Mostrando entradas con la etiqueta comic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comic. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Robin Wood en el Sur, donde empezó su aventura de escritor



La Libroferia de Encarnación, la ciudad de donde partió en los años 60 para forjar su carrera de guionista en la Argentina, homenajeó al autor de DagoNippur de Lagash.


R
obin Wood tenía 17 o 18 años cuando ganó un concurso de ensayos sobre cultura francesa en la ciudad de Encarnación, a inicios de los años 60.
Recién llegado de uno de los tantos obrajes de Itapúa, se presentó a retirar el premio con botas, sombrero y cuchillo al cinto. El acto cultural se realizaba en un lujoso salón cerca de la Plaza de Armas, con miembros de la   sociedad encarnacena que se alarmaron al ver entrar al joven escritor vestido como un peón del yerbal.
Robin cuenta la anécdota como si fuera un relato de aventuras y recuerda que en esa misma ciudad del Sur del Paraguay, su amigo y mentor, el dirigente de la Democracia Cristiana Rómulo T. Merina, le dijo: “Subí al tren y andate a Buenos Aires. Aquí nunca van a valorar tu talento”.
Lo demás es historia conocida. Meses de sobrevivir en pensiones de mala muerte en la capital porteña, changas en las fábricas del conurbano, matricularse en la Escuela Panamericana de Arte, conocer al dibujante Lucho Olivera, escribir a pedido suyo un guion de aventuras sobre un guerrero en la antigua Sumeria, hasta que un lluvioso día de 1966 vio su nombre y el título de su primera historieta en la portada de la revista D’artagnan.
Tras aquel primer exitoso Nippur de Lagash surgieron otras series memorables: Dennis Martin, Mi novia y yo, Jackaroe, Pepe Sánchez, Savarese, Mark, Dago. Robin se subió a un barco, viajó por el mundo y envió los guiones por correo, llegó a crear cerca de un centenar de personajes y miles de episodios. Ganó los más grandes premios del cómic mundial, como el Yellow Kid en Italia. De vez en cuando regresaba al Paraguay y a la remota Colonia Cosme, Caazapá, donde había nacido en 1944, en el seno de una comunidad de inmigrantes australianos utópicos, con ascendencia inglesa e irlandesa.


De regreso al Sur    

Medio siglo después de aquel viaje inicial, Robin Wood está otra vez en la misma plaza de Encarnación, cerca del lugar donde le dieron su primer premio de escritor. Ahora hay enormes toldos y una gran feria anual en su homenaje, corpóreos con su foto y dibujos de sus personajes, con una misma leyenda que se multiplica en carteles por toda la ciudad: “Robin Wood, la XIV Libroferia de Encarnación es en su homenaje”.
La Editorial Servilibro y la Sociedad de Escritores del Paraguay han decidido reparar una deuda histórica. Hace un par de décadas, Robin quiso acercarse a sus colegas paraguayos de la SEP, pero algún veterano de las letras guaraníes dijo entonces que “no es un escritor, solo hace historietas”. No sabía probablemente que el gran semiólogo italiano Umberto Eco tenía como lectura de cabecera las aventuras mensuales de Dago en los álbumes de cómic, tal como lo confesó en una entrevista, donde también dijo que consideraba a Robin Wood como uno de los mejores autores que publican en Italia.


Reivindicando a Wood

Bernardo Neri Farina y Javier Viveros, anteriores directivos de la SEP, iniciaron la reivindicación de Wood. “Junto con Augusto Roa Bastos, Robin es nuestro escritor más universal y, sin duda, el más leído y admirado a nivel internacional”, dice Bernardo.
La Libroferia de Encarnación fue el marco propicio. En la noche del jueves 6 de setiembre, ante un salón colmado de público, la Editorial Servilibro presentó la versión paraguaya de la  obra Anahí, una historia de cuatro capítulos de la serie Dago, escrita por Wood y dibujada por el argentino Carlos Gómez, en donde el aventurero veneciano llega al Paraguay en épocas de la Conquista española, cae con su embarcación en las aguas de las Cataratas del Yguazú y es salvado por una oscura guerrera india guaraní, que acaba siendo líder de una revuelta contra una tribu amazónica invasora y, finalmente, muere quemada en la hoguera, recreando la leyenda cantada en una popular guarania.
Durante el mismo acto, los directivos de la Sociedad de Escritores del Paraguay lo nombraron socio activo de la entidad y le entregaron la medalla Homenaje a la creación literaria. Habían pasado más de cinco décadas para que Wood se sienta profeta en su tierra y así lo expresó esa noche: “Cualquiera recibe un Oscar o un borrico de oro, pero recibir un premio en Encarnación, que en tu propio país te aplaudan, eso sí es haber tenido éxito en la vida”.
El Ministerio de Educación y Ciencias declaró el álbum de interés educativo.


Pasión por la lectura

La Libroferia de Encarnación, organizada por la Universidad Autónoma de Encarnación (UNAE), como un proyecto de responsabilidad social empresarial, se ha convertido en uno de los espacios más dinámicos e importantes  de expresión de cultura y de pasión por la lectura en el interior del país. Los editores participantes coinciden en que este evento anual en el Sur tiene tanta o más vitalidad que la Feria Internacional del Libro de Asunción.
Durante seis días y noches, unas 27  empresas editoras y locales de libros  expusieron sus obras, más de  50 escritores participaron de presentaciones de textos y encuentros con los lectores, hubo más de 100 actos culturales, incluyendo  conciertos de música, espectáculos de danza y  teatro, talleres,  conferencias,  cursos. Igualmente, unos 36 proyectos de promoción a la lectura participaron de un concurso en donde se  premia  a instituciones  y  líderes  animadores  que desarrollan  proyectos  de  lectura  durante  los  meses  previos    y  los  presentan  al momento de visitar la feria.
Todo este intenso movimiento académico y cultural es algo que generalmente no se ve en otras ferias del país, al menos en la misma dimensión.
“Esta feria desmiente esa creencia de que los paraguayos no se interesan por la lectura o por la cultura. Aquí damos no solamente espacio a los libros, sino también a todas las expresiones artísticas”, destaca la docente Nadia Czeraniuk, rectora de la UNAE y principal organizadora de la Libroferia.
La actividad tiene su proyección en la Libroferia Colonias Unidas, que este año tuvo su tercera edición, a continuación de la de Encarnación, en la ciudad de Bella Vista, Itapúa, del 10 al 12 de setiembre, coincidiendo con el centenario de la próspera colonia creada por migrantes europeos, principalmente, alemanes. Las anteriores ediciones se habían realizado en la colonia Hohenau.
En la Libroferia de Bella Vista estuvo también Robin Wood presentando su obra Anahí. Le costó reconocer el mismo paisaje de la región en que trabajó como obrajero siendo adolescente. De allí surgieron muchas historias incorporadas a las sagas de sus personajes. “Estar aquí es cumplir un ciclo, celebrar los escenarios donde empezó la gran aventura”, admite.



lunes, 9 de julio de 2018

Las destinadas en Yhú: Operación rescate de una historia olvidada




Más de 2.000 personas fueron confinadas por el mariscal López en 1869. El lugar estuvo perdido por mucho tiempo. A 150 años, el Municipio busca convertirlo en patrimonio histórico y sitio de atracción. Además, una historia en cómic relata esa poco conocida epopeya.  

Andrés Colmán Gutiérrez @andrescolman

Fotos y video: Desirée Esquivel

El 21 de marzo de 1869, en los meses finales de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), un contingente de 2.021 personas, principalmente mujeres, ancianos y niños, empezaron a llegar a la entonces lejana villa de Yhú enviadas en confinamiento por el mariscal Francisco Solano López, por ser familiares de los presuntos traidores, juzgados en los tribunales de sangre de San Fernando.
“A todas las traidoras que iban llegando a Yhú, el juez de paz les anotaba minuciosamente en un libro y les notificaba que bajo ningún pretexto podían alejarse del pueblo a la distancia de una legua, en todas las direcciones, so pena de ser consideradas como desertoras y penadas con lanceamiento”, relata Héctor Francisco Decoud, quien era un niño de 10 años cuando acompañó a su madre Concepción Domecq y a otros familiares en el largo calvario.
Las destinadas permanecieron en Yhú desde marzo hasta setiembre de 1869. El sitio del caserío en donde fueron ubicadas quedó en los relatos orales como Destinada Campamento Kue, pero su ubicación se había perdido en la memoria colectiva.
Tras la publicación de una historieta de Andrés Colmán y Enzo Pertile en el álbum de cómic Epopeya Guerra Guasu en 2016, Eladio Jara, padre del actual intendente municipal de Yhú, Arturo Jara Espinoza, ayudó a encontrar el sitio, un campo desolado a 3 kilómetros del centro urbano, al costado de la flamante ruta 13. 

Así se ve actualmente el lugar donde estuvo el campamento de las destinadas, en Yhú.
RESCATE. “Es una parte de la historia de la que no se quería conocer tanto, hasta hace poco. Ahora los jóvenes tienen otra visión y es necesario rescatar esta memoria”, dice el intendente Jara, quien busca recursos y apoyo para convertir el lugar en patrimonio histórico y en un sitio de atracción.
"La idea es construir un monumento recordatorio sobre la ruta 13, a la entrada de la ciudad, frente al lugar donde estuvo el campamento, y poder inaugurarlo en el 2019, cuando se cumplirán los 150 años del paso de las destinadas por Yhú”, destaca.
 Eusebio Jara, bisabuelo del intendente, era un niño que pudo presenciar el episodio de las destinadas en 1869 y fue su relato oral, transmitido a sus descendientes, el que ayudó a ubicar el sitio exacto donde estuvo el campamento, al igual que un antiguo cementerio en las cercanías de la Laguna Verá, un espejo de agua que actualmente es también un sitio de atracción natural en las afueras de Yhú.

HEROÍNA. Junto a la puesta en valor del antiguo campamento de las destinadas, las autoridades también buscan rescatar la figura de María Ana Paredes de Villagra, una pobladora yhuense de la época, que es mencionada en las memorias de la madama francesa Dorotea Duprat de Lasserre, una de las sobrevivientes de aquel episodio, como una mujer que desafió las prohibiciones para brindar ayuda humanitaria a las cautivas en la “cárcel sin murallas”.
En sus apuntes, publicados por primera vez en 1871, madama Dorotea relata: “Nunca me olvidaré de esa campesina, de maneras nobles y bondadosas, reuniendo en sí todas las cualidades de una gran señora, que aunque en camisa y haciendo toda clase de trabajos puede sin recelos ocupar un buen lugar en un palacio. Me la figuro siempre con su sonrisa buena y su porte gracioso y majestuoso a la vez, trayendo a mamá el almuerzo a la cama. La mujer que describo es una paraguaya, una excepción, se llama María Ana Paredes de Villagra, nacida y criada en Yhú. Esa mujer me hizo pasar el tiempo sin sentirlo”.
Yhú, a 50 kilómetros de la ciudad de Caaguazú, pudo romper el aislamiento de largas décadas con la culminación del asfaltado de la ruta 13, que se conoció como “la ruta de la mentira” por las promesas incumplidas. La vía conectará con la ciudad de Ypejhú, Canindeyú, en la frontera con Brasil.
Recuperar nuestra rica historia de la época de la Guerra Guasu nos permitirá ofrecer nuevos atractivos a los visitantes”, sostiene Arturo Jara.

Con Arturo Jara Espinoza, intendente municipal de Yhú, en la histórica Laguna Verá.
Portal de entrada a la ciudad de Yhú, desde a ruta que llega de San Joaquín.
RESIDENTAS 
Una historia en cómic, con guion de Andrés Colmán Gutiérrez, dibujos de Enzo Pertile y colores de Edgar Arce, publicada en el álbum Epopeya Guerra Guasu en octubre de 2016, bajo la edición de Javier Viveros.  



























Paraguay en el cómic: Black Panther y Wonder Woman salvan a Asunción



De los muchos espacios posibles, un súper héroe (Black Panther o Pantera Negra)  y una súper heroína (Wonder Woman o La Mujer Maravilla), célebres personajes de la dos editoriales de cómic más grandes del mundo, la Marvel y la DC Comics –que recientemente vivieron el estreno de sus primeras grandes películas, con muy buena recepción de crítica y público-, han elegido coincidentemente a la ciudad de Asunción como lugar de sus aventuras. Hasta entonces, Paraguay casi no ha sido escenario de grandes producciones del cómic internacional.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Es noviembre de 2017. En la capital del ficticio reino sudafricano de Wakanda, el rey T'Chaka informa a su hijo, el príncipe T'Challa (quien lleva pocas semanas de asumir el manto del súper héroe y defensor de su pueblo, Black PantherPantera Negra) que en un lejano país sudamericano llamado Paraguay, y más concretamente en la capital, Asunción, un grupo de mercenarios mantienen capturados a varios rehenes, entre los que se encuentran dos turistas wakandianos.
T’Challa debe partir de inmediato hasta Asunción para rescatar a sus compatriotas. Al abordar la nave se encuentra con la guerrera Okoye, líder de la Dora Milaje (la guardia personal del gobernante de Wakanda), quien ha sido instruida por el rey para acompañar al príncipe, protegerlo y a la vez controlar su desempeño.
Así comienza Black Panther: Prelude, una saga en historietas o cómic book en dos partes, que la prestigiosa editorial Marvel de Estados Unidos lanzó en octubre y en noviembre de 2017, con guion de Will Corona Pilgrim, dibujos de Anapaola Martello y colores de Jordan Boyd, como una historia de introducción (o preludio) a la película Black Panther de la Marvel Studios, que se estrenó en febrero de 2018,  dirigida por Ryan Coogler y protagonizada por Chadwick Boseman, Michael B. Jordan, Lupita Nyong'o, Danai Gurira, Martin Freeman, Angela Bassett, Forest Whitaker y Andy Serkis, entre otros.
La historia del cómic tiene directa relación con la película y lo curioso es que se haya elegido a la ciudad de Asunción como el escenario para la historia que dispara la trama, ya que el Paraguay ha aparecido muy raras veces como espacio de aventuras para las grandes producciones del cómic internacional.
En la primera entrega de Black Panther: Prelude, Anapaola Martello dibuja como ícono reconocible de la ciudad al histórico edificio de la Estación Central del Ferrocarril Carlos Antonio López, construido en 1859 por los arquitectos Alonso Taylor (inglés) y Alejandro Ravizza (Italiano). Los autores de la serie ubican en un edificio próximo a la estación el lugar donde los mercenarios mantienen cautivos a sus rehenes.
Unos cuadros más adelante, en horas de la noche, la nave de Black Panther sobrevuela el cielo de Asunción y desde el aire se distingue perfectamente la forma del también histórico Palacio de López, sede del Gobierno, junto a la Bahía.
Luego la nave se posiciona encima de la Estación del Ferrocarril y se ve descender al súper héroe y su compañera Okoye, iniciando una pelea con los mercenarios, para liberar a los rehenes. La persecución de los villanos se extiende hasta un muelle en el puerto de la ciudad, en donde la rigurosidad de la documentación del dibujante ya no es tan estricta, porque el muelle parece más marítimo que el que existe sobre el río Paraguay.  

Black Panther: Prelude, de la Marvel Comics
Otra visita, esta vez de Wonder Woman.

La inclusión de Asunción como escenario de otra aventura súper heroica se repite en junio de 2018, cuando la editorial norteamericana DC Cómics, principal competencia de la Marvel, lanza la revista Wonder Woman #49, cuarta entrega de la saga Wonder Woman: The Dark Goods (La Mujer Maravilla: Los dioses oscuros). La historia lleva guion de James Robinson, dibujos de José Merino y colores de Rómulo Fajardo Jr.
La saga se inició en mayo de 2018 en la revista Wonder Woman #46, con la aparición de unos extraños nuevos dioses griegos que llegaron a la tierra, conocidos como Los Dioses Oscuros, liderados por el Rey Best, con otros integrantes como Karnell, Savage Fire, Mob God y el Dios Sin Nombre, quienes empiezan a atacar y a destruir varias ciudades del planeta.
Junto a su hermano Jason y su compañero Steve Trevor, con otros aliados, como la también heroica Supergirl, la Mujer Maravilla los enfrenta en varios escenarios.
En la parte final del cuarto episodio, cuando Diana se encuentra en la nave de Steve Trevor, recibe la confirmación de que su hermano Jason está luchando contra una de los dioses oscuros, la poderosa Savage Fire (Fuego Salvaje) sobre el cielo de la capital del Paraguay, Asunción.
Un cuadro panorámico muestra un paisaje muy reconocible del centro histórico de Asunción, con el edificio del Banco Nacional de Fomento (frente a la Plaza de la Democracia) ardiendo en llamas. Más atrás, el rascacielos del edificio San Rafael también sufre los daños del ataque. Gran parte de la ciudad se muestra afectada por el fuego y el humo.
La Mujer Maravilla vuela raudamente y llega hasta Asunción. Esta vez, el cuadro panorámico muestra una vista aérea de la nueva zona comercial top de la ciudad, con los modernos edificios del World Trade Center (Centro de Comercio Mundial), también ardiendo en llamas.
En seguida, Wonder Woman es atacada por su hermano Jason, quien aparentemente está bajo control mental de los dioses oscuros y ella cae en una zona de verdes serranías, que podría ser perfectamente la zona de cordilleras próxima a la capital. El capítulo concluye con una Mujer Maravilla caída en territorio paraguayo. El desenlace se conocerá en Wonder Woman #50.

Escena de Wonder Woman #49 y foto gentileza.
Visibilidad en el gran mercado del cómic

No existen aún datos acerca de las razones por las que los guionistas, dibujantes y editores de ambos personajes estrellas de las dos editoriales de cómics más importantes de mundo decidieron tomar a Asunción como escenario para sus recientes aventuras.
El dibujante Carlos Arguello, quien dibujó obras con el popular personaje Tarzán para editoriales norteamericanas, cree que alguno de los artistas ha visitado Asunción y por eso decidieron usar a la ciudad como escenarios. Otros colegas consideran que simplemente necesitaban ambientar la aventura en algún lugar lejano y exótico de Sudamérica y la capital del Paraguay les pareció una opción válida.
Tanto Arguello como su colega Dany Zayas, que compartieron los primeros datos sobre estas publicaciones en el grupo  Cómic en Paraguay de la red social Facebook, consideran que la inclusión de paisajes asuncenos en las revistas de ambos personajes, que gozan de mucha popularidad a nivel mundial, le otorga mayor visibilidad a nuestro país y hasta podría ser un punto de apoyo para dar a conocer la obra de creadores del cómic nacional.
“Paisajes urbanos de Asunción, Paraguay, en los cómics internacionales. ¡Existimos!”, posteó por su parte el guía de turismo Mario Ricardo Martínez Cáceres.

________________________
Aquí se puede leer la revista "Black Panther: Prelude #1".


----------------------
Aquí se puede leer la revista "Wonder Woman #49".



jueves, 20 de julio de 2017

El boom del cómic paraguayo


Sin superhéroes con capas, con relatos basados en la historia y la literatura del Paraguay, el cómic nacional vive una explosión de nuevas ediciones, con un renovado interés de los lectores. La obra 1811 se distribuyó en más de 70.000 ejemplares y Carpincheros arrancó su primera edición con 5.000 copias.

 Por Andrés Colmán Gutiérrez

Los cómics más difundidos en el país no han sido los de algún superhéroe con capa, ni la saga de alguna guerra espacial con naves estelares, sino 1811, una novela gráfica de Robin Wood y Roberto Goiriz sobre la Independencia del Paraguay, que llegó a alcanzar más de 70.000 copias en sus distintas versiones, y Carpincheros, un clásico cuento de Augusto Roa Bastos, con guion de Javier Viveros y dibujos de Juan Moreno, que en su primera edición lanzó 5.000 ejemplares.
Cualquiera de las dos cifras es elevada para el mercado de publicaciones en el país. Ni las novelas más exitosas, ni los libros de temas más actuales, alcanzan ese volumen de impresiones.
La obra Carpincheros, que inicia la colección Literatura paraguaya en historietas de la editorial Servilibro, estaba pensada para 1.000 ejemplares, pero cuando la directora, Vidalia Sánchez, vio la impactante portada dibujada y pintada por Juan Moreno, con los legendarios cazadores de carpinchos avanzando en medio de la noche a bordo de primitivos cachiveos, entre el reflejo de fogatas encendidas sobre camalotes flotando a ras del agua, decidió arriesgarse y elevó el tiraje.
No se equivocó. “Apenas el material salió en circulación, varios lectores, principalmente educadores de colegios, se pusieron en contacto para obtenerlo. La colección está teniendo mucho suceso. El cómic ejerce una atracción especial en los jóvenes por la fuerza de las imágenes y el colorido de los dibujos. Es un excelente medio para dar a conocer los temas de la historia y de la literatura de nuestro país”, afirma Vidalia.
Servilibro ha creado un sello alternativo, Servicomics, en donde ya lleva editado cerca de diez títulos y además planea crear una sección especial de comics en su local central de la Plaza Uruguaya, en donde ofertar todas las publicaciones de la historieta nacional, incluyendo obras de otras editoriales y ediciones independientes.

Quimera, la primera revista paraguaya de historietas, aparecida en 1981.

Entre Quimeras y Raudales

Las primeras obras conocidas de historieta en el Paraguay fueron Ivo, el piloto audaz, una serie escrita y dibujada por el arquitecto Aníbal Ferreira Menchaca, alias Tata, publicada por primera vez en la revista infantil Farolito, en octubre de 1964; El niño de Pikysyry, una serie ambientada en la Guerra del 70, realizada por Juresuk, publicada en la misma época; y una serie sobre la vida del presidente Carlos Antonio López, realizada por el escritor y pintor boliviano Gil Coimbra.
En 1967, en Buenos Aires, otro creador paraguayo llamado Robin Wood empezó a publicar sus primeros guiones de historietas en las revistas de la Editorial Columba, principalmente una serie que se volvió leyenda a nivel internacional: Nippur de Lagash, con dibujos del argentino Lucho Olivera. En poco tiempo, Wood llegó a convertirse en uno de mejores escritores de comics del mundo.
A nivel local, el creador Carlos Argüello dio a conocer en 1978 a Avaré, un personaje de historietas ambientado en la época de la conquista española, que se publicó en el suplemento infantil de Última Hora, a razón de una página semanal a todo color. Fue el primer héroe de aventuras en el mundo guaraní.
El propio Argüello, unido a otros dos jóvenes artistas, Juan Moreno y Roberto Goiriz, en 1981 editaron Quimera, la primera revista paraguaya de historietas. Como la mayoría de las publicaciones de la época, era hecha a pulmón por sus autores, vendida de mano en mano entre los amigos, generando ingresos que apenas alcanzaban a pagar los costos de impresión.
Ante esa realidad, Roberto Goiriz, Juan Moreno y Nico Espinoza editaron en 1984 El Raudal, una revista humilde en formato pero revolucionaria en contenido, realizada en blanco y negro y multicopiada en papel oficio para abaratar costos. Fue el espacio de expresión para una generación sofocada por la dictadura, usando el humor y la historieta como forma de rebeldía política. Siete ediciones circularon de mano en mano, subterráneamente, hasta que la octava acabó inevitablemente censurada.


La historia en historietas

“En mi experiencia, la historieta siempre despierta atención. Se trata de un atractivo formato que mezcla arte y literatura de una forma tal que resulta muy fácil acercarse a una revista, un álbum, un libro que contenga ese tipo de historias. Y cuando se da el condimento adicional de un tema interesante, como la historia o la literatura, se suma ese público, el que está interesado en ese tema, sin necesidad de que tenga una lectura previa de cómics”, destaca Roberto Goiriz, considerado uno de los maestros pioneros del cómic paraguayo.
Goiriz es creador de varios personajes clásicos, como el caricaturesco Jopo o el antihéroe Heyulúnex, pero ninguno de ellos tuvo tanto éxito como la novela gráfica 1811, que dibujó sobre guion del gran escritor Robin Wood, para homenajear al bicentenario de la Independencia, en 2011.
Inicialmente, la Fundación El Cabildo imprimió 10.000 ejemplares de 1811. Luego, el diario ABC Color editó 40.000 ejemplares en forma de fascículos. Con apoyo de empresas y cooperativas, hubo otra tirada de 20.000 ejemplares para El Cabildo, más unos 3.000 ejemplares que editó Goiriz, por cuenta propia. “En total salieron unas 73.000 copias de la obra, creo que fue todo un récord”, sostiene el dibujante.
En esa misma trayectoria, en 2015 Goiriz se unió al historiador Jorge Rubbiani para realizar Paraguay Retä Rekove, una serie de 8 fascículos publicados por el diario ABC Color, con relatos de la historia paraguaya en cómic, abarcando desde el final del gobierno del dictador Rodríguez de Francia hasta mitad de la Guerra de la Triple Alianza, involucrando a dibujantes y guionistas paraguayos, argentinos y uruguayos. Una segunda parte del proyecto está actualmente en preparación.


El fenómeno Epopeya

Javier Viveros es un consagrado poeta y cuentista paraguayo, a quien un día la editora Vidalia Sánchez le mostró el álbum de comic Vencer o Morir, sobre la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) realizado por el historietista Enzo Pertile, y le preguntó: “¿Vos podrías escribir historias así?”.
Cautivado por los dibujos, Javier aprendió cómo escribir un guion de comics y empezó a adaptar varios de sus cuentos sobre la Guerra del Chaco (1932-1935), que fueron dibujados por Enzo Pertile y Juan Moreno. Con el título de Pólvora y polvo, las historietas bélicas se publicaron a partir de marzo de 2013 por el diario Última Hora, en una serie de 16 fascículos coleccionables.
En vista a la buena repercusión, Viveros escribió más guiones y preparó una segunda parte, en la que además de Pertile y Moreno involucró a los dibujantes Roberto Goiriz y Kike Olmedo, pero cuando presentó el proyecto de 20 episodios, los directivos del periódico le dijeron que en ese momento no lo iban a poder publicar. Otras editoriales tampoco se mostraron  interesadas.
Ante esa situación, el escritor decidió convertirse él mismo en editor. Pidió presupuestos de impresión para un álbum de 170 páginas a color y convocó a los lectores a través de una página en Facebook para que reserven anticipadamente su ejemplar, llenando un formulario en internet. La respuesta fue positiva y en pocas semanas se comprometieron más de 300 lectores a pagar 100 mil guaraníes por ejemplar, asegurando cubrir los costos.
Así nació el primer álbum gráfico Epopeya y se empezó a gestar Epopeya II, en la que intervinieron varios otros guionistas y dibujantes de Paraguay y Bolivia, los dos países que participaron de la Guerra. El segundo álbum se editó con mucho suceso en abril de 2016.
El fenómeno no se detuvo allí. Historiadores y apasionados por la historia se sumaron al proyecto junto con Viveros y en octubre de 2016 dieron vida a Epopeya Guerra Guasu, un álbum con 20 historias de la Guerra de la Triple Alianza, con participación de 35 guionistas, dibujantes y coloristas de los cuatro países involucrados en la contienda bélica: Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay.
“El cómic, al igual que el cine o la literatura, requiere de historias y tanto nuestro pasado patrio como nuestra literatura las tienen en calidad y cantidad. Son fuentes válidas y muy ricas”, destaca Javier Viveros, al explicar el gran interés que las publicaciones están despertando.
El historiador Fabián Chamorro, quien participó como co-editor y guionista en Epopeya Guerra Guasu, refiere que el cómic “es una herramienta diferente y más atractiva para los jóvenes especialmente. En un país en donde al audiovisual le falta aún caminar mucho, y en donde las herramientas digitales, como las aplicaciones, todavía no encontraron en la historia y la literatura una veta, entonces el cómic se convierte en el mejor camino de difusión”.

"Un problema de volúmenes", de Helio Vera, con guion de Colmán Gutiérrez y dibujos de Juan Moreno.

La literatura llega a través del comic

El más reciente fenómeno, revelado durante las actividades por el centenario del escritor Augusto Roa Bastos, tiene que ver con la adaptación de algunos de sus cuentos clásicos y su biografía en formato de historietas.
Inaugurando la colección Literatura paraguaya en historietas, dirigida por Javier Viveros para la editorial Servilibro, el mismo adaptó tres cuentos de Roa Bastos, Carpincheros (con dibujos de Juan Moreno), Pirulí (dibujado por Ruweman Amarilla) y Audiencia Privada (ilustrado por ADAM), que incluyen una guía de lectura para docentes, elaborado por la escritora Maribel Barreto.
La serie seguirá con adaptaciones de otros narradores paraguayos, como Un problema de volúmenes, de Helio Vera (guion de Andrés Colmán y dibujos de Juan Moreno), El doctor lluvioso, de Josefina Plá (guion de Viveros y dibujos de Moreno), La calesita de Ferreyra, de Gabriel Casaccia (guion de Colmán y dibujos de ADAM), entre otros títulos.
Paralelamente, Servilibro dio a conocer la colección Protagonistas de la historia en Paraguay, con biografías de grandes personajes en historietas. El primer volumen, Augusto Roa Bastos, el supremo escritor, con guion de Andrés Colmán Gutiérrez y dibujos de ADAM, se presentó con mucho éxito durante la Feria Internacional del Libro de Asunción, y seguirán las biografías de figuras como Serafina Dávalos, José Asunción Flores, Carlos Antonio López, Agustín Barrios, Rafael Barrett, Arsenio Erico, Josefina Plá, entre otros.
Como nunca antes, el cómic paraguayo vive un boom editorial.
 
Otra obra de la colección "literatura en historietas".
Construyendo el imaginario

“Los creadores del cómic están logrando lo que hasta ahora, por diversas razones, no estamos pudiendo lograr desde el cine y otras expresiones artísticas: construir un imaginario del Paraguay”, destaca el cineasta Hugo Gamarra, director del documental El portón de los sueños, sobre la vida y obra del escritor Roa Bastos.
Su colega, el cineasta Ray Armele, agrega que las obras en cómic “están contando las historias que la televisión paraguaya no cuenta, al no existir un apoyo para las realizaciones audiovisuales”.
Para el historiador Fabián Chamorro, las historias en cómic constituyen un instrumento pedagógico, una puerta de entrada para que los niños y jóvenes se interesen por temas que desde los libros de textos no atraen mucho. “Es ideal didácticamente hablando para niños y adolescentes, y es entretenida para el adulto”, destaca.
Paraguay tiene aún pocos guionistas, pero sí a excelentes dibujantes que publican a nivel internacional. Roberto Goiriz publicó en Brasil, Estados Unidos y en Italia, y ha dibujado dos series del guionista Robin Wood para revistas europeas: Hiras, hijo de Nippur y la futurista Warrior M. Enzo Pertile publica en la conocida editorial norteamericana Dark Horse y Carlos Arguello dibuja al legendario personaje Tarzán para la Edgar Rice Burroughs y también para Dark Horse. Kike Olmedo ha empezado a ilustrar Dago, el personaje más famoso de Robin Wood, para la editorial Eura de Italia.
A nivel nacional, aún existen dificultades para dar a conocer sus creaciones. “El principal problema tiene que ver con la distribución. Mercado hay, lo hemos comprobado con el proyecto de autogestión: en menos de seis meses vendimos los mil cien ejemplares que imprimimos de Epopeya - Guerra del Chaco. Hay guionistas y dibujantes de valía, hay público interesado y temas a granel. Lo que falta es una buena red de distribución, esto en caso de que uno quiera aventurarse a publicar por su cuenta, aunque el uso de las redes sociales atenúa este problema”, afirma Javier Viveros.
“Del lado de las editoriales hay una franca miopía. No en todas, afortunadamente. El proyecto Literatura paraguaya en historietas, se ha coronado de gran éxito. Servilibro le ha apostado fuerte y salen tiradas de cinco mil ejemplares por título, esto habla de la vitalidad que tiene el género en la actualidad”, destaca.
Para Roberto Goiriz, también, la principal dificultad local es la escasez de editores con visión. “Solo ahora, en el tercer milenio, habiendo sobrepasado sus cien años de edad, la historieta comienza a ser considerada un rubro interesante al que apostar. Se tardó un poco, pero es bienvenida esa atención y ojalá de ella resulten más proyectos y publicaciones. Hasta los diarios, que en el nacimiento mismo de la prensa utilizaron muchos cómics como parte de su contenido, y gracias a ello mantuvieron o aumentaron sus ventas, con el tiempo los abandonaron. En esta época de ventas decrecientes, los diarios y otras publicaciones en papel deberían prestar mucha atención al fenómeno que está ocurriendo”, señala.

Como en su clásico lenguaje, el boom del cómic paraguayo se inscribe sobre una trillada frase: Continuará…

-------------
(Una versión más resumida de este artículo se publicó originalmente en la revista VIDA de Última Hora, en ocasión de su edición especial número 1.000, el sábado 15 de julio de 2017).

Parte de los muchos títulos publicados por los artistas del cómic nacional.

lunes, 22 de mayo de 2017

Nippur de Lagash cumple 50 años


Creado en 1967 por el guionista paraguayo Robin Wood y el dibujante argentino Lucho Olivera, el incorruptible guerrero sumerio es uno de los íconos de la historieta latinoamericana.


Andrés Colmán Gutiérrez

Mayo de 1967. Buenos Aires, Argentina. Bajo la fría llovizna, un harapiento obrero paraguayo, oriundo de Caazapá, regresaba caminando desde la fábrica donde se ganaba el sustento hasta la humilde pensión de Martínez, donde debía semanas de alquiler.
Se detuvo frente a un kiosko a mirar tapas de diarios y revistas. Le llamó la atención el álbum de historietas D’artagnan, de la editorial Columba. Era la edición N° 151. En la portada, entre varios títulos, anunciaba: Historia para Lagash; por Robin Wood.
El obrero paraguayo caazapeño lo leyó una y otra vez, sin poder creer. Ignorando las protestas del kioskero, anotó la dirección de la casa editorial y se dirigió hacia allá, caminando largas cuadras.
La chica de la recepción lo miró entrar con actitud desconfiada, pero cuando él le dijo su nombre, se le iluminaron los ojos.
-¡Hace días que le estamos buscando, señor Robin Wood…! El editor quiere hablar con usted.
El obrero paraguayo caazapeño fue llevado hasta la lujosa oficina de un señor con traje y corbata, quien lo radiografió con una mirada de escepticismo, le pidió la cédula de identidad y finalmente esbozó una sonrisa.
-¿Es usted el que escribió esos guiones que publicamos? ¿Puede escribir más…? Se los compramos todos. Especialmente el de ese guerrero, el tal Nippur de Lagash
Aquel día, el obrero paraguayo caazapeño recibió un primer cheque, que duplicaba en varios números el sueldo que cobraba en la fábrica, a la que desde entonces dejó de concurrir. Fue a un restaurante, pidió un plato de comida caliente, una botella de vino, se compró ropa nueva, se mudó de pensión… y empezó a escribir.

La primera página de "Historia para Lagash", de 1967, posteriormente coloreada,
Un guerrero en Sumeria

Así empezó la historia o la leyenda.
Robin Wood tenía 23 años de edad, había llegado desde Paraguay, siguiendo el consejo de su mentor, el docente y político democratacristiano Rómulo Teobaldo Perina, quien un buen día lo alzó en el tren internacional desde Encarnación y le dijo: “Andate a la Argentina, aquí no hay nada que hacer, allá te vas a abrir camino”.
Nacido en Colonia Cosme, Caazapá, en 1944, descendiente de migrantes australianos, Robin había trabajado como mozo y obrajero, logrando apenas culminar la escuela primaria, aunque era un voraz lector de cuanto libro caía en sus manos. Llegó a escribir cuentos y ganó un concurso literario del diario La Tribuna.
En Buenos Aires intentó ser dibujante y se inscribió en la Escuela Panamericana de Arte, donde conoció al ilustrador correntino Luis Olivera. Descubrieron que tenían en común la fascinación por la antigua civilización sumeria. Lucho le dijo a Robin que dibujaba muy mal, pero escribía bien y le tentó a crear algunos guiones de historietas para que él los dibuje.
“Yo nunca había escrito un guion, pero Lucho me enseñó y probé suerte. Hice dos historias bélicas y una de un guerrero en la antigua Sumeria. Había que ponerle un nombre al personaje. Sabía que había dos ciudades importantes en la antigüedad: Nippur y Lagash. Con mucha obviedad le bauticé Nippur e hice que viviera en Lagash”, recuerda Robin.
Le pasó los guiones a su amigo y se olvidó del asunto. La poca plata le impidió seguir en la Panamericana y perdió todo contacto con Lucho... hasta que, aquella tarde gris de marzo de 1967, vio por primera vez a Nippur de Lagash en las páginas de D’artagnan.

Nippur, según el dibujante paraguayo Kike Olmedo, que ahora dibuja Dago.
Nippur, más que Superman

Historia para Lagash iba a durar solo un capítulo, en que el general Nippur, un recto y valiente guerrero, jefe de la guardia del rey Urukagina, fue exiliado debido a que el dictador Luggal-Zagizzi se apoderó de Lagash a sangre y fuego, en complicidad con el sacerdote Sumur.
Aquellas primeras páginas escritas por Wood y dibujadas por Olivera cautivaron a miles de lectores, que pidieron más y más aventuras. Entonces Robin echó a andar a su guerrero por los territorios de la antigüedad, en compañía de su fiel amigo Ur-El, el gigante de Elam.
Los llevó a Egipto, donde Nippur se enamoró de la hija del faraón, Nofretamon, y despreció los cegadores brillos del poder.
Llegaron a Atenas para ayudar a Teseo a vencer al Minotauro. Se metieron en varios entuertos, pelearon junto a pastores y reyes, enfrentaron a míticos monstruos y a bellas amazonas.
En cada aventura, Nippur iba adquiriendo un poco más de sabiduría y de habilidades. Ya se había ganado varios motes, entre ellos el incorruptible y el errante.
En su ensayo La espada y la palabra, el escritor argentino Martín Caparrós cuenta que leía con pasión a Nippur de Lagash en su niñez y lo compara con otro legendario personaje de comics, Superman, concluyendo que el personaje del autor paraguayo era mucho más que el superhéroe norteamericano.
“Superman podía ver y escuchar todo pero, en última instancia, no entendía nada: no aprendía. Nippur de Lagash, en cambio, sabía convertir su experiencia en ideas, conductas, expresiones. Nippur no pasaba intacto por el mundo, no seguía siendo siempre el mismo: sus experiencias lo marcaban, tanto que terminaron por costarle un ojo de la cara. A partir de la mitad de su historia, Nippur fue el tuerto al que una flecha le había arrancado el ojo izquierdo. Eso lo hizo más reflexivo, más interesante: el héroe era falible, dudaba y aprendía”, escribe Caparros.
Se refiere al recordado capítulo Laris sobre el espejo del desierto, publicado originalmente en julio de 1978, en el que Robin Wood decidió arrancarle un ojo a su héroe de un flechazo y dejarlo tuerto para siempre. Un hecho considerado muy revolucionario en la época, en que los héroes de historietas no podían morir, ni siquiera resfriarse.

Nippur, por el paraguayo Roberto Goiriz, en la serie Hiras, que realizó con Wood.

Larga vida, Nippur.

Desde 1967 hasta 1998, Robin Wood escribió en total 445 episodios de aventuras de Nippur de Lagash, que se publicaron en Argentina, Italia y España, principalmente, ilustrado por varios dibujantes, entre ellos Lucho Olvera, Ricardo Villagrán, Sergio Mulko, Jorge Zaffino y Carlos Leopardi.
Nippur vivió mil aventuras, tuvo un hijo, Hiras y una hija, Oona.
En su última aventura, ya anciano y barbudo, Nippur se perdió en el desierto, con apenas una alforja, su espada y una lanza.
Reapareció como personaje invitado en la década del 2000, en la serie Hiras, Hijo de Nippur, que dibujó el paraguayo Roberto Goiriz para las revista de la editorial Eura, de Italia.
Los gobiernos de Argentina y Paraguay le dedicaron estampillas de homenaje y existe el proyecto de una película sobre el personaje, a cargo del cineasta argentino Enrique Piñeiro.
La última vez que se lo vio fue en febrero este año, en la forma de un muñeco gigante, en una de las carrozas del carnaval de Encarnación, cuando el club Radio Parque le rindió un emotivo homenaje a Robin Wood, ante el aplauso de la multitud.
Quedan muchas anécdotas, como la de los padres que decidieron poner el nombre de Nippur a sus hijos y debieron pelear con la burocracia judicial para que sea aceptado en los registros oficiales. Uno de ellos está relatado en el libro El cuaderno de Nippur, de la argentina María Vázquez, quien murió de cáncer y dejó el testimonio escrito de su lucha, para que su bebé lo pueda conocer cuando grande. En el prólogo del libro, Robin Wood escribió: “Coloco una flor en su recuerdo e imagino a mi héroe recibiéndola en otro mundo de valientes y bendecidos”.
Es, probablemente, su aventura más bella.

-----------------

(Publicado originalmente en El Correo Semanal de Última Hora, edición del sábado 20 de mayo de 2017).

Nippur, en versión de homenaje por el paraguayo Nicodemus Espinoza.
Nippur, en una carroza del Carnaval de Encarnación 2017.