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lunes, 13 de abril de 2020

#QuedateEnTuCasa con hambre



Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Ella estaba allí, deambulando solitaria por la plaza desierta frente a la Basílica de Caacupé cerrada y silenciosa. Arrastraba dos bolsas de náilon cargadas de latitas vacías de cerveza y gaseosa que había logrado juntar tras recorrer toda la mañana por la ciudad desolada, las que luego iba a ofertar a un reciclador mayorista, a cambio de unos escasos billetes para comprar alimentos.

Ella lleva casi un mes desde que se le canceló súbitamente el oficio cotidiano que ejercía desde hace 24 años: vender velas de color azul a los miles de creyentes que llegaban hasta el Santuario de la Virgencita Serrana, pero ahora ya nadie viene, no hay velas que vender, no hay dinero para comprar comida.

Ña Norma tiene 55 años, vive sola con cuatro nietos que han quedado a su cargo. Ella tiene miedo de salir a la calle ante el temor de contagiarse con el coronavirus, pero tiene mucho más temor de que si no sale a rebuscarse para el sustento, sus nietos mueran de hambre.

Ella nos contó su historia con ojos humedecidos por encima del tapabocas que le regalamos para protegerse, en medio del inusual paisaje casi apocalíptico de la Basílica abandonada en la ciudad de Caacupé, en vísperas del último Domingo de Ramos. Es la historia de muchos hombres y mujeres compatriotas, pobres de pobreza casi extrema, que despertaron una mañana en un mundo que les cierra sus puertas y les expulsa de sus lugares de informal sobrevivencia laboral, porque un virus mortífero extiende sus alas negras.

#QuedateEnTuCasa #EpytaNdeRógape. Los mensajes repiquetean como una orden imperativa. Es fácil decirlo cuando uno tiene una casa mínimamente cómoda en donde refugiarse, una heladera relativamente cargada, algo de dinero en la billetera, un auto en qué movilizarse hasta la despensa o el supermercado más cercano. ¿Cómo decirle #EpytaNdeRógape a Ña Norma y a tantos que solo tienen como refugio una choza de cartón o madera terciada al borde de una zanja, un ranchito de paja en medio del campo, un lecho de cajas viejas junto a un portal, un duro banco de madera en una plaza? ¿Cómo recriminarles por “la inconsciencia de violar la cuarentena” a quienes siempre han sobrevivido en sus propias cuarentenas de exclusión social, que no duran solo 14 días o un mes, sino a veces toda una vida?

Lo primero que le preguntamos a Ña Norma fue si no se había anotado para recibir ayuda del programa gubernamental Ñangareko, creado para asistir a los pobres en esta emergencia. Entonces ella nos contó sus largas vicisitudes para tratar de inscribirse, la imposibilidad de acceder desde un precario teléfono móvil ante páginas colapsadas, la recurrencia a oficinas municipales para buscar ayuda y el drama de encontrarse con largas colas de otros tantos hombres y mujeres también desesperados, a quienes se les daba la misma respuesta: aquí no hay nada, acudan a la Secretaría Nacional de Emergencia.

Esta es la cara más triste y dolorosa de esta crisis. La comprobación palpable de que hemos seguido sosteniendo un país tan injusto y desigual, en donde hay funcionarios estatales, directivos de entidades binacionales que ganan sueldos de más de cien millones de guaraníes, mientras 1.700.000 personas apenas tienen para la canasta básica y otros 340.000 compatriotas viven en extrema pobreza. ¿Cómo pretender que hoy, privados a la fuerza de sus “estrategias de sobrevivencia”, puedan sobrevivir todo un mes con 500.000 guaraníes de una ayuda estatal que ni siquiera les llega?

Este es el modelo de estructura del Estado que ya no debemos tolerar. Hay que movilizarse y transformarlo con urgencia, echando de sus lugares de privilegio a todos los corruptos y bandidos. La crisis del Covid-19 nos permite esta opción que no debemos desaprovechar. Mientras tanto, multipliquemos las ollas populares y las acciones de solidaridad para ayudar a quienes deben quedarse en casa con las ollas vacías.


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Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión, del diario Última Hora de Asunción, Paraguay. Edición del sábado 11 de abril de 2020.

(Fotografía: Desirée Esquivel).

lunes, 30 de diciembre de 2019

Otros pesebres en busca de otra sociedad



Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

 María duerme plácidamente sobre el lecho de paja, mientras José juega muy divertido con el bebé Jesús en su regazo. Este “pesebre alternativo” –al que muchos consideran un pesebre feminista–, se denomina “Dejemos dormir a mamá” y es un regalo que le hicieron al papa Francisco por su 83 cumpleaños, quien lo alabó con mucho entusiasmo durante su mensaje de Navidad: “¡Cuántos de ustedes deben turnarse en la noche entre marido y mujer por el niño, la niña, que llora, y llora, llora!”.
Esta reinterpretación simbólica de los roles del hombre y la mujer por parte del máximo líder de una de las más importantes instituciones religiosas del mundo, tradicionalmente calificada de excesivamente conservadora, esta vez utilizando incluso el lenguaje inclusivo de nombrar al niño y la niña por igual, tiene un efecto de mucha trascendencia: El mundo está cambiando y sus efectos renovadores han llegado hasta el pesebre de Belén y hasta los salones del Vaticano.
Mucho más radical ha resultado el mensaje de la Iglesia Metodista Unida de la ciudad de Claremont, en el Estado de California, Estados Unidos, que presentó a San José, la Virgen María y el Niño Jesús encerrados en celdas separadas y rodeadas con alambre de púas, a manera de protesta contra las políticas represivas del presidente Donald Trump contra las familias latinas migrantes, a cuyos miembros han separado y encarcelado por no contar con documentos de residencias en regla. Hace más de veinte siglos la sagrada familia también tuvo que emigrar a Egipto para huir de la persecución del rey Herodes.
En la Catedral de Palermo, Italia, el arzobispo Corrado Lorefice decidió celebrar la misa de Navidad con la imagen de un Niño Jesús de piel negra, que le ha sido donada por misioneros de Tanzania, África, como una reivindicación a las familias de migrantes que llegan huyendo de persecuciones y que generalmente reciben el rechazo de las autoridades europeas y de un gran sector de los propios pobladores.
El controversial artista callejero británico Bansky instaló en el Walled Off Hotel de la misma simbólica e histórica ciudad de Belén, donde nació Jesús, un artístico pesebre junto a una réplica del muro que divide a Cisjordania de Israel. Sobre la imagen de la sagrada familia hay una estrella, pero es negra y hueca, y ha sido formada por el disparo de un mortero que atravesó el muro. Jugando con los símbolos y con las palabras en inglés, Bansky sustituye a la tradicional “Star of Bethlehem” (estrella de Belén) por la “Scar of Bethlehem" (Cicatriz de Belén), buscando llamar la atención de que el escenario en donde se originó la Navidad hace más de veinte siglos es la que menos puede celebrar hoy una verdadera “noche de paz”, debido al conflicto bélico que se mantiene desde la ocupación israelí de los territorios reclamados por Palestina.
En el Paraguay, aunque la Navidad sigue teniendo una representación principalmente tradicional o folclórica en las celebraciones religiosas, es posible encontrar imágenes de José, María y Jesús con rasgos indígenas guaraníes en algunos pesebres expuestos por artesanos y artesanas de Areguá, junto a esculturas de animales en peligro de extinción, como el jaguarete o el guyra campana, destacando una reivindicación de los pueblos originarios y un llamado a la protección del medioambiente.
Más que la presunta distorsión de un símbolo religioso universal, como cuestionan algunos sectores conservadores, los “pesebres alternativos” revelan la evolución de la conciencia humana ante realidades injustas. En una perspectiva histórica, el Redentor que eligió nacer entre los más pobres marcó una ruptura ante viejas estructuras para plantear la esperanza de lo nuevo. Si en la Judea invadida por el Imperio Romano aquel pesebre de pastores tenía un mensaje contra el sistema, es válido que los de hoy expresen las demandas feministas, migrantes, ambientalistas, indigenistas o pacifistas, como una manera de anunciar que otros modelos de sociedad también son posibles.

El pesebre de la Iglesia Metodista Unida de Claremont, California.
El Niño Jesús negro en la Catedral de Palermo, Italia.
El pesebre del artista Bansky en un hotel de Belén, junto al muro que divide a Cisjordania de Israel.
Pesebre indígena guaraní en Areguá, Paraguay.


martes, 14 de marzo de 2017

¿Amor por los animales o xenofobia…?




Ya había ocurrido algo similar en la noche del domingo 10 de junio de 2012, cuando varias personas que se presentaban como miembros de un grupo dedicado al rescate de animales en situación de riesgo, atropellaron el domicilio de Hoon Ki Baek, un ciudadano migrante de origen coreano, dueño de una despensa sobre la calle Herminio Giménez, casi Irrazábal, en la zona del Mercado 4, en un violento, arbitrario e ilegal “operativo” para rescatar a tres perros que estaban en el patio, acusando que el comerciante los tenía cautivos, con la intención de “faenarlos para luego comerlos”.
Aquel fue un espectáculo bochornoso, en que los “rescatistas de animales”, con mucha pasión y adrenalina encima, presentaron primero una denuncia en la Comisaría 3ª Metropolitana, exigiendo que los policías vayan a allanar el local del coreano y liberar a los perros.
Cuando los agentes les explicaron que no podían actuar en una propiedad privada sin una orden judicial, los “rescatistas” decidieron actuar por su propia cuenta y acompañados por algunos periodistas que cubren los sucesos policiales nocturnos, llegaron hasta la casa del coreano, exigieron a gritos que se abra la puerta, y al no obtener respuestas de los dueños de la casa, tumbaron a golpes uno de los portones e ingresaron al patio, donde estaban tres perros atados, a quienes procedieron a liberar.
Las cámaras de televisión registraron las airadas acusaciones de una chica, llamada Anahí, que encaraba al hijo del dueño, reprochándole: “¡Comés perro, hijo de puta! ¡Sos una mierda de persona, andá a tu país a comer perro! ¡A tu papá hay que ponerle encadenado en el piso durante cuatro días, sin agua y sin comida!”. Y la mayoría de las personas que se habían unido al grupo repetían con tono acusatorio: “¡Coreanos de mierda…!”.
Tras el incidente, divulgado ampliamente por la prensa, hubo intervención fiscal y policial, incuso intervención diplomática. Hubo lo que no había habido hasta entonces: oportunidad de diálogo. Y entonces se aclararon muchas cosas: los tres perros eran mascotas de la familia coreana desde hacía tiempo y nunca habían estado contemplados en ninguna hipotética dieta gastronómica.
Simplemente alguien los había visto atados en el patio, había visto a los coreanos, se había acordado de la leyenda urbana “los coreanos comen perros” y había hecho sus propias suposiciones.
Sung Baek, la nieta del dueño, ella de nacionalidad paraguaya aunque de ascendencia oriental, explicó: “Hay muchos prejuicios acerca de que los coreanos comen perros. Eso ocurría durante la guerra en Corea, por la precariedad, pero ya no es así, y menos en Paraguay. Estos animales eran mascotas que estaban bajo cuidado, y esta gente entró a atropellar nuestra propiedad…”.
Elena Gómez, una de las vecinas que había apoyado al grupo rescatista, se acercó a pedir disculpas a la familia coreana. “Nos movilizamos por una denuncia, fue una denuncia que no estaba sustentada en nada. Nos dijeron que había pruebas, pero nunca nos las presentaron y sucedió el hecho lamentable”, explicó la mujer.
La fiscala Sonia Mora acabó imputando por “perturbación de la paz pública y hurto agravado” a cuatro de los integrantes del grupo rescatista de animales y los perros “rescatados” tuvieron que ser devueltos a sus dueños.


LA HISTORIA SE REPITE…

Aquel suceso de hace cinco años quedó como un lamentable episodio de xenofobia contra una comunidad oriental asentada desde hace varios años en el Paraguay, con hijos y nietos paraguayos, pero que se siguen sintiendo discriminados por algunos habitantes del país que los acogió generosamente, quizás solo por tener rasgos, piel, idioma y cultura diferentes.
Pero como en el Paraguay nos cuesta mucho aprender de nuestros propios errores, o nos cuesta vencer nuestros prejuicios, en estos días ha vuelto a ocurrir algo muy parecido.
Esta vez, incluso, han sido algunos concejales municipales de Asunción, de quienes uno espera un mínimo de seriedad, quienes rápida e irresponsablemente dieron alas a una supuesta denuncia de un grupo de rescate denominado “Narices Frías”, que según afirmaban, habrían rescatado a un perro que estaba a punto de ser echado a una olla de agua hirviendo, para ser cocinado en un exclusivo restaurante chino del coqueto barrio Villa Morra.
No había más pruebas que una foto del perro atado y sentado, que supuestamente había sido “pelado”, pero a los concejales José Alvarenga y Rodrigo Buongermini les bastó para anunciar que iban a presentar una minuta “para fiscalizar y verificar todos los restaurantes de gastronomía oriental”.
¿De pronto, todos los restaurantes orientales se han vuelto “sospechosos” de cocinar perros…?
¿Qué atribuciones puede tener la Junta Municipal de Asunción para iniciar una especie de “cacería de brujas” contra locales gastronómicos orientales, cuando no controlan tantos puestos de comida paraguaya insalubre, tantos edificios que siguen sin sistemas de prevención de incendios, tantas carencias mucho más graves…?
Lamentablemente, también varios medios de comunicación publicaron la noticia, tomando como base y principal fuente a la versión de los concejales, sin confirmar si la información era real, dando por hecho que el perro iba a ser comido y servido en el restaurante…
Sin embargo, una foto difundida en Facebook por el dueño del perro demostró que el mismo ya estaba “pelado” desde mucho antes, y que solo se había extraviado.
Ahora la mujer que realmente encontró al perro, llamado Rubio, asegura que este no fué rescatado de ningún restaurant, sino de la vía pública, y que tras contactar con gente de la organización "Narices Frías", por estar el animal rapado, surgió la versión de que los perros son preparados así por los orientales para ser cocinados: (Léanlo aquí
Es decir, nuevamente fue solo una especulación. No un hecho comprobado.
Esta nueva versión hace que se considere aún mucho más irresponsables las intervenciones de los concejales municipales, difundidas por los medios de comunicación, ya que al asumir que lo que simplemente se presumía o se especulaba, era real, despertó toda una corriente de discriminación, prejuicios y xenofobia.
Ante las muchas versiones que corrían, el conocido y concurrido restaurante especializado en comida china Shangri-la emitió un comunicado, negando absolutamente la versión.
“Respetamos la cultura paraguaya de la cual somos parte y repudiamos cualquier tipo de maltrato animal. Lamentamos estas falsas acusaciones que denotan xenofobia, que no se compadece con la cultura paraguaya de hospitalidad y solidaridad”, sostiene la versión del directorio del local gastronómico.
Y así acaba otro bochornoso caso que denota una lamentable actitud de xenofobia… que debe mover a reflexión a mucha gente: incluyendo directamente a varios medios y periodistas.

¿Será que esta vez aprenderemos la lección…?


miércoles, 8 de marzo de 2017

Las mujeres y el periodismo


Cuando ingresé por primera vez como practicante a la Redacción del Diario Última Hora, en junio de 1979, las mujeres eran muy pocas y estaban arrinconadas en las páginas dedicadas a modas y cocina, sociales, arte y espectáculos, pero el resto del mundo: política, economía, interior, policiales y judiciales… era cosa de machos.
Había una sola mujer en la sección deportes. Era la pionera y llanera solitaria Estela Mareco, que les demostró a todos que las coberturas en las canchas y los relatos en vivo de los partidos no tenían por qué hacerse solamente con voz varonil.
Desde 1977 se había creado el Suplemento Femenino, que aparecía los martes, y en la edición diaria había un par de páginas dedicadas a la mujer, donde todo tenía que ser moda, peinados, recetas de cocina, consejos hogareños. Las páginas y el suplemento estaban a cargo de las colegas Eve Baez y Juanita Carracela, que naturalmente no se conformaron con ese destino manifiesto y de a poco, casi sin que los jefes machos se den cuenta, fueron metiendo los grandes temas que de veras interesaban desde la óptica femenina: educación sexual, derechos civiles, historias de violencia y discriminación, las luchas por la igualdad… Desde la sección cultural las acompañaba la gran Ana Iris Chávez de Ferreiro.
Eve Báez, a quien conocíamos como “la Margaret Thatcher de Última Hora”, se metió una noche con un fotógrafo al entonces conocido nigth club Playboy y logró entrevistar a varias de las mujeres que trabajaban en el lugar. Fue la primera vez que el periodismo desnudaba un tema hasta entonces considerado tabú, y la repercusión en los lectores fue enorme.

Así, ÚH fue probablemente el primer medio en cambiar el enfoque de un periodismo tradicionalmente esquemático y ligth para mujeres a un periodismo feminista, que abrió valiosos espacios para el avance en la lucha a favor de la igualdad, algo muy importante para las organizaciones de mujeres, especialmente en los años 80 y 90. Es una tarea que fue continuada con mayor claridad y firmeza por la combativa Maria Lis Rodriguez Alcala, quien sustituyó a Eve como editora, con un equipo al que se fueron sumando varias compañeras, entre ellas Cara Ravera. Esa tónica pronto se reflejó en los demás medios y en las demás redacciones, que también fueron elevando el tono y rompiendo esquemas.
En el resto de la Redacción de ÚH, las cosas también fueron cambiando, paulatinamente. Las chicas iban llegando y se iban sumando a espacios en los que antes nunca hubo presencia femenina, causando toda una revolución.
Recuerdo una anécdota muy ilustrativa, ocurrida a finales de los 80, aún en épocas de la dictadura stronista. Uno de los editores había dispuesto que la compañera Gloria Rolón, quien entonces acababa de sumarse a la sección País, viaje con un móvil y un fotógrafo para cubrir un conflicto de tierras en Caaguazú, donde se estaba produciendo un desalojo de campesinos y se temía que se produzcan situaciones de violencia.
El secretario del diario, el famoso dibujante Fiorello Botti, quien autorizaba los viáticos, se opuso tenazmente, con un enfoque entre machista y paternal: “¿Cómo le van a enviar a una pobre jovencita indefensa? ¿Y si después los policías o los campesinos la maltratan, o la violan?”, cuestionaba. Varios lo enfrentamos, le retrucamos y finalmente logramos que autorice el viaje. Con su muy buena y valiente cobertura del conflicto, Gloria les demostró que no era ninguna “pobre jovencita indefensa”.

Hoy las cosas han cambiado, mucho y positivamente. El Suplemento Femenino y las "páginas dedicadas a mujeres" desaparecieron un buen día, para que la temática pueda impregnar todo el resto del diario.Ahora miro a la Redacción y veo una gran mayoría de mujeres. No solo eso. Nuestra directora periodística, Miriam Morán, es la primera mujer que dese hace año dirige un diario de gran tirada nacional. La editora general de ULTIMAHORA.COM es Liliana Pesoa Rumich. La secretaria de Redacción es Lupe Galiano. Y varias de las editoras de secciones importantes, como Carmen Domínguez, de Política; Zunny Echagüe, de País; son mujeres. También hay mujeres cubriendo secciones antes impensables, como Sucesos Policiales y Judiciales. Es decir, entre aquella primera impresión, de una Redacción casi sin mujeres, a esta, en que estamos no solo invadidos, sino manejados por ellas, hay un tremendo salto.
Probablemente todavía hay machismo y desigualdades. En vísperas del #8M, las compañeras mujeres convocaron a una asamblea en la Redacción y reiteraron sus reclamos de contar con una guardería y con otras justas reivindicaciones. Las apoyamos y las acompañamos, pero es bueno sentirse parte de una Redacción y de un gremio que ayudó a abrir camino para que este país vaya avanzando un poco más hacia una sociedad menos violenta y menos discriminadora.
¡Un gran abrazo, un feliz y solidario día a todas las mujeres, y especialmente a las colegas mujeres periodistas...!


(La foto en blanco y negro muestra a la compañera Mary Ramos, en los años 80, cuando trabajaba como armadora de páginas en la sección Montaje, luego se hizo periodista, destacada docente del oficio y actualmente está felizmente jubilada. La foto en colores la tomamos en apoyo a #UNAnotecalles en la Redacción de ÚH, mostrando la composición actual).

martes, 9 de febrero de 2016

Los damnificados no existen


Revisando viejos archivos en busca de algunos datos, encontré este artículo mío, publicado a una página en el suplemento El Correo Semanal de Última Hora, edición del sábado 27 de mayo de 1989. O sea, a apenas tres meses y días del derrocamiento de la dictadura stronista.
Eran los días en que se crearon las primeras organizaciones de sintechos, que salían masivamente a las calles, protagonizaban ocupaciones de tierras en Asunción y alrededores, y se debatía mucho sobre lo que reclamaban.
Me llama la atención lo que expresaba en aquel artículo, en comparación con los debates actuales –inundados, limpiavidrios, cuidacoches, etc.-, casi 27 años después. Es como si nada hubiésemos cambiado o avanzado, en esencia.
Aunque el título era “El poblador suburbano: Un nuevo actor social”, lo que generó más polémica fue uno de los subtítulos y una de las ideas claves del texto: “Los damnificados no existen”.
(En términos más personales, reconozco que el texto tiene un estilo deliberadamente de opinión, de “bajar línea” con un fuerte sesgo ideológico, que en los últimos año he ido dejando de lado para adquirir un tono periodístico  más narrativo, con puntos de vista más diversos, asumiendo una realidad más diversa y compleja. Sin embargo, leyéndolo, aunque admito  hoy lo escribiría de otro modo, compruebo con mucha satisfacción que sobre todo esto sigo pensando exactamente lo mismo)
Para quienes se interesan por estos temas –sé que son muchos y muchas-, rescato el texto original a continuación:
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Desde las catacumbas de nuestras ciudades está emergiendo con mucha  fuerza y dinamismo un nuevo actor social.
Alguien que ya no es propiamente un campesino –aunque todavía conserve en mayor parte su lenguaje, sus costumbres, su mágica cosmovisión- pero que tampoco ha logrado integrarse plenamente al mundo urbano, relegado con violencia a los suburbios marginales, a los cinturones de miseria que rodean a las urbes.
Es alguien que no se identifica con las clásicas caracterizaciones sobre los sectores populares y las organizaciones sociales: no es campesino, no es obrero, no tiene relación directa con los sindicatos y los partidos políticos, porque estos no logran representar sus intereses. Tampoco figura en las listas privilegiadas de los organismos internacionales de solidaridad, no aparece cotidianamente en las páginas de los periódicos, ni se ocupan de él con asiduidad la radio y la televisión.
El único que siempre lo recuerda es el viejo y milenario río, fuente de vida y de tragedia a la vez. Cuando sus aguas turbias se desbordan y arrasan los modestos caseríos escondidos en el fondo del Bañado, empujando a los pobladores hacia las calles más céntricas, entonces la sociedad parece advertir fugazmente la presencia de este actor social, aunque prefiere ocultar su verdadera identidad bajo la eufemística denominación de “damnificado”.
Ahora, sin embargo, en este dinámico tiempo de transformaciones políticas, nuestro sujeto sale a la calle y eleva su voz. Exhibe sus nuevas organizaciones y sus reivindicaciones. Reclama su espacio propio en esta sociedad que ahora se ufana de ser democrática.
Nuestro sujeto sale a la calle. Y, de pronto, su sola presencia basta para cuestionar las mismas raíces de este modelo social, que hasta ahora no ha hecho más que marginar denodadamente a sus hijos más humildes.

LOS DAMNIFICADOS NO EXISTEN

Si de veras queremos construir una nueva forma de relación social, más abierta y democrática, debemos empezar por abolir ciertos mitos, imperceptiblemente heredados del tiempo de la dictadura.
Uno de ellos es el que se refiere a los llamados “damnificados” por la inundación del río Paraguay.
Seguir utilizando este concepto es un engaño. Eso significaría reducir el problema de las periódicas crecientes a una cuestión meramente ecológica.
Sería como decir –o creer- que hay familias que padecen necesidades solamente cuando las aguas desbordadas les privan de sus precarios hogares. Esa idea lleva automáticamente a presuponer que el resto del año (épocas en que el río no crece) estas mismas familias no sufren mayores carencias. Y sabemos que eso no es así.
En realidad, los “damnificados” no existen.
Los que existen son estos nuevos actores sociales, todavía de nebulosa identificación, que ni son campesinos, ni tampoco son ciudadanos. Podríamos denominarlos, sin demasiada certeza, “pobladores sub-urbanos”. Algo así como los espectrales habitantes de una ciudad de segunda categoría, que se despliega por las riberas inundables del río, por las periferias sórdidas, por las salamancas profundas. Una ciudad oculta, construida con hule y cartón, con desgarradas angustias y tercas esperanzas. Una sub-ciudad que devuelve, en un abrumador y escandaloso contraste, el rostro oscuro de esa otra urbe que brilla con sus reflejos artificiales.

UNA CIUDAD QUE NO FIGURA EN EL MAPA

Ellos comenzaron a llegar desde hace más de dos décadas, cuando el “boom” de la mecanización agrícola, la avalancha de las empresas multinacionales y el despojo violento de sus tierras los fueron desalojando de sus viejos y apacibles “valles”.
Un día enterraron el machete en el surco vacío, cargaron con sus buruhacas al hombro y se treparon a la carrocería de un viejo camión.
La ciudad los vio llegar. Pies desnudos sobre el asfalto caliente. Pero la ciudad no tenía lugar para ellos. Comprar un lote, construir una casita, pagar agua, luz, cloacas, empedrado, impuestos… todo eso cuesta plata. No hay trabajo. ¿A dónde podemos ir? Dicen que allá, en la orilla del río, hay unos terrenos que nadie usa.
Allí levantaron sus viviendas. ¿“Viviendas”? ¿Se podía llamar “viviendas” a esas casitas casi de juguete? Pero de a poco se fueron juntando, se fueron reconociendo, se fueron organizando. Trazaron calles, construyeron escuelas, capillas, canchas de fútbol, plazas…
Los fines de semana –los únicos días en que tenían algún respiro laboral-, los hombres y mujeres se organizaban en cuadrillas para cortar las malezas, arreglar los tortuosos caminos ribereños, pintar las paredes descoloridas de humedad.
Aprendieron a convivir con el viejo río, a aprovechar sus recursos y a huir de sus cíclicas inundaciones.
Así nacieron decenas de barrios que no figuran en ninguno de los mapas oficiales. Allí donde los cartógrafos han diseñado manchas blanquecinas con el genérico nombre de “Bañado”, actualmente viven 60.000 familias compatriotas y existen comunidades enteras, sufridas pero trabajadoras, humildes pero solidarias.
Y ahora la sociedad se sorprende de ver a sus organizaciones surgidas casi de la nada (la Coordinación de Pobladores de Zonas Inundables, COPZI; la Comisión de Familias Sin Techo, etc.). Sucede, sin embargo, que el nivel de conciencia ha ido creciendo tan callada y marginalmente como su vida misma. Allí, en la ribera del río, a la luz de las velas, en la soledad de los campamentos precarios, han ido amasando lentamente sus propias propuestas. Nunca nadie los tomó en cuenta, pero ellos siguieron trabajando.

Ahora están en la calle. Realizan marchas y manifestaciones, ocupan propiedades, se enfrentan a la Policía, elevan pedidos a las autoridades. Es su manera de decir: aquí estamos, nosotros existimos, los pobres también queremos participar en la construcción de esta nueva democracia.  

lunes, 1 de junio de 2015

Hacia una sociedad más abierta e inclusiva



Si no estoy errado, esta es la primera vez en que una persona decide “salir del closet” en el Paraguay y declarar públicamente su orientación sexual diferente desde una columna periodística dominical, en uno de los principales diarios y medios periodísticos del país: "Soy gay, esta es mi verdad".
Me complace mucho que esa persona sea un querido amigo y colega, compañero de tareas, con quien me ha tocado trabajar en varios equipos de reportajes e investigación periodística en estas últimas décadas, y que hoy forma parte del equipo de editorialistas y columnistas de ÚH, Radio Monumental y Telefuturo, además de ser uno de los informadores más ilustrados y expertos en temas de relaciones exteriores y política internacional.
Aunque en muchas cuestiones ideológicas nos hemos ubicado más de una vez en veredas distintas, considero a Adrián Cattivelli un tipo recto, solidario, ético, responsable, excelente profesional y mejor ser humano. Ahora, luego de su declaración pública del domingo, lo considero además un tipo valiente, capaz de enfrentarse a los prejuicios de una sociedad aun mayoritariamente conservadora y discriminadora, y de abrir caminos hacia un modelo de convivencia de mayor tolerancia e inclusión para quienes se sienten diferentes.
Además me complace mucho también la apertura editorial demostrada por ÚLTIMA HORA, este medio periodístico al cual estoy ligado profesionalmente desde hace más de tres décadas, al cual muchos consideran un diario conservador o con accionistas ligados a intereses de sectores religiosos tradicionales, que en teoría no admitirían una manifestación como la que Adrián expresó este domingo. Una vez más, ÚH hace gala de pluralismo y abre sus páginas para situarnos en el Paraguay del Siglo XXI. Felicito a la directora periodística, Miriam Morán, y a través de ella a todos los editores y directivos que han bancado la publicación de la columna de Adrián.
También me complace ver que la gran mayoría de los lectores y colegas han acogido con mucha madurez y solidaridad la confesión de Adrián. Fuera de unos pocos cavernícolas que prefieren insultar antes que debatir, ha predominado y predomina un espíritu de pleno apoyo, tolerancia, comprensión, apertura y respeto, lo cual es un alentador signo de que estamos evolucionando.
Tampoco es un detalle menor que la polémica creada en torno a una muy buena entrevista hecha en el Suplemento Escolar de ÚH al talentoso cineasta paraguayo Joaquin Baldwin, por haberse editado inicialmente una parte en la que él habla de su “esposo”, (haciendo explícita su condición de homosexual), haya sido superada con la nueva publicación del reportaje, esta vez sin cortes, este domingo, en la sección de Arte y Espectáculos: http://www.ultimahora.com/un-paraguayo-que-conquista-disney-n901021.html
Son señales de que –al menos desde el sector periodístico y un interesante sector de la sociedad- vamos superando prejuicios y avanzando hacia una sociedad más abierta e inclusiva (aunque haya quienes aún piensen lo contrario).

lunes, 21 de octubre de 2013

Lengua de señas: La lucha por incluir a 20.000 personas sordas

Laura Riveros, presidenta de la Asociación de Intérpretes de Lengua de Señas.
Solo 37 intérpretes de lenguas de señas están registrados en el Paraguay. No hay escuelas donde aprender, no hay rubros para pagarles sueldos, pero son el puente para que miles de personas sordas puedan comunicarse.
  
Más de alguno se ha sorprendido al verlos, parados en un rincón del escenario de algún acto oficial, o recortados en un pequeño recuadro de las pantallas de televisión, gesticulando llamativamente, como si fueran actores de una película muda o mimos de un espectáculo de teatro.
 Resultan cómicos para quien no maneja el código de su peculiar lenguaje, pero para miles de personas que carecen del sentido auditivo, la presencia de esos hombres y mujeres que parecen escribir con las manos en el aire, formando palabras en la lengua de señas, son el único puente que les permite escapar de las islas de la incomunicación
"Buscamos ser la conexión de las personas sordas con el mundo, pero apenas podemos estar en unos pocos lugares. La mayor parte del tiempo, estos compatriotas viven sin poder asistir a las noticias por radio o televisión, sin poder disfrutar de una película o de una obra de teatro, sin poder acceder siquiera a gran parte del mundo cotidiano que les rodea", señala Laura Riveros, presidenta de Anilspar (Asociación de Intérpretes de Lengua de Señas, Intérpretes Sordos y Guías Intérpretes para Sordo ciegos del Paraguay).
A pesar del largo nombre que posee la organización, su alcance es todavía reducido. En los registros solamente existen 37 intérpretes de lengua de señas en todo el país, 2 intérpretes sordos, 1 guía intérprete para personas ciegas, que deben atender potencialmente la necesidad de comunicación de unas 20.000 personas ciegas, estimativamente, en todo el territorio nacional.
"En realidad, ni siquiera podemos saber con cierta precisión cuántas personas sordas existen en el Paraguay, porque el último censo fue un fracaso en este rubro, la pregunta que se incluyó solo sirvió para medir cuántas personas usan audífonos en el país", cuestiona Laura.

Sin estadísticas, sin escuelas, sin rubros.

Los censos de 1992 y 2002 arrojaron un porcentaje de población con discapacidad cercano al 1%, porque solo unos 55.000 paraguayos y paraguayas con discapacidad fueron censados. Como consecuencia, la Anilspar estima que hay cerca de un millón de paraguayos con discapacidad que no se anotaron en el censo del 2002, y que hoy no existen en los registros.
"Los datos oficiales no se condicen con la realidad, ya que estadísticas mundiales y locales estiman que al menos el 15% de la población tiene algún tipo de discapacidad. Esta falta de información adecuada, de datos estadísticos y de investigación, impide la formulación y aplicación de políticas e inciden negativamente en la asignación de recursos presupuestarios", asegura un informe de la organización.
La ausencia de estadísticas para determinar la población de personas sordas en el país es solamente una de las muchas carencias.
Tampoco existe una institución educativa que se encargue de la formación profesional de la lengua de señas. Los pocos que manejan el código lo tuvieron que aprender en forma empírica, ya sea por necesidad -porque tienen un familiar con carencia auditiva, con la que requieren comunicarse-, o por espíritu voluntario de servicio, como fue el caso de Laura Riveros.
"A mí me enseñó Emilio Pineda, un gran dirigente pionero del Centro de Sordos del Paraguay, quien además trabajó durante muchos años como dibujante del diario Última Hora. Yo aprendí la legua de señas como voluntaria, buscando ayudar a las personas sordas", cuenta Laura, quien a su vez sigue siendo instructora de nuevos voluntarios y voluntarias.
Las organizaciones de personas sordas son las que se ocupan de dictar cursos, en forma periódica, buscando contar con más intérpretes.
En este proceso hubo algunos avances significativos, reconoce el sicólogo Cesar Martínez, otro de los apasionados por desarrollar la práctica de la lengua de señas en el país. Desde el 2011, durante el Gobierno de Fernando Lugo, se inició el Centro de Relevo del Paraguay, en la Secretaría Técnica de Planificación, que consiste en una infraestructura montada con computadoras, y otras herramientas comunicacionales, audiovisuales, y sobre todo, intérpretes de lengua de señas, quienes ofrecen el servicio de ser un nexo entre la persona sorda y otra persona con la que necesitan comunicarse.  Pero los recursos, proveídos por la embajada de Taiwán en Paraguay, durarán solo hasta diciembre.
También existen intérpretes de lengua distribuidos en algunas pocas instituciones públicas, para ayudar en las gestiones a las personas sordas.
En el Ministerio de Educación hay 2 intérpretes fijos, que prestan sus servicios en los eventos donde participan personas sordas, y que acompañan a autoridades en eventos oficiales.
En instituciones privadas subvencionadas de nivel secundario hay 4 intérpretes. Además hay 1 intérprete en la universidad pública (en la carrera de Ciencias de la Educación), 2 en universidades privadas, 2 en servicios del Instituto de Previsión Social, 1 en el Palacio de Justicia y la Corte Suprema de Justicia, 1 en la Fiscalía, 3 en la Secretaria Nacional por los Derechos de las Personas con Discapacidad; 2 en la Secretaría Nacional de la Vivienda y 3 en la Administración Nacional de Electricidad.

Rezar a Dios sin palabra oral.

Un detalle llamativo es que existen 4 iglesias de personas sordas en el país, que corresponden a la Iglesia Bautista de Sordos, en donde las ceremonias religiosas se realizan con lenguaje de señas, junto con la interpretación a voz para los familiares y asistentes que no tienen carencia auditiva. También se brinda el servicio en la Facultad de Teología de la Universidad Evangélica del Paraguay, y en el templo de los Testigos de Jehová.
En los medios de comunicación, especialmente en los canales de televisión, hubo poco avances. Hace pocos meses atrás, el Congreso Nacional intentó a sacar una ley, que obligaba a los medios televisivos a incluir intérpretes de lengua de señas en sus programaciones, pero la misma fue anulada por inconstitucional.
Algunos canales, como Telefuturo, Red Guaraní y la televisión pública Paraguay TV, son los únicos que acostumbran incorporar a intérpretes de lenguas de señas en algunos programas.
"Casi todo se debe hacer en forma voluntaria. No hay rubros para pagar los servicios, ni en las empresas privadas, ni en los organismos del Estado. Si no fuera por el aporte solidario de representaciones como la Embajada de Taiwán, no tendríamos recursos. No hay voluntad de las autoridades y de la clase política paraguaya para mejorar la inclusión de las miles de personas sordas a través de la lengua de señas. Seguimos trabajando por pasión, por puro voluntarismo", destaca Laura Riveros.
Una labor admirable... pero que necesita más respaldo y reconocimiento.

(Reportaje elaborado para ÚLTIMAHORA.COM).