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domingo, 19 de abril de 2020

Otra manera de vivir… y de morir




Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Encerrados desde hace semanas en nuestras casas, hartos de tanta familiaridad impuesta, solo esperamos que la maldita pandemia del Covid-19 acabe de una vez y podamos volver a la “normalidad” para recuperar tantos abrazos y caricias, domingos de asados y fútbol, estrenos de cine y teatro, conciertos masivos de música en vivo, ferias en la Costanera, encuentros en el colegio o en la facu, brindis con los amigos y amigas en el bar de la esquina.

Pero... qué pena. Los expertos aseguran que no será así. Aunque podamos ir saliendo gradualmente de la cuarentena y hayamos logrado “aplanar” o “martillar” la famosa curva, el virus seguirá allí, acechando como un mortal enemigo invisible y mientras no dispongamos de una vacuna (que –dicen– tardaría al menos un año) todas las personas, incluyendo a los “recuperados”, seguiremos siendo potenciales portadores del contagio.

Así que no, estimados amigos y amigas. No podremos regresar a la ansiada “normalidad”. Tendremos que acostumbrarnos a andar por la vida con tapabocas, a lavarnos las manos a cada instante, a desinfectar siempre todo lo que tocamos, a ir al trabajo con extremo cuidado, a guardar distancia física ante los demás. Tendremos que habituarnos a ver los partidos de fútbol solo por televisión, a asistir a los conciertos de nuestros artistas preferidos por internet, a hacer compras principalmente en tiendas virtuales, a cursar estudios online, a brindar simbólicamente con nuestros amigos y seres queridos a través de una pantalla. Tendremos que renunciar al apretón de manos y a los abrazos, al tereré compartido.

Tendremos que aprender otra manera de vivir... y de morir. Ni las despedidas a quienes fallecen podrán seguir siendo igual. Debemos romper tradiciones culturales y religiosas que llevan siglos, velar a nuestros muertos por escaso tiempo y en higiénica soledad.

Y aunque más tarde que temprano pueda ser posible retornar a lo que llamamos “normalidad”, probablemente no será lo recomendable. Tal como coinciden los pensadores, eso que consideramos “normalidad” es lo que nos ha llevado a esta situación.

Lo “normal” era exactamente el problema. Lo “normal” de sistemas de producción que desprecian el valor de la naturaleza, que arrasan con bosques y ecosistemas, que llenan el mundo de humo, basura y polución, que envenenan el aire, contaminan el agua y alteran el clima, que les dan poder a los políticos corruptos e insensibles, que se apropian de los recursos públicos y desprecian a las mayorías pobres, que discriminan y persiguen a quienes son diferentes o piensan de modo distinto, que privatizan y mercantilizan la salud, que ponen a la salud pública y a la educación en último lugar.

Por sostener algo similar en una entrevista concedida a la renovada versión digital del mítico periódico “Adelante” del Partido Comunista Paraguayo, el médico Guillermo Sequera, director de Vigilancia de Salud del Ministerio de Salud, uno de los hombres claves en la lucha contra la pandemia del coronavirus, ha sido objeto de una virulenta campaña por parte de un sector reaccionario de la política y la sociedad de nuestro país. Lo acusan de “comunista”, usando un recurso que quizás era válido hace más de 30 años, en plena dictadura stronista, pero Sequera solo expuso el pensamiento de filósofos y cientistas sociales de todas las tendencias, una convicción que empieza a consolidarse en todo el planeta.

Aceptémoslo: la forma de vida que conocíamos no va a volver. Para sobrevivir al Covid-19 debemos cambiar drásticamente nuestra forma de hacer casi todo lo que hacemos: cómo trabajamos, cómo hacemos deporte, cómo salimos a farrear, a comprar, a atender nuestra salud, a educarnos y a educar a nuestros hijos, a cuidar a los miembros de la familia, a producir creativamente.

Otro mundo es posible a partir de la crisis. En nuestras manos está hacerlo mejor o peor.

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del sábado 18 de abril de 2020.

(Fotografía: Desirée Esquivel).


sábado, 21 de marzo de 2020

Crónica desde el borde del Apocalipsis





Andrés Colmán Gutiérrez- @andrescolman

Algo parecido solo lo habíamos visto en imaginativas películas y series de televisión: Contagio, La Jetée, Virus, 12 Monos, The Hot Zone, Epidemia, Ceguera, A ciegas, Soy Leyenda o la camada del Apocalipsis zombie, principalmente The Walking Dead. Hasta que un día cerraron las salas de cine del mundo y los habitantes del planeta nos encontramos inmersos en una de esas apocalípticas tramas, sufriéndola en carne propia. La realidad copia a la ficción y encima nos toca un guionista despiadado.

Hoy tres gotitas de mocos en el aire son capaces de hacer temblar al mundo y doblegar a las más grandes potencias. En el desgarrado corazón de Sudamérica, antes que otros vecinos, nos vimos obligados a retomar la épica del Supremo doctor Francia: cerrar nuestras fronteras y aislarnos “sobre el núcleo de nuestra propia fuerza” para intentar sobrevivir.

La pandemia del Covid-19 llegó para enseñarnos cuánto vivíamos equivocados. Ya no son solamente los pobres e indigentes los apestados -como muchos habían creído ideológicamente-, sino también jefes de Estado, estrellas de cine, empresarios millonarios. El virus iguala a ricos y pobres, a cerristas y olimpistas, a ateos y creyentes, a católicos y musulmanes. El contagio llega por igual para naciones ultradesarrolladas como para países tercermundistas. Los muros con alambradas y los misiles no pueden detenerlo. Quizás solamente una red invisible pero constante de solidaridad y de fortaleza social comunitaria.

Al contrario de lo que el sistema dominante sostenía, hoy descubrimos que la ciencia es más importante que la economía. Un médico o una enfermera se han vuelto más necesarios que un futbolista o una celebridad de la farándula. Un hospital es más valioso y urgente que un shopping, un estadio o una autopista. Las cosas materiales que antes considerábamos fundamentales para construir nuestra comodidad han perdido su sentido de prioridad. Ahora lo primero es la vida. Mantenerse vivos. Sobrevivir, aunque tengamos que dejar que tantas otras cosas se disuelvan en la nada.

Recluidos a la fuerza en nuestros hogares como náufragos en medio del océano urbano o en islas de soledad, apreciamos el valor de la intimidad familiar o personal, la posibilidad de reflexionar. Nos convertimos en filósofos existencialistas. En medio de esta prisión casera descubrimos la necesidad de estar juntos, aun distanciados.

Internet, los teléfonos celulares y los medios de comunicación se nos han vuelto vitales herramientas para no caer en la desesperación. Entendemos el valor del arte como bálsamo para el espíritu. Asistimos a conciertos en línea y películas por streaming, nos abrazamos con el alma por teleconferencia.

Estamos con miedo. Reconocerlo no es cobardía. Hasta las iglesias y los templos han cerrado sus puertas, la fe, la oración y las creencias resultan muy válidas, pero no son suficientes. No existe un lugar seguro. No hay un búnker antinuclear que nos proteja. Lo único que nos puede salvar es la solidaridad, cuidarnos unos a otros, obedecer las reglas sanitarias, no discriminar a quienes padecen el contagio, acompañar críticamente y respaldar el trabajo de las autoridades, #QuedateEnCasa, #EpytaNdeRógape, sentirnos distanciados físicamente pero muy cerca en el corazón.

Aceptamos que la pandemia exige recortar libertades y derechos, pero no renunciamos a vigilar y exigir que todo se haga con valores de la democracia, con honestidad y transparencia. Nos queda aprender de esta emergencia global a ser más higiénicos, más respetuosos del medioambiente, cuidadores de nuestra madre tierra, más justos y solidarios. El futuro es incierto, pero no deja de ser esperanzador mientras mantengamos abiertos el corazón y la mente. Otro mundo será posible después del Apocalipsis. Si no lo podemos construir nosotros, lo harán quienes queden vivos: Nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros nietos. Hagamos lo mejor que podamos mientras estemos vivos.

Que ese sea nuestro legado.

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del sábado 21 de marzo de 2020.


domingo, 1 de marzo de 2020

Fantasmas en la ciudad




Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

Están allí pero no los vemos o fingimos que no existen, como si no tuvieran rostros o se hubieran vueltos incorpóreos, igual que el personaje de la novela Garabombo el invisible, del escritor peruano Manuel Scorza. Otro escritor, el uruguayo Eduardo Galeano, los denomina Los Nadies, “los hijos de nadie, los dueños de nada... que valen menos que la bala que los mata”. En alguna rebelde canción, Manu Chao les da otro nombre: Fantasmas en la ciudad.

Lorenzo era uno de esos muchos Nadies. 
Indígena del pueblo Mbya Guaraní, recorría las calles de Asunción pidiendo limosnas, recogiendo cosas de la basura para sobrevivir. Cuando podía inhalaba cola de zapatero para engañar al hambre. Dormía en donde encontraba lugar. Fue así como esa madrugada del lunes 16 de diciembre de 2019 se acostó en el banco de una parada de bus sobre la calle Jejuí casi Montevideo, sin sospechar que el odio y la muerte andaban al acecho.
Las grabaciones de una cámara de vigilancia muestran al lujoso auto sin chapas pasar por el lugar a las 2.10 de la madrugada, detenerse, volver a circular para regresar una segunda y tercera vez. Entonces se ven los fogonazos desde el interior, certeros disparos que acabaron con la vida del indígena, cuya identidad no pudo ser determinada durante varios días, porque no tenía cédula y sus huellas digitales no figuraban en el sistema. 
Era un perfecto Nadie.
Si no fuera por la indignada presión de un reducido sector de la sociedad, no hubiera existido el esfuerzo policial para averiguar que el indígena asesinado se llamaba Lorenzo Silva Arce y había llegado desde una comunidad de Tacuatí, San Pedro. 
A más de dos meses, ni la Policía ni la Fiscalía han podido determinar quién fue el asesino ni cuál fue el móvil, aunque se maneja la hipótesis principal de que fue un crimen de odio. “Combata la pobreza: Mate a un indigente”, como pregonaba algún grafiti en la pared.
Todo hubiera quedado en el olvido y el opa rei, como acaban casi siempre los asesinatos de los Nadies, si no fuera por un grupo de personas, principalmente profesionales católicos, comunicadores, artistas e indigenistas, que decidieron juntarse cada lunes en el lugar en que lo mataron para recordarlo con canciones y oraciones, junto a reclamos de justicia. Como él no tenía familia conocida, crearon una comunidad en Facebook que se llama “Colectivo Somos la Familia de Lorenzo”.
La trágica historia de Lorenzo ha vuelto a repetirse muchas veces, de otras maneras. El caso más terrible es el de una niña indígena de 12 años, cuyos restos fueron hallados este martes 25 de febrero, dentro de una mochila, en posición fetal, con las manos atadas, en un baldío cerca de la Terminal de Ómnibus de Asunción. Ella fue presumiblemente víctima de abuso sexual y maltrato hasta morir. Fue identificada como Francisca Araujo, de pueblo Mbya Guaraní, una de las tantas y tantos Nadies que recorren las calles pidiendo monedas en los semáforos, expuestos a todo tipo de atropellos. Una más de los muchos fantasmas en la ciudad.
Podríamos cerrar esta columna con un justificado tono de trágico lamento y de indignada denuncia ante estas y otras numerosas situaciones que nos muestran a una sociedad podrida y deshumanizada, con personas que abusan y asesinan sin piedad y con impunidad a los más débiles, ante un sistema de Justicia que no está ni ahí, pero prefiero rescatar la otra cara: La de ese grupo de personas que se juntan los lunes a rezar y cantar en el mismo lugar donde mataron a Lorenzo, o la de quienes salieron a marchar pidiendo Justicia para la niña Francisca, las que alzan su voz y no dejan de actuar ante cada uno de estos crímenes horrendos.
Son estos ciudadanos y ciudadanas las que nos permiten seguir creyendo que otro Paraguay es posible. Los que le ponen nombres a los Nadies, los que hacen visibles a los invisibles, los que les dan rostros concretos y humanos a los fantasmas de la ciudad. Son quienes nos sostienen en la mejor esperanza.

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Publicado en la sección Opinión del diario Última Hora, columna “Al otro lado del silencio”, edición del sábado 29 de febrero de 2020.
La foto es del Colectivo Somos la Familia de Lorenzo.

martes, 20 de agosto de 2019

¡Chake los terroristas...!



El reciente decreto del Gobierno paraguayo en el que reconoce a Isis y a Al Qaeda como “organización terrorista global” y a Hamas y Hezbolá como “organización terrorista internacional”, además de convalidar el libreto que viene repitiendo el Informe anual del Departamento de Estado de los Estados Unidos desde hace más de una década, sosteniendo que existirían bases de algunas de estas organizaciones infiltradas en el seno de las comunidades árabes migrantes en la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina (sin que se haya exhibido hasta ahora pruebas convincentes, más que algún envío de remesas de dinero), es una evidente concesión por parte del presidente Mario Abdo Benítez a su actual nuevo protector, el expresidente Horacio Cartes, para favorecer a sus relaciones políticas y comerciales con el Estado de Israel.
Se produce de este modo el inicio de un brusco viraje en la política exterior del actual Gobierno, que había empezado anulando la mudanza de la embajada paraguaya de Tel Aviv a Jesuralén, dispuesta por Cartes en sus últimos meses de Gobierno (con clara intromisión paraguaya en el conflicto palestino-israelí), que había provocado el enojo y el retiro de la Embajada de Israel en Asunción, y había abierto nuevas relaciones diplomáticas con países del mundo árabe.
Acerca de este tema, habíamos escrito en setiembre de 2018 el artículo “Adiós, Israel; hola Palestina” en Última Hora. (Lo puedes leer aquí). 
Más allá de la percepción que cada uno tenga acerca de cuál de las medidas (la de Cartes primero, la de Marito después, la de Marito ahora) sea la más correcta para el país, lo que ahora queda en evidencia es que Cartes ya ha empezado a cobrar por su actual apoyo a Marito para salvarlo del juicio político, lo cual demuestra que el argumento de que ese generoso apoyo a su hasta hace poco principal adversario político es solo "por la patria" y a cambio de nada... es una soberana mentira.
La comprensión de los conflictos en el Medio Oriente resulta compleja para quienes manejamos distintas percepciones políticas, culturales y religiosas desde la distancia. Algunas de las organizaciones de violencia armada que actores políticos gobernantes de Estados Unidos e Israel consideran abiertamente como organizaciones terroristas, son vistas sin embargo por ciudadanos palestinos –el caso de Hamas- y libaneses –el caso de Hizbolá-, como movimientos armados de resistencia ante lo que consideran una invasión de sus antiguos territorios, y desde ese punto de vista, muchas familias islámicas migrantes consideran incluso un “deber patriótico” contribuir a estas causas, enviando remesas de dinero. Ignorar este sentimiento que anida en algunos miembros de las colectividades árabes establecidas en la zona de la Triple Frontera es ver solo una parte del problema, principalmente cuando se ignoran enormes operaciones de tráfico ilegal (narcotráfico, tráfico de armas, tráfico de personas, mega-lavado de dinero, contrabando de cigarrillos y productos electrónicos) por parte del crimen organizado transfronterizo que tienen consecuencias mucho más directas en la realidad social, política y económica de nuestros países.
Probablemente en los próximos meses veremos que todos los avances de contactos con países del mundo árabe que había iniciado el entonces canciller Luis Castiglioni, van a empezar a cortarse nuevamente y se reanudarán los lazos con Israel. Son opciones diplomáticas, solo que los referentes del actual Gobierno tendrán que asumirlos, con sus inevitables consecuencias. Esperemos que una de ellas no sea el aumento de la estigmatización y criminalización de las comunidades islámicas migrantes que habitan en el Este del país, mientras no existan pruebas concretas de que hayan cometido algún delito.

P.D.: El abogado José Alejandro Sánchez agrega: “La Organización de Naciones Unidas ubica al movimiento palestino Hamas como Parte Beligerante en un conflicto colonial (Resolución Consejo de Seguridad 2334/2016) Es un estatus legal internacional, no mi opinión. En cuanto a Hezbolá, este partido político armado del Líbano representa actualmente al 55% del parlamento libanés (en su alianza con los cristianos católicos maronitas) Ambos movimientos políticos armados son aliados tanto de Turquía como de Siria e Irán, así que en este punto puede haber consecuencias económicas para el recientemente abierto mercado turco a la carne paraguaya”.




lunes, 23 de abril de 2018

Crónica sobre elecciones perdidas e infortunios enamorados





Andrés Colmán Gutiérrez

Cada vez que los sectores de la oposición pierden alguna elección presidencial, muchos de quienes legítimamente anhelan desplazar al Partido Colorado del hegemónico poder que mantiene en el peculiar sistema político paraguayo desde hace más de 70 años, entre corruptas y represivas dictaduras y una devaluada e igualmente corrupta democracia, –proceso solo interrumpido por la victoria electoral del ex obispo Fernando Lugo en 2008, después echado por un golpe parlamentario en 2012–,suelen reflotar la trillada frase que alguna vez popularizó el gran escritor Augusto Roa Bastos:
–“El infortunio se enamoró del Paraguay”.

La frase ni siquiera es original de Roa, pues ya la había usado en los años 30 del siglo pasado el jurista, político y docente Teodosio González, en torno a su clásico libro Los infortunios del Paraguay, enumerando los muchos antiguos males del país y principalmente la destructiva manera de ejercer la política criolla, varios años antes de que el autor de Yo el Supremo sirviera en bandeja dicha frase a nuestros dirigentes políticos e intelectuales orgánicos –especialmente de sectores liberales y de izquierda–, como una excusa perfecta para enmascarar la propia inutilidad de obtener la adhesión popular que les permita ganar las elecciones.
En lugar de ponerse a hacer una necesaria y sana autocrítica, para corregir los errores que hay que corregir, a los referentes de la oposición paraguaya les resulta casi siempre más fácil echarle la culpa al pueblo, al que acusan de ser “un pueblo de cretinos”, evocando lo que había asegurado a principios del siglo pasado el intelectual y político liberal Cecilio Báez, en un recordado artículo en el diario El Cívico:
-“El Paraguay es un pueblo cretinizado por secular despotismo y desmoralizado por treinta años de mal gobierno”.

Desde ese forzado razonamiento Teodosio-Ceciliobáez-Roabastiano, cuando el pueblo vota en mayoría por nuestro sector político y nos hace ganar las elecciones, como lo hizo con el entonces líder independiente Carlos Filizzola en la intendencia de Asunción en 1991, o con el prometedor Fernando Lugo en el 2008, o con los sorprendentes casos de Mario Ferreiro y Luis Yd en las intendencias de Asunción y Encarnación en 2015, entonces este pueblo es “heroico”, “valiente”, “lo máximo”, se destaca que “despertó a una nueva conciencia histórica”, y en esta ocasión es “la esperanza” la que se enamora del Paraguay (frase que ya no inventó Roa Bastos, sino algún joven escritor alternativo) pero apenas este mismo pueblo les vota en mayoría y les hace ganar a los colorados, como a Stroessner durante tantas veces, como a Cartes en 2013, como a Marito en 2018, este pueblo deja de ser heroico y valiente, se vuelve a dormir la siesta y se convierte otra vez en un “pueblo cretino”, y otra vez, “el infortunio” se enamora del Paraguay.
(Dicho sea de paso: qué casquivana es esta nación paraguaya, que cambia de amores a cada tanto, entre el infortunio y la esperanza).

***

Tras esta maliciosa introducción, compartamos algunas de las anotaciones que fuimos realizando, a medida en que se conocían los resultados de la votación:

VOTOS BLANCOS Y NULOS
-Hubo 71.821 votos nulos y 62.052 votos en blanco. El número es alto y juntos suman 133.873. Si esos votos hubiesen ido para la mesiánica Alianza, en lugar de al limbo de las urnas, Efraín le hubiese ganado a Marito.
Esa amarga comprobación lleva a muchos seguidores de la Alianza a tratar de “estúpidos”, de “cretinos” e incluso de “descerebrados masoquistas” a quienes votaron nulo o en blanco (otra linda manera de sumar adherentes), pero más allá de la presunta ineficacia de ese voto (ya que son “votos perdidos”, en la práctica), hay un mensaje muy claro que un sector de la ciudadanía le está dando a la clase política. Podrían haberse quedado tranquilamente en sus casas el domingo (como casi el 40% de los electores lo hicieron), pero decidieron ir a votar de todas maneras, para decirles: no creemos en ustedes, ni una de sus opciones nos atraen o nos motivan.
¿No es acaso un mensaje a tener en cuenta…?

EL MITO DE LOS BUENOS CONTRA LOS MALOS
-En los primeros años después de la caída de la dictadura, este recurso mediático de campaña resultaba funcional. El Partido Colorado era el engendro satánico que había sostenido al feroz dictador y quienes habían sido sus víctimas eran los líderes y militantes de la oposición que cambiarían el destino infortunado hacia otro mucho mejor. En puridad, como todas las visiones maniqueas (blanco y negro, bueno y malo) ocultaba muchas mentiras (también hubo colorados que se resistieron y combatieron a Stroessner, como hubo opositores que fueron aliados y cómplices del terror), pero el mensaje se entendía.
Repetir la misma fórmula, a casi 30 años de la caída de la dictadura (“volverá la represión”, “volverán las torturas y las desapariciones”,  “seguirá la corrupción”), seguramente tiene su impacto en algunos adultos mayores, pero probablemente muy poco en los jóvenes que ya casi nada saben de lo que fue esa época y que tienen otros temores muy distintos, otros sueños y otras ansias. (Además, insistir en que los colorados tienen el monopolio de la corrupción, cuando ellos saben bien lo que algunos se tragaron durante el gobierno de Frauderico, e incluso durante el gobierno de Lugo, suena un poco hipócrita…).

LÍDERES QUE INSPIREN RESPETO…
-Personalmente, voté por Efraín Alegre para presidente y por Leo Rubín para vice, haciendo voto cruzado en las demás listas, a pesar de que le había perdido el respeto a Efraín (y a muchos referentes liberales y de otros partidos de oposición) cuando avaló un golpe parlamentario contra el Estado de Derecho en 2012, así como también le perdí al respeto a Fernando Lugo (y a los principales referentes del Frente Guasu) cuando se alió con Cartes en el 2017 para intentar violar la Constitución, tratando de imponer la reelección y provocando la grave crisis política que todos sabemos cómo terminó.
Aun así, me fui a votar por ellos, respondiendo a cierta conciencia orgánica, porque creo que la salud de la democracia paraguaya necesita de la alternancia. Veo con gran satisfacción que mucha gente piensa igual. Esta vez, a pesar de todo, casi casi se logró. (Y si no fue así, no fue por culpa del pueblo, sino de los que no lograron motivarlo suficientemente).
Espero que esta nueva crisis remueva la estantería política y los partidos que dicen ser alternativa sean capaces de auto-criticarse y de formar nuevos líderes, coherentes y que realmente inspiren respeto y adhesión de la ciudadanía…

LOS VOTANTES DE MARITO
-Escucho y leo las reiteradas quejas de que Marito ganó manipulando el voto de la pobreza y de la ignorancia (como lo ha hecho siempre el Partido Colorado), pero mi percepción es que esa visión también es maniquea y en parte falsa.
En los actos y en las concentraciones, en los viajes por el interior y en los contactos con muchos amigos, he percibido que también existe una parte importante de un electorado ilustrado, consciente y crítico, que esta vez ha preferido votar por el candidato colorado, porque le ha inspirado más confianza que la oferta electoral de la Alianza.
Creo que la opción de estos electores tiene que ver con los perfiles que se proyectaron, con el contenido y el tono de los mensajes, incluso con el lenguaje utilizado. Mientras desde la Alianza se insistió mucho en atacar y satanizar a sus adversarios, en algunos casos con un tono de mucha soberbia, desde el discurso de Marito se reflejaba un rol de ser víctima de dichos ataques, de proponer cosas positivas ante el negativismo de los otros.
Hay cosas que generan empatía en las mayorías y cosas que generan rechazo…

SUPERAR LAS ENCUESTAS…
-Una cosa que ha quedado bastante clara fue la distorsión que han causado las encuestas realizadas sin control y sin responsabilidad. Es tiempo de trabajar por superar este inconveniente, que viene interfiriendo en elecciones más libres, desde hace tiempo. Plantear formas de control legal a las empresas encuestadoras y quizás apelar a la responsabilidad ética de los principales medios de comunicación, desde el gremio periodístico, para que dejen de financiar y realizar encuestas, sería un gran paso en las próximas elecciones. Lo mismo hay que hacer con las mediciones de boca de urna en el día de los comicios.

COMO SERÁ EL NUEVO GOBIERNO…
-No es un líder carismático, ni tiene una gran oratoria, además de arrastrar el símbolo de lo peor del stronismo en su historia familiar y de agitar en sus posturas y en sus discursos muchos de los fantasmas de una época que ya no queremos que vuelva, pero es a la vez el tipo que se le plantó al actual presidente (en retirada) Horacio Cartes desde el interior del Partido Colorado y logró derrotar su proyecto de continuismo hegemónico en las urnas.
Dicen que será más o menos lo mismo, pero esperemos que no. En lo que fue su actuación como legislador y principalmente durante la crisis de la enmienda, Mario Abdo Benítez demostró ser celosamente institucionalista, mientras Cartes demostró que no le importaba para nada las reglas democráticas y estaba dispuesto a todo, a fin de imponer sus intereses sectoriales.
No sabemos aún cuánto incidirá Cartes desde su electa senaduría (si lo dejan llegar a asumir) ni qué influencia tendrá en el futuro gobierno de Abdo Benítez, pero esperemos que se acabe la negra historia de los gabinetes paralelos de gerentes en las sombras.
Hay tanto desencanto con la larga historia del coloradismo, que -desde el otro sector del país que busca un cambio- no esperamos mucho de él, por tanto, lo que pueda hacer de bueno sería una interesante sorpresa (si es que lo hace).

EL PARAGUAY QUE VIENE…
-La conformación del próximo Congreso Nacional será en parte igual al que padecemos ahora, pero también tendrá importantes variaciones. Ojalá sea un Congreso un poco mejor.
-Veremos qué pasa con la promesa de convocar a la reforma de la Constitución (donde debemos incluir el balotaje o segunda vuelta  en las elecciones, entre otros puntos cruciales) y de avanzar con la renovación del corrupto Poder Judicial.
-La participación de la oposición, la que existe ahora –que necesita recomponerse, autocriticarse y mejorar–, como la nueva que pueda surgir, será fundamental.
-Desde el periodismo, asumiendo e incorporando todas las críticas que nos hacen y resistiendo a los ataques y a los conflictos laborales que estamos atravesando, necesitamos seguir cumpliendo el fundamental rol de seguir siendo informadores, investigadores, y principalmente controladores del poder, buscando espacios de independencia en medio de los monopolios, sin olvidar que nos debemos al servicio de la ciudadanía, más que a cualquier otro interés.
El país que tenemos que seguir construyendo en esta nueva –o vieja, o igual– coyuntura, también pasa por allí.

martes, 18 de abril de 2017

La renuncia…


(Algunas elucubraciones tras la salida del juego del namber uan...).

Por Andrés Colmán Gutiérrez

Tengo el mismo escepticismo que un gran sector de la ciudadanía: No le creo al presidente Horacio Cartes con respecto a su renuncia a la reelección… ni tampoco dejo de creerle.
Como periodista he aprendido a creer en los hechos comprobables. Y en este caso está el hecho concreto de que existe una carta -que se comprobó que es auténtica-, dirigida al arzobispo de Asunción y entregada personalmente el lunes 17 de abril en horas de la siesta, en el que Cartes comunica su decisión de no presentarse “en ningún caso, como candidato a presidente de la República, para el periodo constitucional 2018-2023”. También existe un mensaje grabado, dirigido a toda la Nación, difundido en la noche del lunes, en el que ratifica el mismo compromiso.
Es cierto: no es la primera vez que Cartes asegura públicamente que no le interesa la reelección, y que en las ocasiones anteriores ha pisoteado su propia palabra. Sin embargo, se podría decir que el contexto actual es diferente. Hubo una suma de presiones e intervenciones a nivel local e internacional, que evidentemente le obligaron escribir esa carta, como todo el escándalo generado con el incendio del local del Congreso y el asesinato del joven liberal Rodrigo Quintana, la creciente indignación ciudadana que fue capitalizada por el bando político opositor, pero principalmente el apriete que provino desde El Vaticano y desde el gobierno de Estados Unidos.
Obviamente, la carta en la que comunica su renuncia a la aspiración reeleccionista, Horacio Cartes no la escribió desde su fuero íntimo, sino desde el contexto de quien siente que se le han acabado todas las opciones para seguir con un plan cada vez más resistido. Es por eso que la carta fue dirigida al arzobispo de Asunción, porque desde su siquis de gobernante autoritario, es a este sector y a esta línea de la Iglesia Católica –que llega hasta al Papa Francisco- a quienes reconoce más autoridad en este momento, y a quienes siente que debe dar señales, aunque ello implique echar por tierra al supuesto Estado laico y (una vez más) a las endebles instituciones democráticas del país. Pero esa misma situación hace que, en esta ocasión, lo que ha escrito en la carta, lo exponga y lo comprometa aún más ante la historia política actual. Esta vez no le resultará tan fácil, ni tan impune, volver a pisar eventualmente su propia palabra.
Una observación de las reacciones que produjo entre sus propios colaboradores inmediatos (el entorno del oficialismo de la ANR) y entre sus aliados circunstanciales (Lugo, Llano y sus respectivos entornos), revela que la decisión del presidente los sorprendió a casi todos. Es decir, Cartes ni siquiera se tomó la molestia de avisarles con cierta antelación a quienes estaban jugándose el todo por el todo por la aventura reeleccionista, a quienes los dejó en el aire.
Los senadores Lilian Samaniego y Juan Darío Monges, obviamente, fueron algunos de los pocos que se enteraron minutos antes, tras ser convocados a Mburuvicha Róga, y no les quedó otra opción que salir a improvisar una conferencia de prensa y emitir señales de que el plan de la enmienda supuestamente sigue en pie, para tratar de evitar que se les desbande la tropa, aunque les haya costado explicar para qué seguir arremetiendo con la reelección, si Cartes ya no será candidato. Con ello, solamente lograron instalar la desconfianza en la ciudadanía y desvalorizar el gesto de renuncia de su líder.
El presidente del Partido Colorado, Pedro Alliana, fue mucho más honesto en su apreciación: Sin Cartes, el proyecto de la enmienda ya no tiene mucho sentido. Dejó entrever que se acabará cayendo por su propio peso.
A quienes la sorpresa sorprendió todavía mucho más, es a los hasta hace algunas horas aliados cartistas del Frente Guasu. Probablemente temían que ocurra algo así, pero no se lo esperaban. Eso se vio reflejado en el rostro y hasta en el tono de voz de los senadores Esperanza Martinez, Hugo Richer y Carlos Filizzola, quienes salieron a afrontar la situación ante los medios. No les queda otra que seguir batallando para que su líder, el ex presidente Fernando Lugo, pueda competir en las próximas elecciones, pero saben que no quedan muchas chances de que eso pueda ocurrir. Y saben que es poco lo que les queda, tras esta deserción de su ex socio, que ni siquiera se dignó en avisarles antes sobre lo que iba a hacer.
En las carpas de la oposición a la enmienda, se sintió el mismo boom de la sorpresa. Aunque haya una sensación de victoria en la puja política, persiste el temor de que sea una jugarreta, pero sobre todo hay preocupación, porque de pronto cambiaron totalmente las reglas del juego. Ahora se desvanece el factor que los mantenía unidos y se inicia la verdadera pelea electoral, que será encarnizada y probablemente caníbal.
Un actor clave en este proceso de desactivar la crisis (y de derivar en la renuncia de Cartes a la reelección), fue el presidente de la Cámara de Diputados, el colorado oficialista Hugo Velázquez. Contra todos los pronósticos, demostró ser un político sensato y mesurado, que paró la pelota en el momento más álgido del partido, metió el proyecto de enmienda en el congelador y lo dejó allí, mientras evaluaba los acontecimientos. Fue el único del sector oficialista que salió a dar la cara en un canal de televisión, en la noche del 31 de marzo, cuando todavía ardía el edificio del Congreso, y aportó tranquilidad y prudencia, al prometer que el proyecto no se iba a tratar. Y en medio de toda la desconfianza, en todo este tiempo mantuvo su palabra. Por algo, el emisario del gobierno de Estado Unidos pidió reunirse con él.
¿Qué se viene ahora…?
Primero, terminar de definir el sepelio definitivo de la enmienda. En el oficialismo del Partido Colorado se tiene muy claro que cualquier intento por continuar dándole aire, solo restará un valioso tiempo para el cada vez más corto plazo en la carrera electoral hacia el 2018.
Si Cartes no corre, las posibilidades son muy distintas. Es difícil que se mantenga la unidad del oficialismo, ya que hay varios que pretenden disputar la sucesión, empezando por el vicepresidente, Juan Afara, que con mucha discreción y habilidad ya había inscrito su propio movimiento en la Justicia Electoral para las internas de la ANR, probablemente previendo que esto iba a pasar. Cualquiera diría que el dinero de Cartes impondrá a su delfín o a su Pato Donald, como lo hizo con Alliana en la presidencia de la ANR, pero esta vez el contexto será un poco diferente. Y la sombra de una creciente figura de Marito Abdo en la disidencia colorada, con el padrinazgo del siempre maquiavélico Calé, no es una situación a ignorar.
En la oposición al Partido Colorado, tampoco será muy fácil administrar las diferencias. Se podrá creer que el presidente del Partido Liberal Radical Auténtico, Efraín Alegre, emerge como el principal referente político de la cruzada en contra de la enmienda, pero sería una lectura equivocada. Efraín sigue arrastrando el estigma de haber apoyado el golpe parlamentario contra Lugo en junio de 2012, de haberse visto salpicado por la gran corrupción para respaldar su campaña durante el gobierno de Federico Franco y su estrepitosa derrota electoral ante Cartes, en el 2013. Además, en las internas del PLRA le saldrán rivales hasta debajo de las piedras. Todavía habrá que ver que queda del sector llanista liberal, tras esta debacle.
En las filas de la izquierda y de los partidos pequeños, el panorama es aún más complejo. La división entre el Frente Guasú y Avanza País en torno a la enmienda ha sido profunda y violenta, y ha afectado en oleadas a otras fuerzas más pequeñas: Partido Comunista, Kuña Pyrenda, Convergencia, incluyendo al sector que se ha mantenido al margen de esta disputa, como Paraguay Pyahurá o el Congreso Democrático del Pueblo. Será difícil rejuntar los pedazos para una opción electoralmente potable en el 2018.
El aparente as bajo la manga de la oposición es el actual intendente de Asunción, Mario Ferreiro, que en las últimas encuestas se reveló con gran potencial electoral, en el caso de que Fernando Lugo no pueda competir (y aparentemente, no podrá). ¿Será Mario el gran aglutinador de las dispersas fuerzas no coloradas? ¿Se lo dejaran los liberales, que en su última convención dispusieron que el candidato presidencial sea indefectiblemente un liberal…?

El nuevo “Juego de Tronos” o “House of Cards” a la paraguaya, recién comienza…

miércoles, 5 de abril de 2017

Periodismo y enmienda: ni criminalización, ni caza de brujas



 Andrés Colmán Gutiérrez – Tw: @andrescolman

En este critico abril, los comunicadores nos aproximamos a la conmemoración del Día del Periodista Paraguayo (26 de abril) y a la recordación del asesinato aún impune de nuestro colega Santiago Leguizamón, en medio de una sorda guerra política que no solamente nos divide en una grieta cada vez más profunda, como al resto de la sociedad, sino que nos sitúa especialmente como protagonistas de la información y la propaganda, nos pone como blanco de críticas, ataques, odios, amores, rencores y pasiones.
Inevitablemente, como siempre ocurre en los grandes conflictos históricos (lucha contra la dictadura; intento de golpe abril 1996, Marzo Paraguayo…), a los periodistas nos cuesta mantenernos neutrales y acabamos casi inevitablemente tomando partido. Aunque lo ideal es que no perdamos una óptica profesional, también somos ciudadanos y compartimos las angustias y esperanzas, los dolores y los ideales del resto de la gente.
En esta ocasión, cuando desde el primer momento el oficialismo colorado cartista planteó el plan de forzar la enmienda de la Constitución para lograr la reelección de Horacio Cartes, con la posterior alianza con los sectores políticos liderados por Fernando Lugo y Blas Llano, la mayoría de los periodistas de los principales medios de comunicación entendimos que esa acción llevaría a violar la Constitución y por tanto asumimos posturas en contra, en nuestras respectivas columnas de opinión, en nuestras opiniones personales en redes sociales y en entrevistas que nos solicitan en otros medios, aunque en un importante número hemos tratado de que nuestra tarea informativa no deje de ser plural y recoja todas las aristas y todas las voces del conflicto. Quizás no siempre lo hayamos conseguido...

Llamativamente, nuestras posturas de muchos en el gremio han coincidido con las líneas editoriales de los principales medios, lo cual ha llevado a que desde el sector oficialista nos acusen de expresarnos siguiendo los dictados de nuestros empleadores, principalmente los empresarios Zuccolillo y Vierci, como si en nuestra larga trayectoria profesional no hayamos demostrado de modo suficiente que podemos pensar por cabeza propia y tener nuestras propias ideas.
A partir de esta postura, en la medida en que se radicalizaban las posiciones, hemos sido acusados de ser “ratas de la oligarquía”, “sicarios mediáticos”, “empleaditos de Vierci y Zuccolilo”, etc.
En el gremio han existido y existen también colegas más identificados con la izquierda, específicamente más próximos al Frente Guasu, que han sostenido libre y públicamente sus posturas a favor de la enmienda, argumentando que el referéndum sobre la enmienda permitirá una participación democrática del pueblo, y sobre todo defendiendo la opción de que Fernando Lugo sea habilitado, por creer ellos que es el único candidato “con una opción progresista”, capaz de vencer a los colorados. Por esta posición hoy se los acusa de ser “cómplices de los violadores de la Constitución”, “títeres de Lugo y Cartes”, y también son víctimas de ataques mediáticos, escraches y amenazas…
En otro sector se encuentran muchos colegas que trabajan para los medios del Grupo Cartes, donde hay que distinguir muy bien a los pocos y conocidos mercenarios que se ocupan de lo que en el ambiente denominamos TS (trabajo sucio), manipulando la información para defender al Gobierno, propagar mentiras y atacar a los adversarios… de una gran cantidad de colegas que cumplen una tarea informativa digna, y para quienes el periodismo es una auténtica vocación de servicio a la sociedad, además de un elemental medio de subsistencia.

Hay dos ejemplos últimos de la situación a la que hemos llegado.

-Uno de ellos es el que afecta la querida colega y amiga Mercedes Menchi Barriocanal, a quien -junto a su marido Oscar Acosta y a otros colegas- los cartistas, luguistas y llanistas han acusado de haber sido los instigadores de los hechos de violencia que desembocaron en el incendio del Congreso y en el asesinato de un joven liberal en manos de la Policía, en la noche del viernes 31 de marzo.
Cualquiera que conozca a Menchi, a Oscar, a Santula… y que haya seguido de cerca sus trabajos, saben que eso es mentira. La quizás recargada pasión ciudadana que ponen en informar y opinar desde sus respectivas posturas cívicas o políticas jamás puede asociarse a nada de violencia. Es lo que el propio Oscar calificó como “la criminalización de la labor periodística”.
Casi todos hemos escuchado la voz quebrada de Menchi ante las amenazas proferidas contra ella y su familia, como también su firme determinación de no renunciar a sus convicciones (me hizo recordar una dura etapa de las investigaciones del programa televisivo El Ojo, en los años 90, cuando sicarios del narcotráfico también la amenazaron y persiguieron a ella y a su productor Augusto Barreto, incluso con un grave intento de secuestrar a una de sus hijas).

-El otro ejemplo más reciente y sonado es el de la también querida amiga y colega Yolanda Yota Park, quien este martes 4 de abril renunció a las dos emisoras de radio del Grupo Cartes, Montecarlo y 970, de la que era una de las figuras principales como comunicadora. En los últimos días, Yota fue blanco de fuertes críticas y ataques, principalmente en las redes sociales, solamente por trabajar para las empresas de la familia del presidente, y por acompañar en las programaciones a dos periodistas que si asumían abiertamente la defensa de los intereses del sector cartista.
Fiel a su estilo, Yota trató de permanecer neutral en un conflicto que cada vez polariza más a los paraguayos… pero aparentemente no lo consiguió. Su renuncia fue un gesto digno y aunque uno pueda no estar de acuerdo con algunos términos de su carta manuscrita de despedida, en donde expresa “esta no es mi lucha, nunca lo fue”, su gesto de renuncia indica otra cosa: Desde ese momento, con ese gesto, también –incluso en contra de su propia visión- ha acabado tomando partido, porque tiene un efecto político: Su salida priva a los medios del Grupo Cartes de una de las últimas figuras con buena credibilidad y alta empatía con el público.

Este momento crítico que los periodistas estamos viviendo, junto con toda la ciudadanía, lo debemos asumir como un gran desafío para nuestro oficio.
Es el momento en que debemos salir a pedir y exigir: ¡No a la criminalización del trabajo periodístico! ¡No a la “cacería de brujas” contra los colegas que piensen de modo diferente!
Una buena comunicación, transparente, responsable, investigativa, analítica, es necesaria… ¡más que nunca!
No renunciemos a nuestras pasiones, a nuestras convicciones cívicas o políticas… pero tratemos de preservar la profesionalidad de nuestro trabajo, pensando en la utilidad que este puede seguir teniendo para la ciudadanía.

Que este mes de abril, mes de los periodistas paraguayos, nos sirva como espacio de reflexión y reafirmación de nuestras convicciones.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Dejen que celebren los nostálgicos...


 “…el día 3 de noviembre era considerado Feriado Nacional, por ser el cumpleaños del entonces gobernante dictador, a quien el escritor compatriota Augusto Roa Bastos bautizó como El Tiranosaurio. La oficialmente denominada Fecha Feliz se iniciaba siempre con una salva de 21 cañonazos y el vuelo rasante de los aviones de guerra, mientras la cadena de radio y televisión saludaba al país con grabaciones de los interminables discursos del Segundo Reconstructor, matizados con las polcas Colorado y Mi General. Desde las cero de la madrugada se formaban más de 30 cuadras de colas con las personas que esperaban su turno para ingresar al Palacio de López y rendir pleitesía al Único Líder…”.

(De la novela El último vuelo del Pájaro Campana, de Andrés Colmán Gutiérrez).

***

A la medianoche del 3 de noviembre, una salva de petardos y fuegos artificiales quiebra invariablemente la insomne calma de la ciudad, principalmente en el barrio San Pablo de Asunción, el histórico ex barrio Stroessner.
En la cancha del Club 3 de Noviembre, los nostálgicos festejan los más de cien años del nacimiento de un dictador muerto en el exilio. Y aunque muchos vecinos expresan su fastidio ante el repetido ritual, uno no puede dejar de admitir que en esta democracia imperfecta y viciada, los admiradores del tirano -contrariamente a los derechos y libertades que ellos negaban- tienen todo el derecho y la libertad de celebrar su cumpleaños.

Entre los ecos de este día contradictorio estallan flashes de imágenes desordenadas, fragmentos de memoria….

Aquel mediodía en que un policía vino a buscarme al estudio de Radio Mbaracayú, en Salto del Guairá: "Queda demorado, porque al delegado de Gobierno no le gustó su crítica". Yo tenía apenas 15 años y empezaba a entender el subversivo poder del pensamiento y la palabra.
Recuerdo a mi amigo Hugo, detenido por difundir en la radio una canción de un tal Méndez Fleitas.
Nadie dice nada.

Paz y progreso.
Democracia sin comunismo.
Mario Schaerer muerto en la mesa de torturas.
Noticiero: Peligroso subversivo abatido por las fuerzas del orden.
Nadie dice nada.
No te metas, mi hijo.
Libros de Eduardo Galeano forrados con tapas de Vanidades.
Policías en el micro, al regreso de la facu.
¡A ver, documentos carajo!
El profe Resck saliendo de Investigaciones, más muerto que vivo, haciendo la V de la victoria.
Atravesar barreras policiales para asistir a los festivales de Mandu'arã.
Voz ronca y lágrimas de emoción al corear: 
"Los niños, el cielo más claro y azul 
¡esa es la patria en que quiero vivir...!".

Flashes de imágenes desordenadas, 
fragmentos de memoria….

Aquella otra noche de insomnio hace casi 28 años, y la chillona voz de otro general: "¡Hemos salido de nuestros cuarteles...!".
¿Casi 28 años ya...?
¿Qué hicimos con esta libertad...?
¿Cuánto más para derrocar al dictador que llevamos adentro...?
¿Cuánto más para que aquella patria que coreábamos en un festival cercado de policías se haga realidad...?

Pero ahora, en las redes sociales de internet encuentro noticias y señales de mucha gente que no olvida, que se moviliza, que lucha, que construye, que enarbola proyectos de otro país posible...
Así que dejemos que los nostálgicos celebren todos los cumpleaños de todos los dictadores muertos.
Nosotros estamos vivos.
Y en nosotros viven todos y todas quienes ya no están, pero siguen estando: desaparecidos y asesinados por la libertad, aquellos cuyos "huesos son estrellas".
Es el pasado que construye el futuro.
¡Estamos vivos… y todo está aún por construirse!

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(Posdata: La foto es del amigo Amancio Ruiz Díaz y fue tomada al día siguiente del derrocamiento de la dictadura, cuando un grupo de jóvenes quemaban un cuadro del ex dictador, descolgado de las paredes de una escuela en un barrio de Asunción. Nada más simbólico).

martes, 25 de octubre de 2016

Los prisioneros de la reelección



¿La Constitución Nacional del Paraguay prohíbe la reelección presidencial…?
A mi modesto entender, sin ser un experto constitucionalista ni mucho menos, sí lo prohíbe.

“No podrán ser reelectos en ningún caso…”.

La prohibición absoluta de cualquier tipo de reelección presidencial –algo que ocurre en muy pocas constituciones de muy pocos países del mundo-, fue algo que se le ocurrió a los convencionales constituyentes en ese momento, cuando redactaron la Constitución en 1992, a apenas dos años de haber salido de una feroz dictadura, como una traba coyuntural para que nuestro presidente de entonces -que también era un general militar muy igual al que él mismo había echado del poder después de haber estado allí 35 años (de hecho era su consuegro y muy cercano ex compinche)- no caiga en la tentación de querer eternizarse también en el gobierno.

El artículo en cuestión, el número 229, dice expresamente:

DE LA DURACIÓN DEL MANDATO
“El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones, a contar desde el quince de agosto siguiente a las elecciones. No podrán ser reelectos en ningún caso. El Vicepresidente sólo podrá ser electo Presidente para el período posterior, si hubiese cesado en su cargo seis meses antes de los comicios generales. Quien haya ejercido la presidencia por más de doce meses no podrá ser electo Vicepresidente de la República”.

Sí, eso es lo que dice.
A mí me parece que está bien clarito lo que expresa y dispone, pero hay quienes sostienen que no, que la redacción es confusa, y que todo es cuestión de interpretación.
En realidad, ese artículo ya tendría que haber sido modificado –como muchas otras cosas en la Carta Magna- hace varios años, para darle chances a quienes hacen un buen trabajo en el Gobierno a que el pueblo los reelija de nuevo, si es que así lo quiere realmente (el pueblo), pero nuestros representantes políticos no han sabido ponerse de acuerdo en estos casi 25 años de etapa constitucional ñembo democrática, para llamar a una nueva Constituyente, porque siempre están en permanente campaña electoral a destiempo, pisándose unos a otros el poncho, o las sábanas, o las mangueras…
Obviamente todos los presidentes (reales o entre las sombras), desde Wasmosy, Cubas (ni que decir Oviedo), Nicanor, Lugo y ahora Cartes, han soñado con ser reelectos.
El que más lo intentó fue Nicanor, y se fue de mambo con el tema. Arruinó sus dos primeros años de relativo buen gobierno tras su obsesión reeleccionista… y así le fue. En esa fiebre de poder arrastró a su partido a una estrepitosa caída electoral.
Fernando Lugo tuvo la oportunidad histórica de marcar una diferencia con todos los gobiernos colorados o casi colorados, y hasta logró implementar ciertas medidas gubernativas sociales o populistas que aún hoy le conservan un buen caudal de simpatía electoral entre la población, pero fue incapaz de construir un sistema de poder que le permita preservar su estabilidad en el Gobierno… y sus adversarios y sus propios aliados liberales se lo comieron crudo tras la masacre de Curuguaty, con aquel juicio político express o golpe parlamentario de 2012, como mejor lo quieran llamar.
Lo cierto es que, en estos casi 25 años de su vigencia, no se ha podido reformar ni enmendar la Constitución, y el famoso artículo 229 sigue plenamente vigente.

“No podrán ser reelectos en ningún caso…”.

Hay quienes dicen que esto se puede cambiar tranquilamente antes de las próximas elecciones con una simple enmienda decidida por mayoría en el Congreso y por presión/mandato de una convención del partido de Gobierno.
Hay quienes dicen que eso, definitivamente, ya no se puede.
Hay quienes dicen que el artículo 229 le prohíbe ser reelecto a Horacio Cartes, pero no le prohíbe ser reelecto a Fernando Lugo, porque a él se le hizo un golpe parlamentario y no se le dejó terminar su mandato. ¿Será…?
Lo que vale para la derecha, ¿no vale para la izquierda (o lo que realmente sea Lugo)?

“No podrán ser reelectos en ningún caso…”.

El Paraguay, sin embargo, es el país al que llaman “el cementerio de las teorías”. O de la legalidad.
Teóricamente, Lugo tampoco tendría que haber sido electo senador (como expresidente solo le corresponde el cargo de senador vitalicio)… y ya ven donde está.
Horacio Cartes no tendría que haber sido candidato del Partido Colorado a la presidencia, ya que hasta 2009 nunca había pertenecido al partido –que en su estatuto exigía 10 años de antigüedad como afiliado-… y ya ven donde está.
La Constitución también prohíbe la tortura… y cada día hay una nueva denuncia sobre apremios ilegales cometidos por policías y militares, en comisarías comunes o en las famosas zonas de lucha contra la guerrilla del EPP.
La Constitución también prohíbe la censura… pero allí están tantos colegas a quienes se ha despedido de medios de comunicación por ejercer un periodismo crítico, por pensar diferente, por no encuadrarse a las bajas de líneas de los dueños de medios, especialmente del grupo empresarial vinculado al actual mandatario.

Entonces… ¿la Constitución Nacional del Paraguay prohíbe la reelección presidencial?
Obviamente, pero en este país ya nos hemos ido acostumbrando a que las cosas se definan políticamente, y no jurídicamente.
Así que, hasta que alguien –la Corte, el Congreso, la gente con su poder ciudadano, o los propios estallidos de la realidad…- abra o cierre definitivamente la puerta y no deje ya ningún resquicio de interpretación, seguiremos viviendo como los prisioneros de la reelección.