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viernes, 25 de mayo de 2018

De Auschwitz a Hohenau: documental sobre el doctor Mengele en Paraguay


Éste es el tráiler de la película documental "De Auchwitz a Hohenau" (Acerca de cómo la dictadura de Stroessner ocultó al criminal nazi Josef Mengele en Paraguay). Dirección y camaras: Desirée Esquivel. Guion y reportajes: Andres Colmán Gutiérrez. Edición: Nat Vera Scuderi. Música: Rolando Chaparro. Diseño: Analía López. Una producción Periodismo & Cine, con la Editorial Servilibro.
La película (de 74 minutos) se exhibirá este martes 29, puntualmente a las 19.00, -previo a la presentación de libro Mengele en Paraguay-, con acceso libre, en el Auditorio Josefina Plá de la Universidad Autónoma de Asunción (Jejuí 667 casi 15 de Agosto).
La presentación oficial del documental en DVD se hará el 11 de junio, en la Feria Internacional del Libro (FIL), oportunidad en que podrán adquirir copias distribuidas por Servilibro.

Mengele en Paraguay es un libro de investigación periodística escrito por Andrés Colmán Gutiérrez, en colaboración con Desirée Esquivel y Narciso Meza Martínez, que revela la conexión nazi con la dictadura de Stroessner y la red que protegió al médico y criminal nazi Josef Mengele durante su presencia en nuestro país, en los años 50 y 60. Está publicado bajo el sello de la Editorial Servilibro y se puede obtener en el local de Servilibro, en la Plaza Uruguaya, como en las principales librerías del país.



viernes, 12 de enero de 2018

The Post: el debate entre lo “ilegal” y el interés público en la prensa


A quienes siguen sosteniendo que los audios revelados sobre los negociados de González Daher, Fernández Lippmann, Caballero, Ortíz y otros “héroes”, no deberían ser publicados por la prensa, ni utilizados como punto de partida para procesos judiciales, porque presuntamente fueron grabados de forma ilegal, les haría muy bien ver “The Post”, la nueva película dirigida por el gran cineasta norteamericano Steven Spielberg, con Tom Hanks y Meryl Streep como protagonistas principales.
En su nueva producción, nominada a los Globos de Oro y probablemente a los premios Oscar, Spielberg recrea el conflicto periodístico que vivieron los editores del diario The Washington Post y también del New York Times, a inicios de los años 70, cuando accedieron a documentos secretos del Pentágono, filtrados por el analista Daniel Ellsberg, revelando que al menos cuatro administraciones en el Gobierno venían mintiendo al pueblo estadounidense acerca de los graves crímenes que cometían durante la Guerra del Vietnam.
En Estados Unidos, los documentos estaban protegidos legalmente y su divulgación implicaba una violación de la “seguridad nacional”. Además, en la Constitución norteamericana no existe la figura de la confidencialidad de fuentes (que si existe en el Paraguay –artículo 29- y en varios otros países) y el periodista, si es exigido por la Justicia a revelar quién le entregó un documento valioso, debe decidir entre traicionar a su fuente o ir preso por "obstrucción de la Justicia”.
La película (como puede verse en el tráiler) avanza sobre el conflicto al que se vieron sometidos los editores y dueños del periódico, ante una orden judicial de no publicar los “papeles del Pentágono”, de que si la desobedecían no solamente corrían el riesgo de ir todos presos, si no de que la propia compañía editorial pudiese ser llevada a la quiebra y desaparezca.
Los periódicos desobedecieron a la Justicia y continuaron publicando los documentos, que sacaban a luz los casos de bombardeos contra poblaciones civiles, entre otros crímenes de guerra. La justificación que usaron para publicar era que “el derecho de la ciudadanía a enterarse de la verdad” estaba incluso por encima de la propia Ley.
El 30 de junio de 1972, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos decidió, por seis votos contra tres, que los mandatos concedidos para impedir las publicaciones eran inconstitucionales, garantizando a los dos periódicos el derecho a seguir publicando.
La principal fuente de ambos medios, hasta entonces secreta, Daniel Ellsberg, dijo años después que decidió traicionar su propio compromiso como funcionario del Pentágono por una exigencia de conciencia cívica: “Los documentos demostraban un comportamiento inconstitucional por una sucesión de presidentes, la violación de sus juramentos y la violación del juramento de sus subordinados”.
En la película (se puede ver parte en el tráiler adjunto) hay un momento de tensión en la Redacción del Post, cuando uno de los jóvenes periodista cuestiona a su editor jefe, Bradlee, cuando proponía publicar el documento secreto: “Pero... ¿eso es legal…?”.
El editor le responde: “Es noticia relevante para el público. ¿O a qué creés que nos dedicamos en este periódico…?”.
La película también narra el inicio de una histórica relación profesional entre Katharine Graham (Meryl Streep), la primera mujer de la familia propietaria fundacional del Post que asumía la dirección del periódico y su legendario editor jefe Ben Bradlee (Tom Hanks), cuyas osadas decisiones periodísticas con los Papeles del Pentágono hicieron avanzar al Washington Post, de ser un periódico de provincias en Estados Unidos a pasar a ser un gran referente del periodismo nacional e internacional de alta calidad, algo que la misma dupla consagraría años después al liderar las investigaciones periodísticas sobre el caso Watergate. (La saga está muy bien contada por el propio Bradlee en su libro autobiográfico “A good life”, traducida al español como “Vida de periodista”).
“The Post” sigue la buena racha de las grandes películas sobre el periodismo que iniciaron “Todos los hombres del presidente”, “El informante” y la más reciente “Spotlight”. Se estrenó en Estados Unidos en diciembre, se anuncia que en febrero estará en los cines de Paraguay, pero los más impacientes ya la podemos ver en internet.
Seguro que le encontraremos mucho paralelismo con el debate que actualmente mantenemos en Paraguay con las filtraciones de los audios #SepudrelaJusticia.



jueves, 7 de septiembre de 2017

Los Buscadores: El cine paraguayo que nos identifica



E
n la noche de este miércoles 6 pudimos ver en avant premiere (estreno avanzado) la nueva película Los Buscadores, de los directores Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, que desde este jueves 7 de setiembre se estrena comercialmente en la mayoría de los cines del país.
En lo personal, las expectativas que tenía acerca de esta película se vieron ampliamente rebasadas.
Se nota que los directores y la mayoría de los integrantes del equipo han crecido mucho, tras esa experiencia fundacional para el cine paraguayo que fue la exitosa realización de 7 Cajas (estrenada en agosto de 2012), la considerada ópera prima en cine del binomio Maneglia-Schémbori.
La historia de Los Buscadores es quizás más light, clásica y lineal que la de 7 Cajas (la comparación es inevitable), pero tiene una factura técnica superior en todos los aspectos. Aquí no se apuesta tanto por la denuncia social (aunque está como trasfondo continuo en las escenas de la inundada Chacarita y en varios de los personajes), sino por la aventura y el misterio.
El guión de Juanca (en colaboración con Mario Gonzalez Martí) es más preciso y trabajado, la fotografía de Richard Careaga llega a ser impecable y asombrosa, la música, la dirección de actores, el vestuario, los efectos, la filmación de las escenas de acción… todo ha sido mejor cuidado en esta realización hasta la perfección de los detalles, dejándonos como resultado lo que probablemente es la película paraguaya hasta ahora mejor lograda como producto de una industria audiovisual emergente, a pesar de la falta de un apoyo estatal institucional más decidido (y sobre todo de la ansiada Ley de Cine, a la que los legisladores siguen cajoneando inexplicablemente en el Congreso).
Lo más interesante de Los Buscadores es que estructura una historia cinematográfica universal a partir de elementos locales muy propios del folklore paraguayo, rescatando el popular mito campesino guaraní de la plata yvyguy para construir una aventura a lo Indiana Jones en escenarios tan reconocibles como la mágica Chacarita amenazada por la creciente, los puntos geográficos más históricos de Asunción (sublime el uso de las estatuas de la Escalinata Antequera), la modernidad de la Costanera, el cementerio de Paraguarí, instalando un clima de suspenso y de vertiginosas persecuciones de acción hollywoodiense con motos y bicicletas en nuestras calles cotidianas (como ya lo habían hecho con las folklóricas carretillas del Mercado Cuatro en 7 Cajas).
El otro elemento esencial es el manejo del humor, sin llegar a caer en un exagerado tono de comedia. Un humor acotado, preciso y por momento genial, con giros de lenguaje muy paraguayo, que logra el efecto de verdaderas explosiones de carcajadas en la platea.
Todavía está por verse si Los Buscadores repetirá o superará el fenómeno de 7 Cajas de llenar los cines del país con legiones de espectadores y establecer nuevos records de taquilla, pero tiene todos los elementos para lograrlo.
Mientras, hay que agradecerle a Tana, Juanca y a todo el equipo que trabajó en esta obra, por entregarnos otra película que nos hace sentirnos orgullosos por el cine que se está construyendo en Paraguay, que nos identifica y nos proyecta en el mundo.



lunes, 24 de agosto de 2015

La carencia de buenos guiones en el cine paraguayo

Escena de la película "Mangoré, por amor al arte", de Luis R. Vera.
La decepción provocada por el costoso filme Mangoré, por amor al arte, pone de nuevo en foco una de las principales necesidades del siempre naciente cine paraguayo: la escasez de buenos guiones en los proyectos audiovisuales. “En Paraguay no tenemos guionistas”, justifican. Es una verdad a medias, pero tampoco los directores y productores –casi siempre enamorados de sus propios guiones, que los conducen a fracasos- se ocupan de que existan. A los pocos guionistas casi nunca los convocan a dar trabajo.

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

En mayo de 2013, luego del estreno de la película Lectura según Justino, ópera prima de nuestro meritorio actor compatriota Arnaldo André, escribí un breve posteo en Facebook, que en ese momento provocó polémica: “…le falta lo que le sigue faltando a la mayoría de las películas paraguayas de ficción: un buen y sólido guión”.
Sostenía en dicho texto que “a la mayoría de los realizadores, en Paraguay, todavía les pasa lo mismo: Se preocupan en contemplar todos los detalles que hacen a una buena película… menos en buscar la perfección de la factura del guión. Se enamoran de sus proyectos de historias, creen que la tienen totalmente resuelta, y son reticentes a sumar aportes que puedan enriquecerlas desde una técnica más elaborada, más profesional. Le pasó a Libertad, quizás una de las películas con mayor y mejor producción del cine paraguayo, pero con un guión muy malo. Le pasó a Felipe Canasto, probablemente el film paraguayo de fotografía más deslumbrante, pero con una historia que no logra meternos adentro. No le pasó, obviamente, a 7 Cajas, el mejor ejemplo de un filme nacional pensado a partir de una buena idea y de un mejor guión desarrollado, que puede salir dignamente de la Isla Rodeada de Tierra a competir en las ligas mayores de la producción audiovisual, a nivel internacional. Ojalá aprendamos, para no seguir quedándonos solamente en buenos intentos”.
Desde entonces han corrido muchos metrajes en las pantallas, pasando por la interesante Luna de cigarras, de Jorge García de Bedoya, y la aún más meritoria Latas vacías, de Hérib Godoy, y aunque algo hemos avanzado, la carencia de buenos guiones en el cine paraguayo sigue siendo un tema fundamental.
Las decepciones que está provocando la muy promocionada y costosa Mangoré, por amor al arte, no hacen más que reafirmar un tema que debería ser analizado, debatido y encarado con más seriedad: cómo crear una escuela local de guionistas, hombres y mujeres, que puedan aportar mejores historias, para elevar el nivel de los próximos proyectos audiovisuales, y no seguir quedándonos en buenos intentos, mientras le pedimos casi por caridad al público: “apoyá lo nacional”, ignorando los muchos vicios y defectos.

El guión, ignorado o poco valorado.

Aunque ahora hay universidades y escuelas en nuestro medio, que enseñan diversas aristas del oficio audiovisual, entre ellas el de escribir guiones, todavía no se ven buenos resultados. 

Nuestro mayor escritor de ficciones, Augusto Roa Bastos, aprendió a escribir guiones de cine más por necesidad que por vocación, en sus años de exilio en Buenos Aires (años 50 a 70 del siglo pasado), cuando otros escritores notables como Tomás Eloy Martínez, le recomendaron dedicarse a dicho “curro” para “ganarse unos pesos”.
Roa inició haciendo “concesiones muy comerciales” a la industria, adaptando en 1957 su propio cuento El trueno entre las hojas a la forma de un folletín tele-novelesco, para que el popular cineasta Armando Bo dirija una película homónima, en donde la escena más recordada es la de la diva Isabel Sarli bañándose desnuda en un arroyo.
Más allá de otros olvidables guiones, como el de la película Sabaleros, Roa aprendió el oficio y dejó excelentes textos para películas, como Shunko (1960) de Lautaro Murúa, o la impactante Hijo de Hombre (o La Sed, 1961), de Lucas Demare, basada en un capítulo de su célebre novela.
Desde entonces, pocos escritores paraguayos han sobresalido en el oficio de guionista de ficciones.
En 1993, el gran escritor Helio Vera aceptó escribir los guiones de los 20 episodios de Verdad Oculta, una pionera serie policial dirigida por Ray Armele, que se emitió primeramente por Canal 9. Por considerar quizás que era más un “trabajo de encargo”, realizado con urgencia y con méritos más comerciales que artísticos, Helio no quiso firmar con su nombre verdadero y figuró con el seudónimo de Héctor Vargas. Sin embargo, con su ajustada simplicidad y su abundante colección de clisés, la serie revela la maestría de un escritor y aún hoy se deja ver como una deliciosa obra de culto.
Otro caso singular que debe rescatarse es el de la serie de ficción televisiva -ahora legendaria- "Sombras en la noche", que se emitió por Canal 13 desde 1993 hasta 1996, combinando los mitos guaraníes con el folclore, el misterio y el terror. Hecha con la precariedad marcada por el estilo "a lo Paraguay", tuvo sin embargo buenos guiones con historias atrapantes, nacidos principalmente del genio de Hernán Jaeggi, con el aporte de Carlos Tarabal.   

Mi experiencia con “Mis Ameriguá” (1993).

Fue en esos años cuando me tocó aceptar mi primer empleo profesional como guionista. Hasta entonces solo había escrito guiones de historietas y estaba intentando sacar a luz mi primera novela (El último vuelo del Pájaro campana), alejado temporalmente del periodismo para cerrar un breve ciclo como comunicador institucional en la Municipalidad de Asunción, cuando el recordado Carlos “Patapila” González Brum me invitó a sumarme a tiempo completo al staff de su empresa Alta Producciones, para escribir los guiones de El Ojo, el primer ciclo de periodismo investigativo en la TV paraguaya (Canal 13), con la conducción de Menchi Barriocanal, y un equipo técnico que reunió a talentos como Juan Carlos Maneglia, Tana Schémbori, Paz Encina, José Elizeche, Malu Vázquez, Marcelo  Martinessi, entre otros.
No conozco otro caso en Paraguay de un escritor que haya trabajado durante más de dos años como guionista a tiempo completo, cobrando un buen sueldo fijo por ello.
Escena de la película "Miss Amerigua", de Luis R. Vera.
Los guiones que me tocó realizar fueron más periodísticos y documentales, para El Ojo, y para otro bizarro programa de entretenimiento que desarrollamos luego, Noche tranoche, con Mario Ferreiro, para Canal 9, con la dirección de Tito Chamorro. En el medio de esas ocupaciones cotidianas, empecé a escribir algunos proyectos de ficción, como una serie de acción televisiva que iba a llamarse Latino King, la historia de un animador de música tropical, que quedó en el congelador por falta de recursos.
Fue el borrador de uno de esos guiones el que en 1993 llegó a manos de Luis R. Vera, el director chileno que en esos momentos venía con mucha asiduidad a Asunción, quien me comentó que iba a rodar su primera película paraguaya, Miss Ameriguá, y me preguntó si estaba dispuesto a colaborar con el guión, ya que le había gustado mi planteamiento para Latino King.
Obviamente, le dije que sí. Empezó así mi primera aventura de escribir un guión “de cine de verdad”, que resultó bastante singular. Luis ya tenía fecha para rodar la película, pero aún no había desarrollado su guión. Tenía un bosquejo general de historia y personajes, una “escaleta” de dos o tres páginas y muchas buenas ideas, pero faltaban las situaciones y los diálogos. Nos escapamos durante un fin de semana al Hotel Condovac de San Bernardino, donde en mi entonces pionera powerbook Apple Macintosh, entre tragos de cerveza junto a la piscina y algunos pausas para admirar a las chicas, acabamos de darle forma a la acción fílmica.
No hay manera de precisar que porcentaje del guión me correspondió realizar. Si recuerdo que me preocupé de darle “sabor paraguayo” a la historia e inventé el mito indígena del caracol azul, que fue el que más ponderaron los críticos de la película. También recuerdo la presión de  escribir luego en carrera contra el tiempo, ya que Luis y su equipo ya estaban filmando en Areguá, mientras yo escribía en un hotel vecino los diálogos de la escena siguiente. Además recuerdo mi decepción cuando el director muchas veces se “olvidaba” de mencionar a su co-guionista en las presentaciones con la prensa, atribuyéndose todo el logro, aunque luego si se preocupó de que mi nombre figure en los créditos finales del film, como de retribuirme con una suma de dinero que no estaba originalmente presupuestada.
Aprendí muchas cosas de aquella experiencia. Viendo la película hoy, más de dos décadas después, reconozco lo que nunca tendría que haber escrito, y las diferencias entre lo que se escribe y luego se ve en pantalla. Luis me invitó a colaborar aquella vez en el guión de su siguiente película, La isla, que iba a rodarse en Europa, pero empezó una absurda pelea con los productores paraguayos de Miss Ameriguá, de la que no quise participar, y –como diría Mangoré- “me abrí”.
Desde entonces, mi oficio de guionista estuvo canalizado en proyectos más documentales y periodísticos –obviando aquella bizarra experiencia que significó escribir guiones del día a la noche para la inclasificable serie Colegio de Señoritas, de American TV para Canal 13-, hasta el más reciente corto documental Desmontando Curuguaty, dirigido por Osvaldo Ortiz Faiman, para la organización Serpaj Py.
En agosto de 2014, cuando se realizó una exhibición especial por los 20 años de Miss Ameriguá, me reencontré con Luis Vera, quien tuvo la gentileza de invitarme y de reconocer mi aporte al guión. Me habló entonces con mucho entusiasmo de Mangoré como su película más ambiciosa y supe que este nuevo guión lo había escrito él íntegramente. “Con los años, uno aprende mucho con este oficio”, me dijo. Y realmente deseé que fuera así.
Esta mañana escuché que Denisse Hutter decía en Telefuturo que el guión de Miss Ameriguá le parecía mejor que el de Mangoré, y me entró de nuevo una gran desazón.

En busca del guión perdido.

Hay demasiadas falencias en Mangoré, por amor al arte, que no justifican los un millón quinientos mil dólares que dicen que costó la película.
Obviamente, un alto presupuesto no necesariamente garantiza que una película será buena, pero probablemente sea el momento de darnos cuenta de que la carencia de buenos guionistas es uno de los principales desafíos a enfrentar, si buscamos que la industria audiovisual se desarrolle de mejor manera en nuestro país.
Para ello hay que romper esa tendencia a creer que sos el genio que lo podés hacer todo solo: dirigir, escribir, producir, actuar... Tu idea original puede ser muy buena, pero si no buscás la ayuda de quienes pueden ayudarte a contarla mejor, algo te puede faltar, y ese “algo” puede significar el fracaso de tu proyecto.
Conozco a pocos directores que a la vez pueden ser buenos guionistas. Juanca Maneglia lo demostró con 7 Cajas –y con muchos de sus precursores cortos-, pero incluso él recurrió al oficio siempre preciso del gran Tito Chamorro para enriquecer su historia. A ver cómo le va en su siguiente película con Tana, Los buscadores.
También Pacita Encina ha demostrado ser muy buena escribiendo sus propios guiones –Hamaca Paraguaya, Viento Sur y la ahora en proceso Ejercicios de la Memoria-, aunque lo suyo sea una exquisita vertiente de cine-arte que seguramente no arrastra multitudes a las salas, como lo ha hecho 7 Cajas, pero se lleva el primer premio de la crítica en Cannes.
El ovetense Hérib Godoy, que en sus primeros cortos demostró ser buen escritor, buscó la ayuda del internacional Nestor Amarilla para el guión de su ópera prima Latas vacías, y el resultado acabó siendo más que interesante, aunque hayan quedado muchos detalles que afinar.
La divertida Luna de Cigarras, en donde el director Jorge Díaz de Bedoya tuvo el apoyo del también actor Nathan Christopher Haase para escribir su historia, también nos dejó con esa sensación de que “pudo estar mejor escrita”.
(No menciono aquí a los y las guionistas de documentales, que los hay varios y muy buenos).
Así que aquí estamos… algo desencantados, debido a la gran expectativa que nos crearon respecto a Mangoré y un poco hartos de que nos pidan que perdonemos las falencias porque “es una película paraguaya” y “hay que apoyar lo nacional”.
Podríamos sumarnos al coro de críticas, o tomar el tema como un desafío….
¿Y si trabajamos en una escuela de guionistas…?
¿Y si aportamos cada uno desde lo poco o mucho que sabemos, y vamos creando como un banco de valores y experiencias, que ayuden a enriquecer las próximas historias audiovisuales que se están planteando…?
Por allí anda mi amigo Javier Viveros, que ya demostró ser un muy buen cuentista, que aprendió muy bien el oficio de guionista de cómic con la serie Pólvora y Polvo y Epopeya, y que tiene muchas ganas de ser también guionista de cine, habiendo incluso ganado el certamen Roa Cinero adaptando un cuento de Blas Brítez, y que Jorge Díaz de Bedoya se propone filmar con el título El supremo manuscrito.
No sé… quizás si nos juntamos uno de estos días a tomar un par de birras y a echar más ideas sobre el asunto, algo podemos avanzar…

martes, 28 de julio de 2015

Chicas Nuevas 24 horas: La película que nos desnuda

Mabel Lozano y su equipo, grabando en la zona de la Triple Frontera de Paraguay, Argentina y Brasil. 
La Policía española identificó a más de un millar de paraguayas como víctimas de tráfico y explotación sexual, pero aquí no se habla de eso. Una compatriota víctima de trata pudo ser salvada de una condena a muerte en China gracias a una campaña solidaria, pero seguimos sin abordar la cuestión de fondo: Nuestras niñas y mujeres –principalmente pobres y marginadas- siguen siendo “la materia prima” más codiciada para un oscuro negocio que mueve 32 mil millones de dólares al año. La excelente película documental Chicas Nuevas 24 horas, de Mabel Lozano, nos pone frente a ese espejo de verdad incómoda, frente a esa cruda realidad que pretendemos ignorar.

Por Andrés Colmán Gutiérrez 
@andrescolman

Sofía está allí, recostada contra la pared de un frío túnel, en  algún marginal punto de Madrid. Aunque su temblorosa voz todavía de niña imita el característico tono de hablar de los madrileños, es inevitable advertir detrás de ese barniz sonoro los ecos de su lengua guaraní, el acento campesino que trajo desde su Atyra natal.
Sofía es paraguaya y ahora tiene 17 años. Se fue a España cuando todavía era muy chica, una niña indefensa ilusionada en tener allá un trabajo digno y ayudar con el dinero a mantener a sus padres y a sus cinco hermanos más pequeños, pero el sueño se convirtió en dolorosa pesadilla: Sofía acabó encerrada en un sótano por su propia tía, la que le había ayudado a viajar, y que solo buscaba entregarla a una red mafiosa de prostitución y explotación sexual.
Sofía, en la película Chicas Nuevas 24 horas. 
La paraguaya Sofía es una de las principales víctimas de trata que ofrece su testimonio en la película documental Chicas Nuevas 24 horas, de la laureada cineasta española Mabel Lozano, que este miércoles 29 de julio se estrena en avant premiere en la sala del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA).
Con mucha valentía y dignidad, Sofia ha aceptado dar la cara ante la cámara y relatar su historia sin maquillajes, aun sabiendo que eso pueda implicar que -según los antivalores de nuestra cultura popular paraguaya- ella quede estigmatizada por haber caído en las redes de la prostitución.
Como también ha aceptado dar su testimonio en la misma película otra valiente mujer compatriota que logró escapar de las redes de la mafia de trata paraguayo-española, Estela Santander, quien hoy está haciendo todo lo posible para llevar a juicio oral a los que la sometieron.


     El trailer de la película.

Una película valiente.

Una animada business speaker inicia una charla ante el auditorio de un lujoso salón: Describe un potencial negocio que mueve 32 mil millones de dólares al año, en donde la materia prima no se agota y siempre será codiciada.
Con esta peculiar forma de narrar, que parodia a las conferencias motivacionales del mundo empresarial, la cineasta Mabel Lozano nos introduce al submundo de la trata, mostrándonos la verdadera cara de un floreciente negocio que trafica con el dolor, con la necesidad, con los más bajos instintos del ser humano.
Rodaje en el Mercado 4 de Asunción.
De hecho, el principal ícono gráfico escogido por Mabel y su esquipo es el sello de un código de barras, con el que nos marcaron durante la presentación del proyecto en Paraguay, con la evidente intención de hacernos sentir en la piel lo que significa que el ser humano sea tratado como simple mercadería de un gran supermercado global.
La cámara de Rafa Roche (el director de fotografía del film) recorre las calles de pueblos y ciudades del Paraguay, Argentina, Perú, Colombia y España, mostrando lo que generalmente no vemos: el infame tráfico que se alimenta de las más indefensas, de la lacerante realidad de pobreza y marginación.
Esta es la tercera película documental de Mabel Lozano, que cierra su trilogía sobre la trata. Las anteriores, Voces contra la trata y Escúchame, abrieron el debate sobre un tema con el que muchos se horrorizan, pero son pocos los que están dispuestos a hacer algo para que esto cambie.

Una colaboración cercana.

Hace más de un año recibí un primer correo de Mabel Lozano, desde Madrid. Me contaba que había leído algunos reportajes investigativos míos sobre la trata de personas entre Paraguay y España, me habló del proyecto de su nueva película y me pidió ayudarla, incluso que aparezca en el filme.
Así empezó una colaboración cercana en el proyecto. Varios de mis reportajes se difundieron en la página web de Chicas Nuevas 24 horas, les ayudé con algunos contactos y finalmente me sumé al rodaje y la presentación en Paraguay.
Con Mabel Lozano y Rafa Roche, en Asunción.
El hecho de que la co-producción en nuestro país haya sido asumida por los chicos de Puatarará Films hizo aún más grata la experiencia. Con el equipo de Osvaldo Ortiz Faiman hemos trabajado además en el filme documental Desmontando Curuguaty, que él dirigió y del cual soy guionista.  
Empecé a involucrarme periodísticamente con el tema de la trata en 2003, con el caso de L. R., una chica de Independencia, Guairá, que logró escapar de una red mafiosa que la llevó con engaños a España, para obligarla a prostituirse. Ella pudo escapar de su encierro con la ayuda de un cliente y retornar al Paraguay, donde fue la primera en denunciar este oscuro negocio. Con la investigación que abrimos a partir de su caso pudimos hallar a varias otras víctimas y evidenciar los tentáculos de la operación criminal.
En 2008, a meses de haberme instalado en Ciudad del Este, al frente de la Redacción Regional de Última Hora en Alto Paraná, tuve otra perspectiva. Había leído en años anteriores unos estupendos reportes de mi colega y amigo Wilson Ferreira sobre la trata en la zona triple-fronteriza y con su asesoramiento iniciamos con la compañera Sofía Masi Verón una serie de reportajes investigativos, que publicamos a partir del 13 de enero de 2008, con el título Trata y explotación sexual de menores de edad en la Triple Frontera.
Nuestro primer reportaje, en 2008.
A través de la organización regional Ceapra, pudimos contactar con Graciela, una chica de 16 años de edad a la que habían llevado bajo engaños, con otras dos chicas menores, supuestamente para trabajar como mozas en un restaurant de Puerto Esperanza, Misiones, Argentina, pero acabaron encerradas como prisioneras en un galpón y fueron obligadas a prostituirse.
Rehicimos el camino que las tres chicas anduvieron hacia su propio infierno. Cruzamos en canoa el río Paraná desde la paraguaya localidad de Puerto Irala, a 70 kilómetros al Sur de Ciudad del Este, hasta la argentina Esperanza, en la misma canoa en que ellas fueron llevadas, sin pasar por ningún control, pagando solamente 5 pesos (en ese momento 7.500 guaraníes) por la travesía.
La serie de reportajes se publicó durante dos semanas, incluyendo testimonios de mujeres víctimas que habían sido llevadas a España, y tuvo mucha repercusión internacional. Varios equipos de televisión internacional como Infinito, TVE, Telecinco, nos contactaron y vinieron a realizar programas especiales.  
Estela Santander con Mabel Lozano, en Ciudad del Este,
En abril de 2010 publicamos el testimonio de Estela Santander, la valiente mujer que pudo huir de la misma red mafiosa, y que desde entonces está decidida a llevar a proceso judicial a sus tratantes, a pesar de los múltiples intentos en la Justicia alto paranaense porque no se realice el esperado juicio oral. Estela es otra de las protagonistas claves en la película de Mabel.

La situación sigue…

Desde entonces, la situación no ha variado mucho. Esta sigue siendo una de las regiones del mundo donde más se reclutan mujeres niñas, adolescentes y adultas, para el gran mercado internacional de la prostitución. Por la dura realidad de pobreza y de ignorancia en que viven miles de familias, pareciera que hay como un inmenso cartel globalizado, que dice: “Se venden niñas, tratar en Paraguay”.
La historia de Estela Santander. 
Aunque a nivel gubernamental local se ha incrementado mediáticamente la acción contra la trata, la situación no ha cambiado mucho. Hay mucha mentira e hipocresía. Se gastan millones en realizar congresos, seminarios, conferencias, estudios, encuestas, investigaciones, confeccionar y distribuir publicaciones, carpetas, folletos, afiches, cedés y devedés promocionales… que repiten lo mismo de siempre, pero casi nada se hace para atacar los puntos críticos de la frontera, por donde numerosas niñas y adolescentes mujeres paraguayas siguen siendo llevadas ilegalmente, para ser sometidas a una inhumana explotación sexual en los prostíbulos de Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Perú, México, Estados Unidos y España, principalmente.
Hay esfuerzos heroicos y casi solitarios, como los de la fiscala Teresa Martínez, que son reconocidos en la película de Mabel. Pero sin recursos suficientes, sin verdadera voluntad política, la cuestión de fondo permanece inalterable.
Chicas Nuevas 24 horas, es una película que nos desnuda en la pantalla grande, permitiendo dar mucha más visibilidad al drama que aquí seguimos escondiendo bajo la alfombra. Porque en realidad el tráfico de niñas y mujeres con fines de explotación sexual está también muy vinculado a otras actividades del crimen organizado, como el narcotráfico, el contrabando, el tráfico de armas, el lavado de dinero y sus profundas ramificaciones en el poder político y en todos los poderes de nuestro Estado. Lo que ahora llamamos narcopolítica.
Por todo eso, hay que ver la película de Mabel Lozano.

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Les dejo algunos enlaces a los reportajes publicados: