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lunes, 9 de julio de 2018

Las destinadas en Yhú: Operación rescate de una historia olvidada




Más de 2.000 personas fueron confinadas por el mariscal López en 1869. El lugar estuvo perdido por mucho tiempo. A 150 años, el Municipio busca convertirlo en patrimonio histórico y sitio de atracción. Además, una historia en cómic relata esa poco conocida epopeya.  

Andrés Colmán Gutiérrez @andrescolman

Fotos y video: Desirée Esquivel

El 21 de marzo de 1869, en los meses finales de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), un contingente de 2.021 personas, principalmente mujeres, ancianos y niños, empezaron a llegar a la entonces lejana villa de Yhú enviadas en confinamiento por el mariscal Francisco Solano López, por ser familiares de los presuntos traidores, juzgados en los tribunales de sangre de San Fernando.
“A todas las traidoras que iban llegando a Yhú, el juez de paz les anotaba minuciosamente en un libro y les notificaba que bajo ningún pretexto podían alejarse del pueblo a la distancia de una legua, en todas las direcciones, so pena de ser consideradas como desertoras y penadas con lanceamiento”, relata Héctor Francisco Decoud, quien era un niño de 10 años cuando acompañó a su madre Concepción Domecq y a otros familiares en el largo calvario.
Las destinadas permanecieron en Yhú desde marzo hasta setiembre de 1869. El sitio del caserío en donde fueron ubicadas quedó en los relatos orales como Destinada Campamento Kue, pero su ubicación se había perdido en la memoria colectiva.
Tras la publicación de una historieta de Andrés Colmán y Enzo Pertile en el álbum de cómic Epopeya Guerra Guasu en 2016, Eladio Jara, padre del actual intendente municipal de Yhú, Arturo Jara Espinoza, ayudó a encontrar el sitio, un campo desolado a 3 kilómetros del centro urbano, al costado de la flamante ruta 13. 

Así se ve actualmente el lugar donde estuvo el campamento de las destinadas, en Yhú.
RESCATE. “Es una parte de la historia de la que no se quería conocer tanto, hasta hace poco. Ahora los jóvenes tienen otra visión y es necesario rescatar esta memoria”, dice el intendente Jara, quien busca recursos y apoyo para convertir el lugar en patrimonio histórico y en un sitio de atracción.
"La idea es construir un monumento recordatorio sobre la ruta 13, a la entrada de la ciudad, frente al lugar donde estuvo el campamento, y poder inaugurarlo en el 2019, cuando se cumplirán los 150 años del paso de las destinadas por Yhú”, destaca.
 Eusebio Jara, bisabuelo del intendente, era un niño que pudo presenciar el episodio de las destinadas en 1869 y fue su relato oral, transmitido a sus descendientes, el que ayudó a ubicar el sitio exacto donde estuvo el campamento, al igual que un antiguo cementerio en las cercanías de la Laguna Verá, un espejo de agua que actualmente es también un sitio de atracción natural en las afueras de Yhú.

HEROÍNA. Junto a la puesta en valor del antiguo campamento de las destinadas, las autoridades también buscan rescatar la figura de María Ana Paredes de Villagra, una pobladora yhuense de la época, que es mencionada en las memorias de la madama francesa Dorotea Duprat de Lasserre, una de las sobrevivientes de aquel episodio, como una mujer que desafió las prohibiciones para brindar ayuda humanitaria a las cautivas en la “cárcel sin murallas”.
En sus apuntes, publicados por primera vez en 1871, madama Dorotea relata: “Nunca me olvidaré de esa campesina, de maneras nobles y bondadosas, reuniendo en sí todas las cualidades de una gran señora, que aunque en camisa y haciendo toda clase de trabajos puede sin recelos ocupar un buen lugar en un palacio. Me la figuro siempre con su sonrisa buena y su porte gracioso y majestuoso a la vez, trayendo a mamá el almuerzo a la cama. La mujer que describo es una paraguaya, una excepción, se llama María Ana Paredes de Villagra, nacida y criada en Yhú. Esa mujer me hizo pasar el tiempo sin sentirlo”.
Yhú, a 50 kilómetros de la ciudad de Caaguazú, pudo romper el aislamiento de largas décadas con la culminación del asfaltado de la ruta 13, que se conoció como “la ruta de la mentira” por las promesas incumplidas. La vía conectará con la ciudad de Ypejhú, Canindeyú, en la frontera con Brasil.
Recuperar nuestra rica historia de la época de la Guerra Guasu nos permitirá ofrecer nuevos atractivos a los visitantes”, sostiene Arturo Jara.

Con Arturo Jara Espinoza, intendente municipal de Yhú, en la histórica Laguna Verá.
Portal de entrada a la ciudad de Yhú, desde a ruta que llega de San Joaquín.
RESIDENTAS 
Una historia en cómic, con guion de Andrés Colmán Gutiérrez, dibujos de Enzo Pertile y colores de Edgar Arce, publicada en el álbum Epopeya Guerra Guasu en octubre de 2016, bajo la edición de Javier Viveros.  



























lunes, 28 de agosto de 2017

Sombrero Hũ, el símbolo de una era oscura que persiste en Encarnación


El busto de Domingo Robledo, ex compadre de Stroessner, fue arrancado de la Terminal de Encarnación, pero volvió a instalarse y se mantiene sin placa ni nombre. El escritor Robin Wood lo retrató como un villano de historietas.

#CrónicasDeLaMemoria


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

–¡Ha caído la dictadura del general Alfredo Stroessner...!
Fue la inesperada noticia que el abogado encarnaceno Luis Eliézer Pocho Espinoza Ojeda oyó en una emisora argentina, en la madrugada del 3 de febrero de 1989. Tras confirmar que no era una broma, salió a la calle a respirar hondo. La capital de Itapúa amanecía envuelta en un sepulcral silencio.
Pocho sintió que había llegado el momento de cobrarse tanta injusticia, especialmente por la prisión y los maltratos que le infligieron en 1972, cuando lo llevaron preso junto a otras 21 personas, a las que involucraron en el asesinato del intendente encarnaceno Domingo Robledo, alias Sombrero Hũ, cuando todos sabían que quien lo mató fue el director de Correos, Herminio Palacios, quien además se suicidó tras cometer el crimen.
El abogado buscó una larga cadena y la alzó en su camioneta. Manejó hasta la Terminal de Ómnibus de Encarnación. Estacionó frente al busto dedicado a Domingo Robledo. Rodeó un extremo de la cadena en torno a la cabeza y el cuello del monumento y ató la otra punta a la carrocería del vehículo. Luego puso en marcha el motor, aceleró con mucha fuerza y sonrió al sentir que el busto se desprendía con un golpe seco, cayendo al suelo.
Entonces, Pocho Espinoza recorrió con su camioneta las principales calles de Encarnación, haciendo sonar la bocina y arrastrando el busto de Domingo Robledo, frente a las miradas atónitas de sus conciudadanos, mientras gritaba:
–¡Al fin cayó también nuestro tirano...!


Domingo Robledo (a la derecha) con su característico sombrero negro.
DE VUELTA. Veintiocho años después, el busto de Domingo Robledo Valenzuela, el célebre Sombrero Hũ, todavía permanece frente a la Terminal de Ómnibus de Encarnación.
Llamativamente, no hay placa que revele la identidad del hombre del monumento.
–Señora, ¿sabe usted quién es este personaje? –pregunto a la chipera Ña Felicia.
–No, che karai. Seguro es un héroe de la guerra –dice.
En 1989, el busto de Sombrero Hũ fue abandonado en un vertedero por Eliézer Espinoza. De allí lo recogieron las autoridades de la época y lo volvieron a ubicar en la Terminal, aunque desde entonces hay como cierta vergüenza en rendirle honores.
–La intendenta Élida Bartonchelo le puso una placa nueva con su nombre, pero enseguida alguien sacó y escondió –dice un funcionario de la Terminal de Ómnibus, que pide no ser identificado.

SEÑOR FEUDAL. Nacido en Encarnación, el 20 de diciembre de 1911, de origen humilde, Domingo Robledo fue amigo de infancia y compañero de estudios de su compueblano Alfredo Stroessner, con quien fueron a la Guerra del Chaco en 1932.
"Robledo protegió a Stroessner durante su exilio en Posadas, Argentina, en 1953. Por eso el dictador lo nombró intendente de Encarnación en 1958, cargo que ejerció hasta ser asesinado en 1972", destaca el historiador encarnaceno Julio Sotelo.
Hay quienes lo recuerdan con gratitud por sus obras, como la construcción del estadio del club 22 de Setiembre o la creación del barrio IPVU, pero otros lo hacen con rencor por su ínfulas de señor feudal, déspota y arbitrario, acostumbrado a exigir dinero que luego ya no devolvía.

Con su amigo, el dictador Alfredo Stroessner, admirando una mandioca gigante.

EL FIN. Fue uno de estos préstamos sin devolución el que lo enemistó con su amigo y correligionario Herminio Palacios, jefe de Correos.
"Cuentan que Robledo pidió mucho dinero en préstamo a Palacios. Cuando este fue a pedirle que devuelva, Robledo lo abofeteó y ofendió", narra Julio Sotelo.
El lunes 18 de diciembre de 1972, Palacios vio pasar al intendente en su auto por la avenida Caballero. El jefe de Correos tomó un cuchillo de cocina, subió a su camioneta y lo alcanzó en el cruce con la ruta 1, donde lo embistió y lo tiró a una cuneta. Luego bajó y lo apuñaló reiteradas veces. Enseguida, Palacios se autoeliminó con el mismo cuchillo.
El caso fue aprovechado por el delegado de Gobierno Juan Vicente Ricciardi para encarcelar a 22 adversarios políticos, a quienes acusó del asesinato, a pesar de que todos sabían que solo fue Palacios.
Hoy, el busto de Sombrero Hũ sigue siendo un símbolo en el paisaje urbano de Encarnación. Nadie más se animó a arrancarlo con cadenas.

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El "Sombrero Blanco", personaje de Robin Wood inspirado en Robledo para su serie Morten. 

Un villano de historietas


El gran escritor paraguayo de historietas Robin Wood vivió durante su juventud en Encarnación y conoció de cerca la leyenda de Sombrero Hũ. En los años 80 se inspiró en el personaje, cambiando negro por blanco, para crear a un villano de su serie Morten, dibujada por el argentino Carlos Pedrazzini. El Sombrero Blanco es el alcalde de un pueblo sudamericano, déspota y corrupto, que gobierna a través del terror, hasta que cae en desgracia.

sábado, 4 de febrero de 2017

Paraguay, el paraíso perdido



Por Andrés Colmán Gutiérrez

“…ese Paraguay que el diccionario Larousse, de acuerdo con Le Bottín, califica de Paraíso Terrestre, pero bien sé que no he terminado de buscarlo, que lo buscaré siempre, que buscaré siempre esa ruta perdida, borrada de la memoria de los hombres”.

Esto escribía el novelista francés Georges Bernanos, en un artículo aparecido en la revista Sur, en Buenos Aires, en 1938.
Augusto Roa Bastos asegura que el autor de Los grandes cementerios bajo la luna, quien vivió un tiempo en Brasil, estuvo en el Paraguay buscando su propia “ruta perdida”, “borrada de la memoria de los hombres”.
Otras grandes figuras de la historia o de la intelectualidad universal también anduvieron por el Paraguay buscando su propia Isla de la Utopía: Aimé Bonpland, José Gervasio Artigas, Rafael Barrett, Viriato Díaz Pérez, Guido Boggiani, Josefina Plá, Branislava Susnik…
Pero las experiencias más fascinantes fueron las de grupos humanos que se embarcaron en verdadera odiseas, soñando con encontrar en este rincón del corazón sudamericano su aldea utópica, su paraíso terrenal.

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Existen sobre todo dos experiencias históricas que se desarrollaron casi en la misma época, al final de la Guerra de la Triple Alianza, marcada por utopías de signos ideológicos muy distintos, pero con características muy similares y con parecidos resultados.

** La primera experiencia utópica es la de Nueva Germania, en el actual Departamento de San Pedro, hasta donde llegó en agosto de 1887 una expedición de unas 15 familias alemanas, lideradas por el docente y escritor antisemita Bernhard Förster, junto con su esposa Elisabeth Förster-Nietzsche, hermana del gran filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche. El sueño de la pareja era crear la primera comunidad puramente aria fuera de Alemania, no contaminada por la influencia judía, para demostrar la supremacía blanca, un proyecto considerado pre-nazi, que se anticipaba a los del propio Adolf Hitler.
La experiencia no pudo cuajar, por varias razones: la dureza de la naturaleza que encontraron, los rigores del clima, la resistencia de la mayoría de los demás colonos a cumplir las prohibiciones de Förster de integrarse con los nativos, el despotismo del principal líder… Elizabeth regresó a Alemania y Bernhard acabó suicidándose en San Bernardino. Los demás colonos acabaron integrándose con los paraguayos…

** La segunda experiencia utópica es la de Nueva Australia, en la zona de la actual Nueva Londres, muy cerca de Coronel Oviedo, Departamento de Caaguazú, hasta donde llegó en octubre de 1893 (apenas 6 años después de la llegada de los alemanes a Nueva Germania), una expedición de 220 australianos y algunos británicos, liderados por el periodista y dirigente laborista William Lane, que viajaron hasta Montevideo en el buque Royal Tar, de donde siguieron por otros medios hasta el Paraguay. El sueño de Lane y sus seguidores era crear la primera comunidad puramente socialista en América Latina, una sociedad igualitaria de propiedad en común.
La experiencia no pudo cuajar, por varias razones: la dureza de la naturaleza que encontraron, los rigores del clima, la resistencia de la mayoría de los demás colonos a cumplir las prohibiciones de Lane de integrarse con los nativos, el despotismo del principal líder… Finalmente, tras varios conflictos, Lane y un grupo de 64 personas se separaron y formaron otra comunidad, Colonia Cosme, en Caazapá. En el segundo grupo de pioneros que llegó a Cosme estaba la poetisa Mary Cameron, quien se casó en Paraguay con unos de los colonos, de apellido Gilmore, y tras regresar a Australia se volvió una de las mayores escritoras de dicha nación, toda una celebridad conocida como Dame Mary Gilmore, cuyo rostro está estampado por los billetes de diez dólares australianos. De los descendientes de ese grupo inmigrante surgieron grandes intelectuales paraguayos, como el antropólogo León Cadogan y el escritor de cómics Robin Wood.

Entrada a Nueva Australia, en el distrito de Nueva Londres, Caaguazú.

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En estos días, aprovechando nuestras vacaciones en el diario, estuvimos recorriendo de nuevo lo que quedó de aquellos proyectos utópicos (tan diferentes, pero tan iguales) en Nueva Germania y en las actuales Nueva Australia/Nueva Londres, recabando datos para un proyecto periodístico en libro que se titulará Los perseguidores del Paraíso, que además unirá en un mismo hilo conductor el mito guaraní de la búsqueda del Yvy Maraney (la Tierra sin Mal), el proyecto del entonces agitador social y botánico suizo Moisés Santiago Bertoni, junto a su propia familia y otras 40 familias de agricultores suizos, que el 3 de marzo de 1884 (antes que los alemanes y australianos) se embarcaron en el vapor “Nord América”, impulsado por dos de los mayores pensadores del socialismo anarquista, Elisée Reclús y Piotr Kropotkin, para establecer la primera colonia anarquista en América Latina, en unas tierras obtenidas en Santa Ana, en la actual pronvicia de Misiones Argentina.
La dureza de la naturaleza, los rigores del clima y el continuo ataque de bandoleros frustraron también ese proyecto y Bertoni se quedó solo con su familia, se refugió en Paraguay y acabó transformando su utopía en una gesta científica y familiar en la Colonia Guillermo Tell, en la actual Puerto Bertoni, a orillas del río Paraná, al sur de Ciudad del Este.

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También incluiremos la odisea de los colonos menonitas que llegaron como refugiados al Paraguay en 1927, tras huir del régimen soviético y se establecieron en el entonces inhóspito Chaco Central, donde establecieron una verdadera isla utópica, con sistemas de trabajo, producción y convivencia basados en sus ideas religiosas, que durante varias décadas permanecieron cerradas al resto del país. Aunque actualmente se han integrado mucho más, han perdido parte de su esencia utópica, pero han logrado un gran potencial económico y productivo.

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Finalmente, en un plano más cercano en la historia, contaremos la historia de la colonia San Isidro de Jejuí, fundada bajo inspiración de las Ligas Agrarias Cristianas, en los años 70, en plena época de la dictadura stronista. La comunidad tenía el proyecto utópico de “vivir como hermanos” y producir en común, compartir la propiedad colectiva de la tierra y poner en práctica la caridad cristiana, en la línea de la Teología de la Liberación y de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). Fue asaltada por un escuadrón militar el 8 de febrero de 1975, los pobladores fueron apresados y torturados, y las tierras entregadas a un primo del dictador. Cuatro décadas después, los propietarios recuperaron su tierra y retomaron el truncado proyecto social.

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Primeros colonos en Nueva Germania.
La idea de este libro en gestación es establecer un contraste entre lo que fue y lo que es.
Buscar qué quedó de todo aquello, ¿qué ha muerto y qué permanece vivo en la memoria de quienes descienden de los protagonistas?
De alguna manera quizás podamos descubrir o demostrar juntos que las utopías pueden ser también de distintos colores y pensamientos: pre-nazis, socialistas, anarquistas, protestantes, cristianas, políticas, religiosas… pero siempre resultan movilizadoras.
Las utopías pueden estar equivocadas, pueden fracasar, pueden transformarse por el contraste entre teoría y realidad, pueden reinventarse… pero siempre son necesarias, y son las que nos construyen y sostienen a lo largo del tiempo, de la geografía y de la historia.
Y este Paraguay nuestro, aún con todos los signos del infortunio y la desesperanza, ha sido y sigue siendo un territorio fértil para la construcción de las muchas “Islas de la Utopía”, a través de esa “ruta perdida”, “borrada de la memoria de los hombres”, que decía Bernanos, pero que sin embargo sigue aquí… aún en estos tiempos que parecen tan confusos o retardatarios.
Así que… Los perseguidores del Paraíso estará muy pronto con ustedes, también acompañado con algunos documentales en video que Desireé Esquivel me está ayudando a componer.

¡Nos vemos…!

lunes, 14 de noviembre de 2016

El valiente aventurero que inició la estirpe de los Colmán en Paraguay


Con solo 17 años de edad, el inglés Nicholas Colman se embarcó en 1535 con Don Pedro de Mendoza a la conquista del Nuevo Mundo. Participó de las fundaciones de Buenos Aires y Asunción, perdió el brazo derecho en una pelea, ayudó a fundar Villa Ontiveros y Ciudad Real, dirigió una revuelta en la provincia del Guayrá, de la cual llegó a ser gobernador por breve tiempo, además de regidor de Ciudad Real.
Es el primer Colman que llegó a América e inició la estirpe de los Colmán (con acento sobre la “a”) en el Paraguay.
Con una mujer indígena, hija del cacique Boypitan, de la región del Guayrá, tuvo un hijo también llamado Nicolás, quien ingresó como religioso de la orden franciscana y adoptó el nombre de Fray Juan de San Bernardo, discípulo de Fray Luis de Bolaños. Murió asesinado por los indios paranaes en un ritual antropofágico guaraní y es considerado un mártir de la Iglesia paraguaya.
En nuestra larga genealogía tuvimos a hombres ilustres como el poeta guaraní Narciso R. Colmán, el gran Rosicrán, autor de “Ñande ypykuéra” y también personas infames, como el tristemente célebre general Patricio Colmán, gran represor de la dictadura stronista.
Esta es la historia de aquel valiente aventurero que fue nuestro primer ancestro. Un homenaje a mi familia paterna.

#CrónicasDeLaMemoria

Andrés Colmán Gutiérrez
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Tenía solo 17 años de edad y todos los sueños del mundo. El adolescente inglés Nicholas Colman había dejado atrás a su Hampton natal, al sur de Londres, Inglaterra, en compañía de un grupo de jóvenes marinos ingleses, para llegar hasta el puerto de Sanlúcar de Barrameda, donde la armada española estaba organizando una expedición para conquistar el sur de ese lejano territorio al otro lado del mar, todavía denominado Las Indias, el desconocido Nuevo Mundo hallado por el genovés Cristóbal Colón.
Era el 24 de agosto de 1535. Más de una decena de naves, con unos 3.000 hombres a bordo, zarpaban rumbo a la aventura.
El comandante de la expedición era el caballero Pedro de Mendoza y Luján, nombrado Primer Adelantado del Río de la Plata por el emperador Carlos V.
Había organizado el viaje con los fondos de su propio patrimonio, con el compromiso de fundar tres fuertes y construir un camino real desde el Río de la Plata hasta el Océano Pacífico, reservándose la ventaja de ser gobernador de las tierras conquistadas y quedarse con la mitad de los tesoros que secuestre a los aborígenes y el 90% de los rescates de los prisioneros.
Nacido en Hampton, en 1518, Nicholas Colman era uno de los pocos extranjeros en esa legión de españoles, junto a otros ingleses como él, entre ellos John Ruter, Richarte Limon y Robert Briche. Ya había castellanizado su nombre inglés Nicholas por Nicolás, aunque su apellido seguía sonando sajón.
Varias décadas después, el apellido Colman -que se pronuncia originalmente con un acento sobre la o- también sería transformado fonéticamente en el Paraguay, ganando una tilde pintada sobre la a: Colmán.

El manco inglés

En el grupo de conquistadores expedicionarios, el joven inglés era temido por su carácter irascible y peleador.
“Nicolás era de espíritu aventurero, se destacó siempre por su valentía, su arrojo ante el peligro y su liderazgo, a pesar de ser extranjero y no contar con ninguna hidalguía que lo ayudara a sobresalir entre sus pares”, relatan los historiadores paraguayos Margarita Durán Estragó y José Luis Salas en el libro Testimonio Indígena 1594-1627 (Servilibro, Asunción, 2015).
Aquel viaje inicial fue largo y azaroso. La flota de Mendoza fue dispersada por una fuerte tormenta frente a la costa de Brasil y el adelantado tuvo que desembarcar con las naves y hombres que logró recuperar en las playas de Santa Catalina, donde permaneció largas semanas gravemente enfermo. Su lugarteniente Juan de Osorio se hizo cargo del mando, pero cuando Mendoza se puso mejor lo sorprendió robando y lo hizo ajusticiar.
La expedición llegó finalmente al río de la Plata en enero de 1536. Nicolás Colman participó de la fundación del Fuerte del Buen Ayre, considerada la primera creación de Buenos Aires, en febrero de 1536.
Al año siguiente, Colman formó parte de la expedición del capitán Juan de Salazar de Espinoza, que partió en busca de otra anterior expedición, comandada por Juan de Ayolas, navegando aguas arriba por los cauces de los ríos Paraná y Paraguay, en busca de la  mítica Sierra de la Plata, un lugar que según las leyendas indígenas estaba lleno de metal precioso.
El 15 de agosto de 1537, Colman participó de la fundación del fuerte de Nuestra Señora Santa María de la Asunción. Era la segunda ciudad importante que ayudaba a nacer, la que sería su principal base de operaciones para numerosas expediciones aventureras, en las que fundaría además una genealogía en el Paraguay.   
En una de esas noches de campamento, Nicolás se vio envuelto en una pelea con varios otros conquistadores. En pleno duelo, uno de ellos le cortó y le arrancó el brazo derecho con un fuerte golpe de espada. Resistiendo el dolor, Nicolás tomó otro puñal con la izquierda y lo hundió en el corazón de su adversario, antes de caer mal herido. Desde ese momento quedó manco, pero no perdió la destreza ni la rebeldía, ganándose el apodo de “El manco inglés”.

Nicholas Colman, según una interpretación en cómic del dibujante ADAM.


El gobernador del Guayrá

No hay muchos registros históricos sobre la vida y aventuras de Nicolás Colman, pero se sabe que se quedó a vivir un tiempo en Asunción y participó activamente en la vida política y militar, especialmente en la revuelta que causó la destitución del entonces teniente de gobernador interino Francisco de Mendoza, ante las falsas versiones de que el gobernador Domingo Martínez de Irala había sido asesinado por los indios durante una expedición.
Nicolás fue uno de los líderes de esa revuelta, que depuso a Mendoza y organizó una votación popular en la que el capitán Diego Gonzalo de Abreu resultó electo en el cargo de teniente de gobernador, en 1548.
Pero el intrépido inglés no se quedaba mucho tiempo en un solo lugar. Muy pronto se unió a otras expediciones hacia el corazón de la selva y participó de las fundaciones de nuevas ciudades.
El primer historiador paraguayo, Ruy Díaz de Guzmán, cuenta que su abuelo, el gobernador Domingo Martínez de Irala, había llegado a la zona de las Siete Cascadas del río Paraná, acudiendo al auxilio de algunos caciques guaraníes, entre ellos el cacique Guayrá y el cacique Canindeyú, quienes pedían protección ante el ataque de los pueblos tupíes, empujados por los portugueses a ocupar nuevos territorios hacia el Sur.
La mejor opción para frenar el avance fue fundar nuevos pueblos en la región. Siguiendo la orden de Martínez de Irala, en 1554 partió desde Asunción una expedición con 60 hombres al mando del capitán García Rodríguez de Vergara, con la misión de establecer un poblado en la agreste región. Nicolás Colman era de nuevo uno de los expedicionarios.
La Villa de Ontiveros fue fundada en 1554, en las tierras del cacique Canindeyú, a una legua de las siete cascadas del Paraná, que desde entonces fueron conocidos como los Saltos del Guairá, en honor a otro gran cacique guaraní, en lo que es actualmente la zona norte del estado brasileño de Paraná.
Con la instauración de la Villa de Ontiveros, nacía también la llamada Provincia de la Guayra, o territorio del Guairá, como parte de la tenencia de gobierno general de Asunción, que se mantuvo hasta 1638.
La segunda población que se instaló en la misma región fue Ciudad Real, fundada en 1557 por Ruy Díaz de Melgarejo en la margen izquierda del río Paraná, junto a la desembocadura del río Piquirí, tres leguas más al norte de Ontiveros, en inmediaciones de la actual ciudad de Maringá, también en el norte del estado brasileño de Paraná. Es considerada la base previa de la que luego sería la ciudad de Villarrica del Espíritu Santo, también fundada por Díaz de Melgarejo en la misma región del Guayrá, y que luego se mudaría varias veces de lugar, ante los constantes ataques de pueblos indígenas y portugueses, hasta estalecerse en el lugar que actualmente ocupa, como capital del Departamento de Guairá.
Nicolás Colman participó de la fundación de ambas ciudades, Ontiveros y Ciudad Real, y tuvo una activa presencia en el destino de ambas localidades.   
Alonso Riquelme de Guzmán, padre del historiador Ruy Díaz de Guzmán, era el gobernador de Ciudad Real y en la práctica también de la Provincia de la Guayra.
En su obra “Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata”, Ruy Díaz de Guzmán narra que precisamente Nicolás Colman fue el líder de una sublevación contra su padre, Alonso Riquelme de Guzmán, en Ciudad Real, porque el gobernador se había negado a enviar a España unas muestras de piedras que los pobladores creían eran de gran valor.
“De todos estos que descaradamente se revelaron fue cabeza un inglés llamado Nicolás Colman, que aunque tenía sola la mano izquierda, por haber perdido en una pendencia la derecha, era el más resuelto y atrevido soldado de cuantos allí estaban, como siempre lo mostró, de modo que viendo el capitán Pedro Segura la insolencia y libertad de esta gente, determinó pasar una noche secretamente en unas balsas que hizo de madera, trozos y tablas”, narra Ruy Diaz de Guzmán.
“Estando en efecto ya a punto de hacerse a medio río, salieron de la isla más de 100 canoas grandes y llenas de indios, con que los acometieron estando ya embarcados en las balsas y les dieron una rociada de arcabuces y flechas, y respondiéndoles los de las balsas, que luego se echaron a tierra, mataron a un soldado y algunos indios de los contrarios. Habiéndose prevenido de los necesario, salieron de la ciudad por el río y por tierra, bajo de la conducta de un inglés llamado Nicolás Colman…”, agrega.
En su libro Descripcion e historia del Paraguay y del Rio de la Plata”, el historiador Félix de Azara cuenta la historia de otro modo, pero poniendo también a Nicolás Colman al frente de la sublevación, aunque en la Villa de Ontiveros.
Este es el relato de Azara:
“Los pobladores de la villa de Ontiveros del Guairá, que se componían de muchos partidarios del difunto Abreu y de otros descartados por Irala, viendo que no se les dio parte en la expedición de Irala ni aun noticia estando ellos en la provincia del Guairá, creyeron que no serían comprendidos en el reparto de encomiendas, y con este motivo se alborotaron”. 
“Noticioso, Irala llamó a su comandante García Rodríguez de Vergara, bajo el pretexto de tratar asuntos del servicio del rey, y envió a otro en su lugar, para que mandase interinamente, pero los de la villa no le quisieron admitir. En consecuencia despachó por abril de 1556 a Pedro Segura, con cincuenta españoles e indios auxiliares, para que apaciguase a los de Ontiveros y recogiese algunos que andaban descarriados entre los indios”.
“Llegó Segura al Paraná enfrente de la villa e hizo humareda, que era la señal para que le enviasen canoas en que pasar, pero lejos de esto, tomaron las armas para impedirle el paso; y situándose con sus canoas al abrigo de una isla distante un tiro de arcabuz de otra largar catorce o más leguas, requirieron a Segura que se volviese sin entrar en el Guairá, que era provincia suya”.
“La cabeza principal que dirigía a los de Ontiveros era el inglés Nicolás Colman, manco de la mano derecha y hombre que en esta ocasión y en otras precedentes manifestó mucho valor. Viendo Segura la firme resolución de no dejarle pasar el Paraná, intentó hacerlo de noche con jangadas; pero apenas había embarcado su gente le acometieron muchas canoas tirándole flechas y arcabuzazos, y obligándoles a desembarcar y a retirarse a la Asunción”.
Tras esta rebelión, Nicolás Colman habría asumido el cargo de gobernador del Guairá durante un breve tiempo, hasta que llegó el capitán Ruy Díaz de Melgarejo y se hizo cargo del gobierno de la región.
No hay muchos datos sobre otras andanzas de aquel primer Colman, ni cuántos hijos tuvo. Solo se sabe que uno de ellos, de madre india, se llamaba también Nicolás Colmán, aunque luego cambió su nombre por Juan Bernardo Colmán y tuvo su propia célebre historia.

Fray Juan Bernardo Colmán, según dibujo de José Luis Iriondo ofm.

Fray Juan Bernardo Colmán, el franciscano mártir

Nicolás Colmán, hijo del aventurero inglés Nicolás Colman y de una madre india guaraní, hija del cacique Boypitan, de la región del Guayrá, nació probablemente en 1569.
Nicolás ingresó en la Orden de San Francisco, junto con su amigo Gabriel de Guzmán, hijo del gobernador del Guayrá, Alonso Riquelme Guzmán, contra quien su padre Nicolás Colman se había sublevado.
Como era costumbre, durante la ceremonia de toma de hábito, Nicolás recibió un nombre religioso, en este caso Juan de San Bernardo, y pasó a ser conocido como Fray Juan de San Bernardo o simplemente Juan Bernardo, relatan Margarita Durán Estragó y José Luis Salas, en su obra de investigación histórica sobre este mártir de la Iglesia paraguaya.
Juan Bernardo Colman fue alumno del célebre religioso también mártir Fray Luis Bolaños.
En 1594, en medio de una cruenta y prolongada rebelión indígena contra la conquista española, Juan Bernardo pidió autorización para ir junto a los indios paranáes para intentar salvar a un religioso dominico que había caído prisionero con documentos muy valiosos.
“Cuando Juan Bernardo llegó a los paranáes, estos ya habían sacrificado al dominico. Juan Bernardo cayó prisionero como espía de los españoles, y los indios de Itá y Yaguarón, que fueron con él, huyeron por los montes, regresando a sus pueblos. Según sus ritos y costumbres, los paranáes sacrificaron a Juan Bernardo; murió mártir en un ritual antropofágico guaraní, el 2 de junio de 1594. La cruz de urunde’y que colocaron en el sitio al encontrar sus restos, después de tres décadas, aunque carcomida por los años, se venera en un relicario de acrílico, en el Museo de la ciudad de Caazapá que lleva su nombre”, relatan Durán Estragó y Salas.

Fray Juan Bernardo Colmán, retrato en el museo que lleva su nombre, en Caazapá.

El santuario de Fray Juan Bernardo Colmán, en Jahapety, Caazapá. en el lugar donde fue martirizado.


Otros Colmán en la historia

Este es el origen de la estirpe de los Colmán en el Paraguay, iniciada por aquel inglés adolescente que con tan solo 17 años subió a un barco en España, dispuesto a vivir aventuras inolvidables y hacer fortuna en el Nuevo Mundo.
En nuestra larga genealogía hemos tenido a varios hombres ilustres, que dieron brillo a nuestro apellido en la historia, como el poeta guaraní Narciso R. Colmán, el gran Rosicrán, autor de Ñande ypykuéra, la obra publicada en 1937 que rescata la gran riqueza de la mitología guaraní.
Hemos tenido a grandes artistas, como el compositor y músico Ramón Vargas Colmán, autor de la música de grandes temas del folklore paraguayo como 13 Tuyutí (sobre poema de Emiliano R. Fernández), Tupasy del campo y Mokoi kogoe, quien junto a su amigo Andrés Cuenca Saldívar integró el legendario dúo folklórico Vargas-Saldívar.
Hemos tenido a heroicos luchadores sociales, como el dirigente sindical Egmidio Colmán Nuñez, un gran líder obrero gráfico de destacada actuación en la histórica huelga general de 1958, en los inicios de la dictadura stronista, que sufrió persecución, prisión y tortura, pero nunca renunció a sus ideales. Fue fundador de la Juventud Obrero Católica (JOC) y presidió la antigua Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT). Una calle de Asunción lleva su nombre.
Pero también hemos tenido a personas infames portando nuestro apellido, como el tristemente célebre general Patricio Colmán Martínez, gran represor de la dictadura stronista, a quien se adjudican diversos crímenes, asesinatos y desapariciones de perseguidos políticos durante las décadas de 1960 y 1970, principalmente.
También hemos tenido –y seguimos teniendo- a muchos héroes y heroínas, hombres y mujeres de gran dignidad y virtud, de perfil silencioso y anónimo, que nos dejan su gran testimonio de vida a seguir. Entre ellos, mi padre Andrés Chi’ito Colmán Robertti, mi mejor ejemplo de laboriosidad, honestidad y rectitud humana.
Por ellos y ellas, es un orgullo llevar el apellido Colman o Colmán que nos dejó aquel aventurero inglés que se embarcó a América en 1535.