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jueves, 19 de noviembre de 2020

El día en que el folclore y el rock se dieron la mano

Rolando Chaparro inició la fusión entre rock y folclore con su versión de Reservista purahéi en los 90, con el apoyo entusiasta del maestro Agustín Barboza. Ahora que el músico vive un momento delicado de salud, es oportuno rescatar su hazaña artística.


Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Era, probablemente, 1994. Un concierto de varios artistas en la Plaza de la Democracia de Asunción, en homenaje al gran músico Agustín Barboza (ya fallecido, autor de la música de Mi patria soñada, entre otras grandes canciones). Había folclore, rock, nuevo cancionero, incluso jazz, pero cada uno iba por su lado, sin mezclar los tantos.

Cuando le tocó subir al escenario al grupo roquero Krizhia, su líder, el joven y melenudo guitarrista Rolando Chaparro, anunció que iba a interpretar una versión especial de la guarania Reservista purahéi (letra de Félix Fernández, música de Barboza) en homenaje al maestro. Se vieron gestos de alarma en los rostros de los asistentes, varios de ellos considerados próceres del folclore paraguayo.

La guitarra eléctrica de Rolando inició con estridentes sones la melodía tan característica, en versión instrumental, pero con un innovador estilo de blues, que se enriquecía con cada golpe de rasgueo, con cada arreglo, con cada disonancia.

Las caras de los folcloristas más tradicionales eran para alquilar balcones. No podían concebir tamaño sacrilegio contra el patrimonio histórico folclórico musical. Todos buscaron la reacción del maestro Barboza, seguros de que iba a desaprobar tamaña afrenta a su obra, pero llamativamente el rostro de don Agustín se veía radiante, iluminado, con una sonrisa amplia, mientras seguía atentamente la evolución de ese inusual concierto.

Cuando Rolando y sus compañeros terminaron la interpretación con un fuerte golpe sonoro en la guitarra, ante tímidos aplausos, el maestro Barboza se levantó de su sitio de honor, buscó la escalera y subió al escenario a estrecharse en un largo abrazo con Rolando. Entonces sí, desde el público llegó estruendosa la ovación. La bendición había sido dada. El mito había sido derrotado.

RENOVANDO EL CANCIONERO

Ahora todo eso parece absolutamente normal, pero en esos tiempos mezclar rock o blues con una polca o una guarania era considerado un crimen de lesa musicalidad.

Aunque se hicieron algunos experimentos anteriores, la versión blusera de Reservista purahéi fue un parteaguas que no solo se atrevió a derribar prejuicios, sino que atrajo a toda una corriente de nuevos seguidores y contribuyó a refundar el folclore, despertando el interés de los jóvenes, que por entonces le daban la espalda.

Tras el concierto en la Plaza de la Democracia, el propio Barboza animó a Rolando a grabar el tema. Así lo hicieron en el disco Pasaje al más acá, de Krizhia, editado en 1997, con la voz de don Agustín como introducción, recitando una estrofa de los versos de Félix Fernández. Para que no queden dudas de su apoyo.

Era Barboza, nada más y nada menos. El que fuera cantante de la legendaria Orquesta Ortiz Guerrero, dirigida por el maestro José Asunción Flores. El que formó un trío junto a Félix Pérez Cardozo y Eulogio Cardozo. El que integró aquel histórico conjunto Los Guaireños, con Luis Alberto del Paraná, Digno García y Humberto Barúa para recorrer gran parte del mundo llevando música paraguaya y que después formó el también legendario Trío Los Paraguayos, con Paraná y García.

La versión de Chaparro tuvo un efecto revolucionario en lo cultural. En julio de 1998 pude reunir a don Agustín Barboza y a Rolando en un reportaje para la revista VIDA de Última Hora, con el título: “El folclore y el rock se dan la mano”. Fue en la casa de don Agustín, sobre la calle Primera. Rolando llegó con su guitarra eléctrica y Barboza apareció con su vieja guitarra clásica. Todo un símbolo.

Rescato algunos párrafos del diálogo que mantuvieron:

Agustín Barboza: –A mí me parece lógico que el folclore haya caído en crisis. Un músico, un artista, surge y crea su arte cuando encuentra paz alrededor. Paz en todo sentido. En lo político, en lo familiar. Pero nuestro país ha vivido largas décadas de dictadura, en que la cultura se ha estancado, se ha reprimido. Por eso ahora, en esta nueva era democrática, empieza a renacer la creación. A pesar de toda la confusión política que existe, el arte está resurgiendo y está cumpliendo la importante función de dinamizar la política y la vida de la sociedad, de ayudar a reflexionar.

Rolando Chaparro: –Sí, durante la dictadura hubo mucho encierro. No solo a nivel cultural. Hubo represión política, represión social, y eso repercutió en la cultura. A pesar de todo, hubo creación, pero las propuestas nuevas no eran bien vistas, porque sugerían apertura, romper con el dogmatismo. Por eso los intentos de renovación eran truncados. Hubo creadores como Maneco Galeano, como Oscar Nelson Safuán, que intentaron hacer cosas nuevas.

Y más adelante, un dicho clave del maestro.

Agustín Barboza: –Yo soy optimista. Creo que el cambio está en manos de la nueva generación. Veo que hay muchos talentos. Además, ahora hay medios para capacitarse. Veo que un músico joven como Rolando Chaparro, que viene del rock, tiene una actitud muy respetuosa y patriótica hacia la música folclórica, para hacer una versión moderna. Hay que darles todo el apoyo.

UNA BRILLANTE TRAYECTORIA

En este momento en que el guitarrista Rolando Chaparro atraviesa un difícil momento de salud y sus familiares deben recurrir a la solidaridad pública para costear el tratamiento médico, es importante rescatar historias como estas, junto al reconocimiento de uno de los fundadores del folclore paraguayo.

El aporte de Rolando es inmenso. Aparte de ser uno de los más talentosos guitarristas, referente esencial del rock paraguayo y de haber sentado las bases para dinamizar al folclore para una nueva generación, un dedicado promotor de toda actividad cultural, es además un ser humano generoso, sensible ante las injusticias, luchador por la libertad y la equidad. Su entrega profunda e intensa a la labor creativa le ha cobrado varias veces un costo alto en su salud. Vivir de su trabajo artístico en Paraguay no ha sido fácil y ha resultado mucho más complicado en la pandemia.

Como bien dice en un posteo en Facebook la gestora cultural Techi Cusmanich Renaut: “La trayectoria y la valía de Rolando son indiscutibles, y si hoy requiere de nuestra ayuda y solidaridad, allí estaremos, como siempre. Lo lamentable es que sigan sucediendo este tipo de situaciones. ¿Hasta cuándo? Por qué los artistas, y en este caso en particular, los músicos, deben recurrir a la solidaridad para cubrir necesidades que desde el Estado o las entidades de gestión colectiva deberían estar cubiertas. Es tiempo difícil, la pandemia ha causado estragos, pero este paro podría habernos servido para organizarnos y exigir el cumplimiento de nuestros derechos. Rolando no está desamparado, porque existe gente sensible y solidaria que ayudará a su pronta recuperación, pero pensemos en la cantidad de artistas desamparados que requieren de asistencia social y de salud. El futuro es hoy y la necesidad apremia”.

De eso se trata.

Mucha fuerza para Rolando

 

El reportaje que ilustró el encuentro entre Chaparro y Barboza en 1998.

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(Publicado en la sección Correo Semanal del diario Última Hora, edición sábado 14 de diciembre de 2020).

sábado, 26 de septiembre de 2020

El hombre que hace callar a las tormentas

En setiembre de 2006, acompañamos a la profesora Dolli Collar hasta su valle, Capitán Bado, Amambay, para una charla con estudiantes en escuelas y colegios de la región, como parte del programa Periodismo Estudiantil del Departamento Educativo de Última Hora. Fue una experiencia muy rica y aprovechamos para visitar sitios de interés, con amigos y amigas badeños.

Fue así como llegamos al oyngusu del teko ruvicha Paĩ Tavyterã Anselmo Barrios, la gran choza tradicional que es a la vez vivienda y santuario, cerca de Okenda. Fue una experiencia extraordinaria conversar con Anselmo, escucharlo tocar su flauta con la melodía ancestral que él heredó para apaciguar las furias de la naturaleza.

 De aquel viaje nació un breve relato, “El hombre que hace callar a las tormentas”, publicado en Última Hora, que en su momento tuvo mucha repercusión en otras publicaciones internacionales.

Tiempo después me contaron que Anselmo falleció, en medio del aliento mágico de su comunidad. En estos días en que la cultura Paĩ Tavyterã se ha vuelto de interés por los sucesos de violencia en el Norte, una amiga lectora me recordó este artículo y me pidió que lo comparta en las redes. Por tanto, aquí va, desde el blog.

***


El hombre que hace callar a las tormentas

Cada vez que nace la Luna llena, el tigre que duerme en la cumbre del Yasuká Venda, el cerro sagrado de los indígenas Paĩ Tavyterã, en la cordillera del Amambay, se despierta y ruge con furia incontrolable.

"Es el poder del Padre Creador que se manifiesta en forma de fuertes tormentas, provocando angustia en los corazones. Entonces yo recojo mi avaeté, mi amuleto de diente de tigre, y me pongo a rezar, me pongo a cantar, a tocar el mimby, la flauta de palo santo, y consigo que la tormenta se calle, que la furia del creador se calme. Es la misión que me ha dado mi pueblo, de ser el teko ruvicha, el que cuida la forma de vida que nos han dado nuestros ancestros".

Así habla Anselmo Barrios, el gran líder espiritual de la comunidad Paĩ Tavyterã, a unos 15 kilómetros de Capitán Bado.

Su oyngusu, la tradicional choza ovalada de los Pai, que es a la vez vivienda y santuario, está ubicada en un claro del monte, cerca de la escuela agrícola Okenda, que el Proyecto Paĩ Tavyterã lleva adelante, en un heroico programa para preservar el modo de vida de uno de los pueblos nativos más fascinantes del Paraguay.

La tarea no es fácil. La tierra de los Paĩ es la única que aún conserva vegetación boscosa en medio de una vasta planicie de tierras deforestadas y mecanizadas para el cultivo de la soja. Y el proyecto de desarrollo sustentable se lleva adelante ante la constante agresión externa. Hace pocos días, un grupo de marihuaneros asaltaron la granja de los Paĩ y robaron una vaca.

"El hombre blanco destruye todo lo que toca. Por su culpa el maíz ya no da frutos como antes. Por eso yo bendigo la tierra y las semillas, para que este año tengamos buen maíz, para preparar nuestras bebidas para la gran fiesta del Aty Guasu", dice el teko ruvicha.

Dentro del oyngusu está la cruz de madera donde se guardan los yvyra'i, las varillas insignias, los takuapu y la calabaza sagrada que guarda los restos del ka'a ñepyru, la yerba mate primigenia. De allí Anselmo recoge su flauta de palo santo y empieza a soplar, arrancando un dulce sonido que envuelve el aire y arranca la risa de los niños, mientras las tormentas se baten en retirada, temerosas.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Otros pesebres en busca de otra sociedad



Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

 María duerme plácidamente sobre el lecho de paja, mientras José juega muy divertido con el bebé Jesús en su regazo. Este “pesebre alternativo” –al que muchos consideran un pesebre feminista–, se denomina “Dejemos dormir a mamá” y es un regalo que le hicieron al papa Francisco por su 83 cumpleaños, quien lo alabó con mucho entusiasmo durante su mensaje de Navidad: “¡Cuántos de ustedes deben turnarse en la noche entre marido y mujer por el niño, la niña, que llora, y llora, llora!”.
Esta reinterpretación simbólica de los roles del hombre y la mujer por parte del máximo líder de una de las más importantes instituciones religiosas del mundo, tradicionalmente calificada de excesivamente conservadora, esta vez utilizando incluso el lenguaje inclusivo de nombrar al niño y la niña por igual, tiene un efecto de mucha trascendencia: El mundo está cambiando y sus efectos renovadores han llegado hasta el pesebre de Belén y hasta los salones del Vaticano.
Mucho más radical ha resultado el mensaje de la Iglesia Metodista Unida de la ciudad de Claremont, en el Estado de California, Estados Unidos, que presentó a San José, la Virgen María y el Niño Jesús encerrados en celdas separadas y rodeadas con alambre de púas, a manera de protesta contra las políticas represivas del presidente Donald Trump contra las familias latinas migrantes, a cuyos miembros han separado y encarcelado por no contar con documentos de residencias en regla. Hace más de veinte siglos la sagrada familia también tuvo que emigrar a Egipto para huir de la persecución del rey Herodes.
En la Catedral de Palermo, Italia, el arzobispo Corrado Lorefice decidió celebrar la misa de Navidad con la imagen de un Niño Jesús de piel negra, que le ha sido donada por misioneros de Tanzania, África, como una reivindicación a las familias de migrantes que llegan huyendo de persecuciones y que generalmente reciben el rechazo de las autoridades europeas y de un gran sector de los propios pobladores.
El controversial artista callejero británico Bansky instaló en el Walled Off Hotel de la misma simbólica e histórica ciudad de Belén, donde nació Jesús, un artístico pesebre junto a una réplica del muro que divide a Cisjordania de Israel. Sobre la imagen de la sagrada familia hay una estrella, pero es negra y hueca, y ha sido formada por el disparo de un mortero que atravesó el muro. Jugando con los símbolos y con las palabras en inglés, Bansky sustituye a la tradicional “Star of Bethlehem” (estrella de Belén) por la “Scar of Bethlehem" (Cicatriz de Belén), buscando llamar la atención de que el escenario en donde se originó la Navidad hace más de veinte siglos es la que menos puede celebrar hoy una verdadera “noche de paz”, debido al conflicto bélico que se mantiene desde la ocupación israelí de los territorios reclamados por Palestina.
En el Paraguay, aunque la Navidad sigue teniendo una representación principalmente tradicional o folclórica en las celebraciones religiosas, es posible encontrar imágenes de José, María y Jesús con rasgos indígenas guaraníes en algunos pesebres expuestos por artesanos y artesanas de Areguá, junto a esculturas de animales en peligro de extinción, como el jaguarete o el guyra campana, destacando una reivindicación de los pueblos originarios y un llamado a la protección del medioambiente.
Más que la presunta distorsión de un símbolo religioso universal, como cuestionan algunos sectores conservadores, los “pesebres alternativos” revelan la evolución de la conciencia humana ante realidades injustas. En una perspectiva histórica, el Redentor que eligió nacer entre los más pobres marcó una ruptura ante viejas estructuras para plantear la esperanza de lo nuevo. Si en la Judea invadida por el Imperio Romano aquel pesebre de pastores tenía un mensaje contra el sistema, es válido que los de hoy expresen las demandas feministas, migrantes, ambientalistas, indigenistas o pacifistas, como una manera de anunciar que otros modelos de sociedad también son posibles.

El pesebre de la Iglesia Metodista Unida de Claremont, California.
El Niño Jesús negro en la Catedral de Palermo, Italia.
El pesebre del artista Bansky en un hotel de Belén, junto al muro que divide a Cisjordania de Israel.
Pesebre indígena guaraní en Areguá, Paraguay.


sábado, 16 de noviembre de 2019

Serrat, Sabina y una vieja guarania



Vuelven a cantar en Paraguay después de siete años. Historia de una relación esporádica y solidaria con los más literarios autores de la canción en español.

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

“Uno aprende siempre la vieja guarania/ que el maestro Flores enseñó/ ningún escenario es tierra extraña/ y es un lujo volver a Asunción” proclamaba la voz desgarrada de Joaquín Sabina la noche del 17 de abril de 2011, durante su segundo concierto bajo una luna bohemia a orillas del río Paraguay, pero quien antes la aprendió a cantar en guaraní fue su primo El Nano, Joan Manuel Serrat, cuando incluyó en su disco Cansiones (2000) una peculiar versión de Che pykasumi, guarania con letra de Cecilio Valiente, música de Eladio Martínez y del propio creador del género musical, el maestro José Asunción Flores, en parte traducida y adaptada al español por Serrat con ayuda de nuestro querido poeta Rubén Bareiro Saguier.
Aquella fue la primera vez que el autor de Mediterráneo grabó en una lengua indígena, otorgando una dimensión más universal a la ancestral cultura paraguaya. “Elegí Che pykasumi como homenaje a un pueblo que supo mantener viva su propia lengua nativa, tal como lo hemos hecho los catalanes. Deseo coronar ese homenaje yendo a Asunción a cantar al pueblo paraguayo en su propia auténtica lengua”, le dijo El Nano a Bareiro Saguier, quien por entonces oficiaba de embajador paraguayo en Francia.
Serrat vino a Asunción y ofreció un recital en el estadio León Condou, entonando Che pykasumi con voz emocionada, deslumbrando al público con su casi correcta pronunciación de las vocales nasales y guturales del guaraní. Acabó de ganarse el corazón de los paraguayos, aunque la relación a distancia había empezado antes, quizás en los duros años de la dictadura stronista, cuando sus clásicas canciones circulaban clandestinamente entre las de Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Víctor Heredia, junto a los de artistas locales como Juglares, Sembrador, Vocal Dos, Pato Brítez, Ñamandú, Gente en Camino.
En 1990, tras la caída de la dictadura, los músicos Jorge Garbett y José Antonio Galeano, metidos a empresarios de espectáculos, se animaron a organizar el primer concierto de Joan Manuel en el país, una emotiva noche en el estadio del Club Olimpia. No les resultó buen negocio, pero aquel abrazo fundacional de Serrat con el público paraguayo quedó para la historia.
Serrat y Sabina cantarán juntos por segunda vez en Asunción en el concierto “No hay dos sin tres”, esta noche, en el Arena SND. Es la quinta visita de Serrat y la cuarta de Sabina. Buena oportunidad para repasar la esporádica y solidaria relación del Paraguay con los más literarios autores de la canción en español. 

Del Poble Sec a Úbeda

Aunque llevan pocas diferencias en edad (Serrat tiene 75, Sabina 70), El Nano ya sostenía una dilatada carrera artística cuando Martínez Sabina empezó a componer y a cantar. Joan Manuel editó su primer disco en 1965 (Una guitarra), Joaquín lo hizo recién en 1978 (Inventario).
Sabina considera a Serrat su ídolo y maestro. En los escenarios que comparten el catalán caricaturiza su rol de gurú para burlarse de su compañero, quien acepta ser un canalla aprendiz.
En el 2000, cuando Serrat vino a su segundo concierto en Paraguay, un periodista le preguntó: “¿Qué opina de los nuevos artistas como Joaquín Sabina, que siguen su estilo y son como sus hijos en lo musical?”.
El Nano respondió: “Si Sabina fuera hijo mío, hace rato lo hubiera metido en un reformatorio”.
Sus historias son parecidas pero diferentes. Durante la dictadura del generalísimo Francisco Franco en España, Serrat fue perseguido y se exilió en México en 1974, en donde permaneció hasta el final del franquismo. Fue su etapa más latinoamericana, de un fuerte compromiso con las luchas democráticas. Temas como Para la libertad, Cantares, Algo personal, se volvieron himnos de resistencia. Los procesos de restauración institucional en Argentina y Chile le deben una activa  militancia.
Sabina, aunque escribió poemas en su juventud, no soñaba con ser artista, apenas un ilustrado maestro de literatura. Relacionado con grupos de izquierda, en 1970 lanzó un cóctel molotov contra la sede de un banco y tuvo que salir del país. Viajó a Paris y luego a Londres, en donde empezó a cantar en las calles y en tugurios para sobrevivir, hasta conseguir volver.
Mientras Serrat era ya un estandarte de la canción social en Iberoamérica, Sabina asomaba como un artista posmoderno, provocador y algo rockero, ofreciendo conciertos en el sótano de un bar madrileño, La Mandrágora. Las letras de sus canciones ya llamaban la atención por su calidad literaria y su ironía crítica, su desencanto poético y su desenfado.
En la medida en que creció su fama de cantautor, su relación con Latinoamérica prendió en Argentina, México, Perú, Chile, Uruguay, en donde sus admiradas referencias literarias, poéticas, políticas y musicales hacia figuras como Evita, Borges, Cesar Vallejo, Gardel, José Alfredo Giménez, Chavela Vargas, Violeta Parra, Gabo, Charly García, conquistaban a una creciente legión de fans. Su adhesión a causas como las de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y el eco solidario de sus canciones lo inscribieron tardíamente en los círculos de nuevas trovas o nuevos cancioneros, que para entonces ya sonaban con telarañas.

Las noches de Asunción

El tren de Sabina también llegó tarde al Paraguay. Su primer recital fue en el Club Sol de América, el 9 de julio de 1997, con un show acústico y minimalista. El músico canalla de chaleco multicolor y sombrero bombín se mostró sorprendido de que un público desconocido coreara de memoria sus canciones. “Tendremos que venir otra vez...”, anunció.
De aquel viaje quedaron rumores de andanzas en la madrugada asuncena, una visita al Karin Club donde quizás conoció a la Magdalena Guaraní. Son historias que alimentan una leyenda que ahora él lo niega todo.
Volvió a regalarnos su mes de abril en 2011, en el Yacht, cuando sorprendió con su poema a Asunción y a la guarania del maestro Flores. Un año después volvió, esta vez formando dúo con su primo El Nano, en aquel primer inolvidable concierto “Dos pájaros contracan”.
Serrat se involucró mucho más con la política y la historia paraguaya. En su tercera visita, en febrero de 2007, visitó el Museo de las Memorias, el otrora temible centro de detención y torturas conocido como La Técnica, abrazó a las víctimas de la dictadura y dejó un mensaje solidario a favor de la lucha por la democracia.
Serrat y Sabina son casi indiscutiblemente los más literarios autores de la canción en español. Como lo han hecho en inglés Bob Dylan o Leonard Cohen, en el mundo de la música pocos pueden alcanzar la excelencia en versos como “A tus atardeceres rojos/ se acostumbraron mis ojos/ como el recodo al camino” (Mediterráneo, Serrat) o “Desafiando el oleaje/ sin timón ni timonel/ por mis sueños va/ ligero de equipaje/ sobre un cascarón de nuez/ mi corazón de viaje/ luciendo los tatuajes/ de un pasado bucanero/ de un velero al abordaje/ de un no te quiero querer” (Peces de ciudad, Sabina).
En 2007 unieron sus historias, sus canciones, su creatividad, su humor y su desparpajo en una primera gira por España y Latinoamérica. Decían que era un matrimonio con fecha de caducidad, pero el éxito los obligó a replicar. En la segunda gira incluyeron al Paraguay. En esta “No hay dos sin tres” otra vez están aquí. 
Artistas inmensos, autores de canciones que marcaron épocas, será un lujo escucharlos. En sus anteriores actuaciones, Serrat siempre cantó la vieja guarania y Sabina lo acompañó respetuosamente con una copa de champagne. Ningún mejor símbolo de retribución a un público que  ama sus canciones y que admira tanta creatividad y compromiso solidario.
En Asunción siempre hay una calle melancolía y en el Paraguay también nacimos en el Mediterráneo.   
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(Publicado en la sección de “El Correo Semanal” del diario Última Hora, Asunción, edición del sábado 16 de noviembre de 2019).


Joan Manuel Serrar en su visita al Museo de las Memorias, en 2007.

martes, 16 de julio de 2019

Desde cajones a heladeras viejas, todo sirve para incentivar la lectura



 En plazas y veredas de Itauguá, Lambaré, Asunción, Oviedo o Pilar, brotan pequeñas bibliotecas en cajas, heladeras o casitas de pájaro. Una quijotesca cruzada por despertar el amor a los libros.

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

–¡Mirá, mamá! ¡Una casita de pájaros…!– grita Melissa, de siete años, mientras cruza la plaza Juan de Ayolas, de Lambaré, de la mano de su madre.
María Luisa sonríe y la acerca al curioso artefacto, un caño de acero que soporta una caja de metal con forma de casita, de color amarillo, con techo de chapas y revestimientos de vidrio. La puertita está abierta y deja ver muchos libros en el interior.
–Es una casita, no de pájaros, hija, pero también permiten volar…– explica la mujer.
Ante la mirada expectante de la pequeña, María Luisa hurga hasta hallar un colorido libro de cuentos. Luego se sienta con Melissa en un banco y deja que la niña se sumerja en la historia mágica. La mujer planeaba ir al supermercado; sin embargo, decide aprovechar ese momento único y quizás irrepetible. Bajo la luz radiante de la mañana, frente a la pequeña Biblioteca Callejera de la Plaza Ayolas de Lambaré, Melissa y su mamá leen una historia de animalitos traviesos y aventureros.
Las páginas bailan en el viento, como si fueran alas de pájaros.

 Biblioteca con motocarro en la Plaza Solares de Lambaré
CRUZADA. Las bibliotecas callejeras nacieron como esfuerzos aislados de personas que buscan despertar la pasión por la lectura y contribuir a la calidad de la educación, en un país en donde cada habitante lee solo la 0,25 parte de un libro al año, según datos de la Cámara del Libro Asunción Paraguay (CLAP).
Así se ha creado una red que se extiende a distintos lugares del país, originando una pequeña revolución cultural.
Un primer proyecto se registra en el 2016, en Itacurubí de la Cordillera, cuando la Municipalidad habilitó un espacio de lectura al aire libre en el balneario Itakoty. Instaló un mueble lleno de libros, con bancos y mesitas, creando un agradable ambiente.
En el verano de 2016, educadores y vecinos del barrio Ykua Naranja, de Itauguá, crearon una biblioteca al aire libre en la placita Félix Fernández, utilizando cajones de frutas pintados, en donde ubican los libros recibidos en donación.
También en Itauguá, desde el 2018, la empresa Iris promovió la creación de casitas–bibliotecas, la primera para sus propios empleados, otras dos en la plaza central de la ciudad y en el local de la Municipalidad.
La cuarta biblioteca se instaló en agosto de 2018 en una plaza de la compañía Guayabity, en un trabajo conjunto con la comisión vecinal 23 de abril.

Biblioteca de heladera en Lambaré
Biblioteca con cajones de frutas en Itauguá.
EN LAMBARÉ, CON AMOR. La cruzada más exitosa de las bibliotecas callejeras nació en 2017, a iniciativa del escritor paraguayo Aníbal Barreto Monzón, quien durante un viaje a Estados Unidos, vio en el pueblo de Clifton, Virginia, un buzón con libros en una plaza.
–Me llamó la atención cómo las personas retiraban libros y depositaban otros, o se sentaban a leer allí. Tomé una foto y la publiqué en Facebook, comentando que sería lindo hacer algo similar en Paraguay–, relata Aníbal.
Pryscila León, otra apasionada por los libros, ofreció financiar la construcción de la casita. Tras una resistencia inicial de funcionarios de la Comuna, el intendente de Lambaré, Armando Gómez, apoyó la iniciativa. Así, en octubre de 2018, se inauguró la primera biblioteca callejera con libros donados por muchos amigos, en la Plaza Ayolas, frente a la Municipalidad, una experiencia que a ocho meses funciona con éxito.
–Cada vez que paso por aquí veo a grupos de jóvenes y a personas adultas leyendo –destaca Aníbal–. Esto está siempre abierto y los libros se mantienen, se reponen y se intercambian con frecuencia. Mucha gente me dijo: “no va a resultar, en Paraguay nadie quiere leer, te van a robar todos los libros para venderlos”, pero ya ven que sí funciona.

Jóvenes leyendo en la Plaza Ayolas, de Lambaré.
INGENIO. A la cruzada de Aníbal y Pryscila se unieron otras personas, como Carlos Brañas o el joven Álvaro Giménez. El ejemplo se expandió y se crearon más casitas de pájaro en Lambaré, en Asunción (Marcelino Noutz y Sargento Gauto), en Coronel Oviedo (frente al local cultural Clemente Róga) y otras que se habilitarán en el barrio Trinidad de Asunción y en la ciudad de Pilar.
Lo llamativo es que también se despertó el ingenio para construir las pequeñas bibliotecas al aire libre. En el predio de la Capilla Virgen del Carmen, en Valle Apu‘a, Lambaré, se utilizó una vieja heladera. En la Plaza Solares, también de Lambaré, se recicló un motocarro en desuso.
–De a poco estamos derribando el mito de que a los paraguayos no les gusta leer– dice Aníbal Barreto. Solo hace falta sacar más libros a las plazas y a las calles.

Biblioteca callejera en Coronel Oviedo.
Chicos leyendo en Itauguá.

domingo, 5 de mayo de 2019

Literatura: La soledad de Ñamandú y el desafío de reinventar el lenguaje



Andrés Colmán Gutiérrez
Presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP)

Cuentan los relatos míticos del mundo indígena guaraní –rescatados por el gran antropólogo León Cadogan y reelaborados con peculiar encanto por el escritor Eduardo Galeano en su obra Memoria del Fuego– que cuando Ñande Ru Tenondé, el Padre Primero Ñamandú, se irguió en la oscuridad y creó el lenguaje, no había quien lo pudiera escuchar. Entonces creó el mundo y creó a los primeros hombres y a las primeras mujeres, y les entregó la palabra creadora (Ayvu) para que todo pudiera cobrar vida, pero principalmente para que la magia del lenguaje alcanzara a redimir al propio Padre Primero de aquella inmensa soledad primigenia.
En el Paraguay, nuestro pequeño y heroico país mediterráneo del Cono Sur, de raíz principalmente cultural guaraní, en donde hemos nacido entre relatos mágicos y entre muchas historias alucinadas que esperan ser contadas, los escritores y las escritoras seguimos padeciendo la misma soledad del Padre Primero Ñamandú o como lo ha denominado más certeramente nuestro autor mayor, Augusto Roa Bastos, seguimos sufriendo el encierro de “la isla rodeada de tierra”: No siempre hay quienes nos puedan leer o escuchar.
Nuestra industria editorial es todavía incipiente, aunque avanza abriéndose caminos a tumbos entre muchos escollos y la falta de un mayor apoyo estatal. Quienes escribimos y publicamos libros lo hacemos para un número muy reducido de personas, ya que en el Paraguay cada habitante lee solamente la 0,25 parte de un libro al año, según datos estimativos. Esta es la realidad de un país donde el 24,2% de la población aún vive en situación de pobreza y un 4,8% en situación de pobreza extrema; en donde el sistema educativo es todavía de muy baja calidad y existe un escaso fomento a la lectura desde las instancias gubernamentales y desde la misma sociedad. A pesar de todo, un anteproyecto de Ley del Libro impulsado desde hace años por los gremios de autores, libreros y por actuales instancias culturales gubernamentales, intenta abrirse paso ante la indiferencia de la clase política.
Desde hace mucho tiempo también seguimos padeciendo la invisibilidad de las obras paraguayas en los mercados internacionales del libro, debido a las trabas burocráticas fronterizas o a un escaso interés, que desmiente el ansiado espíritu de integración cultural del Mercosur. Por ello, nuestra presencia constante en esta Feria Internacional del Libro de Buenos Aires constituye una vidriera fundamental, una ventana a la esperanza.
A pesar de los pesares, una literatura paraguaya tercamente viva insiste en reinventarse y en expandirse cada vez más. Quienes hoy asumimos el desafío de narrar al Paraguay en cuentos, novelas, poesía, historia, ensayos, crónicas periodísticas y de investigación, álbumes de cómics o novelas gráficas, lo hacemos teniendo en cuenta la rica herencia y tradición de nuestros más grandes maestros y maestras como Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Gabriel Casaccia, Josefina Plá, Helio Vera, Rubén Bareiro Saguier, Carmen Soler, Hérib Campos Cervera, Raquel Saguier, José-Luis Appleyard y tantos más, buscando reflejar las nuevas exigencias de una era de profundas contradicciones sociopolíticas, con nuevos lenguajes y nuevas perspectivas.
En este Año Internacional de las Lenguas Indígenas, valoramos particularmente el esfuerzo creativo de quienes sueñan y escriben en nuestro imperecedero idioma guaraní, buscando derrotar el arraigado mito de que es una lengua esencialmente oral y que tanto su escritura, como su lectura, resultan difíciles. Las novelas en guaraní, Kalaíto Pombéro de Tadeo Zarratea; Pore’y rapé, de Hugo Centurión y Tatukua de Arnaldo Casco, sientan las bases de otra narrativa, la que rescata y refleja al Paraguay más profundo y ancestral, que se complementa también con una abundante colección de libros que exponen una larga tradición de relatos y poesía en guaraní, con la herencia de queridos maestros como Rosicran, Carlos Martínez Gamba, Félix Fernández o Félix de Guarania, hasta actuales batalladores poetas, escritores y académicos del guaraní, Susy Delgado, Feliciano Acosta, Miguel Ángel Meza, Mario Rubén Álvarez, Ramón Silva, entre muchos otros y otras, entre quienes ocupan un sitio preponderante Alba Eiragi Duarte, poetisa y escritora Ava Guaraní, y Brígido Bogado, poeta y escritor Mbya Guarani, ambos miembros de la Sociedad de Escritores del Paraguay, exponentes genuinos de una cultura sobreviviente que tiene tanto por decir y por contar. Además, nuestra literatura tiene una gran deuda pendiente con las demás lenguas de los 19 pueblos indígenas, ya que hasta ahora existen pocos relatos y poemas escritos en ayoreo, yshir, tomaraho, nivaclé, maká, manjui, enlhet, enxet, guaná, sanapaná, angaité, toba maskoy, qom, pai tavyterá o aché.

La literatura paraguaya actual es amplia, diversa, rica y abarcante. Hay una cada vez más sostenida creación poética y narrativa de mujeres, que no solo expresan la mirada femenina en la producción literaria, sino que además ejercen un rol pedagógico para lograr el paulatino cambio de chip mental de una cultura patriarcal machista, en busca de una más tolerante, que reconozca los derechos de las mujeres, como de quienes tienen opciones sexuales diferentes y de otras minorías aún discriminadas. Resulta meritoria la tarea que realiza la organización Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA), que ha publicado varios libros que recopilan relatos escritos por mujeres. Es extensa la lista de autoras paraguayas, pero quiero rendir a todas ellas un homenaje en la persona de la maestra Maribel Barreto, prolífica escritora, docente y ensayista, ganadora del Premio de Novela Roa Bastos 2017 con su novela Codicia, quien ha presentado recientemente su último libro, Hijo de la revolución, un retrato desde la ficción sobre las revueltas de principios del siglo XX y lo que implica ser mujer en el Paraguay. Ella tenía que haber estado con nosotros en este encuentro, pero un problema de salud se lo ha impedido.

La creación paraguaya más tradicional, habitada principalmente por obras de denuncia social en un ámbito histórico y rural, ha ido mutando hacia una narrativa urbana que abarca géneros como el relato policial, la ciencia ficción, el horror gótico, el trilher político, las historias de aventuras. La aparición de grupos y comunidades de jóvenes narradores urbanos, como el centro cultural Literaity o la Asociación Literaria Arandú, respaldados por pequeñas editoriales independientes, están consolidando una emergente narrativa rebelde, innovadora en su forma y en su lenguaje, amplificada con los recursos de las redes sociales en internet y las plataformas digitales. Patricia Camp, Christian Kent, Orlando Orué, Diego Ayala, Damián Cabrera, Yems Aguilera, María Zaracho Robertti, Sebastián Ocampos, Cave Ogdom, Ricardo Loup, Ana Miranda, Lourdes Benítes, Edu Barreto, son algunos de esos nombres. (De ello nos habla con más detalles la compañera Norma Flores Allende, en su reveladora plataforma digital #Urumbe).
Una mención especial merece el trabajo de edición digital del grupo Tiempo Ediciones y Contenido, que hoy permite que los libros paraguayos estén al alcance de cualquier lector de libros electrónicos en el mundo.
Destacamos también el innovador eco de una literatura fronteriza, que se nutre de los contrastes culturales en regiones compartidas con colectividades inmigrantes brasileñas, o de ascendencia asiática o europea. La novela Xirú, de Damián Cabrera, es un ejemplo de esa narrativa que refleja los torbellinos de tierra roja en el Alto Paraná, los conflictos ambientales de la llamada Guerra de la Soja. El grupo de escritores y poetas que experimentan con el lenguaje triplefronterizo, en una onda cultural denominada “portuñol selvagem”, principalmente desde editoriales cartoneras, constituyen otro irreverente movimiento innovador de nuestra literatura.
Igualmente sentimos como muy cercanos y como parte de nuestra historia a los narradores paraguayos o descendientes de paraguayos que escriben desde afuera de nuestras fronteras, especialmente a un nutrido grupo de autores en Argentina como Gilberto Ramírez Santacruz, Éver Román, Mario Castells, Ivan Silvero, entre otros. Hay en sus obras una linda herencia de la épica literatura del exilio, la que ha dado vida a muchos de nuestros mejores narradores y narradoras.
Las obras que ayudan a rescatar la historia y la memoria también siguen componiendo una de las vertientes más prolíficas de los autores y las autoras del Paraguay, no solamente las que permiten no olvidar los horrores de la dictadura stronista, sino las que significan episodios más lejanos desde nuevas perspectivas. En ese sentido, tanto las novelas históricas como los relatos de la Guerra del 70 adquieren especial significación en la conmemoración por los 150 años de aquella contienda. En ese campo, nuestra más reciente contribución personal une el rescate de un episodio silenciado durante el stronismo con la investigación periodística, en nuestro libro “Mengele en Paraguay”, sobre la protección dada por el dictador Alfredo Stroessner al médico criminal nazi Josef Mengele, que presentamos en esta Feria.
Como soy también guionista de obras de cómics, destaco el especial auge que la narrativa dibujada ha tenido en los últimos años en el país, principalmente con obras dedicadas a la gesta de la Independencia, la Guerra del 70, la Guerra del Chaco y la dictadura stronista, como a la adaptación de grandes clásicos de la literatura paraguaya para una mejor divulgación en colegios y escuelas. Contamos con el aporte de grandes narradores, como nuestro universal Robin Wood, y el esfuerzo editorial de escritores y dibujantes como Javier Viveros y Roberto Goiriz, además de un loable esfuerzo de la editorial Servilibro, que ha creado una colección especial dedicada al comic paraguayo, donde se suman proezas como la edición de los diez álbumes de Mafalda, del genial Quino, en versión traducida por la docente María Gloria Pereira al idioma guaraní.

Son solo algunos de los puntos que destacamos en estas consideraciones generales sobre la literatura paraguaya actual. Somos conscientes del desafío que implica escribir y contar historias en un país que sigue intentando construir una institucionalidad democrática entre los sobresaltos autoritarios y los embates de una cultura conservadora, que padece a una clase política mediocre y poco sensible a las necesidades populares, pero lo hacemos motivados por la lucha de sectores sociales que emergen y se movilizan cada vez con más fuerza por derrotar a la corrupción, obteniendo inéditos logros en derrocar a líderes mafiosos y a estructuras autoritarias. Sabemos que en la medida en que nuestra labor sintonice con esos genuinos esfuerzos, nuestra obra tendrá un mejor sentido y aquella primigenia soledad del Padre Primero Ñamandú también nos va a pesar cada vez menos.
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(Ponencia presentada en la 45a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, domingo 5 de mayo de 2019. Representación de escritores paraguayos en la mesa "Literatura e Historia del Paraguay actual", con Gilberto Ramírez Santacruz, Norma Flores Allende, Manuel Martínez Domínguez y Javier Viveros. El video que ilustra la nota es de Norma, de su plataforma #Urumbe)



viernes, 28 de diciembre de 2018

Mengele en Paraguay: 2018, el año en que fuimos best seller



“Te pido disculpas por no estar en el lanzamiento de tu libro Mengele en Paraguay. Llegué tarde con mis hijos y ya no pudimos entrar. El salón estaba lleno y no quedaba lugar. Pasaré mañana por Servilibro a adquirir mi ejemplar y luego te lo acerco en el diario para que me autografíes. Parece que han creado un best seller. ¡Éxitos!”.

El mensaje de un apreciado amigo en el wasap nos daba la verdadera dimensión de lo que estaba sucediendo en esa mágica noche del martes 29 de mayo de 2018, cuando nos tocó presentar nuestro largamente esperado libro, escrito en colaboración con Desirée Esquivel y Narciso Meza Martínez, y exhibir por primera vez al público la película documental De Auschwitz a Hohenau, dirigida por Desirée.
Desde que, en marzo de 2014, con Narciso habíamos empezado a publicar en el diario Última Hora los primeros reportajes investigativos sobre la vieja casa rural alemana de Hohenau en la que estuvo refugiado clandestinamente el famoso médico nazi y criminal de guerra Josef Mengele, apodado El Ángel de la Muerte, tuve la certeza de que este tema interesaba por demás a los lectores y de que un futuro libro al respecto alcanzaría a tener buen éxito.
En esa perspectiva, durante más de tres años nos tocó profundizar las investigaciones sobre Mengele y la vigencia de los nazis en el país. Con nuestro testigo clave, el ex intendente de Hohenau, Bonibaldo Nisi Junnghans, el hombre que convivió durante casi dos años con el médico nazi, regresamos hasta la antigua casa de los Krug, en Poromokó, a 16 kilómetros del núcleo urbano de Hohenau y pudimos grabar con él una larga entrevista testimonial en video.
En el proceso de las indagaciones pudimos acceder a documentos desclasificados de la CIA norteamericana y del MOSSAD israelí acerca del caso Mengele. Además, hallamos varios papeles valiosos en el Archivo del Terror del Museo de la Justicia y principalmente logramos otros testimonios muy valiosos que hasta entonces habían permanecido sin difundirse, como la historia de Sonia Tauber, la ciudadana polaca sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz que en 1965 reconoció al Ángel de la Muerte cuando este ingresó como anónimo turista para comprar un reloj en su joyería, en la histórica Recova del Puerto de Asunción.
Paralelamente, Desirée –quien se había sumado al proyecto en 2016- fue registrando en video todo el proceso investigativo, al principio para usarlo como un material promocional del backstage o detrás de escena, a fin de publicarlo en las redes sociales en internet, luego advertimos que teníamos tanto material valioso, con el que podíamos armar perfectamente una película documental que acompañe al libro. Aunque carecíamos de fondos para financiar este proyecto, pudimos hacerlo de modo casi artesanal, con la ayuda de varios amigos.
Finalmente, en mayo de 2018, el libro y la película estaban listos para salir al encuentro del público.
Desde meses antes, con Desirée creamos una cuenta en Twitter (@Mengelepy) y una página en Facebook (Mengele en Paraguay), en donde fuimos publicando avances sobre ambos materiales. Muy pronto nos dimos cuenta de que una gran legión de futuros lectores se había enganchado a la propuesta y compartía los avances, arrobando a otros amigos y amigas. Se estaba creando una especie de club de seguidores de Mengele en Paraguay.
Cuando decidimos hacer la presentación en el auditorio Josefina Plá de la Universidad Autónoma de Asunción, muchas personas nos advirtieron que el lugar era “demasiado grande” e iba a resultar muy notoria la escasa concurrencia. La capacidad de la sala es para 450 personas sentadas.  Nunca acude tanta gente a una presentación de libros”, nos dijo un colega.
Aun así, nos arriesgamos. Nuestra editora, la querida e impagable Vidalia Sánchez, directora de Servilibro, pidió a su gente llevar 150 ejemplares para el stand montado en la entrada. “Me pareció que era una cantidad más que suficiente, en los lanzamientos de libros nunca se venden más de cien ejemplares”, nos dijo esa noche, cuando a poco más de media hora ya se habían agotados todos los libros y muchas personas se mostraban descontentas por no tener su copia para ser autografiada. Durante la proyección de la película veíamos cómo la sala se iba llenando, con personas sentadas en el piso o recostadas por las paredes. Esa noche fuimos plenamente conscientes de que la recuperación editorial de un tema durante mucho tiempo silenciado, como aporte a la memoria histórica de un país, podía convertirse también en un verdadero fenómeno cultural.
Aquello fue solo el inicio. Un par de semanas después, una encuesta realizada en la Feria Internacional de Libro de Asunción confirmó que Mengele en Paraguay había sido el libro más solicitado por los asistentes al ya tradicional evento. La presentación del documental De Auschwitz a Hohenau en un devedé anexo durante la Feria también fue recibida con entusiasmo por el público.
Esa misma respuesta la tuvimos después en otras ferias regionales en las que el libro y el devedé también fueron presentados, como en las de Villarrica, Encarnación y en Bella Vista - Colonias Unidas, esta última parte del escenario de la misma historia que estábamos contando.
El temor inicial que teníamos los autores de que los pobladores de las Colonias Unidas de Itapúa pudieran sentirse disgustados por remover un tema que ellos habían guardado en silencio durante más de medio siglo, pronto se vio disipado con las felicitaciones que recibimos por el trabajo realizado. El propio intendente municipal de Hohenau, Francisco Morales, nos pidió que le autografiemos su ejemplar y nos comentó que nada le gustaría más que convertir a la antigua casa de los Krug en un sitio de atracción turística, ante la cantidad de visitantes que empezaban a llegar para conocer el lugar tras la publicación del libro, pero que se encontraban con la oposición de los actuales propietarios en permitirles el ingreso.
Los reportes de lectores que nos enviaban fotos con sus ejemplares recién adquiridos o recibidos desde distintas localidades del país y desde remotas ciudades del mundo, también se volvió una constante. En apenas tres meses de haber sido presentado, Mengele en Paraguay ya conocía su tercera edición.
Más allá de la estupenda recepción y de los elogiosos comentarios, la edición de esta obra nos permitió confirmar lo siguiente:

1).-Es posible hacer investigación periodística en libro en el Paraguay, generando un buen impacto social.
En un momento en que los grandes diarios y principalmente los canales de televisión están recortando las unidades investigativas en sus Redacciones por reajustes económicos o falta de mejor visión empresarial, la posibilidad de encarar esta tarea en el formato de los libros, con el respaldo de una editorial importante, puede significar una opción alternativa para desarrollar el periodismo de investigación en el país. El desafío es abordar una historia que interese al público y llevarlo a cabo con rigurosidad técnica y buen estilo narrativo.

2).-Existe un gran interés por el rescate de la memoria histórica.
Aunque se crea falsamente que el periodismo solo debe abarcar los temas de actualidad y que “lo viejo no es noticia”, los temas que tienen que ver con la cuestión histórica o el pasado político siguen despertando mucho interés, más aún cuando la investigación saca a luz temas que han permanecido ocultos, aunque estos hayan transcurrido hace cierto tiempo. En este contexto, las historias que tienen que ver con la Segunda Guerra Mundial, la presencia de los nazis en nuestra región y las revelaciones sobre la dictadura stronista siempre tienen muchos seguidores.
     
3).-En plena época de la escritura digital, revalorizamos el soporte del papel, pero con una proyección multimedia.
Mengele en Paraguay es un libro que fue trabajado con un formato tradicional para quienes siguen prefiriendo leer en papel, reivindicando a la más clásica industria editorial, pero a la vez tiene una fuerte presencia en el mundo audiovisual y digital a través del filme documental que lo acompaña en formato devedé, como en el intenso despliegue que realizamos de sus contenidos anexos en Facebook y Twitter. “Les felicito, ustedes son los primeros escritores paraguayos que usan adecuadamente las redes sociales”, nos dijo una lectora en la Feria Internacional del Libro. No es verdad, conocemos a muchos colegas que también usan muy bien las redes, pero nos hizo bien saber de esa percepción.

Sentimos que el 2018 fue solamente el inicio de una larga caminata para este proyecto narrativo. ¡Muchas gracias por acompañarnos…!

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P. D.: Por ser el principal autor del libro el actual presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP), hemos optado por no presentar la obra a los certámenes literarios que se realizaron en el año, a fin de evitar suspicacias propias de nuestro ambiente. El mejor premio para nosotros ha sido la preferencia y el cariño de los lectores, algo a lo que esperamos seguir correspondiendo en nuestros próximos proyectos.