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jueves, 22 de agosto de 2019

Arde, Paraguay, arde



El Paraguay está seco y en llamas. 
Los bosques y los campos se incendian ante el menor descuido y componen un dantesco escenario que parece calcado de la película Apocalipse now.
Imparables murallas de fuego se alzan en la noche, a los costados de las rutas, devorando pastizales, acorralando a rebaños de animales y asentamientos humanos.
La poca lluvia no basta para aplacar la tremenda sed acumulada que tiene la tierra, ni para contener los infernales corredores de fuego. 
El heroico esfuerzo de los bomberos resulta insuficiente o vano ante el gran número de estallidos.
Al momento de escribir este artículo hay 1.626 focos de incendios detectados en todo el país, principalmente en San Pedro, Concepción, Amambay y Presidente Hayes. 
En este infierno no solo se consumen pastizales ganaderos o campos improductivos, sino también lo poco que queda de nuestros valiosos bosques y de nuestra siempre amenazada fauna, devorando valiosas reservas naturales.
Las causas son variadas, pero todas surgen de la ignorancia, de la inconsciencia social, de la viciada "cultura del fuego".
- Alguien que al pasar arroja una colilla de cigarrillo en brasas entre los arbustos.
- Vecinos que queman alegremente su basura en los terrenos baldíos.
Cazadores de apere'a que usan las hogueras para obligar a los roedores a salir de sus madrigueras.
- Ganaderos que quieren ahorrar dinero y les prenden fuego a sus pastizales resecos, pensando que es la manera natural de renovarlos.
- Agricultores a quienes les parece más práctico y barato quemar sus "rozados" para abrir nuevas áreas de cultivo en el monte.
Todos aparentemente inocentes ciudadanos, a quienes el fuego se les va de las manos "por accidente", hasta volverse un infierno incontrolable.

Es un momento de detenernos a preguntar qué nos pasa.
¿Será que en cada paraguayo o paraguaya hay un pirómano latente?
¿Acaso odiamos tanto a este país, que tenemos que quemarlo en la hoguera, como a la princesa india Anahí, como a Juana de Arco, como a las brujas medievales?
¡Arde, Paraguay, arde...!
El crimen que estamos cometiendo es inexcusable. 
Cada humareda es veneno tóxico que contamina el aire. 
Cada foco de incendio es una acción que calcina y empobrece la tierra, un daño ecológico del cual no podrá volver a recuperarse en montones de años. 
Cada especie vegetal y animal que muere bajo el fuego es también una parte de nuestra propia vida que se acaba.
Estas formas de ecocidio están penadas por la Ley, y quien le prende fuego a un campo o a un bosque puede ser castigado hasta con cinco años de cárcel. Pero... ¿sabe usted de alguien que esté preso por haber iniciado una quemazón? ¿Al menos uno solo de los 1.626 casos?
Ya lo dijo alguna vez el maestro Augusto Roa Bastos: Los paraguayos y las paraguayas hemos nacido en una tierra que se parece a un paraíso, pero hacemos todo lo posible para que se parezca a un infierno.

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(Publicado originalmente en el diario Última Hora el 8 de setiembre de 2007. Es uno de los artículos que la profesora magister en Ciencias del Lenguaje, Celeste Fleitas Guirland, eligió para analizar en su libro Discurso y pragmalingüística. Bases teóricas y análisis de textos desde los nuevos enfoques lingüísticos, editado en 2011).

martes, 10 de junio de 2014

Rescatando a Moisanita

La perrita, abandonada junto a la casa inundada  en el barrio Cerrito, en el Bañado Norte.
La mascota apenas puede moverse, entre el miedo y la inanición.
Tras ser alzada a la embarcación, se convierte en el folklórico jagua en canoa.
Finalmente, la perrita llega a la costa firme.
Carla Hernández, de la organización Adoptame, la lleva en brazos hasta su camioneta.
Una excursión periodística para registrar escenas de la inundación en la zona del Bañado Norte de Asunción se convirtió sorpresivamente en una operación de rescate de una perrita que se hallaba abandonada, en medio de la vasta extensión de agua desbordada.
Sucedió el pasado viernes 6 de junio y las circunstancias del rescate, narradas en fotos y en un video en ULTIMAHORA.COM, se convirtieron en el reporte más visto durante todo el fin de semana. Una anécdota feliz, entre las muchas historias dramáticas que brinda la inundación.
La perrita llevaba allí varios días, casi sin poder moverse y sin poder alimentarse, sentada sobre una pequeña palangana de latón, haciendo equilibrio sobre un balde y un tablón de madera, para no caer al agua.
Cuando nos aproximamos con la precaria embarcación, apenas pudo moverse, entre el miedo y la situación de inanición que arrastraba.
Rogelio, el joven poblador ribereño que accedió a llevarnos en su canoa, fue quien le puso un lazo por el cuello, para luego tratar de que suba a la canoa.
La operación no resultó fácil, ya que la perrita estaba casi paralizada, temblando de frío y de temor, pegada a la pared de la casa inundada, y no respondía a los llamados para que aborde la canoa.
Finalmente pudo subir y ser llevada hasta la costa más cercana, distante aproximadamente a medio kilómetro del lugar, en el sector denominado Cerrito, del barrio Tablada Nueva, al final de la calle Lombardo.
En el lugar, la voluntaria Carla Hernández, de la organización Adoptame, se encontraba regresando en otra canoa, donde también había logrado rescatar a otro perro.
"Yo vine en realidad a buscar a un perrito muy pequeño, de color blanco, que según se publicó en un medio de comunicación, estaba sobre el techo de una casa inundada, pidiendo auxilio. Con un canoero fuimos a buscarlo, pero ya no lo encontramos. Ojalá ya haya sido rescatado, pero lo que más tememos es que haya perdido fuerzas por la falta de alimentos, se haya caído al agua y se haya ahogado", dijo Carla.
La voluntaria de Adoptame se hizo cargo de la perrita que el equipo de ULTIMAHORA.COM pudo salvar, y junto al otro animal rescatado, la trasladó hasta el hogar refugio que mantiene la organización, buscando encontrar familias que deseen adoptarle.
La perrita que logramos rescatar fue bautizada con el peculiar nombre de Moisanita, buscando un equivalente femenino al bíblico de Moisés, "salvado de las aguas".
"No solamente los seres humanos sufren con la inundación, también las mascotas, y ellas son las más olvidadas ante la emergencia. Por eso acudimos a ver si podemos dar una mano", explica Carla Hernández.
La historia de Moisanita es apenas una anécdota mínima y peculiar, en medio del inmenso drama que viven muchas familias compatriotas. Pero al menos esta pequeña historia ha tenido por ahora un final feliz.

sábado, 27 de julio de 2013

Morir de frio


Hace frío. Mucho frío.
El termómetro marca casi cero grados centígrados en la helada soledad de la noche.
El viento del sur hiere como mil alfileres en la piel.
En una choza de hule y cartón, arropado con mantas raídas sobre el piso húmedo, un anciano se sacude con temblores convulsivos, mientras el calor abandona su cuerpo y el sopor lo va envolviendo en el gélido sueño eterno.
La ciudad se ha vuelto fría como el cemento, como el corazón de los políticos. La gente está encerrada en sus casas, calentita con sus estufas y sus frazadas. Los autos pasan raudamente por la avenida, con los vidrios cerrados y la calefacción prendida.
Nadie se detiene ante los dos niños que yacen acostados sobre la vereda, junto a una descascarada pared, tapados con hojas de periódicos y pedazos de cartón. Nadie se entera de que ellos están allí, tiritando de frío.
"En el Paraguay nadie se muere de hambre o de frío". Era una de las frases más recurrentes que escuchaba en mi niñez, en plena época de la dictadura stronista. Era el discurso oficial, la propaganda del régimen que buscaba convencer de que habitábamos un paraíso terrenal, sin miseria ni pobreza. Pero bastaba salir a la calle para encontrarse con los indigentes, con los fantasmas en harapos, con los ángeles caídos del paraíso inventado.
Ahora la dictadura ya no está, dicen, pero el esporádico frío del invierno continúa. Ya casi nadie se atreve a negar que exista miseria o pobreza, pero tampoco hacemos mucho por evitar que existan. Simplemente miramos a otro lado, y seguimos el camino, mientras la gente sigue muriendo, sin hacer caso a lo que diga cualquier discurso oficial.
El martes 23, en una humilde choza del kilómetro 9 Monday, en Ciudad del Este, amaneció sin vida Calixto Rodríguez Núñez, un anciano de 62 años. El diagnóstico médico fue muy preciso: muerte por hipotermia.
Ese mismo martes, a la tarde, fue hallado Francisco Miranda, de 55 años, en el barrio Tablada Nueva, de Asunción, también muerto de frío. En el barrio San Antonio, de San Lorenzo, tampoco pudo resistir la baja temperatura Rogelio Ibarra Centurión, de 93 años.
Un abrigo, una frazada, una fogata compartida, un abrazo de amigo... ¿hubieran hecho la diferencia entre la vida y la muerte? ¿Cuesta tanto generar ese calor que envuelva a los olvidados, a los que nada tienen?
Duele el viento del sur que hiere en la piel, pero más duele el frío que se nos mete en el alma.


(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 27 de julio de 2013).

sábado, 1 de diciembre de 2012

Apocalipsis en la Gran Asunción

Si el primer apocalipsis bíblico fue por un exceso de lluvias que inundó el mundo, quienes habitamos esta caótica y a la vez entrañable maraña urbana que conforman Asunción y sus ciudades circunvecinas, acabamos de padecer otra violenta muestra de lo que implica ser víctimas de un diluvio. 
Las dramáticas escenas que se siguen repitiendo en los noticieros de la televisión, en los sitios de noticias y en las redes sociales en internet, mostrando furiosos raudales que derrumban casas y arrastran automóviles y personas por las calles de Asunción, Lambaré, Limpio, Luque y otras localidades, causando cuantiosas pérdidas económicas y de vidas humanas, no tienen nada que envidiar a las de la fantasiosa película 2012, con la que Hollywood intentó aprovechar taquilleramente la paranoia global desatada ante la supuesta profecía maya, que anuncia el fin del mundo para el próximo 21 de diciembre.
Aquí no necesitamos de ninguna profecía. Desde hace tiempo, casi todos sabemos que basta que caiga una fuerte lluvia para que las calles de nuestras ciudades desbordadas, sin planificación y sin equipamiento urbano, sin un buen sistema de redes cloacales y canales de desagüe, se conviertan en caudalosos ríos y en peligrosas trampas mortales.
Todos lo sabemos... pero no hacemos casi nada por buscar soluciones de fondo. Ni las autoridades, ni los ciudadanos. Con mucha inconsciencia, seguimos arrojando basura en calles, arroyos y baldíos, colmatando y taponando las pocas e insuficientes vías. Seguimos destruyendo y contaminando los recursos naturales, incidiendo en la alteración climática. Cada vendaval provoca horror y despierta actitudes de heroísmo suicida, solidaridad y asistencialismo, baldeadas y remiendos... pero solo hasta esperar que llegue la próxima tormenta.
Los proyectos de transformación urbana son pocos e insuficientes, y son encarados aisladamente, sin una visión política y técnica integradora y global, que esté por encima de calendarios electorales e intereses corporativos. Casi todo es asistencialismo de emergencia, limitado a repartir víveres y chapas con leyenda electoral el día después de mañana. Puro parche o aspirina sobre la herida profunda. Correr a apagar incendios, antes que prevenirlos.
Y mientras barrios y comunidades enteras siguen esperando que se reconecten los servicios de energía eléctrica o de agua potable, o que alguien les ayude a reconstruir sus casas derribadas o a rehabilitar sus calles arrasadas... los políticos en campaña prosiguen con sus mítines partidarios y su propaganda electoral, buscando sacar réditos hasta de la precaria asistencia. 


(Publicado en la columna Al otro lado del silencio, sección Opinión del diario Última Hora, edición del sábado 1 de diciembre de 2012).

sábado, 22 de septiembre de 2012

En el ojo de las tormentas

 
Hay que hacerse a la idea: las tormentas llegaron para quedarse entre nosotros, con toda su furia destructiva.
Lo que antes veíamos solo en películas o informes de televisión ocurriendo en lejanas zonas tropicales, lo sentimos cada vez más en carne propia. Torrenciales lluvias con vientos huracanados que dejan a centenares o miles de familias sin hogar. Barrios enteros inundados por las aguas desbordadas. Techos acribillados por granizos de gran tamaño. Paredes arrancadas desde los cimientos.
Hasta ahora convivíamos con el mito de que el Paraguay está a salvo de las grandes catástrofes naturales que azotan a otros puntos del planeta.
A fines del siglo XIX, un sabio suizo se internó en el corazón de las tinieblas a desentrañar los secretos de la madre naturaleza. En su selvático rincón sobre el río Paraná, Moisés Santiago Bertoni elaboró un calendario climático que durante más de una centuria fue capaz de predecir con precisión casi milimétrica los días de lluvia, y cada campesino paraguayo se guiaba por él para programar los ciclos de siembra y de cosecha, o hasta para organizar las fiestas populares.
Pero en las décadas del 60 y 70, cuando la dictadura del general Alfredo Stroessner regaló las mejores tierras fronterizas a los grandes fazendeiros brasileños, la era de la sojalización arrasó con casi todo el Bosque Atlántico, dejando vastos campos pelados como mesa de billar.
El clima se alteró radicalmente: calor insoportable, tormentas irascibles, y hasta fenómenos nunca antes vistos, como colas de tornado, o remolinos de nubes.
El vendaval apocalíptico que hirió a varias regiones del país, y especialmente a la ciudad de Mariano Roque Alonso, en la noche del martes -que dejó al menos 4 muertos y unas 10.000 familias damnificadas- nos muestra cómo la naturaleza nos está pasando la factura de todo el daño irracional que le causamos.
Y además nos revela la manera frágil, vulnerable e improvisada en que seguimos actuando.
No hay buenas políticas de Estado ni infraestructura adecuada para prever y enfrentar los azotes del clima. No hay un organismo estatal especializado, como en otros países, y aunque se ha asignado a la siempre precaria Secretaría de Emergencia Nacional la facultad de coordinar a otras instituciones, ello no ocurre en la práctica. No hay capacidad de reacción rápida, y ya hemos visto cómo poblaciones enteras se quedan sin agua y sin luz, abandonadas a la intemperie, por largas horas o días.
Casi todo es asistencialismo de emergencia, limitado a repartir víveres y chapas el día después de mañana. Puro parche o aspirina sobre la herida profunda. Correr a apagar incendios, antes que prevenirlos. O un espectáculo aun más triste: autoridades e instituciones que compiten en llevar su ayuda con su aparato de márketing electoral, en lugar de trabajar coordinadamente.
 
(Publicado en la columna "Al otro lado del silencio", diario Última Hora, edición del sábado 22 de setiembre de 2012).

viernes, 5 de febrero de 2010

Recomendaciones para un verano cool



Tenemos las mayores usinas hidroeléctricas, entre ellas una que es operativamente la represa más grande del mundo… pero tenemos que advertirle: ¡No derroche la electricidad… o será castigado!
Tenemos los ríos más caudalosos e importantes de América, y además tenemos el Acuífero Guaraní, que es una de las más grandes reservas de agua dulce del planeta, con 37.000 kilómetros cúbicos de líquido vital almacenado… pero nos vemos obligados a intimarle: ¡No use demasiado el agua, o se la vamos a racionar!
Si siente calor… no encienda el ventilador, y mucho menos el aire acondicionado. Si se siente sucio y sudoroso … no se bañe. Si se le corta la luz, no se moleste: La oscuridad es más romántica. Saque la mesa para la cena al patio, a la vereda, o al balcón, encienda una vela en el centro y dispóngase a celebrar con anticipación el Día de los Enamorados. Las sombras serán su mejor cómplice para lo que pueda ocurrir después.
Si abre la ducha o la canilla, y encuentra que en lugar de las ansiadas gotas solo sale un agudo y estridente silbido de vieja locomotora, seguido por unas sacudidas espasmódicas de toda la cañería, como si tuviera un súbito ataque de epilepsia, y luego un lúgubre gorgoteo tipo garganta de ultratumba, de esas que se oyen en las películas de terror clase B… no reclame. ¡El olor de las feromonas al natural es más excitante!
En lugar de estar plagueándose ante los medios de comunicación, mejor disfrute de esta oportuna crisis energética que le regala la inoperancia y la ineficiencia de Ande, Essap, Itaipú, Yacyretá, y todos los tecnócratas del sector gubernamental. Siéntase como un nor-europeo o un turista gringo en eco-aventuras por el Chaco, regalando aromas corporales matizados con efluvios de Chanel.
Si a usted se lo ve fresquito, aseado y limpio por la vida, no diga después que no le avisamos: El Gobierno está preparando un decreto para castigarlo por derrochar en forma inconsciente y egoísta el agua y la energía eléctrica. En cambio, si se lo encuentra roñoso y perlado de sudor, se le dará un premio por ser buen ciudadano, y contribuir al ahorro energético.
La Secretaría Nacional de Turismo ya está preparando un nuevo slogan: “¡Paraguay: un país con calor humano y natural para compartir! ¡Tenés que sentirlo!”.