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martes, 8 de septiembre de 2020

El trágico destino de las niñas y los niños en el mundo del EPP y la FTC


Las infortunadas María Carmen y Lilian Mariana nacieron en la clandestinidad, en Paraguay, pero fueron registradas en Argentina. La condición de prófugos de los miembros del EPP genera un grave drama para niños y niñas y una exigencia para el Estado.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

En el 2005, Rubén Darío Bernal, entonces integrante del grupo armado Ejército Paraguayo del Pueblo (EPP) vio como una de las principales dirigentes, Magna María Meza o la “guerrillera Leti”, entonces embarazada, abandonó el campamento clandestino instalado en los montes de Yasy Kañy, Canindeyú, para ir a dar a luz en un centro poblado, bajo protección de personas cercanas a la organización.

Meses después, Magna regresó trayendo a su bebé al campamento. Se trataba posiblemente de su hijo mayor con Osvaldo Villalba, su pareja sentimental y actual principal comandante del EPP, un niño llamado E. D., que a la edad de adolescente se incorporó como combatiente, según se pudo comprobar en varias fotos incautadas tras operaciones de las fuerzas de seguridad, como por testimonios de personas cercanas al grupo.

“Supimos que Leti había salido para tener a su bebé en un lugar más seguro”, declaró Bernal ante la Fiscalía, tras haber desertado del grupo –el cual integró durante dos años– y entregarse a las autoridades luego de un ataque e incendio de la sede de la comisaría policial de la colonia Jorge Sebastián Miranda, Hugua Ñandú, el 18 de abril de 2006.

El caso de Magna Meza o Leti, pareja sentimental de Osvaldo Villalba, alias comandante Alexander o Javier, principal líder del grupo armado en ese momento, no sería el primero ni el último de una integrante madre de niños y niñas nacidos en la clandestinidad, en condiciones de prófugos de la Justicia, criaturas que han debido crecer una parte del tiempo con sus padres en los campamentos móviles en medio del monte y otra parte con familiares que no forman parte del EPP, pero que mantienen algún tipo de vínculo.

El testimonio de Rubén Darío Bernal, –que en su momento publicamos en la colección de fascículos EPP: la verdadera historia, con la edición de Última Hora, bajo el título “El diario del guerrillero arrepentido”– ha aportado importantes datos para conocer por dentro al peculiar grupo, que empezó a formarse en 1992 como un proyecto de guerrilla, brazo armado clandestino del entonces Partido Patria Libre (PPL), pero luego se volvió autónomo, adquiriendo el nombre EPP en 2008, convirtiéndose en una banda armada al margen de la ley, a la que se atribuyen 12 secuestros extorsivos, la muerte de más de 60 personas y unos 134 golpes y ataques violentos.

El EPP es el grupo armado ilegal que permanece activo por más tiempo en la historia del país, aunque acostumbra permanecer sin acciones durante largos periodos, con la modalidad de “células dormidas” hasta volver a operar. Sus principales fundadores, Alcides Oviedo Brítez y Carmen Villalba Ayala, están presos desde 2003, pero quienes asumieron la conducción, entre ellos Osvaldo Villalba, Manuel Cristaldo Mieres, Magna Meza, Liliana Villalba, Lucio Silva, entre otros, no han podido ser capturados desde que empezaron a ser perseguidos, desde hace casi dos décadas.

Por ello, la información dada el pasado miércoles 2 por el propio presidente de la República, Mario Abdo Benítez, en su cuenta de Twitter, generó un inusitado optimismo en un gran sector de la población: “Hemos tenido un operativo exitoso en contra del EPP. Luego de un enfrentamiento, dos integrantes de este grupo armado han sido abatidos. Hay un oficial herido…”.

Rápidamente empezó a circular la versión de que una de las abatidas sería Magna Meza, una de las máximas dirigentes más buscadas. La expectativa cambió pronto cuando empezó a correr otra versión contraria, que sostenía que las fallecidas eran niñas muy jóvenes. El Gobierno trató de sostener la versión del médico forense Cristian Villalba de que tenían “entre 15 y 18 años” y que habían protagonizado una fuerte resistencia en armas, pero muy pronto la identidad y la verdadera edad ya no pudieron ser ocultados.

¿Quiénes son los padres?

“¿Cuál es la edad real de las niñas fallecidas?”, fue la pregunta que le hicimos vía chat, en la tarde del miércoles 2 a la docente Genoveva Oviedo Brítez, hermana del fundador del EPP, Alcides Oviedo Brítez.

Esta fue su escueta confirmación: “11 y 12”.

Genoveva es una reconocida docente de Jesús, Itapúa, a quien conocimos durante una investigación tras el secuestro de María Edith de Debernardi, en 2002. En ese momento ella era una activa integrante del Partido Colorado en su comunidad y guardaba distancia crítica de las acciones de su hermano, pero mantenía el vínculo de la consanguinidad y nos ayudó a reconstruir la historia personal y familiar de quien sería luego el “comandante en jefe” del EPP. Desde entonces mantuvimos esporádicos contactos de confianza entre periodista y fuente.

El miércoles, mientras las confusas versiones y contraversiones sobre la identidad y la edad de las fallecidas recorrían las redes sociales, Genoveva compartió un posteo en su cuenta de Facebook, en donde, entre comparaciones con figuras de la mitología griega, hizo las primeras importantes revelaciones que contradecían a la versión gubernamental.

Las niñas fallecidas, según ella, eran “dos criaturas, dos inocentes que tuvieron que salir de su patria de nacimiento y adoptar otra nacionalidad para huir de la persecución. Quisieron estar con sus perseguidos padres para festejar un cumpleaños. Fueron asesinadas”, alegaba. Y por primera vez daba a conocer sus nombres: “Lilianita y Aurorita”.

Además, una línea de su posteo, indicaba una clave importante: “No eran los cuerpos de Magna Meza ni de Liliana Villalba. ¡No!”.

¿Eran acaso los de sus respectivas hijas?

Con esa sospecha me atreví a escribirle con la siguiente pregunta. “¿Son las hijas de Osvaldo y Liliana?”.

Su respuesta fue tajante: “Sí, muy terrible”.

Con esa confirmación teníamos varios datos relevantes, hasta entonces en duda. Sus nombres: Liliana y Aurora. Las edades: 11 y 12. Y la posible identidad de sus padres biológicos: Osvaldo Villalba (actual jefe máximo del EPP, hermano menor de Carmen Villalba, quien es la ex esposa de Alcides Oviedo y también principal fundadora del grupo armado), sería el progenitor de una de las niñas, y su pareja sentimental, Magna Meza, sería la madre; mientras, Liliana Villalba (también hermana de Carmen y Osvaldo) sería la madre de la otra niña y su pareja sentimental, Manuel Cristaldo Mieres, segundo en el mando del EPP, sería el padre.

Con estos datos, en la noche del miércoles compartí una primera información en Twitter, que generó mucha repercusión, mientras elaborábamos un artículo para ÚLTIMAHORA.COM, atribuyendo como fuente a la docente Genoveva Oviedo, tía política de las niñas fallecidas.


Fotos distribuidas por la FTC, supuestamente halladas en el campamento, en donde una de las niñas fallecidas aparece junto a Osvaldo Villalba y Magna Meza, presuntamente sus verdadros padres. El otro niño que aparece sería E.D., el hijo mayor de Osvaldo y Magna. (Gentileza).

Datos controvertidos

Paralelamente, la letrada Deisy Ayala, abogada de dirigentes del EPP, confirmó en otro medio periodístico las mismas edades, pero aseguró que una de las niñas era hija de Miriam Villalba, también abogada y hermana de Carmen Villalba, y que las dos menores tenían nacionalidad argentina.

¿Qué había pasado? ¿Cuál era la verdadera versión? Al rato, otra abogada vinculada al sector estatal me avisó que había un error en nuestro reporte, ya que acababa de hablar con Carmen Villalba, presa en la cárcel del Buen Pastor, y la misma le dijo que una de las niñas fallecidas era efectivamente hija de su hermana Miriam, que sí tenían 11 y 12 años y eran de nacionalidad argentina.

Con esta confusión volví a comunicarme con Genoveva Oviedo. Me respondió que probablemente una de las niñas sí figuraba como hija de Miriam, ya que ella no había visto los documentos.

Puede leer también: Según forense, ambos cuerpos de niñas muertas en operativo de FTC "dan una edad de 11 años"

Al otro día accedimos a las primeras copias de los documentos de identidad argentinos de las niñas fallecidas, en donde se establecía claramente que tanto María Carmen (a quien sus familiares llaman Aurorita) y Lilian Mariana, tenían solo 11 años de edad.

Posteriormente, el propio Consulado argentino en Paraguay entregó copias del DNI (Documento Nacional de Identidad) en donde consta que la niña Lilian Mariana fue inscrita en la ciudad de Clorinda, provincia de Formosa, Argentina, por la abogada Miriam Villalba, quien declaró ser su madre, y la otra niña, María Carmen, fue inscrita en el mismo lugar y en el mismo día por Laura Villalba, también hermana de Miriam, Carmen, Osvaldo y Liliana, quien declaró ser su madre.

A partir de allí resultó más fácil ir verificando lo que realmente sucedió con respecto a la identidad y la situación de las niñas.


Lilian Mariana y María Carmen (Aurorita). Fotos entregadas por su abuela, Mariana Dejesús, con quien ellas crecieron en Puerto Rico, Misiones, Argentina. (Fotos: Gentileza).

En la clandestinidad

Con base en diversas fuentes y testimonios, se puede reconstruir una historia no asumida públicamente por los familiares, de que María Carmen (Aurorita) sería efectivamente hija de Manuel Cristaldo Mieres y Liliana Villalba, mientras que Lilian Mariana sería hija de Osvaldo Villalba y Magna Meza, y que habrían nacido en la clandestinidad, en la región Norte del Paraguay (la primera en febrero de 2009, la segunda en octubre de 2008).

Por su condición de prófugos de la Justicia, los padres prefirieron que las niñas sean sacadas del país y llevadas a la Argentina junto con la abuela, Mariana de Jesús Ayala López, quien había sido sacada de su hogar en la ciudad de Concepción y residía en Puerto Rico, provincia de Misiones, desde hace algunos años.

Para poder otorgarles un registro documental, las niñas fueron inscritas en la ciudad argentina de Clorinda como ciudadanas del vecino país. La inscripción de ambas se hizo el mismo día, el 1 de junio de 2010, cuando una de ellas tenía un año y seis meses de edad y la otra tenía un año y cuatro meses.

Según datos no asumidos públicamente por los familiares, ante la imposibilidad de la presencia de los padres biológicos verdaderos, se presentaron como presuntas madres solteras las tías: Miriam Viviana Villalba Ayala, como mamá de Lilian Mariana (DNI 50.113.108), y Laura Mariana Villalba Ayala, como mamá de María Carmen (DNI 50.113.110).

Firmaron como testigos de la inscripción Gerónimo Alarcón y Tirso Rolando Peña. En la oportunidad también se anotó a un niño (DNI 50.113.109), Ernesto Daniel Villalba, presuntamente el hijo varón mayor de Osvaldo Villalba y Magna Meza, nacido también en la clandestinidad, actualmente mayor de edad e incorporado al grupo combatiente.

Esta irregular situación es la que exponentes del Gobierno paraguayo califican como una documentación “de contenido falso”, sosteniendo que el Estado argentino no lo debería avalar.

Sin embargo, expertos en derechos humanos consultados apuntan que la situación es perfectamente defendible, con base en la Convención de 1954 sobre el Estatuto de los Apátridas de la Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), en donde se establece que, si un niño no es reconocido como nacional en un país, el país de residencia debe otorgarle la nacionalidad. Es decir, si estas niñas nacieron en el Paraguay, pero no pueden ser inscritas acá debido a la situación de persecución de sus padres, tienen derecho a ser inscritas en otro país.

Por algo, a pesar de que la Cancillería paraguaya afirma haber denunciado ante las autoridades argentinas la presunta ilegalidad de los documentos de identidad, el Gobierno del vecino país sigue asumiendo los reclamos sobre al caso, asegurando que las niñas fallecidas son legalmente ciudadanas argentinas.

El documento de inscripción en Argentina de la niña Liliana María Villalba. Gentileza.


El documento de inscripción en Argentina de la niña María Carmen Villalba (Aurorita). Gentileza.

¿A qué vinieron las niñas?

En contra de la versión de voceros de la Fuerza de Tarea Conjunta y de otros sectores del Gobierno, de que las niñas venían siendo entrenadas desde hace tiempo como jóvenes guerrilleras en los campamentos del EPP, existen indagaciones del Gobierno argentino que demuestran que la directora de la Escuela Provincial 228 del barrio San Francisco, de la ciudad de Puerto Rico, Norma Diertele, asegura que “la niña Lilian Mariana Villalba, de 11 años de edad, asistió a clases hasta el 13 de noviembre del 2019, luego de haber rendido con anterioridad los exámenes finales, en razón de la que la menor tendría que viajar juntamente con su madre, desconociendo el destino”.

El mismo informe registra que la niña Lilian Mariana salió de Misiones, Argentina, por el puente entre Posadas y Encarnación, junto con su madre legal, Miriam Villalba, el pasado 21 de noviembre, con destino al Paraguay.

No existe registro de su ingreso a nuestro país en la oficina de Migraciones, pero cualquiera que conoce el paso sabe que las autoridades de Migraciones en Encarnación no exigen registrarse a los paraguayos que ingresan. Tampoco hay datos sobre la otra niña, María Carmen, pero los familiares sostienen que ambas viajaron juntas.

“Las niñas querían ir a conocer a sus padres”, dice la abuela Mariana de Jesús Ayala, en un video grabado por miembros del Equipo Misionero de Derechos Humanos, Justicia y Género, con sede en la ciudad de Posadas.

En una entrevista concedida al medio Misiones Online, la abogada Miriam Villalba, como madre legal de Lilian Mariana, asegura también que las niñas viajaron al Paraguay “para conocer a sus respectivos padres” y sostiene que desde que eran bebés no habían podido ver a sus progenitores. Miriam concedió la entrevista en Puerto Rico, lo cual significa que, tras haber traído a las pequeñas al Paraguay, ella regresó a la Argentina.

No hay datos precisos sobre la fecha en que ambas niñas fueron llevadas hasta el campamento del EPP en la región de Yby Yaú. Genoveva Oviedo sostiene que las niñas visitaron casas de familiares, compartieron con sus primas, las hijas mellizas de Carmen Villalba y Alcides Oviedo, “con quienes eran prácticamente como hermanas, ellas están muy dolidas”.

¿Pudieron estar el tiempo necesario para recibir entrenamiento en el uso de armas? Los voceros de la FTC y del Gobierno aseguran que sí. Los familiares insisten en que nunca existió ese propósito con estas niñas, a pesar de que otros hijos menores de edad de miembros del EPP sí forman parte del grupo armado.

Los casos más conocidos son los de Lucio Silva, uno de los fundadores del grupo armado que luego sería el EPP, quien se unió al núcleo en armas llevando a sus hijos Samuel, Claudelino y Jorgelina, esta última con 16 años de edad en el momento de ser incorporada, ahora ya mayor de edad, y de Alejandro Ramos, quien ingresó con su esposa Lourdes y sus hijos menores de edad, A.R.R. y L.T.R.R.

Sin posibilidad de elegir

El artículo 2 de la Convención sobre los Derechos del Niño indica: “Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para asegurar que el niño sea protegido contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, de sus tutores o de sus familiares”. ¿Se está cumpliendo?

Las muertes trágicas de María Carmen y Lilian Mariana, que aún deben ser investigadas y esclarecidas totalmente, deberían servir para poner en el foco en los casos de reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes, no solamente por parte del EPP, sino también por bandas de narcotráfico y otros grupos criminales.

Hasta hace pocos años, el Estado paraguayo reclutaba a menores de edad para el Servicio Militar Obligatorio y existe una lista de 157 jóvenes soldados que murieron en circunstancias dudosas en los cuarteles desde la caída de la dictadura, varios de ellos aún menores de edad.

El propio presidente de la República, Mario Abdo Benítez, protagonizó un hecho polémico el año pasado, cuando autorizó con gran difusión mediática que su hijo Santiago, en ese entonces de 17 años de edad, ingrese a cumplir su servicio en el Centro de Instrucción Militar de Estudiantes para la Formación de Oficiales de Reserva (Cimefor), generando denuncias por violar la Ley 3360/2002, que establece que menores de 18 años no deben hacer el servicio militar.

¿Tenían María Carmen y Lilian Mariana la opción de elegir un destino diferente que la de matar o morir en medio de un monte? En los supuestos apuntes de una de ellas, presuntamente hallados en el campamento del EPP, filtrados por las fuerzas de seguridad en un intento de disminuir la imagen negativa tras el operativo, se pueden leer rústicos textos manuscritos que, además de revelar que su presencia en el inhóspito y peligroso lugar iba a ser solo temporal, también destaca el angustiado intento de una niña de quedarse por más tiempo, a fin de poder compartir con su padre: “Yo necesito que me entiendas, yo porque te quiero hablo con vos. Yo sé que puedo irme porque tengo todo el derecho, desearía que aproveches estos 5 meses que sobra, pero vos decís solo 2 meses…”.

Es como el desgarrador llamado de auxilio de una niña que solo anhelaba un poco de cariño: “Yo quisiera no haber nacido o tener una familia completa…”.

Un llamado que puede atribuirse a otros niños y niñas en la misma situación.

¿Alguien podrá responder...?



(Reportaje realizado originalmente para ÚltimaHora.Com y publicado el lunes 1 de setiembre de 2020. En esta versión se han realizado correcciones y agregados con respecto a la primera versión).

miércoles, 1 de abril de 2020

Justicia para un soldado, veinticuatro años después



Este miércoles 1 de abril, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó al Paraguay a pagar alrededor de USD 37.000 por la muerte del soldado Vicente Ariel Noguera, quien falleció a los 17 años cuando realizaba el servicio militar, en enero de 1996. Fue uno de los casos emblemáticos entre los 157 jóvenes (cifra oficialmente aceptada por el Estado paraguayo) que murieron durante el Servicio Militar Obligatorio (SMO) y que pusieron en jaque a la estructura castrense.

Pueden leer la noticia en este enlace.

Me tocó hacer una investigación periodística junto al colega Arnaldo Alegre, actual director periodístico de Última Hora, que en su momento tuvo mucha resonancia. Ello hizo que María Noguera, la madre de Vicente Ariel, fundadora de la Asociación de Familiares de Víctimas del Servicio Militar (Afavisem), me pida comparecer como testigo en la causa ante la CIDH.

La sentencia se produce en un momento crítico por la pandemia del coronavirus y golpea aún más al Estado, pero es importante para afirmar que nunca más se deben permitir abusos como los que se cometían desde el poder militar en esa época, el mismo que sostuvo a la larga dictadura de Stroessner y que siguió vigente después. Era otro gobierno, es cierto (el de Juan Carlos Wasmosy), pero respondía al mismo Partido Colorado que sostuvo a la dictadura y cubrió con la impunidad, evitando que se haga justicia, y que sigue gobernando el país.

Ahora que llega esta sentencia desde la CIDH, que también sigue trabajando aun en medio de la crisis sanitaria global, les comparto lo que fue mi declaración a distancia, ya anticipando el estilo de presencia virtual. Es un aporte a la memoria y a la justicia, en homenaje a Vicente Ariel y a la lucha de su madre, como a todas las víctimas, 24 años después.

***

DECLARACIÓN DE ANDRÉS COLMAN GUTIÉRREZ ANTE LA CIDH

1.-Diga el testigo: ¿Fue testigo presencial de los hechos?
-Si se refiere al hecho de la muerte del joven cimeforista Vicente Ariel Noguera, ocurrido el 10 de enero de 1996 en el cuartel del Tercer Cuerpo de Ejército, en Mariscal Estigarribia, Chaco Paraguayo, no fui testigo presencial de la muerte, pero si pude recabar mucha información posteriormente, en un trabajo de investigación periodística realizado para el diario Última Hora de Asunción, en una serie que publicamos con el colega Arnaldo Alegre (actualmente jefe de Redacción del diario) a partir del 7 de setiembre de 1996, luego de que la madre del joven, María Noguera, haya presentado una querella criminal por homicidio ante la Justicia paraguaya.

2.-Diga el testigo: ¿Cómo se enteró de los hechos y cuándo?
-Me enteré el mismo día en que se conoció la noticia, el 11 de enero de 1996, a través de un dato que llegó a nuestra Redacción. Me interesó particularmente, porque desde el equipo de investigación periodística del diario Última Hora veníamos haciendo un seguimiento a los numerosos casos de soldaditos muertos en los cuarteles, en muchos casos por situaciones de maltratos y abusos por parte de sus superiores.  Acudí a la casa de la familia Noguera y conversé con la madre. Ante los indicios de que se trató de un caso de muerte por maltrato violento, decidimos iniciar una investigación.

3.-Diga el testigo: ¿La señora María Noguera, en su carácter de víctima o querellante, le ofreció como testigo en el expediente judicial?
-En la querella criminal ante la Justicia paraguaya no fue así, aunque sé que nuestras publicaciones sobre el caso fueron tenidas en cuenta, al igual que las publicaciones de otros medios periodísticos. En el caso de la denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos sí, la señora María Noguera me ha pedido que participe como testigo, a fin de ratificar los elementos que habíamos podido comprobar y que en su momento ya habíamos publicado en nuestra investigación.

4.-Diga el testigo: ¿Usted prestó declaración testifical en la causa penal que investigó la muerte de Vicente Ariel Noguera?
-No fui convocado como testigo en esa oportunidad, por tanto no presté declaración testifical. Sé que nuestras publicaciones periodísticas, al igual que las de otros medios de prensa, fueron tenidas en cuenta en el proceso.

5.-Diga el testigo: ¿Su investigación periodística acerca del caso fue publicada?
-Así fue. Se publicó a doble página, con una llamada en portada, con la volanta “Investigación: ¿Quién mató a Ariel Noguera?”, a partir del sábado 7 de setiembre de 1996, en la páginas 6 y 7 de la sección Política del diario Última Hora, continuando las entregas durante una semana hasta el jueves 12 de setiembre de 1996. En días posteriores publicamos más notas, ya en forma suelta, a medida en que surgían más reacciones sobre la serie de reportajes.

6.-En el marco de la investigación periodística, ¿Cuántas veces se constituyó en  el lugar de los hechos?
-Si se refiere como “lugar de los hechos” al cuartel del Tercer Cuerpo de Mariscal Estigarribia donde fue hallado muerto el soldado Ariel Noguera, estuve personalmente durante una jornada, pero otros miembros de nuestro equipo periodístico estuvieron en varias otras circunstancias, incluyendo visitas oficiales programadas por las Fuerzas Armadas. Sin embargo, permítanme apuntar que un trabajo de investigación periodística no se basa solo en visitas al lugar de los hechos, sino a indagaciones en varias otras esferas, conversaciones con ex-camaradas de la víctima, familiares, superiores, búsquedas de documentos, etc.

 7.-Diga el testigo: ¿Con cuántas personas pudo entrevistarse, que tuvieron conocimiento de los hechos?
-Pude conversar personalmente con al menos una veintena de ex camaradas del conscripto Ariel Noguera, además de oficiales superiores que aceptaron brindar datos en forma confidencial, pidiendo no ser identificados, porque tenían mucho miedo a posibles represalias de sus superiores. Además pudimos entrevistar a muchas otras personas relacionadas al caso: familiares, médicos, fiscales, policías, militares, como de acudir a diversas fuentes documentales. Fácilmente hemos entrevistado a más de 40 personas relacionadas al caso. Los principales acusados, el subteniente Fernando Mosqueda y el teniente primero Hernán Alcaraz, los dos oficiales que habrían sometido al cimeforista a castigos físicos, como sus superiores de las Fuerzas Armadas, se negaron sistemáticamente a ser entrevistados, a pesar de nuestros insistentes requerimientos. Tampoco el entonces comandante del Ejército, general Lino César Oviedo, aceptó dar una entrevista o brindar declaraciones sobre la muerte de Ariel Noguera.

8.-Diga el testigo: ¿Entre las personas que entrevistó se encontraban funcionarios públicos?
-Así es. Una de las personas que aceptó conversar con nosotros fue el propio fiscal general del Estado en ese entonces, el doctor Anibal Cabrera Verón, quien  ayudó a reabrir el caso cuando ya se consideraba cerrado judicialmente, logrando que se realice una nueva autopsia. Su intervención no impidió sin embargo que sectores de las Fuerzas Armadas, entre ellas el propio general Lino Oviedo, tengan éxito en bloquear las investigaciones y en evitar que se pueda descubrir la verdad sobre la muerte del cimeforista. También nos entrevistamos en su momento con el propio juez que llevaba adelante la investigación, José Waldir Servin Bernal, quien se mostró reacio a dar detalles del caso.  

9.-Diga el testigo: ¿Dentro de su investigación encontró algún indicio que ponga en duda la veracidad de contenido del informe de la autopsia dirigida por el doctor Martínez Yaryes, propuesto por la señora María Noguera?
-Así es. Tal como lo revelamos en un anexo del primer reportaje publicado el 7 de setiembre de 1996, bajo el título: “Categórico: El hanta virus no mató a Ariel”, reproducimos un informe de laboratorio que el propio doctor Martínez Yaryes había pedido, en donde el especialista Ralph Bryan, del Epidemiology Branch de Albuquerque, Nuevo México, Estados Unidos, concluye que el resultado del análisis inmunohistoquímico del paciente ha dado negativo con respecto al hantavirus. Es decir, el estudio de laboratorio que había encargado Martínez Yaryes desmintió que Noguera haya muerto por hantavirus, tal como el forense atribuyó en un primer momento. Me tocó entrevistar a Martínez Yaryes tras este informe, quien se mostró sorprendido por los resultados del laboratorio. “No he visto golpes (en la autopsia realizada) pero no descarto que una situación violenta pueda haber causado la muerte. De hecho, para mí, el caso sigue siendo muy extraño”, declaró, tal como lo publicamos en su momento en el diario.   

10.-Diga el testigo, ¿cómo era la consideración pública respecto del doctor Miguel Ángel Martínez Yaryes?
-El doctor Martínez Yaryes era un reconocido dirigente político opositor que mantuvo una lucha heroica contra la dictadura stronista, además de un destacado médico, pionero de la medicina forense en el Paraguay. Sin embargo, cuando le tocó realizar la autopsia del cimeforista Noguera se encontraba ya en avanzada edad y su primera conclusión, de que el cimeforista habría fallecido por la enfermedad del hantavirus, fue desmentida por el informe de laboratorio que el mismo encargó en los Estados Unidos, como por otros especialistas que aseveran que es muy difícil que un caso e hantavirus se de en esa región del Chaco.  

11.-Diga el testigo: ¿Realizó, en su carácter de periodista, cobertura a los actos públicos de reparación organizados por el Estado, vinculados al presente caso? En caso afirmativo, ¿podría indicar cuáles?
-No lo hice, porque los periodistas de investigación no hacemos cobertura informativa diaria. Si me enteré de estos actos por lo que se publicó en los medios y también leí que los familiares no están satisfechos con lo que hasta ahora hizo el Estado para reparar el hecho denunciado.

-Finalmente, si se me permite, quisiera ampliar esta declaración destacando que la investigación periodística sobre el caso Ariel Noguera la hicimos en un contexto más amplio, en el marco de una realidad socio-política de los años 90, a poco de haber sido derribada la dictadura del general Alfredo Stroessner, en que el militarismo seguía siendo muy fuerte en la sociedad paraguaya, época en que existían muchas denuncias de humildes familias campesinas sobre sus jóvenes hijos, muchos de ellos menores de edad, que eran prácticamente cazados por pelotones militares en el interior, movilizados a la fuerza para prestar el Servicio Militar Obligatorio (SMO) y acababan muertos por haber sido sometidos a castigos inhumanos o a prácticas de combate poco profesionales. Según el registro oficial reconocido por el Estado paraguayo, desde la caída de la dictadura (1989) un total de 157 jóvenes murieron durante el Servicio Militar Obligatorio. Muchas de estas muertes no fueron investigadas por la Justicia o los casos quedaron en el oparei, nombre que se da en el Paraguay a la palabra impunidad en lengua guaraní.
En el caso Noguera, nuestra investigación pudo constatar varias irregularidades, tal como lo publicamos en su momento:
-En su primer periodo de entrenamiento, cumplido en enero de 1995 en Villarrica, Vicente Ariel Noguera tuvo un altercado con un oficial, el subteniente Fernando Mosqueda, cuando al soldado se le cayó accidentalmente el fusil y golpeó en el rostro al oficial. Sus camaradas relataron que desde ese momento Mosqueda juró vengarse de Noguera.
-En el segundo periodo como cimeforista, en enero de 1996, Noguera debía prestar su servicio militar en Fortin Montanía, Chaco, pero para sorpresa suya cambiaron su destino al tercer cuerpo de Ejército, en Mariscal Estigarribia, donde también sorpresivamente se encontró de nuevo cara a cara con el subteniente Mosqueda.
-En Mariscal Estigarribia, Noguera tuvo otro altercado con otro oficial, el teniente primero Hernán Alcaraz, el 10 de enero, cuando el oficial lo reprendió en la formación, el soldado reaccionó y el oficial se cayó al suelo ante la vista de todos, situación en la que se sintió ridiculizado. Según los testimonios que recabamos de los camaradas, Alcaráz amenazó frente a varios testigos con castigar a Noguera y las palabras que pronunció fue: “Ni él no va a querer contar, como hombre, el castigo que va a recibir”.
-Aunque las versiones de los camaradas difieren, la relación de hechos concluye que ese 10 de enero Noguera fue incorporado al llamado “pelotón jabón” -un grupo a donde son conducidos los soldados bajo castigo- que dirigía el subteniente Alcaraz, donde permaneció durante dos horas sometido al “descuereo” (ejercicios físicos intensos). Lo vieron por última vez tras el ejercicio, en que lo llevaron a sentarse en un banco, en la guardia. A la madrugada encontraron su cuerpo muerto en una cama que no era la suya, a dos camas de la que le correspondía dentro de la cuadra. Llamativamente, también el teniente Alcaraz desapareció por largas horas, durante las mismas horas en que estaba desaparecido Noguera.
-Lo llamativo fue que, tras conocerse el caso, desde las altas esferas de las Fuerzas Armadas intentaron bloquear nuestra investigación y ocultar datos. El entonces comandante del Ejército, general Lino Oviedo, viajó a Mariscal Estigarribia, reunió a todos los excamaradas de Noguera y les ordenó: “Ustedes no digan nada, nosotros vamos a arreglar todo, porque esto se va a usar para desprestigiar a las Fuerzas Armadas”. Muchos de los ex camaradas se negaron a dar declaraciones y quienes accedieron lo hicieron con mucho miedo, en medio de medidas de seguridad y tras asegurarles que sus identidades serían mantenidas en reserva. Durante la etapa en que hicimos la investigación, la madre de Ariel Noguera fue víctima de ataques y presiones, llegaron a incendiar una carpintería de la familia y un auto chocó a uno de sus hijos.

En la esperanza de poder contribuir a este juicio, los saludo atentamente.

Andrés Colmán Gutiérrez
Periodista










domingo, 1 de marzo de 2020

Amoite Cerro Corápe…






A 150 años, la muerte de López todavía conmociona al Paraguay

Andrés Colmán Gutiérrez  - @andrescolman
Fotos: Andrés Catalán
DESDE CERRO CORÁ, AMAMBAY


El Aquidabán Nigui es apenas un delgado hilo de agua que se desliza entre pedregullos y matorrales. Un arroyo tan pequeño, todavía limpio y transparente, que en su rumoroso fluir puede relatar sin embargo una historia tan inmensa, tan trágica y gloriosa a la vez, para quien sea capaz de comprender su hídrico lenguaje.
Así lo confirma la canción Cerro Corá del recordado poeta guaraní Félix Fernández y del gran músico Herminio Giménez:

“Osyry pe Aquidabán
culantrillomi apytépe
iñe’ême omombe’u
ñanderu omano hague”.

(Corre el Aquidabán
entre las hierbas de culantrillo
y en su lenguaje cuenta
que ha muerto nuestro padre).

–Fue aquí, en este mismo lugar, en donde mataron al mariscal López– dice Perla Vázquez, jefa del Parque Nacional Cerro Corá, señalando un punto entre los matorrales, a orillas del arroyito.
En el lugar señalado hay un monolito de piedra que envuelve a un busto de metal del mariscal Francisco Solano López, el presidente y jefe del Ejército paraguayo que resistió durante más de cinco años, desde 1864 hasta aquel 1 de marzo de 1870, a las tropas aliadas de Brasil, Argentina y Uruguay, en una de las guerras más cruentas y desiguales de la historia latinoamericana.
Fue aquí, hace exactamente 150 años, en donde la Guerra Guasu llegó a su fin.

La tumba del Mariscal López y su hijo Panchito, en el Parque Nacional Cerro Corá.

EL CERCO FINAL.
Son pocos los testimonios de primeras fuentes acerca de cómo fue la muerte de López en Cerro Corá, aquel 1 de marzo de 1870 y no siempre coinciden.
El sacerdote Fidel Maíz, que acompañó a López en gran parte de la contienda, narra en sus memorias que López y su ejército llegaron al valle rodeado de cerros el 8 de febrero de 1870 “apenas con algo más de 400 hombres, reducidos a la más postración, sin ropas ni víveres, sin más esperanza que sucumbir bajo la presión del hambre y de miserias increíbles”.
El ejército brasileño, al mando del general José Antonio Correa da Cámara, se había desplazado a la caza de López, junto a otros jefes militares como Floriano Peixoto, Francisco Antonio Martins, Silva Tavares y Silva Paranhos.
López instaló fuerzas para intentar contener el avance, pero los defensores nada pudieron hacer ante la superioridad numérica de los atacantes.
El general Isidoro Resquín, uno de los sobrevivientes, relata que “este último y sangriento combate en Cerro Corá duró nada menos que unos quince minutos (...) fue derrotado y vencido por completo el ejército (paraguayo), después de haber luchado cinco años, defendiendo la honra e integridad de su patria”.
En un primer enfrentamiento, el mariscal López, montado sobre su caballo, se enfrentó a golpes de espada con varios atacantes, ocasión en que fue herido de un lanzazo en el vientre por el brasileño Francisco Lacerda, el célebre Chico Diabo. También recibió un hachazo en la sien. Dos de sus oficiales lo cubrieron, para evitar que sea ultimado en ese lugar.

La cruz de los héroes, en un sector central del Parque. Derrama agua como lágrimas a una fuente.

LA MUERTE DE LÓPEZ.
El coronel Silvestre Aveiro, otro de los que acompañaron al mariscal López en ese momento final, cuenta que él le pidió que lo siga para salvarlo.
Se internaron a caballo en la espesura, hasta que ambos cayeron. Siguieron a pie, ayudándose, hasta orillas del Aquidabán Nigui. Se les unió el soldado Ignacio Ibarra. Fue allí donde fueron alcanzados por los brasileños. Apareció el general Cámara, quien según versiones le intimó a López a rendirse.
Relata el general Isidoro Resquín: “Al oír el mariscal López proferir semejantes palabras, les contestó con toda la energía de un valiente que no se rendía y que estaba dispuesto a sacrificar todo por su querida patria. Inmediatamente (...) recibió con heroísmo las balas de la fuerza de Brasil, con lo que entregó su vida al Creador”.
El coronel Silvestre Aveiro relata que Cámara intercambió algunas palabras con López, pero solo alcanzó a escuchar la palabra patria. “Después en Río de Janeiro se publicó y supe que cuando fue a intimarle rendición el general Cámara, había dicho López: ‘¿Me garante lo que le pido?’ Y con la repuesta de que no podía garantizarle más que la vida, había dicho: ‘¡Entonces muero con mi patria!’, levantando su espadín”.
Hasta ahora, 150 años después, se sigue discutiendo si López realmente pronunció la frase “muero con mi patria” o “muero por mi patria”.

Reliquias en el museo de entrada al Parque Cerro Corá.

MEJORAS EN EL PARQUE.
El lugar en donde el mariscal López fue ultimado, ocasión en que se puso fin a la Guerra Guasu, es hoy un Parque Nacional de 5.538 hectáreas, administrado por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades).
El Parque fue creado por decreto del dictador Alfredo Stroessner en 1976. Está ubicado en el Departamento de Amambay, en el Noreste del Paraguay, a 494 kilómetros de Asunción y a 40 kilómetros de la ciudad de Pedro Juan Caballero, junto a la frontera con el Brasil.
Un equipo de cinco guardaparques, dirigidos por una mujer, Perla Vázquez, se encarga del manejo y del control del espacio histórico y ambiental. Perla es pilarense y ocupa el cargo desde hace dos años. Es la primera mujer que dirige un parque nacional, rompiendo un esquema que hasta entonces había sido manejado solo por hombres. “Es una gran responsabilidad dirigir un espacio tan valioso, con tanta significación en la historia nacional. Recibimos muchos visitantes, durante el 2019 llegaron 16.750 personas, incluyendo a muchos turistas brasileños, argentinos y uruguayos, personas que son de países que pelearon contra el Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza, pero que sin embargo se declaran admiradores del mariscal López y muy a favor de la causa del Paraguay”, explica.
Ella relata que suele ver cómo muchos visitantes se emocionan y derraman lágrimas al llegar al lugar en donde López fue muerto por los soldados brasileños. “Es impresionante cómo la gente se sigue conmoviendo con esta historia, aunque haya transcurrido un siglo y medio”, apunta.
El Parque Cerro Corá, cuya infraestructura suele quedar olvidada durante gran parte del año, ha recibido un fuerte espaldarazo en obras de mejoramiento en la semana previa al 1 de marzo.
Cuando visitamos el lugar, varias cuadrillas de obreros trabajaban contra reloj, incluso con turnos nocturnos, para poder acabar a tiempo la reconstrucción de un sistema de pasarelas de metal, denominado Paseo de los Héroes, que conduce al sitio donde mataron a López, como a la simbólica tumba que le rinde homenaje a él y a su hijo Panchito, el coronel Juan Francisco López Lynch, asesinado a pocos metros de donde murió su padre, cuando solo tenía 15 años de edad. Además, se restauró el sistema hidráulico que arroja agua desde la gran cruz en el centro del parque y se dotaron rampas inclusivas al monumento principal, en donde se llevará a cabo el acto de evocación por los 150 años.

Visitantes en Cerro Corá, el mayor Hugo Ojeda y su familia,

EL MARISCAL EN LA MEMORIA.
A 150 años de su muerte, Francisco Solano López sigue provocando pasiones, dividiendo a sectores del Paraguay, como a los propios historiadores, en “Lopistas” y “antilopistas”, entre quienes lo consideran “héroe máximo” como a quienes lo llaman “tirano” y el principal responsable de una guerra que diezmó al Paraguay.
El historiador Hérib Caballero Campos declaró al periódico británico The Guardian que ningún otro país latinoamericano ha pasado por lo que pasó el Paraguay con la Guerra de la Triple Alianza. “Es por eso que (la Guerra) ha dejado una marca tan fuerte en la conciencia colectiva paraguaya”, indicó.
La figura de Francisco Solano López, declarado oficialmente como “Héroe Nacional sin Ejemplar” por el Gobierno del general Rafael Franco, en 1936, que decretó el 1 de marzo como el Día de los Héroes, ha sido reivindicado por gobiernos de grandes estadistas demócratas como el liberal Eligio Ayala, por dictaduras de derecha como la del general Alfredo Stroessner, mientras en las antípodas ideológicas, el entonces clandestino Partido Comunista Paraguayo mantenía un grupo de guerrilla que combatía a Stroessner con el nombre de Columna Mariscal López, bajo el mando del legendario comandante Agapito Valiente. También el actual grupo armado criminal denominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) adopta como símbolo al Mariscal López.
“El Lopismo es una construcción ideológica estructurada en los años 20, como forma local del nacionalismo. Como muchos nacionalismos, porta contenidos fuertemente antidemocráticos y militaristas, defendidos primero por los colorados, asumidos desde la década del 30 por el partido comunista paraguayo y por la derecha nacionalista liberal” ha señalado la historiadora Milda Rivarola, una de las investigadoras con posturas críticas ante la figura del mariscal.
Desde otro ámbito, el político e historiador uruguayo Vivia Trías, ha señalado que “los López demostraron que era posible y viable un modelo de desarrollo liberador de nuestras patrias. Probaron el acierto de Moreno y Artigas. Para que su experiencia fracasara hubo que aniquilarla con una guerra implacable y abrumadora. Pero la propia guerra demostró cuán difíciles, arduos e inciertos son el desarrollo y la liberación sin la unidad continental; en especial para las naciones pequeñas. La idea vive y es más necesaria que nunca. Hoy hay que unir patrias y no provincias. El problema es distinto, pero la solución es la misma: Unidad y liberación. Es un largo y dramático proceso, plagado de esperanzas y desengaños, de sombras y de luces. Entre las últimas, pocas tan deslumbrantes y alentadoras como el Paraguay de los López”.

La lista de los principales oficiales caídos en Cerro Corá. Monumento en el lugar.
CERRO CORÁ, A 150 AÑOS.
El mayor de Caballería Hugo Ojeda es uno de los visitantes a quien encontramos en Cerro Corá. Aprovechando días libres, él ha llegado desde Pilar con su esposa y su hija para conocer por primera vez el sitio donde murió el mariscal.
“Como paraguayo y como militar, admiro la manera en que defendió la soberanía territorial de nuestro país, el principio de nuestra independencia. Se puede hacer muchas críticas, pero tenía valores que pocos gobernantes tuvieron después”, señala.
Detrás de él y sus familiares encontramos a un grupo de visitantes brasileños. “A nosotros, en el Brasil, nos enseñan en la escuela que la Guerra del Paraguay fue para liberar al país de un tirano, pero creo que esa no es la verdad. Leí a otros autores que muestran que Solano López fue un héroe. Por eso venimos a conocer el lugar donde murió”, relata Moacir Ferreira, comerciante de Corumbá, Mato Grosso do Sul.
Tanto el militar paraguayo como el comerciante brasileño han coincidido aquí, 150 años después. Ambos se mantienen en silencio mirando al busto de metal de aquel hombre odiado o admirado, dejando que el rumor de las aguas del Aquidabán Nigui les cuente su propia historia.

Perla Vázquez, jefa encargada del Parque Nacional Cerro Corá, con su equipo de guardaparques.

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(Crónica publicada en la edición impresa del diario Última Hora de Asunción, sección Política, edición del domingo 1 de marzo de 2020).

martes, 22 de enero de 2019

Así empezó la dictadura: ¿Quién se opone a quien llega a salvar al país?




L
a voluminosa camioneta Chevrolet Custom 10, pintada de color rojo, conocida popularmente como la caperucita roja, temible vehículo en el que la policía stronista secuestraba a los perseguidos políticos y a las víctimas de la dictadura, estaba allí, estacionada frente al Museo de las Memorias, sobre la calle Chile, en el microcentro de Asunción, durante el acto conmemorativo que recordaba los 60 años del inicio del stronismo, con el golpe militar del 4 de mayo de 1954.
El tenebroso vehículo, uno de los últimos de su especie, fue recuperado de un taller mecánico de la ciudad de San Lorenzo, y tras ser reacondicionado, entregado al Museo como un recuerdo de los años de horror. El acto dedicado a las víctimas de la dictadura, realizado en el mismo local de la Comisaría Tercera y la ex Dirección Técnica del Ministerio del Interior, dos lugares emblemáticos utilizados como centros de detenciones ilegales y torturas a prisioneros políticos durante el stronismo, también sirvió para homenajear al dirigente colorado Roberto Luis Petit, a quien el abogado y educador Martín Almada caracterizó como “la primera víctima de la dictadura”.
Sesenta años atrás, en la noche del 4 de mayo de 1954, un grupo comando del histórico Batallón 40 de las Fuerzas Armadas paraguayas atacó el Cuartel de la Policía, en Asunción, ocasionando la muerte del joven dirigente colorado Roberto L. Petit y el derrocamiento del presidente de la República, Federico Chaves.
El jefe militar victorioso de aquel golpe de Estado era el entonces joven general
Alfredo Stroessner, quien luego se hizo elegir presidente y asumió el cargo el 15 de agosto de 1954, iniciando la más prolongada, oscura y oprobiosa dictadura que conoció el Paraguay, hasta que 35 años después, en la noche del 2 de febrero de 1989, otro golpe militar -que también incluyó un ataque al Cuartel de Policía- le puso fin.
Eran cerca de las 20:00 de la noche del 4 de mayo, cuando el tiroteo se hizo intenso en todo el microcentro de Asunción, según relata el periodista e historiador Bernardo Neri Farina, en su libro El golpe del 4 de mayo de 1954.
"El presidente Federico Chaves buscó refugio en el Colegio Militar (actual sede del Parlamento), cuyo director era el general Marcial Samaniego, camarada y amigo de Stroessner", narra el autor.
Según la versión de Neri Farina, cuando el mandatario quiso hacer prevalecer ante Samaniego su condición natural de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, cargo que había delegado en el general Stroessner, el entonces capitán de Infantería, Isaías Barreto, le contestó a Chaves: "Su excelencia, usted está preso".
En su libro "El 4 de mayo de 1954", el periodista e historiador Roberto Paredes relata la misma anécdota, de modo distinto: "Asustado ante el desarrollo de los acontecimientos, Federico Chaves se dirigió para refugiarse hasta el Colegio Militar, por entonces en El Paraguayo Independiente y 14 de Mayo, donde inmediatamente fue detenido. 'Esto  no es posible, yo soy el Comandante en Jefe', se lamentaba, pero ningún oficial le respondía".

Tras una época de mucha inestabilidad.

Los sucesos del 4 de mayo de 1954 ocurrieron como corolario de un largo periodo de extrema inestabilidad política en el Paraguay.
Tras la guerra civil de 1947, se produjo un lapso en que se sucedieron seis presidentes de la República en solo dos años, la mayoría a través de golpes de Estado: Higinio Morínigo, Juan Manuel Frutos, Juan Natalicio González, Raimundo Rolón, Felipe Molas López y Federico Chaves.
Chaves había asumido con un golpe el 11 de setiembre de 1949 y luego se hizo elegir institucionalmente en 1953, mandato que debía prolongarse hasta 1958.
"El país vivía en ese periodo una situación de caos generalizado: tensiones políticas permanentes, con crisis reiteradas; economía en bancarrota, con desórdenes en todas las áreas, pobreza generalizada en amplios sectores de la sociedad", describe Roberto Paredes.
"En enero de 1954, la tensión entre la Junta de Gobierno del Partido Colorado y el presidente Federico Chaves se había agudizado. El viejo caudillo estaba perdido en el caos. Las riendas del poder se estaban yendo de las manos, sin que él tratara de revertir las cosas, pues todavía se sentía poderoso en su Gobierno. Su amante, Isabelita Vallejos, era el pívot sobre el cual giraban los negocios, mientras el mercado negro florecía en medio del desabastecimiento y la miseria que asolaban al país", relata Bernardo Neri Farina.
Uno de los dirigentes políticos colorados que tuvo gran protagonismo en la caída de Chaves y el ascenso de Stroessner fue Epifanio Méndez Fleitas, quien ocupaba la presidencia del Banco Central del Paraguay.
Tras haber asumido un rol central en el derrocamiento del presidente Molas López, en 1949, Méndez Fleitas se había convertido en un caudillo de mucha influencia en el Partido Colorado y en toda la sociedad.
En enero de 1954 se había producido una primera crisis, cuando Méndez Fleitas fue destituido de su cargo en el Banco Central, junto a Guillermo Enciso Veloso y Tomás Romero Pereira, presidente y vicepresidente del Partido Colorado.
La puja interna que había en el Partido Colorado también se trasladaba al ámbito militar, donde era evidente la rivalidad entre el comandante en Jefe, general Alfredo Stroessner y el comandante de la Caballería, teniente coronel Néstor Ferreira.
Tras una serie de conspiraciones y movidas de ajedrez político, los sucesos se precipitaron en la mañana del 3 de mayo de 1954, cuando el comandante de la Caballería, Ferreira, ordenó la detención del mayor Virgilio Candia, jefe del RC3, bajo la acusación de estar "conspirando para derrocar al Gobierno".
El general Stroessner le reclamó al presidente Chaves por la acciones de Ferreira, alegando que sobrepasaban su autoridad. Por indicación de Chaves, Stroessner convocó al teniente coronel Ferreira a su despacho, pero el mismo se negó a acudir.
Finalmente, el 4 de mayo, a las 19, Ferreira se dispuso a presentarse ante Stroessner, pero ordenó a sus hombres de la Caballería que, en caso de que no regrese, salgan con sus tropas y ataquen la capital. Apenas ingresó a la comandancia, Ferreira fue detenido.
Stroessner desplegó a sus tropas y ganó de mano a los hombres de la Caballería. Su principal golpe de efecto fue el ataque al Cuartel de Policía, donde cayó acribillado el jefe de Policía, el admirado dirigente colorado Roberto Luis Petit, de apenas 31 años de edad, entre varios jefes y oficiales asesinados durante el ataque. Las balas lo alcanzaron cuando auxiliaba al subjefe de Policía, comisario Caballero Zavala, malherido en un zaguán del edificio. Cuando el comandante del Batallón 40, Mario Ortega, supo que Pettit había sido herido, ordenó que sea trasladado con urgencia a un hospital, pero ya era demasiado tarde.



Un golpe casi sin oposición.

"Stroessner consumó su golpe, apurado como consecuencia de la debilidad notoria del Gobierno de Chaves y de la anarquía reinante en el país. Lo respaldaron los militares, cansados del caos creado por los políticos y hartos de ser utilizados por los civiles para sus aventuras de poder desde la finalización de la guerra civil de 1947. Querían que un uniformado, específicamente Stroessner, tomara finalmente el Gobierno", destaca Bernardo Neri Farina.
Al día siguiente, 5 de mayo, la Junta de Gobierno del Partido Colorado instaló una sesión oficial, en la que exigió a Federico Chaves que presente su renuncia a la presidencia de la República, y resolvió designar al general Alfredo Stroessner como candidato del partido para el periodo constitucional restante (1953-1958), estableciendo el 15 de agosto como fecha para que asuma el cargo.
Igualmente, la Junta designó como presidente provisional al arquitecto Tomás Romero Pereira, quien luego entregaría el cargo a Stroessner.
El golpe de Estado que iba a consagrar la más larga dictadura en la historia del Paraguay casi no encontró oposición durante los primeros meses. Varios sectores de la sociedad, incluyendo al opositor Partido Liberal, saludaron la caída del Gobierno de Federico Chávez. "La Nación reclamaba, con sus voces más enérgicas, un alto en el camino de la perdición por el que le estaba arrastrando el coloradismo, bajo la égida funesta de Chaves", sostuvo un comunicado oficial del liberalismo, presidido por José P. Guggiari, ex presidente de la República.
Sin embargo, algunos grupos disidentes hicieron oír su voz de protesta por el golpe de Estado. El 10 de mayo de 1954, jóvenes febreristas y comunistas organizaron un mitin relámpago en la plaza, frente al edificio del Cine Victoria (actualmente en las calles Oliva y Chile), según refiere el investigador Carlos Pérez Cáceres.
“Allí habló Ladislao García –más conocido como Grillón–, que se subió a un vehículo y arengó en contra de lo sucedido el pasado 4 de mayo y la necesidad que el pueblo se organice. El tráfico fue cerrado por algunos minutos y cuando las fuerzas policiales aparecieron, los jóvenes se dispersaron por las calles del centro. El dirigente comunista Luis Casabianca también suele recordar que al retirarse de este breve acto, iban repartiendo volantes en contra del gobierno militar”, relata.
En el caso del movimiento obrero, no hay datos de que hayan existido movilizaciones contra el golpe. Recién un año después, durante los festejos por el Día del Trabajador, se generó una serie de disturbios y los trabajadores manifestaron su posición crítica contra el gobierno.
Muchos dirigentes del Partido Revolucionario Febrerista se vieron seducidos con la idea de que el nuevo presidente los convocaría a colaborar con su gobierno. “Los febreristas nos encontrábamos en la frontera, en territorio argentino, esperando que Stroessner se deshaga de los colorados y comience a llamarnos. Entonces no hubo ningún esfuerzo de parte de la dirigencia del PRF de oponerse al golpe, porque creíamos que seríamos los nuevos dueños del poder”, había dicho el dirigente Carlos Heisecke, citado por Pérez Cáceres.
Stroessner aparecía ante la mirada de muchos dirigentes y analistas como el "hombre providencial" que iba a traer "paz y progreso".  
Lo que no sabían era el alto costo que todo eso iba a tener…

(De La oposición tolerada y la perseguida, de Andrés Colmán Gutiérrez.  Libro de la colección 60 años del Stronismo. Editorial El Lector y diario ABC Color).

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