lunes, 11 de mayo de 2015

Los 17 periodistas paraguayos que dieron la vida por informar

Acto de protesta de periodistas, recordando a sus colegas asesinados.
En el Día del Periodista Paraguayo (26 de abril), los principales homenajes son casi siempre para Pablo Medina y Santiago Leguizamón, los más conocidos mártires de la comunicación. Pero hay otros quince que también se inmolaron por dar a conocer su verdad a través de los medios. Sepa quiénes son.

#CrónicasDeLaMemoria

Por Andrés Colmán Gutiérrez | @andrescolman

Hombres armados que esperan en la esquina de una calle fronteriza o en la desolación de un camino rural.
Sicarios que llegan raudamente a bordo de una motocicleta, con el rostro oculto por cascos con visores oscurecidos, y que con mortal eficacia desenfundan escopetas y pistolas automáticas.
Las escenas son siniestramente parecidas, como calcadas de un criminal manual operativo. En la mayoría de los casos hubo amenazas previas, a través del teléfono o de mensajes de texto. En otros, fue simplemente la sorpresa de un fugaz instante, una frenada brusca, un click metálico que antecede a los fogonazos mortales.
Desde aquel primer brutal asesinato del periodista Santiago Leguizamón, como macabro mensaje en el Día del Periodista Paraguayo, el 26 de abril de 1991, hasta ahora, ocurrieron otros 16 casos contabilizados de comunicadores asesinados por su trabajo de informar.
Desde dueños de radioemisoras, reporteros profesionales conocidos, corresponsales de grandes medios, hasta comunicadores populares de radios comunitarias o locutores que cumplían una labor más de propaganda política partidaria, han sido víctimas de los asesinatos por encargo.

Conozcamos los casos:

Santiago Leguizamón, con sus hijos, frente a la radio de su propiedad, en Pedro Juan Caballero.
1. Santiago Leguizamón (1991): Mediodía en la tierra de nadie.

Era casi el mediodía del 26 de abril de 1991 y Santiago Leguizamón, periodista y director propietario de Radio Mburucuyá, en la ciudad de Pedro Juan Caballero, Amambay, estaba a punto de finalizar su tradicional programa Puertas Abiertas.
Planeaba juntarse con los demás trabajadores de la radio para compartir un almuerzo de conmemoración por el Día del Periodista en el restaurante El Pato, sobre la avenida fronteriza que divide a Pedro Juan de la ciudad brasileña de Ponta Porá.
Esa mañana, Leguizamón mantuvo un contacto al aire con su amigo Humberto Rubín, director de Radio Ñandutí, en Asunción, quien le pidió que se cuide, porque el comunicador pedrojuanino había recibido muchas amenazas de muerte.
"Hay dos clases de muerte, Humberto. Una es la muerte material, la muerte física. Y otra es la muerte cuando uno abandonó la ética y la voluntad de trabajo", le respondió Santiago.
Minutos después, Leguizamón salió del precario edificio de madera en donde funcionaba la radio, en el barrio María Victoria, y subió al auto, un viejo Datsun de color blanco, acompañado de su fiel secretario, Baldomero Karape Cabral.
Sobre la avenida Rodríguez de Francia, en la esquina de la calle De Jesús Martínez, en plena línea fronteriza, un automóvil Volkswagen Gol color negro, con vidrios polarizados y puerta derecha abollada, estaba esperando. Había tres hombres a bordo. Tenían armas y una siniestra misión.
Eran las 12.15 del mediodía, en la llamada "terra de ninguen" o "tierra de nadie", que divide a los dos países, cuando el Gol negro cerró el paso al auto blanco, y dos de los hombres saltaron a tierra. Uno llevaba armas cortas, presumiblemente una 9 milímetros y una 38 magnum, y el otro, una potente escopeta calibre 12 recortada.
Santiago detuvo el auto y vio que los hombres se le venían encima. Los disparos acribillaron el parabrisas. Herido y desfalleciente, Santiago aún tuvo fuerzas para gritarle a su secretario: "¡Corré, salvate... yo ya no puedo!". Cabral abrió la puerta y salió corriendo del auto, cuando escuchó la explosión final, el escopetazo que le arrancó a Santiago el ojo izquierdo.
Tras darle el tiro de gracia, los sicarios subieron al auto y cruzaron la frontera hacia Brasil. Según los forenses, 21 balazos impactaron en el cuerpo del periodista y le causaron la muerte.
Habían pasado dos años desde la caída de la larga dictadura stronista, cuando la mafia del narcotráfico y el crimen organizado en la frontera inauguraban el primero de una serie de violentos asesinatos a periodistas y comunicadores.
Como corresponsal de la entonces Red Privada de Comunicación (Diario Noticias, Canal 13 y Radio Cardinal), Leguizamón había publicado varios reportajes investigativos sobre tráfico de drogas, lavado de dinero, contrabando de soja y robo de vehículos.
Las últimas notas, en marzo de 1991, dejaban entrever una presunta complicidad entre los capos del crimen y el Gobierno del entonces presidente, general Andrés Rodríguez. Los reportajes mencionaban como uno de los principales capos del tráfico al entonces poderoso empresario fronterizo, Fahd Yamil, más conocido como El turco.
En 1992, un año después del asesinato de Leguizamón, la Policía Federal brasileña detuvo a los sicarios brasileños José Tiro Certo Araulho, José Aparecido de Lima y Bras Vaz de Moura, quienes confesaron haber asesinado al periodista paraguayo "por encargo de Daniel Alvares Georges (hijo de Fahd Yamil) y su primo Luis Enrique Tulú Georges".
La Justicia paraguaya nunca movió un dedo para utilizar esta confesión. Por el contrario, acabó encubriendo a los autores del crimen. A 24 años, el asesinato sigue en total impunidad.
Aquel "modus operandi" de los asesinatos por encargo, se repetiría en estos 24 años de modo sistemático, causando la muerte de otros 16 periodistas y comunicadores.

2. Calixto Mendoza (1997): Una mateada que dejó de ser feliz.

Mateando feliz, así se llamaba la audición radial que el locutor Calixto Mendoza conducía en las madrugadas, en la emisora Radio Yby Yaú, de la ciudad de Yby Yaú, en el Departamento de Concepción.
En su programa, Calixto brindaba espacios a dirigentes de organizaciones sociales y campesinas, formulando denuncias contra las autoridades y los poderosos de la región.
Evidentemente, sus críticas ocasionaron molestias. En la madrugada del 2 de marzo de 1997, su cuerpo fue hallado al costado de un camino rural de la compañía Arroyo de Oro, cerca de Yvy Yaú.
Sus familiares aseguran que Mendoza fue ahorcado por desconocidos y arrojado en un lugar descampado.
"Su muerte nunca fue investigada, se cerró el caso como accidente de tránsito'', destaca el también locutor Enrique Galeano, quien lo sustituyó en el programa de las madrugadas.
Los sospechosos de haber cometido el crimen nunca fueron siquiera demorados. Para las autoridades, su asesinato quedó en el olvido luego de que se perdieran sus archivos, según aseguraron guardias de la Jefatura de la Policía Nacional de Concepción a uno de sus hermanos.


Benito Ramón Jara.
3. Benito Ramón Jara (2000): El delito de manejar información

"Si Benito Ramón Jara no hubiera estado colaborando en el último año de su vida con Radio Yby Yaú, aportando informaciones y avisos, su muerte habría pasado prácticamente inadvertida. Tan inadvertida, quizá, como algunos de los crímenes espantosos que sacuden a menudo, y en absoluto silencio, el norte del Paraguay, tierra de nadie. O, en realidad, de varones de la droga y de contrabandistas de vehículos. De mafiosos y de rufianes de toda laya, en definitiva. Que, según un lugareño, disparan primero y preguntan después".
Así describe el periodista argentino Jorge Elías, entonces reportero del diario La Nación de Buenos Aires, quien se encargó de investigar bajo encargo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) algunos de los primeros casos de periodistas asesinados en el Paraguay.
"Al costado de uno de los caminos rurales, rumbo a la colonia General Bernardino Caballero, a unos 20 kilómetros de Yby Yaú, apareció el jueves 13 de abril del 2000, entre las cinco y las seis de la tarde, el cadáver de Jara. Tenía 37 años y seis tiros: uno en el rostro, otro en la cabeza, otro en el tórax y tres más a la altura del estómago.
Iba en una motocicleta de su propiedad, abandonada (por los asesinos, al parecer) a unos 1.000 metros del lugar del crimen", explica Elías.
Nunca se aclaró la verdadera causa del asesinato de Benito Ramón Jara. No era periodista, sino principalmente chofer y vendedor, pero por su vinculación con la radio manejaba mucha información. Es otro de los muchos casos que quedó en la absoluta impunidad.

Salvador Medina.
4. Salvador Medina (2001): La mafia del rollotráfico

Tenía vocación de comunicador, al igual que su hermano Pablo. Desde su programa radial en la humilde emisora comunitaria Ñemity FM, en la ciudad de Capiibary, Departamento de San Pedro, fustigaba a los depredadores de bosques, a los traficantes de rollos de madera y a los marihuaneros.
Salvador Medina Velázquez, de 27 años, era el presidente del consejo de la radio comunitaria FM Ñemity y ejercía la docencia como profesor de guaraní en la escuela parroquial y primaria del pueblo. "Desde el micrófono denunciaba, cuando tenía ocasión, el contrabando de rollos de madera desde la reserva forestal del Ministerio de Agricultura y Ganadería del Paraguay, y las conexiones de una banda de la colonia Ara Pyahu, a 20 kilómetros de Capiibary, vinculada con asaltos y con otros delitos. Lo hacía de común acuerdo con sus hermanos, Pablo, de 40 años, corresponsal del diario ABC Color, de Asunción, y autor de artículos sobre ambas cuestiones, y Gaspar, de 32, docente del colegio y conductor de un programa de música en la radio", relata el investigador Jorge Elías, en un informe elaborado para el proyecto Impunidad, de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
El 5 de enero del 2001, Salvador circulaba en una motocicleta con su hermano Gaspar, cuando fueron interceptados por un hombre enmascarado, quien disparó contra el trabajador de la prensa, matándolo.
Luego de un largo proceso, el autor material del crimen, Milciades Maylin, fue condenado a 25 años de cárcel, pero los autores intelectuales jamás fueron ni siquiera procesados.


Yamila Cantero.
5. Yamila Cantero (2002): Un crimen en la nebulosa.

Tenía 26 años de edad y era una de las periodistas más reconocidas de San Ignacio, Misiones, cuando el 6 de julio de 2002 estalló la noticia de que su cuerpo había sido hallado inerte, junto al de un policía, que presuntamente era su pareja sentimental, en un local policial.
La versión oficial presentó el caso como un presunto "crimen pasional", pero los familiares y el gremio de los periodistas no aceptaron esta versión.
"Es muy probable que detrás del supuesto crimen pasional de la compañera periodista, igualmente de radio, Yamila Cantero, en Santiago de las Misiones, se haya perpetrado un silenciamiento de corte mafioso. Es muy probable. Yamila apareció muerta debajo de su entonces pareja, un suboficial, quien, de acuerdo con reporte y crónicas policiales de la época, la mató y después él se suicidó", destaca el entonces secretario general del Sindicato de Periodistas del Paraguay, Julio Benegas.
Yamila es recordada como una reportera sagaz, crítica, denunciadora de las injusticias. "Ella nos demostró que la firmeza y la calidad en el desempeño de la tarea periodística no es vinculante con la destrucción y el desmoronamiento del adversario o el objetivo de una investigación", escribió sobre ella el ex ministro de la Sicom, el también periodista misionero Augusto Dos Santos.
El hoy abogado y juez de Yabebyry, Camilo Cantero, hermano de Yamila y durante mucho tiempo periodista, sostiene: "Su legado es el mayor desafío que tenemos sus familiares para no defraudar a la sociedad que en el momento justo ha respondido cuando estábamos aun sumamente sorprendidos por su tempranera muerte que truncó una figura importante por su proyección social y su empecinamiento por un futuro mejor."
"Su desaparición física nos dejó huérfanos de una gran luchadora social desde el periodismo testimonial", destaca Camilo Cantero, quien asegura que nunca se ha respondido a la pregunta: "¿Quiénes y por qué la mataron?".


Samuel Román
6. Samuel Román (2004): La molestia de un intendente

El locutor Samuel Román, de 36 años, un brasileño hijo de paraguayos, conducía un programa radial denominado La voz del pueblo, en la radio comunitaria Conquista FM de Capitán Bado, departamento de Amambay.
En su programa, Samuel criticaba severamente a los políticos de la región, en especial la gestión del "prefeito" (intendente municipal) de la ciudad brasileña de Coronel Sapucaia, separado apenas por una calle de Capitán Bado. Principalmente, daba espacios a la ciudadanía, para que exprese su opinión.
En la noche del 20 de abril de 2004, Samuel Román fue interceptado por tres sicarios en territorio brasileño, quienes le dispararon a quemarropa 13 tiros de pistola calibre 9 milímetros, ultimándolo.
Tras una larga investigación, la Policía brasileña –con colaboración de la paraguaya- pudo determinar que los sicarios fueron Luciano Gregorio de Lucena, Faviano Lucena dos Santos y Ricardo Antonio Machado, todos brasileños, por mandato del entonces intendente de Sapucaia, Eurico Mariano, quien finalmente pudo ser detenido, procesado y condenado a 17 años y 9 meses de prisión.

7. Ángela Acosta (2006): Otro presunto "crimen pasional"

Desde una humilde emisora comunitaria en Mayor Otaño, Itapúa, Ángela Acosta Méndez se desempeñaba como una voz crítica y abierta a las inquietudes de las organizaciones campesinas y populares de la región.
Ángela apareció muerta el 21 de diciembre de 2006, en Mayor Otaño, y el principal acusado fue quien era su pareja sentimental, el agente de Policía Agustín Alfonso Verón.
Verón fue detenido, pero, unos meses después, se escapó de la Comisaría 13ª de Encarnación.
Verón fue posteriormente relacionado con el asesinato de otro periodista, el chileno Alberto Tito Palma, también en Mayor Otaño.
El caso del asesinato de la periodista comunitaria Ángela Acosta nunca fue debidamente esclarecido.

Tito Palma y su familia.
8. Alberto Tito Palma (2007): Silencio a balazos

El periodista chileno –radicado en Paraguay- Alberto Tito Palma Godoy, locutor de la radio Mayor Otaño, en Mayor Otaño, a la vez corresponsal de Radio Chaco Boreal en Asunción, denunciaba el crimen organizado, el contrabando de combustibles y la corrupción en el gobierno local del departamento de Itapúa.
Palma venía recibiendo varias amenazas de muerte, por lo que había anunciado que regresaría a su país natal, Chile.
En la noche del 22 de agosto de 2007, el reportero se encontraba cenando con su pareja cuando dos hombres, vestidos con traje militar camuflado (conocido como parapara'i), lo asesinaron a tiros.
"Dos hombres con uniformes militares que iban en motos irrumpieron de pronto en su vivienda. Lo acribillaron. En el piso quedaron 18 casquillos de balas, según el comisario Ángel Barboza, jefe de la Policía de Itapúa. Seis balazos dieron en la frente, el cuello, los brazos y las piernas de Palma, de 48 años. Su pareja, Wilma Martínez, de 24 años, con la cual tenía un hijo de apenas dos meses, resultó herida en la pierna izquierda; debió ser internada de urgencia", relata el informe del proyecto Impunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Nelson Vera Sanabria, alias Kamba'i, de 22 años, y su hermano Fabio, de 29, habrían sido los ejecutores del periodista.
Kamba'i Vera, según los testimonios, actuó a cara descubierta. El otro llevaba un pasamontañas. La pareja de Palma, sin embargo, pudo identificar al encapuchado por la mirada y sus rasgos físicos como Fabio Vera, el hermano de Kamba'i. Ambos son oriundos de la localidad de Yacuí Guazú, distrito de Mayor Otaño, y tienen antecedentes penales", destaca el informe de la SIP.
Ambos fueron detenidos por el caso, pero acabaron siendo sobreseídos por la Justicia.

Martín Ocampos.
9. Martín Ocampos (2009): Asesinato en zona del EPP

El director de la emisora comunitaria Hugua Ñandú FM, Martín Ocampos Páez, fue asesinado a tiros en su domicilio de la colonia Jorge Sebastián Miranda, más conocida como Hugua Ñandú, en el norte del Departamento de Concepción, en la noche del 12 de enero de 2009.
Ocampos Páez, dirigente de la Organización Campesina del Norte (OCN), era acusado por exponentes de la Fiscalía y la Policía de ser presuntamente colaborador del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), aunque nunca se exhibieron pruebas que pudieran sustentar esta acusación. Sus familiares y compañeros negaron enfáticamente esta versión.
Ocampos ya había sido detenido como supuesto colaborador del grupo armado, tras el ataque a un local policial en el lugar, pero fue nuevamente liberado por falta de pruebas.
Cuando se produjo el asesinato, desde sectores de la Policía y la Fiscalía se echó a correr la versión de que el comunicador fue "ajusticiado" por sus propios ex compañeros del grupo armado, presuntamente en represalia por diferencias internas en el manejo de dinero.
La docente Mirna Cristaldo, viuda de Martín Campos, negó que su marido fuera miembro o colaborador del EPP, y aseguró que fue asesinado como represalia a sus denuncias en la radio, contra los abusos de las fuerzas policiales y militares en la zona.
El caso nunca fue aclarado y sigue en la impunidad.


10. Merardo Romero (2011): Un crimen con tinte partidario

El locutor Merardo Alejandro Romero Chávez, de 47 años, conducía un programa radial con claro objetivo político partidario, a favor del movimiento Esperanza Colorada, de un sector de la Asociación Nacional Republicana (ANR). El mismo se emitía a través de la 100.1 FM, La voz de Itakyry, de la ciudad de Itakyry, a 90 kilómetros al norte de Ciudad del Este, en el Departamento de Alto Paraná.
El contenido del programa apuntaba a emitir propaganda electoral a favor del movimiento Esperanza Colorada, que por entonces era liderado por el caudillo altoparanaense Javier Zacarías Irún, y cuestionaba a través de denuncias a autoridades y funcionarios relacionados con el sector político interno colorado, ligado al entonces candidato presidencial, Horacio Cartes.
"Durante sus programas, recibía llamadas en que le decían que se calle o le mandarán callar. El crimen sería el cumplimiento de la amenaza", señaló una persona estrechamente ligada a la familia.
En la noche del 3 de marzo de 2011, sicarios armados llegaron hasta la casa de Romero Chávez y lo acribillaron a balazos, frente a sus propios hijos.
Resultó acusado el político colorado del movimiento contrario, Fidel Duarte, quien fue detenido, pero vuelto a ser dejado en libertad a las pocas semanas.
"¡Es el colmo del escándalo! Varios políticos regionales sospechosos de haber ordenado la ejecución de Merardo Romero gozan desde el inicio del caso de una curiosa bondad judicial. José Valenzuela, alto funcionario del gobierno de Itakyry, nunca fue arrestado por la policía local pese a que el Ministerio Público emitió una orden de detención contra él por 'homicidio doloso'. Incluso se confirmó que se encuentra en Itakyry, ¡cuando oficialmente se señala que se encuentra prófugo! Asimismo, Miguel Ángel Soria, ex intendente de la ciudad, de quien Fidel Duarte era el capanga, nunca se ha preocupado", reclamó la organización internacional Reporteros sin Fronteras.


Marcelino Vázquez
11. Marcelino Vázquez (2013): Acribillado frente a su radio

Al atardecer del 6 de febrero de 2013, el periodista radial y empresario Marcelino Vázquez salía de los estudios de su emisora Sin Fronteras 98.5 FM, en la ciudad de Pedro Juan Caballero, dirigiéndose a una discoteca (de la que también era propietario), cuando dos hombres que circulaban en una  motocicleta lo interceptaron.
El hombre sentado en la parte trasera del vehículo descendió y le disparó varias veces con un revólver calibre 38 milímetros. Uno de los hijos de Marcelino Vázquez salió de la discoteca y vio huir a los asesinos.
"Lo más probable es que la mafia se encuentre tras este asesinato, pues la forma de operar tiene claramente la marca del crimen organizado. La investigación anunciada debe arrojar resultados rápidamente y debe explorar el móvil profesional. Sobre todo, no debe ceder a eventuales trabas o presiones en una región donde, por desgracia, los cárteles ejercen una gran influencia sobre las autoridades locales", reclamó en su momento la organización Reporteros sin Fronteras.
Fueron procesados e investigados por este homicidio Édgar Giménez Duarte y Ramón Fariña Figueredo. Duarte fue finalmente condenado a 18 años de cárcel por este homicidio.


Carlos Artaza
12. Carlos Artaza (2013): Balas en  la refriega electoral

El 24 de abril de 2014, a apenas dos días de celebrarse el Día del Periodista Paraguayo, el fotógrafo Carlos Artaza (45 años), quien trabajaba como funcionario de prensa de la Gobernación de Amambay, en Pedro Juan Caballero, fue asesinado por sicarios en dicha ciudad fronteriza.
Artaza conducía su automóvil cuando fue interceptado por dos sujetos que circulaban en motocicleta, quienes lo hirieron con cinco disparos. Falleció la mañana del día siguiente, mientras era trasladado en ambulancia a Asunción.
El fotógrafo regresaba de una caravana de celebración por la victoria del diputado Pedro González, electo como gobernador de Amambay, tras una agresiva campaña en la que el político compitió contra el senador Roberto Acevedo que, como él, pertenece al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA).
"El ambiente observado estos últimos días en Amambay traduce al extremo una situación nacional cada vez más preocupante para la seguridad de los periodistas y la libertad de información. La campaña de las elecciones generales, llevadas a cabo el 21 de abril pasado y en las que Horacio Cartes resultó vencedor a la presidencia, estuvo marcada por amenazas e intimidaciones, así como por una serie de revelaciones sobre los presuntos vínculos entre ciertos políticos y el crimen organizado. El mantenimiento del Estado de Derecho, ya de por sí frágil, depende también de la suerte de los periodistas", apuntó en su momento la organización Reporteros sin Fronteras.
El caso continúa sin ser esclarecido.


Fausto Gabriel Alcaraz-
13. Fausto Gabriel Alcaraz (2014): Acallando las críticas

Fausto Gabriel Alcaraz, periodista de la emisora Radio Amambay, de Pedro Juan Caballero fue asesinado de 12 balazos el 16 de mayo de 2014, cuando salía del estudio de grabación. Dos sicarios que circulaban a bordo de una motocicleta le dispararon.
El propietario de la radio, el senador Robert Acevedo, señaló que el asesinato tuvo lugar después de que Alcaraz nombrara directamente en su programa a individuos involucrados con el narcotráfico en la región, a quienes denunció "con nombre y apellido".
Alcaraz, de 28 años, dirigía el programa de radio De frente a la mañana, el principal espacio matutino de Radio Amambay 570 AM.
El comunicador era conocido por generar polémicas acusaciones contra comerciantes, policías, fiscales y jueces que, supuestamente, actuaban a las órdenes de la mafia ligada al narcotráfico y el crimen organizado.


Édgar Fernández Fleitas
14. Édgar Fernández Fleitas (2014): Furia en la ciudad

Abogado y locutor radial, Édgar Pantaleón Fernández Fleitas, de 43 años, era una de las voces más críticas de la ciudad de Concepción, a través de su programa La ciudad de la furia, que se emitía a través de la emisora Radio Belén Comunicaciones.
Fernández Fleitas fue asesinado de 6 tiros en la cabeza por desconocidos en su residencia, en Concepción, en la tarde del 19 de junio de 2014.
"Probablemente una persona tocó el timbre y él abrió el portón, ingresó, se sentó y le disparó, no fue para robarle ni nada, fueron otros los motivos. Hay personas que vieron al que disparó", indicó la fiscala Dora Irrazábal, de Concepción.
La directora general de la UNESCO, Irina Bokova, reclamó a las autoridades paraguayas "que hagan todo lo posible para detener y procesar a los responsables del asesinato del periodista radial paraguayo Édgar Pantaleón Fernández Fleitas".
"Es importante que los responsables de crímenes contra periodistas sean juzgados. El sistema judicial debe movilizarse para impedir que la violencia amordace la libertad de expresión y la libertad de prensa", agregó.


Pablo Medina.
15. Pablo Medina (2014): El crimen que sacudió la narcopolítica

Regresaba de una cobertura periodística en asentamientos campesinos, a bordo de su camioneta, cuando dos hombres vestidos de militar le cerraron el paso en un desolado camino vecinal, en las inmediaciones de Villa Ygatimí, Departamento de Canindeyú, el jueves 16 de octubre de 2014.
Pablo Medina, veterano periodista, corresponsal del diario ABC Color en la zona de Curuguaty, fue acribillado con varios disparos de una pistola 9 milímetros y rematado con una escopeta calibre 12.
Previamente, uno de sus ejecutores le había preguntado acerca de su identidad, en lengua guaraní: "¿Vos sos Pablo Medina?". Cuando el periodista vio que le apuntaban con un arma, pidió: "Anina che juka (Por favor, no me mates)".
El asesinato de Medina, por tratarse de un informador muy conocido, integrante de uno de los medios periodísticos más importantes del país, causó una gran conmoción en la sociedad paraguaya y produjo una fuerte reacción de protesta y movilización desde el gremio de los periodistas y otros sectores organizados.
Ante la fuerte presión mediática, equipos de investigación de la Fiscalía y la Policía actuaron con mayor celeridad y se pudo determinar que el crimen fue ordenado por el intendente municipal de Ypejhú, Vilmar Neneco Acosta y ejecutado por el hermano de este, Wilson Acosta y su sobrino, Flavio Acosta Riveros. También se determinó que Acosta era el jefe de una banda de narcotraficantes y sicarios, responsables de varios otros crímenes en la región.
Neneco Acosta fue detenido recientemente en Brasil y se espera su extradición. Los demás siguen prófugos.
Las repercusiones del caso obligaron a que el Congreso Nacional cree una comisión especial de investigación, que llegó a individualizar públicamente a varios senadores y diputados como relacionados al narcotráfico y al crimen organizado, aunque hasta ahora no han sido investigados seriamente por los organismos de Justicia.


Antonia Almada.
16. Antonia Almada (2014): El precio de acompañar a un periodista

La joven Antonia Maribel Almada Chamorro (19), viajaba junto al periodista Pablo Medina, en el asiento del acompañante, cuando este fue atacado por sicarios, y ella también resultó víctima de varios disparos, falleciendo pocos minutos después.
Otra hermana suya viajaba en el asiento trasero de la camioneta y logró agacharse en el momento del ataque, resultando ilesa, aparentemente por no haber sido vista por los asesinos. Su testimonio resultó clave para individualizar a los agresores.
Aunque no era estrictamente periodista –la presentan como asistente del corresponsal Medina-, la joven Antonia Maribel es también considerada una de las víctimas de los ataques contra la prensa. Antonia era estudiante de análisis de sistemas y oriunda de Villa Ygatimí. Estaba viviendo y estudiando en Curuguaty junto con su hermana, desde donde acompañaba a Medina en sus coberturas.

Gerardo Servián
17. Gerardo Servián (2015): Una molesta voz en guaraní

Gerardo Servián Coronel, periodista radial de Pedro Juan Caballero, realizaba un programa diario en idioma guaraní en la emisora comunitaria Radio Ciudad nueva, en la localidad fronteriza de Zanja Pytá, vecina a la capital de Amambay.
En horas de la siesta del día 5 de marzo de 2015, Servián se desplazaba a bordo de su motocicleta por una calle de la ciudad de Ponta Porá, Brasil, cercana a la divisoria fronteriza con Paraguay, cuando fue alcanzado por otra moto, en la que iban dos personas.
Según un video grabado por una cámara de seguridad en el sector, el hombre que iba detrás en la otra moto, extrajo un arma y empezó a disparar al comunicador, derribándolo del vehículo, para luego ultimarlo con más disparos.
Su hermano, el también periodista radial Kiko Servián, dijo que el homicidio fue en represalia a las críticas que Gerardo Servián realizaba desde la emisora, especialmente contra la gestión  del intendente de Zanja Pytã, Marcelino Rolón, del Partido Colorado.
"Él hablaba mucho de la cuestión de la intendencia, de las elecciones municipales. Es por eso que no se puede descartar que el trasfondo podría ser una cuestión política", indicó.

La organización internacional Reporteros sin Fronteras exigió "una investigación exhaustiva, independiente e imparcial y a no excluir la hipótesis de que el homicidio pudo estar relacionado con su actividad profesional. Este crimen no debe sumarse a la lista de asesinatos de periodistas que permanecen en la impunidad en esta región fronteriza".

lunes, 27 de abril de 2015

LA LLAMADA


El presidente de la República, Horacio Cartes, me llamó por teléfono en la tarde del domingo 26 de abril, Día del Periodista.
Me sorprendió la llamada, ya que nunca antes había conversado personalmente con él.
Con tono muy cordial, me dijo que llamaba a felicitar por el Día del Periodista, y que a través mío quería extender la felicitación a todos los colegas del gremio de los comunicadores.
El presidente me dijo que valora mucho el trabajo de la prensa, que está haciendo “todo lo posible” por responder a nuestros reclamos y por tratar de solucionar los muchos asuntos pendientes, vinculados a la seguridad de periodistas, y que está abierto a recibir propuestas nuestras “sin protocolos”.
Por mi parte, le dije que me parecía interesante el gesto, que nuestros reclamos y nuestras críticas a su gestión y a las acciones de los demás poderes del Estado son públicos, pero que transmitiría su mensaje a mis compañeros y compañeras de la Coordinadora de Periodistas en Alerta (en la que, desde días posteriores al asesinato del periodista Pablo Medina y su asistente Antonia Almada, estamos congregados el Foro de Periodistas Paraguayos – Fopep, del cual soy presidente; el Sindicato de Periodistas Paraguayos – SPP, y colegas de varias Redacciones).
Después leí que había enviado también un  mensaje público de felicitación, a través de la Dirección de Prensa del Palacio, declarándose “compañero de lucha con los comunicadores”.
La actitud está despertando distintas reacciones, tanto entre los periodistas como en la opinión pública.
He cumplido en comunicar lo ocurrido a mis compañeros y compañeras de la Coordinadora. Cualquier propuesta o respuesta será a través de nuestras organizaciones.

lunes, 23 de marzo de 2015

La orden


La primera orden fue: Que la policía les eche a garrotazos de la plaza y que nuestra gente ocupe el lugar. 
Así, cuando los legisladores llegasen para el juicio político, la turba no los iba a dejar entrar. Y ellos, cruzados de brazos, iban a decir: no podemos hacer nada, es la voluntad del pueblo.

Intentaron cumplir la orden.
¡Vaya que si lo intentaron...! 
Los cascos azules cargaron con saña pocas veces vista contra los indefensos ciudadanos. 
Cuatro valientes policías golpeando con furia a un cobarde anciano caído en el suelo.
Gases lacrimógenos. 
Carros hidrantes. 
Balines de goma. 
Represores a caballo.
Y nada…
Los jóvenes drogadictos y borrachos, los campesinos manipulados y comprados, los curas comunistas partida no se movían de la plaza, para nada.
¡Tercos imbéciles…!

Después vino la otra orden.
Esta vez para los manifestantes oviedistas: Usen las bombas y los petardos. Pero no al aire. Disparen directamente al cuerpo. Ya verán que cuando se quemen unos cuantos, van a salir rajando.
Así comenzaron a llegar cajas y más cajas de doce por uno.
Los policías ayudaban a cargar y a disparar.
¡Broom, broom…! caían las explosiones en medio de la multitud.
Gritos, llantos, gemidos de dolor.
Empezaban a evacuar a los heridos.
Pero estos boludos obstinados… ¡no salían de la plaza!

Entonces… llegó la otra orden.
Secreta, reducida, dirigida a unos pocos elegidos: 
Que la Policía se vaya a pasear. 
Que los manifestantes armen todo el quilombo que puedan. 
Y entonces, ustedes, bien escondidos, disparen. 
En principio no tiren a matar. Apenas a las piernas, a los brazos. 
Si aún así no salen, entonces cárguense a uno o dos. Ya verán que estos pituquitos, cuando vean que hay mbokapu, que la cosa es en serio, se irán corriendo a esconderse debajo de la cama.

Los oscuros sicarios obedecieron al pie de la letra.
Desgranaron las balas asesinas desde lo alto de los edificios y desde cualquier esquina.
Pero tampoco así hubo caso.
Los tercos imbéciles caían unos tras otros, recogían a sus compañeros muertos o heridos, y seguían resistiendo.
Esa plaza ya no era sólo una plaza.
Esa plaza era ya la Patria, era el país, era la democracia por la que había que luchar hasta vencer o morir.
¡República o muerte!
¡Aquí no se rinde nadie, carajo...!

El ex general sintió que estaba perdido.
Sintió que algo había fallado en sus siniestros cálculos.
Sintió que se le acababan las órdenes.
Sintió que esos adorables tercos estúpidos imbéciles drogadictos manipulados comunistas partida... ¡no se iban a mover nunca de esa maldita plaza, aunque él llamara a todas las hordas patoteras, a todos los francotiradores, a todos los tanques de guerra, a todos los cazabombarderos del mundo...!
Entonces, frío, acorralado, vencido, se bajó del ensangrentado trono del poder, tomó el teléfono celular, discó el número codificado e impartió la última orden, la que no hubiera querido impartir nunca.
Dijo, simplemente:

-¡Preparen el avión...!

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Esto lo escribí en marzo de 1999, pocos días después de los trágicos y heroicos sucesos conocidos, en base a datos sueltos que me había pasado una persona conocida del entorno del Gobierno de Cubas.
Se publicó en la primera edición de “Días de Gloria”, una revista especial tipo álbum de fotografías que editó Última Hora, y que agotó miles de ejemplares.
El año pasado me lo hizo recordar la amiga Lilia María Ayala y quedamos en que lo rescataría y lo compartiríamos por aquí, pero no tenía el texto en versión digital y ni siquiera sabía dónde estaba guardada alguna última copia de aquella revista. Por fortuna volvió a acudir en mi ayuda mi hada protectora, la querida amiga y mejor lectora Roxy Alvarez, quien se tomó el trabajo de guardarlo y copiarlo, y así lo pude compartir en FB.
Por último, el amigo y colega Enrique Dávalos, de AAM, me consultó por el mismo texto, ya que no pudo ubicarlo en  la web. Tras buscarlo afanosamente, pude dar con una copia en mis desperdigados archivos. Así, para que desde ahora pueda ser más fácil de ubicar, está aquí en el blog, con algunos pocos retoques de estilo, en memoria de tanta sangre heroica derramada e impune.

lunes, 16 de marzo de 2015

Yhú se integra al mundo


Después de más de cien años de soledad, luego de siglos de aislamiento, montones de promesas políticas nunca cumplidas, millones de guaraníes del dinero público robados... finalmente mi querido pueblo natal, Yhú, deja de ser “una aldea perdida en el sopor de la ciénaga”, tal como el maestro García Márquez imaginó a su propia natal Macondo-Aracataca.
Este martes 17 se inaugura finalmente la Ruta 13, Caaguazú-Yhú-Vaquería, de 64 kilómetros, una ruta aún sin nombre oficial, pero que ya se ha ganado hace rato el nombre oficioso de “La Ruta de la Mentira”, por lo mucho que nos habían mentido hasta ahora acerca de esta obra vial. Para lograr que se haga, los pobladores tuvieron que realizar incontables movilizaciones, cierres de rutas, sufrir represiones policiales, hasta finalmente conseguir que les hagan caso.
Recuerdo mi infancia en ese pueblo mágico, en que la travesía de casi 50 kilómetros hasta salir al asfalto en Caaguazú –es decir, “la Civilización”- era una aventura cotidiana de largas horas –que se convertía en largos días, si acaso llovía y se clausuraban las barreras del MOPC-, en los destartalados micros o “mixtos” (camiones con carrocerías de madera donde iban los pasajeros, sentados en bancos de tablas, muchas veces incluso sentados sobre el techo, por la gran cantidad).
Uno de esos indómitos choferes de ómnibus de batalla, durante muchos años, fue mi recordado papá, Andrés “Chi’ito” Colmán, y uno de los fundadores de las primeras líneas de transporte, la mítica flota de ómnibus “Santa Ana”, fue mi tío Felipe Salmena, cuya labor pionera hoy prosigue mi primo Nene.
Yhú ya era un rincón perdido del resto del Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza, cuando el mariscal López lo eligió como el lugar de castigo para enviar a las tristemente famosas “destinadas”, cientos de mujeres castigadas por ser esposas, o madres, o hijas, novias o amantes de sospechosos de oponerse a su liderazgo durante la Guerra, incluyendo en el grupo a su propia madre y hermanas. Tengo por allí un cuento inédito que relata justamente la valentía de una mujer yhuense en oponerse a su entorno y al poder para ayudar samaritanamente a esas mujeres sometidas al escarnio.
Yhú también fue el lugar elegido por la dictadura stronista para enviar de castigo a los opositores políticos (“confinamiento” le llamaban a esa modalidad autoritaria de exilio interior), como ocurrió en los 80 con Rubén Darío Verón, compañero del abogado fernandino Mario Milciades Melgarejo.
Ahora mi querido Yhú –al igual que su vecina Vaquería y sus muchas compañías rurales- rompe por fin su aislamiento de siglos y se integra a la dinámica económica del Paraguay actual.
Es un proceso que tiene sus luces y sombras, porque junto al progreso también avanzan las contradicciones. El cerco de la sojalización sin límite y sin control, y la expansión de los cultivos ilegales de marihuana, van tejiendo también su red siniestra, con su dinero sucio, marcado de violencia e inseguridad.
Pero junto a la ruta llegan seguramente mejor educación y salud, más alternativas de producción y una nueva dinámica empresarial.
Ojalá todo eso no desdibuje nuestra identidad, y seamos capaces de fortalecer los valores de solidaridad y hospitalidad que siempre nos caracterizó a los y las yhuenses.
¡Felicitaciones, mi querido pueblo natal..!
Te debo mucho de lo que soy, a pesar de mis largas ausencias.
Pronto estaré por allí, para brindar contigo por esta nueva etapa.

La ruta a Yhu, antes del asfalto, en la zona de cruce del arroyo Yhu, desbordado por lluvias. 
La misma zona, actualmente, luego de la construcción de la ruta.

viernes, 6 de febrero de 2015

Las anécdotas más curiosas del golpe que derrocó a Stroessner


El yeso falso del general Rodríguez, los golpistas que se equivocaron de dirección, el capitán que combatió en alpargatas... componen lo pintoresco de la gesta del 2 y 3 de febrero de 1989.

 #CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


La historia de los pueblos está hecha de grandes momentos heroicos o trágicos, pero también de pequeñas y singulares anécdotas, muchas veces jocosas, que dan la medida de la humanidad de los protagonistas. El alzamiento militar del 2 y 3 de febrero de 1989, que puso fin a casi 35 años de dictadura del general Alfredo Stroessner, iniciando la transición a la democracia en el Paraguay, estuvo matizado de situaciones pintorescas. Aquí rescatamos algunas de esas historias.

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El yeso falso del general Rodríguez

¿Cómo evitar una reunión personal con el presidente Alfredo Stroessner y eludir cualquier acción de parte suya que desactive la programada conspiración militar para derrocarlo, ante los rumores que comenzaban a correr de boca en boca?
Era el dilema que enfrentaba el entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército, general Andrés Rodríguez, jefe de la sublevación en marcha, cuando recibió una citación del dictador para presentarse a una reunión en el Comando en Jefe, el jueves 26 de enero de 1989, una semana antes del golpe programado.
En esa época, las órdenes del "Supremo" no se desobedecían, pero el riesgo de asistir era grande. Corría la versión de que Stroessner pensaba pasar a retiro a Rodríguez y relevarlo del mando.
Los asesores del general rebelde le aconsejaron que fingiera haber sufrido un accidente en una de las piernas, para no acudir.
"Me caí de la escalera y me quebré la pierna, por lo que no podré ir a la reunión. Por favor, hágale llegar mis disculpas al señor comandante en jefe", le dijo Rodríguez por teléfono al jefe de Estado Mayor, general Alejandro Fretes Dávalos.
Desconfiado, Fretes Dávalos envió espías al cuartel de la Caballería, en Campo Grande, aprovechando que había un ejercicio de cimeforistas, en la mañana del 2 de febrero.
Efectivamente, los emisarios pudieron ver que Rodríguez estaba inmovilizado en un sillón por un enorme yeso en una de las piernas, que un médico militar amigo le había colocado con mucha paciencia.
Era el mismo médico que, horas después, le tuvo que cortar y volver a sacar el yeso, para que el general de Caballería recuperara pleno movimiento y se pusiera al frente de la sublevación en marcha.

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El aviso que Stroessner no creyó

Cerca de las 17.00 del jueves 2 de febrero, el general Alfredo Stroessner estaba en casa de uno de sus más leales colaboradores, el coronel Feliciano Manito Duarte, presidente de la telefónica estatal Antelco, disfrutando de un juego de naipes, cuando le avisaron que su hijo Gustavo le llamaba por teléfono. Molesto por ser interrumpido, el dictador escuchó la voz alarmada de su hijo al otro lado del tubo:
–¡Parece que es cierto que Rodríguez está preparando el golpe...! ¡Todos dicen que ocurrirá esta noche...!
El anciano gobernante miró a sus amigos, sentados a la mesa con las cartas de barajas en la mano, que escuchaban expectantes, y les hizo un gesto de que no era nada importante.
–¡Vamos a dejar de lado esos disparates...! ¡Yo ya hablé con Rodríguez y todo está bien...! –exclamó Stroessner, cortó la llamada y volvió a sentarse a la mesa, dispuesto a seguir jugando.

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Los golpistas que se equivocaron de dirección

"El pato va a ir a su dormidero", fue la clave que un informante del entorno de Stroessner comunicó al general Andrés Rodríguez, en la tarde del 2 de febrero, cuando supo que el dictador abandonaba la casa de Manito Duarte para dirigirse a la residencia de Estela Ñata Legal, su amante y madre de dos de sus hijas.
Rodríguez sintió que era la oportunidad para capturar vivo a Stroessner y evitar un baño de sangre, por lo cual pidió al coronel Eduardo Allende, comandante del Servicio Agropecuario, y al coronel Mauricio Díaz Delmás que dirigieran una operación comando para atrapar al "Supremo".
A las 19.45, ambos jefes militares fueron en un auto particular hasta la casa de Ñata (frente a donde está ahora el Shopping del Sol, sobre la avenida Aviadores del Chaco), a reconocer el terreno. Stroessner aún no había llegado. Dejaron a un teniente coronel de apellido Vargas para que vigilara y regresaron a preparar el asalto.
Stroessner llegó como a las 20.00 y Vargas intentó avisar, pero su radio móvil no funcionó. Tuvo que ir hasta el cuartel sobre Madame Lynch, perdiendo un valioso tiempo.
A las 21.00, finalmente las tropas embarcaron en dos camiones del Servicio Agropecuario, un transganado y otro granelero. Tenían que llegar a la casa de Ñata, atropellar y derribar el portón trasero e ingresar disparando, pero el coronel Díaz Delmás se desesperó al ver que los camiones pasaban de largo la calle en que debían ingresar.
"Me adelanté y le pregunté a los conductores: ¿A dónde van...? Me contestaron que no sabían bien la dirección", relató luego el jefe militar.
Tuvieron que dar la vuelta y regresar. El coronel les mostró la calle en que debían entrar.
"Al llegar, le señalé al conductor el portón de hierro, y de nuevo pasó de largo. Nos adelantamos de nuevo y le ordené al teniente coronel Díaz Cano que pase al otro camión, en la estribera. Me dijo, en guaraní: '¡Falta de reconocimiento, mi coronel...!'", recuerda Díaz Delmás.
Finalmente pudieron ingresar y tras un fuerte intercambio de disparos con los soldados, que eran parte de la guardia habitual de Ñata, se decidió la retirada. Después se supo que Stroessner se había marchado de la casa minutos antes del ataque, dirigiéndose al Batallón Escolta Presidencial, donde buscó refugio.

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El capitán que combatió en alpargatas.

La operación para derrocar a Stroessner tenía el nombre clave de Operación 33, porque estaba previsto ejecutarse a las 3 de la madrugada del 3 de febrero, pero el fracaso en capturar a Stroessner en casa de Ñata Legal puso sobre aviso a los leales al Gobierno y obligó a los golpistas a adelantar el ataque.
Tras una frugal cena, muchos oficiales y soldados se habían retirado a descansar, esperando la hora indicada, cuando recibieron el sorpresivo aviso de que había que salir enseguida.
El capitán de Caballería, Wladimiro Woroniecki, estaba duchándose tranquilamente, cerca de las 21.15 de la noche del 2 de febrero, cuando un auxiliar entró a informarle que su superior, el coronel Lino Oviedo, le pedía que acudiera en forma urgente, pues el ataque se había adelantado y los tanques de guerra ya estaban saliendo.
"No tuve tiempo ni de secarme bien. Me puse el uniforme con el cuerpo mojado y busqué mis botas, pero no estaban en ninguna parte. Entonces me puse lo primero que encontré, que eran unas alpargatas...", confirmó Woroniecki, quien tuvo que combatir con ese informal calzado el resto de la noche e incluso conducir el jeep del Regimiento de Caballería N° 3, que encabezó la caravana de tanques, escoltando al general Stroessner, luego de su rendición en el Batallón Escolta, hasta la sede de la Caballería.

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El susto de Luis Miguel y Sergio Denis

La noche del 2 de febrero de 1989, la ciudad de Itá celebraba la víspera de su fiesta patronal con dos grandes conciertos de sus principales clubes sociales y deportivos, que rivalizaban con la actuación de grandes artistas internacionales. En el Olimpia de Itá actuaba el celebrado cantante mexicano Luis Miguel, mientras en el Sportivo Iteño lo hacía el también renombrado artista argentino Sergio Denis.
En una entrevista con Última Hora, Denis contó que él se enteró del golpe en Asunción, antes de salir hacia Itá, cuando escuchó los primeros disparos, cerca de las 22.00, desde el Hotel Guaraní (donde estaba alojado), presumiblemente durante el ataque de la Marina contra el Cuartel de Policía.
Aun así, el artista decidió ir a actuar. "Tanto el club que me había traído como el que trajo a Luis Miguel habían metido cerca de diez mil personas cada uno. El empresario que me contrató dijo: 'La gente te está esperando desde las 9 de la noche, no saben nada de lo que sucede, tenés que ir a cantar'", recuerda.
En contra de la leyenda que asegura que ambos artistas tuvieron que quedarse a pernoctar en Itá, Sergio asegura que sí pudieron regresar a Asunción esa madrugada, casi al alba, pero de un modo muy pintoresco.
"Salimos en un colectivo, pasamos al otro Club (Sportivo Iteño) a buscar al colectivo que traía a Luis Miguel y sus músicos y avanzamos por la ruta, escoltados por dos motociclistas militares, que eran del grupo leal a Stroessner. Como a dos kilómetros encontramos una barrera militar, donde hubo averiguaciones y los dos motociclistas que nos escoltaban quedaron detenidos. Eran los militares del ejército revolucionario, quienes, para que sigamos camino, nos pusieron a otros dos motociclistas, pero ya del bando ganador", relató el cantante.
Tanto Sergio Denis como Luis Miguel admitieron que esa noche pasaron "un gran susto", pero al mismo tiempo una experiencia inolvidable. "Me puse muy contento con el pueblo paraguayo", dijo Sergio.

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Los periodistas que transmitieron el golpe en vivo

La emisora católica Radio Cáritas fue la única que pudo sacar a sus reporteros a la calle y transmitir en vivo momentos del combate, con el sonido de disparos y explosiones.
El periodista Celso Velázquez fue el primero en informar sobre el avance de los tanques desde la zona de la Caballería, en Campo Grande, y en relatar en directo algunas escaramuzas en la zona del microcentro, en las inmediaciones del Cine Victoria.
Juan Pastoriza también salió después con un móvil, al que le ataron una bandera blanca, junto con el chofer Julio César R0jas, hacia el principal campo de batalla, en las cercanías del Batallón Escolta, donde se buscaba la rendición del general Stroessner.
"Pudimos sortear los tanques e, increíblemente, los soldados apostados detrás de los mismos, o tirados en el suelo disparando, no nos dieron importancia y pasamos. Subiendo la calle 25 de mayo y pasando General Santos, no había una sola luz. La oscuridad era espantosa", relató Pastoriza.
Con un pequeño walkie intercomunicador, Pastoriza pudo relatar que veía a soldados que salían corriendo desnudos desde el cuartel del Escolta, o que un edificio cercano acaba de volar en pedazos.
"Después de transmitir sobre algunas escaramuzas aisladas y escuchar a gente gritando o gimiendo de dolor y observar fogonazos de metralletas a la distancia, nos vimos en un serio aprieto. Al levantar la cabeza, vimos pasar prácticamente encima de nosotros un avión Xavante, con las luces de guerra prendidas, como un siniestro pájaro. Instintivamente nos tiramos al suelo, porque presentíamos las ráfagas mortales", narró el periodista.
En ese momento, se escuchó una fuerte explosión y luego se hizo un prolongado silencio.
-¿Hola, hola...? ¿Me escuchan...? –pregunto la voz desde estudios centrales.
-Sí, aquí estamos... -respondió Pastoriza.
-¿El equipo de transmisión está dañado, o está bien? –averiguó la voz.
-Sí, el equipo está en buenas condiciones –respondió Pastoriza, y luego se dijo para sus adentros: "Nosotros también, gracias".
-¡Ah que bien! Entonces, podemos continuar la transmisión –dijo, con alivio, la voz desde estudios.

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Arresto en un camión repartidor de pan

En la actual Ciudad del Este, entonces llamada Ciudad Puerto Presidente Stroessner, se encontraban varios altos dirigentes de la cúpula colorada stronista, que habían viajado desde Asunción para presidir los actos por el aniversario de fundación de la ciudad favorita del dictador.
Entre los dirigentes se encontraba Mario Abdo Benítez, secretario privado de Stroessner y uno de los integrantes del llamado "Cuatrinomio de Oro", que había asumido la conducción del partido colorado.
Al enterarse de que había un levantamiento militar en la capital, Abdo Benítez y varios jerarcas decidieron refugiarse en una residencia que el secretario de Stroessner tenía en el lugar.
El jefe de la Base Naval, el capitán Amado Rodríguez Gaona, quien se había plegado a los golpistas, recibió la orden de ir a capturar a Abdo Benítez y a sus allegados, al frente de un grupo comando, pero se encontró con que los vehículos militares no funcionaban, según relata el periodista esteño Rolando Ávalos, quien fue testigo del procedimiento.
Entonces, no les quedó otro recurso que confiscar la destartalada camioneta de un panadero, y en la carrocería de aquel vehículo con olor a levadura fresca y logotipo comercial, acudieron los soldados a rodear la mansión de los stronistas y proceder a arrestarlos.

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La luchadora que se perdió la celebración

Como dirigente del movimiento social generado en la lucha de los médicos y trabajadores del Hospital de Clínicas, la doctora Lilian Soto se había convertido en una de las principales activistas contra la dictadura y nada anhelaba tanto como ser partícipe de su caída.
En la noche del 2 y la madrugada del 3 de febrero, sin embargo, Lilian se encontraba cumpliendo su pasantía rural como médica en la localidad de Teniente Irala Fernández, Chaco Paraguayo, a casi 400 kilómetros de Asunción, y no se enteró de lo ocurrido sino a la tarde del día siguiente, debido al gran aislamiento en que entonces se mantenía toda la región.
Así lo narra la propia Lilian: "El 3 de febrero desperté porque don Evaristo (el casero) golpeó mi puerta y me dijo que había habido un golpe en Asunción. No le creí... Esperó tercamente a captar alguna señal de radio y volvió con el aparato, me lo puso al oído y escuché la grabación de la proclama de Andrés Rodríguez. En pleno Chaco, en medio de la unidad militar y de la seccional colorada. No lo podía creer. Stroessner ya no estaba, se había ido. Ya no había dictadura en Paraguay. ¡Y yo me enteré al día siguiente...!".


Fuentes: Libros ¿Que hacías aquella noche?, de Alfredo Boccia Paz; Operación 33, de Roberto Paredes; El golpe del 3 de febrero de 1989, de Alcibíades González Delvalle; entrevistas y reportajes del autor.