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martes, 22 de febrero de 2022

Del viejo escarabajo verde a la narco camioneta: la caída de Arnaldo Giuzzio

¿Quién no recuerda a aquel dinámico fiscal anticorrupción, que se movilizaba en un humilde auto Volkswagen Escarabajo, marcando el contraste con muchos de sus colegas que andaban en lujosas camionetas todoterreno, cuyo alto costo sería imposible de pagar con sus salarios de funcionarios públicos?

Desde sus inicios como agente fiscal en San Pedro, esquivando los primeros tiros de lo que sería el grupo armado EPP en Sanguina Cué, allá por el 2003, a convertirse en la pesadilla de muchos políticos corruptos y capos del narcotráfico, Arnaldo Giuzzio entendió pronto el valor mediático de los símbolos y evitó desprenderse de su viejo escarabajo modelo 1974, por más que ya tuviera que utilizar los lujosos vehículos climatizados estatales en sus misiones oficiales.

A pesar de provenir de las mismas filas del Partido Colorado más conservador, con una mentalidad que inicialmente respondía al mismo sistema fiscal judicial vigente, Giuzzio supo convertirse sin embargo en un adalid de la lucha contra la corrupción, logrando empatía con un amplio sector de la sociedad y encontrar apoyo en instituciones y organizaciones claves que promovían algún tipo de cambio en el anquilosado sistema político paraguayo, entre ellos los principales medios de comunicación y la propia embajada norteamericana.

En su aplaudida carrera como fiscal abrió investigaciones contra varios jerarcas hasta entonces intocables, como los González Daher, al igual que contra poderosos capos del narcotráfico y el contrabando. Aunque se le cuestionaba que casi nunca concluía sus casos de gran impacto mediático, nada parecía empañar su imagen de justiciero insobornable, que seguía desplazándose en el viejo escarabajo verde sin aire acondicionado.

GIUZZIO, EL POLÍTICO

Era evidente que la política acabaría por tentarlo. Tras renunciar a la Fiscalía, Giuzzio también rompió con su viejo partido colorado y se presentó como candidato a senador por el Partido Democrático Progresista (PDP), de Rafael Filizzola y Desirée Massi, en el 2013. Conocedor de la fuerza de los símbolos, hizo campaña recorriendo pueblos y ciudades en su viejo escarabajo, esta vez pintado de verde. Y como era de esperarse, resultó electo.

En el Congreso, siguió siendo un dolor de cabeza para muchos de sus propios colegas. En 2014, tras el asesinato del periodista Pablo Medina, el senador Giuzzio, con respaldo del entonces ministro de la Senad, Luis Rojas, presentó en el propio recinto del Congreso un extenso informe sobre los grandes personajes de la narcopolítica, implicando a varios legisladores de la época (algunos siguen por allí), como Freddy D’ecclesiis, Marcial Lezcano, Carlos “Chicharo” Sánchez, Cirila Concepción Cubas de Villaalta, Bernardo Villalba y Magdaleno Silva, entre otros, generando un escándalo sin precedentes.

Nunca nadie se había atrevido a tanto.

Aunque fue duramente criticado por un amplio sector de organizaciones civiles por su proyecto de ley retención de datos de tráfico en internet, más conocido como “ley pyrawebs”, finalmente rechazado en 2015, Giuzzio siguió siendo un ídolo en la lucha contra la corrupción. Con la llegada al gobierno de Mario Abdo Benítez, asumió primero como ministro de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), dirigiendo varios operativos de gran impacto, como el que se dio contra el capo Cucho Cabañas, que arrastró consigo al senador colorado Ulises Quintana, de las mismas filas del abdismo.

En 2021 fue nombrado ministro del Interior, desde donde inició una especie de guerra personal (aunque con evidente luz verde del presidente Abdo Benítez), contra el poderoso y controvertido empresario y político Horacio Cartes, expresidente de la República (2013-2018), en una evidente maniobra por frenar su regreso al poder en las elecciones de 2023, a través de candidatos de su entorno, como a tratar de restar su gran influencia en administraciones del Estado, principalmente en el Congreso, en el Ministerio Público y en instancias judiciales.

Desde el cartismo se inició una fuerte campaña política y mediática, especialmente a través de los diversos medios periodísticos del Grupo Cartes, atacando a Giuzzio y reclamando su destitución, con diversas acusaciones de mal desempeño y supuesto enriquecimiento ilícito, que no hicieron mella en el oficialismo.

El ministro contratacó presentando una denuncia contra Horacio Cartes ante la Seprelad (Secretaría de Prevención de Lavado de Dinero o Bienes), acusándolo de lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y declaración falsa. Lo llamativo es que la denuncia no se presentó ante la Fiscalía, sino ante la Seprelad, con un claro mensaje de que Cartes maneja a la fiscala general del Estado, Sandra Quiñónez.

El contrataque no se hizo esperar. El sector político del expresidente puso en marcha un proyecto de juicio político a Giuzzio, que nuevamente fue frenado cuando este acudió a acusar a Cartes ante la Comisión Permanente del Congreso. Por primera vez en la historia reciente, pudimos ver a un ministro del Interior exponiendo ante el Congreso Nacional los presuntos nexos de un expresidente de la República con la estructura del crimen organizado, involucrándolo principalmente en una extensa red de contrabando de cigarrillos y lavado de dinero, todo transmitido en vivo por la televisión. Aunque Cartes seguramente ya está acostumbrado a este tipo de ataques, no disimuló su molestia, cuando en un acto político en Guairá, el 12 de febrero, se refirió a Giuzzio despectivamente como “ministro kavara” (“ministro cabra”, en alusión a su barba estilo chivo).

GIUZZIO, ABATIDO

La pelea dio un vuelco de 180 grados en la mañana de este martes 22 de febrero, cuando nos desayunamos con un reportaje en portada del diario La Nación (principal medio periodístico de los varios que pertenecen al Grupo  Cartes), firmado por el colega Jorge Torres Romero, en el que se revela que Arnaldo Giuzio se había ido de vacaciones al Brasil con su familia, a finales de diciembre, utilizando una lujosa camioneta blindada, que le fue prestada por Marcus Vinicius Espíndola Marqués de Padua, el presunto capo narco brasileño detenido hace un par de día en Brasil, tras una infructuosa búsqueda como parte de la Operación Turf, un operativo fiscal policial antinarcóticos con colaboración brasileña en el Alto Paraná. El reportaje presentó fotos de Giuzzio en compañía del presunto narco, con imágenes de la camioneta utilizada y otros documentos.

Nadie resiste a una contundente revelación de este tipo. Se podrá alegar que los datos pudieron haber sido obtenidos en una evidente operación de inteligencia desde el cartismo, como parte de la guerra política preelectoral entre los dos bandos principales del partido colorado, en donde Giuzzio evidentemente operaba para el sector del oficialismo, con cierto respaldo internacional, pero ello no le quita el valor que tiene como primicia periodística con un gran efecto de bomba mediática.

Giuzzio intentó minimizar los efectos, alegando que Marcus Vinicius era desconocido hasta hace pocos días como objeto de investigación fiscal hasta entonces y que solo había alquilado la camioneta blindada de la empresa Ombu SA, porque su vehículo se averió cuando viajaban al Brasil, pero no pudo mostrar ningún documento que certifique el alquiler. Por el contrario, Gilberto Enciso, gerente de Ombu SA, propiedad de Marcus Vinicius Espindola Marques de Padua, aseguró que la camioneta utilizada por el entonces ministro del Interior, le fue prestada durante varios días por el empresario presunto narco, como un claro favor de privilegio, porque estaba interesado en proveer servicios al Ministerio. Además, agentes de la Fiscalía al frente del operativo afirmaron que desde hace más de un año estaban en conocimiento de que Marcus Vinicius era buscado como presunto narco por la justicia brasileña, y que, por tanto, ni Giuzio, ni la ministra de la Senad, Zully Rolón, podían desconocer tal situación, ya que estaban al tanto de los operativos.

En muy pocas horas, Arnaldo Giuzzio pasó de héroe a villano. Aunque algunos intentaron defenderlo en las redes sociales, alegando que el cartismo le había puesto “una cáscara de banana”, el escándalo fue mayúsculo y muchos más lo condenaron con honda desilusión. El Palacio de López no aguantó el impacto y para la media mañana el jefe de gabinete anunció a la prensa que el presidente Abdo Benítez había decidido “cambiar” a Giuzzio por Federico González.

El acto fue considerado como una victoria del cartismo, que empezó a tener varios efectos políticos, entre ellos el de debilitar las chances de que la fiscala general del Estado, Sandra Quiñónez, sea sometida a un juicio político en el Congreso.

LA MUJER DEL CÉSAR

¿Qué pasó realmente con Arnaldo Giuzzio, para tirar por la borda toda una aplaudida trayectoria? ¿Sucumbió finalmente a las tentaciones del poder narco o fue tan ingenuo, a pesar de toda su larga experiencia contra la mafia, como para dejarse seducir por una costosa narco-camioneta blindada, en una expedición a las playas brasileñas?

Giuzzio se olvidó de la histórica frase que tiene su origen en el año 62 antes de Cristo, cuando el pretor romano (luego dictador) Julio César se divorció de su esposa Pompeya, ante las diversas versiones que manchaban su honor, acusándola de haber participado en una fiesta con otro hombre que no era su marido, acuñando una sentencia que resulta clave en el ámbito político de todas las épocas: “La mujer del César no solo debe ser (honesta o casta), sino también parecerlo”. Es decir, lo que importa en la política no es lo que realmente es, sino lo que se percibe como imagen pública.

La guerra colorada entre Marito y Horacio ha tenido un nuevo desenlace, esta vez cara para el oficialismo, con un escándalo que ha tapado los logros del llamado Operativo A Ultranza, que se desencadenó justamente este martes 22, presentado como “la mayor operación contra el crimen organizado y el lavado de dinero”, a cargo de la Senad, con la colaboración de la DEA de Estados Unidos, la Europol, la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas de Uruguay y el Ministerio Público, con más de 100 allanamientos, con el objetivo de detener a 43 personas, de las cuales ya fueron arrestadas siete, y con unos USD 100 millones en bienes incautados.

Tenía que ser el tema del día, pero el escándalo de la caída de Giuzzio le robó protagonismo.

¿Qué pasará ahora…?

¿Cómo seguirá la guerra preelectoral colorada, que en el fondo es también una guerra de facciones del crimen organizado, ocultas entre bambalinas, o no tanto?

¿Habrá acaso pronto un armisticio, o una rendición con bandera blanca, con un pacto eventual en forma de abrazo republicano, unidos todos de nuevo tras la lista uno?

¿Nos toca ser solamente espectadores agazapados tras las trincheras, listos para recoger los destrozos o sufrir las consecuencias, o acaso tendremos fuerzas o lucidez para construir un alternativo frente de paz y de unidad democrática?

Mientras tanto, un viejo escarabajo verde va camino al Museo del Olvido…

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# Andrés Colmán Gutiérrez

 

 

martes, 5 de octubre de 2021

A propósito de periodistas y facturas falsas…



Hace un par de años, por una desatención mía y por tener fobia a la burocracia, no me di cuenta de que, además de pagar el Impuesto al Valor Agregado (IVA), ya me tocaba ingresar en el grupo de los que pagan el Impuesto a la Renta Personal (IRP). Cuando me avisaron ya tenía una deuda considerable ante la Secretaría de Estado de Tributación (SET) y no me había tomado el trabajo de juntar facturas para poder deducir. Así que no me quedó más alternativa que procurar fondos (que no tenía) para ponerme al día.

Fue entonces cuando algunas personas que conocían mi situación me recomendaron “comprar facturas” para no tener que pagar tanto. Me dijeron que hay gente que te las provee, ponele una factura por valor de diez millones, pero solo te cobran dos millones. Me dijeron incluso que eran facturas legales, que no iba a haber problemas, que “todo el mundo lo hace”, etc. Por supuesto, con mi esposa, Desirée, ni siquiera consideramos la oferta. Hace mucho que aprendí que, en esta vida y en este oficio, es importante aquella frase heredada del antiguo Imperio Romano: “La mujer del César no solo debe ser honrada; sino también parecerlo”. Nos apretamos el cinto, hicimos préstamos y saldamos la deuda. Me sentí identificado con esa canción de Joaquín Sabina: “El tiburón de Hacienda / confiscador de bienes / me ha cerrado la tienda / me ha robado el mes de abril…”.

Ante la triste situación de algunos reconocidos colegas periodistas que han estado en estos días en el ojo de la tormenta por haber estado involucrado en casos de facturas falsas en su rendición por impuestos, descubiertas por la SET, procesados judicialmente y que se han debido acoger al criterio de oportunidad, pagar los impuestos evadidos, además de multas e incluso donar una ambulancia, es oportuno realizar algunas consideraciones.

Los periodistas, que solemos ser sumamente implacables con los políticos y los funcionarios acusados de hechos de corrupción, no podemos pretender que se nos dispense un trato diferente del que nosotros solemos endilgar a los protagonistas de este tipo de noticias. Más que ninguno, nosotros sabemos lo que es el valor de la información, la necesidad de dar explicaciones a la audiencia, y que todo silencio u ocultamiento será entendido siempre como una indirecta admisión de culpabilidad. Si nuestras aclaraciones no son detalladas y transparentes, si no respondemos a las muchas preguntas que quedan flotando, siempre quedarán las dudas de que nuestra historia no acaba de cerrar.

Cuando los periodistas nos encontramos al otro lado de la situación en que muchas veces ponemos -desde nuestros programas o medios de comunicación- a las personas que están en el banquillo de los acusados, no podemos pretender que la popularidad que hayamos podido ganar sea una coraza de impunidad. Es tan cuestionable el silencio corporativo de algunos miembros del gremio para con los colegas, como la saña encarnizada en que caen otros para hacer leña del árbol caído, ya sea por enconos personales, como por razones de competencia comercial o profesional. El mismo criterio de rigurosidad periodística que reclamamos para tratar el tema de cualquier político corrupto debería valer para cuando los protagonistas de la noticia son personas de nuestro propio oficio.

Siento mucho la situación de personas a las que, por diversas circunstancias, les tomé afecto y en algún momento admiración. Una vez más, recuerdo lo que siempre les digo a mis alumnos de periodismo: “Si pretenden construir una trayectoria de periodistas creíbles, cuiden esa trayectoria en cada momento de sus vidas, en cada detalle, en cada palabra que digan, en cada línea de texto que escriban. Alguna vez tendrán un lindo auto o una linda casa, y existe el riesgo de que los pierdan en un choque o en un incendio, pero siempre tendrán posibilidad de volver a juntar dinero y volver a comprarlos. Pero si en algún momento se les descubre accediendo a un soborno, vendiendo una información, haciendo algo ilícito o éticamente reprochable, toda esa trayectoria que antes construyeron se irá al basurero y será probablemente irrecuperable. La credibilidad perdida ya no se recupera como un auto o una casa”.

Soy un periodista esencialmente de prensa escrita. No tengo el nivel de exposición y popularidad que tienen los de la tele. También me resisto a ser eso que ahora está tan en boga, lo que llaman ser “influencer”, que a muchos colegas muy populares les generan altos ingresos por vender su popularidad. Les recuerdo que no es algo ilegal, pero si es una situación reñida con la ética. No se puede pretender ser un informador serio, conducir programas de periodismo o noticiero de televisión, y en la tanda comercial aparecer diciéndole a la audiencia que tal heladera, tal shampú o tal crema de belleza es mejor que los productos de otra marca, solo porque te pagan (aparte de lo que ya ganás por tu oficio de periodista) por decirlo. ¿Cómo creerte lo que me estás contando como información, si al mismo tiempo me estás vendiendo el producto de la marca que te auspicia? O sos periodista o sos modelo publicitario. Si sos ambas cosas, hace ruido.

Recomienda el artículo 13 del Manifiesto Ético para Periodistas del Paraguay (que elaboramos varios periodistas con Semillas para la Democracia): “Salvaguardar la libertad e independencia de la profesión, evitando vender publicidad. No prestar la imagen para promocionar productos o marcas comerciales. Excepcionalmente, participar en anuncios o campañas benéficas, sin recibir retribución a cambio”.

Igualmente, dice el artículo 7 del Código de Ética del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP): “El periodista, en orden a salvaguardar su libertad e independencia, mientras trabaje como tal debe evitar hacer publicidad y propaganda, excepto que se trate de anuncios institucionales de utilidad pública”.

Hechas estas puntualizaciones críticas, envío un abrazo de solidaridad a los colegas que han pasado por este duro trance. Ojalá aprendan la lección y logren recuperar sus carreras profesionales, aunque posiblemente ya nada será como antes.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

 


miércoles, 28 de julio de 2021

Cuba: El diálogo de un Unicornio perdido


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Yunior García Aguilera (Holguin, 1982) es un joven actor y dramaturgo teatral cubano, escritor y guionista de televisión, reconocido por su talento y creatividad, como por su mirada crítica sobre la realidad de su país. Formado en las instituciones oficiales de Cuba, Yunior se ha convertido en una de las figuras más representativas de la nueva generación de artistas que cuestionan al régimen castrista, miembro del colectivo cultural Movimiento 27 N (bautizado así tras haber protagonizado una primera manifestación artística masiva de protesta el 27 de noviembre de 2020).

Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 1946) es uno de los cantautores cubanos más famosos en el mundo, surgidos en el proceso de la revolución castrista figura estelar del movimiento cultural de la Nueva Trova, junto a Pablo Milanés y otros referentes. Autor de emblemáticas canciones como Unicornio, Ojalá, La Maza, Sueño con serpientes, entre otras. Mientras Milanés, al igual que Carlos Varela y otros artistas, han ido tomando distancias del régimen, Silvio se ha mantenido como sostenedor del proceso, y ha hecho numerosas manifestaciones en favor, incluyendo su famosa canción El Necio. Silvio Rodríguez estuvo en Paraguay por única vez en 2009 y cantó con Ricardo Flecha en la plaza del Palacio de Gobierno, como lo contamos en este artículo.

Tras las manifestaciones del pasado 11 de julio en Cuba, iniciado en San Antonio de los Baños, Yunior García Aguilera y su esposa, la productora de cine Dayana Prieto, tras un acto frente a la televisora estatal, en donde pidieron 15 minutos de espacio para dar su versión de lo que estaba ocurriendo, fueron detenidos por la policía, junto a muchos otros manifestantes en todo el país. Este es el testimonio de Yunior sobre su prisión.

Luego de ser liberado, Junior decidió renunciar como miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), organización gremial controlada por el gobierno, del cual formaba parte. “No puedo seguir perteneciendo a una organización que le da la espalda a una parte considerable del pueblo y opta por mostrar obediencia a un poder abusivo. No puedo permanecer en un coro que le canta alabanzas a quienes ordenaron la represión contra los jóvenes y el combate entre cubanos. No puedo ser parte de un grupo de artistas e intelectuales que ha preferido el silencio o la complicidad”, justificó.

Pero quizás el hecho más significativo fue que, tras ser liberado, Yunior decidió escribirle una carta pública a Silvio Rodríguez, uno de sus principales ídolos de juventud, con quien mantiene diferencias por sus posturas políticas, pero también admiración.

El 21 de julio, en su página de Facebook, ilustrándola con una juvenil foto del cantautor, Junior le escribió a Silvio lo siguiente:

CARTA ABIERTA AL PROPIETARIO DE UN UNICORNIO PERDIDO

Silvio, no me importa cuántas veces me digan que es inútil escribirte. Yo también, a veces, soy un necio. Me dirijo a ti porque tu voz me importa, porque crecí escuchándote, porque todavía evito todas las sillas, peligrosas, que me invitan a parar. Te escribo de pie porque sé que el ser humano que fue capaz de crear Sueño con serpientes, no puede hacer una lectura tan elemental de mi generación y sus complejidades. El artista que parió algo tan hermoso como Réquiem, no sería capaz de responderme con susurros ni hipocresías.

Cuba ya no es exactamente la misma que resumiste en aquel barco llamado Playa Girón. Me habría encantado que aquel 27 de noviembre, cuando cientos de jóvenes fuimos en busca de un diálogo real y transformador, hubieses llegado con tu guitarra, a cantar junto a nosotros, en medio de tanta incertidumbre.

Sé que muchos jóvenes rebeldes acaban transformándose en viejos conservadores. Pero no creo que sea tu caso. De vez en cuando nos sorprendes con opiniones auténticamente revolucionarias (en el sentido profundo de ese término), y vuelves a repararnos los sueños y las esperanzas. Pero voy a ser honesto: otras veces levantas un abismo insalvable entre tus utopías y las nuestras.

Ni todo lo que dices es mentira, ni es mentira lo que muchos de mis amigos y yo defendemos. Tú, mejor que otros, sabes identificar cuánto se pueden manipular las medias verdades y cuán fácil resulta convertir a una persona, que no tiene miedo de decir lo que piensa, en enemiga.

Yo no te pido que renuncies a ninguna de tus convicciones. Eso sería absurdo de mi parte. Tú eres (con todas tus contradicciones) una pieza imborrable en este rompecabezas donde nacimos y que seguimos llamando Patria. Pero mis amigos y yo (con las nuestras) también estamos en esa imagen de Cuba que no acaba de armarse. Y no permitimos, Silvio, que nadie nos arroje de la mesa.

Si todavía me queda, después del 11 de julio, una mínima esperanza de diálogo, quiero que sea contigo. No te imagino lanzándonos a un camión de basura ni defendiendo tiendas con un palo en la mano. No te imagino pateando a un joven socialista de 22 años en una estación de policía ni apoyando las condenas de aquellos a los que has regalado tantos conciertos en sus barrios.

Yo te invito.

Regálanos esos 15 minutos que nos negaron en el ICRT. No hacen falta cámaras ni micrófonos. Solo nosotros y nuestros fragmentos de verdades.

No sé si esos 15 minutos hagan que recuperes tu unicornio. Pero quizás nos ayudes a no perder definitivamente el nuestro.

Ojalá.

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Silvio le respondió positivamente.

Se encontraron y conversaron en privado, sin cámaras, sin registros.

Después, cada uno dio su versión de lo que hablaron.

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Escribió Yunior:

Ya conversamos.

Fueron 70 minutos de franqueza en los estudios Ojalá. Ninguno convidó al otro a renunciar a sus posiciones ni principios. Fuimos capaces de confrontar nuestras diferencias desde el más absoluto respeto y preferimos concentrarnos en nuestras coincidencias. Tampoco perdimos tiempo en discutir los temas que no podemos resolver en la práctica ninguno de nosotros. Nos enfocamos en cómo aportar, ahora mismo, al bien de la sociedad cubana, en su conjunto.

Silvio se comprometió frente a Dayana, a Niurka y frente a mí, a abogar por la liberación de todos los presos que participaron en las protestas. Dio su palabra, de modo convincente, de que hará todo lo que esté a su alcance para lograr ese objetivo.

También coincidimos en un proyecto (en su momento se hará público) que podría servir para el comienzo de un debate verdaderamente plural, inclusivo, cívico, respetuoso y amplio, que encuentre los consensos entre la diversidad que hoy nos caracteriza como cubanos.

El encuentro de hoy no se trataba de un combate para encontrar un ganador. Se trataba de Cuba. Y creo que salimos de allí con la certeza de que se necesitan cambios reales, impulsados por vías no violentas, sin injerencias y donde ningún cubano se sienta excluido.

Gracias a todos los que aportaron, con sus opiniones y comentarios, para que este encuentro fuera posible. Falta mucho por hacer todavía. Y lo vamos a hacer sin odio.

Un abrazo.

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Escribió Silvio:

El encuentro con Yunior y Dayana fue bueno, no exagero si digo que fraterno; hubo diálogo, intercambio, nos escuchamos con atención y respeto. Para mí lo más doloroso fue escuchar que ellos, como generación, no se sentían ya parte del proceso cubano sino otra cosa. Me explicaron sus argumentos, sus frustraciones. Traté de hacerles comprender que a mis años también todo resultaba mucho más lento de lo que esperábamos que fuera. ¿Culpa de qué, de quienes? Y hablamos de incomprensiones entre edades diferentes, entre intereses y entendimientos diferentes. Demasiado doloroso para mí que se declaren fuera; no puedo aceptar ese fracaso ni en nombre del dolor por las incomprensiones. Yo también las sufrí y jamás llegué a sentirme fuera. Pero pienso que mi generación fue la inmediata a la insurreccional y que heredamos los motivos de nuestros padres y después, creciendo, sufrimos con ellos lo mucho que ha costado ser soberanos y además socialistas.

Tiene que haber más puentes, tiene que haber más diálogos, tiene que haber menos prejuicios; menos ganas de pegar y más deseos de resolver la montaña de temas económicos y políticos pendientes; menos costumbre de escuchar a quienes hablan lo mismo con las mismas palabras, década tras década, como si las generaciones no vinieran también con sus propias palabras e ilusiones.

Me pidieron que llamara a alguien y que pida amnistía para todos los presos. Recuerdo la última vez que pedí una amnistía. Fue en la Tribuna Antimperialista. Un segundo antes de subir una autoridad me dijo que no lo dijera. Si no digo eso, no digo nada, respondí. Y pude llegar al micrófono. Y entre otras muchas cosas pedí la libertad de aquella gente con quienes no estaba de acuerdo. Y un par de semanas después (no por mi culpa) 70 vidas fueron libres. No sé cuántos presos habrá ahora, dicen ellos que cientos. Pido lo mismo para los que no fueron violentos y cumplo con la palabra empeñada. Ellos no tienen nada que cumplirme porque nada pedí. Ojalá nunca más se sientan fuera (deseo lanzado al aire).

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Así relata e interpreta este episodio la periodista cubana Mónica Baró, en El Estornudo, uno de los nuevos medios periodísticos cubanos que surgieron con internet:

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Se podrán decir muchas cosas sobre Yunior García Aguilera y Silvio Rodríguez, en contra y a favor, sobre el régimen cubano, la revolución, la dictadura, el bloqueo norteamericano, el imperio yanqui, Patria o Muerte, Patria y Vida, lo que ocurre, lo que ocurrirá, tantas cosas de uno y otro lado o viceversa, pero a mí me interesa rescatar el hecho de que dos grandes artistas de diferentes generaciones y posturas políticas puedan sentarse a dialogar y a actuar.

Tal vez por allí haya un camino, no solamente para Cuba, sino también para otros países también con graves conflictos, incluyendo a nuestro querido Paraguay.

 


jueves, 19 de noviembre de 2020

El día en que el folclore y el rock se dieron la mano

Rolando Chaparro inició la fusión entre rock y folclore con su versión de Reservista purahéi en los 90, con el apoyo entusiasta del maestro Agustín Barboza. Ahora que el músico vive un momento delicado de salud, es oportuno rescatar su hazaña artística.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Era, probablemente, 1994. Un concierto de varios artistas en la Plaza de la Democracia de Asunción, en homenaje al gran músico Agustín Barboza (ya fallecido, autor de la música de Mi patria soñada, entre otras grandes canciones). Había folclore, rock, nuevo cancionero, incluso jazz, pero cada uno iba por su lado, sin mezclar los tantos.

Cuando le tocó subir al escenario al grupo roquero Krizhia, su líder, el joven y melenudo guitarrista Rolando Chaparro, anunció que iba a interpretar una versión especial de la guarania Reservista purahéi (letra de Félix Fernández, música de Barboza) en homenaje al maestro. Se vieron gestos de alarma en los rostros de los asistentes, varios de ellos considerados próceres del folclore paraguayo.

La guitarra eléctrica de Rolando inició con estridentes sones la melodía tan característica, en versión instrumental, pero con un innovador estilo de blues, que se enriquecía con cada golpe de rasgueo, con cada arreglo, con cada disonancia.

Las caras de los folcloristas más tradicionales eran para alquilar balcones. No podían concebir tamaño sacrilegio contra el patrimonio histórico folclórico musical. Todos buscaron la reacción del maestro Barboza, seguros de que iba a desaprobar tamaña afrenta a su obra, pero llamativamente el rostro de don Agustín se veía radiante, iluminado, con una sonrisa amplia, mientras seguía atentamente la evolución de ese inusual concierto.

Cuando Rolando y sus compañeros terminaron la interpretación con un fuerte golpe sonoro en la guitarra, ante tímidos aplausos, el maestro Barboza se levantó de su sitio de honor, buscó la escalera y subió al escenario a estrecharse en un largo abrazo con Rolando. Entonces sí, desde el público llegó estruendosa la ovación. La bendición había sido dada. El mito había sido derrotado.

RENOVANDO EL CANCIONERO

Ahora todo eso parece absolutamente normal, pero en esos tiempos mezclar rock o blues con una polca o una guarania era considerado un crimen de lesa musicalidad.

Aunque se hicieron algunos experimentos anteriores, la versión blusera de Reservista purahéi fue un parteaguas que no solo se atrevió a derribar prejuicios, sino que atrajo a toda una corriente de nuevos seguidores y contribuyó a refundar el folclore, despertando el interés de los jóvenes, que por entonces le daban la espalda.

Tras el concierto en la Plaza de la Democracia, el propio Barboza animó a Rolando a grabar el tema. Así lo hicieron en el disco Pasaje al más acá, de Krizhia, editado en 1997, con la voz de don Agustín como introducción, recitando una estrofa de los versos de Félix Fernández. Para que no queden dudas de su apoyo.

Era Barboza, nada más y nada menos. El que fuera cantante de la legendaria Orquesta Ortiz Guerrero, dirigida por el maestro José Asunción Flores. El que formó un trío junto a Félix Pérez Cardozo y Eulogio Cardozo. El que integró aquel histórico conjunto Los Guaireños, con Luis Alberto del Paraná, Digno García y Humberto Barúa para recorrer gran parte del mundo llevando música paraguaya y que después formó el también legendario Trío Los Paraguayos, con Paraná y García.

La versión de Chaparro tuvo un efecto revolucionario en lo cultural. En julio de 1998 pude reunir a don Agustín Barboza y a Rolando en un reportaje para la revista VIDA de Última Hora, con el título: “El folclore y el rock se dan la mano”. Fue en la casa de don Agustín, sobre la calle Primera. Rolando llegó con su guitarra eléctrica y Barboza apareció con su vieja guitarra clásica. Todo un símbolo.

Rescato algunos párrafos del diálogo que mantuvieron:

Agustín Barboza: –A mí me parece lógico que el folclore haya caído en crisis. Un músico, un artista, surge y crea su arte cuando encuentra paz alrededor. Paz en todo sentido. En lo político, en lo familiar. Pero nuestro país ha vivido largas décadas de dictadura, en que la cultura se ha estancado, se ha reprimido. Por eso ahora, en esta nueva era democrática, empieza a renacer la creación. A pesar de toda la confusión política que existe, el arte está resurgiendo y está cumpliendo la importante función de dinamizar la política y la vida de la sociedad, de ayudar a reflexionar.

Rolando Chaparro: –Sí, durante la dictadura hubo mucho encierro. No solo a nivel cultural. Hubo represión política, represión social, y eso repercutió en la cultura. A pesar de todo, hubo creación, pero las propuestas nuevas no eran bien vistas, porque sugerían apertura, romper con el dogmatismo. Por eso los intentos de renovación eran truncados. Hubo creadores como Maneco Galeano, como Oscar Nelson Safuán, que intentaron hacer cosas nuevas.

Y más adelante, un dicho clave del maestro.

Agustín Barboza: –Yo soy optimista. Creo que el cambio está en manos de la nueva generación. Veo que hay muchos talentos. Además, ahora hay medios para capacitarse. Veo que un músico joven como Rolando Chaparro, que viene del rock, tiene una actitud muy respetuosa y patriótica hacia la música folclórica, para hacer una versión moderna. Hay que darles todo el apoyo.

UNA BRILLANTE TRAYECTORIA

En este momento en que el guitarrista Rolando Chaparro atraviesa un difícil momento de salud y sus familiares deben recurrir a la solidaridad pública para costear el tratamiento médico, es importante rescatar historias como estas, junto al reconocimiento de uno de los fundadores del folclore paraguayo.

El aporte de Rolando es inmenso. Aparte de ser uno de los más talentosos guitarristas, referente esencial del rock paraguayo y de haber sentado las bases para dinamizar al folclore para una nueva generación, un dedicado promotor de toda actividad cultural, es además un ser humano generoso, sensible ante las injusticias, luchador por la libertad y la equidad. Su entrega profunda e intensa a la labor creativa le ha cobrado varias veces un costo alto en su salud. Vivir de su trabajo artístico en Paraguay no ha sido fácil y ha resultado mucho más complicado en la pandemia.

Como bien dice en un posteo en Facebook la gestora cultural Techi Cusmanich Renaut: “La trayectoria y la valía de Rolando son indiscutibles, y si hoy requiere de nuestra ayuda y solidaridad, allí estaremos, como siempre. Lo lamentable es que sigan sucediendo este tipo de situaciones. ¿Hasta cuándo? Por qué los artistas, y en este caso en particular, los músicos, deben recurrir a la solidaridad para cubrir necesidades que desde el Estado o las entidades de gestión colectiva deberían estar cubiertas. Es tiempo difícil, la pandemia ha causado estragos, pero este paro podría habernos servido para organizarnos y exigir el cumplimiento de nuestros derechos. Rolando no está desamparado, porque existe gente sensible y solidaria que ayudará a su pronta recuperación, pero pensemos en la cantidad de artistas desamparados que requieren de asistencia social y de salud. El futuro es hoy y la necesidad apremia”.

De eso se trata.

Mucha fuerza para Rolando

 

El reportaje que ilustró el encuentro entre Chaparro y Barboza en 1998.

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(Publicado en la sección Correo Semanal del diario Última Hora, edición sábado 14 de diciembre de 2020).

domingo, 18 de octubre de 2020

Bienvenidos a la dictadura


Andrés Colmán Gutiérrez — @andrescolman

Cuando surgió la posibilidad de que Mario Abdo Benítez, hijo de Mario Abdo Benítez, ex secretario privado del dictador Alfredo Stroessner, llegara a la Presidencia de la República, se encendieron previsibles luces de alarma en un sector crítico de la ciudadanía. ¿Avanzábamos hacia un neo-stronismo, un proyecto totalitario bajo nuevas formas?

Marito, quien inició su carrera en el movimiento Reconstrucción Nacional Republicana, reivindicando la herencia política del stronismo, y luego en Paz y Progreso, liderado por Alfredo Goli Stroessner, nieto del dictador, entendió sin embargo que necesitaba despegarse de ese legado nefasto. Fue asumiendo un perfil más democrático. En el 2017, como presidente del Congreso, se convirtió en uno de los principales referentes de la lucha por la institucionalidad, cuando el entonces presidente Horacio Cartes intentó violar la Constitución para imponer la reelección presidencial.

Desde su llegada a la Presidencia, además de sumar a su Gabinete a ex luchadores contra el stronismo, como Euclides Acevedo y Juan Ernesto Villamayor, Marito habla poco del tirano ex jefe de su papá. A veces, recuerda sus obras para compararse, pero marca distancia cuando dice: “No puedo reivindicar la tortura, la corrupción, el autoritarismo, la persecución a la prensa”. Su ex mentor político y compañero generacional, Alfredo Goli Stroessner, sintiéndose traicionado, lo califica de “inútil” y “cobarde”, recriminándole por no repatriar los restos de su dictador abuelo, para concluir: “Le importa un carajo Stroessner”.

La amenaza de un retorno a la dictadura, sin embargo, está peligrosamente latente en este Gobierno. Más que del Ejecutivo, proviene de la Fiscalía manejada por el cartismo, que ha intentado imputar al escritor Miguel Ángel Fernández y a la activista Diana Bañuelos solo por ejercer el constitucional derecho de protestar. Aún más de la mayoría colorada (con alguna complicidad liberal) en la Cámara de Diputados, que ha violado abiertamente el artículo constitucional que otorga fueros de opinión a los legisladores para suspender a la diputada Celeste Amarilla por acusarlos genéricamente de ingresar a la función con dinero sucio.

Atrás se mueven los hilos del ex presidente Horacio Cartes, que se ha metido en el bolsillo al abdismo con la Operación Cicatriz, acaparando el control de importantes instituciones. Ya sabemos de lo que es capaz Cartes. Marito guarda silencio. Podrá decir que son otros poderes, pero la mitad de los diputados dictadores responden a su movimiento Añetete. Algo tiene que decir, alguna línea tiene que bajar, antes de que el pasado lo devore.

Los abusos totalitarios quedan impunes porque las instituciones que deberían defender el estado de derecho, no funcionan. Fiscalía, Justicia, Contraloría, Defensoría del Pueblo, bien gracias. Miran desde el balcón o son cómplices. La oposición está dividida y arrastra una gran crisis de representatividad. La sociedad civil permanece apática, en mayor parte. Si no surgieran voces críticas, como las del Colegio de Abogados, la Conferencia Episcopal, el Senado, la prensa, esto ya sería dominio del Gran Hermano.

Welcome to the jungle. Bienvenidos a la dictadura. Si no hacemos algo para pararles el carro a estos abusivos, nos va a ir mal.

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(Publicado originalmente en la columna Al otro lado del silencio, sección opinión del diario Última Hora, domingo 18 de octubre de 2020).

domingo, 4 de octubre de 2020

Los héroes del balde de plástico

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

En las puertas del Apocalypse Now, cuando parecía que el mismo infierno se había desatado sobre la tierra, cuando los bomberos se sentían rebasados ante las murallas de fuego… ellos y ellas aparecieron.

Hombres y mujeres en su mayoría jóvenes, gente de barrio, pobladores emergiendo de la cuarentena. Traían en sus manos o sobre sus hombros algunos rústicos baldes de plástico con agua, recipientes reciclados que alguna vez fueron envases de pintura o de aceite, botellones, jarras, palanganas… Hormigas humanas movilizándose ante las exhalaciones de un gigantesco dragón, formando cadenas incansables para arrojar chorros sobre las hogueras ardientes.

¿Qué podrían hacer con tan precario y primitivo sistema, ante la apocalíptica dimensión del desastre? La efectividad no estaba quizás en los resultados tangibles, que fueron muchos e importantes, sino en el mensaje que brindaban: Ante la inercia y la manifiesta inutilidad gubernamental, surgía una impresionante respuesta de solidaridad ciudadana y de heroísmo cívico. 

Aparecieron en los incendios de Areguá, pero se extendieron por diversos puntos del país. Gente haciendo colectas para acercar alimentos y equipos a los bomberos. Gente ofreciendo sus casas a los voluntarios y el agua de sus piscinas para recargar los camiones tanques.

Podría quedarme con las imágenes del dantesco infierno que sufrimos esta semana, con un calor por encima de los 40 grados, cercados por las llamas y el humo tóxico, con cortes de energía eléctrica y de agua corriente de las inoperantes empresas estatales, con la vigente amenaza del Covid-19 y el dengue, con la crisis económica y el sistema de salud al borde del colapso, mientras legisladores, jueces, fiscales y políticos corruptos seguían celebrando el carnaval de la impunidad.

Podría reiterar las críticas tantas veces repetidas y avaladas en pruebas científicas de que la tétrica imagen de un Paraguay en llamas con casi 15.000 focos de incendios solo en esta semana y todo el desastre climático no ocurren por capricho de la naturaleza, sino que son la directa consecuencia de un modelo de supuesto desarrollo agroganadero que privilegia el lucro y destruye el ecosistema, algo que definitivamente no nos gusta, pero no por eso vamos a buscar otro planeta. No, señor Zavala, este es nuestro país y este es nuestro planeta. Quienes los amamos lo vamos a seguir defendiendo y buscando proteger.

Podría poner el acento en seguir denunciando lo que ya tantas veces hemos denunciado… pero hoy prefiero detenerme a reivindicar a estos héroes y a estas heroínas del balde de plástico, que nos han dado un fresco aliento de esperanza entre tanta sofocante y ardiente pesadilla.

Hace años me contaron la conmovedora historia del colibrí. Ante un gran incendio, mientras los demás animales huían en desbandada, el ave pequeña volaba al río más próximo, cargaba agua en su pico y en sus plumas y retornaba a dejar caer las gotas sobre el bosque en llamas. Al ver aquel esfuerzo aparentemente inútil, un león le preguntó qué estaba haciendo, en lugar de ponerse a salvo. El colibrí respondió: “Yo solo hago mi parte. Si todos hiciéramos lo mismo, hace rato hubiéramos apagado el incendio”.

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(Publicado originalmente en la columna Al otro lado del silencio, sección opinión del diario Última Hora, domingo 4 de octubre de 2020).

(Las conmovedoras imágenes que acompañan este texto son de Agustín Martínez, que supo estar allí y dar testimonio con sus fotografías. Lo pueden conocer mejor en este reportaje y seguirlo en su perfil de Facebook ).





lunes, 24 de agosto de 2020

Gracias, Leonardo DiCaprio

 


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman


Estimado Leo: Te agradecemos infinitamente que hayas publicado en tu cuenta de Instagram la estupenda e impactante foto del colega Jorge Saenz sobre la terrible polución que sufre la Laguna Cerro, en la compañía Piquete Cué de Limpio. Gracias al escándalo y a la presión internacional que provocaste, después de cuatro meses de infructuosas denuncias locales, las autoridades del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) se animaron a cancelar la licencia ambiental que ellos habían otorgado y pedir el cierre definitivo de la industria impunemente contaminadora.

Sabemos que lo hiciste por tu motivación ecologista, convencido de que el cuidado de la naturaleza es fundamental para garantizar el futuro. Aunque haya quienes lo vean como una simple pose progresista, para quienes nos sentimos viviendo siempre un poco al borde del Apocalipsis, es una acción fundamental.

Te confieso que nos causa un poco de vergüenza ajena que tenga que intervenir un famoso actor de Hollywood para que nuestras autoridades nos hagan caso, pero así son las cosas por aquí, en este país mágico pero corrupto llamado Paraguay que alguna vez deberías venir a conocer personalmente, para conocer las bellezas naturales que aún quedan en pie y que con mucho esfuerzo algunos tratamos de proteger. A veces nos sentimos un poco como ese tenaz trampero Hugh Glass a quien encarnaste en la película El Renacido del mexicano Alejandro González Iñárritu, que te permitió lograr el ansiado Oscar: sobrevivientes de un paraíso continuamente agredido, en donde los gobernantes y las clases dominantes buscan imponer el lucro comercial al interés colectivo.

Es lo que ocurre, por ejemplo, con nuestro bello e inmenso Chaco, territorio que nuestros abuelos defendieron con sangre en una cruenta guerra en el siglo pasado. Es considerado el segundo ecosistema más importante de Sudamérica, pero está en peligro de convertirse en un desierto. La deforestación ya arrasó con una superficie del tamaño de Suiza, pero la impunidad sigue.

El caso en el que te tocó intervenir es uno más entre tantos, en el que los gobernantes facilitan abrir industrias con la ilusión de que nos traerán el progreso. “Usen y abusen del Paraguay”, había proclamado el anterior presidente a supuestos inversores extranjeros. Así se instaló en Limpio la empresa de curtiembre WalTrading SA. Obtuvo licencia ambiental y arrojó sus efluentes a la bella laguna Cerro, en el mismo ecosistema donde florecen las encantadoras plantas acuáticas conocidas en guaraní como yacaré yrupê (Victoria cruziana). Los vecinos alertaron sobre el violento cambio de color del agua y el olor pestilente, pero las autoridades solo enviaron fiscalizadores a observar y a hacer nada. Recién cuando tu posteo sacudió al mundo, reaccionaron y descubrieron que se estaba cometiendo un crimen ecológico.

Gracias, Leo. Vení cuando quieras, o cuando el Covid-19 te lo permita. En Paraguay te sentirás como en casa y hasta en ambientes similares al de algunas de tus más famosas películas. Aquí también tenemos a un capitán al que hemos aplaudido por conducir muy bien el barco médico gubernamental contra la pandemia, pero que en estos días se va hundiendo inevitablemente como el Titanic.

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del domingo 23 de agosto de 2020.

lunes, 15 de junio de 2020

La democracia en cuarentena



Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Es lo que ocurre cuando creemos estar al borde del Apocalipsis. Acabamos normalizando que el Estado intervenga, cierre fronteras, decrete cuarentenas, ponga barreras policiales y militares, nos prohíba salir de nuestras casas, use nuestro dinero para fondos de emergencia y meta en la cárcel a los rebeldes que osan desafiar las órdenes de la autoridad.

Así nos han acostumbrado tantas películas y novelas de terror biológico y dictaduras futuristas, o nuestra propia historia de largas tiranías y democracias corruptas. Ante el miedo global, la primordial reacción es la de los polluelos que buscan cobijo y protección bajo las alas de mamá gallina, aunque los que manejan el gallinero sean habitualmente déspotas y corruptos.

Cuando llegó la pandemia estábamos tan temerosos de que el fin del mundo nos agarre desprevenidos, sin cama reservada en algún desguarnecido hospital público, que acabamos aceptando de buen grado que el Gobierno decrete un estado de excepción sin ser un estado de excepción, apenas un paquete de medidas en base al Código Sanitario (Ley 836 de 1980) heredado de la dictadura stronista. Revalorizamos el rol del Estado y la importancia de la salud pública, fingiendo olvidar que por tanto tiempo el Estado paraguayo ha sido un Estado fallido, autoritario, corrupto e insensible ante las necesidades de una mayoría pobre y marginada.

Al ver que levantaban murallas a nuestro alrededor para hacernos sentir seguros, aplaudimos como héroes a quienes apenas meses atrás considerábamos villanos, sin darnos cuenta que esas mismas murallas que hoy supuestamente nos mantienen a salvo del temible virus, también nos han quitado nuestras libertades públicas, nuestras fuentes de ingreso, nuestro pan en la mesa y nuestros mejores sueños de un país con igualdad de derecho, justicia social y libertad compartida.

A casi 100 días de este estado de sitio que no es estado de sitio, seguimos sin indignarnos debidamente por los millonarios esquemas de delincuentes políticos y socios del poder para apropiarse del dinero público en nombre de salvarnos la vida. “Están haciendo bien su trabajo médico, no importa que nos roben”, es la consigna. O si la Policía dispara a matar contra una familia que decidió no pasar por una barrera de control, dirigimos el dedo acusador contra el papá irresponsable, por más que un ministro de la Corte nos explique que no ha cometido ningún delito, o que las barreras de control no tienen un respaldo constitucional. No nos interesa. Queremos que el Gran Hermano nos vigile siempre. Nos gusta agachar la cabeza y decir Sí Señor, Volvé mi General.

Afortunadamente existen personas como la activista social María Esther Roa y sus compañeros y compañeras, que no agachan la cabeza y salen a la calle a manifestarse, por más que no guarden la distancia sanitaria que a ellos se les exige, pero a tantos otros se les tolera, y sean imputados por un servil sistema de Justicia mientras tantos legisladores y políticos ladrones siguen libres e impunes. Mi solidaridad con María Esther y con quienes sufren la criminalización por defender los derechos civiles y oponerse a la corrupción. Más temprano que tarde, la democracia también saldrá de su cuarentena.

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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del domingo 14 de junio de 2020.


lunes, 8 de junio de 2020

Los tuits de Giuzzio


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Si hay cosas que te pueden joder el día son los tuits de un ex fiscal anticorrupción a las 6 de la mañana, justo cuando te preparabas a dar una conferencia de prensa sobre la cuarentena sanitaria.

Le sucedió el jueves al ministro de Salud, Julio Mazzoleni, cuando se divulgó el informe de la Comisión Especial de Supervisión y Control de Compras, presidida por Arnaldo Giuzzio, confirmando que se montó un esquema delictivo para compras fraudulentas de insumos médicos con dinero del Estado. No le quedó más opción que atrincherarse en su hierática sonrisa, decir que no leyó aún lo de Giuzzio y anunciar que cancelará los objetados llamados a licitación.

Más que el informe, provocaron pánico los siete tuits que el ex fiscal disparó al hilo antes del desayuno. Giuzzio desarmó la excusa de Mazzoleni de que hubo errores “de buena fe” en las compras por el apuro de la emergencia. “La declaración de urgencia impostergable para la adquisición de insumos o equipos en aras de hacer frente a la Pandemia del Covid-19 no puede ser excusa para una implementación irregular de procesos de compra, ni utilizarse para tapar acciones negligentes en nombre de la Salud”, le bajó Giuzzio en su tuit. Más claro, agua (tónica).

El informe dice que no hay consistencia entre las fechas de designación del Comité de Evaluación del Ministerio de Salud y el inicio del trabajo de sus miembros, confirmando que suscribieron el acta de una compra ya decidida. ¿Mazzoleni sabía que se preparaba una millonaria estafa, la avaló hasta que saltó a luz y recién entonces tomó distancia, sin despedir ni denunciar a los funcionarios involucrados? ¿O no sabía y fue engañado en su buena fe? Entonces, ¿por qué sigue defendiendo la “presunción de inocencia” de los involucrados y se muestra tan poco firme ante la corrupción?

Arnaldo Giuzzio es un tipo cuya visión sobre la vigilancia digital puede ser cuestionada, como cuando impulsó la frustrada “Ley Pyrawebs” como senador, pero es uno de los más coherentes y obstinados luchadores contra la mafia que emergieron dentro del sistema, hasta ahora. Parco y medido al igual que Mazzoleni, no rehúye a la exposición mediática, pero la evita en lo posible. Cada tanto usa Twitter para dejar su huella política. No tiene la asiduidad del ministro de Salud ni tampoco su popularidad (Mazzoleni tiene 437,9 mil seguidores en Twitter, Giuzio tiene 46,1 mil). Informar sobre corrupción no produce el mismo interés que el número de casos de Covid-19, pero probablemente ambos sean esenciales e importantes. El coronavirus nos acecha desde hace tres meses y a veces mata. La corrupción nos acecha desde siempre y siempre mata.

Detrás está Marito, el contradictorio presidente que dice no tolerar la corrupción, pero se enoja cuando los fatos salen a luz y alega que las denuncias obedecen a una persecución política contra su Gobierno y su ministro preferido. El mandatario que respalda a full a Mazzoleni y le duele sacar del Gobierno a sus amigos políticos como Beto Melgarejo (Dinac) o Patricia Samudio (Petropar) a quienes debe favores políticos y económicos de su campaña electoral, pero ante la indignación ciudadana pone a Giuzzio a controlar, quizás sabiendo que Giuzzio es un incontrolable.

En lo personal continúo siendo fiel seguidor de los tuits de Mazzoleni, pero les doy cada vez más atención a los tuits de Giuzzio.
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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del domingo 7 de junio de 2020.