jueves, 18 de diciembre de 2014

El desafío de salvar a una paraguaya condenada a muerte




Amnistía Internacional Paraguay inicia una campaña solidaria para buscar impedir que la Justicia china ejecute a la paraguaya Rosalía Amarilla, detenida con tres kilos y medio de cocaína. La historia de la mujer, atrapada en una red de trata de personas y narcotráfico que une Ñemby con Beijing, es conmovedora.

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

El 14 julio de 2012, Rosalía Amarilla, entonces de 31 años de edad, técnica en administración de empresas, dejó sorpresivamente su trabajo en una fábrica de confección de prendas de vestir, en su ciudad Ñemby, cercana a la capital paraguaya Asunción, aceptando la "tentadora oferta" que le habían hecho algunas personas, de poder viajar para tener un mejor porvenir para ella y para su único hijo varón, de 3 años de edad.
Rosalía trabajaba mucho y ganaba muy poco en aquel oficio casi doméstico, en donde también se empleaba su mamá, Arminda Escobar. Esa dura realidad cotidiana en la que ella se manejaba, fue la que utilizaron los "captadores" para interesarla en aquel viaje que iba a "cambiar su vida".
No se conocen muchos detalles acerca de cómo fue aquel primer viaje, similar al que han emprendido –y siguen emprendiendo- muchas humildes mujeres paraguayas, principalmente en la zona de la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina, hacia mercados latinoamericanos, europeos o asiáticos de la trata de personas, casi siempre ligados también al narcotráfico.
Su mamá Arminda y sus demás familiares solo recuerdan que ella desapareció repentinamente y recién cuatro días después, el 18 de julio, ella llamó por teléfono, explicando que estaba en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, “con una señora” y que regresaría al Paraguay en una semana.
La reconstrucción del viaje, en una posterior investigación, apunta a que ella fue engañada por otras personas (principalmente una mujer) para viajar a Sao Paulo a comprar prendas de vestir y traerlas al Paraguay para revenderlas, con lo cual ganaría “buen dinero” para poder ayudar a su madre y a la mantención de su hijo pequeño.
Los investigadores de la Fiscalía y la Cancillería tienen datos de que ella fue llevada primero a Ciudad del Este y a Foz de Yguazú, en la zona de la Triple Frontera, y desde allí a Sao Paulo.
Hugo Morel, de la Dirección de Atención a Connacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores, dijo en un primer reportaje que Última Hora publicó en setiembre pasado: “En principio, tomamos el caso como trata de personas, porque ella (Rosalía) fue engañada. Fue captada en Ciudad del Este, de ahí fue a trabajar a Foz de Yguazú, de ahí la llevaron a São Paulo (Brasil) y de ahí la embarcaron a China, llevando 3 kilos 600 gramos de cocaína”.
Los familiares habían perdido todo contacto con ella, hasta que, cinco meses después, mientras estaba en su trabajo, en la fábrica de prendas de vestir, su mamá Arminda recibió una llamada telefónica de larga distancia, en donde la voz de un hombre con acento colombiano le contó que su hija había sido detenida en el aeropuerto de Beijing, República Popular China, y se encontraba en la cárcel.
Como no podía entender muy bien lo que le decían desde el otro lado del teléfono, Arminda pidió que el hombre la vuelva a llamar. Mientras tanto presentó una denuncia ante la Fiscalía, donde dice que no la tomaron muy en serio.
Quince días después, ya en su casa, el colombiano volvió a llamar y ella grabó la conversación que se prolongó durante 20 minutos. Allí supo que el hombre era un familiar de otra chica colombiana que también estaba presa en el lugar, y que le estaba dando el aviso como un favor, a pedido de Rosalía.
Así se pudo saber que la mujer paraguaya fue embarcada desde Sao Paulo hasta Beijing, llevando adherido a su cuerpo 3 kilos 600 gramos de cocaína. En el aeropuerto del país asiático le esperaban tres hombres, pero el nerviosismo de la muchacha en los puestos de control llamó la atención de los guardias chinos, quienes la condujeron a un interrogatorio privado. Al verse descubierta, Rosalía admitió que llevaba “algo ilegal” adherido a su cuerpo.
Ella fue rápidamente procesada y, en base a la estricta legislación china, fue sentenciada a ser ejecutada.

El calvario ante la “justicia roja”.

Quienes hayan visto la película Justicia Roja, estrenada en 1997 bajo la dirección de Jon Avnet, protagonizada por Richard Gere y Ling Bai, se harán una idea de la manera implacable en que se aplica el sistema judicial en el régimen de la República Popular China, aunque aquella sea una historia de ficción.
Rosalía Amarilla.
Teresa Martínez, agente fiscal a cargo de la Unidad de Trata de Personas del Ministerio Público, relata que Rosalía “enseguida confesó que llevaba algo ilegal adherido a su cuerpo. Esa colaboración con las autoridades hizo que le tengan una mayor consideración”.
El caso de Rosalía (sin divulgar su nombre, a pedido de las autoridades, “para no entorpecer las acciones diplomátoicas”) fue expuesto inicialmente en un reportaje de Última Hora, que mencionaba la existencia de 3.000 paraguayos presos en el exterior, en su mayoría por tráfico de drogas, aunque el caso más grave era el de la compatriota detenida en China.
El primer gran obstáculo que se encontró fue que el Estado paraguayo no tiene relaciones diplomáticas con el país asiático, por lo cual se tuvo que acudir a la colaboración del Consulado argentino del país asiático, para prestar alguna asistencia jurídica a la compatriota.
Entre los logros obtenidos por la diplomacia argentina, se consiguió que Rosalía pueda comunicarse telefónicamente con sus familiares en Paraguay una vez al mes.
Se obtuvo que la paraguaya no sea ejecutada enseguida y que la fecha de condena sea postergada para el 20 de marzo de 2015. Se creía que en ese lapso se lograría obtener mayores beneficios para ella por vía diplomática, pero en realidad se hizo muy poco desde las esferas oficiales y la fecha de ejecución se acerca peligrosamente, por lo cual los familiares, desesperados, decidieron que se conozcan públicamente los detalles de la angustiosa situación en que se encuentra Rosalía.

Hubo mucha inacción del Estado paraguayo.

Esta semana, representantes de la organización Amnistía Internacional, capítulo paraguayo, y del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujeres (Cladem) mantuvieron una reunión con autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay, para evaluar la situación de Rosalía Amarilla.
Los activistas de derechos humanos salieron de la reunión “espantados”, según sus propias palabras, al advertir lo poco que el Estado paraguayo ha hecho hasta ahora por lograr que la compatriota detenida en China no sea ejecutada.
La situación de Rosalía es cada vez más grave, según sus familiares, porque ya ni siquiera la dejan comunicarse con su abogado, un defensor público nombrado por el mismo Estado chino.
Una de sus hermanas pudo hablar por teléfono con Rosalía y, a pesar de que le prohíben hablar en guaraní –ya que todas sus llamadas son controladas y grabadas-, ella pudo decirle en nuestro idioma nativo que no se había podido comunicar más con su abogado defensor. “Nda kuaavei mba’eve i chugui ("No sé más nada de él”), le confesó.
Ante esta situación, la organización Amnistía Internacional Paraguay, con apoyo de Cladem, iniciaron una campaña de solidaridad #RosalíaDebeVivir, para exigir al Gobierno y al Estado paraguayo que se movilicen todas las instituciones a nivel nacional e internacional, para impedir que Rosalía Amarilla sea ejecutada en marzo próximo.
Rosalía Vega, directora ejecutiva de la organización, destacó que buscan movilizar a la sociedad civil paraguaya para reclamar al presidente de la República, Horacio Cartes, y a todas las organizaciones del Estado, Cancillería, Fiscalía de Trata de Personas, que redoblen sus acciones para asistir a la paraguaya condenada a muerte y exigir su liberación, ya que la misma es, principalmente, una víctima de las redes internacionales de trata y narcotráfico.
“Estamos trabajando con la organización Cladem y con los familiares de Rosalía Amarilla, quienes están acompañando todos los procesos que realizamos. Hay abogados acompañando a una de las hermanas en el Poder Judicial para realizar el proceso de régimen de relacionamiento con el hijo de Rosalía, ya que, a causa de esta situación, se ha perdido el contacto con el niño”, explica Rosalía Vega.
La iniciativa consiste básicamente en tres pasos:

1-Firmar un petitorio a favor de Rosalía Amarilla en internet, en el siguiente enlace: http://amnesty.org.py/ciberaccion-detalle/?1, dirigido al presidente Horacio Cartes, con copia al canciller Eladio Loizaga

2-Enviar una postal de solidaridad a Rosalía. Dirección: Cárcel industrial: Beijing Women Prision, Nro 3 Runheixiang,Huifeng St, Quingfeng Rd, Tiantanghe, Daxing County. Postal Code: 102609 - Tel: 010-61276688

3- Invitar a 3 amigos o amigas para que realicen la misma acción.

El desafío es grande, pero es el mismo que Amnistía Internacional ha venido desarrollando en más de 70 años en todo el mundo: intentar salvar la vida de una víctima de una situación de injusticia, en este caso el de una mujer paraguaya condenada a muerte en la República Popular China.
¿Querés sumarte…?

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El santuario que un narco le construyó a la Virgen de Caacupé


Más pequeña que el santuario original, la réplica es igualmente imponente. Fue construida en Ciudad del Este por el narcotraficante Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, preso desde el 2011 por tráfico de cocaína. La "Basílica-í", como la llaman, fue nuevamente centro de devoción popular este 8 de diciembre.

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman 

Casi al mismo instante en que el obispo de Caacupé, monseñor Claudio Giménez, durante la homilía central del Tupasy ára reclamaba "la creación de nuevos carismas para hacerse cargo de los políticos, narcotraficantes...", a 272 kilómetros de la Villa Serrana, frente a otro santuario muy parecido, pero mucho más pequeño, se realizaba otra celebración dedicada a la Virgen de Caacupé.
La llamada "Basílica-í" (pequeña Basílica) es una réplica casi exacta del Santuario principal erigido en la ciudad de Caacupé y fue construida hace 14 años en el barrio Carmelitas de Ciudad del Este, por el narcotraficante Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, en un sector del amplio terreno donde también construyó su lujosa mansión.
El edificio es en realidad un oratorio, pero en su diseño arquitectónico imita con mucha similitud al modelo original edificado en la capital de Cordillera. Aunque en una escala mucho más reducida, la estructura es igualmente imponente y sobresale entre el paisaje desde mucha distancia.
En un reportaje, Rojas Cañete y su esposa Ramona habían relatado que decidieron construir la réplica del Santuario, como pago de una promesa a la Virgen de Caacupé, cuando le pidieron que ayude a la curación de uno de sus hijos pequeños, afectado por una rara enfermedad.
Tras obtener el "milagro", cumplieron al mandar edificar el llamativo oratorio, donde además se comprometieron a celebrar anualmente una gran fiesta social y religiosa para la gente del barrio.


Una gran fiesta popular

A pesar de que casi todos los pobladores del barrio conocían que había fuertes versiones de que Toma'i se dedicaba al tráfico de drogas y a otras actividades ilícitas, con las cuales presuntamente había logrado amasar una gran fortuna, una gran multitud se congregaba cada 8 de diciembre en el lugar, para celebrar el Tupasy ára.
Las misas eran celebradas por sacerdotes de la diócesis de Ciudad del Este. Según una cobertura realizada por la redacción regional de Última Hora, en diciembre de 2009, fue el cura párroco Fabio Recalde, de la Parroquia Sagrada Familia, quien ofició las celebraciones religiosas.
Tras una procesión de dos kilómetros portando la imagen de la Virgen de Caacupé, propiedad de la familia Rojas Cañete, escoltada por jinetes a caballo y promeseros, se realizaba un karu guasu (gran comilona), en enormes mesas colectivas que se instalaban en plena calle clausurada, bajo toldos, frente al Santuario.
En el 2009, según el reportaje de ÚH, Rojas Cañete ordenó faenar 15 reses vacunas para ofrecer un gran karu guasu (gran comilona) con asado a la estaca, acompañados de grandes fuentes de sopa paraguaya, ensalada, mandioca y abundante bebida.

El cerco a un poderoso narco.

En la madrugada del 4 de setiembre de 2011, tras un operativo de investigación y vigilancia que se prolongó durante 10 meses, la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) logró capturar a Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, junto a varios de sus capangas, entre ellos su hermano Marcos Rojas Cañete, con un cargamento de 101 kilos de cocaína.
Los informes del organismo daban cuenta de que Toma'i se había convertido, en pocos años, "en el zar de las drogas en Alto Paraná, gracias a una sólida estructura logística y, principalmente, a una férrea protección de policías locales".
Rojas contaba con guardia policial permanente en su residencia, y gozaba de la protección de agentes de unidades especializadas con oficinas en Alto Paraná, como Interpol, Antinarcóticos y hasta del Grupo Especial de Operaciones (GEO).  
El capo narco se movilizaba protegido siempre por custodia policial, que evitaban que vehículos extraños se acerquen hasta su residencia.

Una tradición religiosa que no se interrumpe.

A pesar de que Rojas Cañete guarda reclusión en la Penitenciaría de Tacumbú, y de que su esposa y cuñado permanecen prófugos, sus familiares no han interrumpido la celebración de la Virgen de Caacupé en la "Basílica-í".
Este último 8 de diciembre, nuevamente, hubo procesión, karu guasu y celebraciones masivas, según reportan periodistas de la zona.
Héctor Guerín, fundador del diario ADN Paraguayo y César Palacios, director de TN Press, compartieron fotos del santuario de Toma'i en sus perfiles de la red social Facebook, en internet, cuestionando que sectores de la jerarquía de la Iglesia sigan permitiendo que se realicen oficios religiosos en el oratorio de un narcotraficante, lo cual generó un encendido debate de los internautas.
"Hubo abundante asado y bebidas para todo el vecindario. ¿Los obispos le desacreditaron por su creencia y su fe al que organizó el festejo y a los que asistieron al acto católico? ¿Alguna vez la Iglesia criticó las donaciones de alguno de sus feligreses, aunque sean muy conocidos por sus actividades no santas?", preguntó Guerín.
"Los sacerdotes juzgan muy mal, como si fuera que pueden tirar la primera piedra. Ayer (8 de diciembre) comieron mucha gente pobre y necesitada, fueron felices. Siempre recibieron los sacerdotes donaciones grandes de mis tíos y nunca rechazaron, y ahora que está recluido le rechazan y se hacen de los santos. Jesús murió también por él", opinó una mujer llamada Mariana Lezcano, quien se presenta como sobrina de Rojas Cañete.

A continuación, reproducimos algunas de las muchas opiniones vertidas en el debate:

-"Deben entender que la droga mata a miles de personas, y los que apoyan a narcotraficantes son cómplices de esos asesinatos". (Hugo Aníbal González).

-"Todos cometen errores. ¡Nadie tiene por que juzgar a nadie, si es narco bueno! No justifico, pero por lo menos hace algo bueno con parte de su dinero, ¡no como algunos que tienen de sobra y no son capaces de dar un pan a alguien que necesita". (Lucero Cuevas).

-"Este delincuente, ni si construye una capilla de oro va a comprar a Dios y a la Virgen. No es válido nada de lo que hace, porque lo construyó con lágrimas de madres, hijos, esposas, con cuerpos hechos piltrafas con el veneno que vende, y no se arrepiente de nada, porque sigue negociando con la desgracia de la gente". (Ángela González).

-"Ustedes no saben cuál es el verdadero motivo por el cual él tiene esa Basílica en su casa. Muchos dicen que él guardaba cosas en ese lugar, pero él nunca dejó que nadie ni pise mal dentro de la Basílica. No soy católica, pero yo sé el verdadero motivo por el que él tiene esa Basílica en su casa, y yo creo que nosotros no somos nadie para juzgarle. Cada uno sabe lo que hace". (Fati Fleitas).

- "Nadie es perfecto, pero él trató de ser un poco más perfecto. Nosotros, acá en Ciudad del Este no le vemos como una mala persona, al contrario de lo que piensan los que no le conocen. Además ayudaba a muchas personas necesitadas" (Osca Báez).

-"Que mal esos comentarios en donde dicen 'pero le dio de comer a mucha gente'  y dicen que son buenas personas los narcos. Pero por favor... ni si construyen el propio Vaticano, eso no les hará buena gente. Tantas familias destruidas, tantas muertes en manos de estos personajes. Por eso el país irá de mal en peor, siempre, por culpa de los que siguen aplaudiendo estas cosas. Por un kilo de galleta a 20 personas de un barrio, ya son buena gente". (Leti González Ullón).

-"De tan buena gente que son, le hicieron desaparecer a unos cuantos". (Hermi Zárate).

-"A pesar de los defectos de este hombre, ayudó a mucha gente. Yo conozco a este hombre muy de cerca y les puedo decir que es mejor que todos, porque siempre ayudó a muchas personas humildes". (Nathi Aquino).

-"Según me cuentan, este señor faenaba 20 a 30 vacas y repartía a todo sus vecinos de barrio en el Día de la Virgen y era muy querido por la gente. Ayudaba mucho a los pobres". (Nimiaestela López Duarte).

El país de los "narcos buenos"


Que un capo del narcotráfico en Ciudad del Este haya mandado construir una imponente réplica del Santuario de la Virgen de Caacupé en el patio de su mansión no debería sorprender mucho: la mayoría de los jefes del crimen organizado acostumbran tener delirios místicos.
"El patrón del mal", el narco colombiano Pablo Escobar Gaviria, se sentía protegido por el Santo Niño Jesús de Atocha, del que decía que lo salvó de un atentado. El narco brasileño Jarvis Ximenes Pavão había sembrado el acceso a su estancia Cuatro Filhos, en Yby Yaú, Concepción, con enormes esculturas de cemento que reproducían páginas abiertas de la Biblia con mensajes religiosos, además de imágenes de ángeles.
El narco brasileño Arnaldo Moreira De Macedo bautizó "Virgen Serrana" a su lujosa estancia en Puerto San Salvador, Concepción, con una pintura de la Virgen de Caacupé en la entrada y una hermosa capilla en su interior.
En su libro La Virgen de los Sicarios, el escritor colombiano Fernando Vallejos cuenta cómo los asesinos por encargo le rezan a la Madre de Jesús y mandan bendecir las balas, para que "les salga bien" el "trabajo" de matar a otras personas.
En el caso del narco esteño Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, constructor de la "Basílica-i", o réplica del Santuario de la Virgen de Caacupé en el barrio Carmelitas de Ciudad del Este, lo sugestivo es que miles de personas siguen concurriendo a la celebración popular y religiosa que se realiza cada 8 de diciembre en el lugar, a pesar de saber muy bien que el principal impulsor está preso en Tacumbú desde 2011, tras haber sido atrapado por la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) con un cargamento de cocaína.
En el reciente Tupãsy Ára, aun desde la cárcel, el capo narco ordenó que se faenen varias reses vacunas y que se ofrezca un rico asado a la estaca, con abundante bebida, a sus fieles seguidores católicos. Ante la publicación de la noticia, la más leída en ULTIMAHORA.COM en estos días, abundaron los comentarios de lectores defendiendo al jefe criminal: "¡Nadie tiene que juzgar a nadie, si es un narco bueno!", reclamó la lectora Lucero Cuevas. "En Ciudad del Este no lo vemos como mala persona... Él ayudaba a muchas personas necesitadas", afirmó otro lector, Óscar Báez.
En setiembre de 2006, en Última Hora habíamos publicado un reportaje de la serie Amambay confidencial: El narcotráfico al desnudo, en el cual denunciamos que el narco brasileño Erineu Domingo Sóligo, alias Pingo, fue quien financió la construcción de la comisaría policial y el puesto militar de Cerro 21, una pequeña localidad que está sobre el camino fronterizo de tierra que une a Capitán Bado y Pedro Juan Caballero.
Imagínense: ¡Un narco construyendo el local de los policías y militares que debían detenerlo...!
Ningún juez o fiscal abrió alguna investigación, y muchos lectores y lectoras opinaron que aquella "obra solidaria" les parecía muy bien.


jueves, 11 de diciembre de 2014

El día en que la Virgen de Caacupé se quedó sin procesión


El 8 de diciembre de 1969, el entonces obispo de Caacupé, monseñor Ismael Rolón, decidió suspender la tradicional procesión del Tupasy ára, en protesta contra los abusos de la dictadura stronista. Una historia poco conocida, que vale la pena rescatar, en coincidencia con el Día de los Derechos Humanos.


Por Andrés Colmán Gutiérrez  - @andrescolman

Los primeros rayos del sol bañaban con un intenso color dorado a la multitud congregada en la plaza parroquial de Caacupé, frente al Tupao tuja, el antiguo templo de estilo colonial, cuya construcción se había iniciado en 1770.  Detrás se divisaban las primeras estructuras del nuevo Santuario, cuyas obras habían quedado paralizadas por falta de dinero.
-¿No ñepyrui piko la procesión? (¿No empezó la procesión?), preguntaba una de las muchas mujeres, con la cabeza cubierta por una blanca pañoleta y con velas encendidas en las manos, tras una larga noche de espera y desvelo.
-¿Nde reikua'i piko? Ndoi ko mo'ai ningo la procesión. Monseñor Rolón i pochy lekajándive, porque ndaye i formal eterei (¿No te enteraste? No habrá procesión. Monseñor Rolón está enojado con el viejo, porque es muy abusivo), le contestó otra de las mujeres campesinas.
El rumor empezó a correr, como reguero de pólvora entre la muchedumbre. Ese año, por primera vez en la historia de las peregrinaciones a Caacupé, la imagen de la Virgencita Azul no iba a realizar su tradicional recorrido desde el legendario Tupasy Ycuá (pozo de la Virgen) hasta la iglesia.
El aviso había sido dado durante las misas del domingo anterior, en la mayoría de los templos católicos del país, en donde se leyó la carta que el obispo de Caacupé, monseñor Ismael Rolón, había enviado al Gobierno, avisando acerca de la suspensión y explicando los motivos, pero muchos no se pudieron enterar.
Ese día del Tupasy ára había perplejidad y confusión en los rostros de los miles de peregrinos congregados en la plaza. ¿Qué era lo que estaba pasando en el país, como para que se suspenda la procesión de la Virgen?

"Es mejor que no se vaya, señor presidente...".

El general Alfredo Stroessner, quien entonces llevaba quince años al frente del Gobierno, al cual había accedido tras un golpe de Estado, en mayo de 1954, y un posterior simulacro de elecciones, había ordenado a sus ministros y colaboradores que pusieran "todo a punto" para su presencia en la festividad religiosa de la Virgen de Caacupé, al cual acostumbraba asistir todos los años, cuando el entonces ministro de Educación, Raúl Peña, se acercó a aconsejarle: "Es mejor que no se vaya, señor presidente...".
El dictador quiso saber por qué no debía acudir, ante lo cual Peña le mostró la carta que acababa de recibir en su despacho.
La nota, con sello de la Diócesis de Caacupé, decía textualmente:

Caacupé, 17 de noviembre de 1969.

Excmo. Señor Ministro
Dr. Raúl Peña
Ministro de Educación y Culto
E.  S.  D.

Señor Ministro:

Me dirijo a Ud., en carácter de Obispo de Caacupé, con el fin de poner en conocimiento oficial del Gobierno de la República que este Obispado, interpretando la decisión unánime del Clero de la Diócesis, y oído el parecer de los señores Obispos y Presbiterios de la República, ha resuelto suspender las Procesiones que debían celebrarse los días 8 y 15 de diciembre próximos, en esta ciudad.
Motivan esta penosa determinación, los hechos que son de público conocimiento, vejatorios al Pueblo de Dios y a la Iglesia, provocados a ciencia y conciencia y orden de las altas autoridades nacionales, como de la propaganda oficial.
Como es ya de tradición desde muchos años atrás que las autoridades asistan a tales procesiones, cumplo con el deber, por razones de cortesía y protocolo, de comunicarle la suspensión de tales actos, con el fin de aclarar desde ya cualquier duda o equívoco que pueda surgir.
En la esperanza de que nuestra intención pastoral sea debidamente interpretada, saludo al señor ministro con la amistad de siempre.

Ismael Rolón, SDB
Obispo.

Esta fue la nota que hizo que la Virgen de Caacupé, aquel año, no solo se quede sin su tradicional procesión, sino también que la capital espiritual del Paraguay se quede sin la presencia del dictador Stroessner y de su habitual comitiva.
Aunque la procesión se suspendió, sí hubo una misa central en la antigua Iglesia. El obispo no la celebró, pero pidió a uno de sus principales colaboradores, monseñor Secundino Núñez, que dirija una fuerte homilía en guaraní.
"¿Qué dirá este mundo que nos observa y nos escucha, si nosotros mismos, cristianos, encubrimos y callamos tantas cosas injustas que se hacen delante de nuestros ojos? Y con mayor razón aun: ¿Qué dirá el mundo si los mismos cristianos no tenemos respeto por la vida de nuestros prójimos? ¿Si -¡cosa increíble!- nosotros mismos los afrentamos y torturamos", cuestionó en su homilía monseñor Núñez.

Monseñor Ismael Rolón, cuando fue obispo de Caacupé suspendió la procesión del 8 de diciembre, para castigar al dictador Alfredo Stroessner, por los abusos de su régimen.

El cese del "uso arbitrario de la fuerza".

Para conocer cuáles eran los "hechos que son de público conocimiento" que motivaron la drástica decisión del obispo de Caacupé, hay que leer otra nota dirigida también el ministro Raúl Peña, unos días antes, esta vez firmada no solo por monseñor Ismael Rolón, sino también por los obispos Aníbal Maricevich, Felipe Santiago Benítez, Aníbal Mena Porta, Jerónimo Pechillo y Alejo Ovelar, en nombre de todo el episcopado paraguayo.
En dicha nota, los pastores de la Iglesia Católica enumeran "las medidas de fuerza tomadas en estos últimos días por el Gobierno".
En primer lugar, cuestionan "la expulsión del país del sacerdote Francisco de Paula Oliva (ocurrida en octubre de 1969), sin guardarse las más elementales normas de procedimiento; el atraco de la clausura de los Padres Jesuitas; el ultraje y bárbaro apaleamiento de estudiantes, sacerdotes y religiosos configuran una situación de tanta gravedad, que no podemos ocultar nuestro más indignado y enérgico rechazo".
Los prelados se refieren además a "la incautación, por personal policial, sin orden escrita alguna, del semanario Comunidad, órgano oficio de la Conferencia Episcopal Paraguaya".
"Al repudiar y condenar estos sucesos, sin precedentes en nuestra historia, expresamos nuestra formal protesta ante el Gobierno de la Nación por esta sistemática violación de los derechos fundamentales de los ciudadanos", indicaba la nota de los obispos, resaltando que la acción represiva gubernamental "ha generado un clima de ansiedad y peligrosa indignación", especialmente entre el pueblo campesino.
Al final del mensaje, los pastores exigen que se permita la vuelta del padre Oliva al país y "el cese definitivo en el uso arbitrario de la fuerza".

La expulsión del paí Oliva, en octubre de 1969, fue una de las razones para que se suspenda el Tupasy ára.
Un largo conflicto entre la religión y la política.

El episodio de la suspensión de los actos programados por el Día de la Virgen de Caacupé en 1969 fue reivindicado posteriormente por el propio monseñor Ismael Rolón, durante una entrevista periodística con el autor de este artículo, como "una acción que causó dolor a los fieles en ese momento, pero que resultó necesaria, porque había mucha violación de los derechos humanos por parte del Gobierno de la dictadura, y necesitábamos crear conciencia".
Aunque muchos recuerdan a monseñor Rolón como el valiente arzobispo de Asunción que se enfrentó en varios momentos a la dictadura stronista, a través de sus célebres "procesiones del silencio", pocos saben que primero fue obispo de Caacupé, y que sus decididas "acciones proféticas" ya se habían iniciado en la Villa Serrana, durante la mayor festividad religiosa del Paraguay.
Nacido en Caazapá en 1914, Ismael Rolón Silvero se ordenó como sacerdote por la Congregación de Don Bosco en 1941. El Papa Juan XXIII lo nombró prelado de Caacupé en 1960 y el Papa Paulo VI lo designó obispo de la Villa Serrana en 1965, donde estuvo por cuatro años, hasta que en 1970 fue promovido como arzobispo de Asunción.
"Hay momentos en que no basta con pronunciar fuertes homilías. Hay momentos en que hay que tomar acciones que impacten en el pueblo cristiano, que le haga reflexionar sobre lo que está pasando en ese país. Eso fue lo que decidimos hacer aquel día, cuando decidimos suspender la tradicional procesión de la Virgen de Caacupé. Muchos fieles se sintieron incomodados, pero eso es lo que buscábamos, romper la apatía acerca de las graves violaciones de derechos", explicaría luego monseñor Rolón en la entrevista periodística.
Ismael Rolón Silvero falleció en junio de 2010, a la edad de 96 años. Es considerado no solo una de las figuras más dignas y representativas de la Iglesia Católica paraguaya, sino también un héroe cívico y un incansable defensor de los derechos humanos. Su figura fue evocada y homenajeada en diversos momentos, durante las celebraciones de Caacupé 2014.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Escribir como quién vive, vivir como quién escribe



“Algunas veces vivo
y otras veces
la vida se me va con lo que escribo.
Algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo
que te arañe el corazón.
Luego arrojo mi mensaje
se lo lleva de equipaje
una botella
al mar de tu incomprensión”.

(Joaquín Sabina).       

* * *

Escribo para contarte quién soy, aunque a veces yo tampoco lo sepa muy bien.
Escribo como quien dibuja con palabras, o como quien construye un hogar con ladrillos de letras.
Escribo para dejar salir a esos extraños bichitos que siempre llevo adentro y que me roen permanentemente las entrañas, los muy malditos.
Escribo para exorcizar a mis demonios privados.
Escribo para asustar a mis fantasmas favoritos.
Escribo para purgar las culpas propias y ajenas.
Escribo para dejar que estallen mis crisis de conciencia.
Escribo para aliviar las heridas del alma y las del corazón.
Escribo para encontrar una forma de pagar las cuentas a fin de mes.
Escribo para disfrazar mi inutilidad más absoluta de plantar soja o de criar vacas, de hacer carrera como diputado o de traficar cocaína, de contar billetes ajenos en un banco o de mentir en los tribunales.
Escribo para que las palabras me ayuden a ganar un beso de mujer o una noche de pasión.
Escribo para imaginar que quizás me enamoro, y que mis palabras escritas dicen todo lo que probablemente nunca me animaré a expresar en persona desde el fondo de las venas abiertas.
Escribo para complacer la vanidad de ver mi foto en la solapa de un libro, aunque después ese libro solo junte telarañas en la biblioteca.
Escribo para que las palabras formen un puente sobre el cual atravesar la niebla, caminando al encuentro de ese país del cual tengo mucha nostalgia… por más que todavía no exista en el mapa.
Escribo para declarar mi suerte echada con los pobres de la tierra, y que la pluma también puede ser adarga al brazo a lomos de Rocinante.
Escribo para inventar el gran libro que tanto me gustaría leer, y que hasta ahora nadie ha tenido los huevos ni el talento suficientes para escribirlo... y después de terminarlo descubro que yo tampoco.
Escribo porque es mi manera de cometer el crimen perfecto; de matar sin mancharme las manos con sangre... aunque sí con tinta.
Escribo para que otros recuerden lo que estoy condenado a olvidar.
Escribo porque es mi manera de buscar a Dios, o a la Fuerza que dicen que es, allí donde esté, allí donde sea, o donde no.
Escribo porque no me quiero morir, y tengo la terca ilusión de que con las letras y los mundos que invento voy a seguir viviendo cuando ya sea apenas polvo y nada y siempre.

(Andrés Colmán Gutiérrez)


martes, 25 de noviembre de 2014

Las cruces que permiten hallar a los desaparecidos

 
Rogelio Goiburú muestra una de las cruces halladas en Ñu Kañy, Tava'i, donde luego se excavó y se halló el esqueleto de un presunto ex miembro del Movimiento 14 de Mayo, ajusticiado en 1960.
Los mataron y arrojaron en tumbas anónimas. Durante décadas se ocultó dónde fueron enterrados. Pero hubo gente que desafió al miedo, marcando los lugares con cruces, acudiendo a encender velas y rezar plegarias. Son las señales que resistieron al miedo y al olvido, y que hoy ayudan a encontrar a los desaparecidos por la dictadura stronista.
 

Cuando caía la tarde y las primeras sombras se echaban sobre las verdes serranías de la compañía Ñu Kañy, de Tava'i, en una aislada región de Caazapá, algún observador atento podía alcanzar a ver cómo un pequeño grupo de personas se apartaban del camino de tierra roja y se metían en la espesura de un monte cercano, hasta desaparecer casi por completo entre la vegetación.
-¿A dónde se metieron esas gentes, mamá? -dicen que preguntó alguna vez un curioso niño campesino a su madre anciana.
-¡Sssht... no hables fuerte, mi hijo! -le reprochaba la mujer, en su gutural guaraní-. Ya se fueron ya otra vez a rezarle a esos Kurusu rebelde. ¡No vayas que a contarle a nadie...!.
Durante décadas enteras, lo que había pasado allí fue un secreto a voces.
Allí, escondidos en la espesura del monte, dentro de la propiedad de la familia Báez y de la propiedad de otra familia vecina, se encontraban cuatro cruces de madera que marcaban una tumbas anónimas, los lugares en donde "hace mucho tiempo", los militares y los "milicianos particú" (grupos paramilitares civiles), habían ejecutado  a sangre fría y enterrado a cuatro  presuntos guerrilleros  del Movimiento 14 de Mayo, que en 1960 ingresaron desde la Argentina para intentar derrocar al general Alfredo Stroessner.
El propio Juan Pablo Báez, hoy patriarca de la tradicional familia campesina de Ñu Kañy, vivió con horror aquellos años de cacería humana, cuando él era apenas un niño de 9 años.
A pesar de que sus padres habían intentado mantenerlos encerrados dentro de las casas, él cuenta que pudo salir y ver cómo los militares arrastraban a uno de los guerrilleros ejecutados y lo enterraban en una fosa, en medio del monte, sin ninguna marca ni señal, y los altos jefes militares que comandaban el operativo, les ordenaron que nunca cuenten nada de eso, porque podrían arrepentirse.
Pero la sangre de aquellos extraños ajusticiados con tanta violencia en esa tierra olvidada, era una marca que ellos no iban a poder quitarse de encima tan fácilmente.
"Unos años después, algunas personas que sabía bien en dónde los enterraron, entró al monte y pusieron en esos lugares las primeras cruces de madera, para marcar el lugar. No sabemos quiénes fueron esas personas, porque venían a escondidas. Varias veces las cruces se caían, pero siempre había alguien que las arreglaba, o cambiaban  por una cruz nueva. También había gente que venía a prender velas, a poner un paño a las cruces y a rezar", revela don Pablo.

Las cruces, una señal contra el miedo y el olvido.

Fulgencio Cabrera y Celso Torres, dos oficiales de la Policía Nacional, que integran el equipo de buscadores de restos que se encargó de formar el médico Rogelio Goiburú, titular de la Dirección de Reparación y Memoria Histórica del Ministerio de Justicia, son quienes se encargan de excavar la tierra con sumo cuidado, atentos a cada primer golpe que detecten los picos y las palas.
Junto a la pequeña cruz de madera hasta donde los condujo el agricultor Juan Pablo Báez, en la compañía Ñu Kañy de Tava'i, lo primero que los policías encontraron fueron restos de madera de otras cruces, pedazos de "kurusu paño" (paños de cruces) y restos de un platito de cerámica.
"Estos platitos son usados por las personas de la campaña como base para encender velas junto a las cruces. Esto es una evidencia de que había gente que venía a rezar y a prender vela ante estas cruces...", explica el suboficial mayor Fulgencio Cabrera.
Cruz que marca otra tumba anónima, en Triunfo 55.
Hace un año, en noviembre de 2013, cuando excavaron y desenterraron dos cuerpos de otros presuntos ex guerrilleros del Movimiento 14 de Mayo, en medio de un sojal, en Triunfo 55, a 12 kilómetros de la ciudad de María Auxiliadora, Itapúa, por indicación de dos ex soldados que actuaron en la represión en épocas de la dictadura, los excavadores también habían encontrado una pequeña cruz, esa vez de metal, que les señaló el camino.
Ambos cuerpos fueron exhumados e incorporados a los restos de 25 personas víctimas de la dictadura que ya habían sido hallados en otros lugares, y que aguardan ser sometidos a la identificación por examen de ADN.
Ahora, en camino hasta Tava'i, la comitiva del doctor Rogelio Goiburú se detuvo en Triunfo 55 a observar el sitio, y sus miembros pudieron comprobar que la cruz de metal sigue allí, clavada en medio del verde sojal que pertenece al colono Eitel Reinaldo Bécker, marcando el sitio de aquella trágica historia.
"Es una constante, que sobre todo en el interior del país, casi siempre encontramos. Algunos pobladores no hicieron caso a las órdenes de los represores, de que las tumbas permanezcan anónimas y perdidas, y marcaban estos lugares con cruces, seguramente por piedad cristiana y humana hacia una persona asesinada de manera tan violenta y sin respetar los derechos a un juicio justo", explica Rogelio Goiburú.
En algunos casos, incluso los pobladores les daban nombres a las cruces, como la denominada Kurusu rebelde, que se encuentra sobre la ruta entre María Auxiliadora  y Tava'i, donde también fue abatido un ex guerrillero, y que se volvió un lugar de veneración popular.
"Junto a los testimonios de muchos pobladores y de ex protagonistas, que nos han dado datos claves para encontrar los restos de los desaparecidos, estas cruces clavadas en medio del monte o de los campos, son una clave muy valiosa para saber dónde cavar. Son realmente señales que han resistido al miedo y al olvido", destaca Goiburú.

La búsqueda prosigue.

Tras el hallazgo en la tarde del miércoles 19 de un primer esqueleto de un presunto ex guerrillero del Movimiento 14 de Mayo, la tarea de exhumación de los restos prosigue durante el jueves 20, en un minucioso proceso en que los huesos son limpiados y cargados en cajas especiales, para luego ser trasladados hasta el laboratorio de Antropología Forense del Ministerio Público.
Un equipo de aproximadamente 12 personas, que incluye a agentes de criminalística de la Policía Nacional y a funcionarios de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, acompaña al doctor Rogelio Goiburú en su incansable búsqueda.
Un improvisado campamento de carpas y bolsas de dormir se ha instalado a la orillas del monte donde se produjo el primer hallazgo. Varios pobladores asisten a los expertos con platos de comida, agua fresca e incluso la participación de voluntarios en la búsqueda.
"No sabemos cuánto tiempo vamos a permanecer aún aquí. Hay otras tres tumbas de víctimas de la dictadura que vamos a excavar. Son otras tres cruces en medio del monte, que nos ayudan a recuperar la memoria...", dice Goiburú, también hijo de un ilustre desaparecido, durante la dictadura, cuyos restos aún no aparecen.

Los inmortales en la madrugada

                                                                                  
Allí estamos todos y todas, en esa clásica pose de turistas provincianos o 'valles' al pie del Obelisco de Buenos Aires, sintiéndonos 'paraguas' conquistadores de la madrugada porteña.
Allí estamos, a pocas horas de internarnos en un cuartel militar de Campo de Mayo y ser descuereados hasta la humillación por los Cascos Azules de Caecopaz - Naciones Unidas, en una semana de torturas a la que eufemísticamente llaman 'Curso para Corresponsales de Guerra'.
Pero eso será mañana... Ahora estamos allí, inmortalizados en la foto (que con toda seguridad la tomó el gran Rene Gonzalez, ya que es el único que no aparece en cuadro) poco después de la medianoche de algún mes que no recuerdo, pero estoy casi convencido de que el año era 2007.
Estamos allí, quizás un poco ateridos por el frío porteño, lo cual explica las camperas y los abrigos, aunque Rosendo Duarte aparezca en mangas de camiseta, talvez más debido a las cervezas que nos habíamos tomado que a su legendario coraje de corresponsal fronterizo en Salto del Guairá. Yo aparezco en el medio, por pura y simple casualidad geográfica, aunque habrá quien diga que siempre quiero estar en el centro de las cosas (o de las fotos). A mi izquierda está la reina del periodismo del Sur, Clide Noemi Martinez (eso mirado desde nuestra perspectiva, no la del fotógrafo que mira desde el lente de la cámara, ni de quienes ahora miran la foto).Y a mi derecha está él, Pablo Medina, el único del grupo que hoy ya no podrá aparecer nunca más junto a nosotros en ninguna otra foto, porque unos cobardes y asesinos disparos nos robaron para siempre esa posibilidad. A su lado está Mariana Ladaga Pereyras, la tenaz reportera triple fronteriza, junto al veraniego Rosendo. Y del otro lado el siempre pintoresco Hombre del Norte, Alberto Núñez Barreto, que ya entonces compartía destino y competencia con Pablo, en su escarlata Capi'ibary. La postal se completa con el veterano reportero gráfico Anibal Gauto, sobreviviente de tantas batallas periodísticas, que en aquellos días nos prodigó su locura y su talento.
Confieso que extrañaba esta foto.
La recordaba de memoria, porque la había perdido en algún apagón de archivo o apocalipsis informatico... hasta que en estos días Clide me la devolvió en un posteo feibusquero.
Amo esta foto. Parecemos allí todos y todas tan inmortales, tan 'paraguas conquistadores en tierras porteñas', como aquellos antepasados nuestros que hace siglos llegaron desde Asunción a refundar Buenos Aires. Probablemente en esa memorable madrugada de pizzas, cerveza y risas, nosotros no refundamos nada más que la amistad y la camaradería, una idea compartida de periodismo de riesgo, enarbolada por encima de nuestras limitaciones y medios precarios, de nuestros sueños irreales y miedos reales.
Por eso amo esta foto... Porque allí Pablo Medina está tan vivo y presente, y desearía que esta vez la imagen resista a todos los apagones de archivos y apocalipsis digitales, para que lo mantenga (y nos mantenga) a salvo, lejos de narcos intendentes apadrinados por el poder, que se creen dueños de vidas y de países, capaces de ordenar impunemente a oscuros sicarios que nos borren a balazos de las fotos y de la vida.

Amo esta foto... aunque las alcohólicas y fraternas madrugadas periodísticas junto al obelisco porteño se hayan quedado allá tan lejos... y hayamos descubierto de tan cruel y dolorosa manera que no somos inmortales.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Silvio Pettirossi: Aquel primer vuelo, hace 100 años

Silvio Pettirossi, durante un vuelo en Reims, Francia.
Primero conquistó los cielos de Francia y de otros países de América, antes de llegar al Paraguay con su pequeño avión a bordo de un barco, ante una multitud que lo esperaba, ansiosa de verlo volar. El 17 de noviembre de 1914 hubo un primer accidentado vuelo junto al Palacio de los López, pero la explosión de acrobacia aérea se vivió a plenitud el 5 y 6 de diciembre, sobre Puerto Sajonia.


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

El avión llegó a bordo de un barco. El 13 de noviembre de 1914, el vapor Formosa atracó primero en el Puerto de Villeta, en medio de una multitud que saludaba con banderas, pañuelos y sombreros desde lo alto de la barranca, a orillas del río Paraguay, gritando su apellido: "¡Pettirossi..! ¡Pettirossi..!".
Desde la cubierta, parado junto a su pequeño y ya legendario aeroplano, Silvio alzaba las manos, hasta que el capitán del buque le dijo que podía bajar al muelle a saludar a la multitud. Tenía apenas 27 años de edad y ya era un héroe nacional.
Horas más tarde, cuando el vapor arribó al Puerto de Asunción, otra muchedumbre los esperaba con igual entusiasmo. Apenas el aviador puso los pies en el atracadero, un numeroso grupo de personas lo alzó en andas y entre gritos de júbilo lo llevaron hasta la casa de sus padres, mientras muchos se trepaban a la embarcación  para observar y acariciar de cerca al mítico avión Deperdussin T monoplaza, al que él había bautizado con el nombre "Paraguay".
Era el "Rey del Aire" -como lo había bautizado la prensa francesa- o "el Acróbata del Aire" –como lo llamó el diario chileno El Mercurio-, que regresaba a casa, luego de haber deslumbrado a multitudes en Francia, en Brasil, en Argentina, en Chile. Pero aún le faltaba el público más entrañable, su propia gente paraguaya, que en su gran mayoría hasta entonces nunca había visto volar un avión.

"Me siento dueño del espacio..."

Aunque nació en Asunción el 16 de junio de 1887, fue en Roma, Italia, donde el pequeño Silvio se contagió del mismo delirio que antes había desvelado al gran Leonardo Da Vinci: imitar a los pájaros y conquistar los cielos.
Su padre, Atimo Pettirosssi, un italiano andariego que llegó al Paraguay tras la Guerra Grande y se casó con la paraguaya Rufina Pereira, quiso que sus dos primeros hijos, Alfredo y Silvio, tengan una educación europea y los envió muy pequeños a estudiar en Roma.
Con solo 7 años de edad, Silvio desembarcó en la patria de sus antepasados y fue atrapado por el rígido sistema del Liceo Spoleto, desde donde escapaba a las plazas vecinas a sentarse durante horas, mirando volar a las palomas.
En 1901, a los 14 años de edad, retornó a Asunción, con su febril cerebro habitado por los diseños futuristas de Da Vinci, que anticiparon al aeroplano, al helicóptero y al paracaídas.
Desde los árboles del frondoso Parque Caballero practicaba saltos con sus amigos, con un artesanal paracaídas que él mismo fabricó, ante los gritos de don Atimo, cada vez que llegaba con alguna luxación en la pierna.
Cuando en diciembre de 1903 supo que finalmente los hermanos Orville y Wilbur Wright habían logrado protagonizar el primer corto vuelo en un aeroplano, el Flyer 1, en Kitty Hawk, Estados Unidos, el todavía adolescente Silvio Pettirossi decidió que sería protagonista de esa nueva epopeya de la aviación mundial, en donde empezaban a inscribirse los nombres de otros pioneros: Santos Dumont, Henri Farman, Roland Garros, Louis Bleriot...
Fue un legislador argentino, el senador Benito Villanueva, quien le dio la oportunidad de viajar a Buenos Aires y conocer a Jorge Newbery, el as de la aviación argentina, quien lo apadrinó en su bautismo de aire. Su verdadero primer vuelo fue el que hizo en Buenos Aires, impresionando de tal modo a Newbery, quien le auguró: "Serás un gran aviador".
De aquella experiencia inicial, el propio Silvio Pettirossi relataría después: "Por primera vez me sentí dueño del aire, después de Dios".
Fue justamente Jorge Newbery quien le aconsejó ir a estudiar aviación a Francia, donde la naciente industria aeronáutica estaba más avanzada. Pettirossi golpeó puertas para conseguir una beca del Estado paraguayo y el respaldo de varios políticos de la época, como Luis Riart, Juan Cogorno, Manuel Gondra y Adolfo Chirife, le permitieron realizar su sueño.
El 4 de octubre de 1912, con 25 años de edad, Pettirossi parte a Francia y logra finalmente ingresar a la escuela de la fábrica de aviones Deperdussin, donde se enamora a primera vista del modelo de aeroplano que sería su compañero de aventuras.
El 3 de enero realiza su primer vuelo como aviador en Reims y el 27 obtiene su brevet de piloto. En Paraguay lo premian otorgándole el grado militar de teniente primero en comisión del Ejército Paraguayo. Era el primer militar aviador.
Desde entonces, su estrella no para de ascender. Vuelos de exhibición por toda Francia, rompiendo récords mundiales como la permanencia de 8 horas en el aire. La prensa francesa lo bautiza "Rey del Aire".
Una de sus hazañas más recordadas es haber quebrado el récord con la acrobacia conocida como "Looping the Loop", que nunca había sobrepasado de seis giros con el aeroplano en el aire. Pettirossi, en su primer intento, ¡logró hacer 37 giros! siendo la sensación europea.
Ante su fama, el Gobierno paraguayo le envía los fondos necesarios para adquirir su primer avión, Pettirossi manda construir su avión favorito: el Depeerdussin T monoplaza, con un motor Gnome rotativo de 7 cilindros y 60 HP. Lo bautiza con el nombre de su amado país: "Paraguay".
Con ese avión, todavía desmontado, viaja a Buenos Aires, en compañía del mecánico Maurice Becquet, donde lo ensambla y ofrece su primer show, en homenaje a su padrino Jorge Newbery, fallecido en un trágico accidente aéreo (como morirían muchos de los grandes aviadores pioneros, incluyendo más tarde al propio Pettirossi).
Crónicas de una exhibición de Pettirossi en Argentina.
 Sus piruetas en el aire con el pequeño avión, casi de papel, eran sensacionales y atraían multitudes, que lo contemplaban con los ojos desorbitados de asombro y gritos de admiración. Argentina, Brasil, Uruguay y Chile se rinden ante sus pies. "Pettirossi es aviador único en el mundo", publica El Mercurio, en Santiago. En Montevideo conoce a la mujer que será su esposa, Sara Usher Conde.
Pero le falta lo mejor: regresar a su querido Paraguay y maravillar con su arte a su propio pueblo.

Aquel primer accidentado vuelo

Siete días después de su llegada a Asunción, el ansiado primer show del pionero de la aviación paraguaya se desarrolló en la playa de arena a orillas de la Bahía de Asunción, frente al histórico Palacio de López.
Una gran multitud se había congregado en lo alto de las barrancas, en las inmediaciones del Palacio y del Cabildo, para acompañar el primer show aéreo del ídolo nacional en su propia patria.
El aeroplano "Paraguay" pudo levantar vuelo en medio de gritos y aplausos y realizar varias piruetas en el aire, sobre el espejado horizonte de la Bahía, pero el fuerte viento jugó en contra y la hélice se torció al aterrizar. El público se quedó con ganas de ver más.
El ingenio paraguayo ayudó a salvar el problema. En los Talleres Bozzano, los mecánicos le fabricaron una hélice de madera de petereby-jhú, que resistió muy bien a las pruebas.
El 5 y 6 de diciembre de 1914, Pettirossi se tomó la revancha con el público paraguayo. Ante unas 15.000 personas congregadas esta vez en el Puerto de Sajonia, el pequeño monomotor "Paraguay" volvió a levantar vuelo y a prodigarse en numerosas acrobacias aéreas.
"Era una multitud expectante y nerviosa, que subrayaba con aplausos y con vítores cada arriesgada suerte... porque era una fiesta de valor y de audacia, de arte elegante y arrojado, la que nos brindó el piloto", narra la crónica publicada en El Diario de Asunción.
El propio presidente de la República, Eduardo Schaerer, acompañó el show aéreo. "Pettirossi subió hasta los 1.000 metros y después de planear un rato, inició unos virajes elegantes y precisos. Después de 20 minutos de vuelo, tras una magistral 'fenille morte', el Deperdussin pasó como una exhalación entre el gentío y después de un viaje último, aterrizó", sigue la crónica periodística.
La narración de lo sucedido después, es apoteósica: "En un delirante entusiasmo, en tanto que las gargantas se enrojecían con los gritos y flotaba como un frenesí en el ambiente, el pueblo entró en la pista, llegó como un oleaje hasta el aparato, alzó en andas al piloto y lo sacó del recinto, espléndido en el gallardo homenaje, hirviente de júbilo y de emoción".
Era el mayor momento de gloria del "Rey del Aire", el pionero de la aviación paraguaya recibiendo todo el cariño de su pueblo, por haberle dado tanta satisfacción y orgullo en sus aún pocos años.
El Deperdussin T seguiría volando con libertad y gloria durante los meses siguientes, llegando a la exposición internacional de San Francisco, Estados Unidos, en 1915. Allí también sufrió uno de sus accidentes más serios, cuando su avión perdió los tensores alares y sus alas se doblador, obligándolo a acuatizar sobre el mar. Afortunadamente, pudo salir ileso.
No fue así el 17 de octubre de 1916, en Buenos Aires, cuando el heroico monomotor "Paraguay" realizaba otras de sus clásicas acrobacias y un tensor del ala izquierda se soltó, arrojando al aparato en picada desde más de mil metros de altura, cayendo a tierra con un tremendo impacto.
Silvio Pettirossi falleció instantáneamente. Su reloj pulsera se detuvo por el golpe a las 09.25. Tenía 29 años de edad, con las puertas de la inmortalidad abiertas frente a él.

¿Se hubiera imaginado Silvio que, a cien años de aquel histórico primer vuelo, unos apasionados colegas aviadores paraguayos volverían a construir la réplica exacta de su avión, para volver a surcar el cielo guaraní...?