En aquellos
años de rebelde adolescencia anti dictatorial, cuando la canción social
encendía nuestras conciencias y alimentaba nuestros sueños de libertad,
acostumbrábamos discutir en las peñas quién era mejor: Silvio Rodríguez o Pablo
Milanés.
Admirábamos
con devoción a los dos puntales de la Nueva Trova Cubana, íconos casi
inseparables en nuestro parnaso musical, pero las diferencias hacían que se
formen dos bandos: los pro-Silvio y los pro-Pablo.
Silvio
era el revolucionario de la guitarra, con su estridencia un poco chillona pero fuertemente
testimonial, el poeta existencial y casi metafísico, capaz de darnos canciones
tan inquietantes y bellas como “Mariposas” o “Sueño con serpientes”. Pablo era
el de una voz mucho más privilegiada y agradable, sensible e intimista, que te
partía la cabeza con “El breve espacio en que no estás”, que te hacía envejecer
prematuramente con “Años” o te movía a indignarte contra Pinochet y todos los
dictadores al cantar “Yo pisaré las calles nuevamente”.
El
tiempo, el implacable, el que pasó, los fue distanciando también a ambos genios
del arte, mientras algunas de sus canciones también se nos volvían añejas,
desdibujadas por el crack de la dura realidad.
Pablo se
volvió crítico de la cada vez más autoritaria revolución castrista y emprendió
casi un auto exilio en Madrid, valiéndose del necesario tratamiento a su
deteriorada salud, mientras Silvio seguía siendo un acérrimo defensor del
proceso político en la isla, con sus arrebatos autocríticos.
En estos
días en que la sorpresiva muerte de Pablo nos golpeó hondo, entendimos todo lo
que hay en una canción arrebatada junto a viejos sueños juveniles: “Cuánto gané, cuánto perdí / cuánto de niño
pedí / cuánto de grande logré / qué es lo que me ha hecho feliz / qué cosa me
ha de doler”
En su
blog Segunda Cita, Silvio se limitó a homenajear a su otrora cómplice de
sueños, publicando una vieja canción inédita que le compuso en 1969, cuando
ambos creían por igual en la revolución y subían juntos a los escenarios: “Eres un espacio que se vuelve / sin espina
y que se pierde /en la alegría de volverse / pero ya tu voz se está quedando /
ya tu mano está grabando /todo un nombre con sus dientes”.
***
En 1986
pude entrevistar brevemente a Pablo Milanés en Lima, Perú, para El Correo Semanal
de Última Hora.
Yo
llevaba algunos meses viviendo en la ciudad sin lluvia, cuando el presidente
Alan García organizó la Semana de Integración Cultural Latinoamericana (Sicla),
que convocó a los mayores referentes de la música contestataria del continente,
de las artes y las letras, en una serie de festivales y conciertos populares. Por
el Paraguay participaron el Terceto Ñamandú (con Ricardo Flecha, Chondi Paredes
y Rolando Chaparro), además del poeta Elvio Romero y el escritor Carlos
Villagra Marsal.
Me acredité
como corresponsal y pude acceder al hotel donde se alojaban los artistas. Me
sentaba a una de las mesas de la cafetería y los veía bajar a desayunar, me
acercaba a saludarlos y les pedía una entrevista. Algunos accedieron con
cordialidad cuando supieron que era del Paraguay, “ese país dominado por el
dictador Stroessner”, como la chilena Isabel Parra, los cantantes argentinos
León Gieco, Víctor Heredia y Facundo Cabral.
Durante
la charla con Heredia, Pablo Milanés se acercó a saludarlo. Se abrazaron y
Víctor le contó que yo era un periodista paraguayo “exiliado”. Pablo me
estrechó la mano y le pregunté si también podría entrevistarlo. “Si, sí,
búscame al final del desayuno”, me dijo, y se fue a una de las mesas, donde
estaban los músicos de la banda cubana Irakere.
Cuando lo
vi levantarse junto a otras personas, me aproximé a recordarle la entrevista.
“Qué pena, vienen a buscarme para llevarme a Villa El Salvador, pero acompáñame
hasta la calle y hazme algunas preguntas”, me dijo, con gentileza. Me conmovió
su humildad en medio del asedio de sus fans. En ese trayecto hasta el auto,
donde ya lo estaban esperando con impaciencia, pude grabar algunas
declaraciones, que ahora cito de memoria, porque aquella hoja impresa se me
extravió en la montaña de viejos papeles.
“¿Ir a
cantar al Paraguay? Me gustaría mucho, pero no creo que me dejen entrar, al
menos hasta que caiga ese dictador que tienen ustedes. De seguro podré ir
cuando tengan más libertades. Conozco poco de tu país, he leído los libros de
Augusto Roa Bastos, he conocido a algunos paraguayos exiliados en Cuba, pero me
admira que tengan una identidad cultural tan vital, que mantengan viva la
lengua indígena guaraní”, me dijo, entre otras cosas.
Tuvieron
que pasar diez años para que Pablo cumpla aquella promesa. Una tibia noche del
25 de octubre de 1996 lo volví a ver en persona, esta vez desde las gradas de
un escenario en el polideportivo del Club Sol de América, entonando varias de
las mismas canciones que le había oído cantar en un estadio repleto, en Lima. “Vamos viviendo/ viendo las horas que van
muriendo / las viejas discusiones / se van perdiendo entre las razones”.
Ahora,
enterado de su muerte física, pongo en un viejo tocadiscos el doble vinilo de
“Querido Pablo” que compré en una disquería de Lima, en aquel febril 1986, y
sus canciones me suenan otra vez tan frescas, tan recuperadas, tan premonitorias:
“Los años que pasaron/ definieron mi
suerte / la vida que he llevado / tiene un poco de muerte”.
Rolando Chaparro inició
la fusión entre rock y folclore con su versión de Reservista purahéi en los 90,
con el apoyo entusiasta del maestro Agustín Barboza. Ahora que el músico vive
un momento delicado de salud, es oportuno rescatar su hazaña artística.
Andrés
Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Era,
probablemente, 1994. Un concierto de varios artistas en la Plaza de la
Democracia de Asunción, en homenaje al gran músico Agustín Barboza (ya
fallecido, autor de la música de Mi patria soñada, entre otras grandes
canciones). Había folclore, rock, nuevo cancionero, incluso jazz, pero cada uno
iba por su lado, sin mezclar los tantos.
Cuando le
tocó subir al escenario al grupo roquero Krizhia, su líder, el joven y melenudo
guitarrista Rolando Chaparro, anunció que iba a interpretar una versión
especial de la guarania Reservista purahéi (letra de Félix Fernández, música de
Barboza) en homenaje al maestro. Se vieron gestos de alarma en los rostros de
los asistentes, varios de ellos considerados próceres del folclore paraguayo.
La guitarra
eléctrica de Rolando inició con estridentes sones la melodía tan
característica, en versión instrumental, pero con un innovador estilo de blues,
que se enriquecía con cada golpe de rasgueo, con cada arreglo, con cada
disonancia.
Las caras de
los folcloristas más tradicionales eran para alquilar balcones. No podían
concebir tamaño sacrilegio contra el patrimonio histórico folclórico musical.
Todos buscaron la reacción del maestro Barboza, seguros de que iba a desaprobar
tamaña afrenta a su obra, pero llamativamente el rostro de don Agustín se veía
radiante, iluminado, con una sonrisa amplia, mientras seguía atentamente la
evolución de ese inusual concierto.
Cuando
Rolando y sus compañeros terminaron la interpretación con un fuerte golpe
sonoro en la guitarra, ante tímidos aplausos, el maestro Barboza se levantó de
su sitio de honor, buscó la escalera y subió al escenario a estrecharse en un
largo abrazo con Rolando. Entonces sí, desde el público llegó estruendosa la
ovación. La bendición había sido dada. El mito había sido derrotado.
RENOVANDO EL CANCIONERO
Ahora todo
eso parece absolutamente normal, pero en esos tiempos mezclar rock o blues con
una polca o una guarania era considerado un crimen de lesa musicalidad.
Aunque se
hicieron algunos experimentos anteriores, la versión blusera de Reservista
purahéi fue un parteaguas que no solo se atrevió a derribar prejuicios, sino
que atrajo a toda una corriente de nuevos seguidores y contribuyó a refundar el
folclore, despertando el interés de los jóvenes, que por entonces le daban la
espalda.
Tras el
concierto en la Plaza de la Democracia, el propio Barboza animó a Rolando a
grabar el tema. Así lo hicieron en el disco Pasaje al más acá, de Krizhia,
editado en 1997, con la voz de don Agustín como introducción, recitando una
estrofa de los versos de Félix Fernández. Para que no queden dudas de su apoyo.
Era Barboza,
nada más y nada menos. El que fuera cantante de la legendaria Orquesta Ortiz
Guerrero, dirigida por el maestro José Asunción Flores. El que formó un trío
junto a Félix Pérez Cardozo y Eulogio Cardozo. El que integró aquel histórico
conjunto Los Guaireños, con Luis Alberto del Paraná, Digno García y Humberto
Barúa para recorrer gran parte del mundo llevando música paraguaya y que
después formó el también legendario Trío Los Paraguayos, con Paraná y García.
La versión
de Chaparro tuvo un efecto revolucionario en lo cultural. En julio de 1998 pude
reunir a don Agustín Barboza y a Rolando en un reportaje para la revista VIDA
de Última Hora, con el título: “El folclore y el rock se dan la mano”. Fue en
la casa de don Agustín, sobre la calle Primera. Rolando llegó con su guitarra
eléctrica y Barboza apareció con su vieja guitarra clásica. Todo un símbolo.
Rescato
algunos párrafos del diálogo que mantuvieron:
Agustín Barboza: –A mí me parece lógico que el folclore
haya caído en crisis. Un músico, un artista, surge y crea su arte cuando
encuentra paz alrededor. Paz en todo sentido. En lo político, en lo familiar.
Pero nuestro país ha vivido largas décadas de dictadura, en que la cultura se
ha estancado, se ha reprimido. Por eso ahora, en esta nueva era democrática,
empieza a renacer la creación. A pesar de toda la confusión política que
existe, el arte está resurgiendo y está cumpliendo la importante función de dinamizar
la política y la vida de la sociedad, de ayudar a reflexionar.
Rolando Chaparro: –Sí, durante la dictadura
hubo mucho encierro. No solo a nivel cultural. Hubo represión política,
represión social, y eso repercutió en la cultura. A pesar de todo, hubo
creación, pero las propuestas nuevas no eran bien vistas, porque sugerían
apertura, romper con el dogmatismo. Por eso los intentos de renovación eran
truncados. Hubo creadores como Maneco Galeano, como Oscar Nelson Safuán, que
intentaron hacer cosas nuevas.
Y más
adelante, un dicho clave del maestro.
Agustín Barboza: –Yo soy optimista. Creo que el cambio está
en manos de la nueva generación. Veo que hay muchos talentos. Además, ahora hay
medios para capacitarse. Veo que un músico joven como Rolando Chaparro, que
viene del rock, tiene una actitud muy respetuosa y patriótica hacia la música
folclórica, para hacer una versión moderna. Hay que darles todo el apoyo.
UNA BRILLANTE TRAYECTORIA
En este
momento en que el guitarrista Rolando Chaparro atraviesa un difícil momento de
salud y sus familiares deben recurrir a la solidaridad pública para costear el
tratamiento médico, es importante rescatar historias como estas, junto al
reconocimiento de uno de los fundadores del folclore paraguayo.
El aporte de
Rolando es inmenso. Aparte de ser uno de los más talentosos guitarristas,
referente esencial del rock paraguayo y de haber sentado las bases para
dinamizar al folclore para una nueva generación, un dedicado promotor de toda
actividad cultural, es además un ser humano generoso, sensible ante las
injusticias, luchador por la libertad y la equidad. Su entrega profunda e
intensa a la labor creativa le ha cobrado varias veces un costo alto en su
salud. Vivir de su trabajo artístico en Paraguay no ha sido fácil y ha
resultado mucho más complicado en la pandemia.
Como bien
dice en un posteo en Facebook la gestora cultural Techi Cusmanich Renaut: “La
trayectoria y la valía de Rolando son indiscutibles, y si hoy requiere de
nuestra ayuda y solidaridad, allí estaremos, como siempre. Lo lamentable es que
sigan sucediendo este tipo de situaciones. ¿Hasta cuándo? Por qué los artistas,
y en este caso en particular, los músicos, deben recurrir a la solidaridad para
cubrir necesidades que desde el Estado o las entidades de gestión colectiva
deberían estar cubiertas. Es tiempo difícil, la pandemia ha causado estragos,
pero este paro podría habernos servido para organizarnos y exigir el
cumplimiento de nuestros derechos. Rolando no está desamparado, porque existe
gente sensible y solidaria que ayudará a su pronta recuperación, pero pensemos
en la cantidad de artistas desamparados que requieren de asistencia social y de
salud. El futuro es hoy y la necesidad apremia”.
De eso se
trata.
Mucha fuerza
para Rolando
El reportaje que ilustró el encuentro entre Chaparro y Barboza en 1998.
________________
(Publicado en la sección Correo
Semanal del diario Última Hora, edición sábado 14 de diciembre de 2020).
María
duerme plácidamente sobre el lecho de paja, mientras José juega muy divertido
con el bebé Jesús en su regazo. Este “pesebre alternativo” –al que muchos
consideran un pesebre feminista–, se denomina “Dejemos dormir a mamá” y es un
regalo que le hicieron al papa Francisco por su 83 cumpleaños, quien lo alabó
con mucho entusiasmo durante su mensaje de Navidad: “¡Cuántos de ustedes deben
turnarse en la noche entre marido y mujer por el niño, la niña, que llora, y
llora, llora!”.
Esta
reinterpretación simbólica de los roles del hombre y la mujer por parte del
máximo líder de una de las más importantes instituciones religiosas del mundo,
tradicionalmente calificada de excesivamente conservadora, esta vez utilizando
incluso el lenguaje inclusivo de nombrar al niño y la niña por igual, tiene un
efecto de mucha trascendencia: El mundo está cambiando y sus efectos
renovadores han llegado hasta el pesebre de Belén y hasta los salones del
Vaticano.
Mucho
más radical ha resultado el mensaje de la Iglesia Metodista Unida de la ciudad
de Claremont, en el Estado de California, Estados Unidos, que presentó a San
José, la Virgen María y el Niño Jesús encerrados en celdas separadas y rodeadas
con alambre de púas, a manera de protesta contra las políticas represivas del
presidente Donald Trump contra las familias latinas migrantes, a cuyos miembros
han separado y encarcelado por no contar con documentos de residencias en
regla. Hace más de veinte siglos la sagrada familia también tuvo que emigrar a
Egipto para huir de la persecución del rey Herodes.
En la
Catedral de Palermo, Italia, el arzobispo Corrado Lorefice decidió celebrar la
misa de Navidad con la imagen de un Niño Jesús de piel negra, que le ha sido
donada por misioneros de Tanzania, África, como una reivindicación a las
familias de migrantes que llegan huyendo de persecuciones y que generalmente
reciben el rechazo de las autoridades europeas y de un gran sector de los
propios pobladores.
El
controversial artista callejero británico Bansky instaló en el Walled Off Hotel
de la misma simbólica e histórica ciudad de Belén, donde nació Jesús, un
artístico pesebre junto a una réplica del muro que divide a Cisjordania de
Israel. Sobre la imagen de la sagrada familia hay una estrella, pero es negra y
hueca, y ha sido formada por el disparo de un mortero que atravesó el muro.
Jugando con los símbolos y con las palabras en inglés, Bansky sustituye a la
tradicional “Star of Bethlehem” (estrella de Belén) por la “Scar of Bethlehem"
(Cicatriz de Belén), buscando llamar la atención de que el escenario en donde
se originó la Navidad hace más de veinte siglos es la que menos puede celebrar
hoy una verdadera “noche de paz”, debido al conflicto bélico que se mantiene
desde la ocupación israelí de los territorios reclamados por Palestina.
En el
Paraguay, aunque la Navidad sigue teniendo una representación principalmente
tradicional o folclórica en las celebraciones religiosas, es posible encontrar
imágenes de José, María y Jesús con rasgos indígenas guaraníes en algunos
pesebres expuestos por artesanos y artesanas de Areguá, junto a esculturas de animales
en peligro de extinción, como el jaguarete o el guyra campana, destacando una
reivindicación de los pueblos originarios y un llamado a la protección del
medioambiente.
Más que
la presunta distorsión de un símbolo religioso universal, como cuestionan
algunos sectores conservadores, los “pesebres alternativos” revelan la
evolución de la conciencia humana ante realidades injustas. En una perspectiva
histórica, el Redentor que eligió nacer entre los más pobres marcó una ruptura
ante viejas estructuras para plantear la esperanza de lo nuevo. Si en la Judea
invadida por el Imperio Romano aquel pesebre de pastores tenía un mensaje
contra el sistema, es válido que los de hoy expresen las demandas feministas,
migrantes, ambientalistas, indigenistas o pacifistas, como una manera de
anunciar que otros modelos de sociedad también son posibles.
El pesebre de la Iglesia Metodista Unida de Claremont, California.
El Niño Jesús negro en la Catedral de Palermo, Italia.
El pesebre del artista Bansky en un hotel de Belén, junto al muro que divide a Cisjordania de Israel.
Vuelven a cantar en Paraguay después de siete años. Historia
de una relación esporádica y solidaria con los más literarios autores de la
canción en español.
Andrés Colmán Gutiérrez -
@andrescolman
“Uno aprende siempre la vieja guarania/ que
el maestro Flores enseñó/ ningún escenario es tierra extraña/ y es un lujo
volver a Asunción” proclamaba la voz desgarrada de Joaquín Sabina
la noche del 17 de abril de 2011, durante su segundo concierto bajo una luna
bohemia a orillas del río Paraguay, pero quien antes la aprendió a cantar en
guaraní fue su primo El Nano, Joan
Manuel Serrat, cuando incluyó en su disco Cansiones (2000) una peculiar versión
de Che pykasumi, guarania con letra
de Cecilio Valiente, música de Eladio Martínez y del propio creador del género
musical, el maestro José Asunción Flores, en parte traducida y adaptada al
español por Serrat con ayuda de nuestro querido poeta Rubén Bareiro Saguier.
Aquella
fue la primera vez que el autor de Mediterráneo
grabó en una lengua indígena, otorgando una dimensión más universal a la ancestral
cultura paraguaya. “Elegí Che pykasumi
como homenaje a un pueblo que supo mantener viva su propia lengua nativa, tal
como lo hemos hecho los catalanes. Deseo coronar ese homenaje yendo a Asunción
a cantar al pueblo paraguayo en su propia auténtica lengua”, le dijo El Nano a Bareiro Saguier, quien por
entonces oficiaba de embajador paraguayo en Francia.
Serrat
vino a Asunción y ofreció un recital en el estadio León Condou, entonando Che pykasumi con voz emocionada,
deslumbrando al público con su casi correcta pronunciación de las vocales
nasales y guturales del guaraní. Acabó de ganarse el corazón de los paraguayos,
aunque la relación a distancia había empezado antes, quizás en los duros años
de la dictadura stronista, cuando sus clásicas canciones circulaban
clandestinamente entre las de Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o
Víctor Heredia, junto a los de artistas locales como Juglares, Sembrador, Vocal
Dos, Pato Brítez, Ñamandú, Gente en Camino.
En
1990, tras la caída de la dictadura, los músicos Jorge Garbett y José Antonio
Galeano, metidos a empresarios de espectáculos, se animaron a organizar el
primer concierto de Joan Manuel en el país, una emotiva noche en el estadio del
Club Olimpia. No les resultó buen negocio, pero aquel abrazo fundacional de
Serrat con el público paraguayo quedó para la historia.
Serrat
y Sabina cantarán juntos por segunda vez en Asunción en el concierto “No hay
dos sin tres”, esta noche, en el Arena SND. Es la quinta visita de Serrat y la
cuarta de Sabina. Buena oportunidad para repasar la esporádica y solidaria
relación del Paraguay con los más literarios autores de la canción en español.
Del Poble Sec a Úbeda
Aunque
llevan pocas diferencias en edad (Serrat tiene 75, Sabina 70), El Nano ya sostenía una dilatada carrera
artística cuando Martínez Sabina empezó a componer y a cantar. Joan Manuel
editó su primer disco en 1965 (Una guitarra),
Joaquín lo hizo recién en 1978 (Inventario).
Sabina
considera a Serrat su ídolo y maestro. En los escenarios que comparten el
catalán caricaturiza su rol de gurú para burlarse de su compañero, quien acepta
ser un canalla aprendiz.
En el
2000, cuando Serrat vino a su segundo concierto en Paraguay, un periodista le
preguntó: “¿Qué opina de los nuevos
artistas como Joaquín Sabina, que siguen su estilo y son como sus hijos en lo
musical?”.
El Nano respondió: “Si Sabina fuera hijo mío, hace rato lo hubiera
metido en un reformatorio”.
Sus
historias son parecidas pero diferentes. Durante la dictadura del generalísimo
Francisco Franco en España, Serrat fue perseguido y se exilió en México en
1974, en donde permaneció hasta el final del franquismo. Fue su etapa más
latinoamericana, de un fuerte compromiso con las luchas democráticas. Temas
como Para la libertad, Cantares, Algo
personal, se volvieron himnos de resistencia. Los procesos de restauración
institucional en Argentina y Chile le deben una activamilitancia.
Sabina,
aunque escribió poemas en su juventud, no soñaba con ser artista, apenas un
ilustrado maestro de literatura. Relacionado con grupos de izquierda, en 1970
lanzó un cóctel molotov contra la sede de un banco y tuvo que salir del país.
Viajó a Paris y luego a Londres, en donde empezó a cantar en las calles y en
tugurios para sobrevivir, hasta conseguir volver.
Mientras
Serrat era ya un estandarte de la canción social en Iberoamérica, Sabina
asomaba como un artista posmoderno, provocador y algo rockero, ofreciendo
conciertos en el sótano de un bar madrileño, La Mandrágora. Las letras de sus canciones ya llamaban la atención
por su calidad literaria y su ironía crítica, su desencanto poético y su
desenfado.
En la
medida en que creció su fama de cantautor, su relación con Latinoamérica
prendió en Argentina, México, Perú, Chile, Uruguay, en donde sus admiradas
referencias literarias, poéticas, políticas y musicales hacia figuras como
Evita, Borges, Cesar Vallejo, Gardel, José Alfredo Giménez, Chavela Vargas,
Violeta Parra, Gabo, Charly García, conquistaban a una creciente legión de
fans. Su adhesión a causas como las de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y
el eco solidario de sus canciones lo inscribieron tardíamente en los círculos
de nuevas trovas o nuevos cancioneros, que para entonces ya
sonaban con telarañas.
Las noches de Asunción
El tren
de Sabina también llegó tarde al Paraguay. Su primer recital fue en el Club Sol
de América, el 9 de julio de 1997, con un show acústico y minimalista. El
músico canalla de chaleco multicolor y sombrero bombín se mostró sorprendido de
que un público desconocido coreara de memoria sus canciones. “Tendremos que venir otra vez...”,
anunció.
De
aquel viaje quedaron rumores de andanzas en la madrugada asuncena, una visita
al Karin Club donde quizás conoció a la Magdalena Guaraní. Son historias que
alimentan una leyenda que ahora él lo
niega todo.
Volvió
a regalarnos su mes de abril en 2011, en el Yacht, cuando sorprendió con su
poema a Asunción y a la guarania del maestro Flores. Un año después volvió,
esta vez formando dúo con su primo El Nano, en aquel primer inolvidable
concierto “Dos pájaros contracan”.
Serrat
se involucró mucho más con la política y la historia paraguaya. En su tercera
visita, en febrero de 2007, visitó el Museo de las Memorias, el otrora temible
centro de detención y torturas conocido como La Técnica, abrazó a las víctimas de la dictadura y dejó un mensaje
solidario a favor de la lucha por la democracia.
Serrat
y Sabina son casi indiscutiblemente los más literarios autores de la canción en
español. Como lo han hecho en inglés Bob Dylan o Leonard Cohen, en el mundo de
la música pocos pueden alcanzar la excelencia en versos como “A tus atardeceres rojos/ se acostumbraron
mis ojos/ como el recodo al camino” (Mediterráneo, Serrat) o “Desafiando el oleaje/ sin timón ni timonel/
por mis sueños va/ ligero de equipaje/ sobre un cascarón de nuez/ mi corazón de
viaje/ luciendo los tatuajes/ de un pasado bucanero/ de un velero al abordaje/
de un no te quiero querer” (Peces de ciudad, Sabina).
En 2007
unieron sus historias, sus canciones, su creatividad, su humor y su desparpajo
en una primera gira por España y Latinoamérica. Decían que era un matrimonio
con fecha de caducidad, pero el éxito los obligó a replicar. En la segunda gira
incluyeron al Paraguay. En esta “No hay
dos sin tres” otra vez están aquí.
Artistas
inmensos, autores de canciones que marcaron épocas, será un lujo escucharlos.
En sus anteriores actuaciones, Serrat siempre cantó la vieja guarania y Sabina
lo acompañó respetuosamente con una copa de champagne. Ningún mejor símbolo de
retribución a un público queama sus
canciones y que admira tanta creatividad y compromiso solidario.
En
Asunción siempre hay una calle melancolía y en el Paraguay también nacimos en
el Mediterráneo.
__________________
(Publicado en la sección de “El Correo
Semanal” del diario Última Hora, Asunción, edición del sábado 16 de noviembre
de 2019).
Joan Manuel Serrar en su visita al Museo de las Memorias, en 2007.
Presidente
de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP)
Cuentan
los relatos míticos del mundo indígena guaraní –rescatados por el gran antropólogo
León Cadogan y reelaborados con peculiar encanto por el escritor Eduardo
Galeano en su obra Memoria del Fuego– que cuando Ñande Ru Tenondé, el Padre Primero Ñamandú, se irguió en la
oscuridad y creó el lenguaje, no había quien lo pudiera escuchar. Entonces creó
el mundo y creó a los primeros hombres y a las primeras mujeres, y les entregó la
palabra creadora (Ayvu) para que todo
pudiera cobrar vida, pero principalmente para que la magia del lenguaje alcanzara
a redimir al propio Padre Primero de aquella inmensa soledad primigenia.
En el
Paraguay, nuestro pequeño y heroico país mediterráneo del Cono Sur, de raíz
principalmente cultural guaraní, en donde hemos nacido entre relatos mágicos y entre
muchas historias alucinadas que esperan ser contadas, los escritores y las
escritoras seguimos padeciendo la misma soledad del Padre Primero Ñamandú o
como lo ha denominado más certeramente nuestro autor mayor, Augusto Roa Bastos,
seguimos sufriendo el encierro de “la isla rodeada de tierra”: No siempre hay
quienes nos puedan leer o escuchar.
Nuestra
industria editorial es todavía incipiente, aunque avanza abriéndose caminos a
tumbos entre muchos escollos y la falta de un mayor apoyo estatal. Quienes escribimos
y publicamos libros lo hacemos para un número muy reducido de personas, ya que
en el Paraguay cada habitante lee solamente la 0,25 parte de un libro al año,
según datos estimativos. Esta es la realidad de un país donde el 24,2% de la
población aún vive en situación de pobreza y un 4,8% en situación de pobreza
extrema; en donde el sistema educativo es todavía de muy baja calidad y existe
un escaso fomento a la lectura desde las instancias gubernamentales y desde la
misma sociedad. A pesar de todo, un anteproyecto de Ley del Libro impulsado
desde hace años por los gremios de autores, libreros y por actuales instancias
culturales gubernamentales, intenta abrirse paso ante la indiferencia de la
clase política.
Desde
hace mucho tiempo también seguimos padeciendo la invisibilidad de las obras
paraguayas en los mercados internacionales del libro, debido a las trabas
burocráticas fronterizas o a un escaso interés, que desmiente el ansiado espíritu
de integración cultural del Mercosur. Por ello, nuestra presencia constante en
esta Feria Internacional del Libro de Buenos Aires constituye una vidriera
fundamental, una ventana a la esperanza.
A pesar
de los pesares, una literatura paraguaya tercamente viva insiste en
reinventarse y en expandirse cada vez más. Quienes hoy asumimos el desafío de
narrar al Paraguay en cuentos, novelas, poesía, historia, ensayos, crónicas
periodísticas y de investigación, álbumes de cómics o novelas gráficas, lo
hacemos teniendo en cuenta la rica herencia y tradición de nuestros más grandes
maestros y maestras como Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Gabriel Casaccia,
Josefina Plá, Helio Vera, Rubén Bareiro Saguier, Carmen Soler, Hérib Campos
Cervera, Raquel Saguier, José-Luis Appleyard y tantos más, buscando reflejar
las nuevas exigencias de una era de profundas contradicciones sociopolíticas,
con nuevos lenguajes y nuevas perspectivas.
En este
Año Internacional de las Lenguas Indígenas, valoramos particularmente el
esfuerzo creativo de quienes sueñan y escriben en nuestro imperecedero idioma
guaraní, buscando derrotar el arraigado mito de que es una lengua esencialmente
oral y que tanto su escritura, como su lectura, resultan difíciles. Las novelas
en guaraní, Kalaíto Pombéro de Tadeo
Zarratea; Pore’y rapé, de Hugo
Centurión y Tatukua de Arnaldo Casco,
sientan las bases de otra narrativa, la que rescata y refleja al Paraguay más
profundo y ancestral, que se complementa también con una abundante colección de
libros que exponen una larga tradición de relatos y poesía en guaraní, con la
herencia de queridos maestros como Rosicran, Carlos Martínez Gamba, Félix
Fernández o Félix de Guarania, hasta actuales batalladores poetas, escritores y
académicos del guaraní, Susy Delgado, Feliciano Acosta, Miguel Ángel Meza,
Mario Rubén Álvarez, Ramón Silva, entre muchos otros y otras, entre quienes ocupan
un sitio preponderante Alba Eiragi Duarte, poetisa y escritora Ava Guaraní, y Brígido
Bogado, poeta y escritor Mbya Guarani, ambos miembros de la Sociedad de
Escritores del Paraguay, exponentes genuinos de una cultura sobreviviente que
tiene tanto por decir y por contar. Además, nuestra literatura tiene una gran deuda
pendiente con las demás lenguas de los 19 pueblos indígenas, ya que hasta ahora
existen pocos relatos y poemas escritos en ayoreo, yshir, tomaraho, nivaclé,
maká, manjui, enlhet, enxet, guaná, sanapaná, angaité, toba maskoy, qom, pai
tavyterá o aché.
La
literatura paraguaya actual es amplia, diversa, rica y abarcante. Hay una cada
vez más sostenida creación poética y narrativa de mujeres, que no solo expresan
la mirada femenina en la producción literaria, sino que además ejercen un rol
pedagógico para lograr el paulatino cambio de chip mental de una cultura
patriarcal machista, en busca de una más tolerante, que reconozca los derechos
de las mujeres, como de quienes tienen opciones sexuales diferentes y de otras minorías
aún discriminadas. Resulta meritoria la tarea que realiza la organización
Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA), que ha publicado varios libros que
recopilan relatos escritos por mujeres. Es extensa la lista de autoras
paraguayas, pero quiero rendir a todas ellas un homenaje en la persona de la
maestra Maribel Barreto, prolífica escritora, docente y ensayista, ganadora del
Premio de Novela Roa Bastos 2017 con su novela Codicia, quien ha presentado
recientemente su último libro, Hijo de la revolución, un retrato desde la
ficción sobre las revueltas de principios del siglo XX y lo que implica ser
mujer en el Paraguay. Ella tenía que haber estado con nosotros en este
encuentro, pero un problema de salud se lo ha impedido.
La
creación paraguaya más tradicional, habitada principalmente por obras de
denuncia social en un ámbito histórico y rural, ha ido mutando hacia una
narrativa urbana que abarca géneros como el relato policial, la ciencia
ficción, el horror gótico, el trilher político, las historias de aventuras. La
aparición de grupos y comunidades de jóvenes narradores urbanos, como el centro
cultural Literaity o la Asociación Literaria Arandú, respaldados por pequeñas
editoriales independientes, están consolidando una emergente narrativa rebelde,
innovadora en su forma y en su lenguaje, amplificada con los recursos de las
redes sociales en internet y las plataformas digitales. Patricia Camp, Christian Kent, Orlando
Orué, Diego Ayala, Damián Cabrera, Yems Aguilera, María Zaracho Robertti,
Sebastián Ocampos, Cave Ogdom, Ricardo Loup, Ana Miranda, Lourdes Benítes, Edu
Barreto, son algunos de esos nombres. (De ello nos habla con más detalles la
compañera Norma Flores Allende, en su reveladora plataforma digital #Urumbe).
Una
mención especial merece el trabajo de edición digital del grupo Tiempo
Ediciones y Contenido, que hoy permite que los libros paraguayos estén al
alcance de cualquier lector de libros electrónicos en el mundo.
Destacamos
también el innovador eco de una literatura fronteriza, que se nutre de los
contrastes culturales en regiones compartidas con colectividades inmigrantes
brasileñas, o de ascendencia asiática o europea. La novela Xirú, de Damián Cabrera, es un ejemplo de esa narrativa que refleja
los torbellinos de tierra roja en el Alto Paraná, los conflictos ambientales de
la llamada Guerra de la Soja. El
grupo de escritores y poetas que experimentan con el lenguaje triplefronterizo,
en una onda cultural denominada “portuñol selvagem”, principalmente desde
editoriales cartoneras, constituyen otro irreverente movimiento innovador de
nuestra literatura.
Igualmente
sentimos como muy cercanos y como parte de nuestra historia a los narradores
paraguayos o descendientes de paraguayos que escriben desde afuera de nuestras
fronteras, especialmente a un nutrido grupo de autores en Argentina como Gilberto
Ramírez Santacruz, Éver Román, Mario Castells, Ivan Silvero, entre otros. Hay
en sus obras una linda herencia de la épica literatura del exilio, la que ha dado
vida a muchos de nuestros mejores narradores y narradoras.
Las
obras que ayudan a rescatar la historia y la memoria también siguen componiendo
una de las vertientes más prolíficas de los autores y las autoras del Paraguay,
no solamente las que permiten no olvidar los horrores de la dictadura
stronista, sino las que significan episodios más lejanos desde nuevas
perspectivas. En ese sentido, tanto las novelas históricas como los relatos de
la Guerra del 70 adquieren especial significación en la conmemoración por los
150 años de aquella contienda. En ese campo, nuestra más reciente contribución
personal une el rescate de un episodio silenciado durante el stronismo con la
investigación periodística, en nuestro libro “Mengele en Paraguay”, sobre la
protección dada por el dictador Alfredo Stroessner al médico criminal nazi
Josef Mengele, que presentamos en esta Feria.
Como soy
también guionista de obras de cómics, destaco el especial auge que la narrativa
dibujada ha tenido en los últimos años en el país, principalmente con obras
dedicadas a la gesta de la Independencia, la Guerra del 70, la Guerra del Chaco
y la dictadura stronista, como a la adaptación de grandes clásicos de la
literatura paraguaya para una mejor divulgación en colegios y escuelas. Contamos
con el aporte de grandes narradores, como nuestro universal Robin Wood, y el
esfuerzo editorial de escritores y dibujantes como Javier Viveros y Roberto
Goiriz, además de un loable esfuerzo de la editorial Servilibro, que ha creado
una colección especial dedicada al comic paraguayo, donde se suman proezas como
la edición de los diez álbumes de Mafalda, del genial Quino, en versión
traducida por la docente María Gloria Pereira al idioma guaraní.
Son solo
algunos de los puntos que destacamos en estas consideraciones generales sobre
la literatura paraguaya actual. Somos conscientes del desafío que implica
escribir y contar historias en un país que sigue intentando construir una
institucionalidad democrática entre los sobresaltos autoritarios y los embates
de una cultura conservadora, que padece a una clase política mediocre y poco
sensible a las necesidades populares, pero lo hacemos motivados por la lucha de
sectores sociales que emergen y se movilizan cada vez con más fuerza por
derrotar a la corrupción, obteniendo inéditos logros en derrocar a líderes
mafiosos y a estructuras autoritarias. Sabemos que en la medida en que nuestra
labor sintonice con esos genuinos esfuerzos, nuestra obra tendrá un mejor
sentido y aquella primigenia soledad del Padre Primero Ñamandú también nos va a
pesar cada vez menos.
_________
(Ponencia presentada en la 45a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, domingo 5 de mayo de 2019. Representación de escritores paraguayos en la mesa "Literatura e Historia del Paraguay actual", con Gilberto Ramírez Santacruz, Norma Flores Allende, Manuel Martínez Domínguez y Javier Viveros. El video que ilustra la nota es de Norma, de su plataforma #Urumbe)
“Te pido disculpas por no estar
en el lanzamiento de tu libro Mengele en Paraguay. Llegué tarde con mis hijos y
ya no pudimos entrar. El salón estaba lleno y no quedaba lugar. Pasaré mañana
por Servilibro a adquirir mi ejemplar y luego te lo acerco en el diario para
que me autografíes. Parece que han creado un best seller. ¡Éxitos!”.
El
mensaje de un apreciado amigo en el wasap nos daba la verdadera dimensión de lo
que estaba sucediendo en esa mágica noche del martes 29 de mayo de 2018, cuando
nos tocó presentar nuestro largamente esperado libro, escrito en colaboración
con Desirée Esquivel y Narciso Meza Martínez, y exhibir por primera vez al
público la película documental De
Auschwitz a Hohenau, dirigida por Desirée.
Desde
que, en marzo de 2014, con Narciso habíamos empezado a publicar en el diario
Última Hora los primeros reportajes investigativos sobre la vieja casa rural alemana
de Hohenau en la que estuvo refugiado clandestinamente el famoso médico nazi y
criminal de guerra Josef Mengele, apodado El
Ángel de la Muerte, tuve la certeza de que este tema interesaba por demás a
los lectores y de que un futuro libro al respecto alcanzaría a tener buen
éxito.
En
esa perspectiva, durante más de tres años nos tocó profundizar las
investigaciones sobre Mengele y la vigencia de los nazis en el país. Con
nuestro testigo clave, el ex intendente de Hohenau, Bonibaldo Nisi Junnghans, el hombre que convivió
durante casi dos años con el médico nazi, regresamos hasta la antigua casa de
los Krug, en Poromokó, a 16 kilómetros del núcleo urbano de Hohenau y pudimos
grabar con él una larga entrevista testimonial en video.
En
el proceso de las indagaciones pudimos acceder a documentos desclasificados de
la CIA norteamericana y del MOSSAD israelí acerca del caso Mengele. Además,
hallamos varios papeles valiosos en el Archivo del Terror del Museo de la
Justicia y principalmente logramos otros testimonios muy valiosos que hasta
entonces habían permanecido sin difundirse, como la historia de Sonia Tauber,
la ciudadana polaca sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz que
en 1965 reconoció al Ángel de la Muerte
cuando este ingresó como anónimo turista para comprar un reloj en su joyería,
en la histórica Recova del Puerto de Asunción.
Paralelamente,
Desirée –quien se había sumado al proyecto en 2016- fue registrando en video
todo el proceso investigativo, al principio para usarlo como un material
promocional del backstage o detrás de escena, a fin de publicarlo en
las redes sociales en internet, luego advertimos que teníamos tanto material
valioso, con el que podíamos armar perfectamente una película documental que
acompañe al libro. Aunque carecíamos de fondos para financiar este proyecto,
pudimos hacerlo de modo casi artesanal, con la ayuda de varios amigos.
Finalmente,
en mayo de 2018, el libro y la película estaban listos para salir al encuentro
del público.
Desde
meses antes, con Desirée creamos una cuenta en Twitter (@Mengelepy) y una página en Facebook (Mengele en Paraguay), en donde fuimos publicando avances sobre ambos
materiales. Muy pronto nos dimos cuenta de que una gran legión de futuros
lectores se había enganchado a la propuesta y compartía los avances, arrobando
a otros amigos y amigas. Se estaba creando una especie de club de seguidores de Mengele en Paraguay.
Cuando
decidimos hacer la presentación en el auditorio Josefina Plá de la Universidad
Autónoma de Asunción, muchas personas nos advirtieron que el lugar era “demasiado grande” e iba a resultar muy
notoria la escasa concurrencia. La capacidad de la sala es para 450 personas
sentadas.“Nunca acude tanta gente a una presentación de libros”, nos dijo un
colega.
Aun
así, nos arriesgamos. Nuestra editora, la querida e impagable Vidalia Sánchez, directora
de Servilibro, pidió a su gente llevar 150 ejemplares para el stand montado en
la entrada. “Me pareció que era una
cantidad más que suficiente, en los lanzamientos de libros nunca se venden más
de cien ejemplares”, nos dijo esa noche, cuando a poco más de media hora ya
se habían agotados todos los libros y muchas personas se mostraban descontentas
por no tener su copia para ser autografiada. Durante la proyección de la
película veíamos cómo la sala se iba llenando, con personas sentadas en el piso
o recostadas por las paredes. Esa noche fuimos plenamente conscientes de que la
recuperación editorial de un tema durante mucho tiempo silenciado, como aporte
a la memoria histórica de un país, podía convertirse también en un verdadero
fenómeno cultural.
Aquello
fue solo el inicio. Un par de semanas después, una encuesta realizada en la
Feria Internacional de Libro de Asunción confirmó que Mengele en Paraguay había sido el libro más solicitado por los
asistentes al ya tradicional evento. La presentación del documental De Auschwitz a Hohenau en un devedé
anexo durante la Feria también fue recibida con entusiasmo por el público.
Esa
misma respuesta la tuvimos después en otras ferias regionales en las que el
libro y el devedé también fueron presentados, como en las de Villarrica,
Encarnación y en Bella Vista - Colonias Unidas, esta última parte del escenario
de la misma historia que estábamos contando.
El
temor inicial que teníamos los autores de que los pobladores de las Colonias
Unidas de Itapúa pudieran sentirse disgustados por remover un tema que ellos
habían guardado en silencio durante más de medio siglo, pronto se vio disipado
con las felicitaciones que recibimos por el trabajo realizado. El propio
intendente municipal de Hohenau, Francisco Morales, nos pidió que le
autografiemos su ejemplar y nos comentó que nada le gustaría más que convertir
a la antigua casa de los Krug en un sitio de atracción turística, ante la
cantidad de visitantes que empezaban a llegar para conocer el lugar tras la
publicación del libro, pero que se encontraban con la oposición de los actuales
propietarios en permitirles el ingreso.
Los
reportes de lectores que nos enviaban fotos con sus ejemplares recién
adquiridos o recibidos desde distintas localidades del país y desde remotas
ciudades del mundo, también se volvió una constante. En apenas tres meses de
haber sido presentado, Mengele en
Paraguay ya conocía su tercera edición.
Más
allá de la estupenda recepción y de los elogiosos comentarios, la edición de
esta obra nos permitió confirmar lo siguiente:
1).-Es posible hacer
investigación periodística en libro en el Paraguay, generando un buen impacto
social.
En
un momento en que los grandes diarios y principalmente los canales de
televisión están recortando las unidades investigativas en sus Redacciones por reajustes
económicos o falta de mejor visión empresarial, la posibilidad de encarar esta
tarea en el formato de los libros, con el respaldo de una editorial importante,
puede significar una opción alternativa para desarrollar el periodismo de investigación
en el país. El desafío es abordar una historia que interese al público y llevarlo
a cabo con rigurosidad técnica y buen estilo narrativo.
2).-Existe un gran interés por el
rescate de la memoria histórica.
Aunque
se crea falsamente que el periodismo solo debe abarcar los temas de actualidad
y que “lo viejo no es noticia”, los temas que tienen que ver con la cuestión
histórica o el pasado político siguen despertando mucho interés, más aún cuando
la investigación saca a luz temas que han permanecido ocultos, aunque estos
hayan transcurrido hace cierto tiempo. En este contexto, las historias que
tienen que ver con la Segunda Guerra Mundial, la presencia de los nazis en
nuestra región y las revelaciones sobre la dictadura stronista siempre tienen
muchos seguidores.
3).-En plena época de la
escritura digital, revalorizamos el soporte del papel, pero con una proyección
multimedia.
Mengele en Paraguay
es un libro que fue trabajado con un formato tradicional para quienes siguen
prefiriendo leer en papel, reivindicando a la más clásica industria editorial,
pero a la vez tiene una fuerte presencia en el mundo audiovisual y digital a
través del filme documental que lo acompaña en formato devedé, como en el
intenso despliegue que realizamos de sus contenidos anexos en Facebook y
Twitter. “Les felicito, ustedes son los
primeros escritores paraguayos que usan adecuadamente las redes sociales”,
nos dijo una lectora en la Feria Internacional del Libro. No es verdad,
conocemos a muchos colegas que también usan muy bien las redes, pero nos hizo
bien saber de esa percepción.
Sentimos
que el 2018 fue solamente el inicio de una larga caminata para este proyecto
narrativo. ¡Muchas gracias por acompañarnos…! ________________ P. D.: Por ser el principal autor del libro el actual presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP), hemos optado por no presentar la obra a los certámenes literarios que se realizaron en el año, a fin de evitar suspicacias propias de nuestro ambiente. El mejor premio para nosotros ha sido la preferencia y el cariño de los lectores, algo a lo que esperamos seguir correspondiendo en nuestros próximos proyectos.