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jueves, 19 de noviembre de 2020

El día en que el folclore y el rock se dieron la mano

Rolando Chaparro inició la fusión entre rock y folclore con su versión de Reservista purahéi en los 90, con el apoyo entusiasta del maestro Agustín Barboza. Ahora que el músico vive un momento delicado de salud, es oportuno rescatar su hazaña artística.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Era, probablemente, 1994. Un concierto de varios artistas en la Plaza de la Democracia de Asunción, en homenaje al gran músico Agustín Barboza (ya fallecido, autor de la música de Mi patria soñada, entre otras grandes canciones). Había folclore, rock, nuevo cancionero, incluso jazz, pero cada uno iba por su lado, sin mezclar los tantos.

Cuando le tocó subir al escenario al grupo roquero Krizhia, su líder, el joven y melenudo guitarrista Rolando Chaparro, anunció que iba a interpretar una versión especial de la guarania Reservista purahéi (letra de Félix Fernández, música de Barboza) en homenaje al maestro. Se vieron gestos de alarma en los rostros de los asistentes, varios de ellos considerados próceres del folclore paraguayo.

La guitarra eléctrica de Rolando inició con estridentes sones la melodía tan característica, en versión instrumental, pero con un innovador estilo de blues, que se enriquecía con cada golpe de rasgueo, con cada arreglo, con cada disonancia.

Las caras de los folcloristas más tradicionales eran para alquilar balcones. No podían concebir tamaño sacrilegio contra el patrimonio histórico folclórico musical. Todos buscaron la reacción del maestro Barboza, seguros de que iba a desaprobar tamaña afrenta a su obra, pero llamativamente el rostro de don Agustín se veía radiante, iluminado, con una sonrisa amplia, mientras seguía atentamente la evolución de ese inusual concierto.

Cuando Rolando y sus compañeros terminaron la interpretación con un fuerte golpe sonoro en la guitarra, ante tímidos aplausos, el maestro Barboza se levantó de su sitio de honor, buscó la escalera y subió al escenario a estrecharse en un largo abrazo con Rolando. Entonces sí, desde el público llegó estruendosa la ovación. La bendición había sido dada. El mito había sido derrotado.

RENOVANDO EL CANCIONERO

Ahora todo eso parece absolutamente normal, pero en esos tiempos mezclar rock o blues con una polca o una guarania era considerado un crimen de lesa musicalidad.

Aunque se hicieron algunos experimentos anteriores, la versión blusera de Reservista purahéi fue un parteaguas que no solo se atrevió a derribar prejuicios, sino que atrajo a toda una corriente de nuevos seguidores y contribuyó a refundar el folclore, despertando el interés de los jóvenes, que por entonces le daban la espalda.

Tras el concierto en la Plaza de la Democracia, el propio Barboza animó a Rolando a grabar el tema. Así lo hicieron en el disco Pasaje al más acá, de Krizhia, editado en 1997, con la voz de don Agustín como introducción, recitando una estrofa de los versos de Félix Fernández. Para que no queden dudas de su apoyo.

Era Barboza, nada más y nada menos. El que fuera cantante de la legendaria Orquesta Ortiz Guerrero, dirigida por el maestro José Asunción Flores. El que formó un trío junto a Félix Pérez Cardozo y Eulogio Cardozo. El que integró aquel histórico conjunto Los Guaireños, con Luis Alberto del Paraná, Digno García y Humberto Barúa para recorrer gran parte del mundo llevando música paraguaya y que después formó el también legendario Trío Los Paraguayos, con Paraná y García.

La versión de Chaparro tuvo un efecto revolucionario en lo cultural. En julio de 1998 pude reunir a don Agustín Barboza y a Rolando en un reportaje para la revista VIDA de Última Hora, con el título: “El folclore y el rock se dan la mano”. Fue en la casa de don Agustín, sobre la calle Primera. Rolando llegó con su guitarra eléctrica y Barboza apareció con su vieja guitarra clásica. Todo un símbolo.

Rescato algunos párrafos del diálogo que mantuvieron:

Agustín Barboza: –A mí me parece lógico que el folclore haya caído en crisis. Un músico, un artista, surge y crea su arte cuando encuentra paz alrededor. Paz en todo sentido. En lo político, en lo familiar. Pero nuestro país ha vivido largas décadas de dictadura, en que la cultura se ha estancado, se ha reprimido. Por eso ahora, en esta nueva era democrática, empieza a renacer la creación. A pesar de toda la confusión política que existe, el arte está resurgiendo y está cumpliendo la importante función de dinamizar la política y la vida de la sociedad, de ayudar a reflexionar.

Rolando Chaparro: –Sí, durante la dictadura hubo mucho encierro. No solo a nivel cultural. Hubo represión política, represión social, y eso repercutió en la cultura. A pesar de todo, hubo creación, pero las propuestas nuevas no eran bien vistas, porque sugerían apertura, romper con el dogmatismo. Por eso los intentos de renovación eran truncados. Hubo creadores como Maneco Galeano, como Oscar Nelson Safuán, que intentaron hacer cosas nuevas.

Y más adelante, un dicho clave del maestro.

Agustín Barboza: –Yo soy optimista. Creo que el cambio está en manos de la nueva generación. Veo que hay muchos talentos. Además, ahora hay medios para capacitarse. Veo que un músico joven como Rolando Chaparro, que viene del rock, tiene una actitud muy respetuosa y patriótica hacia la música folclórica, para hacer una versión moderna. Hay que darles todo el apoyo.

UNA BRILLANTE TRAYECTORIA

En este momento en que el guitarrista Rolando Chaparro atraviesa un difícil momento de salud y sus familiares deben recurrir a la solidaridad pública para costear el tratamiento médico, es importante rescatar historias como estas, junto al reconocimiento de uno de los fundadores del folclore paraguayo.

El aporte de Rolando es inmenso. Aparte de ser uno de los más talentosos guitarristas, referente esencial del rock paraguayo y de haber sentado las bases para dinamizar al folclore para una nueva generación, un dedicado promotor de toda actividad cultural, es además un ser humano generoso, sensible ante las injusticias, luchador por la libertad y la equidad. Su entrega profunda e intensa a la labor creativa le ha cobrado varias veces un costo alto en su salud. Vivir de su trabajo artístico en Paraguay no ha sido fácil y ha resultado mucho más complicado en la pandemia.

Como bien dice en un posteo en Facebook la gestora cultural Techi Cusmanich Renaut: “La trayectoria y la valía de Rolando son indiscutibles, y si hoy requiere de nuestra ayuda y solidaridad, allí estaremos, como siempre. Lo lamentable es que sigan sucediendo este tipo de situaciones. ¿Hasta cuándo? Por qué los artistas, y en este caso en particular, los músicos, deben recurrir a la solidaridad para cubrir necesidades que desde el Estado o las entidades de gestión colectiva deberían estar cubiertas. Es tiempo difícil, la pandemia ha causado estragos, pero este paro podría habernos servido para organizarnos y exigir el cumplimiento de nuestros derechos. Rolando no está desamparado, porque existe gente sensible y solidaria que ayudará a su pronta recuperación, pero pensemos en la cantidad de artistas desamparados que requieren de asistencia social y de salud. El futuro es hoy y la necesidad apremia”.

De eso se trata.

Mucha fuerza para Rolando

 

El reportaje que ilustró el encuentro entre Chaparro y Barboza en 1998.

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(Publicado en la sección Correo Semanal del diario Última Hora, edición sábado 14 de diciembre de 2020).

jueves, 14 de diciembre de 2017

Un "pesebre ecológico" despierta gran admiración en Isla Pucú



Un gigante y artístico pesebre, realizado con más de 4.000 botellas de plástico reciclado, es motivo de admiración en la ciclovía de Isla Pucú, Cordillera. Es obra del joven pintor y escultor Diego Martín Diarte, quien también exhibe un imponente retablo de semillas en la iglesia local.

Historias de #Navidad

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Fotos y video: Desirée Esquivel
Edición de video: Mathias Melgarejo


Estaban destinados a convertirse en basura... pero se volvieron objetos de arte y hoy brindan el rostro de una de las Navidades originalmente más atractivas del Paraguay a la histórica ciudad de Isla Pucú, en el Departamento de Cordillera.
El "pesebre ecológico", instalado en la ciclovía de entrada a la localidad cordillerana, está hecho con botellas de plástico que habían sido fabricadas para una conocida marca de aguardiente de caña, pero acabaron defectuosas y el joven pintor y escultor local Diego Martín Diarte quiso darles un mejor destino.
"¿Qué mejor que convertir la basura en arte, aprovechando esta época de Navidad para transmitir un mensaje sobre la necesidad de reciclar los plásticos y cuidar el medio ambiente?", propone Diego, quien convenció al intendente municipal de Isla Pucú, Hugo Fleitas, de patrocinar la obra artística que actualmente es la mayor atracción en la comunidad.
Se trata de un gran pesebre con siete enormes figuras de 2,5 metros de altura, que representan a San José, la Virgen María, el Niño Jesús (el único más pequeño), el Ángel Gabriel y los tres Reyes Magos, armado con más de 4.000 botellas, pintadas con diversos colores. Cada figura lleva más de 500 botellas, salvo el Niño Jesús, que lleva un poco menos.
"Ya había hecho una primera versión el año pasado, solo con las figuras de San José, María, el Niño y el Ángel, pero este año quisimos hacer algo mucho mayor y le agregamos a los tres Reyes Magos, poniéndolos además en un sitio más visible, en la ciclovía de la entrada a la ciudad", explica Diego.
Los viajeros que pasan en auto por la ruta que une a Eusebio Ayala con Caraguatay no pueden evitar detenerse a observar el pesebre, tomarse fotos y selfies para el recuerdo. El pesebre es particularmente atractivo en horas de la noche, cuando unos potentes reflectores lo iluminan y le dan un aire mágico, con aires navideños.

Diego Martín Diarte entre las figuras de su creación, en el pesebre ecológico gigante de Isla Pucú.

Una ciudad con toque ambiental y artístico

A 84 kilómetros al este de Asunción, Isla Pucú era conocida antiguamente como Ka'aguy juru, lugar donde el 18 de agosto de 1869 se libró la última gran batalla de la Campaña de las Cordilleras, durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).
De aquel tupido bosque que se iniciaba allí, tras los campos de Acosta Ñu, no queda casi nada. Todo ha sido deforestado con el tiempo, pero las actuales autoridades y los pobladores buscan darle a la comunidad un toque ambiental y artístico, rescatando el valor de la historia y agregándole obras de arte regional y paisajístico.
Antes de llegar a la ciudad, al costado de la ruta, un enorme mural recrea un cuadro de la Batalla de Ka'aguy juru, junto a enormes letras con el nombre de Isla Pucú. Más allá, un pintoresco portal da la bienvenida, en medio de un jardín de frondosos árboles con los troncos pintados con los colores de la bandera paraguaya.
La ciclovía es, a la vez, una galería de arte al aire libre, donde ahora se exhibe el pesebre ecológico, cuyas piezas estarán instaladas hasta febrero. Al término del recorrido está el mural Tupasy del Rosario, también realizado por Diego Martín Diarte, que rinde homenaje a la santa patrona, la Virgen del Rosario y rescata parte de la historia en torno a la imagen.
"En tiempo de la Guerra de la Triple Alianza, poco antes de la batalla de Ka'aguy juru, una familia que venía huyendo de los invasores trajo una imagen de la Virgen del Rosario, que protegió al pueblo. En mi obra, de estilo mosaico, reproduzco esa imagen y un fragmento de la cruz de madera que quedó chamuscada en el combate", cuenta Diego.
El mural tiene tres metros de alto por dos de ancho, y la técnica es de mosaico con venecitas, azulejos, espejos y cristales reciclados. El mural ha sido declarado patrimonio cultural de la ciudad por la Junta Municipal de Isla Pucú.

Los retablos hechos con semillas, en el templo parroquial de la Virgen del Rosario, en Isla Pucú.

Creando arte con semillas

En el interior de la histórica iglesia de Isla Pucú, el templo parroquial de Nuestra Señora del Rosario, hay otras dos significativas obras de Diego Martín Diarte.
Se trata de dos enormes retablos realizados enteramente con semillas vegetales, inspirados en la obra del artista misionero Koki Ruiz, quien realizó el retablo de maíz para la visita del papa Francisco al Paraguay, en 2015.
"La obra de Koki me inspiró en la técnica utilizada, aunque mi estilo es diferente", explica Diego, quien en 2016 hizo un primer retablo de semillas en homenaje a la Virgen de Caacupé, que actualmente se guarda en la Basílica menor de la capital cordillerana.
En la Iglesia de Isla Pucú hay un retablo tras el altar, y uno más nuevo a un costado, que es más imponente y ha sido trabajado con una técnica mucho más cuidada, incorporando luces de colores, por lo que es recomendable observarlo de noche. Muestra a un Jesús con los brazos abiertos, con un enorme corazón en cuyo interior está la imagen de la Virgen.
El cuadro tiene cuatro metros de alto y tres de ancho y en su elaboración se usaron más de 97 kilos de 19 tipos de semillas, principalmente de maíz, arroz, porotos de varios tipos y colores, girasol, lino, soja, mijo, alpiste, melón, arroz, sésamo y semillas exóticas como la leucaena, todos en color natural, apenas resaltados por un barniz que le da protección. Le llevó 45 días de trabajo y contó con la colaboración de varios jóvenes de la comunidad.
Diego tiene 23 años, es ingeniero comercial y licenciado en administración de empresas. Se declara artista autodidacta, ya que no tiene ningún estudio académico en pintura o escultura.
"Siempre me gustó crear obras artísticas, desde niño, y quiero contribuir a que mi comunidad sea conocida por la expresión de su arte y el rescate de su historia, que la gente venga a mirar y conozca a Isla Pucú como un lugar donde también creamos cultura", destaca.
Afuera, varios autos se detienen frente al pesebre ecológico. Es noche cerrada y las imágenes parecen salidas de un cuadro de fantasía. Un niño se desprende de la mano de sus padres y corre a abrazar al otro niño acostado en el pesebre, y posa sonriente para la foto.
-¡Mirá, mamá...! ¡Es un mita'i hecho de botellas! –exclama.
Y luego, mirando a sus progenitores con un tono de reproche:
-¡Y nosotros, que siempre tiramos nuestras botellas...!



jueves, 7 de septiembre de 2017

Los Buscadores: El cine paraguayo que nos identifica



E
n la noche de este miércoles 6 pudimos ver en avant premiere (estreno avanzado) la nueva película Los Buscadores, de los directores Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, que desde este jueves 7 de setiembre se estrena comercialmente en la mayoría de los cines del país.
En lo personal, las expectativas que tenía acerca de esta película se vieron ampliamente rebasadas.
Se nota que los directores y la mayoría de los integrantes del equipo han crecido mucho, tras esa experiencia fundacional para el cine paraguayo que fue la exitosa realización de 7 Cajas (estrenada en agosto de 2012), la considerada ópera prima en cine del binomio Maneglia-Schémbori.
La historia de Los Buscadores es quizás más light, clásica y lineal que la de 7 Cajas (la comparación es inevitable), pero tiene una factura técnica superior en todos los aspectos. Aquí no se apuesta tanto por la denuncia social (aunque está como trasfondo continuo en las escenas de la inundada Chacarita y en varios de los personajes), sino por la aventura y el misterio.
El guión de Juanca (en colaboración con Mario Gonzalez Martí) es más preciso y trabajado, la fotografía de Richard Careaga llega a ser impecable y asombrosa, la música, la dirección de actores, el vestuario, los efectos, la filmación de las escenas de acción… todo ha sido mejor cuidado en esta realización hasta la perfección de los detalles, dejándonos como resultado lo que probablemente es la película paraguaya hasta ahora mejor lograda como producto de una industria audiovisual emergente, a pesar de la falta de un apoyo estatal institucional más decidido (y sobre todo de la ansiada Ley de Cine, a la que los legisladores siguen cajoneando inexplicablemente en el Congreso).
Lo más interesante de Los Buscadores es que estructura una historia cinematográfica universal a partir de elementos locales muy propios del folklore paraguayo, rescatando el popular mito campesino guaraní de la plata yvyguy para construir una aventura a lo Indiana Jones en escenarios tan reconocibles como la mágica Chacarita amenazada por la creciente, los puntos geográficos más históricos de Asunción (sublime el uso de las estatuas de la Escalinata Antequera), la modernidad de la Costanera, el cementerio de Paraguarí, instalando un clima de suspenso y de vertiginosas persecuciones de acción hollywoodiense con motos y bicicletas en nuestras calles cotidianas (como ya lo habían hecho con las folklóricas carretillas del Mercado Cuatro en 7 Cajas).
El otro elemento esencial es el manejo del humor, sin llegar a caer en un exagerado tono de comedia. Un humor acotado, preciso y por momento genial, con giros de lenguaje muy paraguayo, que logra el efecto de verdaderas explosiones de carcajadas en la platea.
Todavía está por verse si Los Buscadores repetirá o superará el fenómeno de 7 Cajas de llenar los cines del país con legiones de espectadores y establecer nuevos records de taquilla, pero tiene todos los elementos para lograrlo.
Mientras, hay que agradecerle a Tana, Juanca y a todo el equipo que trabajó en esta obra, por entregarnos otra película que nos hace sentirnos orgullosos por el cine que se está construyendo en Paraguay, que nos identifica y nos proyecta en el mundo.



martes, 5 de enero de 2016

Carta olvidada en el interior de un viejo zapatito


Este es un texto mío ya algo clásico, que algunos lectores reclaman en cada víspera del 6 de enero.
Cumplimos, reciclándolo.
¡Feliz Día de Reyes…!
(Cuiden sus zapatitos).

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Queridos Reyes Magos:

Me dicen que escribirles es una tontería, una pérdida de tiempo, porque ustedes no son seres reales, son solamente personajes de una antigua leyenda cristiana que se está volviendo cada vez menos creíble.
Eso me dicen… pero aún así les escribo esta carta.
Si viven en el alma de tantos niños y niñas, si están en el recuerdo nostálgico de tantos adultos que quizás sigamos atesorando nuestra niñez en algún rincón del corazón, si son capaces de convocar tantos sueños y tantas fantasías en cada mágica madrugada del 6 de enero, si pueden despertar tanta energía creadora, tanta fuerza, tanta esperanza… entonces, ustedes están mucho más vivos que muchos seres de carne y hueso que hoy son apenas sombras o fantasmas. Ustedes son mucho más realidad que tantas personas reales y palpables que en el fondo son mentiras vivientes.
Hasta los nueve años de edad, como tantos niños de Yhú, mi pueblo natal, yo creía fervorosamente en los Reyes Magos.
La magia nos envolvía al escribir cartitas de letras temblorosas, con el esfuerzo de enumerar supuestos actos de bondad, para canjearlos por una pelota de cuero o un camioncito a control remoto.
Las entregábamos a nuestros padres, convencidos de que conocían el imposible servicio postal que las llevaría hasta el País de los Sueños.
Sí... era magia la que nos impulsaba a preparar el pasto y el agua fresca para los exhaustos camellos, al pie de la ventana.
Era magia la que nos mantenía en duermevela, seguros de poder vislumbrar las sombras de los tres jinetes en el silencio de la madrugada.
Era magia la que nos despertaba de un salto para ver qué había junto a los zapatitos.
Era magia la que inundaba las calles de risas infantiles, en la mañana del 6 de enero, convirtiendo al mundo en una feliz aldea de niños jugando.
Un día se rompió el encanto...
Algún siniestro pyrague, creyendo que acaso nos hacía un favor, nos reveló la supuesta verdad y nos robó la magia.
El mundo se volvió otro.
Los Reyes Magos no existen.
Los Reyes Magos son los padres.
Los Reyes Magos son el invento publicitario de algún shopping center.
Los Reyes Magos son políticos en campaña llevando juguetes a los barrios pobres a cambio de votos.
En un mundo así, ¿cómo puede haber espacio para la magia?
Pero en esta víspera de la madrugada de Reyes, el niño que sobrevive dentro de mí se adueña de mi mano y me impulsa a escribirles estas líneas, que quedarán dentro de un viejo zapatito en la ventana, en donde les dejo mis pedidos.
Les pido que nos traigan de regalo las ganas y las fuerzas para seguir creyendo que es posible construir un Paraguay mejor.
Que a pesar de que el país está así como está, con el agua hasta el cuello, con tanta pobreza, con tanta corrupción, con tanta impunidad, con tanto engaño por parte de las autoridades y los políticos… no caigamos en la desesperanza, no caigamos en el error de creer que esto no lo arregla nadie y que ya no vale la pena luchar (justamente, este año, los chicos de la universidad y de la secundaria nos han demostrado todo lo contrario).
Les pido que nos laven las telarañas de los ojos, para poder ver que, a pesar de tantas malas noticias, también hay cosas lindas que han ocurrido y siguen ocurriendo.
Que hay mucha gente construyendo pequeñas cosas, desde lo cotidiano, desde lo comunitario.
Que no todos somos corruptos.
Que hay gente honesta, valiente, idealista, y a lo mejor está allí, en la casa vecina, y que tal vez muchos periodistas todavía no tenemos el valor de descubrir que ellos son en realidad la buena noticia, la verdadera buena noticia.
No les pido que vengan ustedes a solucionar nuestros problemas, porque en realidad no podrían hacerlo, por más magos que sean. Además no va a servir, porque así no aprenderíamos nada.
Pero en cambio sí podrían ayudarnos a descubrir que nosotros podemos, que somos capaces de superar nuestras propias limitaciones, de unirnos por encima de las diferencias, pensando en el país que les vamos a dejar a nuestros hijos.
Los abraza con mucho cariño.

Andrés

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El santuario que un narco le construyó a la Virgen de Caacupé


Más pequeña que el santuario original, la réplica es igualmente imponente. Fue construida en Ciudad del Este por el narcotraficante Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, preso desde el 2011 por tráfico de cocaína. La "Basílica-í", como la llaman, fue nuevamente centro de devoción popular este 8 de diciembre.

#CrónicasDeLaMemoria


Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman 

Casi al mismo instante en que el obispo de Caacupé, monseñor Claudio Giménez, durante la homilía central del Tupasy ára reclamaba "la creación de nuevos carismas para hacerse cargo de los políticos, narcotraficantes...", a 272 kilómetros de la Villa Serrana, frente a otro santuario muy parecido, pero mucho más pequeño, se realizaba otra celebración dedicada a la Virgen de Caacupé.
La llamada "Basílica-í" (pequeña Basílica) es una réplica casi exacta del Santuario principal erigido en la ciudad de Caacupé y fue construida hace 14 años en el barrio Carmelitas de Ciudad del Este, por el narcotraficante Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, en un sector del amplio terreno donde también construyó su lujosa mansión.
El edificio es en realidad un oratorio, pero en su diseño arquitectónico imita con mucha similitud al modelo original edificado en la capital de Cordillera. Aunque en una escala mucho más reducida, la estructura es igualmente imponente y sobresale entre el paisaje desde mucha distancia.
En un reportaje, Rojas Cañete y su esposa Ramona habían relatado que decidieron construir la réplica del Santuario, como pago de una promesa a la Virgen de Caacupé, cuando le pidieron que ayude a la curación de uno de sus hijos pequeños, afectado por una rara enfermedad.
Tras obtener el "milagro", cumplieron al mandar edificar el llamativo oratorio, donde además se comprometieron a celebrar anualmente una gran fiesta social y religiosa para la gente del barrio.


Una gran fiesta popular

A pesar de que casi todos los pobladores del barrio conocían que había fuertes versiones de que Toma'i se dedicaba al tráfico de drogas y a otras actividades ilícitas, con las cuales presuntamente había logrado amasar una gran fortuna, una gran multitud se congregaba cada 8 de diciembre en el lugar, para celebrar el Tupasy ára.
Las misas eran celebradas por sacerdotes de la diócesis de Ciudad del Este. Según una cobertura realizada por la redacción regional de Última Hora, en diciembre de 2009, fue el cura párroco Fabio Recalde, de la Parroquia Sagrada Familia, quien ofició las celebraciones religiosas.
Tras una procesión de dos kilómetros portando la imagen de la Virgen de Caacupé, propiedad de la familia Rojas Cañete, escoltada por jinetes a caballo y promeseros, se realizaba un karu guasu (gran comilona), en enormes mesas colectivas que se instalaban en plena calle clausurada, bajo toldos, frente al Santuario.
En el 2009, según el reportaje de ÚH, Rojas Cañete ordenó faenar 15 reses vacunas para ofrecer un gran karu guasu (gran comilona) con asado a la estaca, acompañados de grandes fuentes de sopa paraguaya, ensalada, mandioca y abundante bebida.

El cerco a un poderoso narco

En la madrugada del 4 de setiembre de 2011, tras un operativo de investigación y vigilancia que se prolongó durante 10 meses, la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) logró capturar a Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, junto a varios de sus capangas, entre ellos su hermano Marcos Rojas Cañete, con un cargamento de 101 kilos de cocaína.
Los informes del organismo daban cuenta de que Toma'i se había convertido, en pocos años, "en el zar de las drogas en Alto Paraná, gracias a una sólida estructura logística y, principalmente, a una férrea protección de policías locales".
Rojas contaba con guardia policial permanente en su residencia, y gozaba de la protección de agentes de unidades especializadas con oficinas en Alto Paraná, como Interpol, Antinarcóticos y hasta del Grupo Especial de Operaciones (GEO).  
El capo narco se movilizaba protegido siempre por custodia policial, que evitaban que vehículos extraños se acerquen hasta su residencia.

Una tradición religiosa que no se interrumpe

A pesar de que Rojas Cañete guarda reclusión en la Penitenciaría de Tacumbú, y de que su esposa y cuñado permanecen prófugos, sus familiares no han interrumpido la celebración de la Virgen de Caacupé en la "Basílica-í".
Este último 8 de diciembre, nuevamente, hubo procesión, karu guasu y celebraciones masivas, según reportan periodistas de la zona.
Héctor Guerín, fundador del diario ADN Paraguayo y César Palacios, director de TN Press, compartieron fotos del santuario de Toma'i en sus perfiles de la red social Facebook, en internet, cuestionando que sectores de la jerarquía de la Iglesia sigan permitiendo que se realicen oficios religiosos en el oratorio de un narcotraficante, lo cual generó un encendido debate de los internautas.
"Hubo abundante asado y bebidas para todo el vecindario. ¿Los obispos le desacreditaron por su creencia y su fe al que organizó el festejo y a los que asistieron al acto católico? ¿Alguna vez la Iglesia criticó las donaciones de alguno de sus feligreses, aunque sean muy conocidos por sus actividades no santas?", preguntó Guerín.
"Los sacerdotes juzgan muy mal, como si fuera que pueden tirar la primera piedra. Ayer (8 de diciembre) comieron mucha gente pobre y necesitada, fueron felices. Siempre recibieron los sacerdotes donaciones grandes de mis tíos y nunca rechazaron, y ahora que está recluido le rechazan y se hacen de los santos. Jesús murió también por él", opinó una mujer llamada Mariana Lezcano, quien se presenta como sobrina de Rojas Cañete.

A continuación, reproducimos algunas de las muchas opiniones vertidas en el debate:

-"Deben entender que la droga mata a miles de personas, y los que apoyan a narcotraficantes son cómplices de esos asesinatos". (Hugo Aníbal González).

-"Todos cometen errores. ¡Nadie tiene por que juzgar a nadie, si es narco bueno! No justifico, pero por lo menos hace algo bueno con parte de su dinero, ¡no como algunos que tienen de sobra y no son capaces de dar un pan a alguien que necesita". (Lucero Cuevas).

-"Este delincuente, ni si construye una capilla de oro va a comprar a Dios y a la Virgen. No es válido nada de lo que hace, porque lo construyó con lágrimas de madres, hijos, esposas, con cuerpos hechos piltrafas con el veneno que vende, y no se arrepiente de nada, porque sigue negociando con la desgracia de la gente". (Ángela González).

-"Ustedes no saben cuál es el verdadero motivo por el cual él tiene esa Basílica en su casa. Muchos dicen que él guardaba cosas en ese lugar, pero él nunca dejó que nadie ni pise mal dentro de la Basílica. No soy católica, pero yo sé el verdadero motivo por el que él tiene esa Basílica en su casa, y yo creo que nosotros no somos nadie para juzgarle. Cada uno sabe lo que hace". (Fati Fleitas).

- "Nadie es perfecto, pero él trató de ser un poco más perfecto. Nosotros, acá en Ciudad del Este no le vemos como una mala persona, al contrario de lo que piensan los que no le conocen. Además ayudaba a muchas personas necesitadas" (Osca Báez).

-"Que mal esos comentarios en donde dicen 'pero le dio de comer a mucha gente'  y dicen que son buenas personas los narcos. Pero por favor... ni si construyen el propio Vaticano, eso no les hará buena gente. Tantas familias destruidas, tantas muertes en manos de estos personajes. Por eso el país irá de mal en peor, siempre, por culpa de los que siguen aplaudiendo estas cosas. Por un kilo de galleta a 20 personas de un barrio, ya son buena gente". (Leti González Ullón).

-"De tan buena gente que son, le hicieron desaparecer a unos cuantos". (Hermi Zárate).

-"A pesar de los defectos de este hombre, ayudó a mucha gente. Yo conozco a este hombre muy de cerca y les puedo decir que es mejor que todos, porque siempre ayudó a muchas personas humildes". (Nathi Aquino).

-"Según me cuentan, este señor faenaba 20 a 30 vacas y repartía a todo sus vecinos de barrio en el Día de la Virgen y era muy querido por la gente. Ayudaba mucho a los pobres". (Nimiaestela López Duarte).

jueves, 4 de septiembre de 2014

Don Libé, el parlantero ciclista de Iturbe

Liberato Rivarola, con su tricicleta equipada, frente al local de su microempresa publicitaria.
Montado en la tricicleta que él mismo ensambló, Liberato Ibarrola recorre las calles de Iturbe con dos viejos parlantes, ligados a un amplificador a batería y una grabadora a casette, divulgando a viva voz edictos municipales, anuncios de fiestas bailables o avisos comerciales y políticos. Un peculiar personaje pueblerino, en vías de extinción.

Todo comenzó el día en que un cliente de la pequeña tienda de don Liberato Ibarrola quedó cesante como obrero de la Azucarera Iturbe y ya no pudo pagarle la deuda que había contraído con él, retirando provisiones por el sistema de la clásica "libreta almacén".
"Este amigo me dijo que la única manera de pagarme era entregándome un viejo equipo de 'publicidad' que él ya no utilizaba: eran dos parlantes y un amplificador", recuerda.
Liberato, a quien todos conocen afectuosamente como "Don Libé, la voz de Iturbe", dice que terminó aceptando la oferta y así montó en su casa una peculiar microempresa de comunicación popular, a la que denominó "Publicidad Rojo, Blanco y Azul".
En Iturbe no había emisoras de radio, ni ningún otro medio de comunicación local y Don Libé sintió que tenía el mercado libre, a su entera disposición.
"Conseguí los restos de una vieja antena y alcé una torre de metal de 20 metros en el patio de mi casa, donde en lo alto puse los dos parlantes, para que se escuche en todo el pueblo", recuerda.
Al son de la vibrante canción "Patria Querida", don Libé se dedicaba a difundir avisos comerciales, anuncios de interés público o invitaciones a fiestas a cambio de una módica tarifa que cobraba a los anunciantes.
"En esa época estaban también de moda las dedicatorias musicales, jóvenes que saludaban a sus novias dedicándoles una música a través del parlante, y así todo el pueblo se enteraba. Por cada música se cobraba una tarifa", recuerda.

Contaminación sonora

Pero el potente bullicio de los altavoces empezó a incomodar a varios vecinos, que se quejaban de no poder dormir la siesta y de no poder disfrutar de la tradicional tranquilidad de las serranías guaireñas, por lo cual denunciaron a Don Libé ante la Municipalidad local por "contaminación sonora".
"Me obligaron a bajar mis parlantes. Me dijeron que monte mi equipo en carrito tirado por caballos y que salga a recorrer por las calles, pero mantener a un caballo sale caro, entonces pensé en hacerlo en bicicleta", explica Ibarrola.
Él mismo transformó una vieja bicicleta en un triciclo, agregándole una rueda más para que pueda soportar el peso de los parlantes, y armó canastas de metal, donde instaló un acumulador de automóvil de 12 voltios, una grabadora a casette y el amplificador.
Desde entonces, se volvió una postal común de las calles de Iturbe ver a don Libé recorriendo con su tricicleta y sus parlantes pintados con los colores de la bandera paraguaya, anunciando: "¡Eeeesta nocheeee...! ¡Gran festival en la Plaza Vicente Ignacio Iturbeee...! ¡Están todos invitados, señoras y señores...!".
Su tarifa actual es de 50.000 guaraníes por pasar un aviso durante una hora, tiempo en el que Ibarrola recorre todos los sectores de la ciudad y asegura que "no se queda nadie sin enterarse".
El pintoresco publicista parlantero cumple una importante función social, además de ser un patrimonio viviente de la ciudad, asegura el intendente de Iturbe, Darío Cabral, quien es uno de sus principales clientes, al encargarle la difusión de las ordenanzas municipales y de los avisos de interés público.
"Don Libé es la voz de Iturbe. Es un ciudadano a quien apreciamos y apoyamos, y que le llama la atención a muchos visitantes que llegan, porque en pocos otros pueblos del Paraguay ya se puede encontrar a un personaje folklórico como él", señala el intendente.
Padre de tres hijos, pedaleando ya con cierta dificultad por sus 79 años de edad, don Libé sigue recorriendo las calles de Iturbe, sabiendo quizás que es uno de los últimos de su especie.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Paraguay: El país de la contradicciones



El 25 de junio, por resolución del Ministerio de Educación, se celebra el Día del Libro Paraguayo.
La razón es que, un 25 de junio de 1612, el historiador Ruy Diaz de Guzmán había terminado de escribir lo que se supone fue el primer libro paraguayo. Todo bien, si no fuera porque el título original del dichoso libro es La Argentina. (¿Será que en Argentina celebran el Día del Libro Argentino, homenajeando a un libro llamado El Paraguay?).
Esta anécdota mínima es apenas una más entre las muchas que componen la identidad de este divergente territorio llamado Paraguay.
En el posteo anterior de este blog habíamos narrado la fascinación que tuvo el maestro del realismo mágico, Gabriel García Márquez, cuando le contaron sobre la sopa paraguaya: “De un país que tiene por plato nacional una sopa que es sólida, no quiero imaginar cómo será el resto…”, dijo.

No hacía falta que el autor de Cien años de soledad lo imagine siquiera.
La realidad está aquí, delirante y contradictoria:

-No solo la sopa es sólida…. también la leche es agua.
-Nuestro peculiar invierno es casi siempre más caluroso que el verano.
-El aeropuerto de Asunción está en Luque.
-El Cerro de Lambaré está en Asunción.
-En Paraguay hay más mariachis que en México.
-Los locutores paraguayos… son argentinos.
-El azúcar paraguayo… es brasileño.
-La canción nacional patriótica (Patria Querida)… es francesa.
-La actual música folclórica paraguaya (la cachaca)… es colombiana.

Las contradicciones están también en los propios símbolos del doble escudo de nuestra bandera, que deberían representar nuestra nacionalidad más intrínseca, pero que en realidad poco tienen que ver con los elementos de nuestra flora, nuestra fauna y nuestro folclore más característicos:


-La palma (Elaeis oleífera, o palma americana) es una planta tropical, más propia del Caribe.
-El olivo (Olea europea) es de la Península Ibérica, principalmente de la región de Jaén, España.
-El león… es africano.
-El gorro frigio es de Frigia, Asia Menor, la actual Turquía, un símbolo que fue apropiado por la Revolución Francesa.
-La estrella… es interespacial.
-La frase “paz y justicia”, sigue siendo principalmente eso: una frase.

Nuestras mayores contradicciones, sin embargo, son de carácter político y socio-económico.
Habitamos 406.752 kilómetros cuadrados de un país generoso en tierra fértil y abundante, pero que está concentrada en manos de unos pocos, mientras muchos son obligados a sobrevivir a la intemperie. Es la tierra sin hombres de los hombres sin tierra”, que decía nuestro más grande escritor y novelista.
En el Paraguay tenemos la mayor hidroeléctrica del mundo, pero apenas cae una lluvia o sopla un viento fuerte… nos quedamos a oscuras.
Tenemos los mejores ríos de Sudamérica, pero no podemos disfrutar de sus costas y sus playas, sea por la alta contaminación, como por la falta de adecuada infraestructura turística.
Disponemos del Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua del planeta… pero más de tres millones de paraguayos siguen sin tener acceso al agua potable.
A pesar de todo, nos sentimos orgullosos de ser paraguayos y paraguayas, de la intensidad de nuestra historia y de las particularidades de nuestra cultura. Desayunamos sándwiches de empanada, armamos un foro social alrededor de una jarra de tereré y nos sentamos en una silla cable a mirar pasar el tiempo, bajo la fresca sombra de un árbol de mango o de alguna florida enramada.
Nos sentimos eufóricos de escuchar que nuestros ancestros guaraníes ya habían inventado el fútbol en la época de las Reducciones Jesuíticas, mucho antes de que lo inventaran los británicos en el Reino Unido, aunque últimamente nos hayamos olvidado de jugarlo bien y nos hayamos quedado fuera del Mundial más vecino de todos los mundiales.
Nos plagueamos por casi todo, acusamos a nuestras autoridades y a nuestros políticos de ser unos soberanos sinvergüenzas, pero los seguimos votando en todas las elecciones, los adulamos, les pedimos favores y cargos públicos.
Nos burlamos de las leyes, porque preferimos la ley del ñembotavy y la ley del mbareté. Viajamos de a tres en las motos, sin usar cascos por la vida. Nos resulta más cómodo tirar la basura al pie del basurero. Los varones hacemos pipí por cualquier árbol o muralla en la calle, nos bajamos del micro a mitad de la cuadra, decimos que odiamos la corrupción pero coimeamos al zorro gris que nos detuvo por cruzar el semáforo en rojo. Coleccionamos botellas y latas vacías de cerveza en las mesas del bar de la esquina. Nos conformamos con que todo sea péichante o que las cosas queden en el opa rei.
Nos peleamos en castellano y soñamos en guaraní. 
Cuando nos preguntan en alguna encuesta internacional, respondemos que somos los más felices del mundo. 
Y a veces, sorpresivamente, salimos juntos a las calles y a las plazas, armados de puro coraje e idealismo, dispuestos a dar la vida por las cosas en las que creemos, a cambiar aunque sea circunstancialmente el destino.
Nos burlamos o nos reímos casi siempre de todo, incluso de nuestras propias desgracias.
O cantamos con ritmo tropical el reflejo burlón de nuestra propia imagen en el espejo (Soy paraguayo, ¿y qué...?).
Quizás los habitantes de esta mediterránea geografía podamos hallar en nuestras contradicciones la manera de superar esa profunda descripción literaria con la que alguna vez nos caracterizó el gran autor de Yo el Supremo:

“...este país misterioso y simple,           
 elemental como el fuego y como el agua, 
 por momentos melodioso o crepitante, 
 poseído casi todo el tiempo por estallidos de furia 
 o por las depresiones del desconsuelo. 
 Un país condenado al suplicio de la esperanza, 
 con su gente que vive como en castigo 
 en uno de los más hermosos 
 y apacibles lugares de la tierra; 
 de esos que se llevan su lugar a otro lugar 
 y se esconden en un recodo de la historia”. 
  
(AUGUSTO ROA BASTOS, Una isla rodeada de tierra).


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(Publicado originalmente en el blog Mandioca Republic, de Andrés Colmán Gutiérrez, en ÚLTIMAHORA.COM).

lunes, 12 de agosto de 2013

Entre el tesoro de Juan y el tesoro de Rogelio


 
Rogelio Goiburú, dirigiendo la excavación de restos de desaparecidos en Tava'i, Caazapá.

La excavación en busca de plata yvyguy, dirigida por Juan Alberto Díaz, en Aldana Cañada, Capiatá.
Son dos huecos abiertos casi al mismo tiempo en la piel de la tierra, con dimensiones distintas, en geografías y circunstancias diferentes. Están a unos cuantos kilómetros de distancia entre sí, pero de algún modo expresan lo que somos, y nos enfrentan a la historia que padecimos y al modelo de sociedad que –a pesar de todo– insistimos en construir.
El primer pozo se empezó a excavar la semana pasada, en medio de un telenovelesco show mediático, en una polvorienta calle de Aldana Cañada, Capiatá. Un ejército de obreros, dirigidos por Juan Alberto Díaz, un surrealista buscador de plata yvyguy que cree en la transmutación de los metales y en los espíritus vigías que descansan a la hora de la siesta, quien asegura que allí hay enterrado un tesoro de 10.000 kilos de oro en lingotes.
La excavación del primer pozo se hizo con apoyo de intendentes municipales, procuradores de Estado y políticos financistas, con dos potentes retroexcavadoras y una motobomba, con la custodia de medio centenar de policías y la presencia de una multitud de curiosos, que concentraron la atención con transmisiones en vivo de radio y televisión, y gran despliegue en diarios y sitios web de noticias.
El segundo pozo se empezó a excavar en medio de la soledad y el silencio, en las ocho hectáreas de una propiedad rural, en el barrio San Roque de Tava'i, Caazapá. Unos pocos hombres con palas, dirigidos por Rogelio Goiburú, un obstinado e incansable buscador de la verdad, quien cree en la Justicia, en la defensa de los derechos humanos y el rescate de la memoria colectiva, y asegura que allí están enterrados varios compatriotas asesinados por los esbirros de la dictadura stronista.
La excavación del segundo pozo se hizo sin máquinas motobombas ni retroexcavadoras, ni ejércitos de policías antimotines custodiando, ni multitud de curiosos ni gran cobertura de prensa ni transmisiones en vivo.
El millonario tesoro del primer pozo finalmente no pudo ser hallado. La Fiscalía suspendió la búsqueda cuando el cráter ya había alcanzado 25 metros de profundidad y 50 de diámetro, rompiendo varias venas del acuífero Patiño.
En el segundo pozo se hallaron restos óseos de dos personas asesinadas de disparos en la cabeza, que serán sometidas a identificación, y que suman a 25 los restos hallados de las cerca de 500 personas consideradas desaparecidas por la dictadura stronista.
Hay quienes lamentan que el tesoro de Juan no haya podido ser encontrado. Quienes creemos que no todo lo que brilla es oro, estamos felices por el nuevo hallazgo del tesoro de Rogelio.


(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 10 de agosto de 2013).