Pasó
por los controles de la terminal área de Guarulhos, São Paulo, Brasil, con
anónima celeridad. Su elegancia milenial de traje oscuro a medida y camisa de
marca sin corbata lo convertía en uno más entre la muchedumbre que transita por
esa globalizada arca de Noé del siglo veintiuno, hasta que pasó la puerta de
embarque para el vuelo Latam LA1300, que partía a las 22.42 con destino a
Asunción, Paraguay. Era la noche del miércoles 16 de octubre.
Respondió
con una sonrisa a la bienvenida de la azafata, buscó su asiento en las primeras
filas, acomodó la elegante mochila en el compartimiento. Fue entonces cuando un
par de voces femeninas sonaron con estridencia desde los asientos de atrás:
—¡Vendepatria...!
—¡Traidor...!
—¡Ladrón...!
El
abogado José Rodríguez González, popularmente conocido como Joselo, puso cara
de piedra e intentó disimular que los gritos y los insultos eran para él, pero
el coro de voces se hacía cada vez más grande. Otros pasajeros se sumaban a los
exabruptos de las dos mujeres.
—¡Bandido...!
—¡Ase-sorete...!
—¡No te
queremos...!
—¡Que
se baje del avión...!
Se
cubrió la cabeza con el portafolios, pidió permiso a dos pasajeros que estaban
en su misma fila y se sentó casi hundido en el banco junto a la ventanilla. Si
hubiera tenido a mano la puerta de emergencia y la pudiese abrir,
probablemente, hubiera saltado por allí, pero ya las puertas estaban cerradas,
el interior se había presurizado y la aeronave empezaba a corretear... pero los
gritos no cesaban.
Martín
Fernández, un conocido periodista deportivo brasileño de la Rede Globo, viajaba
en el mismo vuelo para cubrir la reunión del Consejo de la Conmebol en
Asunción, que debía decidir las próximas sedes de los campeonatos de fútbol
Libertadores y Sudamericana 2020, y le llamó la atención ese singular escrache
en pleno vuelo de 150 pasajeros. Hizo indagaciones y empezó a reportar a través
de su cuenta de Twitter @mart_fern: “Traidor fue la cosa más leve que los pasajeros
paraguayos le gritaron”.
Martín
compartió un informe del diario O Estado de São Paulo, con el apunte: “Este es
Joselo Rodríguez”. El largo artículo dice en su primer párrafo, en portugués:
“El ex asesor de la Vicepresidencia del Paraguay José Joselo Rodríguez,
apuntado como lobista en la tentativa de venta de energía de la usina de Itaipú
para la empresa brasileña Leros, dijo que el empresario Alexandre Giordano
hablaba en las negociaciones en nombre del Gobierno brasileño” y agregaba más
adelante que la empresa Leros, según Giordano, estaba estrechamente vinculada a
la familia del presidente Jair Bolsonaro.
A más
de 10.000 pies de altura, los insultos desde los asientos de atrás contra
Joselo habían cesado, pero el abogado podía escuchar cómo los demás pasajeros,
que en principio desconocían el tema, preguntaban con interés quién era él y de
qué se trataba el caso tan cuestionado. Cuando un turista brasileño se enteró
con detalles cómo el joven abogado milenial estuvo envuelto en un presunto
negociado contra los intereses del país, con la evidente complicidad del propio
vicepresidente de la República, Hugo Velázquez, y al menos el conocimiento o
posterior aval del presidente Mario Abdo Benítez, el turista le preguntó en
portugués a su vecino de asiento, un empresario paraguayo:
—¿Y por
qué Joselo está viajando tranquilamente y no se encuentra preso con los demás
responsables?
El
empresario paraguayo se encogió de hombros y bajó la mirada.
El
vuelo Latam LA1300 aterrizó en el aeropuerto Silvio Pettirossi a las 00.43 del
jueves 17. Con ventajas de viajar en primera fila, Joselo bajó apurado, antes
de que sus escrachadores lo puedan alcanzar y se perdió en la noche. Los videos
del acto de justicia moral ya empezaban a circular por las redes en internet.
Muy
cerca de donde ahora escribo en una funcional notebook, Augusto Roa Bastos escribía
hace casi 70 años en una metálica y ruidosa Remington, en el segundo piso de la
casona de Benjamín Constant casi 15 de Agosto, cuando un obrero subió a avisar
que unos matones estaban destruyendo la imprenta en el taller de abajo, a
golpes de hacha y martillo.
Era una
tarde gris de marzo de 1947. La guerra civil estaba en ebullición y Roa no era
todavía el celebrado novelista, apenas el joven secretario de Redacción de El
País, el diario dirigido por Policarpo Artaza, pero sus columnas satíricas, firmadas
como El viejito del acordeón, ya provocaban enojos entre los dueños del poder,
sobre todo en J. Natalicio González, entonces ministro del dictador Higinio
Morínigo, quien envió a una horda del Guión Rojo –grupo paramilitar del Partido
Colorado– a destrozar el diario y a traer maniatado al irreverente escriba ante
su presencia.
Los
periodistas huyeron corriendo encima de los techos de las casas vecinas. Cuando
llegaron a buscar a Roa Bastos a su casa de Villa Morra, él tuvo que ocultarse
dentro de un tanque de agua, para luego buscar asilo en la Embajada brasileña,
iniciando el largo exilio que lo llevó primero a la Argentina, donde empezaría
a convertirse en nuestro escritor más universal.
Hay
quienes aseguran que la antigua máquina de escribir que dejó en aquella
Redacción asaltada por los Guión Rojo, es la que hoy se exhibe en la recepción
de Última Hora como una pieza de museo. No creo que sea exactamente la misma,
aunque sí es de la época, pero es reconfortante creer en ese símbolo.
En esta
antigua casa editorial, que aún conserva el histórico nombre de aquel combativo
diario El País, se han editado muchos diarios y semanarios. No hay otro
edificio que guarde tanta historia periodística –que en gran parte aún falta
rescatar y contar mejor– desde que se imprimió por primera vez el vespertino La
Tarde, dirigido por Ernesto J. Montero, el 9 de marzo de 1903. Le siguieron El
Tiempo, El Orden, El Estudiante, La Lucha, La Mañana, otra vez La Tarde y
varios más, hasta que el 8 de octubre de 1973 apareció por primera vez Última
Hora, impreso con las mismas máquinas de la época de Gutenberg, bajo la
dirección de Isaac Kostianovsky, el recordado Kostia.
Esa
gloriosa época de diarios casi artesanales quedó atrás. Ahora ya no hay matones
destrozando imprentas, ni periodistas obligados a huir sobre los techos ante
paramilitares enviados por algún gobierno, pero sí hay sicarios narcos que
disparan ráfagas de muerte o arrojan granadas sobre los informadores, así como
policías y políticos cómplices, fiscales y jueces corruptos que traban
cualquier acción de justicia.
Última
Hora celebra hoy 46 años de vida. En lo personal y profesional, he compartido 40
años de esa historia y me gusta creer que la misma máquina de escribir que dejó
Roa Bastos nos recibe a todos quienes cotidianamente ingresamos a esta remozada
casa periodística, como un desafío para que la sigamos haciendo funcionar con
la misma actitud de valentía, claridad y dignidad de aquellos duros años de
trinchera.
El Electra C de LAP llevó en 1973 al dictador
a Europa y África. Antes de volverse chatarra, fue rescatado por un ex miembro
de su tripulación.
Andrés Colmán Gutiérrez -
@andrescolman
Fotos: Desirée Esquivel
La larga
estructura cilíndrica aparece de pronto, en medio de un claro de bosque, al
final de un serpenteante camino de tierra que sube por las laderas de verdes
cerros, desde la ruta entre Pirayú y Caacupé, en la compañía Cerro Verá, no muy
lejos del humilde rancho donde nació el héroe guerrero José Eduvigis Díaz.
La escena
parece salida de una película de Werner Herzog, un barco varado en medio del
desierto o de la selva, en este caso, los restos de un enorme avión sobre los
desolados cerros de Pirayú. Sobre su estructura polvorienta y despintada
alcanza a leerse: Líneas Aéreas
Paraguayas, la legendaria aerolínea que fundó el régimen del general
Alfredo Stroessner (1954-1989) y que con sus luces y sombras es considerada la
etapa más consistente de la aviación en el Paraguay.
LEYENDAS. ¿Cómo llegó el avión
hasta aquí? Lacú Ramírez, poblador campesino, prefiere compartir un relato
mítico en guaraní: hace años la aeronave tuvo que aterrizar de emergencia en el
descampado y desde entonces nunca más pudo salir. Él no lo vio, pero así le
contaron.
La
versión real es menos fantástica. Mario Medina, concejal municipal de Pirayú,
directivo de la academia PZ Flight, formadora de pilotos y tripulantes de
vuelo, vio un día de 2017 que un grupo de obreros estaba empezando a cortar el
fuselaje de un viejo avión Electra C de LAP, tirado en inmediaciones del
aeropuerto.
“Ya le
habían cortado las alas e iban a convertirlo en chatarra. Ese avión era el
ZP-CBY, que en julio de 1973 llevó al entonces presidente Stroessner y varias
personas de su gobierno a una gira oficial por Europa y África. Planteé que nos
permitan usarlo para ejercicios de adiestramiento de nuestra academia y me lo
permitieron”, relata Medina.
El
concejal conoce bien al avión, porque fue parte de su tripulación, llegando a
ocupar el puesto de comisario a bordo. “Le tenemos mucho cariño a esta
verdadera reliquia de la aviación paraguaya”, dice.
Tuvieron
que partirlo en dos para trasladar el fuselaje hasta la propiedad de su
familia, en Cerro Verá, donde planea reconstruirlo, tanto para ejercicios de
supervivencia en la selva, como para instaurar un sitio de atracción turística.
HISTÓRICO VUELO. El
Lockheed L-188C Electra, con capacidad para 84 pasajeros, perteneció primero a
la aerolínea norteamericana Eastern. La empresa LAP lo compró en 1969. Con
matrícula ZP-CBY empezó a operar realizando vuelos a São Paulo, Brasil, con
tres frecuencias semanales.
El 14 de
julio de 1973 llevó al dictador Alfredo Stroessner y gente del Gobierno a una
de las más grandes giras en busca de apoyo internacional. En España fue
recibido por el dictador Francisco Franco.
Stroessner
buscó ser recibido oficialmente en Alemania, la tierra de sus ancestros, pero
solo pudo ser invitado oficioso en el estado de Baviera por el ministro Alfons
Gopel, donde además conoció a sus primos Heinz Stroessner y Gustav Unger. El
Gobierno alemán ya le requería que entregue al criminal de guerra nazi Josef
Mengele, que obtuvo la nacionalidad paraguaya, pero el dictador se hacía el
desentendido.
En
cambio, sí pudo ser recibido por el presidente italiano Giovanni Leone en Roma
y por el papa Pablo VI en Castelgandolfo. Además, el avión estuvo en Portugal,
Francia, Marruecos, Cabo Verde, Islas Canarias y Recife.
Ahora el
fuselaje todavía bastante deteriorado es admirado por excursionistas que montan
campamentos juveniles a su alrededor y se hacen selfies, recreando un escenario que parece de posguerra nuclear.
Entre los
hierros retorcidos duermen las historias.
Curso de sobrevivencia para futuros pilotos y azafatas, usando la estructura del avión rescatado. (Foto gentileza: Mario Medina. PZ Flight).
El avión Electra C de Lap ZP-CBY, en el aeropuerto de Munich, durante el viaje de Stroessner a Europa y África (foto gentileza del historiador aeronáutico Tony Sapienza).
El
Paraguay está seco y en llamas. Los bosques y los campos se incendian ante el
menor descuido y componen un dantesco escenario que parece calcado de la
película Apocalipse now.
Imparables
murallas de fuego se alzan en la noche, a los costados de las rutas, devorando
pastizales, acorralando a rebaños de animales y asentamientos humanos.
La poca
lluvia no basta para aplacar la tremenda sed acumulada que tiene la tierra, ni
para contener los infernales corredores de fuego. El heroico esfuerzo de los
bomberos resulta insuficiente o vano ante el gran número de estallidos.
Al
momento de escribir este artículo hay 1.626 focos de incendios detectados en
todo el país, principalmente en San Pedro, Concepción, Amambay y Presidente
Hayes. En este infierno no solo se consumen pastizales ganaderos o campos
improductivos, sino también lo poco que queda de nuestros valiosos bosques y de
nuestra siempre amenazada fauna, devorando valiosas reservas naturales.
Las
causas son variadas, pero todas surgen de la ignorancia, de la inconsciencia
social, de la viciada "cultura del fuego".
- Alguien
que al pasar arroja una colilla de cigarrillo en brasas entre los arbustos.
- Vecinos
que queman alegremente su basura en los terrenos baldíos.
Cazadores
de apere'a que usan las hogueras para obligar a los roedores a salir de sus
madrigueras.
- Ganaderos
que quieren ahorrar dinero y les prenden fuego a sus pastizales resecos,
pensando que es la manera natural de renovarlos.
- Agricultores
a quienes les parece más práctico y barato quemar sus "rozados" para
abrir nuevas áreas de cultivo en el monte.
Todos
aparentemente inocentes ciudadanos, a quienes el fuego se les va de las manos
"por accidente", hasta volverse un infierno incontrolable.
Es un
momento de detenernos a preguntar qué nos pasa.
¿Será que
en cada paraguayo o paraguaya hay un pirómano latente?
¿Acaso
odiamos tanto a este país, que tenemos que quemarlo en la hoguera, como a la
princesa india Anahí, como a Juana de Arco, como a las brujas medievales?
¡Arde,
Paraguay, arde...!
El
crimen que estamos cometiendo es inexcusable. Cada humareda es veneno tóxico
que contamina el aire. Cada foco de incendio es una acción que calcina y
empobrece la tierra, un daño ecológico del cual no podrá volver a recuperarse
en montones de años. Cada especie vegetal y animal que muere bajo el fuego es
también una parte de nuestra propia vida que se acaba.
Estas
formas de ecocidio están penadas por la Ley, y quien le prende fuego a un campo
o a un bosque puede ser castigado hasta con cinco años de cárcel. Pero... ¿sabe
usted de alguien que esté preso por haber iniciado una quemazón? ¿Al menos uno
solo de los 1.626 casos?
Ya lo
dijo alguna vez el maestro Augusto Roa Bastos: Los paraguayos y las paraguayas
hemos nacido en una tierra que se parece a un paraíso, pero hacemos todo lo
posible para que se parezca a un infierno.
____________________
(Publicado originalmente en el diario Última Hora el 8 de
setiembre de 2007. Es uno de los artículos que la profesora magister en
Ciencias del Lenguaje, Celeste Fleitas Guirland, eligió para analizar en su
libro Discurso y pragmalingüística.
Bases teóricas y análisis de textos desde los nuevos enfoques lingüísticos,
editado en 2011).
El
reciente decreto del Gobierno paraguayo en el que reconoce a Isis y a Al Qaeda
como “organización terrorista global” y a Hamas y Hezbolá como “organización
terrorista internacional”, además de convalidar el libreto que viene
repitiendo el Informe anual del Departamento de Estado de los Estados Unidos
desde hace más de una década, sosteniendo que existirían bases de algunas de
estas organizaciones infiltradas en el seno de las comunidades árabes migrantes
en la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina (sin que se haya
exhibido hasta ahora pruebas convincentes, más que algún envío de remesas de
dinero), es una evidente concesión por parte del presidente Mario Abdo Benítez
a su actual nuevo protector, el expresidente Horacio Cartes, para favorecer a
sus relaciones políticas y comerciales con el Estado de Israel.
Se produce
de este modo el inicio de un brusco viraje en la política exterior del actual
Gobierno, que había empezado anulando la mudanza de la embajada paraguaya de
Tel Aviv a Jesuralén, dispuesta por Cartes en sus últimos meses de Gobierno
(con clara intromisión paraguaya en el conflicto palestino-israelí), que había
provocado el enojo y el retiro de la Embajada de Israel en Asunción, y había
abierto nuevas relaciones diplomáticas con países del mundo árabe.
Acerca de
este tema, habíamos escrito en setiembre de 2018 el artículo “Adiós, Israel;
hola Palestina” en Última Hora. (Lo puedes leer aquí).
Más allá
de la percepción que cada uno tenga acerca de cuál de las medidas (la de Cartes
primero, la de Marito después, la de Marito ahora) sea la más correcta para el
país, lo que ahora queda en evidencia es que Cartes ya ha empezado a cobrar por
su actual apoyo a Marito para salvarlo del juicio político, lo cual demuestra
que el argumento de que ese generoso apoyo a su hasta hace poco principal
adversario político es solo "por la patria" y a cambio de nada... es
una soberana mentira.
La
comprensión de los conflictos en el Medio Oriente resulta compleja para quienes
manejamos distintas percepciones políticas, culturales y religiosas desde la
distancia. Algunas de las organizaciones de violencia armada que actores
políticos gobernantes de Estados Unidos e Israel consideran abiertamente como
organizaciones terroristas, son vistas sin embargo por ciudadanos palestinos
–el caso de Hamas- y libaneses –el caso de Hizbolá-, como movimientos armados
de resistencia ante lo que consideran una invasión de sus antiguos territorios,
y desde ese punto de vista, muchas familias islámicas migrantes consideran
incluso un “deber patriótico” contribuir a estas causas, enviando remesas de
dinero. Ignorar este sentimiento que anida en algunos miembros de las
colectividades árabes establecidas en la zona de la Triple Frontera es ver solo
una parte del problema, principalmente cuando se ignoran enormes operaciones de
tráfico ilegal (narcotráfico, tráfico de armas, tráfico de personas,
mega-lavado de dinero, contrabando de cigarrillos y productos electrónicos) por
parte del crimen organizado transfronterizo que tienen consecuencias mucho más
directas en la realidad social, política y económica de nuestros países.
Probablemente
en los próximos meses veremos que todos los avances de contactos con países del
mundo árabe que había iniciado el entonces canciller Luis Castiglioni, van a
empezar a cortarse nuevamente y se reanudarán los lazos con Israel. Son
opciones diplomáticas, solo que los referentes del actual Gobierno tendrán que
asumirlos, con sus inevitables consecuencias. Esperemos que una de ellas no sea
el aumento de la estigmatización y criminalización de las comunidades islámicas
migrantes que habitan en el Este del país, mientras no existan pruebas
concretas de que hayan cometido algún delito.
P.D.: El
abogado José Alejandro Sánchez agrega: “La Organización de Naciones Unidas
ubica al movimiento palestino Hamas como Parte Beligerante en un conflicto
colonial (Resolución Consejo de Seguridad 2334/2016) Es un estatus legal
internacional, no mi opinión. En cuanto a Hezbolá, este partido político armado
del Líbano representa actualmente al 55% del parlamento libanés (en su alianza
con los cristianos católicos maronitas) Ambos movimientos políticos armados son
aliados tanto de Turquía como de Siria e Irán, así que en este punto puede
haber consecuencias económicas para el recientemente abierto mercado turco a la
carne paraguaya”.
Tras la
aparentemente diluida crisis política, existe un punto sobre el que
hay que avanzar en las indagaciones: la conexión Hugo Velázquez - Seprelad – Horacio
Cartes.
La
ministra de la Secretaría de Prevención del Lavado de Dinero o Bienes
(Seprelad) hasta el miércoles 31 de julio a la mañana era María Epifanía
González, madre del joven abogado José ("Joselo") Rodríguez González,
el mismo que -según el expresidente de la Ande, Pedro Ferreira- operó como
supuesto "asesor jurídico" del vicepresidente Hugo Velázquez para
lograr que se saque del acta secreta firmado con Brasil sobre la compra de
energía de Itaipú el ahora famoso Punto Seis, en contra de los intereses de
Paraguay.
El
padre de Joselo es Miguel Ángel Rodríguez Maidana, quien fue funcionario del
Banco Nacional de Fomento hasta 2016, donde llegó a tener un cargo de gerente.
Según confirmó este año a la prensa Carlos Pereira, ex titular del banco y
actual ministro de la Secretaría de Técnica de Planificación de Desarrollo
Económico y Social (STP), Rodríguez Maidana era gerente comercial cuando Darío
Messer abrió cuentas en el BNF. Aunque el vicepresidente lo ha querido negar,
hay muchas evidencias de conexiones políticas y de amistad entre su familia y
la de Joselo Rodríguez. (Léanlo aquí)
Ese
miércoles 31, cuando tras el reportaje de investigación publicado por el diario
ABC Color estalló el escándalo que involucra a Velázquez y a Joselo, la madre
del joven abogado renunció a su cargo como ministra de la Seprelad. En su
lugar, el presidente Mario Abdo Benítez nombró como nuevo ministro al abogado y
exfiscal Carlos Arregui, conocido por su trabajo investigativo sobre hechos de
corrupción.
El
nombramiento de Arregui provocó el enojo de los referentes del movimiento Honor
Colorado, liderado por el expresidente Horacio Cartes y así lo hicieron saber
en los medios de comunicación. ¿Por qué Cartes le tenía tanto miedo a Arregui?
A la
tarde, cuando se supo que el "doleiro" y "hermano del alma"
Darío Messer, principal buscado por el caso Lava Jato, había sido
"coincidentemente" apresado en Brasil, el enojo creció en filas del
cartismo. ¿Era una mano salvadora de Bolsonaro a Marito y a la vez un
"apriete" a Cartes?
Fue en
ese contexto cuando, en horas de la noche, el movimiento Honor Colorado, a
través de un tuit del diputado Basilio Bachi
Nuñez, anunció sorpresivamente que habían decidido apoyar la iniciativa de
juicio político contra Marito y Velázquez, que hasta entonces estaba motorizado
sin muchas chances por el PLRA y el Frente Guasu. La cantidad de votos que
agregaba HC cambiaba drásticamente la situación y hacía que el juicio fuese una
amenaza real. La suerte de Marito y Velázquez estaba sellada. (Léanlo aquí)
La
noticia causó mucha sorpresa, porque Velázquez era considerado un hombre
también cercano y funcional a Cartes -y eso se comprobó a la tarde, en
Diputados, por la manera en que lo defendían los cartistas-. ¿Acaso había
decidido Cartes sacrificar a su aliado, con tal de tumbar también a Marito? Sin
embargo, el tercero en la línea de sucesión era el presidente del Congreso, el
liberal disidente Blás Llano, también considerado aliado y funcional a Cartes.
Sacrificaría un peón en el juego de ajedrez, pero conservaría una jugada
ganadora.
Algo
pasó en esa noche de intensa negociación, en que muchos no durmieron. El
periodista Santiago González contó en la mañana del jueves a su colega Luis
Bareiro ( y a toda la audiencia de Radio Monumental) que Carlos Arregui estaba
en el set de Noticias Paraguay en la noche del miércoles, esperando ser
entrevistado en el programa televisivo "Algo Anda Mal", cuando
recibió una llamada telefónica y pidió disculpas para retirarse. "Me llaman urgente desde Mburuvicha
Róga, están pidiendo mi cabeza", le confesó Arregui a Santi.
En la
mañana del jueves, cuando ya todos esperaban que se inicie el proceso para el
juicio político en la Cámara de Diputados, los legisladores cartistas dieron
otra sorpresa. El presidente de Diputados, Pedro Alliana comunicó que, debido a
que se había anulado el polémico acuerdo con Brasil, retiraban su apoyo al
juicio político, lo cual lo volvía inviable. Varios de sus propios colegas de
bancada se desayunaron con la novedad.
¿Fue la
posible remoción de Carlos Arregui al frente de la Seprelad una pieza de
negociación entre Marito y Cartes? La diputada liberal Celeste Amarilla cree
que sí. (Léanlo aquí).
Durante
gran parte del jueves, la pregunta estuvo flotando, hasta que fuentes de
Palacio indicaron que Arregui sigue al frente de la Seprelad.
Esta
relación de hechos introduce elementos a considerar y profundizar:
¿Era la
ministra María Epifanía González una funcionaria que respondía al sector
político interno del vicepresidente Velázquez? De ser así, ¿había alguna
indicación para no avanzar en indagaciones sobre lavado de dinero y otras
pistas que puedan ligar al expresidente con los negociados de su "hermano
del alma" Darío Messer? ¿Por eso les enojó tanto que se saque a María
Epifanía y se ponga en su lugar a Carlos Arregui? ¿Temen que Arregui avance en
las investigaciones que su antecesora no realizó?
¿Será
que Marito aceptó hacer rodar la cabeza de Arregui a cambio de la ayuda cartista
para frenar el juicio político, pero al destaparse el caso en forma pública,
decidió mantenerlo? ¿Hasta cuándo...? ¿Cómo influirá esto en el cartismo?
¿Qué
hará Carlos Arregui desde la Seprelad ante esta situación...?
Como
solemos decir.... pasen y busquen su mejor ubicación... ¡esto recién comienza! __________________________________ Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Joselo Rodriguez (a la derecha) con el hijo del vicepresidente Velázquez, Totelo (a laizquierda).
El polémico decreto que nombra a Arregui en la Seprelad.
Las denuncias de Pedro Ferreira y la confirmación del propio presidente Abdo Benítez.
En
plazas y veredas de Itauguá, Lambaré, Asunción, Oviedo o Pilar, brotan pequeñas
bibliotecas en cajas, heladeras o casitas de pájaro. Una quijotesca cruzada por
despertar el amor a los libros.
Andrés
Colmán Gutiérrez - @andrescolman
–¡Mirá,
mamá! ¡Una casita de pájaros…!– grita Melissa, de siete años, mientras cruza la
plaza Juan de Ayolas, de Lambaré, de la mano de su madre.
María
Luisa sonríe y la acerca al curioso artefacto, un caño de acero que soporta una
caja de metal con forma de casita, de color amarillo, con techo de chapas y
revestimientos de vidrio. La puertita está abierta y deja ver muchos libros en
el interior.
–Es una
casita, no de pájaros, hija, pero también permiten volar…– explica la mujer.
Ante la
mirada expectante de la pequeña, María Luisa hurga hasta hallar un colorido
libro de cuentos. Luego se sienta con Melissa en un banco y deja que la niña se
sumerja en la historia mágica. La mujer planeaba ir al supermercado; sin
embargo, decide aprovechar ese momento único y quizás irrepetible. Bajo la luz
radiante de la mañana, frente a la pequeña Biblioteca Callejera de la Plaza
Ayolas de Lambaré, Melissa y su mamá leen una historia de animalitos traviesos
y aventureros.
Las
páginas bailan en el viento, como si fueran alas de pájaros.
Biblioteca con motocarro en la Plaza Solares de Lambaré
CRUZADA. Las bibliotecas
callejeras nacieron como esfuerzos aislados de personas que buscan despertar la
pasión por la lectura y contribuir a la calidad de la educación, en un país en
donde cada habitante lee solo la 0,25 parte de un libro al año, según datos de
la Cámara del Libro Asunción Paraguay (CLAP).
Así se
ha creado una red que se extiende a distintos lugares del país, originando una
pequeña revolución cultural.
Un
primer proyecto se registra en el 2016, en Itacurubí de la Cordillera, cuando
la Municipalidad habilitó un espacio de lectura al aire libre en el balneario
Itakoty. Instaló un mueble lleno de libros, con bancos y mesitas, creando un
agradable ambiente.
En el
verano de 2016, educadores y vecinos del barrio Ykua Naranja, de Itauguá,
crearon una biblioteca al aire libre en la placita Félix Fernández, utilizando
cajones de frutas pintados, en donde ubican los libros recibidos en donación.
También
en Itauguá, desde el 2018, la empresa Iris promovió la creación de
casitas–bibliotecas, la primera para sus propios empleados, otras dos en la
plaza central de la ciudad y en el local de la Municipalidad.
La
cuarta biblioteca se instaló en agosto de 2018 en una plaza de la compañía
Guayabity, en un trabajo conjunto con la comisión vecinal 23 de abril.
Biblioteca de heladera en Lambaré
Biblioteca con cajones de frutas en Itauguá.
EN LAMBARÉ, CON AMOR. La
cruzada más exitosa de las bibliotecas callejeras nació en 2017, a iniciativa
del escritor paraguayo Aníbal Barreto Monzón, quien durante un viaje a Estados
Unidos, vio en el pueblo de Clifton, Virginia, un buzón con libros en una
plaza.
–Me
llamó la atención cómo las personas retiraban libros y depositaban otros, o se
sentaban a leer allí. Tomé una foto y la publiqué en Facebook, comentando que
sería lindo hacer algo similar en Paraguay–, relata Aníbal.
Pryscila
León, otra apasionada por los libros, ofreció financiar la construcción de la
casita. Tras una resistencia inicial de funcionarios de la Comuna, el
intendente de Lambaré, Armando Gómez, apoyó la iniciativa. Así, en octubre de
2018, se inauguró la primera biblioteca callejera con libros donados por muchos
amigos, en la Plaza Ayolas, frente a la Municipalidad, una experiencia que a
ocho meses funciona con éxito.
–Cada
vez que paso por aquí veo a grupos de jóvenes y a personas adultas leyendo –destaca
Aníbal–. Esto está siempre abierto y los libros se mantienen, se reponen y se
intercambian con frecuencia. Mucha gente me dijo: “no va a resultar, en
Paraguay nadie quiere leer, te van a robar todos los libros para venderlos”,
pero ya ven que sí funciona.
Jóvenes leyendo en la Plaza Ayolas, de Lambaré.
INGENIO. A la cruzada de Aníbal
y Pryscila se unieron otras personas, como Carlos Brañas o el joven Álvaro
Giménez. El ejemplo se expandió y se crearon más casitas de pájaro en Lambaré,
en Asunción (Marcelino Noutz y Sargento Gauto), en Coronel Oviedo (frente al
local cultural Clemente Róga) y otras que se habilitarán en el barrio Trinidad
de Asunción y en la ciudad de Pilar.
Lo
llamativo es que también se despertó el ingenio para construir las pequeñas
bibliotecas al aire libre. En el predio de la Capilla Virgen del Carmen, en
Valle Apu‘a, Lambaré, se utilizó una vieja heladera. En la Plaza Solares,
también de Lambaré, se recicló un motocarro en desuso.
–De a
poco estamos derribando el mito de que a los paraguayos no les gusta leer– dice
Aníbal Barreto. Solo hace falta sacar más libros a las plazas y a las calles.
Me
cuesta recordar con precisión cuando empezó está historia...
Podría
haber sido allá por 1974, cuando con un grupo de compañeros y compañeras del
Colegio Nacional Salto del Guairá editábamos un periódico estudiantil con un
viejo mimeógrafo...
O
quizás en 1975, cuando a la edad de 14 años empecé a conducir un breve programa
radial al mediodía en ZP 27, Radio Mbaracayú, en la ciudad de Salto del Guairá,
que me llevó a ser demorado por primera vez en la Delegación de Gobierno porque
a las autoridades no le gustaron mis críticas contra el entonces dictatorial
gobierno...
Lo
que sí tengo bien presente es que, tras haber llegado a Asunción para estudiar
periodismo en la UNA, el 1 de junio de 1979, con sólo 17 años de edad, empecé a
trabajar en la vieja Redacción de Última Hora, sobre la calle Benjamín Constant
658, en una estrecha sala poblada de veteranos románticos, entre el humo de los
cigarrillos y el tecleteo incesante de las máquinas de escribir. Sé que ese fue
el momento en que se inició mi carrera profesional de periodista, por tanto
hoy, sábado 1 de junio de 2019, se cumplen exactamente 40 años.
Me
hubiera gustado conmemorar esta fecha con ustedes con un libro que recopile
algunos de los artículos, reportajes y crónicas más rescatables de lo que
públiqué en todos estos años, matizado de anécdotas, historias, revelaciones...
pero el intenso trajín de estos últimos meses no me permitió realizar una
selección satisfactoria. Les sigo debiendo ese libro para más adelante.
Así
que hoy, al cumplir 40 años de periodismo en el Paraguay, sólo me queda
agradecer a todos los lectores y lectoras que me han acompañado y me siguen
acompañando desde el otro lado de las páginas o de las pantallas, a quienes
perdonan mis errores y multiplican los logros, a quienes me dan señales de que
esta tarea sigue siendo necesaria como un servicio social para construir y
defender cotidianamente la libertad y la democracia.
A pesar de
que nuestro oficio atraviesa una época de crisis y de necesaria revisión ética,
el periodismo me ha permitido sentirme parte de un pueblo, de una nación, de
una colectividad en proceso de búsqueda de un mejor destino. Si tuviera que
volver a elegir una profesión, elegiría la misma, porque como pocas permiten
conocer profundamente la naturaleza humana, las luces y sombras de la vida, el
sentido de ser habitante de una patria llamada humanidad.
Presidente
de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP)
Cuentan
los relatos míticos del mundo indígena guaraní –rescatados por el gran antropólogo
León Cadogan y reelaborados con peculiar encanto por el escritor Eduardo
Galeano en su obra Memoria del Fuego– que cuando Ñande Ru Tenondé, el Padre Primero Ñamandú, se irguió en la
oscuridad y creó el lenguaje, no había quien lo pudiera escuchar. Entonces creó
el mundo y creó a los primeros hombres y a las primeras mujeres, y les entregó la
palabra creadora (Ayvu) para que todo
pudiera cobrar vida, pero principalmente para que la magia del lenguaje alcanzara
a redimir al propio Padre Primero de aquella inmensa soledad primigenia.
En el
Paraguay, nuestro pequeño y heroico país mediterráneo del Cono Sur, de raíz
principalmente cultural guaraní, en donde hemos nacido entre relatos mágicos y entre
muchas historias alucinadas que esperan ser contadas, los escritores y las
escritoras seguimos padeciendo la misma soledad del Padre Primero Ñamandú o
como lo ha denominado más certeramente nuestro autor mayor, Augusto Roa Bastos,
seguimos sufriendo el encierro de “la isla rodeada de tierra”: No siempre hay
quienes nos puedan leer o escuchar.
Nuestra
industria editorial es todavía incipiente, aunque avanza abriéndose caminos a
tumbos entre muchos escollos y la falta de un mayor apoyo estatal. Quienes escribimos
y publicamos libros lo hacemos para un número muy reducido de personas, ya que
en el Paraguay cada habitante lee solamente la 0,25 parte de un libro al año,
según datos estimativos. Esta es la realidad de un país donde el 24,2% de la
población aún vive en situación de pobreza y un 4,8% en situación de pobreza
extrema; en donde el sistema educativo es todavía de muy baja calidad y existe
un escaso fomento a la lectura desde las instancias gubernamentales y desde la
misma sociedad. A pesar de todo, un anteproyecto de Ley del Libro impulsado
desde hace años por los gremios de autores, libreros y por actuales instancias
culturales gubernamentales, intenta abrirse paso ante la indiferencia de la
clase política.
Desde
hace mucho tiempo también seguimos padeciendo la invisibilidad de las obras
paraguayas en los mercados internacionales del libro, debido a las trabas
burocráticas fronterizas o a un escaso interés, que desmiente el ansiado espíritu
de integración cultural del Mercosur. Por ello, nuestra presencia constante en
esta Feria Internacional del Libro de Buenos Aires constituye una vidriera
fundamental, una ventana a la esperanza.
A pesar
de los pesares, una literatura paraguaya tercamente viva insiste en
reinventarse y en expandirse cada vez más. Quienes hoy asumimos el desafío de
narrar al Paraguay en cuentos, novelas, poesía, historia, ensayos, crónicas
periodísticas y de investigación, álbumes de cómics o novelas gráficas, lo
hacemos teniendo en cuenta la rica herencia y tradición de nuestros más grandes
maestros y maestras como Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Gabriel Casaccia,
Josefina Plá, Helio Vera, Rubén Bareiro Saguier, Carmen Soler, Hérib Campos
Cervera, Raquel Saguier, José-Luis Appleyard y tantos más, buscando reflejar
las nuevas exigencias de una era de profundas contradicciones sociopolíticas,
con nuevos lenguajes y nuevas perspectivas.
En este
Año Internacional de las Lenguas Indígenas, valoramos particularmente el
esfuerzo creativo de quienes sueñan y escriben en nuestro imperecedero idioma
guaraní, buscando derrotar el arraigado mito de que es una lengua esencialmente
oral y que tanto su escritura, como su lectura, resultan difíciles. Las novelas
en guaraní, Kalaíto Pombéro de Tadeo
Zarratea; Pore’y rapé, de Hugo
Centurión y Tatukua de Arnaldo Casco,
sientan las bases de otra narrativa, la que rescata y refleja al Paraguay más
profundo y ancestral, que se complementa también con una abundante colección de
libros que exponen una larga tradición de relatos y poesía en guaraní, con la
herencia de queridos maestros como Rosicran, Carlos Martínez Gamba, Félix
Fernández o Félix de Guarania, hasta actuales batalladores poetas, escritores y
académicos del guaraní, Susy Delgado, Feliciano Acosta, Miguel Ángel Meza,
Mario Rubén Álvarez, Ramón Silva, entre muchos otros y otras, entre quienes ocupan
un sitio preponderante Alba Eiragi Duarte, poetisa y escritora Ava Guaraní, y Brígido
Bogado, poeta y escritor Mbya Guarani, ambos miembros de la Sociedad de
Escritores del Paraguay, exponentes genuinos de una cultura sobreviviente que
tiene tanto por decir y por contar. Además, nuestra literatura tiene una gran deuda
pendiente con las demás lenguas de los 19 pueblos indígenas, ya que hasta ahora
existen pocos relatos y poemas escritos en ayoreo, yshir, tomaraho, nivaclé,
maká, manjui, enlhet, enxet, guaná, sanapaná, angaité, toba maskoy, qom, pai
tavyterá o aché.
La
literatura paraguaya actual es amplia, diversa, rica y abarcante. Hay una cada
vez más sostenida creación poética y narrativa de mujeres, que no solo expresan
la mirada femenina en la producción literaria, sino que además ejercen un rol
pedagógico para lograr el paulatino cambio de chip mental de una cultura
patriarcal machista, en busca de una más tolerante, que reconozca los derechos
de las mujeres, como de quienes tienen opciones sexuales diferentes y de otras minorías
aún discriminadas. Resulta meritoria la tarea que realiza la organización
Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA), que ha publicado varios libros que
recopilan relatos escritos por mujeres. Es extensa la lista de autoras
paraguayas, pero quiero rendir a todas ellas un homenaje en la persona de la
maestra Maribel Barreto, prolífica escritora, docente y ensayista, ganadora del
Premio de Novela Roa Bastos 2017 con su novela Codicia, quien ha presentado
recientemente su último libro, Hijo de la revolución, un retrato desde la
ficción sobre las revueltas de principios del siglo XX y lo que implica ser
mujer en el Paraguay. Ella tenía que haber estado con nosotros en este
encuentro, pero un problema de salud se lo ha impedido.
La
creación paraguaya más tradicional, habitada principalmente por obras de
denuncia social en un ámbito histórico y rural, ha ido mutando hacia una
narrativa urbana que abarca géneros como el relato policial, la ciencia
ficción, el horror gótico, el trilher político, las historias de aventuras. La
aparición de grupos y comunidades de jóvenes narradores urbanos, como el centro
cultural Literaity o la Asociación Literaria Arandú, respaldados por pequeñas
editoriales independientes, están consolidando una emergente narrativa rebelde,
innovadora en su forma y en su lenguaje, amplificada con los recursos de las
redes sociales en internet y las plataformas digitales. Patricia Camp, Christian Kent, Orlando
Orué, Diego Ayala, Damián Cabrera, Yems Aguilera, María Zaracho Robertti,
Sebastián Ocampos, Cave Ogdom, Ricardo Loup, Ana Miranda, Lourdes Benítes, Edu
Barreto, son algunos de esos nombres. (De ello nos habla con más detalles la
compañera Norma Flores Allende, en su reveladora plataforma digital #Urumbe).
Una
mención especial merece el trabajo de edición digital del grupo Tiempo
Ediciones y Contenido, que hoy permite que los libros paraguayos estén al
alcance de cualquier lector de libros electrónicos en el mundo.
Destacamos
también el innovador eco de una literatura fronteriza, que se nutre de los
contrastes culturales en regiones compartidas con colectividades inmigrantes
brasileñas, o de ascendencia asiática o europea. La novela Xirú, de Damián Cabrera, es un ejemplo de esa narrativa que refleja
los torbellinos de tierra roja en el Alto Paraná, los conflictos ambientales de
la llamada Guerra de la Soja. El
grupo de escritores y poetas que experimentan con el lenguaje triplefronterizo,
en una onda cultural denominada “portuñol selvagem”, principalmente desde
editoriales cartoneras, constituyen otro irreverente movimiento innovador de
nuestra literatura.
Igualmente
sentimos como muy cercanos y como parte de nuestra historia a los narradores
paraguayos o descendientes de paraguayos que escriben desde afuera de nuestras
fronteras, especialmente a un nutrido grupo de autores en Argentina como Gilberto
Ramírez Santacruz, Éver Román, Mario Castells, Ivan Silvero, entre otros. Hay
en sus obras una linda herencia de la épica literatura del exilio, la que ha dado
vida a muchos de nuestros mejores narradores y narradoras.
Las
obras que ayudan a rescatar la historia y la memoria también siguen componiendo
una de las vertientes más prolíficas de los autores y las autoras del Paraguay,
no solamente las que permiten no olvidar los horrores de la dictadura
stronista, sino las que significan episodios más lejanos desde nuevas
perspectivas. En ese sentido, tanto las novelas históricas como los relatos de
la Guerra del 70 adquieren especial significación en la conmemoración por los
150 años de aquella contienda. En ese campo, nuestra más reciente contribución
personal une el rescate de un episodio silenciado durante el stronismo con la
investigación periodística, en nuestro libro “Mengele en Paraguay”, sobre la
protección dada por el dictador Alfredo Stroessner al médico criminal nazi
Josef Mengele, que presentamos en esta Feria.
Como soy
también guionista de obras de cómics, destaco el especial auge que la narrativa
dibujada ha tenido en los últimos años en el país, principalmente con obras
dedicadas a la gesta de la Independencia, la Guerra del 70, la Guerra del Chaco
y la dictadura stronista, como a la adaptación de grandes clásicos de la
literatura paraguaya para una mejor divulgación en colegios y escuelas. Contamos
con el aporte de grandes narradores, como nuestro universal Robin Wood, y el
esfuerzo editorial de escritores y dibujantes como Javier Viveros y Roberto
Goiriz, además de un loable esfuerzo de la editorial Servilibro, que ha creado
una colección especial dedicada al comic paraguayo, donde se suman proezas como
la edición de los diez álbumes de Mafalda, del genial Quino, en versión
traducida por la docente María Gloria Pereira al idioma guaraní.
Son solo
algunos de los puntos que destacamos en estas consideraciones generales sobre
la literatura paraguaya actual. Somos conscientes del desafío que implica
escribir y contar historias en un país que sigue intentando construir una
institucionalidad democrática entre los sobresaltos autoritarios y los embates
de una cultura conservadora, que padece a una clase política mediocre y poco
sensible a las necesidades populares, pero lo hacemos motivados por la lucha de
sectores sociales que emergen y se movilizan cada vez con más fuerza por
derrotar a la corrupción, obteniendo inéditos logros en derrocar a líderes
mafiosos y a estructuras autoritarias. Sabemos que en la medida en que nuestra
labor sintonice con esos genuinos esfuerzos, nuestra obra tendrá un mejor
sentido y aquella primigenia soledad del Padre Primero Ñamandú también nos va a
pesar cada vez menos.
_________
(Ponencia presentada en la 45a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, domingo 5 de mayo de 2019. Representación de escritores paraguayos en la mesa "Literatura e Historia del Paraguay actual", con Gilberto Ramírez Santacruz, Norma Flores Allende, Manuel Martínez Domínguez y Javier Viveros. El video que ilustra la nota es de Norma, de su plataforma #Urumbe)