lunes, 23 de abril de 2018

Crónica sobre elecciones perdidas e infortunios enamorados





Andrés Colmán Gutiérrez

Cada vez que los sectores de la oposición pierden alguna elección presidencial, muchos de quienes legítimamente anhelan desplazar al Partido Colorado del hegemónico poder que mantiene en el peculiar sistema político paraguayo desde hace más de 70 años, entre corruptas y represivas dictaduras y una devaluada e igualmente corrupta democracia, –proceso solo interrumpido por la victoria electoral del ex obispo Fernando Lugo en 2008, después echado por un golpe parlamentario en 2012–,suelen reflotar la trillada frase que alguna vez popularizó el gran escritor Augusto Roa Bastos:
–“El infortunio se enamoró del Paraguay”.

La frase ni siquiera es original de Roa, pues ya la había usado en los años 30 del siglo pasado el jurista, político y docente Teodosio González, en torno a su clásico libro Los infortunios del Paraguay, enumerando los muchos antiguos males del país y principalmente la destructiva manera de ejercer la política criolla, varios años antes de que el autor de Yo el Supremo sirviera en bandeja dicha frase a nuestros dirigentes políticos e intelectuales orgánicos –especialmente de sectores liberales y de izquierda–, como una excusa perfecta para enmascarar la propia inutilidad de obtener la adhesión popular que les permita ganar las elecciones.
En lugar de ponerse a hacer una necesaria y sana autocrítica, para corregir los errores que hay que corregir, a los referentes de la oposición paraguaya les resulta casi siempre más fácil echarle la culpa al pueblo, al que acusan de ser “un pueblo de cretinos”, evocando lo que había asegurado a principios del siglo pasado el intelectual y político liberal Cecilio Báez, en un recordado artículo en el diario El Cívico:
-“El Paraguay es un pueblo cretinizado por secular despotismo y desmoralizado por treinta años de mal gobierno”.

Desde ese forzado razonamiento Teodosio-Ceciliobáez-Roabastiano, cuando el pueblo vota en mayoría por nuestro sector político y nos hace ganar las elecciones, como lo hizo con el entonces líder independiente Carlos Filizzola en la intendencia de Asunción en 1991, o con el prometedor Fernando Lugo en el 2008, o con los sorprendentes casos de Mario Ferreiro y Luis Yd en las intendencias de Asunción y Encarnación en 2015, entonces este pueblo es “heroico”, “valiente”, “lo máximo”, se destaca que “despertó a una nueva conciencia histórica”, y en esta ocasión es “la esperanza” la que se enamora del Paraguay (frase que ya no inventó Roa Bastos, sino algún joven escritor alternativo) pero apenas este mismo pueblo les vota en mayoría y les hace ganar a los colorados, como a Stroessner durante tantas veces, como a Cartes en 2013, como a Marito en 2018, este pueblo deja de ser heroico y valiente, se vuelve a dormir la siesta y se convierte otra vez en un “pueblo cretino”, y otra vez, “el infortunio” se enamora del Paraguay.
(Dicho sea de paso: qué casquivana es esta nación paraguaya, que cambia de amores a cada tanto, entre el infortunio y la esperanza).

***

Tras esta maliciosa introducción, compartamos algunas de las anotaciones que fuimos realizando, a medida en que se conocían los resultados de la votación:

VOTOS BLANCOS Y NULOS
-Hubo 71.821 votos nulos y 62.052 votos en blanco. El número es alto y juntos suman 133.873. Si esos votos hubiesen ido para la mesiánica Alianza, en lugar de al limbo de las urnas, Efraín le hubiese ganado a Marito.
Esa amarga comprobación lleva a muchos seguidores de la Alianza a tratar de “estúpidos”, de “cretinos” e incluso de “descerebrados masoquistas” a quienes votaron nulo o en blanco (otra linda manera de sumar adherentes), pero más allá de la presunta ineficacia de ese voto (ya que son “votos perdidos”, en la práctica), hay un mensaje muy claro que un sector de la ciudadanía le está dando a la clase política. Podrían haberse quedado tranquilamente en sus casas el domingo (como casi el 40% de los electores lo hicieron), pero decidieron ir a votar de todas maneras, para decirles: no creemos en ustedes, ni una de sus opciones nos atraen o nos motivan.
¿No es acaso un mensaje a tener en cuenta…?

EL MITO DE LOS BUENOS CONTRA LOS MALOS
-En los primeros años después de la caída de la dictadura, este recurso mediático de campaña resultaba funcional. El Partido Colorado era el engendro satánico que había sostenido al feroz dictador y quienes habían sido sus víctimas eran los líderes y militantes de la oposición que cambiarían el destino infortunado hacia otro mucho mejor. En puridad, como todas las visiones maniqueas (blanco y negro, bueno y malo) ocultaba muchas mentiras (también hubo colorados que se resistieron y combatieron a Stroessner, como hubo opositores que fueron aliados y cómplices del terror), pero el mensaje se entendía.
Repetir la misma fórmula, a casi 30 años de la caída de la dictadura (“volverá la represión”, “volverán las torturas y las desapariciones”,  “seguirá la corrupción”), seguramente tiene su impacto en algunos adultos mayores, pero probablemente muy poco en los jóvenes que ya casi nada saben de lo que fue esa época y que tienen otros temores muy distintos, otros sueños y otras ansias. (Además, insistir en que los colorados tienen el monopolio de la corrupción, cuando ellos saben bien lo que algunos se tragaron durante el gobierno de Frauderico, e incluso durante el gobierno de Lugo, suena un poco hipócrita…).

LÍDERES QUE INSPIREN RESPETO…
-Personalmente, voté por Efraín Alegre para presidente y por Leo Rubín para vice, haciendo voto cruzado en las demás listas, a pesar de que le había perdido el respeto a Efraín (y a muchos referentes liberales y de otros partidos de oposición) cuando avaló un golpe parlamentario contra el Estado de Derecho en 2012, así como también le perdí al respeto a Fernando Lugo (y a los principales referentes del Frente Guasu) cuando se alió con Cartes en el 2017 para intentar violar la Constitución, tratando de imponer la reelección y provocando la grave crisis política que todos sabemos cómo terminó.
Aun así, me fui a votar por ellos, respondiendo a cierta conciencia orgánica, porque creo que la salud de la democracia paraguaya necesita de la alternancia. Veo con gran satisfacción que mucha gente piensa igual. Esta vez, a pesar de todo, casi casi se logró. (Y si no fue así, no fue por culpa del pueblo, sino de los que no lograron motivarlo suficientemente).
Espero que esta nueva crisis remueva la estantería política y los partidos que dicen ser alternativa sean capaces de auto-criticarse y de formar nuevos líderes, coherentes y que realmente inspiren respeto y adhesión de la ciudadanía…

LOS VOTANTES DE MARITO
-Escucho y leo las reiteradas quejas de que Marito ganó manipulando el voto de la pobreza y de la ignorancia (como lo ha hecho siempre el Partido Colorado), pero mi percepción es que esa visión también es maniquea y en parte falsa.
En los actos y en las concentraciones, en los viajes por el interior y en los contactos con muchos amigos, he percibido que también existe una parte importante de un electorado ilustrado, consciente y crítico, que esta vez ha preferido votar por el candidato colorado, porque le ha inspirado más confianza que la oferta electoral de la Alianza.
Creo que la opción de estos electores tiene que ver con los perfiles que se proyectaron, con el contenido y el tono de los mensajes, incluso con el lenguaje utilizado. Mientras desde la Alianza se insistió mucho en atacar y satanizar a sus adversarios, en algunos casos con un tono de mucha soberbia, desde el discurso de Marito se reflejaba un rol de ser víctima de dichos ataques, de proponer cosas positivas ante el negativismo de los otros.
Hay cosas que generan empatía en las mayorías y cosas que generan rechazo…

SUPERAR LAS ENCUESTAS…
-Una cosa que ha quedado bastante clara fue la distorsión que han causado las encuestas realizadas sin control y sin responsabilidad. Es tiempo de trabajar por superar este inconveniente, que viene interfiriendo en elecciones más libres, desde hace tiempo. Plantear formas de control legal a las empresas encuestadoras y quizás apelar a la responsabilidad ética de los principales medios de comunicación, desde el gremio periodístico, para que dejen de financiar y realizar encuestas, sería un gran paso en las próximas elecciones. Lo mismo hay que hacer con las mediciones de boca de urna en el día de los comicios.

COMO SERÁ EL NUEVO GOBIERNO…
-No es un líder carismático, ni tiene una gran oratoria, además de arrastrar el símbolo de lo peor del stronismo en su historia familiar y de agitar en sus posturas y en sus discursos muchos de los fantasmas de una época que ya no queremos que vuelva, pero es a la vez el tipo que se le plantó al actual presidente (en retirada) Horacio Cartes desde el interior del Partido Colorado y logró derrotar su proyecto de continuismo hegemónico en las urnas.
Dicen que será más o menos lo mismo, pero esperemos que no. En lo que fue su actuación como legislador y principalmente durante la crisis de la enmienda, Mario Abdo Benítez demostró ser celosamente institucionalista, mientras Cartes demostró que no le importaba para nada las reglas democráticas y estaba dispuesto a todo, a fin de imponer sus intereses sectoriales.
No sabemos aún cuánto incidirá Cartes desde su electa senaduría (si lo dejan llegar a asumir) ni qué influencia tendrá en el futuro gobierno de Abdo Benítez, pero esperemos que se acabe la negra historia de los gabinetes paralelos de gerentes en las sombras.
Hay tanto desencanto con la larga historia del coloradismo, que -desde el otro sector del país que busca un cambio- no esperamos mucho de él, por tanto, lo que pueda hacer de bueno sería una interesante sorpresa (si es que lo hace).

EL PARAGUAY QUE VIENE…
-La conformación del próximo Congreso Nacional será en parte igual al que padecemos ahora, pero también tendrá importantes variaciones. Ojalá sea un Congreso un poco mejor.
-Veremos qué pasa con la promesa de convocar a la reforma de la Constitución (donde debemos incluir el balotaje o segunda vuelta  en las elecciones, entre otros puntos cruciales) y de avanzar con la renovación del corrupto Poder Judicial.
-La participación de la oposición, la que existe ahora –que necesita recomponerse, autocriticarse y mejorar–, como la nueva que pueda surgir, será fundamental.
-Desde el periodismo, asumiendo e incorporando todas las críticas que nos hacen y resistiendo a los ataques y a los conflictos laborales que estamos atravesando, necesitamos seguir cumpliendo el fundamental rol de seguir siendo informadores, investigadores, y principalmente controladores del poder, buscando espacios de independencia en medio de los monopolios, sin olvidar que nos debemos al servicio de la ciudadanía, más que a cualquier otro interés.
El país que tenemos que seguir construyendo en esta nueva –o vieja, o igual– coyuntura, también pasa por allí.

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