martes, 25 de noviembre de 2014

Las cruces que permiten hallar a los desaparecidos

 
Rogelio Goiburú muestra una de las cruces halladas en Ñu Kañy, Tava'i, donde luego se excavó y se halló el esqueleto de un presunto ex miembro del Movimiento 14 de Mayo, ajusticiado en 1960.
Los mataron y arrojaron en tumbas anónimas. Durante décadas se ocultó dónde fueron enterrados. Pero hubo gente que desafió al miedo, marcando los lugares con cruces, acudiendo a encender velas y rezar plegarias. Son las señales que resistieron al miedo y al olvido, y que hoy ayudan a encontrar a los desaparecidos por la dictadura stronista.
 

Cuando caía la tarde y las primeras sombras se echaban sobre las verdes serranías de la compañía Ñu Kañy, de Tava'i, en una aislada región de Caazapá, algún observador atento podía alcanzar a ver cómo un pequeño grupo de personas se apartaban del camino de tierra roja y se metían en la espesura de un monte cercano, hasta desaparecer casi por completo entre la vegetación.
-¿A dónde se metieron esas gentes, mamá? -dicen que preguntó alguna vez un curioso niño campesino a su madre anciana.
-¡Sssht... no hables fuerte, mi hijo! -le reprochaba la mujer, en su gutural guaraní-. Ya se fueron ya otra vez a rezarle a esos Kurusu rebelde. ¡No vayas que a contarle a nadie...!.
Durante décadas enteras, lo que había pasado allí fue un secreto a voces.
Allí, escondidos en la espesura del monte, dentro de la propiedad de la familia Báez y de la propiedad de otra familia vecina, se encontraban cuatro cruces de madera que marcaban una tumbas anónimas, los lugares en donde "hace mucho tiempo", los militares y los "milicianos particú" (grupos paramilitares civiles), habían ejecutado  a sangre fría y enterrado a cuatro  presuntos guerrilleros  del Movimiento 14 de Mayo, que en 1960 ingresaron desde la Argentina para intentar derrocar al general Alfredo Stroessner.
El propio Juan Pablo Báez, hoy patriarca de la tradicional familia campesina de Ñu Kañy, vivió con horror aquellos años de cacería humana, cuando él era apenas un niño de 9 años.
A pesar de que sus padres habían intentado mantenerlos encerrados dentro de las casas, él cuenta que pudo salir y ver cómo los militares arrastraban a uno de los guerrilleros ejecutados y lo enterraban en una fosa, en medio del monte, sin ninguna marca ni señal, y los altos jefes militares que comandaban el operativo, les ordenaron que nunca cuenten nada de eso, porque podrían arrepentirse.
Pero la sangre de aquellos extraños ajusticiados con tanta violencia en esa tierra olvidada, era una marca que ellos no iban a poder quitarse de encima tan fácilmente.
"Unos años después, algunas personas que sabía bien en dónde los enterraron, entró al monte y pusieron en esos lugares las primeras cruces de madera, para marcar el lugar. No sabemos quiénes fueron esas personas, porque venían a escondidas. Varias veces las cruces se caían, pero siempre había alguien que las arreglaba, o cambiaban  por una cruz nueva. También había gente que venía a prender velas, a poner un paño a las cruces y a rezar", revela don Pablo.

Las cruces, una señal contra el miedo y el olvido.

Fulgencio Cabrera y Celso Torres, dos oficiales de la Policía Nacional, que integran el equipo de buscadores de restos que se encargó de formar el médico Rogelio Goiburú, titular de la Dirección de Reparación y Memoria Histórica del Ministerio de Justicia, son quienes se encargan de excavar la tierra con sumo cuidado, atentos a cada primer golpe que detecten los picos y las palas.
Junto a la pequeña cruz de madera hasta donde los condujo el agricultor Juan Pablo Báez, en la compañía Ñu Kañy de Tava'i, lo primero que los policías encontraron fueron restos de madera de otras cruces, pedazos de "kurusu paño" (paños de cruces) y restos de un platito de cerámica.
"Estos platitos son usados por las personas de la campaña como base para encender velas junto a las cruces. Esto es una evidencia de que había gente que venía a rezar y a prender vela ante estas cruces...", explica el suboficial mayor Fulgencio Cabrera.
Cruz que marca otra tumba anónima, en Triunfo 55.
Hace un año, en noviembre de 2013, cuando excavaron y desenterraron dos cuerpos de otros presuntos ex guerrilleros del Movimiento 14 de Mayo, en medio de un sojal, en Triunfo 55, a 12 kilómetros de la ciudad de María Auxiliadora, Itapúa, por indicación de dos ex soldados que actuaron en la represión en épocas de la dictadura, los excavadores también habían encontrado una pequeña cruz, esa vez de metal, que les señaló el camino.
Ambos cuerpos fueron exhumados e incorporados a los restos de 25 personas víctimas de la dictadura que ya habían sido hallados en otros lugares, y que aguardan ser sometidos a la identificación por examen de ADN.
Ahora, en camino hasta Tava'i, la comitiva del doctor Rogelio Goiburú se detuvo en Triunfo 55 a observar el sitio, y sus miembros pudieron comprobar que la cruz de metal sigue allí, clavada en medio del verde sojal que pertenece al colono Eitel Reinaldo Bécker, marcando el sitio de aquella trágica historia.
"Es una constante, que sobre todo en el interior del país, casi siempre encontramos. Algunos pobladores no hicieron caso a las órdenes de los represores, de que las tumbas permanezcan anónimas y perdidas, y marcaban estos lugares con cruces, seguramente por piedad cristiana y humana hacia una persona asesinada de manera tan violenta y sin respetar los derechos a un juicio justo", explica Rogelio Goiburú.
En algunos casos, incluso los pobladores les daban nombres a las cruces, como la denominada Kurusu rebelde, que se encuentra sobre la ruta entre María Auxiliadora  y Tava'i, donde también fue abatido un ex guerrillero, y que se volvió un lugar de veneración popular.
"Junto a los testimonios de muchos pobladores y de ex protagonistas, que nos han dado datos claves para encontrar los restos de los desaparecidos, estas cruces clavadas en medio del monte o de los campos, son una clave muy valiosa para saber dónde cavar. Son realmente señales que han resistido al miedo y al olvido", destaca Goiburú.

La búsqueda prosigue.

Tras el hallazgo en la tarde del miércoles 19 de un primer esqueleto de un presunto ex guerrillero del Movimiento 14 de Mayo, la tarea de exhumación de los restos prosigue durante el jueves 20, en un minucioso proceso en que los huesos son limpiados y cargados en cajas especiales, para luego ser trasladados hasta el laboratorio de Antropología Forense del Ministerio Público.
Un equipo de aproximadamente 12 personas, que incluye a agentes de criminalística de la Policía Nacional y a funcionarios de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, acompaña al doctor Rogelio Goiburú en su incansable búsqueda.
Un improvisado campamento de carpas y bolsas de dormir se ha instalado a la orillas del monte donde se produjo el primer hallazgo. Varios pobladores asisten a los expertos con platos de comida, agua fresca e incluso la participación de voluntarios en la búsqueda.
"No sabemos cuánto tiempo vamos a permanecer aún aquí. Hay otras tres tumbas de víctimas de la dictadura que vamos a excavar. Son otras tres cruces en medio del monte, que nos ayudan a recuperar la memoria...", dice Goiburú, también hijo de un ilustre desaparecido, durante la dictadura, cuyos restos aún no aparecen.

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