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sábado, 16 de noviembre de 2019

Serrat, Sabina y una vieja guarania



Vuelven a cantar en Paraguay después de siete años. Historia de una relación esporádica y solidaria con los más literarios autores de la canción en español.

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

“Uno aprende siempre la vieja guarania/ que el maestro Flores enseñó/ ningún escenario es tierra extraña/ y es un lujo volver a Asunción” proclamaba la voz desgarrada de Joaquín Sabina la noche del 17 de abril de 2011, durante su segundo concierto bajo una luna bohemia a orillas del río Paraguay, pero quien antes la aprendió a cantar en guaraní fue su primo El Nano, Joan Manuel Serrat, cuando incluyó en su disco Cansiones (2000) una peculiar versión de Che pykasumi, guarania con letra de Cecilio Valiente, música de Eladio Martínez y del propio creador del género musical, el maestro José Asunción Flores, en parte traducida y adaptada al español por Serrat con ayuda de nuestro querido poeta Rubén Bareiro Saguier.
Aquella fue la primera vez que el autor de Mediterráneo grabó en una lengua indígena, otorgando una dimensión más universal a la ancestral cultura paraguaya. “Elegí Che pykasumi como homenaje a un pueblo que supo mantener viva su propia lengua nativa, tal como lo hemos hecho los catalanes. Deseo coronar ese homenaje yendo a Asunción a cantar al pueblo paraguayo en su propia auténtica lengua”, le dijo El Nano a Bareiro Saguier, quien por entonces oficiaba de embajador paraguayo en Francia.
Serrat vino a Asunción y ofreció un recital en el estadio León Condou, entonando Che pykasumi con voz emocionada, deslumbrando al público con su casi correcta pronunciación de las vocales nasales y guturales del guaraní. Acabó de ganarse el corazón de los paraguayos, aunque la relación a distancia había empezado antes, quizás en los duros años de la dictadura stronista, cuando sus clásicas canciones circulaban clandestinamente entre las de Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Víctor Heredia, junto a los de artistas locales como Juglares, Sembrador, Vocal Dos, Pato Brítez, Ñamandú, Gente en Camino.
En 1990, tras la caída de la dictadura, los músicos Jorge Garbett y José Antonio Galeano, metidos a empresarios de espectáculos, se animaron a organizar el primer concierto de Joan Manuel en el país, una emotiva noche en el estadio del Club Olimpia. No les resultó buen negocio, pero aquel abrazo fundacional de Serrat con el público paraguayo quedó para la historia.
Serrat y Sabina cantarán juntos por segunda vez en Asunción en el concierto “No hay dos sin tres”, esta noche, en el Arena SND. Es la quinta visita de Serrat y la cuarta de Sabina. Buena oportunidad para repasar la esporádica y solidaria relación del Paraguay con los más literarios autores de la canción en español. 

Del Poble Sec a Úbeda

Aunque llevan pocas diferencias en edad (Serrat tiene 75, Sabina 70), El Nano ya sostenía una dilatada carrera artística cuando Martínez Sabina empezó a componer y a cantar. Joan Manuel editó su primer disco en 1965 (Una guitarra), Joaquín lo hizo recién en 1978 (Inventario).
Sabina considera a Serrat su ídolo y maestro. En los escenarios que comparten el catalán caricaturiza su rol de gurú para burlarse de su compañero, quien acepta ser un canalla aprendiz.
En el 2000, cuando Serrat vino a su segundo concierto en Paraguay, un periodista le preguntó: “¿Qué opina de los nuevos artistas como Joaquín Sabina, que siguen su estilo y son como sus hijos en lo musical?”.
El Nano respondió: “Si Sabina fuera hijo mío, hace rato lo hubiera metido en un reformatorio”.
Sus historias son parecidas pero diferentes. Durante la dictadura del generalísimo Francisco Franco en España, Serrat fue perseguido y se exilió en México en 1974, en donde permaneció hasta el final del franquismo. Fue su etapa más latinoamericana, de un fuerte compromiso con las luchas democráticas. Temas como Para la libertad, Cantares, Algo personal, se volvieron himnos de resistencia. Los procesos de restauración institucional en Argentina y Chile le deben una activa  militancia.
Sabina, aunque escribió poemas en su juventud, no soñaba con ser artista, apenas un ilustrado maestro de literatura. Relacionado con grupos de izquierda, en 1970 lanzó un cóctel molotov contra la sede de un banco y tuvo que salir del país. Viajó a Paris y luego a Londres, en donde empezó a cantar en las calles y en tugurios para sobrevivir, hasta conseguir volver.
Mientras Serrat era ya un estandarte de la canción social en Iberoamérica, Sabina asomaba como un artista posmoderno, provocador y algo rockero, ofreciendo conciertos en el sótano de un bar madrileño, La Mandrágora. Las letras de sus canciones ya llamaban la atención por su calidad literaria y su ironía crítica, su desencanto poético y su desenfado.
En la medida en que creció su fama de cantautor, su relación con Latinoamérica prendió en Argentina, México, Perú, Chile, Uruguay, en donde sus admiradas referencias literarias, poéticas, políticas y musicales hacia figuras como Evita, Borges, Cesar Vallejo, Gardel, José Alfredo Giménez, Chavela Vargas, Violeta Parra, Gabo, Charly García, conquistaban a una creciente legión de fans. Su adhesión a causas como las de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y el eco solidario de sus canciones lo inscribieron tardíamente en los círculos de nuevas trovas o nuevos cancioneros, que para entonces ya sonaban con telarañas.

Las noches de Asunción

El tren de Sabina también llegó tarde al Paraguay. Su primer recital fue en el Club Sol de América, el 9 de julio de 1997, con un show acústico y minimalista. El músico canalla de chaleco multicolor y sombrero bombín se mostró sorprendido de que un público desconocido coreara de memoria sus canciones. “Tendremos que venir otra vez...”, anunció.
De aquel viaje quedaron rumores de andanzas en la madrugada asuncena, una visita al Karin Club donde quizás conoció a la Magdalena Guaraní. Son historias que alimentan una leyenda que ahora él lo niega todo.
Volvió a regalarnos su mes de abril en 2011, en el Yacht, cuando sorprendió con su poema a Asunción y a la guarania del maestro Flores. Un año después volvió, esta vez formando dúo con su primo El Nano, en aquel primer inolvidable concierto “Dos pájaros contracan”.
Serrat se involucró mucho más con la política y la historia paraguaya. En su tercera visita, en febrero de 2007, visitó el Museo de las Memorias, el otrora temible centro de detención y torturas conocido como La Técnica, abrazó a las víctimas de la dictadura y dejó un mensaje solidario a favor de la lucha por la democracia.
Serrat y Sabina son casi indiscutiblemente los más literarios autores de la canción en español. Como lo han hecho en inglés Bob Dylan o Leonard Cohen, en el mundo de la música pocos pueden alcanzar la excelencia en versos como “A tus atardeceres rojos/ se acostumbraron mis ojos/ como el recodo al camino” (Mediterráneo, Serrat) o “Desafiando el oleaje/ sin timón ni timonel/ por mis sueños va/ ligero de equipaje/ sobre un cascarón de nuez/ mi corazón de viaje/ luciendo los tatuajes/ de un pasado bucanero/ de un velero al abordaje/ de un no te quiero querer” (Peces de ciudad, Sabina).
En 2007 unieron sus historias, sus canciones, su creatividad, su humor y su desparpajo en una primera gira por España y Latinoamérica. Decían que era un matrimonio con fecha de caducidad, pero el éxito los obligó a replicar. En la segunda gira incluyeron al Paraguay. En esta “No hay dos sin tres” otra vez están aquí. 
Artistas inmensos, autores de canciones que marcaron épocas, será un lujo escucharlos. En sus anteriores actuaciones, Serrat siempre cantó la vieja guarania y Sabina lo acompañó respetuosamente con una copa de champagne. Ningún mejor símbolo de retribución a un público que  ama sus canciones y que admira tanta creatividad y compromiso solidario.
En Asunción siempre hay una calle melancolía y en el Paraguay también nacimos en el Mediterráneo.   
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(Publicado en la sección de “El Correo Semanal” del diario Última Hora, Asunción, edición del sábado 16 de noviembre de 2019).


Joan Manuel Serrar en su visita al Museo de las Memorias, en 2007.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Contra toda esperanza



Esperan.
Hace mucho que esperan.

Algún payé que les cambie la mala suerte.
Algún conjuro que aleje la maldición
de vivir sobreviviendo
empatándole al destino
escapándole por arañazos
a la muerte.

Esperan.
Medio escondidos
detrás de las paredes
esperan.

Algún viento rebelde
que llegue desde el Sur
y se lleve en un soplo mágico
todo el dolor acumulado
toda la miseria de siglos
toda la injusticia cotidiana.

Esperan.
Asomando sigilosamente
a la puerta de sus casas
esperan.

Alguna voz
que alguna vez
les diga palabras de verdad.

Algún político que deje
de mentirles promesas
que nunca se cumplirán.

Algún acontecimiento
que pueda convencerlos
de que vale la pena
seguir creyendo en algo.

Esperan.
Olvidados del mundo
esperan.
Caminando desde el fondo de la historia.
Despertando de los cien años de soledad.
Alzándose desde el barro.
Emergiendo desde el otro lado de la niebla.

Esperan.
Contra toda esperanza
esperan.

Algo que les diga
que ya es tiempo
de dejar de esperar.

Algo que les diga
que ya es tiempo
de empezar a hacer.

ANDRÉS COLMÁN GUTIÉRREZ
"Contra toda esperanza".
(sobre una foto de Alfredo Duarte Pereira).

(Publicado en el Correo Semanal de Última Hora, edición del 11 de marzo de 2000. Es sorprendente como todo sigue teniendo palpitante actualidad).

#40añosDePeriodismoACG

miércoles, 20 de mayo de 2009

Adiós a un amigo




Y mientras Fukuyama repite iracundo
que estamos ante el fin de la historia del mundo
mi amigo Benedetti abre el tomo segundo.

(Frank Delgado, “Konchalovsky hace rato que no monta en Lada”).

Lo primero a lo que renunció fue a su prolongada denominación.
Sus padres, fanáticos de la literatura y el cine, lo bautizaron con un largo rosario de nombres de personajes: Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia. El prefirió llamarse simplemente Mario Benedetti, pero se quedó con el amor por la literatura y el arte que le dejaron de herencia.
De aquella pasión nacieron más de 80 libros (poemas, novelas, cuentos, artículos, letras para canciones), y una activa militancia por las causas humanas a toda prueba, que deja una luz de dignidad y coherencia en el firmamento del Sur.

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves


Hombre y artista comprometido con la historia de su tiempo. Su obra y su vida fueron siempre la misma cosa. La siniestra sombra de las dictaduras militares y el encandilador destello de las experiencias revolucionarias lo llevaron, en 1971, a unirse con miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, para fundar el Movimiento Independiente 26 de Marzo, que integró combativamente el Frente Amplio de la izquierda uruguaya hasta 1973, cuando la barbarie militar lo empujó al exilio durante 7 años.

con tu imagen segura
con tu pinta muchacha
pudiste ser modelo
actriz
miss Paraguay
carátula
almanaque
quién sabe cuántas cosas
pero el abuelo Rafael el viejo anarco
te tironeaba fuertemente la sangre
y vos sentías callada esos tirones
Soledad no viviste en soledad
por eso tu vida no se borra
simplemente se colma de señales
Soledad no moriste en soledad
por eso tu muerte no se llora
simplemente la izamos en el aire

Como muchos de mi generación que empezamos a gatear en la militancia contra la dictadura stronista en los duros años 70 y en los combativos años 80, me asomé a la historia de la guerrillera Soledad Barret, nieta de mi admirado maestro Rafael Barret, gracias a un poema de Benedetti que nos llegaba en folletos multicopiados, tratando de burlar, más que la censura, la falta de plata para comprar libros.

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

Me aprendí varios de sus poemas de memoria para susurrarlos en los oídos de alguna adorable compañera, entre reuniones y pintatas clandestinas.
Delirábamos al corear sus versos musicalizados en las voces de Sembrador y Gente en camino:

Te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

Aquella noche, hace no sé cuantos años, cuando vino por primera vez al Paraguay para una jornada de vinos y poemas en el entonces precario anfiteatro de El Lector, en San Martín, me acerqué con timidez a darle un abrazo y hacerle firmar un ajado ejemplar de La Tregua, y encontré con sorpresa que él parecía aún más tímido que yo.
Recuerdo que le dije entonces que aunque era la primera vez que lo veía en persona, lo sentía como un gran amigo de toda la vida, y él me dijo que sentía igual con muchos lectores a quienes nunca había tratado, pero que lo conocían mejor que él mismo.
Yo era entonces un adolescente tardío descubriendo el mundo y allí aprendí que las letras unen más que los abrazos o que cualquier forma de relación física o social. Por eso entendí cuando el enmascarado Subcomandante Marcos de Chiapas eligió su nombre, inspirado en un personaje de la novela “El cumpleaños de Miguel Angel”, de Mario Benedetti.
Ahora cuenta la prensa que ese gran amigo, que me acompañó y me seguirá acompañando con sus versos esenciales en la vida, ha muerto en la ciudad de Montevideo, Uruguay, a los 88 años de su edad.
Seguro que es otra noticia falsa de los medios.
¿Cómo se va a morir Benedetti?