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lunes, 30 de diciembre de 2019

Otros pesebres en busca de otra sociedad



Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

 María duerme plácidamente sobre el lecho de paja, mientras José juega muy divertido con el bebé Jesús en su regazo. Este “pesebre alternativo” –al que muchos consideran un pesebre feminista–, se denomina “Dejemos dormir a mamá” y es un regalo que le hicieron al papa Francisco por su 83 cumpleaños, quien lo alabó con mucho entusiasmo durante su mensaje de Navidad: “¡Cuántos de ustedes deben turnarse en la noche entre marido y mujer por el niño, la niña, que llora, y llora, llora!”.
Esta reinterpretación simbólica de los roles del hombre y la mujer por parte del máximo líder de una de las más importantes instituciones religiosas del mundo, tradicionalmente calificada de excesivamente conservadora, esta vez utilizando incluso el lenguaje inclusivo de nombrar al niño y la niña por igual, tiene un efecto de mucha trascendencia: El mundo está cambiando y sus efectos renovadores han llegado hasta el pesebre de Belén y hasta los salones del Vaticano.
Mucho más radical ha resultado el mensaje de la Iglesia Metodista Unida de la ciudad de Claremont, en el Estado de California, Estados Unidos, que presentó a San José, la Virgen María y el Niño Jesús encerrados en celdas separadas y rodeadas con alambre de púas, a manera de protesta contra las políticas represivas del presidente Donald Trump contra las familias latinas migrantes, a cuyos miembros han separado y encarcelado por no contar con documentos de residencias en regla. Hace más de veinte siglos la sagrada familia también tuvo que emigrar a Egipto para huir de la persecución del rey Herodes.
En la Catedral de Palermo, Italia, el arzobispo Corrado Lorefice decidió celebrar la misa de Navidad con la imagen de un Niño Jesús de piel negra, que le ha sido donada por misioneros de Tanzania, África, como una reivindicación a las familias de migrantes que llegan huyendo de persecuciones y que generalmente reciben el rechazo de las autoridades europeas y de un gran sector de los propios pobladores.
El controversial artista callejero británico Bansky instaló en el Walled Off Hotel de la misma simbólica e histórica ciudad de Belén, donde nació Jesús, un artístico pesebre junto a una réplica del muro que divide a Cisjordania de Israel. Sobre la imagen de la sagrada familia hay una estrella, pero es negra y hueca, y ha sido formada por el disparo de un mortero que atravesó el muro. Jugando con los símbolos y con las palabras en inglés, Bansky sustituye a la tradicional “Star of Bethlehem” (estrella de Belén) por la “Scar of Bethlehem" (Cicatriz de Belén), buscando llamar la atención de que el escenario en donde se originó la Navidad hace más de veinte siglos es la que menos puede celebrar hoy una verdadera “noche de paz”, debido al conflicto bélico que se mantiene desde la ocupación israelí de los territorios reclamados por Palestina.
En el Paraguay, aunque la Navidad sigue teniendo una representación principalmente tradicional o folclórica en las celebraciones religiosas, es posible encontrar imágenes de José, María y Jesús con rasgos indígenas guaraníes en algunos pesebres expuestos por artesanos y artesanas de Areguá, junto a esculturas de animales en peligro de extinción, como el jaguarete o el guyra campana, destacando una reivindicación de los pueblos originarios y un llamado a la protección del medioambiente.
Más que la presunta distorsión de un símbolo religioso universal, como cuestionan algunos sectores conservadores, los “pesebres alternativos” revelan la evolución de la conciencia humana ante realidades injustas. En una perspectiva histórica, el Redentor que eligió nacer entre los más pobres marcó una ruptura ante viejas estructuras para plantear la esperanza de lo nuevo. Si en la Judea invadida por el Imperio Romano aquel pesebre de pastores tenía un mensaje contra el sistema, es válido que los de hoy expresen las demandas feministas, migrantes, ambientalistas, indigenistas o pacifistas, como una manera de anunciar que otros modelos de sociedad también son posibles.

El pesebre de la Iglesia Metodista Unida de Claremont, California.
El Niño Jesús negro en la Catedral de Palermo, Italia.
El pesebre del artista Bansky en un hotel de Belén, junto al muro que divide a Cisjordania de Israel.
Pesebre indígena guaraní en Areguá, Paraguay.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Un "pesebre ecológico" despierta gran admiración en Isla Pucú



Un gigante y artístico pesebre, realizado con más de 4.000 botellas de plástico reciclado, es motivo de admiración en la ciclovía de Isla Pucú, Cordillera. Es obra del joven pintor y escultor Diego Martín Diarte, quien también exhibe un imponente retablo de semillas en la iglesia local.

Historias de #Navidad

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Fotos y video: Desirée Esquivel
Edición de video: Mathias Melgarejo


Estaban destinados a convertirse en basura... pero se volvieron objetos de arte y hoy brindan el rostro de una de las Navidades originalmente más atractivas del Paraguay a la histórica ciudad de Isla Pucú, en el Departamento de Cordillera.
El "pesebre ecológico", instalado en la ciclovía de entrada a la localidad cordillerana, está hecho con botellas de plástico que habían sido fabricadas para una conocida marca de aguardiente de caña, pero acabaron defectuosas y el joven pintor y escultor local Diego Martín Diarte quiso darles un mejor destino.
"¿Qué mejor que convertir la basura en arte, aprovechando esta época de Navidad para transmitir un mensaje sobre la necesidad de reciclar los plásticos y cuidar el medio ambiente?", propone Diego, quien convenció al intendente municipal de Isla Pucú, Hugo Fleitas, de patrocinar la obra artística que actualmente es la mayor atracción en la comunidad.
Se trata de un gran pesebre con siete enormes figuras de 2,5 metros de altura, que representan a San José, la Virgen María, el Niño Jesús (el único más pequeño), el Ángel Gabriel y los tres Reyes Magos, armado con más de 4.000 botellas, pintadas con diversos colores. Cada figura lleva más de 500 botellas, salvo el Niño Jesús, que lleva un poco menos.
"Ya había hecho una primera versión el año pasado, solo con las figuras de San José, María, el Niño y el Ángel, pero este año quisimos hacer algo mucho mayor y le agregamos a los tres Reyes Magos, poniéndolos además en un sitio más visible, en la ciclovía de la entrada a la ciudad", explica Diego.
Los viajeros que pasan en auto por la ruta que une a Eusebio Ayala con Caraguatay no pueden evitar detenerse a observar el pesebre, tomarse fotos y selfies para el recuerdo. El pesebre es particularmente atractivo en horas de la noche, cuando unos potentes reflectores lo iluminan y le dan un aire mágico, con aires navideños.

Diego Martín Diarte entre las figuras de su creación, en el pesebre ecológico gigante de Isla Pucú.

Una ciudad con toque ambiental y artístico

A 84 kilómetros al este de Asunción, Isla Pucú era conocida antiguamente como Ka'aguy juru, lugar donde el 18 de agosto de 1869 se libró la última gran batalla de la Campaña de las Cordilleras, durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).
De aquel tupido bosque que se iniciaba allí, tras los campos de Acosta Ñu, no queda casi nada. Todo ha sido deforestado con el tiempo, pero las actuales autoridades y los pobladores buscan darle a la comunidad un toque ambiental y artístico, rescatando el valor de la historia y agregándole obras de arte regional y paisajístico.
Antes de llegar a la ciudad, al costado de la ruta, un enorme mural recrea un cuadro de la Batalla de Ka'aguy juru, junto a enormes letras con el nombre de Isla Pucú. Más allá, un pintoresco portal da la bienvenida, en medio de un jardín de frondosos árboles con los troncos pintados con los colores de la bandera paraguaya.
La ciclovía es, a la vez, una galería de arte al aire libre, donde ahora se exhibe el pesebre ecológico, cuyas piezas estarán instaladas hasta febrero. Al término del recorrido está el mural Tupasy del Rosario, también realizado por Diego Martín Diarte, que rinde homenaje a la santa patrona, la Virgen del Rosario y rescata parte de la historia en torno a la imagen.
"En tiempo de la Guerra de la Triple Alianza, poco antes de la batalla de Ka'aguy juru, una familia que venía huyendo de los invasores trajo una imagen de la Virgen del Rosario, que protegió al pueblo. En mi obra, de estilo mosaico, reproduzco esa imagen y un fragmento de la cruz de madera que quedó chamuscada en el combate", cuenta Diego.
El mural tiene tres metros de alto por dos de ancho, y la técnica es de mosaico con venecitas, azulejos, espejos y cristales reciclados. El mural ha sido declarado patrimonio cultural de la ciudad por la Junta Municipal de Isla Pucú.

Los retablos hechos con semillas, en el templo parroquial de la Virgen del Rosario, en Isla Pucú.

Creando arte con semillas

En el interior de la histórica iglesia de Isla Pucú, el templo parroquial de Nuestra Señora del Rosario, hay otras dos significativas obras de Diego Martín Diarte.
Se trata de dos enormes retablos realizados enteramente con semillas vegetales, inspirados en la obra del artista misionero Koki Ruiz, quien realizó el retablo de maíz para la visita del papa Francisco al Paraguay, en 2015.
"La obra de Koki me inspiró en la técnica utilizada, aunque mi estilo es diferente", explica Diego, quien en 2016 hizo un primer retablo de semillas en homenaje a la Virgen de Caacupé, que actualmente se guarda en la Basílica menor de la capital cordillerana.
En la Iglesia de Isla Pucú hay un retablo tras el altar, y uno más nuevo a un costado, que es más imponente y ha sido trabajado con una técnica mucho más cuidada, incorporando luces de colores, por lo que es recomendable observarlo de noche. Muestra a un Jesús con los brazos abiertos, con un enorme corazón en cuyo interior está la imagen de la Virgen.
El cuadro tiene cuatro metros de alto y tres de ancho y en su elaboración se usaron más de 97 kilos de 19 tipos de semillas, principalmente de maíz, arroz, porotos de varios tipos y colores, girasol, lino, soja, mijo, alpiste, melón, arroz, sésamo y semillas exóticas como la leucaena, todos en color natural, apenas resaltados por un barniz que le da protección. Le llevó 45 días de trabajo y contó con la colaboración de varios jóvenes de la comunidad.
Diego tiene 23 años, es ingeniero comercial y licenciado en administración de empresas. Se declara artista autodidacta, ya que no tiene ningún estudio académico en pintura o escultura.
"Siempre me gustó crear obras artísticas, desde niño, y quiero contribuir a que mi comunidad sea conocida por la expresión de su arte y el rescate de su historia, que la gente venga a mirar y conozca a Isla Pucú como un lugar donde también creamos cultura", destaca.
Afuera, varios autos se detienen frente al pesebre ecológico. Es noche cerrada y las imágenes parecen salidas de un cuadro de fantasía. Un niño se desprende de la mano de sus padres y corre a abrazar al otro niño acostado en el pesebre, y posa sonriente para la foto.
-¡Mirá, mamá...! ¡Es un mita'i hecho de botellas! –exclama.
Y luego, mirando a sus progenitores con un tono de reproche:
-¡Y nosotros, que siempre tiramos nuestras botellas...!



domingo, 23 de diciembre de 2012

Cuando un zapato o un colchón hacen la diferencia para una vida más digna





Jóvenes voluntarias de la campaña Corazones Abiertos relatan cómo la experiencia de convivir con la realidad social les cambia la vida y las compromete a trabajar por una sociedad más justa.

Historias de #Navidad

Era la Navidad del 2010. Claudia Cañete tenía 16 años y esa era su primera experiencia en la campaña Corazones Abiertos, que desde 1982 se realiza a fin de año.
Ella estaba en el primer día de ventas de los artículos previamente recolectados, luego arreglados y puestos otra vez a disposición de la gente humilde, a precios muy baratos, y le sorprendió cómo la multitud se peleaba por un colchón, un electrodoméstico o un par de zapatos.
Fue cuando vio a la mujer, humilde y triste, acompañada por sus hijos pequeños. Quiso saber qué le pasaba y ella contó que llegó al local de la campaña, en el Colegio San Clemente María, con la esperanza de comprar uno de los colchones reciclados, pero le habían ganado de mano y no quedaba ninguno.
"¡Qué vamos a hacer!", exclamó la mujer, mirando con pena a sus hijos. "Otro año en que vamos a dormir en el suelo, sin colchón".
Claudia se quedó helada. "Soy de una familia donde siempre tuve todas las comodidades y no me podía imaginar siquiera que pueda haber gente que duerma en el piso por no tener colchón, o que ande descalza por no tener zapatos, o no tenga qué comer. Corazones Abiertos me mostró esa realidad y me cambió la vida", admite ella.
Hoy Claudia tiene 18 años, ha terminado el Colegio, y este es su tercer y acaso último año en la campaña. "Esta experiencia me transformó. Ya no me imagino celebrar la Navidad sin salir a recoger cosas para ayudar a la gente más humilde", sostiene.

SOLIDARIDAD. Todo empezó en 1982, cuando un grupo de religiosos iniciaron la recordada campaña Mano Abierta, motivando a la juventud a vivir una Navidad solidaria con los más humildes.
En aquella época de la dictadura stronista, los organizadores llegaron a ser acusados de estimular a los jóvenes a "meterse en política" por despertar una conciencia crítica ante la realidad social.
En 1999, la experiencia pasó a denominarse Corazones Abiertos, buscando inculcar "la cultura de la solidaridad, el protagonismo juvenil y la participación ciudadana efectiva y eficiente, forjadora del cambio positivo, respaldados en la construcción de capacidades individuales y colectivas capaces de luchar contra la pobreza y sus causas, la injusticia, la desigualdad y la insensibilidad".
Actualmente unos 700 jóvenes voluntarios recorren los barrios recogiendo aportes durante 18 días. Todo se repara y se pone en condiciones, y se expondrá a la venta en una gran feria popular, los días 28, 29 y 30 de diciembre, en el Colegio San Clemente María (Félx Bogado casi Quinta Avenida). Lo recaudado permite financiar varios proyectos sociales.

TESTIMONIOS. Joaquina Vera tiene 14 años y es su segundo año en la campaña. "Mientras muchas de mis compañeras solo piensan en tomar sol o divertirse, nosotros estamos aquí, trabajando desde el amanecer hasta la noche para ayudar a los que necesitan, pero es lo que le da sentido a estas fechas", destaca.

Larissa Bernal, 17 años, lleva tres como voluntaria. "La primera vez, a mí también me impactó ver que llegaba gente descalza a tratar de comprar zapatos. Que un simple par de zapatos o un colchón sean la diferencia para una vida más digna, es algo que te mueve por dentro", dice.

 Claudia Cañete, Joaquina Vera y Larissa Bernal.
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La palabra, un bálsamo para los que sufren

Escritores y poetas llegan hasta hospitales públicos de la Gran Asunción, a leer cuentos y poemas a los niños y niñas que permanecen internados. Una manera diferente de expresar solidaridad en estas fiestas.

Renée Ferrer, leyendo cuentos en Emergencias Médicas.

Milia Gayoso, con niños pacientes de oncología en el Materno Infantil.
"Tereré tiene un imán
 escondido entre la yerba
tereré a media mañana
tereré al atardecer...".

A medida en que iba leyendo, cantando y hasta danzando la versión musical de su ya clásico poema "Tereré" (musicalizado por su hermana Susana), la consagrada escritora paraguaya Renée Ferrer percibió que se iba haciendo un silencio mágico a su alrededor, y sintió que se le erizaban los pelos por la emoción del momento.
Era el jueves 20 de diciembre y ella se encontraba en la sala de niños y niñas del Hospital de Emergencias Médicas de Asunción, donde varios pequeños pacientes internados por traumas y accidentes la miraban y escuchaban atentamente, mientras leía.
"Había un chiquito que se había estado quejando mucho de dolor. Yo empecé a leer, cuando de pronto me dí cuenta de que ya no se quejaba. Se había quedado en silencio, y parecía embelesado por la obra. Fue entonces cuando empecé a cantar y hasta me animé a bailar la versión musical del poema", relata la escritora.
Renée Ferrer estuvo en compañía de los escritores Feliciano Acosta y Alejandro Hernández, en una de las jornadas solidarias denominadas "Cuentos de Navidad en hospitales públicos", una iniciativa conjunta de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) y de la Dirección de Industrias Culturales, de la Secretaría Nacional de Cultura, que durante varios días recorrió lugares como el Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), el Hospital Materno Infantil de San Lorenzo y Emergencia Médicas.

COMPARTIR. Este es el segundo año en que ambas instituciones organizan las jornadas de literatura solidaria por Navidad.
"Para mí no es algo tan nuevo, ya que hace muchos años, con otra colegas escritoras y poetas, como María Luisa Artecona de Thompson, Nila López, Gladys Carmagnola, entre otras, por propia iniciativa ya habíamos protagonizado una experiencia similar de recorrer hospitales en Navidad y leer obras a los niños pacientes. Es muy gratificante ver la sensación de alegría, de esperanza, de sentirse acompañado, que se despierta en ellos", destaca Renée Ferrer.
Esta vez, Irina Ráfols y María Irma Betzel llegaron hasta el Hospital de IPS, Milia Gayoso y Lisandro Cardozo estuvieron en el Materno Infantil de San Lorenzo, y Ferrer, con Acosta y Hernández, lo hicieron en Emergencias Médicas.
En la ocasión, se distribuyó a los niños y niñas varios libros de cuentos, donados por las editoriales Don Bosco, Fausto, Lina y Aramí.

LITERATURA SOLIDARIA. "Es una experiencia fascinante, que se realiza por segundo año, en que los autores comparten su obra directamente con un público muy especial, en un momento significativo del año", destaca María Luz Saldívar, al frente de la Dirección de Industrias Culturales de la SNNA.
La funcionaria y artista relata que las jornadas fueron recibidas con grata sorpresa por los pequeños internados y hubo momentos particularmente emotivos, como los que vivió la escritora Milia Gayoso con los niños y niñas pacientes de oncología en el Materno Infantil.
Para el próximo año se buscará incluir y abarcar a más hospitales públicos del país, incluyendo a varias ciudades del interior.
"Ver el rostro extasiado de los niños y niñas al introducirse en las historias que les contaban sus propios autores y autoras, fue muy emocionante. Casi siempre, a la hora de pensar en campañas solidaria en estas fechas se habla de llevarles cosas materiales, que son muy importantes, pero estos escritores y escritoras llevan una riqueza inmaterial, su propia obra, el valor de la palabra solidaria, que es como un bálsamo para quienes sufren", afirma María Luz.

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Paraguaya ayuda a rescatar a sinhogares, en la Argentina
La paraguaya Celia Franco (con ropa blanca) en plena acción solidaria, en las calles de Buenos Aires.
Celia Franco, una enfermera paraguaya que reside desde hace 15 años en Buenos Aires, Argentina, participa activamente de la organización ciudadana "Ni una sola persona más en la calle", que especialmente en fechas próximas a la Navidad recorre la ciudad, ayudando a quienes no tienen un hogar.
"Participar de las 'recos' (recorridas) es mi cable a tierra, me hace valorar todo lo que tengo, vengo de una familia humilde paraguaya, mi padre me enseño a trabajar desde chica y ayudar al otro, trato de hacer lo mismo con mi hija Valentina, de 10 años", relata la compatriota desde la capital argentina.
Oriunda de Trinidad, Departamento de Itapúa, Celia cuenta que los miembros de la organización realizan permanentes recorridos, llevando no solamente compañía y un plato de comida a las personas en situación de calle.

REINSERCIÓN. "Hacemos lo posible para que ellos se reinserten nuevamente en la sociedad. Las recorridas nocturnas las hacemos a pulmón. Estamos armando una movida con grupos de teatro y algunas bandas de música, para recaudar alimentos", destaca Celia.
"Es tan gratificante hacer algo por el otro. Creo que en estas fiestas uno se vuelve más sensible y vulnerable, especialmente aquellos que están lejos de su tierra", agrega.

La organización dispone de una página web: www.niunapersonaencalle.com.ar.

viernes, 21 de diciembre de 2012

La médica que eligió ser Papá Noel



Historias de #Navidad

Hay un instante mágico que la doctora Gladys Romero espera a lo largo de todo el año.
Es ese momento supremo, a finales de un cálido diciembre, cuando la veterana médica radióloga del Instituto de Medicina Tropical (IMT) se saca su blanco guardapolvo y se pone un disfraz de franela de vivo color rojo, se cubre el rostro con una barba falsa de algodón y sale a los pasillos portando una bolsa de regalos, profiriendo una estruendosa carcajada, que excepcionalmente desobedece lo que mandan los clásicos carteles de "Silencio, hospital".
-Es un momento único -admite ella con voz emocionada-. Tenés que vivirlo, para entender todo lo que significa.
Mientras avanza, junto a varios otros médicos, enfermeros y funcionarios del hospital, que se han convertido en sus cómplices y se visten de reyes magos, de ángeles o de payasos, ella va observando esas caritas demacradas que han salido de sus salas de enfermos, algunos con sus brazos conectados a bolsas de suero fisiológico, sostenidos por postes móviles.
-Tenés que ver lo que son sus ojitos encendidos de alegría o de esperanza. Lo que casi nunca suelo conseguir como médica -confiesa la doctora Gladys-, en estos días de Navidad lo consigo como Papá Noel: darles un remedio para el alma.

CRUZADA. Hace 24 años, la doctora Gladys inició la voluntariosa cruzada de motivar a sus compañeros del Instituto de Medicina Tropical a organizar anualmente una gran fiesta navideña para los niños y niñas que son pacientes del principal hospital de referencia para enfermedades infecciosas en el Paraguay, especialmente los infectados con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH sida).
"En esa época todo era más difícil. El VIH sida casi no se conocía y había demasiados prejuicios en nuestra sociedad. Me partía el alma ver esas caritas sufrientes. Gente muy pobre, sufrida, olvidada del mundo. Llegaba la Navidad y no tenían nada, absolutamente nada", relata la médica, desde su guardia en la sección Radiología del IMT, sobre la calle Venezuela, en Asunción.
Fue entonces cuando a ella se le ocurrió salir a recorrer, sala por sala, oficina por oficina, con una planilla en la mano, a pedirles a sus compañeros que colaboren "con lo que puedan" para organizar una merienda navideña para los niños y niñas pacientes.
La respuesta le resultó gratamente sorprendente. Rápidamente se armó un equipo de trabajo que se encargó de recoger aportes y organizar los distintos detalles de la fiesta.
"Para entregar los regalos que recolectamos, yo decidí vestirme de Papá Noel. Otros compañeros, junto con sus hijos, se vistieron de reyes magos y de ángeles. Aquella primera experiencia me marcó para siempre. La luz que vi en sus ojitos, la sonrisa que iluminaba sus caritas en medio del dolor, me hicieron jurarme a mí misma que hasta el final de mis días, mientras tuviera fuerza, en cada Navidad, yo iba a ser un Papá Noel para todos ellos", asegura.

ANONIMATO. Fue Edith Pacita, desde la red social Facebook, la primera que nos dio una pista. "¿Sabían que los niños internados del Instituto de Medicina Tropical reciben regalos, cada año, donados por todos los médicos y funcionarios?", escribió.
Ella nos permitió contactar con Liz Salinas, funcionaria del IMT y una de las organizadoras de la campaña. "Tienen que conocer a la doctora Gladys, ella es la que nos moviliza, la que realmente inició toda esta linda iniciativa", explicó Liz,
Así llegamos hasta la sección Radiología del IMT, donde Gladys Romero nos recibe con sorpresa, en medio de su guardia.
"Hace 24 años que venimos haciendo esto en cada Navidad y es la primera vez que nos visita la prensa. Siempre he creído que las acciones solidarias se deben hacer en forma anónima, pero a veces es interesante que la gente conozca, que más personas apoyen y se sumen", afirma ella.

FIESTA. La "fiesta de los chicos del IMT" acostumbra realizarse unos días antes de Navidad. Este año se hará el viernes 21 de diciembre, a las 17.00, en el pasillo principal de acceso.
"Ponemos una mesa larga, ponemos globos, guirnaldas, muchos colores. Ponemos música. Les preparamos un menú liviano pero delicioso, que ellos pueden consumir. Desde el mediodía ya están todos bañaditos, esperando", relata la médica.
Los pacientes son trasladados desde sus salas por las enfermeras y los familiares, algunos en sillas de ruedas o en camillas.
"Vienen los pacientes de Pronasida (Programa Nacional de Control del sida), también los del auto-refugio (donde se alojan los pacientes y familiares que llegan del interior), se suman los funcionarios con sus hijos, y como siempre sobra algo, hacemos extensivos los alimentos y regalos a los pacientes del Hospital Juan Max Boettner", cuenta.
Ella considera que no hay contradicción entre su vocación de curar y la de transmitir alegría. "Esto es parte de mi ser médico, pero principalmente es parte de mi esencia de ser humano. La Navidad es un tiempo para compartir, para ponerte en la piel del otro, especialmente del que sufre. Aquí convivimos a diario con el dolor, con la pobreza y con el olvido, y algo tenemos que hacer. Además de ser médica, yo elegí ser Papá Noel", explica.

Su gastado traje de franela roja está allí, esperándola. Gladys no ve el momento de volver a vestirlo.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Magia de Navidad




Historias de #Navidad


No dejará el mundo de girar. Tampoco va a cesar la muerte de doler, ni mucho menos va a dejar el sol de alumbrar.
No vamos a pretender, amiga mía, levantarnos con la resaca amarga tras la farra de Nochebuena, abrir el diario con gestos aún somnolientos, para encontrarnos con la sorpresa de que este 24 de diciembre no hubo una sola denuncia de corrupción, que la calle se quedó vacía de tristezas, o que en una esquina la violencia se cansó de esperar.
No, mi querida amiga. Ningún viento fantástico llegará desde otro mundo a llevarse para siempre la estremecida soledad de tantos niños y niñas que piden monedas junto a los semáforos, ni borrará el rictus amargo de los recicladores que recorren las calles desoladas de la ciudad, hurgando en medio de la basura para obtener algo que comer.
Ningún personaje de cuentos de hadas va a sobrevolar en trineo las periféricas villas del Bañado, derramando lluvias de felicidad sobre los precarios hogares de hule y cartón, por más que los spots comerciales navideños insistan en vendernos esa imagen de fantasía.
No, amiga del alma. No te puedo prometer que se va a terminar así nomás la miseria, ni que la milenaria angustia de nuestro pueblo se va disipar como el rocío de la mañana.
Lo más probable es que al trasponer la puerta estará, como siempre, acechando la injusticia.
¿Para qué engañarnos? No va a suceder absolutamente nada extraordinario.
O quizás sí…
Porque, verás… a pesar de todo el dolor y de toda la frustración cotidiana, a pesar de los engaños de los políticos y de la traición de los gobernantes, a pesar del estrés y del cansancio, de los golpes profundos y las heridas secretas… alguien va venir.
Sí. Alguien va a venir, como si nada, a dejarte una cálida expresión de cariño (un abrazo, un obsequio, un apretón de manos, una sonrisa…) y con palabras tan simples, tradicionales y sinceras, te va decir: ¡Feliz Navidad!
Y entonces verás cómo se te va desordenar la lógica. Y en ese preciso instante, desde muy adentro, el alma te hará la maravillosa revelación de que en todo este tiempo de angustias y desencantos, de mentiras y sobresaltos, de conspiraciones y masacres, de tormentas y raudales, de protestas populares y garroteadas, no hubo mala noticia capaz de asesinar nuestra ternura, ni politiqueros o delincuentes que pudieran resecar nuestra alegría.
Que estaremos aquí, rotos pero enteros, golpeados pero dignos, con las lágrimas y la risa aún vivas, levantando nuestras copas a la luz de las estrellas, convencidos de que mañana, siempre, siempre, será otro día.
¿Por qué?... pues porque uno descubre, amiga querida, que esa es la verdadera magia de la Navidad: El milagro tan simple de que, por encima de toda la aflicción y de toda la tristeza, hay un Dios obstinado y siempre niño, que por nada del mundo quiere dejar de nacer entre los más humildes y desheredados de la tierra, ni dejar de estar presente hasta en las más pequeñas historias cotidianas.
Un Dios que nos dice, que nos asegura, que él va estar naciendo siempre (a contraviento, a contramuerte) porque nada tiene tanto valor como la vida, ni nada es tan eterno como la esperanza.


(La primera versión de este texto la escribí en Lima, Perú, en vísperas de la Navidad de 1986 y fue publicada originalmente en el quincenario Signos, editado por el Centro Bartolomé de las Casas – Rímac, donde tuve la alegría y satisfacción de trabajar en esa época, en experiencias de comunicación popular. Posteriormente rescaté el escrito, adaptándolo a la realidad paraguaya, y lo publiqué en Última Hora. Perdido entre tantos papeles viejos, hasta ahora no lo había alzado en el blog, ni lo había difundido en versión digital. Ante el reiterado reclamo de mi querida amiga y lectora Roxy Alvarez, quien se ha tomado el trabajo de copiarlo y difundirlo a partir de su propio archivo, asegurando ella que es mi mejor texto sobre la Navidad, aquí lo rescatamos y lo compartimos).

lunes, 20 de diciembre de 2010

Preguntas en Navidad...



#Navidad

¿De qué sirve llenar la casa, los árboles, la ciudad entera de luces doradas y resplandecientes… cuando el alma permanece a oscuras?
¿De qué sirven tantos árboles de plástico importado y adornados con nieves de algodón, ni tantos muñecos barbudos ridículamente vestidos con abrigos de lana en medio de este calor infernal… cuando bastan "dos trocitos de madera" -como canta Maneco- para techar el mágico pesebre?
¿De qué sirve atropellarse en los shoppings y en los comercios buscando regalos y más regalos… cuando lo que de veras hace falta es un simple gesto verdaderamente solidario, una acción de caridad humana y cristiana que nazca desde lo profundo del corazón, para darle el real sentido a la Navidad?
¿De qué sirve gastar tanta plata en fiestas, manjares, bebidas, adornos, show, luces, música... si el niño Dios -cuyo cumpleaños celebramos- eligió todo lo contrario: nacer en un humilde establo de animales y vivir su vida en la mayor austeridad?
¿De qué sirve el infernal estruendo de las bombas y los petardos, el vértigo de la velocidad por las calles, el volumen de la cachaca o el reguetón al máximo… si todo eso no alcanza a llenar el vacío interior?
¿De qué sirve inundar internet o el correo postal con bellas y coloridas tarjetas navideñas, con esplendorosos mensajes que reproducen los mejores deseos en letra brillante… si todo lo que allí dice nunca lo ponemos en práctica?
¿De qué sirve regalar un pan dulce o una sidra en esta Navidad… si vamos a olvidarnos por el resto del año de quienes nada tienen para comer y para beber?
A pesar de todo, y porque a cada instante que transcurre se nos brinda la oportunidad de ser siempre mejores... ¡Feliz y solidaria Navidad, y un más constructivo Año Nuevo!

lunes, 21 de diciembre de 2009

Hijo Nuestro


“Yo quiero rezar a fondo un Hijo Nuestro...”.
(Silvio Rodríguez, "El necio").

#Navidad

Hijo Nuestro que estás en el pesebre, rodeado de mansos animales y de la gente humilde del pueblo.
Santificado sea tu nombre, porque es un símbolo de justicia y libertad.
Venga a nosotros tu mensaje de esperanza para este país que tanto necesita superar el desencanto, la corrupción, la miseria, la impunidad, la ignorancia, la falta de confianza de la gente en sí misma.
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo, sobre todo en esta tierra que tiene todas las condiciones para ser un paraíso, pero que obstinadamente buscamos convertirla en un infierno.
Danos hoy nuestro pan de cada día. Principalmente el pan para tantos chiquitos y chiquitas condenados a pasar hambre por culpa del egoísmo y de la indiferencia.
Perdona a los que han transformado la Navidad en un gran comercio, a los que han vaciado de contenido uno de los acontecimientos más bellos en la historia de la humanidad, a los que hoy le ponen precio hasta al mismo Dios.
No nos dejes caer en la tentación de creer que estas fiestas son solamente fiestas, porque en realidad son una oportunidad para redescubrir los valores de la solidaridad y del amor, para compartir nuestros sueños por encima de nuestras diferencias.
Y líbranos de los insulsos arbolitos de plástico y nieve artificial, de los ridículos Papá Noel con abrigos de lana en medio del calor subtropical, de los programas fashion de la televisión, de los petardos enloquecidos, de los paranoicos cazadores de brujas, de los fabricantes de conspiraciones, de los jueces vendidos al mejor postor, de los asaltantes y secuestradores, de los eternos baches de nuestras calles, del dengue, de la crisis, de los depredadores de la naturaleza, de los vendedores de ilusiones, de los ladrones de sueños, de la cachaca estruendosa, del calor insoportable y de todo mal. Amén.