Venciendo
temores y prejuicios, el martes 14 de abril fuimos en misión periodística desde
nuestra base de cuarentena en Atyrá hasta la compañía Itapirú de Arroyos y
Esteros, Departamento de Cordillera, la pequeña comunidad rural de
aproximadamente 200 familias que desde el lunes está bajo bloqueo sanitario,
luego de haberse revelado que un sexagenario poblador que padecía de leucemia,
fallecido el sábado a la noche en el Hospital de Clínicas, había sido velado
durante el domingo en su domicilio con varias personas y sepultado el lunes a
la mañana, acompañado de muchos vecinos, cuando se les comunicó que la causa de
la muerte fue Covid-19.
Con
autorización del intendente municipal Lázaro Ovelar, tomando las prevenciones sanitarias
de rigor, pudimos franquear la barrera policial establecida a la entrada, que
no permite que los pobladores salgan del lugar por 15 días.
Ante la
gravedad del caso, esperábamos hallar una dotación de técnicos de salud
vestidos como astronautas, como en las películas, procediendo a asistir a la
población, pero… nada.
La calle
principal lucía vacía y desolada, los pocos almacenes y despensas estaban totalmente
cerrados, los rostros campesinos que nos miraban con miedo tras los vidrios o
barrotes de las ventanas. El miedo se sentía en el aire.
En el
cementerio tuvimos la suerte de encontrar a un hombre que tomaba notas y
verificaba la situación. Así conocimos al doctor Gustavo Américo Gamarra,
terapista del Hospital Militar, quien también es un poblador de Itapirú y había
asistido al paciente S. V., días antes de que fuera llevado otra vez con
urgencia a Clínicas. Él nos mostró las precarias condiciones en que se hallaba
el panteón donde fue alojado el féretro, con finas paredes de ladrillo que
contenía visibles grietas, tal como lo retratamos en el reportaje que
publicamos este miércoles en Última Hora, y que lo pueden leer al final de este
posteo.
Creímos que
iba a resultar difícil hablar con los pobladores, pero al salir del cementerio
un nutrido grupo de ellos nos estaban esperando. El encuentro fue
impresionante. Estaban parados en medio de la calle, distanciados a unos metros,
unos de otros. Mujeres y hombres. Algunos llevaban tapabocas, a falta de ellos
otros se cubrían el rostro con prendas de vestir atados sobre el rostro, o como
la mujer que hizo de vocera, Liza Ferreira, sostenían una remera contra la boca
y la nariz, como si de ese modo pudiesen protegerse contra el virus.
Fue
impresionante escucharles por el miedo y el susto que demostraban, relatando la
angustia de encontrarse en una situación que ni buscaron ni esperaron, y sobre
todo que se sentían muy abandonados y desamparados por las autoridades, muchos
de ellos sin ninguna forma de sustento. Simplemente se les aisló y se los dejó
como prisioneros del bloqueo total, con la incertidumbre de no saber quiénes
pudieron haberse contagiados, y con el temor de que el cuerpo del poblador
fallecido estaba allí, sin haber sido enterrado bajo tierra, ni incinerado, apenas
depositado en un precario panteón de cemento en la superficie, aun con grietas visibles en el momento en que estuvimos allí.
Aquí quedan
varias cuestiones que deben ser revisadas.
Lo primero
es que evidentemente hubo fallos en el protocolo que se siguió desde el Hospital de Clínicas.
Según el
médico Gustavo Gamarra, quien conoce a profundidad el caso, el sexagenario S.
V. se contagió probablemente con el Covid-19 tras su última sesión de quimioterapia
en Clínicas, en los primeros días de abril, debido a sus bajas defensas.
En ese
estado fue traído de vuelta a su comunidad, en donde, ya probablemente en
situación de infectado con el coranavirus, tuvo contacto con mucha gente, no
solamente en Itapirú, sino en la misma ciudad de Arroyos y Esteros, ya que acudió
con sus familiares a una farmacia y a otros negocios.
Cuando el abuelo
S. V. se sintió muy enfermo, con alta fiebre y casi sin glóbulos blancos, en
los días de Semana Santa, el doctor Gamarra recomendó que lo vuelvan a llevar
con urgencia al Hospital de Clínicas, en San Lorenzo. Así se hizo. Allí murió
el sábado 11 a la noche. Los médicos le hicieron una segunda prueba de Covid-19
al paciente, cuyos resultados estarían el lunes 13 (ya le habían hecho un
primes test, que dio negativo) y decidieron entregar el cuerpo a los familiares
en la mañana del domingo 12, tras asegurarse de que una funeraria de Caacupé
proceda a lacrar el ataúd, con todos los cuidados sanitarios, antes de
trasladarlo. Supuestamente dieron precisas instrucciones para que sea llevado
directamente al cementerio de Itapirú, lo cual no se cumplió.
Aquí está un
grave fallo. Según el ministerio de Salud, aunque no exista confirmación de
Covid-19, todos los decesos deben manejarse con protocolo como si fueran casos
de infección: ataúdes sellados, sin velatorios, sepelios sin aglomeración y con
máxima seguridad.
Los médicos
supuestamente confiaron en que los familiares llevarían el cuerpo directo al
cementerio. No fue así. Confiados en que no tenía Covid-19, llevaron el ataúd
directamente al domicilio, donde lo velaron durante toda la tarde y noche del
domingo 12, madrugada del lunes 13, hasta proceder al sepelio el lunes a la
mañana. En todos estos momentos, muchos pobladores se acercaron a dar sus
pésames a los familiares, siguiendo la humana tradición cultural y religiosa.
A la mañana,
tras culminar el sepelio, aparecieron las autoridades del Centro de Salud local
con gente de la Fiscalía de Cordillera y la Policía a avisar que el segundo
test de coronavirus había dado positivo. Allí se desató el escándalo y cundió
el miedo. Hubo un fuerte altercado entre gente de la Fiscalía y los familiares
del fallecido. Se ha buscado echar la culpa principalmente a los parientes.
Pregunta:
¿No deberían las autoridades del Hospital de Clínicas haber comunicado este
caso a las autoridades del Ministerio de Salud, para extremar cuidados? ¿No
deberían haberse preocupado de que se cumplan las indicaciones de deposición
del cuerpo según el protocolo sanitario, avisando a la policía de Arroyos y
Esteros y de Itapirú para que controlen que así ocurra? Son los graves fallos
que se cometieron y que urge revisar, para que no vuelva a ocurrir un
lamentable episodio como el de la compañía Itapirú.
Mientras
tanto, unas 200 familias viven con suma angustia, con muy poca información y
muy escasa asistencia, encerrados en su territorio, casi sin víveres y sin
orientación, dispuestos incluso a quemar el panteón que consideran es un riesgo
al acecho. Un triste episodio del que hay que tomar urgentes lecciones.
Andres Colmán Gutiérrez
Fotos:
Desirée Esquivel.
El médico Gustavo Gamarra muestra las grietas del panteón donde se alojó al fallecido por Covid-19 en Itapirú.
***
(A continuación,
el reportaje publicado este martes 15 de abril de 2010 en el diario Última
Hora).
Negligencia y miedo en
torno al fallecido por Covid-19 en Itapirú
Policías de Arroyos y Esteros controlan el acceso a la compañía Itapirú, tras el bloqueo sanitario dispuesto por las autoridades
TEMOR. Pobladores que están en cuarentena amenazan con quemar panteón y piden ayuda.
FALLAS. Médico cree que contagio fue en Clínicas y acusa de errores en la entrega del cuerpo.
Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Fotos: Desirée Esquivel - @desiesquivel
ITAPIRÚ - CORDILLERA
“Las autoridades ya nos tenían olvidados, ahora además nos
tienen como presos y en grave peligro de morir”, dice Liza Ferreira, pobladora
de la compañía Itapirú, Arroyos y Esteros, parada en medio de la calle de
tierra junto a otros vecinos que la secundan, manteniendo metros de distancia.
A falta de tapabocas ella se cubre el rostro con un paño blanco, que no alcanza
a ocultar el miedo en su mirada ni a disimular el enojo y la angustia en su
voz.
Es mediodía del martes y el miedo se siente en el aire
enrarecido de esta pequeña comunidad rural habitada por unas 200 familias,
quienes desde el lunes permanecen en zozobra, tras enterarse que un vecino de
67 años de edad, querido y respetado, a quien muchos acompañaron en su velorio
y en su sepelio, había muerto contagiado del Covid-19.
“No sabíamos que él se contagió del coronavirus. Muchos fueron
al velorio y acompañaron al cementerio. Después llegaron los de la Fiscalía.
Ahora tenemos miedo, no sabemos quiénes fueron contagiados. Encima nos tienen
presos, no podemos salir, mi marido trabaja en Asunción y me tiene que enviar
plata para la comida, pero no puedo recibir, las despensas están cerradas. Las
autoridades no aparecen”, reclama Liza y varias voces se unen a su indignación.
“Si no llevan el cuerpo contagiado de aquí, vamos a quemar el panteón por
nuestra seguridad”, advierten.
BARRERA.
Dos tiras de cintas amarillas cierran los dos caminos de acceso a Itapirú.
Agentes de Policía controlan que los pobladores no salgan. Los pocos locales
comerciales están cerrados. No se ven personas en las calles. En el cementerio,
un hombre toma notas en una planilla. Es el doctor Gustavo Américo Gamarra,
médico terapista del Hospital Militar, quien también vive en Itapirú, fue
director del centro de salud local y conoce el caso en profundidad.
“Conocí bien al señor (la víctima). Tenía leucemia y acudía a
hacerse quimioterapia en el Hospital de Clínicas, en San Lorenzo. Entre el 5 y
6 de abril estuvo allí, probablemente entonces contrajo el coronavirus”,
explica.
El martes 7 de abril, una hija del sexagenario buscó a Gamarra
porque su padre estaba con fiebre. Tenía apenas 1.200 glóbulos blancos. Al día
siguiente, miércoles 8, pasó a verlo en su domicilio. “Les dije que lo lleven
urgente al hospital. La hija me llamó y me contó que le diagnosticaron NIH
(neumonía intrahospitalaria), en Clínicas ya sabían que él había adquirido una
infección allí. Murió el sábado 11 a la noche. Le hicieron una segunda prueba
de Covid-19 (la primera había dado negativo) y entregaron el cuerpo a los
familiares el domingo 12”, relata Gamarra.
FALLAS DE PROTOCOLO.
Una empresa funeraria de Caacupé cerró el ataúd y trajo el cuerpo hasta el
domicilio de la familia en Itapirú, el domingo 12. “Debían enterrarlo
enseguida, pero trajeron a velarlo en la casa durante la tarde y noche del
domingo. Mucha gente vino al velorio y acudió al sepelio el lunes”, narra el
médico Gustavo Gamarra.
Poco después del sepelio aparecieron las autoridades
sanitarias y de la Fiscalía con el resultado del último examen, revelando que
el paciente dio positivo a coronavirus. La alarma se disparó. Hubo una fuerte
discusión entre la gente de la Fiscalía y los familiares en la entrada del
cementerio.
El doctor Gamarra cree que hubo poco cuidado en Clínicas al
entregar el cuerpo a los familiares, cuando probablemente ya había sospechas
sobre coronavirus. “Tampoco nadie controló que el cuerpo se entierre enseguida,
que se cumpla el protocolo”, destaca.
Hubo muchas mentiras. “Un fiscal de Caacupé aseguró que el
cuerpo se enterró bajo tierra, según el protocolo, pero no es así”, indica.
Acompaña a los periodistas a verificar el precario panteón y muestra las
grietas visibles que el panteón tiene en la parte posterior. “Esto no responde
al protocolo de seguridad médica, aquí se cometieron muchos fallos”, asegura.
ANGUSTIA.
En una casi desierta sede de la Municipalidad de Arroyos y Esteros, el
intendente Lázaro Ovelar reconoce su preocupación. “Los pobladores están
molestos y con miedo, necesitamos asistencia de las autoridades nacionales. El
bloqueo sanitario agravará la situación. Aquí hay 7.200 personas humildes que
se anotaron para recibir subsidios del programa Ñangareko, pero no cobraron aún
un solo guaraní. Ni siquiera pueden ir a pescar porque está prohibido. Hacemos
todo lo que podemos por ayudar, pero nuestros recursos son limitados. Y aún no
sabemos cuántos más se contagiaron”, indica.
BAJO CONTROL.
Respecto al manejo del Hospital de Clínicas, que hoy evalúa enviar a cuarentena
a su personal de salud, el doctor Eduardo Jara, director de la tercera Región
Sanitaria de Cordillera, dijo: “No quiero arriesgarme y decir en qué momento o
quién falló, porque Clínicas no depende del Ministerio de Salud y no sé cuál
fue el manejo que se dio en ese lugar”.
La autoridad sanitaria asegura que la situación en la compañía
Itapirú está bajo control. Se detectó a todos los que asistieron al velorio y
al sepelio, se los mantiene en cuarentena y el panteón será revestido con una
pared más gruesa de cemento. “Tenemos a unas diez personas trabajando en el
caso”, expresó.
Vista del cementerio de Itapirú, convertido en un foco de temor para la población local.
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Médicos del Hospital de
Clínicas podrían ir de cuarentena
El doctor Jorge Giubi, director general asistencial del
Hospital de Clínicas refirió que “lo que pasó es peligroso y preocupante porque
Salud dictó un protocolo de manejo de fallecidos sospechosos y que se
socializó. No hay que velarle al paciente, que tiene que estar en el cajón
cerrado, sellado, y que tiene que ir directo al entierro”.
Agregó que “era un enfermo leucémico que estaba en tratamiento
en el Hospital de Clínicas en forma programada, estuvo hace 10 días para
hacerse una quimioterapia dentro de la institución, se hizo la quimio, y se fue
de alta. Y el paciente volvió el viernes 10 al hospital con un agravamiento de
su cuadro leucémico, vino con fiebre y ahí se constató un problema
respiratorio, y se le pasó al área respiratoria, como un caso sospechoso del
Covid-19”.
“Este paciente fallece en estado grave. Los familiares estaban
en conocimiento de que era un sospechoso del Covid. Se les dijo que se envió la
muestra. Creo que hubo una dificultad económica para trasladar el cuerpo
entonces fue llevado a la morgue, la funeraria cumplió con el protocolo para el
retiro del cuerpo del paciente”, dijo Giubi.
El director indicó que unos 40 funcionarios, entre médicos,
enfermeros y otros trabajadores de la salud del Hospital de Clínicas podrían
ser sometidos a cuarentena, luego de haberse constatado el fallecimiento del
sexagenario procedente de Arroyos y Esteros.
Giubi, admitió que se trata del primer paciente fallecido por
coronavirus en Clínicas y el caso implica una evaluación de lo ocurrido, para
corregir los fallos que se puedan haber podido cometer. “Todos estamos
aprendiendo de este proceso”, indicó en una entrevista radial. “En un sistema
de salud donde tenemos pocos recambios esto golpea mucho, pero vamos a
hacerlo”, agregó sobre la cuarentena del personal de blanco.
Oscar Luis Benítez, alias Male’i,
uno de los dos ex miembros del EPP capturados este viernes 24 de noviembre en Sao Paulo, había
sido expulsado del grupo armado en 2011, acusado de haber donado 100 mil
dólares a la campaña electoral de Fernando Lugo. Esta es su historia... #CrónicasDeLaMemoria
Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman
Oscar Luis Benítez, conocido por el apodo “Male’i” y por el
nombre guerrillero “Ramón”, llevaba más de seis años huyendo, tanto de la
Justicia paraguaya como de sus propios ex compañeros del grupo criminal
Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), cuando en la madrugada de este viernes 24
de noviembre fue capturado por la Policía Federal Brasileña en el municipio de
Itaquaquecetuba, en el estado de Sao Paulo, Brasil, junto con otro exmiembro de
la banda, Lorenzo González.
Benítez era buscado por su participación en el secuestro de
María Edith de Debernardi y de Cecilia Cubas, hasta que en 2011 los líderes del
grupo lo expulsaron de sus filas, tras acusarlo de haber donado 100.000 dólares
de los fondos que manejaba como administrador del EPP a la campaña electoral
del ex obispo Fernando Lugo (quien ganó las elecciones presidenciales en abril
de 2011).
Lorenzo González, por su parte, está acusado de haber
participado del secuestro de Cecilia Cubas y de Fidel Zavala, y al parecer
también ha desertado de las filas del EPP.
La historia de Oscar Luis “Male’i” Benítez tiene elementos que
parecen sacados de una novela policía y así la habíamos contado en una
publicación de Última Hora, el 27 de noviembre de 2011.
Ahora que finalmente su larga huida parece haber llegado a su
fin, ya que se aguarda su extradición desde el Brasil para comparecer ante la
Justicia paraguaya, vale la pena volver a contar sus andanzas, tal como lo
habíamos hecho entonces:
***
En
algún lugar, escondido entre cuatro paredes, está un hombre con identidad falsa,
que duerme con un ojo cerrado y el otro abierto; mira constantemente de reojo a
sus espaldas, y no se despega ni un instante del arma de fuego que lleva
siempre consigo.
Se
llama Óscar Luis Benítez, aunque usa otros nombres. Arrastra la oscura leyenda
de haber sido administrador de las finanzas del grupo armado Ejército del
Pueblo Paraguayo (EPP), en donde ganó el apodo de guerra “Ramón”, además del
suyo, “Male’i”.
Su foto
está multiplicada en los carteles de “buscados”, que distribuyen la Fiscalía y
el Ministerio del Interior, ofreciendo recompensa por su captura, acusado de
haber participado, junto a otros miembros del EPP, en el secuestro de María
Edith de Debernardi (2000 y 2001) y en el secuestro y asesinato de Cecilia
Cubas (2004 y 2005).
LA SENTENCIA. Un
correo electrónico que llegó el pasado lunes 21 de noviembre a radio Ñandutí,
selló la suerte de Male’i.
Desde
la cuenta aguayo.ger-man@yahoo.com, el texto de-cía: “Comunicado del Ejército
del Pueblo Paraguayo. Comunicamos a nuestro querido pueblo que: Luis Ramón Benítez
fue expulsado de nuestras filas por haber pasado 100.000 dólares para la campaña
luguista, prevalecido de su condición de administrador”.
Aunque
mezcla uno de sus nombres reales con el de combate (Ramón), organismos de
seguridad admitieron la posibilidad de que sea un comunicado auténtico del EPP.
“Estamos
analizando el documento. Tenemos versiones de que Benítez habría quedado fuera
de la estructura organizativa del EPP”, señaló la fiscala Antisecuestro Sandra
Quiñónez.
Un
poblador del asentamiento Sidepar 3000, en Canindeyú, lugar de residencia y
base de operaciones de Benítez durante muchos años, admite: “Aquí sabemos que Male’i
fue expulsado del EPP hace un tiempo y actualmente está escondido, con miedo a
que la Policía lo agarre, pero también a que le maten sus propios excompañeros”.
El
morador –quien reclama anonimato por seguridad–, revela que Benítez “estuvo
trabajando hasta hace poco como peón en el establecimiento de Eduardo Núñez, en
Sidepar, pero después se escapó de allí y permanece oculto. Tiene mucho miedo
de que le conviertan en otro Severiano Martínez” (en alusión a otro exmiembro
del EPP, quien desertó y se ocultó trabajando como peón en una estancia del
Chaco, con identidad cambiada, hasta ser descubierto y caer abatido en un enfrentamiento
con la Policía, el 27 de julio de 2011).
HISTORIA OSCURA.
Nacido en Yhú, Caaguazú, Óscar Luis Benítez es uno de los muchos campesinos que
en los 90 ocuparon tierras en la expropiedad de la empresa Siderúrgica del
Paraguay (Sidepar), expropiada por el Estado paraguayo para 740 familias.
A
principios de 2000, Juan Arrom y Osmar Martínez, líderes del partido Patria
Libre (PQ), realizaron las primeras visitas para formar bases políticas en la
zona, y Óscar Luis Benítez se convirtió en uno de los principales dirigentes.
Las
condiciones de aislamiento y de difícil acceso en que se encontraba, a unos 280
kilómetros al noreste de Asunción, convirtieron Sidepar 3000 en uno de los
bastiones privilegiados del EPP.
Hasta
ese lugar asegura haber sido llevado el joven Rubén Darío Bernal, a fines de
2004, para recibir adiestramiento en técnicas de guerrilla, en la columna que
lideran Osvaldo Villalba (comandante Alexander) y Manuel Cristaldo Mieres (subcomandante
Santiago).
Bernal,
más conocido como “el guerrillero arrepentido” tras entregarse a las
autoridades en 2006 en Huguá Ñandú, asegura que el entrenamiento en los montes
de Sidepar duró varias semanas, y contó con el asesoramiento de dos expertos de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Óscar
Luis Benítez, o Ramón, entró a formar parte del grupo armado y su habilidad en
el manejo de las finanzas lo ubicaron en el rol de administrar los fondos provenientes
de secuestros o de aportes cobrados a ganaderos, que en la jerga del EPP se
denominan “retención a oligarcas” o “impuesto revolucionario”.
AGENTE INMOBILIARIO. El 28
de marzo de 2005, como parte de las investigaciones tras el secuestro de
Cecilia Cubas, la Fiscalía allanó dos viviendas: una en Villa Cerro Corá, Lambaré,
y otra en el barrio Palma Loma, de Luque.
En
ambas casas, pero sobre todo en la de Luque, se encontró una compleja
infraestructura de muñecos con figuras humanas y habitaciones con paredes a
prueba de sonido, entre otras evidencias, que hicieron suponer que eran bases
de adiestramiento para miembros del EPP.
Las indagaciones
demostraron que la vivienda de Luque fue comprada por Óscar Luis Benítez, a
nombre de Lidia Samudio, es una de varias otras que fueron adquiridas o
alquiladas por el “agente inmobiliario” del grupo armado, utilizadas tanto para
el secuestro de María Edith, como el de Cecilia Cubas.
Varios
cuadernos incautados durante el procedimiento muestran el detalle con que
Benítez anotaba los ingresos y egresos del dinero que manejaba, incluyendo gastos
de compra de equipos de comunicación, movilidad, víveres, medicamentos y los
costos inmobiliarios.
Juan
Domingo Martínez, uno de los detenidos, relató que Óscar Luis Benítez, y su
novia, Marlene Ortiz Meza, habitaban en la casa de Palma Loma, hasta que
desaparecieron del lugar poco antes de la Semana Santa de 2005.
Marlene,
la novia de Ramón, era hija de Hugo Julián Ortiz Villalba, docente de Sidepar
3000, quien sería asesinado diez años después, en setiembre de 2010, por
miembros del EPP, cerrando un círculo de pólvora y sangre.
La vivienda de Palma Loma, Luque, adquirida por Oscar Benítez, donde se realizaron prácticas de entrenamiento del EPP.
Marcado por el crimen de su suegro
La
sangre por el crimen de su exsuegro y abuelo de su hija, el educador Hugo
Julián Ortiz Villalba, es la marca más fuerte que los pobladores del asentamiento
de Sidepar 3000 le reprochan al ex administrador del Ejército del Pueblo
Paraguayo (EPP), Óscar Luis Benítez.
El
docente, quien ejercía el cargo de director del Área Educativa Número 8,
residía en una casa vecina a la de Óscar Luis, en el núcleo urbano de Sidepar
3000, y aunque en principio habían sido amigos y familiares, se distanciaron
cuando Ortiz Villalba le recriminó por sus andanzas con el grupo armado y le
pidió que se aleje de su hija Marlene, y de la pequeña hija de ambos (de Óscar
Luis y Marlene).
Se
tejen muchas versiones sobre las causas del asesinato. En Sidepar 3000 todos
hablan en voz baja y con miedo, y nadie quiere asumir ser identificado en una
entrevista. Pero en voz baja narran que el profesor Hugo Julián fue quien
brindó algunos informes a las autoridades acerca de las andanzas del EPP en la
zona, y por ello pagó con su vida. Y que uno de sus ejecutores, o cómplices,
fue su propio exyerno, Óscar Luis Benítez.
EL CRIMEN.
Sucedió cerca de las 9.30 del 1 de setiembre de 2010. El profesor Hugo Julián
regresaba de la chacra con su esposa, Clotilde Meza, por un desolado camino
rural, cuando les salieron al paso dos hombres con ropa militar tipo camuflaje
y quepis cubriéndole los rostros, con armas de fuego, presumiblemente escopetas
calibre 12.
La
mujer cuenta que gritó y pidió clemencia, pero uno de los hombres disparó a quemarropa
contra su marido. El primer tiro fue en el estómago, otro en la cabeza y el
tercero directo al corazón. Tras cerciorarse de que Ortiz Villalba estaba
muerto, se alejaron sin hacer caso a la mujer.
El crimen
provocó la reacción de las autoridades, quienes ordenaron rastrillaje de la región,
derivando en un enfrentamiento
entre efectivos policiales y
miembros del EPP, el 3 de
setiembre, circunstancias en que cayó abatido Gabriel Zárate Cardozo, alias Simón,
considerado el número 3 en el mando jerárquico del grupo armado.
El otro
que estaba con él logró escapar, sin precisarse su identidad, aunque los pobladores
sostienen que era el propio Óscar Luis Benítez.
ADIESTRADOR.
Llamativamente, Gabriel Zárate Cardozo fue uno de los jóvenes campesinos que
habrían sido captados y que recibió adiestramiento de parte de Oscar Luis
Benítez.
En la lista
se menciona además a Nimio y Vidalina Cardozo Cáceres, primos de Gabriel, y a
Alcides Mereles Ruiz, alias “presi”.
***
Desde
entonces, Oscar Luis Benitez se mantuvo huyendo, probablemente refugiado
durante todos estos años en la clandestinidad en Brasil, junto con Lorenzo
González, hasta que fue capturado por la Policía Federal Brasileña.
Su
comparecencia ante la Justicia paraguaya podría ayudar a revelar mucho más
datos importantes sobre la acción del grupo armado EPP, que actualmente
mantiene a 5 ciudadanos paraguayos secuestrados en su poder.
Cartel de ofrecimiento de recompensa por miembros del EPP prófugos de la Justicia, entre los que figura el exadministrador Oscar Benítez y el ahora también capturado Lorenzo González.
#CrónicasDeLaMemoria En la portada de la edición
del 18 de marzo de 2014 del diario Última Hora publicamos la foto de una vivienda
rural, de estilo alemán antiguo, con un título que para muchos lectores resultó
una gran revelación: “La casa donde se ocultó Josef Mengele en Hohenau”.
Era el inicio de una serie
de reportajes, a los cuales accedimos casualmente, durante una visita
a la antigua colonia alemana de Hohenau, Itapúa, en donde indagamos a algunos
pobladores amigos sobre las historias que contaban los pioneros inmigrantes, acerca
de la presunta presencia de Adolf Hitler en la región.
“De Hitler no sabemos nada
concreto, pero sí conocemos la casa donde estuvo refugiado Josef Mengele…”, nos
dijo una de nuestras fuentes.
Esa fue la pista inicial para
llegar a conocer la casa del pionero Alban Krug, quien dio refugio al ex
jerarca nazi y uno de los más buscados criminales de guerra. En el proceso, pudimos obtener
fotografías de la casa y, por sobre todo, lograr convencer a Reinaldo Becker Dietze,
investigador y periodista de Hohenau, a que acepte narrar públicamente su
versión de la historia y mostrar los documentos que tiene en su poder, como el
manuscrito en alemán del ex oficial SS, Alfonz Dierckx, quien conoció personalmente
a Mengele en casa de Krug, y lo certifica de puño y letra.
La publicación generó muchos debates y polémicas, y nos dejó corregir errores, descartar rumores, pero sobre
todo obtener posteriormente el testimonio de uno de los testigos vivos más
importantes: nada menos que el de Bonibaldo “Nissi” Junghans, quien fue
administrador de la casa de los Krug, donde vivió Mengele entre 1961 a 1963, y
que dormía en una pieza contigua con el Ángel de la Muerte.
El testimonio de Junghans es
el más valioso revelado hasta ahora, sobre los pasos del criminal de guerra
nazi en Paraguay.
Aquí realizamos una
condensación de los principales reportajes de la serie, para los seguidores y
seguidoras de este blog:
La casa de Alban Krug, en Hohenau Cuatro, donde vivió Josef Mengele, entre 1961 y 1963.
Esta es la casa en la
que se ocultó el Ángel de la Muerte en Paraguay
Reinaldo Becker, el investigador que logró el
testimonio de un ex oficial de la SS sobre el sitio en que estuvo oculto el
criminal nazi, hoy rompe el silencio, narra la historia y nos muestra la casa.
Por Andrés Colmán Gutiérrez y Narciso Meza
HOHENAU, ITAPÚA
Lo llamaban "doctor Fritz", o simplemente
"señor Fritz" (aunque hay quienes lo recuerdan como Fischer), y se
referían a él como "el extraño señor alemán que vive en la casa de
los Krug, en Hohenau Cuatro".
En esa época, a principios de los 60, ni siquiera
los pocos alemanes que lo conocían, se atrevían a decir su verdadero nombre.
Medio siglo después, el miedo a nombrarlo permanece vivo en las calles de
Hohenau, la colonia fundada por inmigrantes alemanes en 1900, a 35 kilómetros
al noreste de Encarnación.
-Señora, disculpe... ¿conoce usted la casa en la
que vivió el doctor Josef Mengele, aquí en Hohenau? ¿Nos dice cómo llegar...?
La mujer anciana, con típicos rasgos de ascendencia
alemana, quien al principio nos había atendido con amabilidad, se horroriza al
oír el nombre, hace un gesto de negación y se aleja presurosa por una vereda de
la céntrica avenida Osvaldo Tischler.
EL ÚNICO. En Hohenau, ni en
las vecinas colonias Obligado y Bella Vista, nadie quiere hablar de Mengele...
o casi nadie.
Reinaldo Becker Dietze es un destacado
cooperativista, directivo de la Cooperativa Colonias Unidas, también
descendiente de alemanes, escritor e investigador, director y editor de la
revista local Perspectivas, quien en marzo de 1985, en plena época de la
dictadura stronista, cuando era corresponsal en la región del desaparecido
diario Hoy, se atrevió a escribir un reportaje titulado "Mengele en
Hohenau hacia los años 60".
En el diario no le tomaron muy en serio, a pesar de
que había logrado entrevistar a Alfonz Dierckx, ciudadano belga ya fallecido,
ex oficial de las SS (las famosas Schutzstaffel, divisiones militares de la
Alemania nazi), quien se mudó a Hohenau después de la Segunda Guerra Mundial y
aquí conoció personalmente a Joseph Mengele, el célebre "Ángel de la
Muerte", médico y criminal de guerra nazi buscado por realizar
experimentos con prisioneros judíos.
Dierckx, quien fue prisionero de los soviéticos,
ejerció como fotógrafo en Hohenau y se hizo muy amigo de Reinaldo. Cuando en
1985 la cazadora de nazis Beate Klarsfeld vino al Paraguay, acusando que
Stroessner protegía y mantenía oculto a Mengele en las colonias menonitas del
Chaco, Dierckx le dijo a Reinaldo: "Eso es mentira, yo sé que Mengele ya
murió ahogado en Brasil".
El corresponsal le propuso que lo cuente en una
entrevista. El belga aceptó, pero dijo que le entregaría las respuestas por
escrito. Así lo hizo, en idioma alemán, de puño y letra, en tres hojas de
cuaderno, que hoy Becker guarda como un tesoro.
DOCUMENTO. "Conocí a
Mengele por intermedio del señor Alban Krug, con quien me unió una gran
amistad, y en cuya casa de campo, ubicada en Hohenau 4, Caguarené, vivió
Mengele un tiempo", relata el ex oficial SS, Alfonz Dierckx, en el
manuscrito que entregó a Becker.
"Solamente dos veces pude hablar con él
durante su paso por estas colonias alemanas. Recuerdo sí que durante uno de
nuestros diálogos, el doctor Mengele me dijo que se fue de la Argentina porque
se sentía perseguido, y que en cualquier momento podían secuestrarlo, lo que me
dio a entender que lo perseguían por sus responsabilidades en la guerra",
dice en otro párrafo.
En su testimonio, Dierckx afirma que entonces no
sabía nada sobre los crímenes de Mengele. "Incluso tuve ocasión de tomarle
unas fotografías, las que quemé luego, junto con los negativos, al enterarme
años después, por medio de la prensa internacional, de las atrocidades y
crímenes que había cometido", sostiene.
En el documento, Dierckx le hace a Becker la
revelación que en ese momento era una primicia: "Después de los dos
diálogos que mantuve con él (Mengele), no supe más nada, únicamente lo que
confidencialmente me contó el señor Alban Krug, en el sentido de que Mengele
fue a una colonia alemana del Brasil, donde al parecer habría fallecido ahogado.
Yo fui confidente del señor Krug y descarto que me haya contado algo que no
fuera verdad".
Con aquel dato, Becker quiso titular su reportaje
con la primicia mundial: "Mengele murió ahogado en Brasil", pero su
editor le dijo que era muy fantasioso. El dato fue consignado al final. Meses
después, el propio Gobierno brasileño comunicaba que Mengele había muerto
ahogado en una playa de Brasil.
SILENCIO. Desde entonces,
Reinaldo Becker Dietze también se llamó a silencio sobre Mengele. Tras dejar la
corresponsalía de Hoy, se dedicó principalmente al cooperativismo, siguió
editando su revista Perspectivas y publicó varios libros.
"Aquí, lo relacionado a Mengele y al tiempo
que vivió en casa de los Krug, se volvió un secreto a voces. Muchos lo saben,
pero nadie quiere hablar públicamente del tema", admite Reinaldo, desde su
oficina en la colonia Obligado.
Cuando le proponemos romper su silencio de casi 30
años, para relatar la historia durante tanto tiempo oculta y acompañarnos
a conocer la casa donde se ocultó el Ángel de la Muerte, parece dudar por un
breve instante, hasta que finalmente responde: "¡Vamos...!".
***
Reinaldo Becker Dietze, y el manuscrito que le dejó el ex oficial SS, que conoció a Mengele.
LA ENTREVISTA CON REINALDO BECKER DIETZE
"Todos sabíamos que
Mengele vivió en la casa de Alban Krug"
La antigua casa de la familia Krug está en la cima
de una verde colina, semioculta entre la vegetación, a unos 20 kilómetros al
noreste del centro urbano de Hohenau, en la zona rural conocida como Hohenau
Cuatro, Caguarené, a orillas del arroyo Poromocó.
Es una vivienda de material cocido, con la clásica
arquitectura de la región alemana de Baviera, que impusieron los primeros
moradores inmigrantes en Itapúa. La residencia fue vendida hace algunos años a
la familia Heisecke, de Asunción.
La mañana del sábado en que llegamos, llovía
torrencialmente, el portón estaba cerrado y no se veía a los cuidadores, de
manera que no pudimos ingresar, y solo pudimos tomar fotos desde afuera. Una
persona de Hohenau que sí pudo entrar y sacar fotos, nos proporcionó imágenes
del interior, pidiendo que no revelemos su identidad.
Mientras observábamos la casa desde el interior de
la camioneta, entrevistamos a Reinaldo Becker Dietze. Publicamos la primera
parte del diálogo, que proseguirá en la edición de mañana.
-¿Cómo descubriste que Mengele vivió en esta casa?
-La historia tiene varias aristas. Sucedió que en
1985, el presidente Alfredo Stroessner estaba invitado para ir a Alemania. Y un
mes antes, en Asunción, apareció la señora Beate Klarsfed, quien trabajaba con
Simón Wieshental, el cazador de nazis. Beate Klarsfeld, realizó manifestaciones
en Asunción, en la plaza frente al Palacio de Justicia, reclamando que
Stroessner le entregue a Josef Mengele.
-¿Ella aseguraba que, en ese momento, Mengele
estaba todavía en Paraguay?
-Ella aseguraba que Mengele estaba en Paraguay, que
Stroessner lo escondía en algún lugar, en el Chaco. Había muchas versiones. Y
la Beate Klarsfeld contrató gente para hacer esa manifestación y en una de las
pancartas que ella sostenía en su mano, se lee: "Stroessner, tu mientes al
decir que no sabes dónde está él SS Mengele. No vayas a Alemania sin él".
Y bueno, eso creó mucho sensacionalismo, y también la señora Beate Klarsfeld
trajo muchos periodistas a Paraguay para hacer ruido, para hacer sensacionalismo.
Yo, en aquel tiempo, era corresponsal del diario Hoy. Entonces, casualmente, el
fotógrafo que vivía en Obligado, don Alfonz Dierckx, que es un ciudadano de
nacionalidad belga...
-¿Ya falleció...?
-Sí, ya falleció. Fue oficial de la SS, luchó en la
Segunda Guerra Mundial, fue prisionero de los rusos casi durante tres años, y
una vez que recuperó su libertad, vino al Paraguay y se radicó en Obligado.
Fue fotógrafo durante muchos años, una persona respetada...
-¿Dierckx llegó a ser una persona muy querida en
Obligado?
-Muy querida, que dejó lindos recuerdos a la
comunidad de Obligado. Y cuando él vio esas manifestaciones, en que se le
reclamaba a Stroessner que entregara a Mengele, me comentó, como amigo que éramos:
"Todo lo que se dice, todo lo que se habla sobre este tema son pavadas. Yo
sé que Mengele murió ahogado en el Brasil". Eso me llamó la atención,
entonces yo le pregunté si él no quería acceder a una entrevista.
-¿Aún no había noticias sobre la muerte de Mengele?
-No, nada. Se creía que estaba todavía en Paraguay.
Prácticamente era lo que en el mundo se decía. Él (Dierckx) accedió a la
entrevista, entonces yo le armé las preguntas, le hice la entrevista (las respuestas
las escribió de puño y letra, en alemán), preparé el artículo y me fui a
Asunción, a la redacción del diario Hoy. Allí no hubo mucha recepción, porque
me dijeron bueno... es...
-¿Una leyenda más...?
-Sí, que era una leyenda más, un comentario más, una
suposición... pero me publicaron el artículo. Inclusive, me acuerdo, el
secretario de redacción, el señor (Juan Rómulo) Gauto me dijo: "¿Qué
título le vamos a poner?". Yo le dije, vamos a ponerle: "Mengele
falleció ahogado en el Brasil", y él me dijo, "no, eso ya es muy
contundente, porque acá todo el mundo habla de que Stroessner lo esconde en el
Chaco, en algún lugar". Entonces, se puso como título: "Las huellas
de Mengele en Hohenau".
-Fue allí donde publicaste la primera foto de esta
casa, en la que Mengele vivió en Hohenau.
-Sí, yo vine a este mismo lugar donde estamos hoy
aquí, y saqué fotos para ilustrar el artículo, y eso se publicó en el diario
Hoy, en mayo de 1985.
-¿Quién te contó que esta es la casa en la que
vivió Mengele?
-Eso lo dijo el fotógrafo (Alfonz Dierckx) y ya se
sabía aquí en la colonia. Se sabía que Mengele estuvo en las colonias durante
un tiempo, y que uno de sus amigos fue don Alban Krug.
-¿Alban Krug era el propietario de esta casa, en la
que vivió Mengele?
-Sí, don Alban Krug era el propietario de esta
casa, del campo. Acá vivía con su familia. También don Alban era una persona
muy culta, muy querida también acá, en las colonias Unidas. Y bueno, eso fue un
poco lo que ocurrió.
-En ese reportaje también contaste que Mengele
murió ahogado en Brasil (según la versión de Dierckx). ¿Esa fue la primera
noticia que se conoció sobre el tema?
-Exactamente, fue la primera noticia. Después de un
mes de publicarse el artículo, se confirmó en el Brasil que Mengele falleció
ahogado, se encontró su cadáver, se hicieron las pruebas, se exhumó el
cadáver...
-Se hizo la prueba de ADN...
-Si de dientes, y se confirmó que era Mengele, y
que murió ahogado en Brasil.
-El famoso superpolicía brasileño, Rumeu Tuma,
dirigió la exhumación del cadáver...
-Exactamente. Entonces el diario Hoy recordó que
había dado la primicia mundial. Inclusive Romeu Tuma tenía un ejemplar del
diario Hoy, preguntándose cómo era posible que en el Paraguay ya se sabía (un
mes antes) que Mengele murió ahogado en Brasil, pero que entonces nadie había
creído en esa versión...
-¿Y ese dato lo pudiste tener porque el fotógrafo
era muy amigo del círculo que rodeaba a Mengele?
-El fotógrafo era muy amigo del señor Alban Krug. Y
don Alban era una persona muy abierta. Ellos tenían contacto, constantemente, y
fue así como don Alban le comentó eso a don Alfonz Dierckx. (La entrevista en video, primera parte:).
***
Reinaldo Becker (centro), junto con Narciso Meza (izquierda) y Andrés Colmán Gutiérrez, en Hohenau Cuatro, frente a la casa de Alban Krug, donde Mengele se refugió entre 1961 y 1963.
SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA CON REINALDO BECKER
DIETZE:
"Mengele se
salvó de ser capturado en el hotel Tirol" La lluvia cae mansamente sobre la región de
Hohenau Cuatro, Caguarené. Desde el interior del móvil de Última Hora, a través
del amplio parabrisas, se observa la residencia rural en la que se ocultó el
criminal nazi Josef Mengele, probablemente entre 1962 y 1965. Con ese
escenario de fondo, realizamos la segunda parte de la entrevista con Reinaldo
Becker Dietze, el hombre que aceptó romper un largo silencio y revelar todo lo
que sabe sobre la presencia del Ángel de la Muerte en la región.
–¿Hay precisión acerca de
cuánto tiempo vivió Mengele en Hohenau y en qué años exactamente? –Muchos hablan de que vivió aquí entre dos a
cuatro años. Vino de Bariloche, de Argentina, donde la organización estuvo tras
sus huellas, después de que Simon Wiesenthal consiguiera capturar a (el
criminal de guerra Otto Adolf) Eichmann, en Buenos Aires, Argentina...
–¿Eso fue lo que asustó a Mengele,
y por eso buscó refugio en el Paraguay? –Sí, allí Mengele salió de Bariloche y vino al
Paraguay, le consiguieron un pasaporte...
–El famoso piloto (Hans Ulrich Rudel) le ayudó... –Sí, acá en Asunción estaba Rudel...
–Que era muy amigo de
Stroessner... –Sí, era muy amigo del presidente Alfredo
Stroessner. Rudel fue un famoso piloto en la Segunda Guerra Mundial.
–¿Él fue quien hizo las gestiones
ante Stroessner para que Mengele venga al Paraguay?
–Exactamente, él hizo las gestiones, y Mengele
estuvo en varias partes, acá en Paraguay.
Josef Mengele.
-¿Qué cuenta la gente de Hohenau de esa época? ¿Cómo se movía Mengele? ¿Salía poco, tenía guardaespaldas...? –Sobre eso, realmente, yo no tengo mucha
información. Sé, por lo que me contaban, y porque me interesaba... cuando
escuchaba algo, me interesaba en lo que se decía... que él inclusive trabajaba
como doctor, se lo conocía como el señor Fritz, o el doctor Fritz, otros dicen
el doctor Fisher...
–¿Esos eran los supuestos nombres
que utilizaba...? –Sí, él volvía a Asunción periódicamente, porque
allá él tenía un círculo de amigos, en Asunción, donde iba periódicamente, y se
movía en Paraguay, en distintos lugares...
–¿Era muy cuidadoso en sus
movimientos, porque sabía que estaba siendo buscado? –Exactamente...
–Mencionaste que a Mengele casi lo
atrapan en el hotel Tirol (en Capitán Miranda, cerca de Hohenau). –Sí, en el hotel Tirol. Supuestamente estaban ya
por capturarlo, y él pudo escapar por la ventana. Y de allí es que tomó la
decisión de ir al Brasil. Sabemos que después de finalizada la Segunda Guerra
Mundial, muchos jerarcas nazis tuvieron cabida aquí en Sudamérica,
especialmente en Argentina, a través del presidente Juan Domingo Perón, que les
dio refugio, y se dispersaron por toda Sudamérica, y acá en Paraguay lo
que sabemos concretamente es el paso de Mengele y de Martin Borman.
–¿Por qué para la gente de Hohenau
este es un tema tabú, y muy pocos reconocen que en esta casa vivió Mengele? –Yo creo que hay que ser consciente de que el
pueblo alemán tiene, de alguna forma, esa mala conciencia de lo que pasó en la
guerra...
–¿Es como un trauma que perdura todavía...? –Es un trauma. La historia la escriben los que
ganan la guerra. A mí me sorprendió cuando estuve en 1980 en Alemania y
vi en la televisión documentales sobre el holocausto, escenas muy crudas que me
impactaron, entonces consulté: "¿Esto, por qué se pasa acá?", y los
propios alemanes me dijeron: "Esto periódicamente nos muestran, para que
no nos olvidemos, como pueblo, de lo que pasó". Y tenemos mala
conciencia, y nos sentimos culpables. Pero también atrás está la otra parte, la
de los ganadores de la guerra, que de alguna forma al pueblo alemán le
dicen "ustedes hicieron esto", y la intención es recibir alguna
indemnización. La organización de Simon Wiesenthal, de Beate
Klarsfeld, de todos los que buscaron a los criminales de guerra, buscan
demostrar al mundo lo que pasó, entonces el propio Gobierno alemán, hasta hoy,
a través de un programa llamado en alemán "Reparar lo hecho",
indemniza a todos los que fueron víctimas o sufrieron consecuencia por lo que
pasó con el pueblo judío. Yo pienso que seguramente todos harían lo mismo,
porque realmente lo que pasó allí no debería haber pasado. Lamentablemente. Yo
siempre digo que en la Guerra de la Triple Alianza a los paraguayos nos pasó lo
mismo, fuimos los que perdimos la guerra, y fuimos los malos de la película, y
también hasta hoy sufrimos las consecuencias.
–Hay una imagen estereotipada de que las comunidades de inmigrantes alemanes,
como Hohenau y Obligado, tienen mucha presencia de ideología nazi. ¿A qué se
debe? –No, eso es un poco de mito. Los inmigrantes
alemanes que vinieron al Paraguay lo hicieron mucho antes de la Segunda
Guerra Mundial. El 90 por ciento son inmigrantes que llegaron primero al
Brasil, y del Brasil vinieron al Paraguay. Otros vinieron directamente al
Paraguay, antes incluso de la Primera Guerra. Lejos de la patria, seguían con
el sentimiento de estar siempre interesados en lo que pasaba en Alemania. ¿Y
por qué habían abandonado Alemania...? Por los problemas económicos, la
hiperinflación, los problemas de la industria, no había trabajo, había
hambruna... Entonces vinieron al Paraguay, se radicaron acá y empezaron a
trabajar, pero siempre con el corazón en la patria que abandonaron... entonces
hay una simpatía, un relacionamiento, y surgió en Alemania un Hitler que
solucionó el problema del desempleo, de la inflación, reconstruyó Alemania, se
convirtió en un país próspero y en una potencia. Hitler tenía también una forma de organizar a la
juventud, a través de desfiles, de cantos, procurando el amor por la patria...
un sistema parecido al de los boy scouts, y eso le gustó a la gente, y más a la
gente que estaba en el exterior, que tenía su corazón siempre con los parientes
que quedaron, o con la patria que abandonaron. Por eso se entiende que hubo una
simpatía en todo el mundo. Nadie supo lo que realmente ocurrió en la guerra,
recién al terminar la guerra saltaron las barbaries que ocurrieron. Por eso uno
no puede decir que en las colonias hay nazistas, o que hay simpatía con los
nazis.
–Probablemente hay simpatizantes
del nazismo, como también quienes tienen una opinión crítica. –Claro, siempre va a haber algún fanático, pero
en general la gente no sabía lo que ocurrió, se enteró después por los diarios
o todo lo que saltó a la luz. Yo creo que nadie puede querer que una cosa así
suceda. El sentido común del ser humano no puede apoyar algo así.
–Hay interés por conocer la historia de que Mengele vivió en esta casa. ¿Qué
habría que hacer con este lugar? ¿La comunidad de Hohenau debería asumir esta
historia y darle más transparencia? –Yo creo que sí, es una realidad que ocurrió. La
comunidad de Hohenau debería aprovechar esto, y podría ser parte de un circuito
turístico, "acá vivió Mengele, aquí pasó". Es una realidad que no
podemos negar. Sería cuestión de pensar, de organizar eso y de tener otro lugar
turístico en nuestras colonias. (La entrevista en video, segunda parte:).
***
Eugen Krug: "Somos inocentes de lo que pasó en
esa casa"
"Disculpe, Colmán, pero no hay ninguna
posibilidad de que yo le hable de este tema", se excusa amablemente por
teléfono Eugen Krug, uno de los hijos del ya fallecido Alban Krug, el hombre
que le cedió su casa en Hohenau 4 Caguarené al célebre "Angel de la
Muerte", Josef Mengele, para que el buscado criminal de guerra nazi viva
oculto allí, durante un tiempo que se estima entre dos a cuatro años, a
principios de los años 60.
Eugen Krug vive actualmente en Naranjito, localidad
al norte del Departamento de Itapúa, sobre la Ruta VI, en donde es un conocido
dirigente político.
"En esa época éramos todos muy niños y somos
totalmente inocentes de lo que pueda haber ocurrido en esa casa", señala
Krug, en la breve conversación telefónica que mantiene con el enviado de ÚLTIMA
HORA.
"A mí ya me ofrecieron millones de dólares
para que dé entrevistas, pero no lo hice, ni lo voy a hacer nunca, porque en mi
familia hemos decidido no hablar nunca de ese tema", destaca.
"Ahora esa casa ya ni siquiera nos pertenece,
ya la hemos vendido hace varios años", agrega.
Cuando se le insiste en que al menos confirme o
desmienta si realmente Josef Mengele vivió en la casa de campo de sus padres,
Eugen Krug deja oír una breve risa: "Dejémoslo así. Que quede en la
incógnita...".
***
Alban
Krug, el nazi de Hohenau que le dio refugio a Mengele
Lo citan como jefe del partido
nazi clandestino en el Paraguay, en la época. Su hijo es vicepresidente del
partido Patria Querida y una sobrina fue desaparecida por la dictadura militar
argentina.
Por Andrés Colmán Gutiérrez
HOHENAU - ITAPÚA
Alban Krug
¿Quién era Alban Krug, el poblador pionero
inmigrante alemán que brindó generosamente su casa de campo en Hohenau Cuatro,
Caguarené, para que sea usada como refugio en el Paraguay por el doctor Josef
Mengele, el ex jerarca nazi y criminal de guerra más buscado del mundo, a
principios de los años 60?
En la comunidad de Hohenau son pocas las personas
que aceptan brindar datos para construir una semblanza sobre Krug, a quien
algunos autores internacionales, como Gerald Astor, (autor de 'Mengele, el
último nazi'), nombran como "el jefe del partido nazi clandestino en el
Paraguay, en la época".
Reinaldo Becker Dietze, el cooperativista y
escritor que nos ayudó a ubicar y conocer la casa en que vivió Mengele en
Hohenau, recuerda a Alban Krug como "una persona muy culta, muy
querida".
Eugenio Wolf, nieto de una cuñada de Alban Krug, lo
describe también como una persona trabajadora y respetada en la comunidad, pero
que no ocultaba su gran simpatía por el partido nazi y por su gran líder, Adolf
Hitler.
BRASILEÑO. Alban Krug nació en Brasil, en el seno de la
primera colectividad alemana que llegó al vecino país. Formó parte del grupo de
familias que llegaron al Paraguay en 1900, para fundar Hohenau.
Casado con Nora Altenhofen, también nacida en
Brasil, tuvieron varios hijos en Hohenau. Alban se hizo propietario de miles de
hectáreas de tierras en lugares como Morena'i, Hohenau 5 y Hohenau 4,
incluyendo el sitio en donde construyó la casa de campo de estilo alemán
antiguo, donde viviría Mengele.
Krug se convirtió en un próspero empresario
agrícola y fue presidente de la Cooperativa Colonias Unidas.
"Él admitía en forma pública su admiración por
Adolf Hitler, principalmente porque fue el único presidente alemán que
reconoció a los descendientes de alemanes radicados en otras partes del
mundo", destaca Eugenio Wolf.
En esa época, la mayoría de los pioneros alemanes
de Hohenau, Obligado y Bella Vista, se mostraron entusiasmados con el nazismo,
y hacían campaña públicamente a favor de Hitler.
Alban Krug llegó a ser el principal líder del grupo
de nazis paraguayos en Hohenau, según Wolf y otros pobladores consultados.
CONTACTO. En su libro "Mengele: La historia
completa", publicado en 1986, los escritores e investigadores Gerard L.
Posner, norteamericano, y John Ware, británico, relatan que fue el piloto
alemán Hans Ulrich Rudel quien presentó a Alban Krug a Mengele, probablemente
en 1960, en la primera visita que realizaron a Hohenau.
Rudel, quien fue asesor del presidente argentino
Juan Domingo Perón, era también agente comercial de las industrias de la
familia Mengele en Alemania y se hizo muy amigo del dictador Alfredo
Stroessner, quien le permitió hacer negocios en Paraguay.
Paralelamente, Rudel se vinculó con las
organizaciones de alemanes nazis en el Paraguay, y fue así como logró que
reciban y protejan a Mengele, primero en Altos y luego en Hohenau.
"Aunque vivía en Hohenau, en la casa de Alban
Krug, Mengele se movía mucho por varios lugares, siempre muy bien protegido por
guardaespaldas", relata Reinaldo Becker, citando lo que le había contado
el ex oficial SS Alfonz Dierckx, quien conoció personalmente al "Ángel de
la Muerte".
La mayoría de los hombres entrenados que lo
custodiaban eran miembros de la organización de nazis alemanes paraguayos.
***
Eugen Krug, el hijo de Alban, es dirigente de
Patria Querida
Eugenio Krug
Eugen o Eugenio Krug, el actual vicepresidente del
Partido Patria Querida (PPQ) y también dirigente de la Coordinadora Agrícola
del Paraguay, es uno de los hijos de Alban Krug, el hombre que le cedió su casa
como refugio al criminal de guerra y ex jerarca nazi Josef Mengele, en Hohenau,
en los años 60.
Quienes conocen bien a Eugen sostienen que su
ideología es muy diferente a la que pudo haber tenido su padre y no tiene nada
que ver con el nazismo. "Él es un gran demócrata, un defensor de la
libertad y la igualdad entre todos los seres humanos y muy crítico ante
cualquier sistema totalitario", comentó un alto dirigente del Partido
Patria Querida.
Eugen Krug es un conocido productor agrícola,
principalmente de soja, radicado actualmente en Naranjito, localidad al norte
de Itapúa, sobre la ruta VI.
Krug había aceptado conversar brevemente por
teléfono con el periodista de Última Hora, pero se negó a hacer cualquier
declaración sobre el refugio que su padre dio a Mengele en la vieja casa de
campo de su familia.
"En esa época éramos todos muy niños y somos
totalmente inocentes de lo que pueda haber ocurrido en esa casa", comentó.
Eugen también relató que algunos medios
internacionales de televisión ya le ofrecieron millones de dólares para que les
conceda entrevistas sobre la historia de la casa y su vinculación con Josef
Mengele, pero que él, al igual que los demás miembros de su familia, ha
rechazado todas las ofertas.
***
La otra Krug, la activista que
desapareció en la Argentina
Marlene Kegler Krug
La comunidad de Hohenau no solamente tiene a
figuras políticas vinculadas al nazismo en su historia, sino también a jóvenes
revolucionarias que se inmolaron en su lucha contra regímenes totalitarios,
como Marlene Katherine Kegler Krug, desaparecida en 1976, en Buenos Aires,
durante la dictadura militar argentina.
Nacida en Hohenau, en abril de 1953, Marlene
Katherine es precisamente sobrina de Alban Krug, el hombre que cobijó a
Mengele.
Hermana del doctor Eitel Kegler Krug, quien fue
director del centro materno-infantil de las Aldeas SOS de Hohenau, Marlene fue
activa integrante de la Iglesia Evangélica Alemana del Río de la Plata y
maestra de la escuela dominical.
En 1972 viajó a la Argentina para estudiar
obstetricia en la Facultad de Medicina de La Plata. Su sensibilidad social la
llevó a vincularse con movimientos estudiantiles, como el Frente
Antiimperialista por el Socialismo (FAS).
El 24 de setiembre de 1976, Marlene fue secuestrada
cuando salía de su casa, en Berisso, para ir a la facultad. Fue vista por otros
prisioneros, como Pablo Díaz –sobreviviente de "La noche de los
lápices"– en centros de detención clandestinos. Integra la lista de los
desaparecidos durante la "guerra sucia".
Paradójicamente, se sindica como líder de los
secuestradores ejecutores de Marlene al comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz,
confeso admirador del nazismo, la misma ideología de la que fue seguidor su tío
Alban Krug, en su Hohenau natal.
***
El
hombre que vivió dos años con Mengele rompe el silencio
Bonibaldo
Junghanns era el administrador de la granja de Alban Krug, cuando el criminal
de guerra nazi se refugió allí. Hoy rompe el largo silencio y revela detalles
de la histórica convivencia.
Por Andrés Colmán Gutiérrez y Narciso Meza
HOHENAU, PARAGUAY
Él tenía 23 años de edad en el año 1961. Se desempeñaba como el capataz
administrador de la granja rural que Alban Krug poseía en Hohenau Cuatro,
Caguarené, a 20 kilómetros del centro urbano, el día en que su patrón llegó
acompañado de un hombre ya entrado en años, con inconfundible aspecto de
alemán, a quien presentó como "el doctor Francisco Fritz", y le dijo
que se quedaría a vivir como un huésped invitado en el lugar.
Bonibaldo Junghanns, popularmente conocido como Nissi en toda la región Sur de
Itapúa, también descendiente de inmigrantes alemanes en Hohenau, entonces no
tenía ni la más remota idea de que su inesperado inquilino no era otro que el
ex jerarca nazi y el más buscado criminal de guerra, doctor Josef Mengele,
apodado como el Ángel de la Muerte por sus muchos crímenes en experimentaciones
con los prisioneros judíos, durante la Segunda Guerra Mundial.
No fue sino varios meses después, cuando Oscar Krug, uno de los hijos de Alban,
le contó la verdad: El misterioso alemán a quién tenía allí era en realidad
Josef Mengele, y le encargó que protegiera el secreto.
Nissi Junghans convivió durante dos años (entre
1961 y 1963) con su tristemente célebre huésped, a quien recuerda como
"una persona excelente, muy buen señor, con mucha educación y mucha
cultura". Dormían en habitaciones muy cercanas, en el interior de la casa.
Compartió con él diversos momentos muy especiales, que hasta ahora los había
guardado como un gran secreto. Un buen día, en 1963, vinieron a buscarlo
y Mengele se fue para siempre de ese lugar.
Después, Nissi se enteraría de que su huésped se
mudó al Brasil, donde siguió escondido y dicen que finalmente murió ahogado,
probablemente en 1979.
Junghanns hizo carrera política y pudo prosperar como empresario. Fue electo
intendente municipal de Hohenau en el periodo de 1996 a 2001, y le tocó
presidir las celebraciones del Centenario de Hohenau, en el 2000. En todos
estos años, guardó un prudencial silencio, a pesar de que, más de una vez,
comentó algunos detalles a otra gente, incluyendo a algunos periodistas.
Ahora que Última Hora sacó a luz las fotos de la casa en donde vivió Mengele,
la misma en la que él fue capataz administrador durante ese periodo, Nissi cree
que ya no tiene razones para callar, y acepta conceder una entrevista.
Con su porte de viejo colono alemán, nos recibe en su casa del centro de
Hohenau, sobre la avenida Osvaldo Tischler, en una amplia sala con muchos
libros y recuerdos. El suyo es el primer testimonio directo de alguien que pudo
llegar a conocer bien a Mengele durante su estadía en Paraguay, ya que convivió
con él durante dos años, y fue testigo de algunas de sus horas personales más
difíciles, en medio de la huida constante.
El testimonio de Bonibaldo Nissi Junghanns es un documento histórico.
-¿Cómo fue que usted llegó a convivir con Josef Mengele, en Hohenau?
-Josef Mengele era conocido como Federico Fritz durante su estadía en el
Paraguay. Yo trabajé desde el año 1959 hasta 1963 como capataz administrador de
la empresa del señor Alban Krug. Y en esa misma casa que se ve en las
fotos que está publicando ahora el diario Última Hora, Mengele tenía su pieza
al lado de la mía. Y también es cierto que la casa tiene sótanos, pero como
tienen todas las casas de los colonos. Por ejemplo, yo acá en mi casa, también
tengo dos sótanos.
-Entonces, ¿usted dormía en la habitación de al lado de donde dormía
Mengele, en esa misma casa?
-Sí, así mismo era. Yo vivía y dormía en una de las habitaciones de la casa que
se ve en las fotos. Allí, una habitación era de él y la otra, era mi pieza. Yo
conviví con Mengele durante esos dos años, entre 1961 y 1963.
-¿Cómo era la convivencia con Mengele, la rutina cotidiana?
-Ese señor me acompañaba a la chacra, íbamos a plantar y cosechar yerba, a
cargar maíz, a darles de comer a los animales, especialmente a los chanchos. Él
era una persona excelente, muy buen señor, con mucha educación, mucha cultura.
-¿Cómo fue que Mengele llegó realmente a esa casa? ¿Quién lo trajo?
-Le visitaba mucho una familia de Asunción, que era la familia Jung, dueña de
la ferretería alemana. Esa gente fue la que le trajo a Mengele a la casa de don
Alban Krug.
-¿Usted sabía entonces de quien se trataba, conocía su pasado?
-Yo, por ejemplo, después de un tiempo llegué a saber más o menos su historia,
de porqué él estaba ahí, porque Oscar, el hijo de don Alban me había contado.
Después, nadie le conocía en la zona. Eso solo lo saben sus hijos (de Alban
Krug), pero nosotros mantuvimos la prudencia de no hablar, hicimos un pacto de
silencio, porque en el momento en que había cierta persecución, porque se le
acusaba de ser un criminal de guerra, era lógico que nosotros teníamos que ser
prudentes también, para no caer en algunas consecuencias de peligro.
-¿Usted pudo ver si en los sótanos que hay en la casa de los Krug, Mengele
llegó a armar algún laboratorio, o si ejercía la medicina con la gente del
lugar?
-En los dos años que estuvo allí conmigo, Mengele nunca hizo nada raro en el
sótano, y tampoco le atendía como médico a la gente, pero a los animales, sí.
Resulta que nosotros allá, en la granja de don Alban Krug, criábamos hasta 250
chanchos en aquella época, y si por ahí se enfermaba un cerdo, Mengele
sabía qué hacer. Si se enfermaba una vaca, también él sabía qué hacer, y
esas cosas él hacía. Después íbamos a cargar raído por ejemplo, él manejaba el
tractor mientras los personales alzaban la carga.
-¿Qué otras cosas hacía? ¿Es cierto que guitarreaba con los peones de la
granja?
-Es cierto, guitarreaba con los personales. De tardecita, así cuando ya
largábamos el trabajo, empezábamos a hacer un reviro para la cena, porque
ahí no se comía otra cosa sino reviro, habilla, poroto... Entonces, él pedía a
mis personales la guitarra y comenzaba puntear, cantaba algunos temas
musicales, mientras él mismo ejecutaba el instrumento... y empezaba a
lagrimear. Entonces, yo le preguntaba qué le estaba pasando, y él me contestaba
en alemán. "Bueno, uno estando así lejos, extraña su tierra de origen,
cómo no extrañarla", me decía.
-¿Llegó Mengele a comentarle algo sobre su actuación en la Segunda Guerra
Mundial, sobre lo que fue su pasado?
-En los dos años en que vivimos juntos nunca habló de la Guerra, ni contó nada
sobre su pasado, ni cuál era la razón por la que él vino a quedarse ahí en esa
casa. Lo único que yo sé, y que también me consta, es que unas tres veces,
durante su estadía ahí, vino un hijo de él, acompañado por una señora que
era la esposa del hermano de Mengele. Venían a visitarle de Alemania, le traían
cosas y entonces hablaban y se quedaban allí durante dos o tres días, y de
repente desaparecían otra vez.
-¿Hasta cuándo vivió Josef Mengele en esa casa?
-Un día, casi al cumplir dos años más o menos de su llegada, él desapareció.
Ocurrió que vino un alemán, que era profesor en Lapachal (en el distrito
de Obligado) hasta la casa de Hohenau Cuatro. Era una persona que andaba
mucho a caballo. Llegó una tardecita, compartieron una cena y luego se marchó.
Dos días después de eso, llegó un auto, en el cual alzaron las cosas de Mengele
y le llevaron. Nunca más supe de él, solo lo que se contó ya mucho después. Los
que le llevaron eran unas personas que le visitaban a menudo, allí en la casa.
Por lo visto, el profesor era un delator y por eso le hicieron desaparecer a
Mengele, para que no sea capturado.
-¿Cómo era la relación con Alban Krug, el dueño de la casa? ¿De qué cosas
conversaba con Mengele?
- Don Alban era una persona que tenía su negocio en Encarnación, y que venía
los fines de semana. Era una persona muy prudente, no hablaba mucho, siempre
direccionaba lo que se tenía que hacer en la empresa, después él se iba, se
quedaba la señora. Las conversaciones entre Mengele y Alban eran solo entre
ellos. Yo nunca participé de conversación alguna entre ellos. Nunca acepté, a
pesar de que me decían "vení, vamos a cenar", cuando ellos cenaban en
grupo y en familia. Sencillamente me quedaba en mi pieza o me iba a cenar con
los personales, con quienes yo tenía buen relacionamiento.
-¿Había muchos seguidores del nazismo en esa época, en que estuvo Mengele en
Hohenau?
- Hay una cosa, y es que todos de repente nos inculcamos con un fanatismo, y
nos sometemos a un partido, como acá, donde está el Partido Colorado, el
Partido Liberal. Los que están acá son descendientes alemanes, que vinieron del
Brasil. Por eso tomaron cierto fanatismo por Hitler. Y otros eran opositores,
pero sí... existió ese fanatismo. Hoy ya no hay racismo. Nos mezclamos entre
todos, los tiempos actuales exigen eso. Somos todos seres humanos, que uno
tenga pelo negro o pelo rubio, todos somos humanos, somos todos iguales
ante Dios. Yo me acuerdo que, en mi juventud, cuando me iba los bailes, en esos
locales que decían Sociedad Alemana, no se podía entrar así nomas. Entraban
solo los alemanes, eso ahora terminó. Ahora es uno como el otro, quiere decir
que estamos evolucionando en otro sistema de vida y en otra relación social.
***
"Al doctor Mengele, yo lo sacaba a pasear en
un tractor hasta el centro de la colonia Hohenau"
Como una de las anécdotas más pintorescas de su convivencia con el Ángel de la
Muerte, Bonibaldo Junghanns recuerda que, al menos en tres ocasiones, el doctor
Josef Mengele le pidió que lo lleve a pasear hasta el centro de la ciudad de
Hohenau y de otra vecina colonia de alemanes, Obligado, para visitar a sus
amigos.
"Como el camino de tierra era generalmente intransitable, le sacaba en el
tractor que teníamos, con el que recorríamos los cerca de 20 kilómetros desde
la casa de Alban Krug hasta el centro urbano de la colonia Hohenau",
recuerda Nissi.
Generalmente venían de paseo a la casa de su tío Reinaldo Junghanns, un
millonario que vivía en las cercanías del Colegio San Blas, de Obligado, pero
en el lado que pertenecía al distrito de Hohenau.
INCIDENTE. Su relación con Mengele persiguió a Nissi Junghanns durante
muchos años, y lo expuso al acoso de algunos investigadores y periodistas,
principalmente extranjeros, que intentaban obtener de él detalles sobre la
presencia de ex jerarca nazi en Hohenau, pero el siempre mantuvo el "pacto
de silencio" que había acordado con los miembros de la familia Krug.
En marzo del 2000, durante la celebración del Centenario de Hohenau, cuando
Nissi ejercía como intendente municipal de la ciudad, recibió la visita de
periodistas de la revista Isto É, del Brasil, que realizaron un reportaje sobre
la vida en las colonias, y de paso le preguntaron sobre Mengele.
En esta nota, Junghanns reconoció que había compartido la casa con
Mengele, pero la nota le dejó un amargo sabor, ya que los periodistas lo
pintaron como un nazi fanático, admirador de Hitler y de Stroessner, que les
habría dicho: "Nao entendo por qué nao gostan de Mengele".
A unos periodistas alemanes también les habría recriminado: "¿Por qué
persiguen la historia de Mengele, siendo que no dicen nada sobre las bombas
atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, que hasta hoy tienen consecuencias en esas
poblaciones?".
La periodista encarnacena Myrian Moreno, directora
de la revista turística Viajeros obtuvo valiosos testimonios de Junghanns. Fue
ella quién nos encaminó a buscarlo y a proponerle que rompa su silencio sobre
Mengele. (Copyright: Andrés Colmán Gutiérrez - Narciso Meza - ÚLTIMA HORA).