Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de diciembre de 2019

Otros pesebres en busca de otra sociedad



Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

 María duerme plácidamente sobre el lecho de paja, mientras José juega muy divertido con el bebé Jesús en su regazo. Este “pesebre alternativo” –al que muchos consideran un pesebre feminista–, se denomina “Dejemos dormir a mamá” y es un regalo que le hicieron al papa Francisco por su 83 cumpleaños, quien lo alabó con mucho entusiasmo durante su mensaje de Navidad: “¡Cuántos de ustedes deben turnarse en la noche entre marido y mujer por el niño, la niña, que llora, y llora, llora!”.
Esta reinterpretación simbólica de los roles del hombre y la mujer por parte del máximo líder de una de las más importantes instituciones religiosas del mundo, tradicionalmente calificada de excesivamente conservadora, esta vez utilizando incluso el lenguaje inclusivo de nombrar al niño y la niña por igual, tiene un efecto de mucha trascendencia: El mundo está cambiando y sus efectos renovadores han llegado hasta el pesebre de Belén y hasta los salones del Vaticano.
Mucho más radical ha resultado el mensaje de la Iglesia Metodista Unida de la ciudad de Claremont, en el Estado de California, Estados Unidos, que presentó a San José, la Virgen María y el Niño Jesús encerrados en celdas separadas y rodeadas con alambre de púas, a manera de protesta contra las políticas represivas del presidente Donald Trump contra las familias latinas migrantes, a cuyos miembros han separado y encarcelado por no contar con documentos de residencias en regla. Hace más de veinte siglos la sagrada familia también tuvo que emigrar a Egipto para huir de la persecución del rey Herodes.
En la Catedral de Palermo, Italia, el arzobispo Corrado Lorefice decidió celebrar la misa de Navidad con la imagen de un Niño Jesús de piel negra, que le ha sido donada por misioneros de Tanzania, África, como una reivindicación a las familias de migrantes que llegan huyendo de persecuciones y que generalmente reciben el rechazo de las autoridades europeas y de un gran sector de los propios pobladores.
El controversial artista callejero británico Bansky instaló en el Walled Off Hotel de la misma simbólica e histórica ciudad de Belén, donde nació Jesús, un artístico pesebre junto a una réplica del muro que divide a Cisjordania de Israel. Sobre la imagen de la sagrada familia hay una estrella, pero es negra y hueca, y ha sido formada por el disparo de un mortero que atravesó el muro. Jugando con los símbolos y con las palabras en inglés, Bansky sustituye a la tradicional “Star of Bethlehem” (estrella de Belén) por la “Scar of Bethlehem" (Cicatriz de Belén), buscando llamar la atención de que el escenario en donde se originó la Navidad hace más de veinte siglos es la que menos puede celebrar hoy una verdadera “noche de paz”, debido al conflicto bélico que se mantiene desde la ocupación israelí de los territorios reclamados por Palestina.
En el Paraguay, aunque la Navidad sigue teniendo una representación principalmente tradicional o folclórica en las celebraciones religiosas, es posible encontrar imágenes de José, María y Jesús con rasgos indígenas guaraníes en algunos pesebres expuestos por artesanos y artesanas de Areguá, junto a esculturas de animales en peligro de extinción, como el jaguarete o el guyra campana, destacando una reivindicación de los pueblos originarios y un llamado a la protección del medioambiente.
Más que la presunta distorsión de un símbolo religioso universal, como cuestionan algunos sectores conservadores, los “pesebres alternativos” revelan la evolución de la conciencia humana ante realidades injustas. En una perspectiva histórica, el Redentor que eligió nacer entre los más pobres marcó una ruptura ante viejas estructuras para plantear la esperanza de lo nuevo. Si en la Judea invadida por el Imperio Romano aquel pesebre de pastores tenía un mensaje contra el sistema, es válido que los de hoy expresen las demandas feministas, migrantes, ambientalistas, indigenistas o pacifistas, como una manera de anunciar que otros modelos de sociedad también son posibles.

El pesebre de la Iglesia Metodista Unida de Claremont, California.
El Niño Jesús negro en la Catedral de Palermo, Italia.
El pesebre del artista Bansky en un hotel de Belén, junto al muro que divide a Cisjordania de Israel.
Pesebre indígena guaraní en Areguá, Paraguay.


viernes, 4 de enero de 2013

Carta olvidada en el interior de un viejo zapatito

(Rescatando un texto clásico...)

 
Queridos Reyes Magos:

  Me dicen que escribirles es una tontería, una pérdida de tiempo, porque ustedes no son seres reales, son solamente personajes de una antigua leyenda cristiana que se está volviendo cada vez menos creíble.
 Eso me dicen… pero aún así les escribo esta carta.
 Si viven en el alma de tantos niños y niñas, si están en el recuerdo nostálgico de tantos adultos que quizás sigamos atesorando nuestra niñez en algún rincón del corazón, si son capaces de convocar tantos sueños y tantas fantasías en cada mágica madrugada del 6 de enero, si pueden despertar tanta energía creadora, tanta fuerza, tanta esperanza… entonces, ustedes están mucho más vivos que muchos seres de carne y hueso que hoy son apenas sombras o fantasmas. Ustedes son mucho más realidad que tantas personas reales y palpables que en el fondo son mentiras vivientes.
 
Hasta los nueve años de edad, como tantos niños de Yhú, mi pueblo natal, yo creía fervorosamente en los Reyes Magos.
  La magia nos envolvía al escribir cartitas de letras temblorosas, con el esfuerzo de enumerar supuestos actos de bondad, para canjearlos por una pelota de cuero o un camioncito a control remoto. Las entregábamos a nuestros padres, convencidos de que conocían el imposible servicio postal que las llevaría hasta el País de los Sueños.
  Sí... era magia la que nos impulsaba a preparar el pasto y el agua fresca para los exhaustos camellos, al pie de la ventana. Era magia la que nos mantenía en duermevela, seguros de poder vislumbrar las sombras de los tres jinetes en el silencio de la madrugada. Era magia la que nos despertaba de un salto para ver qué había junto a los zapatitos. Era magia la que inundaba las calles de risas infantiles, en la mañana del 6 de enero, convirtiendo al mundo en una feliz aldea de niños jugando.
  Un día se rompió el encanto... Algún siniestro pyrague, creyendo que acaso nos hacía un favor, nos reveló la supuesta verdad y nos robó la magia.
El mundo se volvió otro. Los Reyes Magos no existen. Los Reyes Magos son los padres. Los Reyes Magos son el invento publicitario de algún shopping center. Los Reyes Magos son políticos en campaña llevando juguetes a los barrios pobres a cambio de votos. En un mundo así, ¿cómo puede haber espacio para la magia?
  Pero en esta víspera de la madrugada de Reyes, el niño que sobrevive dentro de mí se adueña de mi mano y me impulsa a escribirles estas líneas, que quedarán dentro de un viejo zapatito en la ventana, en donde les dejo mis pedidos.
  Les pido que nos traigan de regalo las ganas y las fuerzas para seguir creyendo que es posible construir un Paraguay mejor. Que a pesar de que el país está así como está, con tanta pobreza, con tanta corrupción, con tanta impunidad, con tantos compatriotas que se ven obligados a emigrar a naciones lejanas para buscar trabajo, con tanto engaño por parte de las autoridades y los políticos… no caigamos en la desesperanza, no caigamos en el error de creer que esto no lo arregla nadie y que ya no vale la pena luchar.
  Les pido que nos laven las telarañas de los ojos, para poder ver que, a pesar
de tantas malas noticias, también hay cosas lindas que han ocurrido y siguen ocurriendo. Que hay mucha gente construyendo pequeñas cosas, desde lo cotidiano, desde lo comunitario. Que no todos somos corruptos. Que hay gente honesta, valiente, idealista, y a lo mejor está allí, en la casa vecina, y que tal vez muchos periodistas todavía no tenemos el valor de descubrir que ellos son en realidad la buena noticia, la verdadera buena noticia.
  No les pido que vengan ustedes a solucionar nuestros problemas, porque en realidad no podrían hacerlo, por más magos que sean. Además no va a servir, porque así no aprenderíamos nada. Pero en cambio sí podrían ayudarnos a descubrir que nosotros podemos, que somos capaces de superar nuestras propias limitaciones, de unirnos por encima de las diferencias, pensando en el país que les vamos a dejar a nuestros hijos.
  Los abraza con mucho cariño.

Andrés

domingo, 23 de diciembre de 2012

Cuando un zapato o un colchón hacen la diferencia para una vida más digna





Jóvenes voluntarias de la campaña Corazones Abiertos relatan cómo la experiencia de convivir con la realidad social les cambia la vida y las compromete a trabajar por una sociedad más justa.

Historias de #Navidad

Era la Navidad del 2010. Claudia Cañete tenía 16 años y esa era su primera experiencia en la campaña Corazones Abiertos, que desde 1982 se realiza a fin de año.
Ella estaba en el primer día de ventas de los artículos previamente recolectados, luego arreglados y puestos otra vez a disposición de la gente humilde, a precios muy baratos, y le sorprendió cómo la multitud se peleaba por un colchón, un electrodoméstico o un par de zapatos.
Fue cuando vio a la mujer, humilde y triste, acompañada por sus hijos pequeños. Quiso saber qué le pasaba y ella contó que llegó al local de la campaña, en el Colegio San Clemente María, con la esperanza de comprar uno de los colchones reciclados, pero le habían ganado de mano y no quedaba ninguno.
"¡Qué vamos a hacer!", exclamó la mujer, mirando con pena a sus hijos. "Otro año en que vamos a dormir en el suelo, sin colchón".
Claudia se quedó helada. "Soy de una familia donde siempre tuve todas las comodidades y no me podía imaginar siquiera que pueda haber gente que duerma en el piso por no tener colchón, o que ande descalza por no tener zapatos, o no tenga qué comer. Corazones Abiertos me mostró esa realidad y me cambió la vida", admite ella.
Hoy Claudia tiene 18 años, ha terminado el Colegio, y este es su tercer y acaso último año en la campaña. "Esta experiencia me transformó. Ya no me imagino celebrar la Navidad sin salir a recoger cosas para ayudar a la gente más humilde", sostiene.

SOLIDARIDAD. Todo empezó en 1982, cuando un grupo de religiosos iniciaron la recordada campaña Mano Abierta, motivando a la juventud a vivir una Navidad solidaria con los más humildes.
En aquella época de la dictadura stronista, los organizadores llegaron a ser acusados de estimular a los jóvenes a "meterse en política" por despertar una conciencia crítica ante la realidad social.
En 1999, la experiencia pasó a denominarse Corazones Abiertos, buscando inculcar "la cultura de la solidaridad, el protagonismo juvenil y la participación ciudadana efectiva y eficiente, forjadora del cambio positivo, respaldados en la construcción de capacidades individuales y colectivas capaces de luchar contra la pobreza y sus causas, la injusticia, la desigualdad y la insensibilidad".
Actualmente unos 700 jóvenes voluntarios recorren los barrios recogiendo aportes durante 18 días. Todo se repara y se pone en condiciones, y se expondrá a la venta en una gran feria popular, los días 28, 29 y 30 de diciembre, en el Colegio San Clemente María (Félx Bogado casi Quinta Avenida). Lo recaudado permite financiar varios proyectos sociales.

TESTIMONIOS. Joaquina Vera tiene 14 años y es su segundo año en la campaña. "Mientras muchas de mis compañeras solo piensan en tomar sol o divertirse, nosotros estamos aquí, trabajando desde el amanecer hasta la noche para ayudar a los que necesitan, pero es lo que le da sentido a estas fechas", destaca.

Larissa Bernal, 17 años, lleva tres como voluntaria. "La primera vez, a mí también me impactó ver que llegaba gente descalza a tratar de comprar zapatos. Que un simple par de zapatos o un colchón sean la diferencia para una vida más digna, es algo que te mueve por dentro", dice.

 Claudia Cañete, Joaquina Vera y Larissa Bernal.
----------
La palabra, un bálsamo para los que sufren

Escritores y poetas llegan hasta hospitales públicos de la Gran Asunción, a leer cuentos y poemas a los niños y niñas que permanecen internados. Una manera diferente de expresar solidaridad en estas fiestas.

Renée Ferrer, leyendo cuentos en Emergencias Médicas.

Milia Gayoso, con niños pacientes de oncología en el Materno Infantil.
"Tereré tiene un imán
 escondido entre la yerba
tereré a media mañana
tereré al atardecer...".

A medida en que iba leyendo, cantando y hasta danzando la versión musical de su ya clásico poema "Tereré" (musicalizado por su hermana Susana), la consagrada escritora paraguaya Renée Ferrer percibió que se iba haciendo un silencio mágico a su alrededor, y sintió que se le erizaban los pelos por la emoción del momento.
Era el jueves 20 de diciembre y ella se encontraba en la sala de niños y niñas del Hospital de Emergencias Médicas de Asunción, donde varios pequeños pacientes internados por traumas y accidentes la miraban y escuchaban atentamente, mientras leía.
"Había un chiquito que se había estado quejando mucho de dolor. Yo empecé a leer, cuando de pronto me dí cuenta de que ya no se quejaba. Se había quedado en silencio, y parecía embelesado por la obra. Fue entonces cuando empecé a cantar y hasta me animé a bailar la versión musical del poema", relata la escritora.
Renée Ferrer estuvo en compañía de los escritores Feliciano Acosta y Alejandro Hernández, en una de las jornadas solidarias denominadas "Cuentos de Navidad en hospitales públicos", una iniciativa conjunta de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) y de la Dirección de Industrias Culturales, de la Secretaría Nacional de Cultura, que durante varios días recorrió lugares como el Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), el Hospital Materno Infantil de San Lorenzo y Emergencia Médicas.

COMPARTIR. Este es el segundo año en que ambas instituciones organizan las jornadas de literatura solidaria por Navidad.
"Para mí no es algo tan nuevo, ya que hace muchos años, con otra colegas escritoras y poetas, como María Luisa Artecona de Thompson, Nila López, Gladys Carmagnola, entre otras, por propia iniciativa ya habíamos protagonizado una experiencia similar de recorrer hospitales en Navidad y leer obras a los niños pacientes. Es muy gratificante ver la sensación de alegría, de esperanza, de sentirse acompañado, que se despierta en ellos", destaca Renée Ferrer.
Esta vez, Irina Ráfols y María Irma Betzel llegaron hasta el Hospital de IPS, Milia Gayoso y Lisandro Cardozo estuvieron en el Materno Infantil de San Lorenzo, y Ferrer, con Acosta y Hernández, lo hicieron en Emergencias Médicas.
En la ocasión, se distribuyó a los niños y niñas varios libros de cuentos, donados por las editoriales Don Bosco, Fausto, Lina y Aramí.

LITERATURA SOLIDARIA. "Es una experiencia fascinante, que se realiza por segundo año, en que los autores comparten su obra directamente con un público muy especial, en un momento significativo del año", destaca María Luz Saldívar, al frente de la Dirección de Industrias Culturales de la SNNA.
La funcionaria y artista relata que las jornadas fueron recibidas con grata sorpresa por los pequeños internados y hubo momentos particularmente emotivos, como los que vivió la escritora Milia Gayoso con los niños y niñas pacientes de oncología en el Materno Infantil.
Para el próximo año se buscará incluir y abarcar a más hospitales públicos del país, incluyendo a varias ciudades del interior.
"Ver el rostro extasiado de los niños y niñas al introducirse en las historias que les contaban sus propios autores y autoras, fue muy emocionante. Casi siempre, a la hora de pensar en campañas solidaria en estas fechas se habla de llevarles cosas materiales, que son muy importantes, pero estos escritores y escritoras llevan una riqueza inmaterial, su propia obra, el valor de la palabra solidaria, que es como un bálsamo para quienes sufren", afirma María Luz.

-------

Paraguaya ayuda a rescatar a sinhogares, en la Argentina
La paraguaya Celia Franco (con ropa blanca) en plena acción solidaria, en las calles de Buenos Aires.
Celia Franco, una enfermera paraguaya que reside desde hace 15 años en Buenos Aires, Argentina, participa activamente de la organización ciudadana "Ni una sola persona más en la calle", que especialmente en fechas próximas a la Navidad recorre la ciudad, ayudando a quienes no tienen un hogar.
"Participar de las 'recos' (recorridas) es mi cable a tierra, me hace valorar todo lo que tengo, vengo de una familia humilde paraguaya, mi padre me enseño a trabajar desde chica y ayudar al otro, trato de hacer lo mismo con mi hija Valentina, de 10 años", relata la compatriota desde la capital argentina.
Oriunda de Trinidad, Departamento de Itapúa, Celia cuenta que los miembros de la organización realizan permanentes recorridos, llevando no solamente compañía y un plato de comida a las personas en situación de calle.

REINSERCIÓN. "Hacemos lo posible para que ellos se reinserten nuevamente en la sociedad. Las recorridas nocturnas las hacemos a pulmón. Estamos armando una movida con grupos de teatro y algunas bandas de música, para recaudar alimentos", destaca Celia.
"Es tan gratificante hacer algo por el otro. Creo que en estas fiestas uno se vuelve más sensible y vulnerable, especialmente aquellos que están lejos de su tierra", agrega.

La organización dispone de una página web: www.niunapersonaencalle.com.ar.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Magia de Navidad




Historias de #Navidad


No dejará el mundo de girar. Tampoco va a cesar la muerte de doler, ni mucho menos va a dejar el sol de alumbrar.
No vamos a pretender, amiga mía, levantarnos con la resaca amarga tras la farra de Nochebuena, abrir el diario con gestos aún somnolientos, para encontrarnos con la sorpresa de que este 24 de diciembre no hubo una sola denuncia de corrupción, que la calle se quedó vacía de tristezas, o que en una esquina la violencia se cansó de esperar.
No, mi querida amiga. Ningún viento fantástico llegará desde otro mundo a llevarse para siempre la estremecida soledad de tantos niños y niñas que piden monedas junto a los semáforos, ni borrará el rictus amargo de los recicladores que recorren las calles desoladas de la ciudad, hurgando en medio de la basura para obtener algo que comer.
Ningún personaje de cuentos de hadas va a sobrevolar en trineo las periféricas villas del Bañado, derramando lluvias de felicidad sobre los precarios hogares de hule y cartón, por más que los spots comerciales navideños insistan en vendernos esa imagen de fantasía.
No, amiga del alma. No te puedo prometer que se va a terminar así nomás la miseria, ni que la milenaria angustia de nuestro pueblo se va disipar como el rocío de la mañana.
Lo más probable es que al trasponer la puerta estará, como siempre, acechando la injusticia.
¿Para qué engañarnos? No va a suceder absolutamente nada extraordinario.
O quizás sí…
Porque, verás… a pesar de todo el dolor y de toda la frustración cotidiana, a pesar de los engaños de los políticos y de la traición de los gobernantes, a pesar del estrés y del cansancio, de los golpes profundos y las heridas secretas… alguien va venir.
Sí. Alguien va a venir, como si nada, a dejarte una cálida expresión de cariño (un abrazo, un obsequio, un apretón de manos, una sonrisa…) y con palabras tan simples, tradicionales y sinceras, te va decir: ¡Feliz Navidad!
Y entonces verás cómo se te va desordenar la lógica. Y en ese preciso instante, desde muy adentro, el alma te hará la maravillosa revelación de que en todo este tiempo de angustias y desencantos, de mentiras y sobresaltos, de conspiraciones y masacres, de tormentas y raudales, de protestas populares y garroteadas, no hubo mala noticia capaz de asesinar nuestra ternura, ni politiqueros o delincuentes que pudieran resecar nuestra alegría.
Que estaremos aquí, rotos pero enteros, golpeados pero dignos, con las lágrimas y la risa aún vivas, levantando nuestras copas a la luz de las estrellas, convencidos de que mañana, siempre, siempre, será otro día.
¿Por qué?... pues porque uno descubre, amiga querida, que esa es la verdadera magia de la Navidad: El milagro tan simple de que, por encima de toda la aflicción y de toda la tristeza, hay un Dios obstinado y siempre niño, que por nada del mundo quiere dejar de nacer entre los más humildes y desheredados de la tierra, ni dejar de estar presente hasta en las más pequeñas historias cotidianas.
Un Dios que nos dice, que nos asegura, que él va estar naciendo siempre (a contraviento, a contramuerte) porque nada tiene tanto valor como la vida, ni nada es tan eterno como la esperanza.


(La primera versión de este texto la escribí en Lima, Perú, en vísperas de la Navidad de 1986 y fue publicada originalmente en el quincenario Signos, editado por el Centro Bartolomé de las Casas – Rímac, donde tuve la alegría y satisfacción de trabajar en esa época, en experiencias de comunicación popular. Posteriormente rescaté el escrito, adaptándolo a la realidad paraguaya, y lo publiqué en Última Hora. Perdido entre tantos papeles viejos, hasta ahora no lo había alzado en el blog, ni lo había difundido en versión digital. Ante el reiterado reclamo de mi querida amiga y lectora Roxy Alvarez, quien se ha tomado el trabajo de copiarlo y difundirlo a partir de su propio archivo, asegurando ella que es mi mejor texto sobre la Navidad, aquí lo rescatamos y lo compartimos).

viernes, 23 de diciembre de 2011

Música de cigarras


Hoy no tengo ganas de escribir sobre política, ni sobre la siempre desgarradora problemática social, o sobre cualquiera de esas cosas densas que acostumbran instalarse en los resquicios de esta columna, sábado tras sábado.
Hoy paso de predicciones agoreras acerca de lo mal que le irá a la economía paraguaya en el 2012.
No me vengan con más cuentos de ciencia ficción sobre el Metrobus, ni me digan dónde hubo un nuevo brote de dengue o de fiebre aftosa, ni me revelen qué previsible pre candidato presidencial se sometió a un lifting del cerebro.
Hoy no quiero que me hablen de siniestras conspiraciones para impedir el ingreso de Chávez al Mercosur, ni de privilegiados sobrinos presidenciales que siempre ganan licitaciones de obras públicas.
Hoy no deseo que me muestren a cuántos infernales grados subió el termómetro de la esquina, ni que me anuncien a cuántos desdichados usuarios más la Ande nos dejará sin energía eléctrica en el momento menos pensado.
No es que quiera evadirme de toda la realidad tan real que padecemos en esta orilla del mundo.
No.
Sucede, simplemente, que en pocas horas más será Nochebuena… y el recurrente lata parará de los francotiradores mediáticos no nos permite detenernos a escuchar y apreciar la música de las cigarras.
Hoy quiero el aroma de los cocoteros en flor y la frescura del ka’avovei inundando la noche.
Quiero risa de niños correteando con brillo de estrellitas en las manos.
Un largo y cálido abrazo de reencuentro con el hermano que llegó de lejos.
La dulzura de un villancico en la voz sin tiempo de Los Tres Sudamericanos.
Los deliciosos chismes y chistes en la mesa familiar, enredándose con el aroma del asado a la parrilla.
La grotesca figura del tío Juan disfrazado de Papá Noel y su bolsa de regalos.
Hoy quiero humorísticas anécdotas salvadas del olvido por una ronda de amigos.
Quiero llamadas telefónicas de larga distancia y lágrimas de techaga’u en los rostros.
Un nombre querido saludando en la pantalla de la notebook desde otro lado del mundo.
Hoy quiero saborear la memoria de mi pueblo natal en los trozos de frutas del clericó.
Cerrar los ojos por un instante y sentir que está viva la esperanza, y que todo esto nos dará claridad, energía y fuerzas para seguir construyendo el país mejor que le vamos a dejar a nuestros hijos.
Hoy quiero una copa de estrellas burbujeantes contra las lucecitas del pesebre.
Y un abrazo cálido y fraterno que se va engendrando entre estas letras... hasta abrazar al mundo.
¡Feliz Navidad!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Preguntas en Navidad...



#Navidad

¿De qué sirve llenar la casa, los árboles, la ciudad entera de luces doradas y resplandecientes… cuando el alma permanece a oscuras?
¿De qué sirven tantos árboles de plástico importado y adornados con nieves de algodón, ni tantos muñecos barbudos ridículamente vestidos con abrigos de lana en medio de este calor infernal… cuando bastan "dos trocitos de madera" -como canta Maneco- para techar el mágico pesebre?
¿De qué sirve atropellarse en los shoppings y en los comercios buscando regalos y más regalos… cuando lo que de veras hace falta es un simple gesto verdaderamente solidario, una acción de caridad humana y cristiana que nazca desde lo profundo del corazón, para darle el real sentido a la Navidad?
¿De qué sirve gastar tanta plata en fiestas, manjares, bebidas, adornos, show, luces, música... si el niño Dios -cuyo cumpleaños celebramos- eligió todo lo contrario: nacer en un humilde establo de animales y vivir su vida en la mayor austeridad?
¿De qué sirve el infernal estruendo de las bombas y los petardos, el vértigo de la velocidad por las calles, el volumen de la cachaca o el reguetón al máximo… si todo eso no alcanza a llenar el vacío interior?
¿De qué sirve inundar internet o el correo postal con bellas y coloridas tarjetas navideñas, con esplendorosos mensajes que reproducen los mejores deseos en letra brillante… si todo lo que allí dice nunca lo ponemos en práctica?
¿De qué sirve regalar un pan dulce o una sidra en esta Navidad… si vamos a olvidarnos por el resto del año de quienes nada tienen para comer y para beber?
A pesar de todo, y porque a cada instante que transcurre se nos brinda la oportunidad de ser siempre mejores... ¡Feliz y solidaria Navidad, y un más constructivo Año Nuevo!

lunes, 21 de diciembre de 2009

Hijo Nuestro


“Yo quiero rezar a fondo un Hijo Nuestro...”.
(Silvio Rodríguez, "El necio").

#Navidad

Hijo Nuestro que estás en el pesebre, rodeado de mansos animales y de la gente humilde del pueblo.
Santificado sea tu nombre, porque es un símbolo de justicia y libertad.
Venga a nosotros tu mensaje de esperanza para este país que tanto necesita superar el desencanto, la corrupción, la miseria, la impunidad, la ignorancia, la falta de confianza de la gente en sí misma.
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo, sobre todo en esta tierra que tiene todas las condiciones para ser un paraíso, pero que obstinadamente buscamos convertirla en un infierno.
Danos hoy nuestro pan de cada día. Principalmente el pan para tantos chiquitos y chiquitas condenados a pasar hambre por culpa del egoísmo y de la indiferencia.
Perdona a los que han transformado la Navidad en un gran comercio, a los que han vaciado de contenido uno de los acontecimientos más bellos en la historia de la humanidad, a los que hoy le ponen precio hasta al mismo Dios.
No nos dejes caer en la tentación de creer que estas fiestas son solamente fiestas, porque en realidad son una oportunidad para redescubrir los valores de la solidaridad y del amor, para compartir nuestros sueños por encima de nuestras diferencias.
Y líbranos de los insulsos arbolitos de plástico y nieve artificial, de los ridículos Papá Noel con abrigos de lana en medio del calor subtropical, de los programas fashion de la televisión, de los petardos enloquecidos, de los paranoicos cazadores de brujas, de los fabricantes de conspiraciones, de los jueces vendidos al mejor postor, de los asaltantes y secuestradores, de los eternos baches de nuestras calles, del dengue, de la crisis, de los depredadores de la naturaleza, de los vendedores de ilusiones, de los ladrones de sueños, de la cachaca estruendosa, del calor insoportable y de todo mal. Amén.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Historia de Navidad


Historias de #Navidad

Se bajaron de la carrocería del camión cargado de olorosas frutas, cerca del Mercado Cuatro. 
El chofer no les cobró el precio del viaje e incluso les regaló una sandía. Con tristeza los vio marcharse calle abajo, hundiendo lentamente sus pies sobre el asfalto caliente, sus siluetas recortadas contra el fondo de rascacielos.
El hombre caminaba con dificultad, apoyado en un bastón, cargando a duras penas su bolsa de escasas pertenencias. A su lado la mujer aún joven, aunque con la piel surcada de arrugas, trataba de equilibrarse con su enorme panza, sosteniéndose a ratos por paredes y columnas.
Cerca de la vieja Estación del Ferrocarril alguien les indicó una pensión barata, pero la dueña les miró el aspecto de lástima y les dijo que ya no quedaban piezas vacías. 
Llamaron a la puerta de una gran casona a pedir un poco de agua o comida, pero apenas se abrió la mirilla el señor les dijo que no quería comprar nada y cerró con un golpe seco que les lastimó el corazón.
Estaban extenuados, sentados en un banco de la Plaza Uruguaya, cuando se les acercó un travesti, aburrido de no hallar clientes. 
Al principio lo miraron con temor y desconfianza, pero al poco rato ya le estaban contando su historia, la manera en que unos políticos inescrupulosos les habían despojado de su chacra y su ranchito, allá en Curuguaty. Solos, con muy poco dinero, con el niño a punto de nacer, no les había quedado más recurso que venir a la capital en busca de sustento.
Esa noche encontraron el calor de un viejo colchón, tirado sobre el piso de tierra de una casita de hule y cartón, en el Bañado. 
Esa noche, el llanto de un bebé recién nacido se escuchó nítido y fuerte sobre el rumor de cachacas y televisores encendidos. 
Esa noche, el travesti salió emocionado a contar la buena nueva a sus amigos pescadores y ellos abandonaron sus canoas para venir a ver al niño, trayéndole lo poco que habían pescado a manera de ofrenda. 
Esa noche hubo una estrella que brilló más que todas sobre la bahía.
Pudo haber sido una cálida noche de diciembre. 
La mujer pudo haberse llamado María y el hombre José, son nombres tan comunes. 
Esta historia pudo haber ocurrido en Asunción del Paraguay, en el 2020, o en una perdida aldea de Judá, llamada Belén, hace más de dos mil años. 
¿Acaso habría alguna diferencia...?