenga una lectura previa de cómics”, destaca Roberto Goiriz, considerado uno de los maestros pioneros del cómic paraguayo.
Goiriz es creador de varios personajes clásicos, como el caricaturesco Jopo o el antihéroe Heyulúnex, pero ninguno de ellos tuvo tanto éxito como la novela gráfica 1811, que dibujó sobre guion del gran escritor Robin Wood, para homenajear al bicentenario de la Independencia, en 2011.
Inicialmente, la Fundación El Cabildo imprimió 10.000 ejemplares de 1811. Luego, el diario ABC Color editó 40.000 ejemplares en forma de fascículos. Con apoyo de empresas y cooperativas, hubo otra tirada de 20.000 ejemplares para El Cabildo, más unos 3.000 ejemplares que editó Goiriz, por cuenta propia. “En total salieron unas 73.000 copias de la obra, creo que fue todo un récord”, sostiene el dibujante.
En esa misma trayectoria, en 2015 Goiriz se unió al historiador Jorge Rubbiani para realizar Paraguay Retä Rekove, una serie de 8 fascículos publicados por el diario ABC Color, con relatos de la historia paraguaya en cómic, abarcando desde el final del gobierno del dictador Rodríguez de Francia hasta mitad de la Guerra de la Triple Alianza, involucrando a dibujantes y guionistas paraguayos, argentinos y uruguayos. Una segunda parte del proyecto está actualmente en preparación.


El fenómeno Epopeya

Javier Viveros es un consagrado poeta y cuentista paraguayo, a quien un día la editora Vidalia Sánchez le mostró el álbum de comic Vencer o Morir, sobre la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) realizado por el historietista Enzo Pertile, y le preguntó: “¿Vos podrías escribir historias así?”.
Cautivado por los dibujos, Javier aprendió cómo escribir un guion de comics y empezó a adaptar varios de sus cuentos sobre la Guerra del Chaco (1932-1935), que fueron dibujados por Enzo Pertile y Juan Moreno. Con el título de Pólvora y polvo, las historietas bélicas se publicaron a partir de marzo de 2013 por el diario Última Hora, en una serie de 16 fascículos coleccionables.
En vista a la buena repercusión, Viveros escribió más guiones y preparó una segunda parte, en la que además de Pertile y Moreno involucró a los dibujantes Roberto Goiriz y Kike Olmedo, pero cuando presentó el proyecto de 20 episodios, los directivos del periódico le dijeron que en ese momento no lo iban a poder publicar. Otras editoriales tampoco se mostraron  interesadas.
Ante esa situación, el escritor decidió convertirse él mismo en editor. Pidió presupuestos de impresión para un álbum de 170 páginas a color y convocó a los lectores a través de una página en Facebook para que reserven anticipadamente su ejemplar, llenando un formulario en internet. La respuesta fue positiva y en pocas semanas se comprometieron más de 300 lectores a pagar 100 mil guaraníes por ejemplar, asegurando cubrir los costos.
Así nació el primer álbum gráfico Epopeya y se empezó a gestar Epopeya II, en la que intervinieron varios otros guionistas y dibujantes de Paraguay y Bolivia, los dos países que participaron de la Guerra. El segundo álbum se editó con mucho suceso en abril de 2016.
El fenómeno no se detuvo allí. Historiadores y apasionados por la historia se sumaron al proyecto junto con Viveros y en octubre de 2016 dieron vida a Epopeya Guerra Guasu, un álbum con 20 historias de la Guerra de la Triple Alianza, con participación de 35 guionistas, dibujantes y coloristas de los cuatro países involucrados en la contienda bélica: Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay.
“El cómic, al igual que el cine o la literatura, requiere de historias y tanto nuestro pasado patrio como nuestra literatura las tienen en calidad y cantidad. Son fuentes válidas y muy ricas”, destaca Javier Viveros, al explicar el gran interés que las publicaciones están despertando.
El historiador Fabián Chamorro, quien participó como co-editor y guionista en Epopeya Guerra Guasu, refiere que el cómic “es una herramienta diferente y más atractiva para los jóvenes especialmente. En un país en donde al audiovisual le falta aún caminar mucho, y en donde las herramientas digitales, como las aplicaciones, todavía no encontraron en la historia y la literatura una veta, entonces el cómic se convierte en el mejor camino de difusión”.

"Un problema de volúmenes", de Helio Vera, con guion de Colmán Gutiérrez y dibujos de Juan Moreno.

La literatura llega a través del comic

El más reciente fenómeno, revelado durante las actividades por el centenario del escritor Augusto Roa Bastos, tiene que ver con la adaptación de algunos de sus cuentos clásicos y su biografía en formato de historietas.
Inaugurando la colección Literatura paraguaya en historietas, dirigida por Javier Viveros para la editorial Servilibro, el mismo adaptó tres cuentos de Roa Bastos, Carpincheros (con dibujos de Juan Moreno), Pirulí (dibujado por Ruweman Amarilla) y Audiencia Privada (ilustrado por ADAM), que incluyen una guía de lectura para docentes, elaborado por la escritora Maribel Barreto.
La serie seguirá con adaptaciones de otros narradores paraguayos, como Un problema de volúmenes, de Helio Vera (guion de Andrés Colmán y dibujos de Juan Moreno), El doctor lluvioso, de Josefina Plá (guion de Viveros y dibujos de Moreno), La calesita de Ferreyra, de Gabriel Casaccia (guion de Colmán y dibujos de ADAM), entre otros títulos.
Paralelamente, Servilibro dio a conocer la colección Protagonistas de la historia en Paraguay, con biografías de grandes personajes en historietas. El primer volumen, Augusto Roa Bastos, el supremo escritor, con guion de Andrés Colmán Gutiérrez y dibujos de ADAM, se presentó con mucho éxito durante la Feria Internacional del Libro de Asunción, y seguirán las biografías de figuras como Serafina Dávalos, José Asunción Flores, Carlos Antonio López, Agustín Barrios, Rafael Barrett, Arsenio Erico, Josefina Plá, entre otros.
Como nunca antes, el cómic paraguayo vive un boom editorial.
 
Otra obra de la colección "literatura en historietas".
Construyendo el imaginario

“Los creadores del cómic están logrando lo que hasta ahora, por diversas razones, no estamos pudiendo lograr desde el cine y otras expresiones artísticas: construir un imaginario del Paraguay”, destaca el cineasta Hugo Gamarra, director del documental El portón de los sueños, sobre la vida y obra del escritor Roa Bastos.
Su colega, el cineasta Ray Armele, agrega que las obras en cómic “están contando las historias que la televisión paraguaya no cuenta, al no existir un apoyo para las realizaciones audiovisuales”.
Para el historiador Fabián Chamorro, las historias en cómic constituyen un instrumento pedagógico, una puerta de entrada para que los niños y jóvenes se interesen por temas que desde los libros de textos no atraen mucho. “Es ideal didácticamente hablando para niños y adolescentes, y es entretenida para el adulto”, destaca.
Paraguay tiene aún pocos guionistas, pero sí a excelentes dibujantes que publican a nivel internacional. Roberto Goiriz publicó en Brasil, Estados Unidos y en Italia, y ha dibujado dos series del guionista Robin Wood para revistas europeas: Hiras, hijo de Nippur y la futurista Warrior M. Enzo Pertile publica en la conocida editorial norteamericana Dark Horse y Carlos Arguello dibuja al legendario personaje Tarzán para la Edgar Rice Burroughs y también para Dark Horse. Kike Olmedo ha empezado a ilustrar Dago, el personaje más famoso de Robin Wood, para la editorial Eura de Italia.
A nivel nacional, aún existen dificultades para dar a conocer sus creaciones. “El principal problema tiene que ver con la distribución. Mercado hay, lo hemos comprobado con el proyecto de autogestión: en menos de seis meses vendimos los mil cien ejemplares que imprimimos de Epopeya - Guerra del Chaco. Hay guionistas y dibujantes de valía, hay público interesado y temas a granel. Lo que falta es una buena red de distribución, esto en caso de que uno quiera aventurarse a publicar por su cuenta, aunque el uso de las redes sociales atenúa este problema”, afirma Javier Viveros.
“Del lado de las editoriales hay una franca miopía. No en todas, afortunadamente. El proyecto Literatura paraguaya en historietas, se ha coronado de gran éxito. Servilibro le ha apostado fuerte y salen tiradas de cinco mil ejemplares por título, esto habla de la vitalidad que tiene el género en la actualidad”, destaca.
Para Roberto Goiriz, también, la principal dificultad local es la escasez de editores con visión. “Solo ahora, en el tercer milenio, habiendo sobrepasado sus cien años de edad, la historieta comienza a ser considerada un rubro interesante al que apostar. Se tardó un poco, pero es bienvenida esa atención y ojalá de ella resulten más proyectos y publicaciones. Hasta los diarios, que en el nacimiento mismo de la prensa utilizaron muchos cómics como parte de su contenido, y gracias a ello mantuvieron o aumentaron sus ventas, con el tiempo los abandonaron. En esta época de ventas decrecientes, los diarios y otras publicaciones en papel deberían prestar mucha atención al fenómeno que está ocurriendo”, señala.

Como en su clásico lenguaje, el boom del cómic paraguayo se inscribe sobre una trillada frase: Continuará…

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(Una versión más resumida de este artículo se publicó originalmente en la revista VIDA de Última Hora, en ocasión de su edición especial número 1.000, el sábado 15 de julio de 2017).

Parte de los muchos títulos publicados por los artistas del cómic nacional.