lunes, 17 de noviembre de 2014

Silvio Pettirossi: Aquel primer vuelo, hace 100 años

Silvio Pettirossi, durante un vuelo en Reims, Francia.
Primero conquistó los cielos de Francia y de otros países de América, antes de llegar al Paraguay con su pequeño avión a bordo de un barco, ante una multitud que lo esperaba, ansiosa de verlo volar. El 17 de noviembre de 1914 hubo un primer accidentado vuelo junto al Palacio de los López, pero la explosión de acrobacia aérea se vivió a plenitud el 5 y 6 de diciembre, sobre Puerto Sajonia.


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

El avión llegó a bordo de un barco. El 13 de noviembre de 1914, el vapor Formosa atracó primero en el Puerto de Villeta, en medio de una multitud que saludaba con banderas, pañuelos y sombreros desde lo alto de la barranca, a orillas del río Paraguay, gritando su apellido: "¡Pettirossi..! ¡Pettirossi..!".
Desde la cubierta, parado junto a su pequeño y ya legendario aeroplano, Silvio alzaba las manos, hasta que el capitán del buque le dijo que podía bajar al muelle a saludar a la multitud. Tenía apenas 27 años de edad y ya era un héroe nacional.
Horas más tarde, cuando el vapor arribó al Puerto de Asunción, otra muchedumbre los esperaba con igual entusiasmo. Apenas el aviador puso los pies en el atracadero, un numeroso grupo de personas lo alzó en andas y entre gritos de júbilo lo llevaron hasta la casa de sus padres, mientras muchos se trepaban a la embarcación  para observar y acariciar de cerca al mítico avión Deperdussin T monoplaza, al que él había bautizado con el nombre "Paraguay".
Era el "Rey del Aire" -como lo había bautizado la prensa francesa- o "el Acróbata del Aire" –como lo llamó el diario chileno El Mercurio-, que regresaba a casa, luego de haber deslumbrado a multitudes en Francia, en Brasil, en Argentina, en Chile. Pero aún le faltaba el público más entrañable, su propia gente paraguaya, que en su gran mayoría hasta entonces nunca había visto volar un avión.

"Me siento dueño del espacio..."

Aunque nació en Asunción el 16 de junio de 1887, fue en Roma, Italia, donde el pequeño Silvio se contagió del mismo delirio que antes había desvelado al gran Leonardo Da Vinci: imitar a los pájaros y conquistar los cielos.
Su padre, Atimo Pettirosssi, un italiano andariego que llegó al Paraguay tras la Guerra Grande y se casó con la paraguaya Rufina Pereira, quiso que sus dos primeros hijos, Alfredo y Silvio, tengan una educación europea y los envió muy pequeños a estudiar en Roma.
Con solo 7 años de edad, Silvio desembarcó en la patria de sus antepasados y fue atrapado por el rígido sistema del Liceo Spoleto, desde donde escapaba a las plazas vecinas a sentarse durante horas, mirando volar a las palomas.
En 1901, a los 14 años de edad, retornó a Asunción, con su febril cerebro habitado por los diseños futuristas de Da Vinci, que anticiparon al aeroplano, al helicóptero y al paracaídas.
Desde los árboles del frondoso Parque Caballero practicaba saltos con sus amigos, con un artesanal paracaídas que él mismo fabricó, ante los gritos de don Atimo, cada vez que llegaba con alguna luxación en la pierna.
Cuando en diciembre de 1903 supo que finalmente los hermanos Orville y Wilbur Wright habían logrado protagonizar el primer corto vuelo en un aeroplano, el Flyer 1, en Kitty Hawk, Estados Unidos, el todavía adolescente Silvio Pettirossi decidió que sería protagonista de esa nueva epopeya de la aviación mundial, en donde empezaban a inscribirse los nombres de otros pioneros: Santos Dumont, Henri Farman, Roland Garros, Louis Bleriot...
Fue un legislador argentino, el senador Benito Villanueva, quien le dio la oportunidad de viajar a Buenos Aires y conocer a Jorge Newbery, el as de la aviación argentina, quien lo apadrinó en su bautismo de aire. Su verdadero primer vuelo fue el que hizo en Buenos Aires, impresionando de tal modo a Newbery, quien le auguró: "Serás un gran aviador".
De aquella experiencia inicial, el propio Silvio Pettirossi relataría después: "Por primera vez me sentí dueño del aire, después de Dios".
Fue justamente Jorge Newbery quien le aconsejó ir a estudiar aviación a Francia, donde la naciente industria aeronáutica estaba más avanzada. Pettirossi golpeó puertas para conseguir una beca del Estado paraguayo y el respaldo de varios políticos de la época, como Luis Riart, Juan Cogorno, Manuel Gondra y Adolfo Chirife, le permitieron realizar su sueño.
El 4 de octubre de 1912, con 25 años de edad, Pettirossi parte a Francia y logra finalmente ingresar a la escuela de la fábrica de aviones Deperdussin, donde se enamora a primera vista del modelo de aeroplano que sería su compañero de aventuras.
El 3 de enero realiza su primer vuelo como aviador en Reims y el 27 obtiene su brevet de piloto. En Paraguay lo premian otorgándole el grado militar de teniente primero en comisión del Ejército Paraguayo. Era el primer militar aviador.
Desde entonces, su estrella no para de ascender. Vuelos de exhibición por toda Francia, rompiendo récords mundiales como la permanencia de 8 horas en el aire. La prensa francesa lo bautiza "Rey del Aire".
Una de sus hazañas más recordadas es haber quebrado el récord con la acrobacia conocida como "Looping the Loop", que nunca había sobrepasado de seis giros con el aeroplano en el aire. Pettirossi, en su primer intento, ¡logró hacer 37 giros! siendo la sensación europea.
Ante su fama, el Gobierno paraguayo le envía los fondos necesarios para adquirir su primer avión, Pettirossi manda construir su avión favorito: el Depeerdussin T monoplaza, con un motor Gnome rotativo de 7 cilindros y 60 HP. Lo bautiza con el nombre de su amado país: "Paraguay".
Con ese avión, todavía desmontado, viaja a Buenos Aires, en compañía del mecánico Maurice Becquet, donde lo ensambla y ofrece su primer show, en homenaje a su padrino Jorge Newbery, fallecido en un trágico accidente aéreo (como morirían muchos de los grandes aviadores pioneros, incluyendo más tarde al propio Pettirossi).
Crónicas de una exhibición de Pettirossi en Argentina.
 Sus piruetas en el aire con el pequeño avión, casi de papel, eran sensacionales y atraían multitudes, que lo contemplaban con los ojos desorbitados de asombro y gritos de admiración. Argentina, Brasil, Uruguay y Chile se rinden ante sus pies. "Pettirossi es aviador único en el mundo", publica El Mercurio, en Santiago. En Montevideo conoce a la mujer que será su esposa, Sara Usher Conde.
Pero le falta lo mejor: regresar a su querido Paraguay y maravillar con su arte a su propio pueblo.

Aquel primer accidentado vuelo

Siete días después de su llegada a Asunción, el ansiado primer show del pionero de la aviación paraguaya se desarrolló en la playa de arena a orillas de la Bahía de Asunción, frente al histórico Palacio de López.
Una gran multitud se había congregado en lo alto de las barrancas, en las inmediaciones del Palacio y del Cabildo, para acompañar el primer show aéreo del ídolo nacional en su propia patria.
El aeroplano "Paraguay" pudo levantar vuelo en medio de gritos y aplausos y realizar varias piruetas en el aire, sobre el espejado horizonte de la Bahía, pero el fuerte viento jugó en contra y la hélice se torció al aterrizar. El público se quedó con ganas de ver más.
El ingenio paraguayo ayudó a salvar el problema. En los Talleres Bozzano, los mecánicos le fabricaron una hélice de madera de petereby-jhú, que resistió muy bien a las pruebas.
El 5 y 6 de diciembre de 1914, Pettirossi se tomó la revancha con el público paraguayo. Ante unas 15.000 personas congregadas esta vez en el Puerto de Sajonia, el pequeño monomotor "Paraguay" volvió a levantar vuelo y a prodigarse en numerosas acrobacias aéreas.
"Era una multitud expectante y nerviosa, que subrayaba con aplausos y con vítores cada arriesgada suerte... porque era una fiesta de valor y de audacia, de arte elegante y arrojado, la que nos brindó el piloto", narra la crónica publicada en El Diario de Asunción.
El propio presidente de la República, Eduardo Schaerer, acompañó el show aéreo. "Pettirossi subió hasta los 1.000 metros y después de planear un rato, inició unos virajes elegantes y precisos. Después de 20 minutos de vuelo, tras una magistral 'fenille morte', el Deperdussin pasó como una exhalación entre el gentío y después de un viaje último, aterrizó", sigue la crónica periodística.
La narración de lo sucedido después, es apoteósica: "En un delirante entusiasmo, en tanto que las gargantas se enrojecían con los gritos y flotaba como un frenesí en el ambiente, el pueblo entró en la pista, llegó como un oleaje hasta el aparato, alzó en andas al piloto y lo sacó del recinto, espléndido en el gallardo homenaje, hirviente de júbilo y de emoción".
Era el mayor momento de gloria del "Rey del Aire", el pionero de la aviación paraguaya recibiendo todo el cariño de su pueblo, por haberle dado tanta satisfacción y orgullo en sus aún pocos años.
El Deperdussin T seguiría volando con libertad y gloria durante los meses siguientes, llegando a la exposición internacional de San Francisco, Estados Unidos, en 1915. Allí también sufrió uno de sus accidentes más serios, cuando su avión perdió los tensores alares y sus alas se doblador, obligándolo a acuatizar sobre el mar. Afortunadamente, pudo salir ileso.
No fue así el 17 de octubre de 1916, en Buenos Aires, cuando el heroico monomotor "Paraguay" realizaba otras de sus clásicas acrobacias y un tensor del ala izquierda se soltó, arrojando al aparato en picada desde más de mil metros de altura, cayendo a tierra con un tremendo impacto.
Silvio Pettirossi falleció instantáneamente. Su reloj pulsera se detuvo por el golpe a las 09.25. Tenía 29 años de edad, con las puertas de la inmortalidad abiertas frente a él.

¿Se hubiera imaginado Silvio que, a cien años de aquel histórico primer vuelo, unos apasionados colegas aviadores paraguayos volverían a construir la réplica exacta de su avión, para volver a surcar el cielo guaraní...?

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