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domingo, 5 de mayo de 2019

Literatura: La soledad de Ñamandú y el desafío de reinventar el lenguaje



Andrés Colmán Gutiérrez
Presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP)

Cuentan los relatos míticos del mundo indígena guaraní –rescatados por el gran antropólogo León Cadogan y reelaborados con peculiar encanto por el escritor Eduardo Galeano en su obra Memoria del Fuego– que cuando Ñande Ru Tenondé, el Padre Primero Ñamandú, se irguió en la oscuridad y creó el lenguaje, no había quien lo pudiera escuchar. Entonces creó el mundo y creó a los primeros hombres y a las primeras mujeres, y les entregó la palabra creadora (Ayvu) para que todo pudiera cobrar vida, pero principalmente para que la magia del lenguaje alcanzara a redimir al propio Padre Primero de aquella inmensa soledad primigenia.
En el Paraguay, nuestro pequeño y heroico país mediterráneo del Cono Sur, de raíz principalmente cultural guaraní, en donde hemos nacido entre relatos mágicos y entre muchas historias alucinadas que esperan ser contadas, los escritores y las escritoras seguimos padeciendo la misma soledad del Padre Primero Ñamandú o como lo ha denominado más certeramente nuestro autor mayor, Augusto Roa Bastos, seguimos sufriendo el encierro de “la isla rodeada de tierra”: No siempre hay quienes nos puedan leer o escuchar.
Nuestra industria editorial es todavía incipiente, aunque avanza abriéndose caminos a tumbos entre muchos escollos y la falta de un mayor apoyo estatal. Quienes escribimos y publicamos libros lo hacemos para un número muy reducido de personas, ya que en el Paraguay cada habitante lee solamente la 0,25 parte de un libro al año, según datos estimativos. Esta es la realidad de un país donde el 24,2% de la población aún vive en situación de pobreza y un 4,8% en situación de pobreza extrema; en donde el sistema educativo es todavía de muy baja calidad y existe un escaso fomento a la lectura desde las instancias gubernamentales y desde la misma sociedad. A pesar de todo, un anteproyecto de Ley del Libro impulsado desde hace años por los gremios de autores, libreros y por actuales instancias culturales gubernamentales, intenta abrirse paso ante la indiferencia de la clase política.
Desde hace mucho tiempo también seguimos padeciendo la invisibilidad de las obras paraguayas en los mercados internacionales del libro, debido a las trabas burocráticas fronterizas o a un escaso interés, que desmiente el ansiado espíritu de integración cultural del Mercosur. Por ello, nuestra presencia constante en esta Feria Internacional del Libro de Buenos Aires constituye una vidriera fundamental, una ventana a la esperanza.
A pesar de los pesares, una literatura paraguaya tercamente viva insiste en reinventarse y en expandirse cada vez más. Quienes hoy asumimos el desafío de narrar al Paraguay en cuentos, novelas, poesía, historia, ensayos, crónicas periodísticas y de investigación, álbumes de cómics o novelas gráficas, lo hacemos teniendo en cuenta la rica herencia y tradición de nuestros más grandes maestros y maestras como Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Gabriel Casaccia, Josefina Plá, Helio Vera, Rubén Bareiro Saguier, Carmen Soler, Hérib Campos Cervera, Raquel Saguier, José-Luis Appleyard y tantos más, buscando reflejar las nuevas exigencias de una era de profundas contradicciones sociopolíticas, con nuevos lenguajes y nuevas perspectivas.
En este Año Internacional de las Lenguas Indígenas, valoramos particularmente el esfuerzo creativo de quienes sueñan y escriben en nuestro imperecedero idioma guaraní, buscando derrotar el arraigado mito de que es una lengua esencialmente oral y que tanto su escritura, como su lectura, resultan difíciles. Las novelas en guaraní, Kalaíto Pombéro de Tadeo Zarratea; Pore’y rapé, de Hugo Centurión y Tatukua de Arnaldo Casco, sientan las bases de otra narrativa, la que rescata y refleja al Paraguay más profundo y ancestral, que se complementa también con una abundante colección de libros que exponen una larga tradición de relatos y poesía en guaraní, con la herencia de queridos maestros como Rosicran, Carlos Martínez Gamba, Félix Fernández o Félix de Guarania, hasta actuales batalladores poetas, escritores y académicos del guaraní, Susy Delgado, Feliciano Acosta, Miguel Ángel Meza, Mario Rubén Álvarez, Ramón Silva, entre muchos otros y otras, entre quienes ocupan un sitio preponderante Alba Eiragi Duarte, poetisa y escritora Ava Guaraní, y Brígido Bogado, poeta y escritor Mbya Guarani, ambos miembros de la Sociedad de Escritores del Paraguay, exponentes genuinos de una cultura sobreviviente que tiene tanto por decir y por contar. Además, nuestra literatura tiene una gran deuda pendiente con las demás lenguas de los 19 pueblos indígenas, ya que hasta ahora existen pocos relatos y poemas escritos en ayoreo, yshir, tomaraho, nivaclé, maká, manjui, enlhet, enxet, guaná, sanapaná, angaité, toba maskoy, qom, pai tavyterá o aché.

La literatura paraguaya actual es amplia, diversa, rica y abarcante. Hay una cada vez más sostenida creación poética y narrativa de mujeres, que no solo expresan la mirada femenina en la producción literaria, sino que además ejercen un rol pedagógico para lograr el paulatino cambio de chip mental de una cultura patriarcal machista, en busca de una más tolerante, que reconozca los derechos de las mujeres, como de quienes tienen opciones sexuales diferentes y de otras minorías aún discriminadas. Resulta meritoria la tarea que realiza la organización Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA), que ha publicado varios libros que recopilan relatos escritos por mujeres. Es extensa la lista de autoras paraguayas, pero quiero rendir a todas ellas un homenaje en la persona de la maestra Maribel Barreto, prolífica escritora, docente y ensayista, ganadora del Premio de Novela Roa Bastos 2017 con su novela Codicia, quien ha presentado recientemente su último libro, Hijo de la revolución, un retrato desde la ficción sobre las revueltas de principios del siglo XX y lo que implica ser mujer en el Paraguay. Ella tenía que haber estado con nosotros en este encuentro, pero un problema de salud se lo ha impedido.

La creación paraguaya más tradicional, habitada principalmente por obras de denuncia social en un ámbito histórico y rural, ha ido mutando hacia una narrativa urbana que abarca géneros como el relato policial, la ciencia ficción, el horror gótico, el trilher político, las historias de aventuras. La aparición de grupos y comunidades de jóvenes narradores urbanos, como el centro cultural Literaity o la Asociación Literaria Arandú, respaldados por pequeñas editoriales independientes, están consolidando una emergente narrativa rebelde, innovadora en su forma y en su lenguaje, amplificada con los recursos de las redes sociales en internet y las plataformas digitales. Patricia Camp, Christian Kent, Orlando Orué, Diego Ayala, Damián Cabrera, Yems Aguilera, María Zaracho Robertti, Sebastián Ocampos, Cave Ogdom, Ricardo Loup, Ana Miranda, Lourdes Benítes, Edu Barreto, son algunos de esos nombres. (De ello nos habla con más detalles la compañera Norma Flores Allende, en su reveladora plataforma digital #Urumbe).
Una mención especial merece el trabajo de edición digital del grupo Tiempo Ediciones y Contenido, que hoy permite que los libros paraguayos estén al alcance de cualquier lector de libros electrónicos en el mundo.
Destacamos también el innovador eco de una literatura fronteriza, que se nutre de los contrastes culturales en regiones compartidas con colectividades inmigrantes brasileñas, o de ascendencia asiática o europea. La novela Xirú, de Damián Cabrera, es un ejemplo de esa narrativa que refleja los torbellinos de tierra roja en el Alto Paraná, los conflictos ambientales de la llamada Guerra de la Soja. El grupo de escritores y poetas que experimentan con el lenguaje triplefronterizo, en una onda cultural denominada “portuñol selvagem”, principalmente desde editoriales cartoneras, constituyen otro irreverente movimiento innovador de nuestra literatura.
Igualmente sentimos como muy cercanos y como parte de nuestra historia a los narradores paraguayos o descendientes de paraguayos que escriben desde afuera de nuestras fronteras, especialmente a un nutrido grupo de autores en Argentina como Gilberto Ramírez Santacruz, Éver Román, Mario Castells, Ivan Silvero, entre otros. Hay en sus obras una linda herencia de la épica literatura del exilio, la que ha dado vida a muchos de nuestros mejores narradores y narradoras.
Las obras que ayudan a rescatar la historia y la memoria también siguen componiendo una de las vertientes más prolíficas de los autores y las autoras del Paraguay, no solamente las que permiten no olvidar los horrores de la dictadura stronista, sino las que significan episodios más lejanos desde nuevas perspectivas. En ese sentido, tanto las novelas históricas como los relatos de la Guerra del 70 adquieren especial significación en la conmemoración por los 150 años de aquella contienda. En ese campo, nuestra más reciente contribución personal une el rescate de un episodio silenciado durante el stronismo con la investigación periodística, en nuestro libro “Mengele en Paraguay”, sobre la protección dada por el dictador Alfredo Stroessner al médico criminal nazi Josef Mengele, que presentamos en esta Feria.
Como soy también guionista de obras de cómics, destaco el especial auge que la narrativa dibujada ha tenido en los últimos años en el país, principalmente con obras dedicadas a la gesta de la Independencia, la Guerra del 70, la Guerra del Chaco y la dictadura stronista, como a la adaptación de grandes clásicos de la literatura paraguaya para una mejor divulgación en colegios y escuelas. Contamos con el aporte de grandes narradores, como nuestro universal Robin Wood, y el esfuerzo editorial de escritores y dibujantes como Javier Viveros y Roberto Goiriz, además de un loable esfuerzo de la editorial Servilibro, que ha creado una colección especial dedicada al comic paraguayo, donde se suman proezas como la edición de los diez álbumes de Mafalda, del genial Quino, en versión traducida por la docente María Gloria Pereira al idioma guaraní.

Son solo algunos de los puntos que destacamos en estas consideraciones generales sobre la literatura paraguaya actual. Somos conscientes del desafío que implica escribir y contar historias en un país que sigue intentando construir una institucionalidad democrática entre los sobresaltos autoritarios y los embates de una cultura conservadora, que padece a una clase política mediocre y poco sensible a las necesidades populares, pero lo hacemos motivados por la lucha de sectores sociales que emergen y se movilizan cada vez con más fuerza por derrotar a la corrupción, obteniendo inéditos logros en derrocar a líderes mafiosos y a estructuras autoritarias. Sabemos que en la medida en que nuestra labor sintonice con esos genuinos esfuerzos, nuestra obra tendrá un mejor sentido y aquella primigenia soledad del Padre Primero Ñamandú también nos va a pesar cada vez menos.
_________
(Ponencia presentada en la 45a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, domingo 5 de mayo de 2019. Representación de escritores paraguayos en la mesa "Literatura e Historia del Paraguay actual", con Gilberto Ramírez Santacruz, Norma Flores Allende, Manuel Martínez Domínguez y Javier Viveros. El video que ilustra la nota es de Norma, de su plataforma #Urumbe)



viernes, 28 de diciembre de 2018

Mengele en Paraguay: 2018, el año en que fuimos best seller



“Te pido disculpas por no estar en el lanzamiento de tu libro Mengele en Paraguay. Llegué tarde con mis hijos y ya no pudimos entrar. El salón estaba lleno y no quedaba lugar. Pasaré mañana por Servilibro a adquirir mi ejemplar y luego te lo acerco en el diario para que me autografíes. Parece que han creado un best seller. ¡Éxitos!”.

El mensaje de un apreciado amigo en el wasap nos daba la verdadera dimensión de lo que estaba sucediendo en esa mágica noche del martes 29 de mayo de 2018, cuando nos tocó presentar nuestro largamente esperado libro, escrito en colaboración con Desirée Esquivel y Narciso Meza Martínez, y exhibir por primera vez al público la película documental De Auschwitz a Hohenau, dirigida por Desirée.
Desde que, en marzo de 2014, con Narciso habíamos empezado a publicar en el diario Última Hora los primeros reportajes investigativos sobre la vieja casa rural alemana de Hohenau en la que estuvo refugiado clandestinamente el famoso médico nazi y criminal de guerra Josef Mengele, apodado El Ángel de la Muerte, tuve la certeza de que este tema interesaba por demás a los lectores y de que un futuro libro al respecto alcanzaría a tener buen éxito.
En esa perspectiva, durante más de tres años nos tocó profundizar las investigaciones sobre Mengele y la vigencia de los nazis en el país. Con nuestro testigo clave, el ex intendente de Hohenau, Bonibaldo Nisi Junnghans, el hombre que convivió durante casi dos años con el médico nazi, regresamos hasta la antigua casa de los Krug, en Poromokó, a 16 kilómetros del núcleo urbano de Hohenau y pudimos grabar con él una larga entrevista testimonial en video.
En el proceso de las indagaciones pudimos acceder a documentos desclasificados de la CIA norteamericana y del MOSSAD israelí acerca del caso Mengele. Además, hallamos varios papeles valiosos en el Archivo del Terror del Museo de la Justicia y principalmente logramos otros testimonios muy valiosos que hasta entonces habían permanecido sin difundirse, como la historia de Sonia Tauber, la ciudadana polaca sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz que en 1965 reconoció al Ángel de la Muerte cuando este ingresó como anónimo turista para comprar un reloj en su joyería, en la histórica Recova del Puerto de Asunción.
Paralelamente, Desirée –quien se había sumado al proyecto en 2016- fue registrando en video todo el proceso investigativo, al principio para usarlo como un material promocional del backstage o detrás de escena, a fin de publicarlo en las redes sociales en internet, luego advertimos que teníamos tanto material valioso, con el que podíamos armar perfectamente una película documental que acompañe al libro. Aunque carecíamos de fondos para financiar este proyecto, pudimos hacerlo de modo casi artesanal, con la ayuda de varios amigos.
Finalmente, en mayo de 2018, el libro y la película estaban listos para salir al encuentro del público.
Desde meses antes, con Desirée creamos una cuenta en Twitter (@Mengelepy) y una página en Facebook (Mengele en Paraguay), en donde fuimos publicando avances sobre ambos materiales. Muy pronto nos dimos cuenta de que una gran legión de futuros lectores se había enganchado a la propuesta y compartía los avances, arrobando a otros amigos y amigas. Se estaba creando una especie de club de seguidores de Mengele en Paraguay.
Cuando decidimos hacer la presentación en el auditorio Josefina Plá de la Universidad Autónoma de Asunción, muchas personas nos advirtieron que el lugar era “demasiado grande” e iba a resultar muy notoria la escasa concurrencia. La capacidad de la sala es para 450 personas sentadas.  Nunca acude tanta gente a una presentación de libros”, nos dijo un colega.
Aun así, nos arriesgamos. Nuestra editora, la querida e impagable Vidalia Sánchez, directora de Servilibro, pidió a su gente llevar 150 ejemplares para el stand montado en la entrada. “Me pareció que era una cantidad más que suficiente, en los lanzamientos de libros nunca se venden más de cien ejemplares”, nos dijo esa noche, cuando a poco más de media hora ya se habían agotados todos los libros y muchas personas se mostraban descontentas por no tener su copia para ser autografiada. Durante la proyección de la película veíamos cómo la sala se iba llenando, con personas sentadas en el piso o recostadas por las paredes. Esa noche fuimos plenamente conscientes de que la recuperación editorial de un tema durante mucho tiempo silenciado, como aporte a la memoria histórica de un país, podía convertirse también en un verdadero fenómeno cultural.
Aquello fue solo el inicio. Un par de semanas después, una encuesta realizada en la Feria Internacional de Libro de Asunción confirmó que Mengele en Paraguay había sido el libro más solicitado por los asistentes al ya tradicional evento. La presentación del documental De Auschwitz a Hohenau en un devedé anexo durante la Feria también fue recibida con entusiasmo por el público.
Esa misma respuesta la tuvimos después en otras ferias regionales en las que el libro y el devedé también fueron presentados, como en las de Villarrica, Encarnación y en Bella Vista - Colonias Unidas, esta última parte del escenario de la misma historia que estábamos contando.
El temor inicial que teníamos los autores de que los pobladores de las Colonias Unidas de Itapúa pudieran sentirse disgustados por remover un tema que ellos habían guardado en silencio durante más de medio siglo, pronto se vio disipado con las felicitaciones que recibimos por el trabajo realizado. El propio intendente municipal de Hohenau, Francisco Morales, nos pidió que le autografiemos su ejemplar y nos comentó que nada le gustaría más que convertir a la antigua casa de los Krug en un sitio de atracción turística, ante la cantidad de visitantes que empezaban a llegar para conocer el lugar tras la publicación del libro, pero que se encontraban con la oposición de los actuales propietarios en permitirles el ingreso.
Los reportes de lectores que nos enviaban fotos con sus ejemplares recién adquiridos o recibidos desde distintas localidades del país y desde remotas ciudades del mundo, también se volvió una constante. En apenas tres meses de haber sido presentado, Mengele en Paraguay ya conocía su tercera edición.
Más allá de la estupenda recepción y de los elogiosos comentarios, la edición de esta obra nos permitió confirmar lo siguiente:

1).-Es posible hacer investigación periodística en libro en el Paraguay, generando un buen impacto social.
En un momento en que los grandes diarios y principalmente los canales de televisión están recortando las unidades investigativas en sus Redacciones por reajustes económicos o falta de mejor visión empresarial, la posibilidad de encarar esta tarea en el formato de los libros, con el respaldo de una editorial importante, puede significar una opción alternativa para desarrollar el periodismo de investigación en el país. El desafío es abordar una historia que interese al público y llevarlo a cabo con rigurosidad técnica y buen estilo narrativo.

2).-Existe un gran interés por el rescate de la memoria histórica.
Aunque se crea falsamente que el periodismo solo debe abarcar los temas de actualidad y que “lo viejo no es noticia”, los temas que tienen que ver con la cuestión histórica o el pasado político siguen despertando mucho interés, más aún cuando la investigación saca a luz temas que han permanecido ocultos, aunque estos hayan transcurrido hace cierto tiempo. En este contexto, las historias que tienen que ver con la Segunda Guerra Mundial, la presencia de los nazis en nuestra región y las revelaciones sobre la dictadura stronista siempre tienen muchos seguidores.
     
3).-En plena época de la escritura digital, revalorizamos el soporte del papel, pero con una proyección multimedia.
Mengele en Paraguay es un libro que fue trabajado con un formato tradicional para quienes siguen prefiriendo leer en papel, reivindicando a la más clásica industria editorial, pero a la vez tiene una fuerte presencia en el mundo audiovisual y digital a través del filme documental que lo acompaña en formato devedé, como en el intenso despliegue que realizamos de sus contenidos anexos en Facebook y Twitter. “Les felicito, ustedes son los primeros escritores paraguayos que usan adecuadamente las redes sociales”, nos dijo una lectora en la Feria Internacional del Libro. No es verdad, conocemos a muchos colegas que también usan muy bien las redes, pero nos hizo bien saber de esa percepción.

Sentimos que el 2018 fue solamente el inicio de una larga caminata para este proyecto narrativo. ¡Muchas gracias por acompañarnos…!

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P. D.: Por ser el principal autor del libro el actual presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP), hemos optado por no presentar la obra a los certámenes literarios que se realizaron en el año, a fin de evitar suspicacias propias de nuestro ambiente. El mejor premio para nosotros ha sido la preferencia y el cariño de los lectores, algo a lo que esperamos seguir correspondiendo en nuestros próximos proyectos.












































lunes, 2 de julio de 2018

Elecciones 2018 en la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP)



Movimiento Jahai Ára Pyahu

Escribamos un nuevo tiempo

Queridas amigas escritoras y queridos amigos escritores del Paraguay:

Destacados colegas de las letras nos piden asumir el desafío de encabezar una lista para pugnar por la comisión directiva de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP), en la próxima asamblea del 27 de julio, con el propósito de trabajar junto con un dinámico equipo por el sostenimiento de nuestra entidad.

La lista que proponemos es la siguiente:

Presidente: ANDRÉS COLMÁN GUTIÉRREZ
Vicepresidente: SUSY DELGADO

MIEMBROS DE LA  COMISIÓN DIRECTIVA
MARÍA EUGENIA AYALA
MARCOS IBÁÑEZ
JULIO SOTELO (Itapúa)
JOEL RECALDE (Alto Paraná)
MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
MIRTA ROA
OSVALDO GONZÁLEZ REAL
ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE
MILIA GAYOSO MANZUR

SÍNDICOS:
Titular: CLOTILDE CABRAL
Suplente: LISANDRO CARDOZO

Desde su fundación en octubre de 1987, nuestra organización tiene una rica trayectoria en la historia cultural del Paraguay, en la defensa de los intereses gremiales, la promoción del arte en general y literario en especial, que reconocemos y deseamos engrandecer.
-Buscamos dar continuidad a los muchos proyectos implementados por las anteriores comisiones directivas y responder a las nuevas exigencias de la creación y difusión de obras literarias, en una era de nuevas plataformas de difusión.
-Trabajaremos por perfeccionar la legislación de protección de los derechos autorales, por abrir nuevos canales de difusión y proyección de la obra de los escritores paraguayos a nivel internacional.
-Impulsaremos el diálogo y la unión de autores de diversas formas de creación, antiguas y nuevas, populares y urbanas, buscando acercar a quienes aún no tienen contacto con nuestra sociedad y sumar aportes que ayuden a dinamizar las acciones de nuestro gremio.
-Pondremos especial énfasis en proseguir con un mayor rescate y valorización de nuestra cultura con raíces indígenas, impulsando la creación literaria y artística en nuestra lengua guaraní y en otras lenguas de nuestros pueblos originarios, como en el reconocimiento de expresiones nuevas de los creadores más jóvenes.
-Llegamos hasta ustedes con nuestras propuestas y les pedimos su apoyo, su voto, su participación, para hacer realidad lo que pregona el nombre de nuestro movimiento: Jahai ara pyahu, escribamos un nuevo tiempo.

Asunción, julio de 2018.

lunes, 26 de febrero de 2018

El trueno entre las sábanas

Un cuento de Andrés Colmán Gutiérrez

Ilustración de Juan Moreno


L
a espasmódica lancha militar, cargada de jóvenes reclutas, atracó en horas de la tarde junto a las altas barrancas de Puerto Casado. Augusto había hecho la mayor parte del viaje acodado en los bordes de la embarcación, observando el paso de las aldeas, devolviendo el saludo de los pobladores y apreciando las fugitivas siluetas de las palmeras en el agreste paisaje costero. Después del mediodía, las altas chimeneas de la fábrica emergieron en el horizonte.
–¡Tengan cuidado al bajarse, reclutas! –gritó un oficial desde la proa– ¡Manténganse en fila, que van a ser inspeccionados…!
Junto al muelle había buques artillados y lanchas cargadas de provisiones, varias tiendas de lona, camiones y tropas de soldados en marcha.
–¡Ya estamos en el Chaco, Carpincho! ¡Comienza la gran aventura…! –exclamó Carlos, mientras recogía la pesada maleta que traía consigo, como si iniciara una gira por Europa.
Augusto llevaba un raído bolso de lona, el mismo que lo acompañaba desde Iturbe con un par de camisas y pantalones, calzoncillos, medias, toalla, navaja, linterna, cuaderno, plumas y media docena de libros. Mientras subían por un precario puente de maderas, contempló las escenas con la misma voracidad con que miraba todo desde que se fugaron del Colegio San José, ilusionados con sumarse a los batallones de soldados que iban a pelear contra Bolivia.
En la fila tras bajar a tierra, se encontró frente una mesa y a un severo oficial con una planilla, que lo miró inquisitoriamente.
–¿Nombre y edad…?
–Augusto José Antonio Roa Bastos, 18 años, mi capitán.
–¿Mba’e…? Soy sargento. ¡Pero usted no tiene 18 años…! ¡A ver, sus papeles!
Tratando de disimular su nerviosismo, el adolescente le pasó una arrugada partida de nacimiento.
–¡Acá dice que tiene apenas 16! ¿Se escaparon de la escuela…? –le reprochó el militar.
–¡Queremos ir al frente a pelear por la Patria, mi sargento! –contestó Augusto, tratando de que su voz no sonara tan infantil–¡Estamos preparados…!
–¡El general Estigarribia me va a mandar fusilar si envío a otro mita’i tepotí al frente…! ¡No…! ¡Se van a quedar aquí, trabajando como tambovera! ¡Llévenlos a la cocina…!
Dos energúmenos de verde olivo lo agarraron de los brazos. Otros se llevaron a sus compañeros. Augusto se sacudió y trató de liberarse.
–¡No…! ¿Qué hacen…? ¡Déjenme…!
Cuando intentó escapar, uno de los energúmenos lo aferró del cuello, lo alzó por los aires como si fuera un muñeco de trapo y lo arrojó al suelo con tanta violencia, que al caer levantó una nube de polvareda.
Tosiendo y escupiendo sangre, intentó incorporarse. Al levantar la vista vio unos ajados zapatos de mujer, dos piernas macizas y morenas, un guardapolvo de campaña que alguna vez fue blanco y un picaresco rostro femenino enmarcado por una cofia de enfermera. Con los brazos cruzados, la mujer lo miró divertida y luego le pasó la mano para ayudarlo.
–¿Estás bien, querido…? –le preguntó ella.
–Sí, no fue nada –dijo el chico, mirando al suelo.
La mujer tendría unos 25 años de edad y parecía deleitarse al sentir que los oficiales y soldados la miraban embobados.
–Sargento Silva, necesito un ayudante en la enfermería. ¿Me puedo quedar con este? –dijo la mujer, tomando a Augusto del brazo como si fuera una mascota, mientras encaraba al oficial de las planillas.
–Otra cosa lo que vos buscás, Salu-í –respondió Silva, clavando en ella sus ojos lujuriosos–, pero está bien. Quedate con él. ¡Los demás, a la cocina…!
La mujer ayudó a Augusto a recoger su bolso. Sonrió al sentir que el sargento Silva se le aproximaba por detrás, hasta quedar muy pegado a su cuerpo.
–¡Esta noche te paso a cobrar los favores que ya me debés…! –le dijo.
–¡Ay, che papá…! Siempre que no vengas con las manos vacías…
Salu’i oprimió los cachetes de Silva entre sus dedos con un fingido aire de seducción y después le dio un suave empujón, obligándole a tomar distancia.
–Vení conmigo –Le indicó a Augusto-. No te preocupes, pronto verás otra vez a tus amigos…
Él se echó el bolso al hombro y la siguió.
Mientras iban caminando, pasaron junto a ellos varios camiones, con las carrocerías repletas de eufóricos reclutas.
–¿Van al frente…? –preguntó Augusto–. ¡Quisiera tanto ir con ellos…!
Salu’i lo encaró con un gesto sombrío que alarmó al chico.
–Eso decís porque no sabés lo que hay allá. Yo los veo ir así, tan llenos de vida, pero casi todos vuelven en pedazos… ¡si es que vuelven!
El adolescente sintió que ella no lo entendía, que ninguno de los que estaban allí lo entendían. Se puso repentinamente furioso.
–¡Yo vine al Chaco para vivir grandes aventuras y conocer historias, no para servir en una cocina o un hospital…!
Ella lo miró con severidad maternal.
–La guerra no es una aventura, mita’i. ¡Es una pesadilla!
Siguió caminando, de prisa, con visible enojo. Augusto corrió tras ella. El polvoriento sendero se alejaba de las casas del puerto hacia un sector en donde había enormes galpones y tiendas de carpas con cruces rojas y blancas.
Ella volvió a detenerse y a encararlo de nuevo. Su enojo había desaparecido.
–¿Para qué querés conocer las historias?
–Para ponerlas en un libro. ¡Quiero ser escritor!
Augusto abrió su bolso y le mostró un cuaderno grande, de tapas duras. Ella le guiñó un ojo, sonrió y le hizo un gesto para que la siguiera hacia una de las grandes tiendas. Abrió con la mano una de las puertas de lona.
–Entonces, estás en el mejor lugar. Mirá… ¡aquí están tus historias!
El chico se asomó.
Le costó acostumbrarse a la fresca penumbra de donde brotaba un fuerte olor a matadero, a carnicería, a alcohol y a medicamentos.
–¡Ñandejara…!
Su mirada recorrió en detalles el horrible cuadro. Largas hileras de hombres esqueléticos tumbados en catres, en hamacas o en el suelo. Algunos de ellos no tenían piernas, ni brazos, ni ojos, cubiertos por vendajes sucios de sangre coagulada. Se escuchaban quejidos y gritos de agonía. Algunos médicos y enfermeras intentaban ayudar a disminuir el dolor.
–¡A… gua…! ¡Por favor…! ¡Tengo… mucha sed…!
El quejido de uno de los pacientes, tumbado en uno de los catres, le hizo estremecerse. El hombre tenía los ojos vendados y las manos despellejadas.
–Mita’i, pásame agua de ese kambuchi. ¡Rápido…! –le ordenó Salu’i.
El dejó su bolso en el piso, tomó el jarro de lata y lo llenó con el agua del cántaro, luego lo pasó a la enfermera, quien sentado a la cabecera del herido le dio de beber con ternura.
Él hombre bebió con desesperación.
–Despacito, che papá. Hay mucha agua…  ya nunca te va a faltar –le dijo Salu’i.
Tras agitados sorbos, el enfermo emitió un suspiro e hizo un gesto con la mano de que ya era suficiente.
–¿Ves…? Ahora, descansá. Cuando quieras más, me pedís.
Ella lo volvió a recostar en la cama y lo cubrió con un saco militar.
Después se levantó y salió al aire fresco. Augusto la siguió.
–¿Quién es…? ¿Qué le pasó…?
–Teniente Miguel Vera. Su pelotón se perdió tras las líneas enemigas. Quedaron sin agua, aislados. Estaban condenados. Un camión aguatero fue en su auxilio, cruzando el infierno. Era una misión suicida. Todos murieron, pero Vera se salvó….
Augusto miró hacia adentro de la tienda. El herido parecía sonreír.
–Andá, pedile que te cuente. Llevá tu cuaderno. Ahí tenés para tu historia…
El abrió su bolso, sacó el cuaderno y una pluma. Parecía indeciso. Ella le dio un suave empujón y él entró a pasos lentos. Desde afuera, Salu’i vio que el chico acercaba una silleta junto a la cama del herido y se sentaba a hablar con él, a abrir el cuaderno y empezar a escribir…
Ella buscó un cigarrillo en los bolsillos, lo encendió y fumó con un deleite contemplativo, acodada sobre una cerca que separaba al hospital de campaña del vasto monte chaqueño.
El sol empezaba a caer entre los árboles de karanda’y, pintando de fuego el horizonte. Ella no podía comprender como podían estar matándose en ese lugar tan maravilloso.
Ya había anochecido cuando escuchó la voz de Augusto.
–Salu’i. ¿Qué hacés…?
Sin darse vuelta a mirarlo, ella le preguntó.
–¿Te contó…?
 –Sí. El chofer de ese camión aguatero, Cristóbal Jara, el que murió para salvarlo, ¿era tu…?
El no terminó la frase. Se recostó por la cerca, al lado de ella.
–Sí –dijo Salu’i y le pasó el cigarrillo.
Él intentó fumar y comenzó a toser. Ella se echó a reír. Era una risa tierna, deliciosa. Después él pudo ver como una sombra de tristeza nublaba otra vez su expresión.
–¿Querés que te acompañe a tu casa…? –le preguntó.
–No. Seguro que el sargento me está esperando. No… esta noche no. Mejor vení conmigo, conozco una cabaña abandonada en el bosque…
Ella lo tomó de la mano para cruzar la cerca y lo condujo a través de un tape po’i entre las malezas de espartillo. Caminaron un largo trecho en medio de la espesura, apenas iluminados por la luz de la Luna, hasta que apareció derruida choza de troncos en medio de un claro.
Ella empujó la puerta, que se abrió con un chirrido. Adentro había un catre de madera con pieles de vaca y oveja, una mesa rústica y silletas. Parte del techo estaba caído y dejaba ver un cielo tachonado de estrellas.
Ella encendió un cabo de vela sobre una botella y el ambiente se volvió más agradable.
–Aquí solíamos venir con Cristóbal. Era nuestro refugio.
Él la contempló en silencio, expectante. Ella se sentó en la cama.
Afuera se escuchaba el canto de extrañas aves, gruñidos de fieras que él no alcanzaba a reconocer.
–¿Sabés…? Ese camión aguatero que se perdió en el Chaco… Me hubiera gustador ir con él… Quedarme allá.
El chico se acercó y se sentó a su lado.
–Algún día escribiré esa historia. Y vos irás en ese camión… Te lo prometo.
En medio de las sombras, a él le pareció ver una sonrisa en el rostro de Salu’i.
Luego escuchó su voz, apenas un susurro…
–Vení…
–Salu’i, yo nunca antes…
–Sí, lo sé. No te preocupes, vení…
Augusto sintió las manos suaves que lo aferraban, lo atraían. Sintió los labios a la vez húmedos y ardientes que encendían su piel, mientras afuera se escuchaba el extraño concierto de animales, los sonidos mágicos de la noche chaqueña, que por esta vez quedaba tan lejos del estruendo de los cañones y fusiles.

***

“Teníamos el proyecto de ir a la guerra, a pasarla bien, pero la pasamos muy mal. Primero, porque no nos dejaban ir a ningún lugar que oliera a combate. Yo estuve en el servicio de enfermería, barriendo, levantando camillas, tamboverá eté, soldadito para todo… Había tenido mis primeras experiencias sexuales en Casado, en el Chaco, con una enfermera, con consecuencias ingratas, una infección que coincidió con un paludismo ultragalopante”. 


(Confesiones de Augusto Roa Bastos en el libro “Caídas y resurrecciones de un pueblo” de Rubén Bareiro Saguier.)